Madre Iglesia

Martín Descalzo

Amo a la Iglesia, estoy con tus torpezas,

con sus tiernas y hermosas colecciones de tontos,

con su túnica llena de pecados y manchas.

Amo a sus santos y también a sus necios

amo a la Iglesia, quiero estar con ella.

Oh, madre de manos sucias y vestidos raídos,

cansada de amamantarnos siempre,

un poquito arrugada de parir sin descanso.

No temas nunca, madre, que tus ojos de vieja

nos lleven a otros puertos.

Sabemos bien que no fue tu belleza quien nos hizo hijos tuyos,

sino tu sangre derramada al traemos.

Por eso cada arruga de tu frente nos enamora

y el brillo cansado de tus ojos nos arrastra a tu seno.

Y hoy, al llegar cansados, y sucios, y con hambre,

no esperamos palacios, ni banquetes, sino esta

casa, esta madre, esta piedra donde poder sentarnos.

Aitite

Isabel Canales, Iratxe González y Marta Sanz
Pediatra y médicas de familia
 
Hay un trabajo descomunal que hacer para corregir estas inercias. En la confección de los protocolos la base es la no deshumanización. Y no escribimos la humanización, porque ésa es la norma.

Non dauz etxekuek? ¿Dónde están los de casa, por qué no vienen a verme?

Era su segundo día después del alta. Había estado una semana ingresado, al principio más allá que acá con una máquina que le ayudaba a respirar y luego mejoró un poquito. Hicieron una excepción con nosotros: nos dejaron estar las 24 horas a su lado porque es un caso especial, el primer día se agitó y pensaba que le habían robado el reloj en el hospital, «le tuvimos que atar», nos dijeron, «y poner un poco de haloperidol, ahora está más tranquilo». «A veces pasa con noventa años, se desorientan y más si está sordo aunque en casa esté y haya estado hasta ese momento normal y con la cabeza en su sitio». «El cuidado de la familia es crucial, necesita tener el oxígeno puesto porque si no puede empeorar…» Todo eso nos dijeron. Y así estuvimos día y noche, siete días en el hospital, pensando que se iba. La víspera del alta pensamos que se moría, apenas respondía… Aquella mañana, una enfermera maravillosa consideró que no era necesario el haloperidol pautado y por la tarde con su mano entre nuestras manos, la mano que había estado atada con un hematoma importante que seguramente se había hecho al no entender què pasaba, empezó a conectar más. Esa mano cogió la nuestra y la puso sobre las suyas y se durmió. Merendó galletas con leche, un yogur de coco… e iba bebiendo con una pajita que le acercábamos. Le habían puesto seguril y pedía agua, lo que nunca. Estuvimos viendo fotos, sonrió, reconocía a los de casa, qué cara me puso cuando le pregunté quién era ése: Neu, nor izango da, bada? (¿Quién va a ser? ¡Yo!) Empezaba a ser él otra vez. Diagnóstico al alta: Descompensación cardìaca. Acidosis respiratoria resuelta. Insuficiencia respiratoria global con tratamiento de seguril, una pastilla para la tensión y oxígeno al menos dieciséis horas al día, máximo 1,5 litros. Seguimiento por su médica de familia. Si nos pasábamos de oxígeno, podía volver atrás, acumular carbónico y empeorar otra vez. tres PCRs negativas.

Llevaba dos meses en la residencia. Dicen que llegó «espabilado y contento» del hospital. Increible. Siempre ha sido fuerte. Y ha cuidado de todo el mundo. Hasta los noventa años solo ha tomado una pastilla para la tensión. ¿Podría recuperarse? Dispuestos a colaborar en el cuidado y seguir a su lado como estuvimos en el hospital, nos despedimos hasta el día siguiente.

No podeis entrar. Le hemos aislado. Es el protocolo.

No entendíamos nada. ¿Cómo que no podíamos estar con él ahora que necesitaba ayuda, compañía para ‘ir bebiendo’, tener el oxígeno puesto todo el rato», en definitiva para «no ir para atrás»? En el hospital nos habían dicho que era muy importante el cumplimiento del tratamiento.

Lo intentamos. De nada sirvieron tres PCR negativas, situación clínica que requería de acompañamiento porque el aislamiento podía poner en peligro el cumplimiento del tratamiento y la evolución clínica. Ninguna información oficial durante cuatro días. Extraoficialmente nos llegaba: «está nervioso, le encontramos con el oxígeno quitado cada vez que entramos, llama al timbre constantemente…». No dábamos crédito a lo que sucedía. Hablamos con los responsables de la residencia y pedimos información médica diaria y actualizada y entrar con un EPI para estar con él, para cuidarlo como habíamos hecho en el hospital, porque teníamos miedo. Porque estaba asustado. Porque el tratamiento era importante y no estar solo en un momento así, más.

Imposible. «El protocolo es así: diez días de aislamiento aunque venga con una PCR negativa del hospital porque lo ha podido coger en la ambulancia». No tenía una PCR negativa. Tenía tres. Y noventa años. Y su sordera. Y miedo. Mucho miedo Su amigo Josetxu falleció en verano en otro pueblo, en otra residencia, una tarde después de que su familia fuera invitada a irse porque «el protocolo no permite que esteis más». De nada sirvieron: «le vemos mal, queremos estar con él, no está como el resto de los días». Imposible. Era el protocolo. Falleció solo, el 18 de julio a las 20:30, dos horas más tarde de que su familia se despidiera.

Somos médicas. Trabajamos con protocolos todos los días. Los interpretamos. Los aplicamos y flexibilizamos según la situación. Individualizamos constantemente. E intentamos que no pasen por encima de las personas y las familias. No solo lo hacemos por los demás. Lo hacemos por nosotras. Para no perdernos. Para no justificar lo injustificable. Trabajamos para que no pasen por encima de todos nosotros, de nosotras mismas. Cuando un protocolo no incluye a las familias, cuando un protocolo no individualiza, cuando un protocolo no revisa la humanidad perdida en nombre de la seguridad, se vuelve paradójicamente inseguro, inseguro médicamente, inseguro humanamente.

Hay un informe devastador de Médicos sin Fronteras sobre los efectos de la pandemia en las residencias donde se recogen datos escalofriantes: «Muchos ancianos murieron en soledad, deshidratados, en agonía y sin cuidados paliativos».

Hay un trabajo descomunal que hacer para corregir estas inercias. En la confección de los protocolos la base es la no deshumanización. Y no escribimos la humanización, porque ésa es la norma. Eso es lo que nos hace humanos. Hay que corregir todo lo que deshumanice. Hay en las residencias maravillosas trabajadoras dándolo todo, sobrecargadas de trabajo con unas condiciones laborales inaceptables. Hay que cambiar esto. Es posible. A estas alturas de la pandemia no hay restricciones de material. La familia debe poder entrar y acompañar a su ser querido con esta edad. Las familias deben poder acompañar para que nadie muera en soledad. Los seres humanos, tengamos unos meses o noventa años necesitamos ser sostenidos, cuidados y amados. Y ningún protocolo puede dificultar que la familia esté acompañando. Ninguno.

Y si no, se revisa. Como ha pedido directamente y con el visto bueno de los internos, el médico Roberto Colino a la dirección del centro donde él trabaja, a las autoridades competentes, incluso al juez. En este caso para que pudieran salir, salir a pasear, salir habiendo pasado la covid-19. Es desgarrador escuchar directamente a los afectados.

Los protocolos se revisan. La relaciones de poder se horizontalizan. Las familias y las personas residentes participan activamente en su diseño. Y los Gobiernos además de tener «grupos de expertos» que marcan restricciones y recomendaciones en nombre de la seguridad, van formando grupos de personas que comienzan a trabajar para el ahora, pero sobre todo para el medio-largo plazo e invierten dinero y energía en confeccionar algo parecido a una vacuna social. Porque si no, estamos perdidos.

La gente de nuestra sociedad que no tiene voz: los niños, las ancianas, a los presos ni los vemos, las más empobrecidas debe participar en nombre de la justicia, de la buena praxis y de la seguridad.

Necesitamos revisar el modelo de vejez que tenemos. Necesitamos revisar los resultados que apuntaba el informe de Médicos sin Fronteras. Necesitamos revisar las vulneraciones de derechos: el derecho a estar acompañado, a morir acompañado, a no ser atado ni sedado si hay otras alternativas. Necesitamos repensar muchas cosas como sociedad. Una de ellas es la vejez. Y la matriz, el cuidado en mayúsculas. Y es urgente hacerlo ya.

Si no, será difícil construir una sociedad moderna, en la que nos sintamos orgullosas de vivir. En la que se pueda vivir. No hacerlo nos destruye como seres humanos, a todos.

Decía El Roto en una de sus últimas viñetas: «Morimos de soledad para evitar la muerte». Que no sea así.

pxhere.com

Lo que el resto del mundo puede aprender de los movimientos de protesta africanos

Fuente: africaye.org

Cuando estallaron las protestas en Sudán en diciembre de 2018, los medios internacionales se apresuraron a enmarcarlas como disturbios espontáneos que probablemente desaparecerían. Sin embargo, cuando finalmente llevaron al derrocamiento del dictador Omar al-Bashir en abril de 2019, quedó claro que las protestas eran parte de un movimiento social organizado enraizado en la oposición de base de Sudán

El movimiento sudanés no estaba solo en el continente. Días antes, los manifestantes en Argelia forzaron la renuncia del presidente Abdelaziz Bouteflika, culminando una década llena de protestas, en la que la movilización masiva contribuyó a las transiciones de poder en Níger, Túnez, Egipto, Libia, Senegal, Burkina Faso, Gambia, Etiopía y la República Democrática del Congo (RDC). 

Según el proyecto de datos de eventos y localización de conflictos armados, la frecuencia de las manifestaciones masivas en África se ha multiplicado por siete en la última década. Además, investigaciones recientes sugirieron que las protestas no violentas en el continente han tenido mucho más éxito en lograr sus objetivos que las manifestaciones en cualquier otra región del mundo. 

Por supuesto, el aumento de las protestas en las calles no es una noticia del todo buena. Los movimientos de protesta están motivados en parte por la insatisfacción con mediocres gobernabilidades y no siempre conducen a una mayor democratización. Sin embargo, el extraordinario crecimiento y la tasa de éxito de la movilización masiva en África contrasta notablemente con la disminución de la eficacia de los movimientos en Occidente y más allá. 

¿Qué explica el relativo éxito de las protestas en África? ¿Qué pueden aprender de ellos otros movimientos de todo el mundo? Destacamos tres lecciones clave: 

Crear movimientos inclusivos 

Un principio clave de la teoría de los movimientos sociales sostiene que las campañas de protesta exitosas deben atraer a amplios sectores de la población y cultivar el apoyo a través de las divisiones de clase, étnicas, regionales y religiosas. Sin embargo, muchas protestas en Occidente están reduciendo sus bases de apoyo, transmitiendo mensajes en formas que hablan más allá de los bandos opuestos y pintando a los oponentes como peligrosos enemigos. Especialmente en un contexto en el que muchas sociedades se está polarizando políticamente, el resultado son movimientos basados ​​en la exclusión más que en la inclusión. 

En lugar de luchar por la pureza ideológica o crear dicotomías “nosotros-ellos”, los movimientos democráticos en África han construido coaliciones generales entre diversos grupos. La Asociación de Profesionales Sudaneses reunió a miembros de los sectores de la atención médica, la educación y el derecho bajo una amplia bandera no ideológica. En Zimbabue, el pastor Evan Mawarire movilizó a profesionales, jóvenes, trabajadores pobres y, críticamente, a los veteranos que lucharon junto a Robert Mugabe durante la lucha por la independencia en la década de 1970. En Nigeria, un país con profundas brechas regionales y religiosas, el movimiento #EndSARS para detener la brutalidad policial diseñó cuidadosamente sus mensajes para atraer tanto a los cristianos del sur como a los musulmanes del norte. 

Al apelar a través de las divisiones, estos movimientos han podido ganar concesiones de las élites, estimular las deserciones de los servicios de seguridad y obtener apoyo internacional. 

Profundizar en las organizaciones formales de la sociedad civil 

Si bien las manifestaciones grandes pero fugaces pueden ser suficientes para derrocar a los autócratas, mantener la democracia a largo plazo requiere protestas arraigadas en una sociedad civil duradera. Las protestas nacidas de las redes sociales pueden ser más fáciles de lanzar y hacer crecer, pero sin vínculos con organizaciones tradicionales de la sociedad civil como iglesias, sindicatos, grupos de estudiantes u ONG, los manifestantes rara vez pueden mantener la ventaja contra los gobiernos y sus herramientas coercitivas. 

En África, muchos de los movimientos más exitosos han utilizado las redes sociales de manera táctica para fomentar la participación masiva, pero también se han construido sobre los cimientos de la sociedad civil tradicional con décadas de experiencia previa. Las protestas #EndSARS en Nigeria son la última manifestación de un movimiento que comenzó en 2010 y ha sido impulsado por una coalición de organizaciones que están recaudando dinero, coordinando líneas de comunicación y ofreciendo asistencia legal a los manifestantes. En Sudáfrica, las finalmente exitosas protestas #ZumaMustFall, en 2017, se organizaron en parte a través de sindicatos, partidos de oposición y organizaciones religiosas y otros grupos de la sociedad civil. 

En otros casos, las organizaciones incipientes han aprendido sobre la marcha. Balai Citoyen de Burkina Faso, por ejemplo, tenía apenas un año en 2014 cuando sus líderes se vieron obligados a ser el centro de atención como portavoces de las protestas contra la candidatura del entonces presidente Blaise Compaoré a un tercer mandato. Tras la expulsión de Compaoré, el grupo mantuvo la presión de la calle sobre el gobierno coordinándose con grupos cívicos más arraigados y estableciendo contactos con organizaciones activistas en otras partes de la región. 

Trabajar dentro y fuera de la política formal 

En su libro Unarmed Insurrections, el sociólogo Kurt Shock encuentra que los movimientos de protesta exitosos deben ser un desafío al Estado tomando acciones a través de canales institucionales y no institucionales. Los que funcionan enteramente a través de mecanismos institucionales legales, como las elecciones, son fáciles de ignorar. Los movimientos que se centran en movilizar la calle, como el movimiento Occupy o las protestas de los chalecos amarillos franceses, tienen dificultades para mantener esa presión a largo plazo y ganarse el apoyo de las élites políticas. 

En África, muchos reformadores han cultivado deliberadamente vínculos con partidos políticos, burócratas profesionales, élites económicas y servicios de seguridad. Esto les ha permitido institucionalizar su éxito. En Senegal, Y’en a Marre ha tenido cuidado de permanecer apolítico, pero también utiliza el hip-hop para involucrar a los jóvenes senegaleses y organiza reuniones entre líderes locales y ciudadanos para pedir cuentas a esos líderes. En Sudán, miembros de la alianza Forces of Freedom and Chalenge apelaron al deber del ejército sudanés de proteger a los civiles para persuadir a algunas bases de que deserten y han permanecido comprometidos con el gobierno de transición desde la destitución de Al-Bashir. En Malawi, los grupos de la sociedad civil aprovecharon el descontento público por las disputadas elecciones de Mayo de 2019 en una campaña coordinada que presionó al Tribunal Constitucional para que revocara los resultados de las elecciones, lo que finalmente marcó el comienzo de una victoria de la oposición . 

Al trabajar a través de estructuras políticas, de seguridad y electorales, y no en contra, estos movimientos han abierto un camino hacia un cambio institucional potencialmente duradero. 

Desde las protestas de los chalecos amarillos en Francia hasta la Marcha de las Mujeres en los EE.UU. y las manifestaciones contra el Brexit en el Reino Unido, la calle global se está volviendo cada vez más inquieta. Sin embargo, sin organizaciones de masas inclusivas para canalizar el descontento y presionar por un cambio político, es probable que estas campañas sean fugaces. El asombroso éxito de los movimientos de protesta en África – éxito construido sobre su compromiso con la inclusión, sus raíces profundas en la sociedad civil y la estrategia de trabajo a través de mecanismos institucionales – ofrece un manual de jugadas potenciales para que otros lo sigan. 

Autores 

Alison Faupel trabaja para el Departamento de Estado de Estados Unidos como analista sobre movimientos sociales, estabilidad política y democratización.  

Andrew Wojtanik es estudiante de doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de California-Berkeley y ex analista del gobierno de Estados Unidos. Trabaja en temas africanos.  

Las opiniones expresadas son las suyas propias y no necesariamente representan las opiniones del gobierno de los Estados Unidos. 

Este artículo fue publicado originalmente en African Arguments, con el título “What the rest of the world can learn from Africa’s protest movements”, el pasado 16 de diciembre de 2020.

Traducción: Africaye 

Las grandes tecnológicas y la educación

Fuente: El mito de Theuth

Autor:

Somos todos conscientes de que las grandes tecnológicas han alcanzado un enorme poder, tanto que existe cierta preocupación por el devenir de la democracia. Algunos ya le han dado nombre y están hablando de la democracia bajo vigilancia. Amalio Rey hace una buena reseña de un libro importante de Franklin Foer Un mundo sin ideas: la amenaza de las grandes empresas tecnológicas a nuestra identidad en una entrada de su blog: ¿Por qué debes desconfiar de los GAFA? Y en el mismo sentido van quienes denuncian el avance de lo que algunos pueden llamar democracia bajo vigilancia o nuevo despotismo ilustrado.

John Bellamy Foster and Robert W. McChesney, denunciaban en la Monthly Review  Jul 01, 2014 esa misma tendencia, pero llamaban la atención hacia el hecho de que ese progresivo deslizamiento de las democracias hacia modelos políticos cada vez más controlados y vigilados se remontaban a la postguerra, en 1945, bajo la hegemonía de Estados Unidos que hizo un recorrido sin solución de continuidad desde el capitalismo monopolista-financiero, al complejo militar-industrial para finalmente dar paso a la era digital. ARPA (Advanced Research Projects Agency) nació en 1958, para convertirse en los sesenta en el centro de trabajo sobre redes informáticas y crear en los setenta ARPANET, el precursor del Internet actual.

En estas estamos, por tanto, y una de las últimas denuncias procede de Shoshana Zuboff quien subraya cómo la digitalización de todo concede a las grandes empresas tecnológicas un inmenso poder social. Desde las modestas puntas de lanza colocadas en nuestros navegadores y en innumerables aparatos pasan a ser nuestros jefes inteligentes y acumulan cantidades ingentes de datos que saben transformar en dinero, en muchísimo dinero

La pandemia ha servido para acelerar este proceso, algo que se percibe en el incremento del control de los ciudadanos bajo la justificación parcialmente correcta del control de la transmisión del virus. Pero tiene una específica proyección en el mundo de la educación, provocada por el incremento de la enseñanza en línea, o no presencial. El cierre de los centros o la limitación del aforo ocasionan que  más necesario recurrir con mayor frecuencia a la enseñanza en línea, algo cada vez más fácil por la mejora constante de las plataformas educativas que añaden a la gestión de información, como bien hacía y sigue haciendo, por ejemplo, Moodle, la mejora en la organización de clases en línea, con presencia virtual de todo el alumnado.

Esta evolución tiene ventajas no despreciables, pero tampoco conviene olvidar sus desventajas. La primera de ellas es, sin duda, la brecha digital sobre la que llaman la atención diversos organismos, pero también los propios docentes: el acceso a equipos informáticos y a conexiones de calidad a la red es muy desigual y son los sectores más desfavorecidos los que tienen más dificultades para seguir bien la enseñanza, lo que incrementa la posibilidad de que no alcancen los objetivos previstos.

La segunda es que el proyecto de las grandes tecnológicas no es neutral. Por una parte, no son en realidad un servicio gratuito, puesto que están buscando recabar una ingente cantidad datos procedentes de la población infantil, adolescente y los jóvenes que siguen estudios superiores. Además, intentan hacerlo en condiciones de casi monopolio, y ahí están contratos específicos entre, por ejemplo, la Comunidad de Madrid y Google, o entre la Universidad Autónoma de Madrid y Microsoft.

La tercera, de gran calado, es que especialmente Microsoft y Google van más allá del puro negocio. Sus empresas, o sus conglomerados empresariales, generan ya dinero en grandísimas cantidades y, dada su situación casi monopolística, no ven peligrar esas ganancias. Lo que están pretendiendo es incidir en una nueva configuración de la sociedad, es decir, tienen un proyecto de la clase de personas que quieren formar y la clase de sociedad que quieren promover. Manifiestan una y otra vez su compromiso con los valores democráticos y los Derechos Humanos, pero es obvio que la toma de decisiones y el diseño de ese futuro no está sometido a ningún proceso de deliberación democráticas. Estamos otra vez en la historia ante un proyecto que tiene mucho de despotismo ilustrado. Lo malo es que la experiencia indica que los despotismos ilustrados suelen ser en gran medida lo primero, despotismos y, en bastante menor medida, lo segundo, ilustrados.

Liberad las vacunas para que lleguen a los empobrecidos

Autor: Faustino Vilabrille

Fuente: Religión digital

Ofrecemos a continuación una síntesis de la información ofrecida por un pediatra catalán que está trabajando en Etiopía, sobre el coronavirus y las consecuencias colaterales que conlleva para África, para terminar con una pregunta radical para todos nosotros:

El Pediatra catalán, Iñaki Alegría, dirige el Hospital Rural de Gambo, en Etiopía. Se pregunta:

Iñaki Alegría, en el hospital que dirige en Etiopía“No quiero acostumbrarme, dice, a la injusticia ni ser cómplice. No quiero callar, ya que cuando la emergencia es continua deja de ser noticia, porque hace tan solo un par de meses una epidemia de sarampión con más de cien ingresos diarios nos obligó a triplicar la capacidad de trabajo. Cada año nos azotan epidemias de bronquiolitis y neumonías en la época de lluvias, para luego dejar paso a las de sarampión y la desnutrición que se ceban en la infancia. Estoy luchando contra el coronavirus entre epidemias de sarampión, meningitis, cólera, tuberculosis y hambre; todo ello añadido al silencio que azota al cuerno de África, que es la indiferencia humana. Estamos atendiendo a más de trescientas urgencias de sol a sol. Lo más devastador es la crisis económica y el aumento del precio de los alimentos más básicos que está causando una gran hambre en la gente más vulnerable, la de las zonas rurales”.

“Aquí el miedo se ha convertido también en pandemia, matando de olvido otras epidemias que son ahora más mortíferas que nunca”

“No tengo miedo a morir mañana de coronavirus, de hambre ya estoy empezando a morir hoy mismo, me dice una señora. Tengo más miedo de morir de hambre que de coronavirus”; y ella prosigue: “El miedo a la posibilidad de morir de coronavirus me puede llevar a la certeza de la muerte segura por hambre. Este inconfundible sentimiento de hambre que si nunca lo has conocido no puedes llegar a saber lo que es”.

“En Europa, continúa Iñaki, los medios de comunicación hablan de inmunidad de la población, de planes de vacunación y de diferentes tipos de vacunas, pero en el continente africano el tema es radicalmente diferente: Las únicas vacunas contra la Covid-19 que vemos es por la televisión, mientras nos preguntamos unos a otros “¿cuántas otras personas deben ser vacunadas antes de que llegue a Etiopía la primera dosis? “. “¿Cuántas vacunas deben acumular los almacenes europeos y norteamericanos, se pregunta Alegría, antes de que el continente africano pueda recibirlas?”

Posible aumento de otras enfermedades

Y no solo eso, añade: “Desde el inicio de la pandemia está bajando la cobertura vacunal de Sarampión, Hepatitis B, Neumococo, Polio, Tétanos. Temo un aumento de casos y muertes por estas enfermedades prevenibles en los próximos meses si no tomamos medidas de manera inmediata”.

Alegría recuerda que la vacuna contra el neumococo protege de desarrollar neumonía causada por esta bacteria, que es la primera causa de mortalidad en el mundo en los menores de cinco años. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, afirma el pediatra, la neumonía es el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose 800.000 vidas al año. Etiopía se encuentra dentro de la lista de los cinco países del mundo con una mortalidad por neumonía más elevada en menores de cinco años.

En cuanto al Sarampión, explica: “en 41 países han paralizado o disminuido los programas de vacunación de sarampión debido a la pandemia por Covid-19. El sarampión aún se cobra unas 568 vidas, en su mayoría niños, en todo el mundo cada día”. “Que no nos engañen, no faltan vacunas”, denuncia Alegría. Pide que se liberen las patentes, porque así se podrá aumentar la producción de vacunas y se facilitará el acceso equitativo a ellas, y no al mejor postor como sucede ahora.

Reconoce que evidentemente les ha escandalizado la muerte inevitable en Europa de personas por Covid-19, pero cree que “más nos debería escandalizar lo que puede suceder los siguientes meses si no actuamos: La muerte evitable y consentida en África de personas por Covid-19 por falta de acceso a las vacunas”.

Nota:-Hasta aquí la información que nos facilita Iñaki Alegría desde Etiopía. Sin embargo, Pfizer y Moderna podrían obtener US$ 32.000 millones por la venta de vacunas contra el Covid-19 solo en 2021. (Fuente: CNN).

De momento, parece que no habrá liberalización de patentes, lo que supone que se vacunen los ricos, mientras los pobres ven cómo las nuevas cepas los meten en un túnel cada vez más profundo. Sin vacunas en todo el mundo, volveremos a la casilla de salida, a pesar de que hay una enorme cantidad de dinero público invertido en la investigación de las vacunas contra el Covid-19. Este mecanismo de liberalización de patentes ya existe y se utilizó por primera vez en 2001 para hacer frente al SIDA. “Cuando un tratamiento anual costaba 10.000 euros, fue posible con un mecanismo de la OMC reducir el coste a 1.00 euros”.

130 países sin vacuna contra Covid-19

En los países europeos ya se han superado los 41 millones de dosis administradas contra el coronavirus, mientras que hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos. Pero la CE es contraria a liberalizar las patentes de vacunas para aumentar la producción. En contra de la liberalización de las patentes están Estados Unidos, Australia, Noruega, Suiza, Brasil, Canadá, Japón, Reino Unido y la UE, lo cual es una evidente injusticia contra los países pobres, a pesar de que en el Parlamento Europeo cada vez más grupos políticos apuntan a que la vacuna debería ser considerado un bien público y las patentes deberían ser liberadas.

“Hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos”

Una pregunta radical: A lo largo de la historia y también en nuestros días muchos millones de personas murieron y mueren víctimas de una muerte injusta y prematura, como lo pueden ser ahora por no liberar las vacunas: ¿quién les va a reparar una injusticia tan grande? Si murieron o van a morir ahora injustamente para quedar muertos, ¿quién les va a hacer justicia? Si ya no se les va a hacer justicia, con qué derecho puedo exigir yo que se me haga justicia a mi? ¿Cómo devolver la dignidad y la libertad a los tratados como esclavos, si la muerte acabó con ellos para siempre?

Estas y otras preguntas radicales son las que llevaron a Horkheimer, a Garaudy o a Adorno a lo que ellos llamaban el postulado de la resurrección, como supuesto previo a una opción revolucionaria, incruenta, coherente, honesta y radical, como lo fue la de Jesús de Nazaret, pero que los que nos decimos sus seguidores hemos olvidado de practicar, porque “si este mundo no nos gusta tenemos que buscar otro”, dice el gran Arcadi Oliveres, porque no basta con lamentarse, pues creer es comprometerse.

Pepe Molina

Pepe Molina: generosidad y lucha por el ideal hasta el final.

Conocimos a Pepe Molina y María Teresa en la Editorial ZYX. Éramos jóvenes cristianos que soñábamos con el ideal de la revolución, sobre todo con la revolución cultural. Se trató, en aquellos años del Franquismo, de un movimiento social de promoción de militantes que dieron vida a muchas experiencias de participación sindical, social, ciudadana y política llevado a cabo junto a militantes obreros como Julián Gómez del Castillo, Teófilo Pérez Rey, Jacinto Martín, Máximo Mata, curas como Tomás Malagón y Luis Capilla al que se fueron sumando jóvenes universitarios, jóvenes comprometidos en la política, como Camilo Sánchez,… Y todos con una fuerte referencia en la espiritualidad de encarnación que nos transmitió Guillermo Rovirosa, donde fuimos aprendiendo lo que eran el ideal, la generosidad, la lucha por la justicia de los pobres, entonces la clase obrera.

Un nexo común: la editorial ZYX

Cuando, a raíz de entrevistarle para la tesis doctoral de Ana sobre la editorial ZYX, volvimos a ver a Pepe Molina, a sus 81 años, fuimos conociendo más de su vida comprometida en la lucha contra la corrupción y por la transparencia en la política de este país. También en aquella charla nos trasmitió esa frescura por el ideal que vivimos en nuestros años de mayor juventud y que en él y en otros muchos se seguía y se sigue viviendo. Generosidad, ideal y lucha hasta el final, rara avis en la actual sociedad del bienestar.

Nuestro pésame a Teresa, a sus hijos y a sus compañeros de lucha sirva, no solo para su recuerdo, sino también para recoger su preciosa herencia, tan necesaria en este nuestro querido país, inmerso en la corrupción que tanto combatió Pepe Molina y en una burocracia política y sindical contra las que también hizo lo posible por mejorar gestión y eficiencia desde los proyectos en los que participaba.

Él descansa ya en el Padre común de todo el género humano, junto a sus amigos. Gracias por tu vida Pepe.

Tus amigos Ángela, Enrique y Ana.

Lluvia en los zapatos

Irene Vallejo

Después de una infancia soleada, diluvió sobre la juventud de mi abuela. Llegó en 1937 a San Sebastián, estrenando los 18 años en un país en guerra, con una sencilla maleta de cartón como equipaje. Solo tenía un par de zapatos, la garantía de poder ir a trabajar cada mañana. Muchos años después, aún recordaba el miedo diario a que su calzado no resistiese los arañazos de la lluvia del norte. Llevarlos al zapatero suponía encerrarse en casa varios días y, quizá, perder su empleo. No había recambio: el edificio entero de la vida dependía de la firmeza de aquellas suelas gastadas. Nunca olvidó el frío lametón del agua que amenazaba el cuero de sus únicos zapatos. Por eso, no entendía que sus nietas comprásemos objetos de usar y tirar. Nos miraba enojada, sin decir nada. A nosotras, hijas pródigas del consumo, nos parecía anticuado su respeto por los artesanos concienzudos: los gestos precisos, el ritmo exacto de las manos, el silencio absorto, ese tímido orgullo al mostrar su trabajo.

Tiempo después, leyendo a Natalia Ginzburg comprendí mejor a mi abuela. La guerra era otra, pero la experiencia sonaba idéntica. Su marido, Leone, era un profesor judío opuesto al régimen de Mussolini. En 1944 lo detuvo la Gestapo y murió en una cárcel romana tras ser torturado. Natalia permaneció en la capital, y a esta etapa se refieren sus recuerdos de desamparo, el escalofrío del empedrado bajo las suelas. En Las pequeñas virtudes escribe: “Este año, aquí en Roma, he estado sola por primera vez. Por la mañana, cuando me levanto, mis zapatos rotos me esperan sobre la alfombra. Sé lo que pasa cuando llueve, y las piernas están desnudas y mojadas, y en los zapatos entra el agua, y entonces se oye ese pequeño ruido a cada paso, esa especie de chapoteo”.

Nuestras casas están inundadas de cosas diseñadas para viajar velozmente de la fábrica al vertedero. La basura nos cerca y nos invade, mientras los escaparates acumulan mercancías con fecha de caducidad incorporada. Una década antes de que mi abuela caminase con pasos ateridos entre la lluvia, en 1924, los principales fabricantes mundiales de lámparas incandescentes se reunieron en Ginebra. Allí acordaron limitar la vida útil de las bombillas en más de la mitad, porque “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”. En aquel primer pacto global por la obsolescencia programada quedó inaugurado un mundo donde compramos productos con plaza reservada entre los residuos, en un ciclo inacabable de consumo y desperdicio.

Paradójicamente, llamamos “síndrome de Diógenes” al afán compulsivo de acaparar despojos y objetos inutilizables. En realidad, el filósofo griego era ejemplo de todo lo contrario: afirmaba que solo merece la pena acumular sabiduría. Hijo de un banquero acusado de falsificar moneda, Diógenes eligió la pobreza y optó por vivir como vagabundo. Tenía escasas posesiones: una tinaja para dormir, un manto, un cayado y un zurrón. Se cuenta que paseaba entre la multitud del ágora a pleno sol con una lámpara en la mano, en busca de personas honradas. Al emprender su búsqueda a la luz cercana y frágil del candil, Diógenes pensaba quizás en la bondad sigilosa de esa gente discreta que, alejada de los focos, permanece en la sombra. En un mundo presidido por la codicia y el deseo de acumular pertenencias, me gusta imaginarlo alumbrando la labor escondida de un vecino artesano empeñado en lograr la perfección de cada pieza, sin afán de competir, destacar o siquiera vender más. Simplemente, por amor a un buen trabajo.

En nuestros tiempos ávidos, la sed de beneficios conduce a la obsesión por abaratar costes a toda costa, a lucrarse haciendo mal las cosas. Pero la palabra “beneficio” es la suma de bene y facere, es decir, hacer bien. Cuando lo permanente es una especie en peligro de extinción, podemos volver la mirada a quienes —cerca, muy cerca— trabajan duro para crear lo que perdura, la labor forjada con pericia y esmero, ese par de zapatos que nos permitirán afrontar el invierno lluvioso. Diógenes, todavía hoy, seguiría iluminando con su vela esos desvelos.

Tu código postal es más importante para tu salud que tu código genético

Autor: Rafael Cofiño Fernández

Extracto del artículo de la revista Elsevier

Vamos a poner que tienes unos 1.525 pacientes en tu cupo. Mitad hombres y mitad mujeres. Justo. Casi 4 de cada 10 son pensionistas. Ciento treinta personas no tienen soporte social; es decir, declaran no haber tenido a nadie en caso de haber necesitado ayuda. Puede que alrededor de 150 personas estén en paro. De las personas que tienen un contrato laboral, un 89% tiene un contrato indefinido. No lo sabes a ciencia cierta, pero intuyes (Wilkinson y Mar- mot, 2003), que la incertidumbre laboral es causa de tanta mala salud como lo es no tener trabajo. Aunque la población es relativamente homogénea hay varios barrios diferentes dentro del barrio. Probablemente su forma de enfermar, de sanar, de escucharte, de seguir las indicaciones o de entender lo que tratas de explicarles es también diferente según en cuál de ellos vivan, cuánto ganen, a qué clase social pertenezcan ellos o a qué clase social pertenecieron sus padres. Quizá tu forma de atenderles también. En tu cupo se fuma más que en la media y probablemente quienes más fuman son hombres y mujeres de clases sociales desfavorecidas. Viven más las mujeres, pero su esperanza de vida en buena salud es peor. Y hay un porcentaje grande de cuidadoras, mujeres-Sísifo con su silla llena de cosas, mujeres atareadas y sin tiempo propio. Y también tienes un grupo de personas que podrían quedarse sin atención sanitaria por no cumplir los criterios del Real Decreto 16/2012. La incertidumbre no solo es la laboral en tu cupo. Es también una palabra que manejas bien todos los días en la consulta. Ves, oyes  y tocas lumbalgias, diabetes, infecciones de orina, presíntomas y patologías inventadas, rodillas lesionadas, hombros lesionados, corazones lesionados y territorios más allá del corazón lesionados, lesiones y manchas en la piel, en los ojos y en los oídos, haces papelerías múltiples, atiendes catarros de vías altas, bajas y medias, gastroenteritis y personas que se están muriendo, diagnosticas sospechas-de y casi certezas-de. Repartes panñuelos para llorar y recetas para el miedo. Puede que hayas gestionado alrededor de 150 IT al año. Aunque no tienes la información precisa intuyes que la aparición, evolución, pronóstico y desenlace de muchos de los episodios que atiendes todos los días tienen que ver con las condiciones de vida de esas personas. Es decir, con el lugar donde viven, cómo viven, cómo trabajan o cómo se relacionan. Su código postal influye más en su salud que su código genético. Una cosa son estilos de vida y otras son condiciones de vida (Irigoyen, 2010). E intuyes que es difícil tomar determinadas decisiones saludables en entornos y «códigos postales» no saludables. El centro de salud no es el único centro de la salud. Sabes que además de tu aportación como profesional sanitario desde la consulta con un abordaje integral y biopsicosocial, con atención contextualizada, como gran clínico son imprescindibles otros «agentes de salud de la comunidad». A algunos los conoces y a otros no. A veces hay coordinación con ellos y otras nunca. Pero sí tienes la certeza de que existen 3 niveles de actuación y con diferentes personas trabajando en cada uno de ellos: lo que pasa en la consulta, lo que se trabaja desde la calle y las políticas que puedan estar decidiendo un macroescenario. Y sí, tienes la certeza de que es necesario un equilibrio entre los 3 escenarios.

 

Una ley contra la naturaleza humana

Lidia Falcón

Fuente: El Español.

La ministra de Igualdad Irene Montero ha desvelado el borrador de proyecto de ley sobre la protección del colectivo LGTBI y trans que, con una obstinación digna de mejor causa, se propone presentar al Congreso de los Diputados para su aprobación.

En ella insiste en mantener las mismas normas que contemplaban los proyectos de 2017 y 2018.

Como aquellos, el proyecto actual no sólo lesiona gravemente los derechos de las mujeres, sino que conculca la seguridad jurídica que debe regir nuestro Estado de derecho; invade competencias de otros cuerpos legales, incluso de mayor jerarquía jurídica; pone en peligro la salud física, psíquica y la estabilidad mental de los menores; y no concuerda con la realidad antropológica ni con el examen que debe hacerse desde el más elemental sentido común.

En primer lugar, la propia exposición de motivos de la ley muestra las contradicciones e incoherencias que rigen todo su articulado. Exposición, como las anteriores, superflua, reiterativa y ampulosa, y que manipula las disposiciones y recomendaciones internacionales, que nunca han impuesto la categoría de transgénero.

El término transgénero que se adopta en el redactado es inaceptable ya que el término género no es sustitutivo ni de mujer ni de sexo. En español, el sustantivo género se aplica para clasificar diversas materias, pero no puede referirse a las personas. La palabra género remite a una categoría relacional y no a una división de las personas en grupos identitarios.

Pretender que no puede cambiarse el sexo, pero sí el género, es una construcción fantástica inaceptable desde todos los puntos de vista, tanto antropológicos, como biológicos, como culturales.

Se pretende modificar la realidad simplemente por el deseo personal. En la especie humana, como en todas las especies mamíferas, los miembros están divididos en dos sexos: macho y hembra. Lo que no se conoce es el llamado género, que no existe. Y, por tanto, no se le puede dar carta de ley.

En las alegaciones de la exposición de motivos del proyecto de ley se mencionan numerosas legislaciones, así como resoluciones del Consejo de Europa en las que se conmina a respetar y a legislar en el amparo de la libre orientación sexual y la “identidad de género” o sexual.

Pero ninguna incluye en sus recomendaciones o legislaciones la “libre expresión de género”, que la ley permite modificar a lo largo de la vida de una persona con sólo una declaración de voluntad, afectando a todos sus derechos legales.

Dicho derecho tan sólo aparece recogido en los llamados principios de Yogyakarta. Estos principios no son ningún tratado internacional. No han sido como tales suscritos por España, ni por ningún otro país, ni tan siquiera por la ONU (aunque fueron presentados en ella).

Tampoco constan en ningún tratado internacional o de la Unión Europea. No constituyen un instrumento vinculante del derecho internacional de los derechos humanos.

Son, por tanto, un relato de principios realizados por un grupo de representantes del colectivo de transexuales y transgénero. Grupo que aspira a que sean adoptados por los diversos Estados y organismos internacionales.

El Partido Feminista de España no puede estar de acuerdo con estos principios porque colisionan y conculcan los derechos de las mujeres.

En consecuencia, resulta absurda la redacción de la ley en todo lo que se refiere a los derechos y condiciones de vida de las llamadas personas transgénero, puesto que no existen.

De la misma manera, tampoco existe la llamada identidad de género, puesto que semejante clasificación no es aplicable.

Este proyecto de ley, además, interfiere y se entromete en la ley penal calificando como conducta punible lo que denominan transfobia, definida como “toda actitud, conducta o discurso de rechazo, repudio o prejuicio hacia las personas trans”, y que pretende impedir la libertad de expresión garantizada en el artículo 20 de nuestra Constitución.

Lo más penoso de este proyecto es que considera a los menores capacitados para decidir su “transición”, cuando no son responsables penalmente ni se les reconoce madurez suficiente para decidir actividades de la vida civil y política.

La redacción de la ley es tan incomprensible y disparatada como la de las que la precedieron. Define el término transexual diciendo: “Por persona transexual se entiende aquella cuya identidad de género no se corresponde con el sexo asignado en el momento del nacimiento”.

¿Qué significa eso de “asignar”? ¿Acaso al momento del parto asiste un asignador? ¿Quién es? ¿El cura, el encargado del Registro Civil, una pitonisa? ¿Alguien que por su propia decisión va asignando sexos a los recién nacidos?

No parece posible que este disparate se haya plasmado por escrito en un texto legal. Me pregunto dónde están los letrados de la Cámara que deben asesorar a los políticos. A las personas no se les asigna el sexo en el momento de nacimiento. Tanto los genitales como los aparatos reproductores de los fetos se forman en el embrión y cuando se produce el parto no hay que asignar sexo alguno, sólo observarlo.

Así mismo, rechazamos todas las referencias al género que se encuentran en el texto legal. Lo que se ha escrito en esta ley puede formar parte del género literario, pero nunca de un redactado jurídico.

Se añaden a estos despropósitos la creación de organismos administrativos destinados a controlar la conducta y las opiniones contrarias a lo dispuesto en esta ley, creando una red de inspectores y una serie de sanciones que perseguirán las publicaciones y disertaciones públicas que critiquen lo impuesto en esta norma.

En definitiva, con esta ley se está imponiendo legalmente una caza de brujas contra los que disientan de las normas que pretende aprobar el grupo parlamentario Unidas Podemos. Nos encontramos ante una deriva autoritaria y represora del Gobierno de la Nación que no se daba desde que superamos la dictadura.

En consecuencia, el Partido Feminista de España utilizará todos los recursos legales para impedir la aprobación de semejante ley y llama a la movilización cívica del movimiento feminista, y de todos aquellos sectores sociales que defienden los derechos humanos, para impedir el reconocimiento de la autodeterminación de género y la represión política que se está desencadenando contra los opositores a la ley, como está sucediendo con la presidenta del Partido Feminista, Lidia Falcón.

 

 

Rebelde

Ana Sánchez

Niños soldados, niños convertidos en adultos antes de tiempo, mucho antes de tiempo. Niños esclavizados, niños sin niñez, infancias rotas por la violencia. Rebelde es una película canadiense de 2012, rodada por actores no profesionales en la República Democrática del Congo.

Este relato nos adentra en la vida de Komana, nos acerca a su alma y sus sentimientos encontrados, entre el miedo y el amor, entre la violencia y la ternura, entre la muerte y la vida.

Komana va relatando la historia de su vida al hijo que está punto de nacer, fruto de la violación del comandante de turno, al que no sabe si Dios le dará fuerzas para amar, pero que quiere que sepa cómo ha sido su vida, qué es lo que la ha llevado a ser lo que es y lo que será.

Obligada a asesinar a sus propios padres Komana es reclutada por los rebeldes, por un ejército de liberación de no se sabe bien qué, un grupo más de los que se dedican a expoliar África, entre la guerra y la minería del famoso coltán que alimenta nuestras modernas tecnologías desarrolladas.

En este ejército, junto con otros niños como ella, Romana aprenderá a sobrevivir a la violencia y también a encontrar la amistad y el amor. Entre emboscadas y ataques, drogados para superar este mundo de muerte, los niños van aprendiendo a llevar una vida entre golpes y asesinatos, atemorizados por sus propias acciones y por las represalias a las que se arriesgan si no cumplen con su trabajo de asesinos.

Por su capacidad para salvarse, Romana es nombrada “bruja de la guerra”; este es uno más de los hechos que van uniendo su vida a la de “Mago”, un chico albino y al que también se le atribuyen poderes mágicos para sobrevivir en la guerra de la selva. Esta unión les dará fuerzas para emprender la aventura de escapar de El gran tigre y comenzar una nueva vida, abandonando poco a poco las reminiscencias del ejército, las armas y la violencia.

Juntos irán descubriendo un amor sincero y entregado y volverán a conocer lo que es una familia cuando llegan al poblado de Mago y retoman una vida en paz con los tíos del chico. Hasta que les descubren las tropas rebeldes, asesinan a “Mago” y vuelve la pesadilla de la guerra a la vida de Komana, junto con la obligación de acostarse con el jefe.

La fuerza de voluntad y la lealtad a la familia ayudan a Komana a escapar nuevamente, para conseguir la libertad para ella y para el hijo que espera

 

Una lección de vida y esperanza sobre la voluntad y resistencia del espíritu humano. Una película al mismo tiempo crudamente real e irrealmente mágica, que nos transporta a un mundo que seguramente conozcamos menos de lo que deberíamos, pero que está más presente en nuestras vidas de lo que quizá seamos capaces de imaginar o de desear en nuestro fuero interno.

¿A quién benefician las guerras? ¿A quién beneficia la esclavitud infantil? Nuestra forma de vivir y de ocultarnos una realidad, no precisamente idílica, tienen mucho que ver con esto. Y los más perjudicados: los niños, víctimas inocentes de este mundo en guerra.