La desigualdad es la peor de las pandemias

Fuente: saludineroap.blogspot.com

Hace un año, una crisis global de salud pública sacudió los cimientos de nuestras vidas. ¿Qué ha dejado al descubierto la pandemia del coronavirus? ¿Cuán determinante es la realidad económica y social para nuestra salud? La Covid-19 ha mostrado la gran vulnerabilidad humana y también las deficiencias de un sistema donde quien nace pobre sufrirá las consecuencias también en su salud. Entrevistamos el investigador Joan Benach, que ha publicado el libro La salud es política (Icaria, 2020). Benach es director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud-Employment Conditions Network, codirector del Johns Hopkins University-UPF Public Policy Center y catedrático del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra.

Hace un año de la llegada de la pandemia e inicialmente parecía un virus democrático… A menudo oíamos decir que afectaba a todos por igual. ¿Ha sido así? En sí mismo, el virus puede ser democrático pero las condiciones sociales de las personas y grupos sociales que influyen en su transmisión y en su impacto no lo son. La palabra pandemia hace referencia a la extensión masiva de una epidemia, lo que hace pensar que afecta a todos. Y es cierto, pero no en la misma medida. Por tanto, hay que observar el problema de manera diferente a como habitualmente nos lo presentan los medios de comunicación. Estamos ante una pandemia desigual, extendida y ensanchada por la desigualdad social que, como he señalado muchas veces, es la peor de las epidemias que estamos sufriendo. Por lo tanto, hay desigualdades pandémicas o, si lo queremos decir con palabras de Mike Davis, hay una “constelación de epidemias” que viene determinada sobre todo por factores socioeconómicos y sanitarios inequitativos.

Entonces ya apuntabas a las desigualdades en salud como punto clave para unos efectos desiguales de la Covid-19. ¿Qué hace que las personas más pobres sufran más los efectos de la pandemia? Casi todas las enfermedades interactúan dentro de un contexto social caracterizado por la pobreza, las privaciones materiales y desigualdades sociales crecientes. Por ejemplo, el mayor riesgo de contagio que sufren grupos de población precarizados, desahuciados, migrantes, etc. Además, estos grupos sociales tienen más dificultades para protegerse, por ejemplo, al no poder cambiar a menudo las mascarillas, y tienen más factores de riesgo y enfermedades (hipertensión arterial, obesidad, diabetes, enfermedades del corazón…) que los hacen más susceptibles a un más grave impacto del coronavirus. Los estudios científicos muestran con claridad cómo los factores sociales actúan sinérgicamente, aumentando la probabilidad de ser contagiado, de enfermar y de morir. Por eso decimos que la Covid-19, más que una pandemia, es una sindemia. Quizá la pandemia actual se pueda resolver con medidas biomédicas, pero el coronavirus probablemente seguirá con nosotros y aparecerán nuevas infecciones y pandemias. Más tarde o temprano frenaremos esta pandemia, pero si no somos capaces de detener las causas políticas profundas que la han originado y las desigualdades sociales, las sindemias seguirán actuando con nuevas enfermedades y problemas de salud que afectarán mucho más, decíamos en un artículo con Juan M Pericàs, a una población “vulnerada”.

Dave Gordon hizo una lista de las recomendaciones que se suelen hacer en salud y que al final culpabilizan a la víctima, como no fumar o hacer ejercicio… ¿Qué capacidad de elección tenemos de nuestras condiciones de vida? No se puede comprender -ni resolver- un problema social y colectivo como la salud pública con una mirada que haga hincapié en los factores personales, por relevantes que estos sean. La ideología liberal nos dice que la libertad es “hacer lo que queremos”, pero no hacemos lo que queremos sino lo que podemos o lo que nos dejan. En 1999, Dave Gordon difundió un texto en forma de chiste que me gusta mucho repetir. En su artículo “Consejos alternativos para tener una salud sana” criticó la visión tradicional de los gobiernos que dan consejos “asociales” de los “estilos de vida”. El decálogo de su texto decía cosas como: “No sea pobre; pero, si es pobre, procure no serlo por mucho tiempo “, o bien “No trabaje en un trabajo estresante, mal pagado y precario“. Las enfermedades y la muerte prematura se dan en personas, pero determinados grupos sociales las padecen con más frecuencia. Por el hecho de tener menos derechos, recursos, oportunidades o poder, nuestros grados de libertad se reducen. Cuanto más difícil es la vida familiar, laboral, etc., más probable es que se generen sacudidas y problemas de todo tipo. Por ejemplo, las adicciones no son, como muchos creen, una simple elección personal, sino a menudo una respuesta para aliviar algún trauma que padecemos, que nos genera dolor emocional y sufrimiento. Hay que decir que las conductas compulsivas son hoy una verdadera pandemia social, donde nos enganchamos a casi todo (el juego, las compras, el sexo, la comida, el trabajo, los juegos de Internet, etc.), mediante los teléfonos móviles, las redes sociales, Internet y todo tipo de productos y servicios donde, bajo el neoliberalismo, las grandes empresas y la publicidad nos empujan a ser adictos para así conseguir más ganancias.

A menudo atribuimos la buena o mala salud a elementos biológicos o genéticos; pero según explicas a tu libro, hay muchas más causas… ¿Qué factores más relevantes que nuestros genes nos pueden llevar a tener buena o mala salud? Al mencionar las causas de la salud, los medios de comunicación difunden una visión que pone excesivamente el acento en los factores biomédicos y en la genética. Tanto es así, que en los últimos años se ha puesto de moda decir: “Es parte de nuestro ADN“, o expresiones similares, al hablar de temas laborales, deportivos y de todo tipo. Los factores genéticos son relevantes para la salud, pero tienen un papel menor en la producción colectiva de la enfermedad. ¿Por qué? Pues porque hay pocas enfermedades exclusivamente genéticas y porque la biología interactúa constantemente con un ambiente, que puede compensar o no una desventaja biológica o genética determinada. Estar predispuestos no quiere decir que estemos predeterminados. ¿Por qué enfermamos? La salud de la población, la salud colectiva, depende fundamentalmente de los llamados determinantes ecosociales de la salud. Por citar algunos, la precarización laboral, la pobreza, los problemas de vivienda, las injusticias ambientales o la debilidad de la salud pública, la disciplina que tiene por objetivo prevenir la enfermedad y proteger, promover y restaurar la salud de toda la población. A su vez, estos determinantes dependen de las políticas públicas, sociales, laborales, ambientales, etc., que se elijan. Y al mismol tiempo, estas políticas dependen de la distribución del poder político en sentido amplio, es decir, de la política.

En el libro explicas que, desde antes de nacer y hasta la muerte, incorporamos en los cuerpos y en las mentes los determinantes políticos y sociales que más tarde expresamos en forma de salud o de enfermedad … ¿Tan relevante es de dónde venimos y dónde crecemos? Es capital, tanto en el ámbito personal y familiar como en el del grupo social (clase, género, etnia, situación migrante…) al que pertenecemos y del lugar (barrio, región, país…) donde vivimos. Los humanos somos seres totales, todo está integrado, pero el modelo biomédico hegemónico separa la mente del cuerpo, desatando a menudo las emociones de la salud física, y separa al individuo de su entorno, de manera que las personas quedan separadas de sus contextos. Pero la enfermedad y la salud son el resultado de muchas causas interrelacionadas de tipo sistémico e histórico que no deberían separarse. Por ejemplo, si una mujer migrante llega a urgencias de un hospital con un infarto de miocardio, es porque su cuerpo y su mente expresan todos los problemas y factores de riesgo acumulados durante su vida que, finalmente, se reflejan en la su psicología y biología. Su historia personal es también la historia de su clase social, de su género, de su situación migratoria, y del colectivo social, de la comunidad y del país al que pertenece.

La evolución de las ciencias lleva a una superespecialización creciente que, a pesar de ser útil y necesaria, también nos dificulta comprender de manera completa la realidad integrada que va desde los genes hasta la política. Y es que lo político y lo social entra dentro de nuestros cuerpos y se expresa en forma de daño psicobiológico con enfermedades, sufrimiento y muerte prematura. Aunque hay excepciones, los estudios de epigenética muestran que no somos máquinas biológicas aisladas de la sociedad, donde hay efectos genéticos inevitables, sino animales sociales fuertemente condicionados por el entorno. Tenemos un ejemplo ya clásico: durante la hambruna invernal holandesa de 1944 provocada por los nazis al desviar los alimentos hacia Alemania, las mujeres embarazadas no tenían casi alimentos. Los estudios científicos han mostrado como aquellos que aún no habían nacido (especialmente en el primer trimestre del embarazo), al cabo de los años desarrollaron más obesidad y problemas de corazón. ¿Por qué? Pues porque las madres y los fetos aprendieron a ahorrar calorías. El cuerpo de estas personas fue programado, y más tarde recuerda, por decirlo así, la historia sufrida en el seno materno.

¿Cuál es entonces la causa original de esta pandemia? En el libro hablas de “las causas de las causas”. Siempre ha habido -y siempre habrá- pandemias, pero los últimos decenios hemos visto un aumento de brotes producidos por enfermedades infecciosas. Por varias razones. Una urbanización masiva, la alteración de ecosistemas, y la deforestación y la pérdida de la biodiversidad que interpone especies entre los patógenos y el ser humano. Además, hay un modelo industrial de agricultura y de producción ganadera mercantil donde hay un gran número de animales amontonados, así como el crecimiento del turismo de masas, con viajes que en pocas horas esparcen virus por todo el mundo, y la mercantilización y precarización de los sistemas de salud pública. Y un factor muy preocupante es el deshielo de glaciares y de permafrost debido a la crisis climática que puede poner en circulación virus hasta ahora desconocidos. Detrás de todo ello está la lógica de acumulación, de crecimiento, de ganancia y de desigualdad de un capitalismo que choca con los límites biofísicos planetarios. De este modo, todo hace pensar que esta no será la última pandemia, sino que vendrán otras y seguramente más virulentas. Es, pues, fundamental que lo sepamos y que nos preparamos.

Hay unos datos en tu libro que impresionan. Por ejemplo: una niña nacida en Suecia puede vivir 43 años más que una niña nacida en Sierra Leona. Es casi inmoral hablar tanto de la Covid-19. ¿Hemos perdido la perspectiva o nunca hemos tenido? Sabemos que la Covid-19 es un problema de salud pública, económico y social muy serio, pero hay muchos efectos que apenas empezamos a conocer. Hay una parte no visible del iceberg que oculta un número de muertos muy superior a la oficial, con muchas enfermedades no atendidas y problemas de salud mental, sufrimiento, violencia y desigualdades. Y, además, la pandemia amplifica las desigualdades de una gran parte de la población mundial que ya sufría una pandemia de desigualdad. ¿Por qué? Pues porque 2.500 millones de personas sobreviven con 5 dólares el día, cientos de millones de personas no tienen agua potable ni electricidad, la mitad de las personas no pueden acceder a medicamentos esenciales, y 5.200 millones no tienen un sistema de seguridad social mínimamente adecuado. Ahora la pandemia también nos ha tocado a nosotros y ha frenado la economía global, pero las olas de crisis postpandémica seguirán enfermando y matando más los pobres, y especialmente a las pobres.

Entre las muchas desigualdades existentes, la desigualdad de salud es la más inhumana de todas: no hay peor desigualdad que saber que enfermarás o morirás prematuramente por ser pobre. Por eso a menudo decimos que la equidad en la salud, en la calidad de vida y en el bienestar es el mejor indicador de justicia social de una sociedad. Aunque han hecho alguna fortuna frases como “Es peor tu código postal que tu código genético“, el tema aún se conoce muy poco, y muy en especial en cuanto a las causas que las provocan, que es un tema capital. Desde el punto de vista moral, lo peor es que son desigualdades cada vez más evitables. Como comenta el filósofo Thomas Pogge, debemos valorar la capacidad de hacer frente a la pobreza en comparación con los medios que tenemos. Por ejemplo, eliminar la pobreza en 1990 habría costado el 10,5% del PIB mundial, mientras que en 2013 solamente habría costado el 3,3%.

Ahora que están las vacunas, también sabemos que los países del primer mundo han acaparado prácticamente toda la producción en detrimento de los países económicamente empobrecidos. ¿Crees que puede haber solidaridad en la “nueva normalidad”? Los medios de comunicación han creado una visión distorsionada de las vacunas, generando la sensación de que la pandemia ya está casi resuelta. A corto plazo, las vacunas disponibles son seguras y efectivas, pero a medio y largo plazo todavía hay muchas incertidumbres y sabemos poco sobre las nuevas variantes de los virus. Además, el ritmo de vacunación todavía es muy lento y desigual, y puede costar mucho tiempo hasta que toda la humanidad esté vacunada. Si dejamos de lado el siempre relevante tema de hacer una buena gestión, una gran parte del problema se debe a las políticas neoliberales. Aunque las inversiones en investigación de vacunas han sido básicamente públicas, la producción y comercialización ha quedado en manos privadas. ¿Por qué? Para la puesta en marcha en 1995 del acuerdo sobre los derechos de propiedad intelectual asociados al comercio por la Organización Mundial del Comercio (OMC). India, Sudáfrica y muchos otros países han tratado de suspender estos derechos durante la pandemia, pero la Unión Europea y Estados Unidos se han opuesto. La exitosa creación de vacunas esconde que la pandemia es un espejo de la geopolítica mundial y del funcionamiento del capitalismo neoliberal. Es necesario que las vacunas sean un bien común para la humanidad, y, para que esto ocurra, será necesaria una respuesta geopolítica que libere las patentes, y una asociación de países del Sur con soberanía para producir y distribuir masivamente vacunas. 

Nos sentíamos invulnerables… ¿Podemos sacar algo positivo de este sentimiento de vulnerabilidad? La pandemia deja lecciones importantes: tener más conciencia del trabajo de una clase trabajadora siempre despreciada; que la sanidad pública y los cuidados son cruciales, y que somos una especie frágil y esencialmente dependiente de los demás y de la naturaleza de la que formamos parte. Desafortunadamente, esto no es suficiente para procurar los cambios profundos que necesitamos. Las inercias económicas, políticas y culturales hacen que conseguir cambios profundos sea muy difícil. Vivimos en una sociedad que precariza, que genera alienación, adicciones y muerte, que nos roba el tiempo, que no deja reflexionar sobre el mundo en que vivimos. Durante la pandemia han muerto millones de personas de hambre, han muerto cientos de miles de niños por enfermedades diarreicas… fácilmente evitables. ¿Estamos dormidos? ¿Por qué no hablamos más sobre ello? Paulo Freire decía que la ideología dominante enmascara la realidad y nos hace miopes. El neoliberalismo no sólo destruye la vida sino que infecta nuestras mentes y nos dificulta comprender la realidad y sus causas.

Este trastorno que ha supuesto la pandemia en todo el mundo, ¿no puede ser bueno para despertar masivamente? Si no crece la conciencia social sobre las causas y los efectos profundos de la pandemia, sobre la posibilidad de que haya nuevas pandemias, o sobre la crisis ecosocial sistémica que padecemos, será muy difícil cambiar la realidad. Olvidamos y olvidamos rápidamente. El historiador Jacques Le Goff decía que una de las máximas preocupaciones de las clases dominantes es “apoderarse de la memoria y del olvido”. La pandemia ha sido un trasiego general que ha cambiado la sociedad, pero eso no quiere decir que el mundo cambie a mejor. Habrá que intentarlo, habrá que cambiar radicalmente mediante una lucha organizada, inteligente y persistente, donde sepamos juntar muchas fuerzas locales y globales. Margaret Thatcher hablaba de la TINA [ “There Is No Alternative”], que no había alternativa. La paradoja es que ahora sí que no hay alternativa: o cambiamos o vamos camino del ecocidio y del genocidio.

Habrá una transformación ambiciosa para que la humanidad no acabe colapsando… ¿Cuáles serán las claves? La pandemia es un baño de humildad que nos debería hacer comprender que somos naturaleza y que, si la dañamos, también nos dañamos a nosotros. Hay que resolver la emergencia climática generada por los países, por empresas y por los grupos más ricos, y hacer frente a la crisis ecológica que hace que gastemos 1,7 planetas y una próxima crisis de energía. Todo esto es infinitamente peor que la pandemia. El peor virus que tenemos es un capitalismo fosilista que necesita una acumulación constante, un crecimiento ilimitado y de desposeer los bienes comunes, lo que significa que la vacuna más efectiva es un cambio político profundo. Por ello, además de hacer frente a la crisis pandémica y pospandémica, frenando la precarización laboral y vital, y la desigualdad, y fortaleciendo los servicios de salud y sociales golpeados por las políticas neoliberales, hay que salir de la lógica económica y cultural de un capitalismo “tecnofeudal” -como dice Iannis Varufakis– en guerra con la vida. Las reformas son importantes e imprescindibles, pero muy pronto nos enfrentaremos con situaciones límite que nos obligarán a hacer cambios sistémicos muy profundos para evitar el colapso.

¿Vienen tiempos convulsos, pues? El escritor Carl Amery planteó que la lucha por los recursos escasos en una tierra finita era el tema crucial del siglo, y que un grupo superior neofascista trataría de imponer una sociedad autoritaria, represora y racista para defender su forma de vida ante los grupos inferiores. En un tiempo lleno de inseguridades, de miedos y de desigualdades donde, como ya ha anunciado el Fondo Monetario Internacional, aumentarán las revueltas sociales, los movimientos populistas y neofascistas tienen un campo abonado. La alternativa es luchar por una sociedad más democrática y fraterna que cuide la vida en todos sus niveles, con una economía homeostática y un decrecimiento selectivo y justo adaptado a los límites biofísicos de la Tierra. Tenemos que aprender a vivir mejor con muchos menos recursos y bienes, y esto significa crear una sociedad no capitalista, ecofeminista y anticolonial. No será fácil. Habrá una sociedad consciente y organizada que aprenda a hacer políticas sistémicas complejas y a hacer frente a quienes no quieran renunciar a sus privilegios aunque el mundo se acabe. Menciono cuatro puntos que me parecen clave. Primero, que mucha gente tome conciencia de la dimensión de la crisis actual y que es posible vivir bien de otra manera, con mucho menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible. Esto significa una reeducación ciudadana política y cultural muy profunda. Segundo, hay que seguir experimentando vivir de una manera diferente, con cooperativas de producción y de consumo, nuevas formas de vida y relaciones. Tercero, hay que disponer de grupos de análisis (think tanks ) potentes que hagan análisis y propuestas para arrinconar las fuerzas reaccionarias y neofascistas. Y, cuarto, hay que juntarse, ganar fuerzas, y movilizarse sostenidamente con movimientos a la vez locales y globales, descentralizados y coordinados, ágiles, resistentes y capaces de adaptarse a los cambios y de presionar a los gobiernos.

Demanda penal contra Inditex por genocidio y crímenes de lesa humanidad

Autor: Jaime Martínez

Las presiones contra la compañía española Inditex para que se posicione abiertamente en el presente conflicto sobre el algodón de Xinjiang y los derechos humanos de los uigures se agudizan, después de que a finales de la pasada semana un colectivo formado por diferentes organizaciones no gubernamentales y una supuesta víctima de trabajos forzosos uigur presentasen una demanda penal contra la compañía en Francia.

A la luz de las informaciones que vienen sucediéndose desde hace ya varios años y que apuntan a la supuesta vulneración de los derechos humanos de la minoría de los uigures que se estaría llevando a cabo por parte del Gobierno chino, sobre el que se extiende la sospecha de estar empujando a la población perteneciente a esta minoría étnica a prácticas esclavistas y de trabajos forzosos en distintos sectores industriales, entre ellos a la recolección de algodón, las organizaciones Sherpa, el Collectif Éthique sur l’étiquette, el Instituto uigur europeo y una víctima uigur representada por el despacho legal Cabinet Bourdon & Associés, así como con el apoyo de varios eurodiputados, han presentado una demanda penal en el Tribunal Judicial de París contra el Grupo español Inditex, matriz de cadenas de moda tan conocidas como Zara, Bershka, Pull&Bear o Massimo Dutti, así como contra la compañía japonesa Uniqlo, la estadounidense Sketchers y el Grupo francés SMCP, matriz de las marcas Sandro, Maje, Claudie Pierlot y De Fursac.

Acusaciones de genocidio y de crímenes de lesa humanidad

Por el momento ninguno de estos Grupos multinacionales han emitido un comunicado oficial al respecto en el que entren a responder a la interposición de esta demanda penal, con la que desde las diferentes organizaciones los acusan de beneficiarse de los crímenes contra los derechos humanos que se estarían practicando contra el pueblo uigur por parte del régimen de Pekín. Atribuyéndoles en este sentido a las compañías señaladas los delitos de encubrimiento de trabajos forzosos y la práctica de unos crímenes de lesa humanidad en los que habrían, supuestamente, incurrido como consecuencia de la aceptación y la connivencia con esta serie de acciones dentro de sus respectivas cadenas de valor. Una tolerancia que las haría partícipes, así lo entienden los demandantes, de graves infracciones tanto éticas como penales, como las de los delitos de trata de seres humanos en forma de banda organizada o del de genocidio.

“Desde al menos 2019, periodistas e investigadores han denunciado la existencia de prácticas sistemáticas de trabajos forzosos en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang por parte del gobierno chino”, una zona en la que “se produce casi el 20 por ciento del algodón del mundo”, explican desde el Collectif Éthique sur l’étiquette a través de un comunicado. “Sin embargo”, añaden, “con la información publicada hasta la fecha”, las compañías demandadas, “así como muchas otras empresas transnacionales”, habrían venido “continuando subcontratando parte de su producción” a grupos asentados en la zona de Xinjiang “o bien comercializando bienes a partir del algodón producido en esta región”, siendo como resultado “cómplices de los graves delitos que allí se cometen”.

Como consecuencia de estos hechos, apuntan desde la organización francesa, y “con el apoyo de varios eurodiputados”, incluido el francés Raphaël Glucksmann, “nuestras organizaciones han presentado esta denuncia con el fin de poder esclarecer el papel que desempeñan las empresas multinacionales dentro de los delitos cometidos contra el pueblo uigir”. Unas supuestas violaciones de los derechos humanos sobre las que ahora imperan a “los tribunales franceses” para que “se pronuncien sobre su posible responsabilidad penal”.

“Esta no es la primera vez que se presenta una denuncia sobre la responsabilidad de las multinacionales por una posible violación de los derechos humanos, pero sí la primera que se presenta por unos motivos tan graves”, explicaba Nayla Ajaltouni, coordinadora del Collectif Éthique sur l’étiquette, al medio de noticias francés France Inter. “Después de varios meses de interpelaciones internacionales y de presiones políticas, ya no se trata de informarles de los delitos de los que son cómplices por fines lucrativos”, añade, “ahora es el momento de presentar pruebas ante el juez para demostrar la responsabilidad penal de estas marcas”.

La primera de muchas demandas

Esta acción y el que haya eurodiputados como Glucksmann que han avalado y participado de la presentación de la demanda, hay que entenderlo como una consecuencia directa de los planes legislativos que vienen desarrollándose a nivel europea. Escenario en el que a lo largo de las últimas jornadas se han acelerado las acciones que conducirán a una mayor responsabilidad de las empresas con presencia en territorio comunitario hacia sus respectivas cadenas de valor.

En este sentido, y como principal causa además que se encontraría tras el reciente boicot que habrían auspiciado desde el propio Gobierno de Pekín contra la multinacional sueca H&M, parte de una estrategia de fuerza que ha terminado salpicando a otros grupos multinacionales, entre ellos también a Inditex, nos encontraríamos con el reciente texto probado por el Parlamento Europeo en materia de “diligencia devida” y de defensa de los derechos humanos y medioambientales por parte de las empresas. Una resolución que ya ha sido remitida a la Comisión Europea para su desarrollo, y sobre la que ahora esta demanda y sus impulsores buscaría ejercer presión con el fin de evitar que la norma termine diluyéndose frente a los intereses económicos que pudieran mostrar los grandes grupos multinacionales. Finalidad para la que desde Collectif Éthique sur l’étiquette ya adelantan que llevarán acciones similares a esta ante las instancias judiciales de distintos países.

“Es parte de los trabajos a largo plazo que llevan a cabo nuestras organizaciones en su lucha contra la impunidad de las empresas transnacionales y el buscar garantizar el acceso de las víctimas a la justicia y a su reparación”, añaden desde la organización francesa. “La directiva europea sobre el deber de vigilancia que se redactará en los próximos meses deberá de saber dar respuesta a estas cuestiones cruciales”. Un objetivo que perseguirán estos distintos colectivos de manera activa, entre otras acciones con la interposición de denuncias como esta. Una reclamación por vía judicial que llega avalada y que cuenta con el apoyo de organizaciones como el Centro Europeo de Derechos Constitucionales y Humanos ECCHR y el Congreso mundial uigur, y que no es más que “la primera de una serie de demandas que se interpondrán en otros países europeos en los próximos meses”.

“Nuestro objetivo”, detalla Ajaltouni, “es que esta directiva se inspire en las deficiencias de la legislación francesa y que vaya más allá”. Logrando contar “con un alcance más amplio, un régimen de responsabilidad civil aplicable a todas las empresas domiciliadas, basadas o con actividades comerciales en el mercado europeo”, y en la que además se lleve a cabo “una reversión de la carga de la prueba”. La cual, explica, “aún recae sobre la víctima de la violación de los derechos humanos en la legislación francesa”. Una normativa que, por ahora y a la espera de la aprobación de la nueva normativa europea, parece que será el que servirá de base para dirimir este conflicto.

La cara de Amazon: prácticas antisindicales, escuchas, monopolio, falsos autónomos, impuestos…

Fuente: lamarea.com

“Comprar en tiendas de barrio da vida a nuestras ciudades y genera puestos de trabajo. Por ello propongo que no compremos en Amazon: apenas paga impuestos y no da vida a los barrios”. Así se despachaba la alcaldesa de Barcelona Ada Colau contra la multinacional dirigida por Jeff Bezos y cuyo valor de mercado ya supera el PIB de España. La edil y el primer teniente de alcalde de la capital catalana, Jaume Collboni (PSC), pidieron hace unos días no consumir a través de la plataforma online durante las fiestas navideñas. La misma recomendación había lanzado anteriormente la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.

Estuvo rápido el gigante estadounidense, que salió al paso recordando que 2.000 pequeñas empresas de Catalunya venden a través de su página web, lo que convierte a la Comunidad Autónoma en líder estatal en el ranking de compañías que comercializan sus productos utilizando la plataforma de Amazon. No es posible, sin embargo, conocer cuántos pequeños comerciantes han tenido que cerrar como consecuencia directa del crecimiento de la multinacional en esta y otras regiones.

Pero, ¿cuáles son los peligros de Amazon que han puesto a Colau e Hidalgo en contra?

Hacia el monopolio

Es cierto que miles de empresas venden sus productos a través de la plataforma americana: según datos de la propia firma, hasta 9.000 pymes españolas operan con su sistema. Sin embargo, recientemente la Comisión Europea (CE) ha acusado a Amazon de utilizar los datos que extrae de estas empresas para vender sus propios productos: “Los datos de la actividad de vendedores terceros no deben ser usados en beneficio de Amazon cuando actúa como competidor con esos vendedores. Las condiciones de competencia en la plataforma de Amazon también deben ser justas”, declaró la vicepresidenta de la Comisión, Margrethe Vestager, a mediados de noviembre de 2020.

Una segunda investigación de Bruselas acusa a la multinacional de favorecer de manera artificial sus ofertas o la de aquellos vendedores que utilizan los propios servicios logísticos y de reparto de Amazon.

Pero no solo Europa apunta a Amazon. El Congreso de los Estados Unidos ha llevado a cabo una investigación durante casi un año y medio para analizar el poder de gigantes Apple, Facebook y Google, además del propio Amazon, del que dicen que tiene “poder de monopolio” al controlar entre el 65% y el 70% de todas las ventas dentro del país. Esto obligó a Bezos a comparecer ante el Subcomité Judicial de la Cámara de los EEUU. Tanto su compañía como las otras tres, según la investigación, “erosionan el espíritu empresarial, degradan la privacidad de los estadounidenses online y socavan la vitalidad de la prensa libre y diversa”.

Impuestos difíciles de encontrar

La estructura empresarial del líder del comercio online provoca que su negocio online se vehicule a través de filiales de servicios de logística, gestión de datos y soporte comercial. Amazon EU paga a estas filiales por la prestación de servicios, lo que en 2019 supuso unos ingresos en España por valor de algo menos de 500 millones por los que pagó 4,4 millones en concepto de impuestos de sociedades.

Pero la facturación de todo lo que la multinacional vendió en España no pagó impuestos aquí, sino que se fue directamente a Luxemburgo, considerado un paraíso fiscal por diversas organizaciones como Oxfam Intermón. Es allí donde está la sede central de Amazon EU y donde se fueron los 7.567 millones de euros que la compañía ingresa en España y que supone el 15% de todo el comercio electrónico en el país. 

Según explica el diario El Independiente, “entre Facebook, Amazon y Apple pagaron en 2018 entre todas un total de 14,7 millones de euros en concepto de impuesto de sociedades. Es decir, prácticamente lo mismo (14,4 millones) que Ence, que es la empresa ‘más pequeña’ del IBEX 35”.

La conocida como ‘tasa Google’, aprobada durante este 2020, tratará de poner remedio a esta fuga impositiva gravando a estas compañías con un tipo del 3% a sus ingresos por determinadas actividades.

Socavando los derechos laborales

Otra de las bazas que Amazon ha jugado tras las críticas de Colau ha sido la de los puestos de trabajo de la empresa en la región, recordando que cuenta con tres centros de distribución, un centro logístico urbano en Barcelona, otro centro de distribución y tres estaciones logísticas. Los 2.000 nuevos puestos de trabajo que anunció en julio del año pasado suman un total de 9.000 trabajadores y trabajadoras en todo el Estado.

Una plantilla que ha organizado protestas en varias ocasiones. Hace dos años, coincidiendo con el Black Friday, los trabajadores del centro logístico de Amazon de San Fernando de Henares (Madrid) iniciaban su jornada reivindicativa. Era la cuarta huelga para denunciar recortes tanto en derechos de salud, como de salario y conciliación, según explicaban los representantes sindicales.

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Imagen de la huelga de los trabajadores de Amazon en San Fernando de Henares en 2018. EDUARDO ROBAINA

Más recientemente, en octubre de 2020, según anunció el sindicato UGT, la multinacional fue condenada a dar de alta a casi 3.000 repartidores que estaban trabajando como falsos autónomos. Inspección de Trabajo consideró que los trabajadores de Amazon Flex son asalariados y por ello deben estar dados de alta en el régimen general de la Seguridad Social. Según la estimación de UGT, esto ha supuesto casi cuatro millones de euros de ingreso para la arcas públicas.

Estas luchas sindicales parecen no ser del agrado de Amazon. Tanto es así que una investigación de la Motherboard, la sección de tecnología de Vice en EEUU, revela que el gigante tech utiliza diversas tácticas para vigilar a trabajadores y grupos sindicales en sus almacenes. Según los documentos obtenidos por la publicación, la compañía liderada por Jeff Bezos habría contratado a la agencia de detectives Pinkerton e infiltrado espías en noviembre de 2019 en un almacén de Polonia. Según elDiario.es, Amazon analiza diferentes “riesgos de seguridad”, entre los que se encuentra la categoría de “ambiente operativo”, donde se incluyen la presencia de sindicatos y posibles protestas o manifestaciones. 

De acuerdo con la información del medio español, esto vendría ocurriendo también en otros países, entre ellos España, aunque Amazon niega que Pinkerton se encargue de vigilar a sus empleados. Una versión que choca con dos ofertas de trabajo publicadas por la tecnológica para vigilar “amenazas sindicales”, las cuales fueron borradas tras la polémica surgida

Aunque la compañía alegó que se trataba de un “error”, medio centenar de eurodiputados enviaron una carta a Jeff Bezos preguntando si Amazon espía a políticos y sindicalistas. “Nos preocupa que los sindicatos, así como los representantes electos locales, nacionales o europeos, se vean afectados por esta ‘vigilancia de amenazas’, que tiene como objetivo reprimir la acción colectiva y la organización sindical”, explican en la misiva.

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Pegatina reclamando un convenio entre Amazon y la plantilla. EDUARDO ROBAINA

Adiós a la privacidad

“Alexa, pon música”. Es posible que hayas pronunciado estas palabras, ya que el altavoz inteligente de Amazon fue su producto más vendido durante 2019. Estos comandos, en la teoría, solo son utilizados por el aparato para llevar a cabo la acción. Sin embargo, en la práctica, pueden ser escuchados por el personal de la multinacional en aquellos casos en los que el gadget no haya entendido la petición, con el objetivo mejorar el algoritmo.

El gran problema es que, según Bloomberg, estos empleados también tendrían acceso a las coordenadas en las que se ha producido el error, por lo que podrían llegar a averiguar el lugar de residencia del cliente; un extremo para el cual no se han recibido denuncias.

En una carta enviada al senador de Estados Unidos Christopher Coons a mediados del año pasado, el vicepresidente de políticas públicas de Amazon, Brian Huseman, reconocía que la compañía almacenaba las grabaciones de voz y las transcripciones durante un tiempo indefinido, “hasta que el usuario decide eliminarlos” borrando el historial en la aplicación. Sin embargo, ni siquiera en estos casos Amazon garantiza el borrado de la información ya que, cuando se utiliza una ‘skill’ –aplicación de terceros dentro de Alexa– “el desarrollador de esta ‘skill’ podría también mantener registros de la interacción”, según reconoció Houseman.

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Furgonetas de reparto de Amazon Prime. TODD VAN HOOSEAR / Licencia CC BY-SA 2.0

Medioambientalmente insostenible

Por una pequeña cantidad de dinero –3,99 euros al mes o 36 euros anuales– puede usted recibir cualquier producto en su casa en 24 o 48h. Es lo que se conoce como Amazon Prime, el servicio deluxe de la tecnológica que incita al consumismo y que multiplica la huella de carbono de la compañía, principalmente en el transporte. En 2019, las emisiones de Amazon alcanzaron los 51,17 millones de toneladas de CO2, un 15% más que el año anterior. Ya el año anterior, sus emisiones estaban al nivel de las que generan países como Suecia, Ecuador o Bulgaria. En 2020, los movimientos por el clima han ocupado la sede de Amazon en Barcelona con motivo del Black Friday para protestar contra su política de empresa.

El fundador de Amazon anunció en febrero del año 2020 la donación de 10.000 millones de dólares para luchar contra el cambio climático. En el suplemento Climática de lamarea.com analizan el “doble filo” de esta aportación.

La creación artificial de la escasez: el caso de las vacunas

Juan Torres López

Fuente: publico.es

El desaparecido economista y catedrático de la Universidad de Salamanca David Anisi escribió en 1995 un libro titulado Creadores de escasez. Del bienestar al miedo (Alianza Editorial). En el explicaba que, en contra de lo que se creía, la crisis que se produjo a partir de los años 70 no había sido lo que obligó a cuestionar el Estado de Bienestar, sino que fue al revés: la puesta en cuestión de este último originó la crisis.

Como explicaba Anisi, “había llegado el momento de disciplinar a los trabajadores. Y así se hizo.”

Para ello se recurrió a la forma siempre más efectiva, generando el desempleo. Quien carece de ingresos y medios de vida no tiene más remedio que aceptar lo que sea para salir adelante y se convierte así en un ser personal, mental y socialmente frágil, fácilmente manipulable y disciplinado.

Para provocar deliberadamente el desempleo que disciplinara a las clases trabajadoras se aplicaron políticas basadas en la creación artificial de escasez, aumentando los tipos de interés (lo que frenaba la inversión productiva pero al mismo enriquecía así a los poseedores del dinero), reduciendo salarios (lo que reducía el consumo pero aumentaba los beneficios de las grandes empresas que tienen mercados cautivos) y provocando déficits públicos y mucha deuda (ralentizando así la economía pero aumentando el negocio del capital financiero).

El efecto de esas políticas es el mismo que tiene el ir pisando el freno constantemente en un vehículo: disminuye la velocidad de crucero, se gasta mucha más energía y se deteriora el conjunto de la maquinaria. En una economía, la consecuencia es que disminuye la tasa de crecimiento de la actividad económica y aumenta el desempleo. Dos efectos que se agravan cuando todo eso ocurre, como ocurrió en los años ochenta y noventa del siglo pasado, en medio de una revolución tecnológica. Cuando esta se produce, aumenta la productividad y si este aumento no va a acompañado de una reducción de la jornada y de políticas expansivas del gasto, el efecto del frenazo es mucho mayor.

Eso fue lo que vienen provocando las políticas neoliberales y por eso decimos que crean escasez artificialmente. Destrozan a toda la economía y disminuyen la provisión de bienes y servicios pero benefician mucho, como he dicho, a los propietarios del capital financiero (que se enriquecen más cuanto mayor es la deuda) y a las grandes empresas que dominan los mercados y tienen clientes cautivos o una masa de liquidez muy grande con la que se enriquecen en los mercados financieros.

Puede parecer que esta tesis que acabo de exponer es demasiado perversa como para ser verdad pero, si no la creen, lean lo que escribió en la página 183 de su libro El final de la edad dorada (Ed. Taurus 1996) quien había sido un poderoso ministro de Economía de Felipe González, Carlos Solchaga: “La reducción del desempleo, lejos de ser una estrategia de la que todos saldrían beneficiados, es una decisión que si se llevara a efecto podría acarrear perjuicios a muchos grupos de intereses y a algunos grupos de opinión pública”. No se puede reconocer más explícita y claramente.

Efectivamente, el capitalismo de nuestros días es un creador artificial de escasez y una manifestación sangrante de ello la estamos contemplando en estos momentos en el caso de las vacunas.

Cuando se extendió la pandemia, las autoridades mundiales reconocieron lo elemental y lógico: su remedio no podía ser otro que una vacunación masiva y muy rápida de la mayor parte de la población mundial.

La presidenta de la Comisión Europea reclamó que las vacunas se convirtieran en un bien público porque “la Unión Europea había invertido muchos miles de millones en desarrollar las primeras”. El Fondo Monetario Internacional pedía en su informe de enero pasado una “distribución universal de vacunas … a precios asequibles para todos”…

Sin embargo, no es eso lo que está ocurriendo, sino todo lo contrario: los gobiernos de los países ricos se niegan a que las vacunas se puedan producir y distribuir masivamente y a precios asequibles en todos los países del mundo, como sería imprescindible para acabar con la pandemia. Se sigue creando escasez aunque ahora no sea para disciplinar a las clases trabajadoras sino para salvaguardar el beneficio y el poder de las grandes empresas farmacéuticas, de cuya naturaleza y estrategia escribía hace unos días el profesor Vicenç Navarro en estas mismas páginas (aquí).

Para desarrollar vacunas de distribución universal, como pide el FMI, es preciso la colaboración de científicos y productores de todo el planeta pero eso solo es posible si se ponen a disposición de todos ellos el conocimiento y las técnicas que las hacen posible, algo que es imposible mientras no se suspendan las patentes y derechos de propiedad intelectual.

Es lo que están pidiendo desde hace meses la gran mayoría de países, líderes políticos, organizaciones de todo tipo, centros de investigación, personalidades, dirigentes de iglesias… Y es lo que desea la inmensa mayoría de la población allí donde se le ha preguntado (el 73% en el Reino Unido).

Pero, en contra de esa opinión mayoritaria, los gobiernos de los países ricos (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Reino Unido, Brasil, Canadá, Noruega y algunos pocos más) se oponen constantemente a ello.

Con tal de salvaguardar los intereses comerciales de las grandes empresas farmacéuticas que producen las vacunas (como igual podría decirse de otros bienes, dispositivos o instrumentos de diagnóstico que están siendo imprescindibles en la pandemia), se está dando lugar a una carencia generalizada de vacunas, sencillamente, porque no se está aprovechando toda la capacidad potencial de fabricación de vacunas. Los datos son inapelables:

  • Solo se está utilizando un 43% de la capacidad que hay en el mundo para producir las vacunas ya aprobadas (aquí).
  • Las tres fabricantes más grandes de vacunas solo están produciendo para el 1,5% de la población mundial, un volumen muy por debajo de su capacidad potencial al no tener acceso a las licencias (aquí).
  • A pesar de la escasez, cuando algunos fabricantes se ofrecen a producirlas no reciben respuesta de las empresas que, con el beneplácito de los gobiernos, dominan el mercado. Eso ha pasado con la danesa Bavarian Nordic que podría fabricar casi 250 millones de vacunas (aquí).
  • Algo parecido ocurre en países como India: una de sus fabricantes está produciendo millones de vacunas pero hay al menos otras veinte fábricas, y otras muchas en todo el mundo, que podrían estar produciéndolas si tuvieran acceso a las licencias (aquí).

La consecuencia de todo esto es doblemente absurda y me atrevería a decir que criminal.

En primer lugar, miles de millones de personas de los países más pobres se quedan al margen de la vacunación que les puede evitar la enfermedad. Los países ricos (16% de la población mundial) acumulan las vacunas (60%) mientras que los más pobres están desabastecidos. El Reino Unido había distribuido más de 31 dosis por cada 100 personas y Estados Unidos más de 22 a finales de febrero, Asia en su conjunto un poco más de dos y África menos 0,55 de media en los países donde habían llegado (aquí). A la tercera parte de la humanidad no le ha llegado ni una dosis y, según The Economist, más de 85 países no vacunarán lo suficiente hasta 2023 (aquí), mientras que los gobiernos de los países ricos han comprado tres veces más unidades de las que necesita su población (cinco en Canadá).

Esto no es solamente un genocidio sino que se trata, para colmo, de una completa estupidez. La acumulación de vacunas en los países ricos no va a terminar con la pandemia porque esta es global y las mutaciones pueden venir de cualquier país donde la vacuna no haya llegado. Y es también una política estúpida porque, como expliqué en un artículo anterior, financiar la vacunación en todos los países del mundo supone 338 veces menos dinero que el que costará el daño de no hacerlo (aquí). Una prueba más de que las decisiones económicas que se toman no persiguen la eficiencia ni el ahorro sino el enriquecimiento de unos pocos.

La política de los países ricos es igualmente absurda porque, a la postre, va a crear racionamiento también en su interior, como está ocurriendo en la Unión Europea. Y es también una estupidez responder a la escasez que ellos mismos han provocado restringiendo las exportaciones porque así ni mejorará el aprovisionamiento interior ni el global, se provocarán respuestas del mismo tipo que perturbarán las cadenas de aprovisionamiento.

La pandemia no se está combatiendo como los propios líderes mundiales decían que había que combatirla porque no son capaces o no desean poner límite a la avaricia de unos pocos. Se está provocando una crisis económica gigantesca y la pérdida de millones de empresas y empleos por salvaguardar los privilegios de los grandes monopolios. Van a morir innecesariamente millones de personas porque se da prioridad a los intereses comerciales.

Terminaré citando a un autor maldito porque creo que llevaba toda la razón. Me refiero a Federico Engels quien decía en su obra La situación de la clase obrera en Inglaterra que cuando las personas mueren como “víctimas de nuestro desorden social y de las clases que tienen interés en ese desorden” se comete un “asesinato social”.

Eso es lo que ahora está sucediendo con las vacunas y por eso resulta cada vez más necesario que se definan y persigan los crímenes económicos contra la humanidad.

Las grandes tecnológicas y la educación

Fuente: El mito de Theuth

Autor:

Somos todos conscientes de que las grandes tecnológicas han alcanzado un enorme poder, tanto que existe cierta preocupación por el devenir de la democracia. Algunos ya le han dado nombre y están hablando de la democracia bajo vigilancia. Amalio Rey hace una buena reseña de un libro importante de Franklin Foer Un mundo sin ideas: la amenaza de las grandes empresas tecnológicas a nuestra identidad en una entrada de su blog: ¿Por qué debes desconfiar de los GAFA? Y en el mismo sentido van quienes denuncian el avance de lo que algunos pueden llamar democracia bajo vigilancia o nuevo despotismo ilustrado.

John Bellamy Foster and Robert W. McChesney, denunciaban en la Monthly Review  Jul 01, 2014 esa misma tendencia, pero llamaban la atención hacia el hecho de que ese progresivo deslizamiento de las democracias hacia modelos políticos cada vez más controlados y vigilados se remontaban a la postguerra, en 1945, bajo la hegemonía de Estados Unidos que hizo un recorrido sin solución de continuidad desde el capitalismo monopolista-financiero, al complejo militar-industrial para finalmente dar paso a la era digital. ARPA (Advanced Research Projects Agency) nació en 1958, para convertirse en los sesenta en el centro de trabajo sobre redes informáticas y crear en los setenta ARPANET, el precursor del Internet actual.

En estas estamos, por tanto, y una de las últimas denuncias procede de Shoshana Zuboff quien subraya cómo la digitalización de todo concede a las grandes empresas tecnológicas un inmenso poder social. Desde las modestas puntas de lanza colocadas en nuestros navegadores y en innumerables aparatos pasan a ser nuestros jefes inteligentes y acumulan cantidades ingentes de datos que saben transformar en dinero, en muchísimo dinero

La pandemia ha servido para acelerar este proceso, algo que se percibe en el incremento del control de los ciudadanos bajo la justificación parcialmente correcta del control de la transmisión del virus. Pero tiene una específica proyección en el mundo de la educación, provocada por el incremento de la enseñanza en línea, o no presencial. El cierre de los centros o la limitación del aforo ocasionan que  más necesario recurrir con mayor frecuencia a la enseñanza en línea, algo cada vez más fácil por la mejora constante de las plataformas educativas que añaden a la gestión de información, como bien hacía y sigue haciendo, por ejemplo, Moodle, la mejora en la organización de clases en línea, con presencia virtual de todo el alumnado.

Esta evolución tiene ventajas no despreciables, pero tampoco conviene olvidar sus desventajas. La primera de ellas es, sin duda, la brecha digital sobre la que llaman la atención diversos organismos, pero también los propios docentes: el acceso a equipos informáticos y a conexiones de calidad a la red es muy desigual y son los sectores más desfavorecidos los que tienen más dificultades para seguir bien la enseñanza, lo que incrementa la posibilidad de que no alcancen los objetivos previstos.

La segunda es que el proyecto de las grandes tecnológicas no es neutral. Por una parte, no son en realidad un servicio gratuito, puesto que están buscando recabar una ingente cantidad datos procedentes de la población infantil, adolescente y los jóvenes que siguen estudios superiores. Además, intentan hacerlo en condiciones de casi monopolio, y ahí están contratos específicos entre, por ejemplo, la Comunidad de Madrid y Google, o entre la Universidad Autónoma de Madrid y Microsoft.

La tercera, de gran calado, es que especialmente Microsoft y Google van más allá del puro negocio. Sus empresas, o sus conglomerados empresariales, generan ya dinero en grandísimas cantidades y, dada su situación casi monopolística, no ven peligrar esas ganancias. Lo que están pretendiendo es incidir en una nueva configuración de la sociedad, es decir, tienen un proyecto de la clase de personas que quieren formar y la clase de sociedad que quieren promover. Manifiestan una y otra vez su compromiso con los valores democráticos y los Derechos Humanos, pero es obvio que la toma de decisiones y el diseño de ese futuro no está sometido a ningún proceso de deliberación democráticas. Estamos otra vez en la historia ante un proyecto que tiene mucho de despotismo ilustrado. Lo malo es que la experiencia indica que los despotismos ilustrados suelen ser en gran medida lo primero, despotismos y, en bastante menor medida, lo segundo, ilustrados.

Liberad las vacunas para que lleguen a los empobrecidos

Autor: Faustino Vilabrille

Fuente: Religión digital

Ofrecemos a continuación una síntesis de la información ofrecida por un pediatra catalán que está trabajando en Etiopía, sobre el coronavirus y las consecuencias colaterales que conlleva para África, para terminar con una pregunta radical para todos nosotros:

El Pediatra catalán, Iñaki Alegría, dirige el Hospital Rural de Gambo, en Etiopía. Se pregunta:

Iñaki Alegría, en el hospital que dirige en Etiopía“No quiero acostumbrarme, dice, a la injusticia ni ser cómplice. No quiero callar, ya que cuando la emergencia es continua deja de ser noticia, porque hace tan solo un par de meses una epidemia de sarampión con más de cien ingresos diarios nos obligó a triplicar la capacidad de trabajo. Cada año nos azotan epidemias de bronquiolitis y neumonías en la época de lluvias, para luego dejar paso a las de sarampión y la desnutrición que se ceban en la infancia. Estoy luchando contra el coronavirus entre epidemias de sarampión, meningitis, cólera, tuberculosis y hambre; todo ello añadido al silencio que azota al cuerno de África, que es la indiferencia humana. Estamos atendiendo a más de trescientas urgencias de sol a sol. Lo más devastador es la crisis económica y el aumento del precio de los alimentos más básicos que está causando una gran hambre en la gente más vulnerable, la de las zonas rurales”.

“Aquí el miedo se ha convertido también en pandemia, matando de olvido otras epidemias que son ahora más mortíferas que nunca”

“No tengo miedo a morir mañana de coronavirus, de hambre ya estoy empezando a morir hoy mismo, me dice una señora. Tengo más miedo de morir de hambre que de coronavirus”; y ella prosigue: “El miedo a la posibilidad de morir de coronavirus me puede llevar a la certeza de la muerte segura por hambre. Este inconfundible sentimiento de hambre que si nunca lo has conocido no puedes llegar a saber lo que es”.

“En Europa, continúa Iñaki, los medios de comunicación hablan de inmunidad de la población, de planes de vacunación y de diferentes tipos de vacunas, pero en el continente africano el tema es radicalmente diferente: Las únicas vacunas contra la Covid-19 que vemos es por la televisión, mientras nos preguntamos unos a otros “¿cuántas otras personas deben ser vacunadas antes de que llegue a Etiopía la primera dosis? “. “¿Cuántas vacunas deben acumular los almacenes europeos y norteamericanos, se pregunta Alegría, antes de que el continente africano pueda recibirlas?”

Posible aumento de otras enfermedades

Y no solo eso, añade: “Desde el inicio de la pandemia está bajando la cobertura vacunal de Sarampión, Hepatitis B, Neumococo, Polio, Tétanos. Temo un aumento de casos y muertes por estas enfermedades prevenibles en los próximos meses si no tomamos medidas de manera inmediata”.

Alegría recuerda que la vacuna contra el neumococo protege de desarrollar neumonía causada por esta bacteria, que es la primera causa de mortalidad en el mundo en los menores de cinco años. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, afirma el pediatra, la neumonía es el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose 800.000 vidas al año. Etiopía se encuentra dentro de la lista de los cinco países del mundo con una mortalidad por neumonía más elevada en menores de cinco años.

En cuanto al Sarampión, explica: “en 41 países han paralizado o disminuido los programas de vacunación de sarampión debido a la pandemia por Covid-19. El sarampión aún se cobra unas 568 vidas, en su mayoría niños, en todo el mundo cada día”. “Que no nos engañen, no faltan vacunas”, denuncia Alegría. Pide que se liberen las patentes, porque así se podrá aumentar la producción de vacunas y se facilitará el acceso equitativo a ellas, y no al mejor postor como sucede ahora.

Reconoce que evidentemente les ha escandalizado la muerte inevitable en Europa de personas por Covid-19, pero cree que “más nos debería escandalizar lo que puede suceder los siguientes meses si no actuamos: La muerte evitable y consentida en África de personas por Covid-19 por falta de acceso a las vacunas”.

Nota:-Hasta aquí la información que nos facilita Iñaki Alegría desde Etiopía. Sin embargo, Pfizer y Moderna podrían obtener US$ 32.000 millones por la venta de vacunas contra el Covid-19 solo en 2021. (Fuente: CNN).

De momento, parece que no habrá liberalización de patentes, lo que supone que se vacunen los ricos, mientras los pobres ven cómo las nuevas cepas los meten en un túnel cada vez más profundo. Sin vacunas en todo el mundo, volveremos a la casilla de salida, a pesar de que hay una enorme cantidad de dinero público invertido en la investigación de las vacunas contra el Covid-19. Este mecanismo de liberalización de patentes ya existe y se utilizó por primera vez en 2001 para hacer frente al SIDA. “Cuando un tratamiento anual costaba 10.000 euros, fue posible con un mecanismo de la OMC reducir el coste a 1.00 euros”.

130 países sin vacuna contra Covid-19

En los países europeos ya se han superado los 41 millones de dosis administradas contra el coronavirus, mientras que hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos. Pero la CE es contraria a liberalizar las patentes de vacunas para aumentar la producción. En contra de la liberalización de las patentes están Estados Unidos, Australia, Noruega, Suiza, Brasil, Canadá, Japón, Reino Unido y la UE, lo cual es una evidente injusticia contra los países pobres, a pesar de que en el Parlamento Europeo cada vez más grupos políticos apuntan a que la vacuna debería ser considerado un bien público y las patentes deberían ser liberadas.

“Hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos”

Una pregunta radical: A lo largo de la historia y también en nuestros días muchos millones de personas murieron y mueren víctimas de una muerte injusta y prematura, como lo pueden ser ahora por no liberar las vacunas: ¿quién les va a reparar una injusticia tan grande? Si murieron o van a morir ahora injustamente para quedar muertos, ¿quién les va a hacer justicia? Si ya no se les va a hacer justicia, con qué derecho puedo exigir yo que se me haga justicia a mi? ¿Cómo devolver la dignidad y la libertad a los tratados como esclavos, si la muerte acabó con ellos para siempre?

Estas y otras preguntas radicales son las que llevaron a Horkheimer, a Garaudy o a Adorno a lo que ellos llamaban el postulado de la resurrección, como supuesto previo a una opción revolucionaria, incruenta, coherente, honesta y radical, como lo fue la de Jesús de Nazaret, pero que los que nos decimos sus seguidores hemos olvidado de practicar, porque “si este mundo no nos gusta tenemos que buscar otro”, dice el gran Arcadi Oliveres, porque no basta con lamentarse, pues creer es comprometerse.

Lluvia en los zapatos

Irene Vallejo

Después de una infancia soleada, diluvió sobre la juventud de mi abuela. Llegó en 1937 a San Sebastián, estrenando los 18 años en un país en guerra, con una sencilla maleta de cartón como equipaje. Solo tenía un par de zapatos, la garantía de poder ir a trabajar cada mañana. Muchos años después, aún recordaba el miedo diario a que su calzado no resistiese los arañazos de la lluvia del norte. Llevarlos al zapatero suponía encerrarse en casa varios días y, quizá, perder su empleo. No había recambio: el edificio entero de la vida dependía de la firmeza de aquellas suelas gastadas. Nunca olvidó el frío lametón del agua que amenazaba el cuero de sus únicos zapatos. Por eso, no entendía que sus nietas comprásemos objetos de usar y tirar. Nos miraba enojada, sin decir nada. A nosotras, hijas pródigas del consumo, nos parecía anticuado su respeto por los artesanos concienzudos: los gestos precisos, el ritmo exacto de las manos, el silencio absorto, ese tímido orgullo al mostrar su trabajo.

Tiempo después, leyendo a Natalia Ginzburg comprendí mejor a mi abuela. La guerra era otra, pero la experiencia sonaba idéntica. Su marido, Leone, era un profesor judío opuesto al régimen de Mussolini. En 1944 lo detuvo la Gestapo y murió en una cárcel romana tras ser torturado. Natalia permaneció en la capital, y a esta etapa se refieren sus recuerdos de desamparo, el escalofrío del empedrado bajo las suelas. En Las pequeñas virtudes escribe: “Este año, aquí en Roma, he estado sola por primera vez. Por la mañana, cuando me levanto, mis zapatos rotos me esperan sobre la alfombra. Sé lo que pasa cuando llueve, y las piernas están desnudas y mojadas, y en los zapatos entra el agua, y entonces se oye ese pequeño ruido a cada paso, esa especie de chapoteo”.

Nuestras casas están inundadas de cosas diseñadas para viajar velozmente de la fábrica al vertedero. La basura nos cerca y nos invade, mientras los escaparates acumulan mercancías con fecha de caducidad incorporada. Una década antes de que mi abuela caminase con pasos ateridos entre la lluvia, en 1924, los principales fabricantes mundiales de lámparas incandescentes se reunieron en Ginebra. Allí acordaron limitar la vida útil de las bombillas en más de la mitad, porque “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”. En aquel primer pacto global por la obsolescencia programada quedó inaugurado un mundo donde compramos productos con plaza reservada entre los residuos, en un ciclo inacabable de consumo y desperdicio.

Paradójicamente, llamamos “síndrome de Diógenes” al afán compulsivo de acaparar despojos y objetos inutilizables. En realidad, el filósofo griego era ejemplo de todo lo contrario: afirmaba que solo merece la pena acumular sabiduría. Hijo de un banquero acusado de falsificar moneda, Diógenes eligió la pobreza y optó por vivir como vagabundo. Tenía escasas posesiones: una tinaja para dormir, un manto, un cayado y un zurrón. Se cuenta que paseaba entre la multitud del ágora a pleno sol con una lámpara en la mano, en busca de personas honradas. Al emprender su búsqueda a la luz cercana y frágil del candil, Diógenes pensaba quizás en la bondad sigilosa de esa gente discreta que, alejada de los focos, permanece en la sombra. En un mundo presidido por la codicia y el deseo de acumular pertenencias, me gusta imaginarlo alumbrando la labor escondida de un vecino artesano empeñado en lograr la perfección de cada pieza, sin afán de competir, destacar o siquiera vender más. Simplemente, por amor a un buen trabajo.

En nuestros tiempos ávidos, la sed de beneficios conduce a la obsesión por abaratar costes a toda costa, a lucrarse haciendo mal las cosas. Pero la palabra “beneficio” es la suma de bene y facere, es decir, hacer bien. Cuando lo permanente es una especie en peligro de extinción, podemos volver la mirada a quienes —cerca, muy cerca— trabajan duro para crear lo que perdura, la labor forjada con pericia y esmero, ese par de zapatos que nos permitirán afrontar el invierno lluvioso. Diógenes, todavía hoy, seguiría iluminando con su vela esos desvelos.

Del fordismo al postfordismo: La evolución del empleo desde la sociología

Fuente: Sociología Inquieta

El fordismo fue el principal sistema de producción y organización económica de la primera mitad del siglo XX. Esta lógica productiva hace referencia a la cadena de montaje implantada por Henry Ford, dueño de la famosa marca de automóviles norteamericana, siendo este el pionero en la implantación de la producción en cadena de bienes estandarizados a través de la fabricación de automóviles.
El modo de producción fordista se basa en la división y especialización de tareas, así como la organización técnico/científica del trabajo. A través del fordismo la fábrica se instaló como “lugar sagrado del empleo”.
Además, la mecanización, la estandarización, el aumento de la producción, la reducción de los costes productivos, el acceso a un salario estable y relativamente decente produjeron el aumento de los niveles de vida de las clases más bajas, introduciéndolas de lleno en el mercado, provocando el surgimiento de la sociedad de consumo.

La crisis del fordismo de 1973-2007

El periodo de declive del fordismo y el surgimiento del nuevo paradigma productivo/económico actual se deben entender desde que se inicia la crisis del petróleo en 1973, hasta el inicio de otra crisis, en este caso, la denominada crisis suprime, perteneciente al año 2007 y que desgraciadamente tanto hemos sufrido en todo el mundo.
De esta manera, los años anteriores a la crisis de 1973 fueron años convulsos, con un crecimiento del desempleo y de las desigualdades sociales. A raíz de los acontecimientos de la crisis del petróleo, se iniciaron una serie de medidas comprendidas dentro del periodo denominado “nueva economía”: una época de prosperidad económica de unas tres décadas. Sin embargo, esto no se tradujo en un aumento de los niveles de vida y fue consolidando las bases del capitalismo neoliberal, en el cual hoy en día nos encontramos y donde la desigualdad estructural es una característica más.

Transformaciones sociopolíticas

En esta época que transcurre de 1973 hasta 2007, podemos encontrar grandes cambios en las políticas económicas internacionales. Por un lado, el estado fue perdiendo la posición que ocupaba en la primera fase del fordismo, siendo la principal figura reguladora de la vida social.
Asimismo, a partir de 1980 el Estado de Bienestar en Europa cambió hacia otras lógicas, coincidiendo con la subida al poder en EUA e Inglaterra de los partidos liberal-conservadores liderados por Teatcher y Reagan.
Las nuevas doctrinas liberales se situaron como el brazo ejecutor que debía hacer frente a la crisis. De este modo, se impuso un programa político/económico que se basaba en la reducción de las funciones del estado como remedio de los males provocados por las recesiones.
Por otra parte, el mercado y la iniciativa privada se presentaban como elementos clave para tomar las riendas sociales y generar riqueza. Así pues, el estado pasaba a tener una función limitada, en la cual, debía alejarse lo máximo posible de la intervención económica y solamente proporcionar un marco adecuado en el que la iniciativa privada pudiera generar sus actividades de manera solvente.

De esta forma, las medidas adoptadas postcrisis (1973) se manifestaron en dos frentes. Por un lado, una ralentización del gasto público y privatización de sectores pertenecientes al Estado del Bienestar (sanidad, educación y servicios sociales).
Por otra parte, la figura del estado desaparecía como mediador en las relaciones laborales: Anteriormente, el estado se desarrolló como mediador del conflicto entre el capital y el trabajador. Sin embargo, a través de la implantación del neoliberalismo, esta mediación ha sido substituida por una posición de sumisión por parte del estado y de los trabajadores al poder económico.
Por tanto, la negociación Estado-Sindicato-Patronal fue perdiendo sentido, perjudicando derechos laborales como la huelga y otras acciones colectivas.
De esta manera, la lógica liberal fue argumentando (y aún lo hace hoy en día) estas acciones a través de la idea de que el mercado no necesita este tipo de regulaciones que perturban el funcionamiento económico/social y perjudican a todos.

Transformaciones económicas y productivas


El cambio de paradigma del fordismo al actual (postfordismo) se presenta en múltiples cambios, uno de los más significativos lo observamos en la descentralización productiva. En el fordismo, todo el proceso productivo (desde que entra la materia prima hasta que sale el producto acabado) se realizaba en su totalidad dentro de la fábrica, es decir, en el mismo lugar. No obstante, en la actualidad, con el postfordismo observamos como el proceso productivo se deslocaliza y las partes de un mismo producto se fabrican en diferentes lugares. Esta descentralización de la producción ha servido para que las grandes empresas se desprendan de las partes del proceso productivo menos rentables, encargándolas a empresas más pequeñas o subcontratadas.

Por otro lado, en el postfordismo nos encontramos con nuevas formas de organizar la producción, donde la gestión de los recursos humanos gira entorno al concepto de flexibilidad, de una manera similar a la que fluye el capital y el dinero por la economía globalizada.

El capital humano de la empresa pasa a ser una pieza más de los costes de producción (anteriormente más rígida y menos maleable) pero actualmente volátil y flexible. Esto se traduce en plantillas de personal con contratos temporales y despidos baratos, además de una sindicalización débil que no supone un verdadero obstáculo sobre la gestión empresarial.

Mapa mundial sobre la deslocalización de la producción

La flexibilidad sobre los trabajadores: Consecuencias

La desregulación y la flexibilidad sobre los empleados ha sido una de las estrategias principales de las empresas postfordistas para reducir costes y aumentar los beneficios. De esta manera, la flexibilidad neoliberal se traduce en la capacidad del empresario para contratar y despedir.
Asimismo, podemos hablar de un nuevo modelo laboral caracterizado por lo descrito en el párrafo anterior. El fordismo presentaba un modelo de empleo de contratos fijos con sistemas de promoción, mayor peso de los sindicatos y jornadas laborales previsibles y reguladas.
Hoy en día, el modelo de empleo se presenta mucho más diversificado, junto a los empleos estables nos encontramos con una gran variedad de empleos temporales y precarios (contratos temporales, de prácticas, a tiempo parcial…) los cuales se han denominado con mucho acierto “contratos basura”. Todas estas nuevas formas de contratación han sido adoptadas por las empresas para enfrentarse a un mercado cada vez más competitivo, desleal y agresivo, paradójicamente un mercado que se ha vuelto de esta manera en gran parte por las medidas neoliberales, las cuales han propiciado que no exista control ni regulación frente a las lógicas del libre mercado.

En conclusión, el modelo actual convierte a los trabajadores en un flujo económico más que es sometido al mercado, un mercado volátil, mundial, impredecible y en constante competencia.

Así pues, los empresarios usan estas nuevas condiciones laborales como una herramienta de reajuste económico, provocando una precariedad laboral que ha llegado para quedarse dentro de nuestro sistema productivo. Además, afectando de lleno a los sectores y empleos más vulnerables (mal pagados o de poca cualificación), sosteniendo estas condiciones laborales a través de la amenaza constante del despido.
Por tanto, nos encontramos en un contexto donde los empresarios se alejan cada vez más del trato humano que debe recibir un trabajador, pisoteando sus derechos a través de una gestión económica del empleo basada en la precariedad y el abuso.

El empresario como arquetipo cultural de éxito

Los cambios productivos y económicos que dan forma al postfordismo también tienen su repercusión (como todos los fenómenos sociales) en la esfera cultural. A veces es la cultura la que influye en la forma de producir, otras, es la forma de producir la que influye a la cultura, y en múltiples ocasiones, es un proceso de interrelación, la verdad que ni los científicos sociales logramos salir del debate sobre que estructura (económica, política o cultural) domina sobre las demás.
Lo que sí es irrefutable son los cambios en los imaginarios colectivos sobre las figuras del trabajador y el empresario . De esta manera, el ámbito de lo empresarial se ha ido situando en una posición de prestigio en la nueva cultura neoliberal, que, año tras año se ha asentado como hegemónica.
Así pues, durante 1950-60 las figuras heroicas del trabajo procedían de la clase obrera, la cual, fue la gran protagonista de la reconstrucción europea después de la 2GM. No obstante, a partir del proceso de liberalización económica iniciado en los 70, los ideales culturales han ido cambiando, relegando al trabajador a una posición de subordinación frente al empresario. Los ejecutivos, directivos, grandes dirigentes empresariales y emprendedores pasan a ser el ejemplo máximo de éxito social y económico, y lo más importante, se les atribuye todo el mérito del crecimiento y la creación de riqueza. Junto al asentamiento de estos ejemplos culturales, encontramos la absorción por parte de la sociedad de valores como el individualismo y la competitividad llevadas al extremo.

De esta forma, a través de los medios de comunicación y las producciones culturales (radio, TV, internet, literatura…) se reproduce la ideología neoliberal. Múltiples relatos discursivos que nos cuentan una y otra vez el sueño americano, que nos indican que el éxito personal va ligado al individualismo más extremo, y que intentan esconder los logros colectivos, quedando relegado el papel de la comunidad a un plano marginal.

De esta manera, toda la vida social queda impregnada por las lógicas del mercado. Además, este discurso se reproduce hoy en día gracias al poder de influencia de las grandes corporaciones, dueñas de los medios de comunicación y de las principales instituciones científicas, dominando así campos de poder hegemónicos como el cultural o el científico.

En conclusión, este proceso que describe el surgimiento de una nueva hegemonía cultural neoliberal, va ligado al desprestigio de la clase obrera y su propio imaginario. Existe una gran pérdida de conciencia en cuanto a la historia real del trabajador, pero es más, actualmente se presenta al trabajador como un estorbo para el crecimiento económico.

El individualismo extremo de la lógica neoliberal, culpabiliza de manera sistemática a cada una de las personas que no logra encontrar trabajo o está en una mala posición en el mercado, esfuérzate y lo conseguirás, y si no lo consigues esfuérzate aún másese es el eslogan, evidentemente falso. Se ignoran dimensiones como el género, el origen geográfico, la etnia, la edad, la discapacidad o la clase social del hogar en el que naces, se tienen que ignorar, evidentemente si no se hiciera se derrumbaría su castillo de naipes basado en la meritocracia y el mito del emprendedor.

Geografías del hambre: el derecho a la alimentación como reto del desarrollo

Berezi Elorrieta

Fuente: unibarcelona.com

 

El derecho a una alimentación adecuada es un derecho humano universal reconocido por numerosos acuerdos internacionales, como la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (art. 25) o el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales – PIDESC de 1966 (arts. 11 i 12), un reconocimiento que los países han adoptado en sus propios cuerpos legislativos nacionales.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), para garantizar este derecho, no es suficiente con que haya disponibilidad de alimentos, sino que éstos deben también ser accesibles y adecuaos para cubrir las necesidades biológicas. ¿Cuál es la diferencia entre estas tres condiciones? Pues bien, el hecho de que un alimento exista en cantidad suficiente en un territorio determinado (disponibilidad) no significa que todas las personas o grupos sociales tengan acceso a él (ya sea por motivos físicos o económicos, es decir, porque no pueden costeárselo) ni tampoco que ese alimento esté en buen estado o sea saludable.

Actualmente, por desgracia, es más que evidente que el derecho a la alimentación no se está garantizando a nivel mundial. Según las estimaciones más recientes de la FAO, la subalimentación en el mundo afecta a más de 820 millones de personas (más de uno de cada diez habitantes del mundo), y lo peor es que desde 2015 se ha revertido la tendencia a la baja.

A menudo, cuando hablamos de problemas de hambre y malnutrición pensamos en los países más empobrecidos y particularmente en países del continente africano, que suelen padecer severas crisis de hambre, que afectan gravemente a la población más vulnerable, como la población infantil. Sin embargo, las geografías del hambre son mucho más complejas y afectan a varios continentes, con una especial incidencia (en términos cuantitativos) en Asia Meridional y Oriental. Pero más allá de las diferencias norte-sur, no es posible hacer generalizaciones, pues la situación interna de cada continente presenta grandes desigualdades. Por ejemplo, en América Latina, encontramos países con tasas muy bajas (como Brasil) pero también otros donde se estima que entre el 15-25% de la población padecen subalimentación.

Mapa del hambre de 2019. FAO

En realidad el problema de la alimentación debe ser analizado desde un prisma más amplio y a nivel internacional. Aunque nos sorprenda, la alimentación no adecuada es un problema muy presente en los países ricos. Se da la paradoja, como señala Raj Patel en su libro, de que habitamos un mundo de “obesos y famélicos”, donde la obesidad y el hambre son dos caras de una misma moneda: la de un sistema alimentario que no funciona.

De hecho, según el informe sobre la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el mundo, al mismo tiempo que hay 821 millones de personas que pasan hambre en el mundo, también hay 627 millones que tienen problemas de obesidad. Es cierto que las personas hambrientas se concentran básicamente en los países pobres, pero las personas con obesidad no viven exclusivamente en los países ricos. Así, aunque parezca contradictorio, existen países en vías de desarrollo donde encontramos al mismo tiempo problemas de subalimentación y de obesidad. Entre las causas, además de los cambios económicos y la alteración de los estilos de vida, sobresale un claro factor de clase: las familias con menores ingresos consumen productos de peor calidad y menor nivel nutritivo, que suele ser comida procesada e hipercalórica.

Por otro lado, las cifras de hambre no sólo conviven grotescamente con las de obesidad, sino también con las del desperdicio de alimentos. Se calcula que una tercera parte de la producción mundial de alimentos acaba desperdiciándose, tanto en los países ricos como en los pobres, aunque por causas diversas.

Pero cuando hablamos del derecho a la alimentación, la mayor paradoja es que, algunos países que tienen altas tasa de hambre, son también grandes productores de alimentos. ¿Qué está pasando? ¿Acaso el problema del hambre no es un problema de escasez de alimentos? Lo cierto es que, a pesar del aumento exponencial de la población mundial, también hemos intensificado y aumentado la producción agraria, incluso per cápita. Al menos por el momento, ya que no sabemos a ciencia cierta cuáles serán las consecuencias del cambio climático en este sentido. Asimismo, en las últimas décadas hemos podido comprobar que los periodos de crisis de hambre no coinciden con periodos de escasez de alimentos (como periodos de sequía u otros fenómenos climáticos extremos). Las investigaciones de Amartya Sen así lo evidenciaron en su libro “Pobreza y hambruna”: después de estudiar varías catástrofes en la India, Bangladesh y el Sáhara desde los años cuarenta, descubrió que las crisis de hambre se habían producido incluso cuando la provisión de alimentos no era diferente de años anteriores y que, en algunas áreas afectadas por el hambre, incluso se habían exportado alimentos.

En efecto, en muchos países empobrecidos con altos índice de hambre se están produciendo para la exportación productos como flores, fruta, langostinos y carne, entre otros. A menudo esta producción está en manos de empresas extranjeras y es consecuencia de la apertura de los mercados impulsada por el FMI y el Banco Mundial. Así, en este nuevo sistema alimentario ya no consumimos los productos alimentarios producidos en nuestras áreas rurales más próximas, sino que importamos los alimentos desde miles de kilómetros de distancia, en este mercado global de alimentos en que se ha convertido el planeta globalizado.

La globalización ha supuesto una integración e interdependencia de las estructuras sociales y económicas a nivel mundial, incluyendo el sistema alimentario. La consecuencia de todo lo anterior es que, los mismos países que exportan determinados productos alimentarios, después necesitan comprar algunos productos básicos en los mercados internacionales, porque han dejado de producirlos. Y no, las rentas obtenidas con esas exportaciones no son suficientes para proporcionar seguridad alimentaria a la población.

Producción y consumo local vs. Producción y consumo en la era de la globalización

La globalización y la desregulación financiera han provocado que los alimentos incluso se hayan convertido en un “activo financiero”, sometido a dinámicas especulativas. Entre 2007 y 2008, por ejemplo, los precios mundiales de los alimentos se dispararon, lo que provocó una grave crisis alimentaria mundial a pesar de que la cosecha de cereales de 2008 consiguió un máximo récord. En aquel momento, un informe encargado por las Naciones Unidas concluyó que la causa del encarecimiento había sido la enorme burbuja provocada por potentes especuladores internacionales en el mercado mundial de alimentos. Este mismo fenómeno se repetiría también en 2011, y volvió a generar “revueltas de hambrientos” en varios países.

En definitiva, las crisis alimentarias no son causadas por una falta de alimentos, sino por las desigualdades en los mecanismos de distribución. En otras palabras, no se trata de un problema de disponibilidad, sino de acceso. No sólo persiste la inseguridad alimentaria para los grupos sociales más vulnerables, sino que además, se ha perdido la producción (y consumo) local a favor de los grandes mercados mundiales, controlados por grandes multinacionales, y sometidos al negocio de los especuladores.

La planificación del desarrollo tiene un reto muy importante en garantizar el derecho a una alimentación adecuada: debe ser capaz de prever no sólo la seguridad alimentaria (que la población tenga suficientes alimentos disponibles, accesibles y nutritivos) sino también la soberanía alimentaria de los países, de manera que se priorice la producción local, se garantice el acceso a la tierra y al agua de los campesinos, y se promueva la participación de la población en el diseño de las políticas agrarias y territoriales.

Cinco motivos para entender por qué han venido 20.000 senegaleses a Canarias

Fuente: blog.africavive.es

Autor: Jaume Portell

 ¿De qué sirven muchos ojos si solo observan a la víctima en el suelo? En 2006, más de 35 000 personas llegaron a las costas canarias desde el continente africano. En 2020, catorce años después, las escenas se repiten de nuevo y no parece que hayamos aprendido mucho. Nada nos impide creer que en 2034 veremos las mismas imágenes en televisión: miles de africanos muy jóvenes, reconfortados con mantas y bocadillos de la Cruz Roja tras salir de una patera.

Los titulares de prensa andan, como siempre, divididos: algunos hablan de avalancha y agitan sus eslóganes racistas; otros aprovechan este episodio para dedicar un bonito canto a la diversidad. Encontramos incontables muestras de lo que Martín Caparrós ha bautizado como “periodismo Gillette”: limpio, lleno de declaraciones y neutro. Sin ideología, es decir, reforzando la mayor de las ideologías, la más conservadora: la idea de que no tener ideas es siempre lo más deseable para expresarse ante los demás.

Senegal seguirá exportando a gente por factores que raramente aparecen en la prensa. Si acaso, se mencionan en algún párrafo perdido, se camuflan bajo palabras vacías de tanto usarlas: ‘desigualdad’, ‘injusticia’, ‘desastre’. Víctimas sin verdugos, casuales, desgraciadas, problemas sin causa ni solución. Somos capaces de escribir bellísimas crónicas sobre el dolor africano, pero apenas nos atrevemos a mencionar qué provoca el desgarro. No queremos mancharnos. “Culpa a Occidente por los problemas de África. Pero no seas demasiado específico”, decía Binyavanga Wainaina en su legendario “Cómo escribir sobre África”. Hoy me apetece ser específico con cinco motivos.

El primero es la comida. Senegal gasta la mitad de sus importaciones solamente en comida y energía. Uno podría entender que un país se gastara un dineral en comprar máquinas prodigiosas, tecnología punta o inventos fantásticos. Senegal se lo gasta en comprar arroz, trigo, leche y pescado. El país tenía y tiene capacidad para producir muchos de estos productos, pero la liberalización comercial y los subsidios europeos han destrozado a los comerciantes senegaleses. Lo explica una publicación de Saiba Bayo y Ernst Krose sobre los Acuerdos de Colaboración Económica (EPAs, en inglés): “al principio de este siglo los estados de África oriental y occidental tenían una producción propia de pollo de entre el 70 % y hasta el 90 %. Después de pocos años la autoproducción ha disminuido a un nivel del 5 al 10 %.” Descartado el pollo, Senegal dependía considerablemente del pescado para obtener proteínas. Los acuerdos con la UE han dejado a los pescadores artesanales sin trabajo y a los senegaleses con menos comida. Quien habla de las oportunidades que los senegaleses tienen para emprender negocios en casa siempre ignora este hecho: las importaciones europeas –subsidiadas y más baratas- acabarán con la posibilidad de conseguir cualquier mercado.

El segundo es la moneda. Senegal utiliza el franco CFA, cuya paridad con el euro, una moneda fuerte, dificulta las exportaciones –al ser más caras para otros compradores- e incentiva las importaciones –al ser más baratas. No es raro que Senegal, junto a otros países de África occidental, haya tenido casi siempre un déficit comercial: es decir, el país gasta más de lo que ingresa. El franco CFA sigue ligando a Francia con sus excolonias africanas: los franceses tienen derecho a veto en las decisiones sobre la moneda y el sector bancario suele estar en manos extranjeras. El economista Ndongo Samba Sylla acusa al sector financiero local de actuar como un agente rentista: prefieren comprar bonos del Estado y ganar interés que prestar a los comerciantes. Cuando conceden créditos se los dan a las empresas más grandes, que suelen ser francesas. El círculo se cierra cuando estas empresas, gracias a la paridad fija de la moneda, pueden repatriar beneficios tranquilamente: la libre circulación de capitales impuesta por el FMI obliga a los africanos a dejarse desangrar a cambio de recibir préstamos.

El tercero es el petróleo. El país ya ha perdido sin que un solo barril haya sido vendido al exterior. La compraventa de los derechos implicó a Aliou Sall, hermano del presidente senegalés Macky Sall, y a Frank Timis –fundador de Timis Corporation-, un empresario rumano: la jugada implicó que el rumano se quedara con unos derechos que acabaron vendiéndose a British Petroleum. Sall cobró 25 000 dólares al mes de Timis Corporation, una empresa sin experiencia en el sector petrolero que consiguió la concesión del Estado senegalés. Según un reportaje de la BBC, será Timis quien cobre los royalties y el Estado senegalés perderá entre 9000 y 12 000 millones de dólares. Aliou Sall fue, según Voz Populi, una “buena conexión política” en el negocio bancario de Alberto Cortina y Alberto Alcócer en Dakar.

El cuarto es el oro. Las minas de Sabodala y Massawa se encuentran en el suroeste, la zona más pobre del país. Actualmente son propiedad de Teranga Gold, una multinacional canadiense. El negocio ha implicado desplazamientos de población forzosos e incluso asesinatos de los mineros artesanales que no querían abandonar las minas. Las acciones de la mina de Massawa son en un 90% de Teranga Gold y en un 10% del Estado senegalés. La propia compañía prevé empezar a exportar 384 000 onzas de oro durante cinco años a partir de 2021. O lo que es lo mismo: a precios de mercado, unos 700 millones de dólares anuales. En el consejo de administración de la compañía se encuentra Jendayi Frazer, responsable de Asuntos Africanos durante la presidencia de George W. Bush en Estados Unidos.

El quinto es la deuda. El Estado senegalés gasta más de lo que ingresa, el sector bancario y los recursos naturales están en manos extranjeras, no puede autoabastecerse a nivel alimentario y tiene el mercado saturado de las importaciones subsidiadas de los países ricos. Con agujeros por todas partes, favorecidas por la repatriación de capitales, Senegal se endeuda para salvar los muebles. Y lo hace a tipos de interés prohibitivos. En 2018, el país vendió un bono a 30 años a un 6,75 % anual. En total, para recibir 1000 millones de dólares acabará pagando más de 2000 millones en intereses. Y después tendrá que devolver los 1000 millones del principal. ¿Quién tiene deuda senegalesa? Blackrock, Goldman Sachs, JP Morgan, HSBC y UBS.

Blackrock, el segundo fondo de inversión más grande del mundo, tiene invertidos más de 100 millones de dólares en deuda senegalesa. También es uno de los propietarios de Teranga Gold. Cuando cientos de millones de dólares de oro salen de Senegal, Blackrock gana y el país pierde los millones con los que podría pagar su deuda. Cuando el país, tras la pérdida de esos millones, pide dinero prestado, Blackrock gana con los intereses de la deuda. El fondo estadounidense controla 7 billones de dólares en activos: 290 veces el PIB de Senegal y 5 veces el PIB de España. Para ser más independiente, Senegal podría usar su banco central para financiar su deuda, tal y como han hecho Estados Unidos, la UE o Japón durante años, con tipos de interés cercanos al 0 %. Pero Senegal no tiene banco central porque no controla su moneda. Con el paso de los años se suceden los ciclos de crecimiento, deuda, caída y austeridad; estos acaban con recortes en sanidad y educación y una infinita extracción de rentas. Senegal paga en dólares, en materias primas y en el sacrificio definitivo de un país: con su gente. Algunos mueren en el mar, otros llegan; y el saqueo continúa.