Desposesión de derechos constitucionales

En los últimos años hemos debatido intensamente -hasta el hartazgo- sobre la ruptura del pacto constitucional que regula la distribución territorial del poder político. Y casi nada de la ruptura del pacto social que contiene la Constitución de 1978. Esta prioridad en la agenda política no es un fenómeno exclusivamente español, sino global. Cuando el conflicto social, antaño llamado lucha de clases, pierde centralidad política su espacio lo ocupa el agravio comparativo, que es hoy el «gran motor de la historia».

La reciente sentencia del Tribunal Constitucional, que avala el despido objetivo por ausencias al trabajo, aún justificadas, nos brinda la oportunidad de someter al debate político el intenso proceso de desposesión de derechos constitucionales en el orden social sufrido en los últimos años.
El pacto constitucional del 78 fue el resultado de muchos equilibrios, también de impotencias recíprocas entre las dos fuerzas en pugna, inmovilismo y ruptura. Como todas las constituciones es un texto abierto y por escribir, que la política, con las correlaciones de fuerza de cada momento, va redactando.

Con la mirada de hoy, el contenido social del pacto constitucional es quizás el más rupturista de todos, en aspectos como el papel de los sindicatos (artículo 7 CE), la amplitud de los derechos fundamentales, de otros derechos sociales y también por los mandatos que la Constitución remite a los poderes públicos.

Pero su contenido sufrió desde los primeros años -coincidiendo con una grave crisis económica mundial- las consecuencias de un desarrollo legal cicatero. Y en décadas posteriores un proceso de desposesión de derechos constitucionales, que alcanza su máxima expresión en la última doctrina del Constitucional.

Este proceso se manifestó en primer lugar como resistencia del poder político a desarrollar algunos de los derechos reconocidos en la Constitución y por un olvido mayúsculo de los mandatos que los poderes públicos reciben en el ámbito social de la Carta Magna.

Comenzando por la huelga, derecho fundamental de especial trascendencia, por el que las personas trabajadoras persiguen reequilibrar los profundos desequilibrios de poder entre capital y trabajo, especialmente en tiempos de globalización, y convertir la igualdad formal en igualdad real.

La huelga continúa aún hoy regulada por una norma pre-democrática de 1977, afortunadamente reinterpretada en sentido amplio por el Constitucional, por cierto, el mismo Tribunal aunque con una composición distinta, que hoy restringe sistemáticamente los derechos constitucionales.

La oposición a este desarrollo legislativo del derecho de huelga tiene en Felipe González su máxima expresión. En abril del 1993, ejerciendo de su personaje preferido, el de Mandarín político, impidió in extremis la aprobación de una Ley reguladora de la huelga, que nos hubiera dotado de seguridad jurídica y protegido del uso abusivo de los servicios mínimos que utiliza el poder político como si de un piquete anti-huelga se tratara. El entonces presidente del Gobierno forzó la convocatoria de elecciones anticipadas el mismo día que el Congreso de Diputados iba a aprobar en segunda lectura un Proyecto de Ley de Huelga, que había pasado ya por el Congreso y el Senado, a partir de un pacto del Grupo Parlamentario Socialista, dirigido por Alfonso Guerra, con CCOO y UGT. La disolución anticipada de las Cortes ese día y no 24 horas después tuvo como objetivo evitar la aprobación de una Ley que regulaba ampliamente el derecho de huelga.

Son muchos otros los derechos sociales, protegidos constitucionalmente, que no se pueden ejercer en la práctica por falta de desarrollo legal. Entre ellos el derecho a la vivienda, en el que las pocas políticas practicadas han estado más al servicio de apoyar al sector de la construcción en épocas de crisis, por la vía de incentivar la demanda de propiedad, que de garantizar un derecho social de ciudadanía. El margen constitucional, a pesar de la gran potencia reguladora de facto del mercado inmobiliario, es mucho mas amplio de lo que se reconoce por el poder político. Incluso cuando topa con el derecho a la propiedad, que no olvidemos es un derecho que la propia Constitución condiciona a su función social (art. 33 CE).

Esta desposesión de derechos constitucionales no es solo responsabilidad de los gobiernos centrales. En el ámbito autonómico tenemos ejemplos múltiples, especialmente con gobiernos de la derecha, sea española o catalana, en relación a restricciones en el derecho a la salud. O en el impuesto de donaciones y sucesiones que algunas CCAA, gobernadas por el PP y Ciudadanos, han hecho desaparecer. Obviando que la Constitución condiciona la herencia a los límites de su función social, porque para las derechas propiedad privada y herencia son los únicos derechos ilimitados.

Quizás el mandato constitucional que mejor expresa la gran potencialidad no explotada de nuestro Constitución sea el art. 129. 2 que mandata a los poderes públicos a establecer los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción (no se alarmen, han leído bien).

La segunda vía de desposesión de derechos constitucionales ha venido de la mano de la acción legislativa restrictiva de estos derechos. El caso más evidente es el del derecho al trabajo del artículo 35 de la CE, completamente desfigurado a través de las muchas contra-reformas laborales, comenzando por la de 1984.

La generalización de la contratación temporal sin causa, la ampliación de las causas de rescisión de contratos, la progresiva desaparición del despido nulo con readmisión obligatoria y de los salarios de tramitación han vaciado de contenido el derecho constitucional al trabajo. De la misma manera que han hecho con el derecho de negociación colectiva -contenido esencial del de libertad sindical- al legalizar que el empresario pueda unilateralmente ignorar la fuerza vinculante de los convenios.

Aunque la vía de desposesión de derechos constitucionales más profunda y de mas gravedad es la subversión del orden constitucional provocada por la reciente doctrina del Tribunal Supremo y especialmente del Tribunal Constitucional. Se ha producido una derogación de facto del texto constitucional, al margen de los procedimientos establecidos, en contra de la voluntad del constituyente e ignorando la sobada soberanía nacional.

Ejemplos de esta subversión del orden constitucional los tenemos en las sentencias del Constitucional sobre la Reforma Laboral del 2012. En ellas el Tribunal, olvidándose de toda su doctrina anterior y sin mediar justificación alguna, establece un nuevo orden de valores, principios y derechos constitucionales. Se inventa literalmente otra constitución.

Lo explica magistralmente Fernando Valdés da Re en sus votos particulares a las sentencias dictadas. En ellos se advierte que el Constitucional otorga al legislador ordinario, unas Cortes Generales con mayoría absoluta del PP y apoyo de CIU, funciones cuasi constitucionales para modificar aspectos claves de la Constitución. Y denuncia que el Tribunal incorpora un curioso criterio de análisis de la constitucionalidad de las leyes, la situación económica adversa del momento. Que dicho a lo bruto, pero con rigor, significa que los derechos constitucionales quedan en suspenso, incluso en su contenido esencial, cuando hay crisis económicas. En la practica esas sentencias vacían de contenido esencial derechos constitucionales como el derecho al trabajo (art 35 CE) y negociación colectiva (art 37 CE) entregando su contenido pleno al legislador de cada momento, que puede por esa vía reformar la Constitución, sin seguir el procedimiento previsto para ello. Y eso es lo que ha sucedido.

Esta subversión del orden constitucional se ha puesto de nuevo en evidencia con la sentencia dictada estos días en relación al despido objetivo por faltas de asistencia al trabajo, incluso las justificadas. En ella el Constitucional dice literalmente que el derecho al trabajo, incluso cuando esta relacionado con el derecho a la salud, puede ser limitado por el derecho a la libertad de empresa y al objetivo nacional de la productividad.

Otra vez a lo bruto, pero con rigor, si el Constitucional argumenta que la defensa de la productividad legitima el despido de una persona por ausencias al trabajo aún justificadas, lo que está haciendo el Tribunal Constitucional, además de erosionar el derecho a la salud, al que los trabajadores deben renunciar si quieren conservar su empleo, es vaciar de contenido el derecho al trabajo. Un derecho (art 35 CE) que incluye el no ser despedido sin mediar «justa causa». Primar la lucha contra el absentismo laboral -causa alegada por el legislador y el Constitucional- por encima de estados de enfermedad justificados y ajenos a la voluntad del trabajador supone una verdadera subversión del orden de valores constitucionales.

Llegados a este punto, deberíamos hacernos la pregunta de cómo ha sido posible este proceso de subversión del orden constitucional y desposesión de derechos constitucionales en el ámbito social. Sin duda ha incidido el desequilibrio de poderes entre una economía global y una política estatal. También la hegemonía ideológica del neo-liberalismo global que se expresa en algunas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (casos Vicking, Laval y Rüfert) en la que la libertad de mercado y de empresa priman sobre los derechos colectivos de huelga y negociación colectiva.

Pero hay razones específicas de la política española, entre ellas el desconcierto de unas izquierdas que se mueven entre la subalternidad ideológica del socialismo español – muy evidente en la resistencia del PSOE a derogar la reforma laboral del 2012- y el infantilismo político de las izquierdas alternativas. Me refiero al error mayúsculo de no detectar la potencialidad constitucional en materia social y no defenderla con uñas y dientes.

Aún hoy, algunos esperamos de Pablo Iglesias una explicación política del abrupto tránsito táctico de presentar la Constitución como expresión máxima del maléfico «Régimen del 78» a considerarla la Biblia que contiene todas las verdades reveladas.

Ha llegado el momento de decir que en vez de un Proceso Constituyente, impensable con la correlación de fuerzas actual, lo que deberían hacer las izquierdas diversas es impulsar un Proceso Reconstituyente por el que recuperar los derechos constitucionales de los que hemos sido desposeídos. Seria una buena estrategia para ocupar el inmenso vacío político dejado entre una izquierda ideológicamente subalterna y otra afectada del síndrome adolescente del adanismo. Y para que no haya confusión alguna, eso no va de siglas -con las que hay hoy nos sobra- sino de políticas, que son las que faltan.

Joan Coscubiela
Fuente: Eldiario.es

Los sintecho que encontraron uno en el monasterio de Montesclaros

Han caído las conocidas como ‘BBC’ católicas: bodas, bautizos y comuniones. El dato más revelador de estos últimos 12 años es el de los enlaces, que ha descendido más de la mitad: de los 113.000 de 2007 a los 46.556 registrados en 2017, según la memoria de la Iglesia católica presentada en junio. Esta ‘crisis de fe’ se transluce también en el número de sacerdotes —casi 1.400 religiosos menos en el mismo periodo— y de seminaristas, cuya cifra ha bajado hasta los 1.200. Por ello, gestionar los 801 monasterios que la institución religiosa tiene contabilizados por toda España puede convertirse en una tarea difícil.

El de Montesclaros, en Valdeprado del Río (Cantabria), podría servir de termómetro de esta situación. Quedan cinco frailes dominicos de avanzada edad para hacerse cargo de toda la gestión del monasterio. Y esta orden, que llegó a tener 10.000 miembros por todo el mundo y hoy no alcanza los 500, ha encontrado una oportunidad en esta crisis generacional: ha desarrollado dos proyectos de reinserción para que una decena de personas sin hogar gestione su patrimonio.

En 1686, Carlos II pidió a esta orden que se hiciera cargo del santuario para evangelizar los once ayuntamientos de la zona de Campoo. En 1900 esta población superaba los 2.600 habitantes. El No-Do da muestra de las concurridas procesiones y de cómo las túnicas blancas y las capas negras volaban por los pasillos de la hospedería del monasterio. Eran los novicios queriendo llegar a las ‘termópilas’. Este pasillo colgante es una suerte de cordón umbilical de piedra que unía —y une hoy— el monasterio con la hospedería. Revestida de madera, la pasarela fue construida en 1884 para que estos ‘aprendices’ sortearan la nieve que bloqueaba la puerta de la hospedería y pudieran llegar a los maitines. Hoy, ni la nieve llega a tapar la puerta ni un solo religioso recorre ya los pasillos.

La comunidad ha decaído. La eclesiástica y la civil, ya que según los últimos datos oficiales, esta población del sur de Cantabria contaba el año pasado con 316 habitantes. Y lo mismo ha ocurrido con la orden. Tan solo quedan cinco frailes, mayores de 70 años, a los que les resulta imposible gestionar el monasterio, el albergue y la hospedería, que ofrece tres comidas al día a los más de 500 huéspedes que recibe al año.

Según el último informe anual sobre la situación de la libertad religiosa en España, aproximadamente el 20% de los bienes culturalmente protegidos de Cantabria pertenece a la Iglesia católica. Uno de ellos es Montesclaros. Y la edad y la falta de savia nueva en el santuario pusieron en riesgo la hospedería. “Si dejábamos morir estas propiedades, se iban a convertir en negocios hoteleros”, confiesa un miembro de la orden mientras recorre con la vista la fachada de cuatro alturas de la hospedería.

Restauración por partida doble

Casi una decena de personas sin hogar, con su mano de obra, ha evitado que esto ocurra. El ‘rescate’ del patrimonio de los dominicos ha llegado a través de un proyecto social y ecológico de la Fundación San Martín de Porres, la obra social de la orden dominica que, con base en Madrid, apuesta por la reinserción del colectivo de personas pobres o sin hogar.

En total, ocho hombres han recuperado sus antiguos oficios o se han reciclado y aprendido otros nuevos relacionados con el turismo, la agricultura o la hostelería para lograr una reinserción laboral y social completa. Es el caso de José Pedro, que ha vuelto a los fogones tras 43 años de oficio, o el de Luismi, un cerrajero que a sus 54 años ahora es especialista en restaurar madera.

Antonio Rodríguez, director de la fundación, ha sido una pieza clave tras visitar los proyectos de Pedro Meca. Conocido como ‘el capellán de los vagabundos de París’, este religioso apostaba no solo por dar de comer a los pobres sino por ayudar a que se realizaran. Quería romper el aislamiento de los desfavorecidos. Así fundó en París La Moquette, un espacio que ofrecía un clima de acogida y escucha, y donde organizaba encuentros culturales, charlas y conferencias.

Tomando como punto de partida esta filosofía, Rodríguez ha extrapolado el modelo a España y ha puesto en marcha en Cantabria dos proyectos pioneros que aúnan la realización de colectivos desfavorecidos y la recuperación patrimonial; lo que en marketing se conoce como un win-win. Por un lado, la hospedería de Montesclaros lleva cinco años gestionada por personas en exclusión. Y, por otro, otra cuadrilla de ‘sinhogar’ ha empleado otros dos en restaurar el Palacio de Bárcenas, que se convertirá en un hotel rural y un huerto ecológico.

Montesclaros no pilla precisamente de paso. Tras dejar la autovía Cantabria-Meseta a la altura de Mataporquera, hay que atravesar un paso a nivel del tren de vía estrecha y coger carreteras, cada vez más secundarias, hasta llegar al monasterio, que cuenta con una iglesia rupestre y unas increíbles vistas al valle. Hasta este lugar —donde el implacable silencio solo es interrumpido por los cencerros de las vacas al pacer— se han desplazado desde Madrid tres personas sin hogar para gestionar este verano la hospedería, que en julio ha estado al 100% de su ocupación.

Uno de ellos es José Pedro Mateo, un extremeño de 64 años que, tras 43 años como cocinero en los mejores restaurantes de Madrid, vuelve a estar al mando de los fogones con sueldo y contrato. “Quizá haya tenido suerte por haber nacido el día de la Lotería”, bromea.

Quienes conviven con personas sin hogar dicen que la pregunta que más les cuesta responder es también la más instintiva: cómo se quedaron en la calle. Y es cierto. José Pedro esquiva la respuesta con un “cosas de la vida”.
Más tarde, mientras corta cebolla y cuece gallina para sus croquetas, por fin se abre y se sincera. Cuenta que no fue de un día para otro, sino que su vida se fue desfigurando poco a poco. “Primero me divorcié. Después me quedé sin trabajo. Y más tarde ni siquiera podía asumir la habitación en la que estaba. Vivía al día”.

Ahora, José Pedro hace tándem con Julio Jara en la cocina. Este experto en arte y exclusión trabaja en la fundación y pasa la temporada de verano en Montesclaros. “Yo le propongo el menú pero él tiene la última palabra. Es su cocina. Tiene que empoderarse y llevar el barco. Sin responsabilidad no hay reinserción”, apunta.
Hoy, la hospedería ya no es un lugar de descanso, meditación y ejercicios espirituales. O sí, pero de otra manera. Porque en las celdas donde antes había seminaristas ahora duermen aficionados al taichí, el yoga o la poesía. Y Jesús Hernández es el responsable de su bienestar. Se encarga de la recepción, de acondicionar las habitaciones y de atender el comedor.

En uno de los largos pasillos de la hospedería, confiesa que no sabe cómo puede ahora contar su historia con una sonrisa. Porque, en solo tres meses, el destino de este venezolano de 27 años ha dado un giro de 360 grados. Llevaba tres años trabajando como profesor en Ecuador, donde logró asentarse con una “vida cómoda”. Pero cuando sus compañeras descubrieron su condición de homosexual, empezaron a tener un trato distante hacia él. “Todo empeoró cuando tuve que dar clase a la nieta de una de las socias del colegio. Comencé a tener problemas también con los papás de los alumnos”.

La proposición de trabajar en España que le hizo un amigo le pareció la mejor opción para salir de aquella situación opresiva. Pero lo peor estaba por llegar. Porque el trabajo que le prometieron en la recepción de un hotel se convirtió, a su llegada, en una propuesta para prostituirse por ciudades europeas. Ahora recuerda la frase del que creía su amigo: “O lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas, yo no te puedo ayudar más”. Y así es cómo, de un día para otro, se quedó sin trabajo y sin un lugar donde dormir en una ciudad en la que no conocía a nadie.

Tiene grabado a fuego el 24 de mayo de 2019. Es la fecha en que llegó a Madrid. Tardó 20 días en conocer la Fundación San Martín de Porres, donde llegó recomendado por una asociación LGTBI. “Paradójicamente, nos hemos hecho expertos en acoger a personas homosexuales y ‘trans’”, explica Julio.

La tercera pata de esta ‘familia’ es Juan Carlos Fernández, un cubano de 53 años que aterrizó en España hace doce. Descendiente de familia gallega, se le presentó la oportunidad de obtener la nacionalidad y no se lo pensó. Pero sus planes no le salieron como esperaba —parco en palabras, no profundiza más sobre ello— y terminó siendo acogido en San Martín de Porres. Así, llegó a Montesclaros, donde fue el encargado de dar la voz de alarma de la situación de los frailes. “Estaban muy mayores. Tenían problemas de memoria por los achaques de la edad”, comenta ahora, sentado en un banco de madera.

De palacio a hotel rural

Lo que en un principio se planteó como una ayuda se convirtió en un relevo. Y Juan Carlos dejó Madrid hace cinco años para trasladarse al monasterio y hacerse cargo, durante todo el año, de la hospedería. Aunque pueda sorprender, este vecino de Cienfuegos no echa de menos la capital. “Esto es formidable. Me recuerda a mi tierra por la familiaridad que hay entre los vecinos”. Se ha hecho fuerte en el bar del albergue, que ha convertido en un referente para los vecinos del pueblo. Incluso ha llegado a montar un karaoke. Además, se ha hecho experto en tallar piedra y también trabaja en la restauración del Palacio de las Bárcenas.

Esta edificación del siglo XIX fue donada —junto a las tres hectáreas que la rodean— por el marqués de Bárcenas a la orden dominica. Está ubicada junto a la zona termal de las Caldas de Besaya y hoy, para acceder a ella, hay que traspasar un portalón de piedra situado bajo las vías del tren. Luismi Molina da cuenta del estado “lamentable” en que se encontraba la casa. “Llevo siete meses limpiando vigas”. Este madrileño de 54 años era cerrajero y chatarrero y ha pisado Cantabria por primera vez para reciclarse y aprender a tratar la madera. Forma parte de la cuadrilla de cinco personas sin hogar que ha viajado, también desde Madrid, para aprender oficios de albañilería, acompañados por tres expertos en piedra y madera. Gracias a su trabajo, este palacio abrirá sus puertas la próxima navidad convertido en un hotel rural de 23 habitaciones.

“Es un proyecto muy emocionante que ha dado la posibilidad de legalizar a tres personas”, explica orgulloso Antonio, quien hace un parón en la obra para hablar. El palacio se transformará así en una empresa de inserción laboral que formará y empleará a cinco personas en temporada alta y a otras dos el resto del año. Además, fomentará la economía circular, ya que han convertido los terrenos en un huerto ecológico, que ya cuenta con certificado. De aquí provienen la cebolla y la gallina de las famosas croquetas de José Pedro. “Agricultura, terapia y formación son la clave de este proyecto”, indica Antonio. Y funciona. La reinserción de esta particular familia está a un paso de completarse. Madrid y dormir al raso ya solo son pasado.

Fuente: El Salto

El «Ministerio de la Soledad» es la familia.

Hace algunos meses un llamativo titular aparecía en los medios de comunicación “El Reino Unido crea un Ministerio para la Soledad”. La noticia explicaba la creación, por parte del gobierno británico, de un departamento del Ministerio para la Sociedad Civil para luchar contra el aislamiento de nueve millones de británicos. Se ilustraba dicha noticia con algunos datos de la realidad británica: los médicos atienden entre 1 y 5 pacientes al día por soledad, la mayoría de los mayores de 75 años viven solos, 200.000 personas pasan hasta un mes sin hablar con un amigo o familiar… Y se explicaban algunas consecuencias de la soledad: las personas solas tienen mayor probabilidad de sufrir demencia, mortalidad temprana o hipertensión arterial. Los médicos dicen que estar solo es peor para la salud que fumar quince cigarrillos al día.

La soledad es un problema personal, de muchas personas que no logran establecer relaciones personales auténticas en nuestra sociedad. Pero es también un problema social y ahora se empieza a plantear como un problema político.

En realidad, ese “ministerio de la soledad” existe hace mucho tiempo, y es la familia. La familia es el lugar donde los lazos afectivos duraderos pueden establecerse de una forma primera. El lugar propio del cuidado de los miembros débiles o vulnerables. El lugar del acompañamiento y apoyo mutuo. El lugar de la gratuidad.

Es evidente que ha habido causas culturales que han debilitado los vínculos familiares, pero también ha habido causas sociales y políticas que han provocado un debilitamiento de la vida familiar.

En la misma Gran Bretaña, donde ahora se plantea ese “ministerio de la soledad”, entre los años 1979 y 1991 una serie de reformas laborales desde el gobierno debilitaron el papel de los sindicatos. Con el objetivo de disminuir el desempleo, promovían una alta movilidad, el aumento de los empleos a tiempo parcial y de los contratos temporales. La carrera profesional dentro de la empresa dejó de ser una opción para muchos trabajadores, que se convirtieron en autónomos. Las ayudas sociales fueron limitadas, para forzar a los trabajadores a aceptar empleos con salarios bajos. Los salarios bajaron.

La fragilidad de la familia británica creció en este periodo. La proporción de mujeres casadas entre los dieciocho y los cuarenta y nueve años bajó del 74% al 61% en esos años. Las familias monoparentales aumentaron del 12% al 21%. En 1991 la mitad de los matrimonios terminaban en divorcio en Reino Unido, la tasa más alta de la Unión Europea. En las ciudades donde más éxito tuvo la política para disminuir el desempleo, las tasas de divorcios fueron más altas.

Muchos son los factores que influyen sobre la familia, como realidad viva que es. Uno de esos factores, que influye de una forma decisiva, es la realidad laboral que padecen sus miembros. Los salarios bajos, la imposibilidad de promoción laboral, las prácticas empresariales que obligan a los trabajadores a mentir a los clientes, la presión laboral que aumenta la ansiedad, las jornadas laborales agotadoras, la disponibilidad total para la empresa, que define el horario laboral de un día para otro, la apertura de comercios los domingos… son realidades que obstaculizan la vida familiar.

 

Contrarrestar la soledad, requiere, además de atender a los que la padecen, una legislación laboral que permita desarrollar las tareas familiares. Especialmente, un salario digno, que permita sostener a la familia como pedía Juan Pablo II en Laborem Exercens: “Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

 

Amor en la política. Ayer y hoy

A pesar de lo que parece que nos encontramos a diario cuando nos asomamos a las noticias, nuestra sociedad se sostiene gracias a miles de millones de pequeños actos de trabajo solidario. Investigadores, obreros, enfermeros… aportan el trabajo: amor. Siendo así el primer protagonista de la vida. Sin embargo en nuestro mundo hay desigualdades enormes propiciadas por mecanismos económicos, políticos y culturales. Frecuentemente personas de buena voluntad intentan mejorar y mejoran las cosas desde la política, desde los ayuntamientos, el parlamento… e instituciones supranacionales como la ONU; con logros incuestionables como la Democracia y con flagrantes limitaciones como no poder impedir todas las muertes en el Mediterráneo, acabar con las condiciones de cuasi esclavitud de los nuevos trabajos de la sociedad 4.0.

El testimonio de amor personal no alcanza. Es indispensable elevar el amor también a su dimensión institucional. Por eso, ahora más que nunca, es necesario meter el amor en la política. Es por eso que durante este fin de semana un grupo de personas han estado reflexionando sobre experiencias de personas que han llevado el Amor (con mayúscula) a la Política.

Santiago García, Dr. en Teología fundamental y profesor en la Universidad Pontificia de Comillas nos habló de Daj Hammarskjöld, premio nobel de la paz y segundo secretario general de la ONU. Era un hombre que se observaba tremendamente, un contemplativo de la angustia. Decía: «No sé a quién o a que algo he respondido…» Pero respondió con una gran conciencia de fraternidad universal y el vínculo de la Paz. Fue una experiencia de conversión, no estática, de búsqueda de la verdad y la fraternidad universal… hasta dar la vida.

Vicent Comes, Dr. en Historia contemporánea nos presenta la semblanza de Luis Lucía, un hombre radical, diputado en aquel parlamento español dramático de los años 30. Profundamente creyente. Buscó siempre proyectar siempre su dimensión cristiana, sin imponerla, sin integrismo. Esto le costó experimentar la cárcel con la II República, y con Franco. Siempre aprendiendo, zigzagueando, los procedimientos de proyección social de la Fe. Luis Lucía tuvo conciencia de la necesidad de que los cristianos debemos participar en política… y lo hizo. Aprendió, no siempre en línea recta, de la experiencia y buscando, honestamente, siempre la Verdad.

Luis Ferreiro, presidente del Instituto E. Mounier habló de Emmanuel Mounier, el gran filósofo personalista francés. Socialista cristiano, criticado por el Partido Comunista por no tener el valor de ser decididamente comunista y criticado por los católicos por excesivamente filocomunista. Su opción por los pobres le ayuda en mantenerse como honesto intelectual. Charles Peguy fue uno de sus referentes. Buscó constantemente el contacto con el Pueblo, con la gente sencilla: aprendiendo constantemente del obrero, del campesino… del Pueblo. “Pensar con las manos” fue uno de sus lemas hecho vida.

Los diálogos transcurrieron por la necesidad de buscar el Bien Común y el Destino Universal de los Bienes y no el Interés General. La solidaridad no está en la agenda política. Comprometerse políticamente con esto es meter la vida hasta perderla.

La acción debe tener un polo profético y un polo político en tensión permanente. Polos que dialogan, que se ayudan a caminar más allá con sentido de la Historia.

La mañana del domingo se ahondó en esa tensión entre lo político y lo profético, entre el realismo y la utopía. Y se hizo a través de la amistad de dos personas. Camilo Sánchez, alcalde de Santa Lucía, y Julián Gómez del Castillo, primer editor en España de problemas de los empobrecidos. Dos amigos que compartieron vida y lucha al servicio de los empobrecidos. Camilo estaba en el polo político… a la caza del voto, en partidos… Julián Gómez del Castillo en el polo profético, en la cultura, en la edición de libros…

Íntimos amigos que lucharon juntos, en una misma dirección. Rompieron la buena conciencia, los complejos. Sin beatería. No colaboraron a extender que la política era corrupción por principio. No rehuyeron la defensa de la vida siendo de izquierdas. Pusieron las políticas del Bien Común por encima de las políticas de identidad que nos rompen

También se presentó el libro Amar a los demás: Política. Cuatro alcaldes que amaron
En tiempos de desprestigio y de la desmovilización política nos alegra compartir el testimonio de cuatro alcaldes que sirvieron a su pueblo, que fueron a la política a servir por amor, lucharon y salieron de la política más pobres y más heridos de lo que llegaron. De cuatro corrientes ideológicas distintas que subrayan que la ideología no es lo más determinante al servicio de las personas. La política, como recuerdan los últimos Papas, es «la más alta forma de Caridad».

Los alcaldes citados son:

  • Antonio García Quintana, de Valladolid
  • Giorgio Lapira, de Florencia
  • Camilo Sánchez, de Santa Lucía Tirajana
  • Francisco Beltrán, de Fraga.

Toda esta experiencia la traemos a nuestro encuentro para -como ellos- meter el amor en política. Y debatimos, no sobre ellos, sino sobre el futuro, sobre cómo seguir transformado la sociedad. Ahora más que nunca la política necesita amor.

Ha fallecido una madre cristiana pobre: Mari Trini Gómez del Castillo Segurado

Desde «Encuentro y solidaridad» trasladamos nuestro más sincero pésame a la familia de Mari Trini y a los hermanos del Movimiento Cultural Cristiano.

Esta madrugada ha fallecido Mari Trini Gómez del Castillo Segurado. Una más de la legión de madres cristianas pobres. Esas que no ocupan páginas en los libros de historia y que sin embargo son las que han parido la solidaridad.
Mari Trini merece el elogio de los sencillos porque siendo femenina y feminista de verdad no cayó en la trampa de este feminismo mandón del que se aprovechan las listillas que no han aportado nada a la solidaridad pero saben sacarle provecho. Su padre decía frecuentemente: Los hijos de la revolución quieren vivir de la revolución. Mari Trini y Jose, su esposo, no son de los que han vivido de la revolución sino de los que han dado vida.
Mari Trini vivió con alegría la pobreza. A los curas nos advirtió siempre con fuerza respecto del clericalismo histórico y siempre nos invitó a dejarnos seducir por la dama pobreza. Frecuentemente hablaba de Eduardo. Con palabras. Y con gestos como llevar puestas las usadas sandalias que heredó de ese gran sacerdote alicantino a quien los curas de Madrid terminaron por impedirle predicar quedando para él como sencilla «cátedra» una buena cantidad de iglesias domésticas.
Las madres cristianas tendrán en Mari Trini un referente incuestionable de la belleza de la pobreza. Para acabar con la miseria (decía su admirado Benedicto XVI) hay que cultivar la pobreza. Mari Trini llevaba con orgullo ropa usada porque libremente lo quería así.»Esta chaqueta era de tu madre» me decía. Hasta tal punto creía en la pobreza que cualquier cosa para sí misma le parecía riqueza, en la estela de Carlos de Foucauld que ante el pesebre decía que ya no se podía ser rico.
Los escritos de Mari Trini era para valorar la fuerza de los pobres: los enfermos, los minusválidos, los aplastados del Tercer Mundo. Su capacidad de trabajo fue para los últimos. La cantidad de traiciones políticas y sindicales del siglo XX le hacía temer entrar en esas áreas como lugares en que se terminaba olvidando sus amores: Cristo, la Iglesia y los pobres.
Muchas veces tuve la sensación de que su trabajo de educadora infantil lo había ejercido ejemplarmente y que le había dejado un poso por el cual a veces nos trataba como si no hubiera dejado ese trabajo y sin embargo siempre teníamos la sensación de que le movía el amor, equivocado quizá a veces, pero amor a fondo perdido: gratuito y sacrificado.
En cierta ocasión intenté distinguir entre austeridad honrada y pobreza evangélica. El valor humano de la austeridad sensata que se puede vivir en la familia sería algo distinto de la pobreza evangélica que se ha de abrazar libremente por amor. Mari Trini me dijo casi a gritos que en casa de sus padres lo que se vivía era la pobreza evangélica. Supongo que la teoría permite distinguir pero la vida me ha ido diciendo que Mari Trini en eso tenía razón. No sé si los curas dejaremos de ser clericales ni si las madres abrazaran la pobreza pero creo que sí, que antes o después lo haremos; mientras tanto sufriremos tontamente y lo pagaremos con tristeza.
Ella se fió de Jesucristo y por eso, en medio de no pocas dificultades, vivió la alegría cristiana. Mari Trini ha fallecido pero nos deja grandes motivos de diálogo, de amor y revolución.
Eugenio A. Rodríguez

Hace unos días nos despedimos de Maritrini. Compartimos con ella la celebración de la Eucaristía Julián, Paco, Belén y su hija Maite, que la ha cuidado con un amor y esmero desbordante, propio de una hija que ha recibido mucho amor. Era el día de Santa Teresa. Solo Dios Basta. Yo no dejaba de preguntarme cómo estaría viviendo esto Maritrini, que aunque nos conoció, no pronunció apenas palabras esa tarde; mientras yo lo pensaba, ella lo encarnaba. Maritrini cultivó toda su vida una profunda vida de unión con Dios.
Tenía un carácter muy fuerte heredado de su padre, y no tenía pelos en la lengua. Podría equivocarse, pero aquellas regañinas de las que algunos no nos libramos, venían de un amor profundo a Dios y su Iglesia, y no callaba lo que ella creía que era justo. Tenía también a la vez una alegría profunda y una disponibilidad ejemplar, heredadas de su madre. De ambos heredó una profunda y alegre vida de austeridad, la que viven los pobres de las bienaventuranzas.
Cuando éramos responsables del Aula y nos pasaban las inscripciones, siempre bajo su puño y letra escribía los cursos a los que su grupo deseaba asistir, siempre añadiendo: o para lo que se necesite. Estos días he recordado casi cada día la muerte de Julián, su padre.
Pocos días antes de morir, el día de su cumpleaños, fuimos Jaime y yo a visitarle y a celebrar la Eucaristía. Nos recibieron todos como lo que éramos y somos: parte de la familia. Julián no habló, pero cuando me despedí de él, consciente de que no le vería más en la tierra, me reconoció. Me llamó Juliana (el nombre de mi abuela), como nos llamaba a todas las hermanas cuando éramos pequeñas. Después Maritrini me acompañó a la puerta y rompí a llorar desconsoladamente. Junto al ascensor le dije a Maritrini: perdona, no se por qué me pongo así. Ella me contestó tranquila y seria: porque somos tu familia.
La familia de familias que constituimos durante más de treinta años no unida por los lazos de sangre sino por el soplo del Espíritu. Descansa en paz, querida Maritrini, e intercede por tu familia ante el Padre.
Mónica Prieto

El amor convive con la imperfección.

Es una experiencia común. No amamos a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestros hermanos o padres porque sean perfectos. Les amamos, aunque no son perfectos. La intimidad de la relación familiar hace que los defectos del otro sean difíciles de esconder. Y a veces esos defectos (que pueden sacarnos de nuestras casillas) nos llevan a dudar de su amor. Pero que su amor sea imperfecto, no quiere decir que sea falso.

Es fácil de ver si nos miramos a nosotros mismos. Cuando me examino por dentro, me doy cuenta de que mi amor por los miembros de mi familia está lleno de fallos, traiciones e ingratitudes, en mayor o menor escala.

Y entonces nos surge la pregunta ¿tenemos que aceptar todos los fallos de aquellos a quienes amamos? Es claro que los padres tenemos el deber de educar a nuestros hijos e intentar corregir sus fallos. Pero en las relaciones con nuestro cónyuge, con nuestros padres o hermanos… ¿qué hacemos con los fallos del otro?

Algunos de esos fallos piden de nosotros cierta paciencia, tolerar pequeños defectos, no echárselos en cara permanentemente, ni airearlos ante otras personas. No se trata de hacer como que no existen o ignorarlos (cosa bastante difícil de hacer, por cierto), sino de entender que los defectos son solo una parte del otro, no su totalidad.

Pero hay algunos fallos del otro que lo que necesitan es encontrarse con un límite, un “hasta aquí”. Porque amar al otro realmente, es amarlo como necesita ser amado. No como a mí me gustaría que me amaran o como a mí me resulta más fácil amarlo, sino como el otro necesita ser amado. Y, en ciertos casos, poner un límite forma parte del amor que el otro necesita.

Lo vemos claramente en los hijos, en los que el límite (el «no») que ponen los padres, no consiste tanto en una protección de los padres a sí mismos, sino en un camino de amor. Poner un límite, a veces, hace sufrir al hijo. Pero no entender que el límite forma parte del amor, está en la base de muchas de las dificultades educativas. Cuando se entiende el límite como un egoísmo de los padres (que supuestamente tienen por misión hacer feliz al hijo), entonces surge una especie de sentimiento de culpa por hacer sufrir a quien amo, que hace que al final no ponga el límite, con las consecuencias que eso tiene.

Trasladado al amor en el matrimonio, el límite también forma parte del amor. Si mi mujer abusa del alcohol, o mi marido abusa del juego online, el límite que yo ponga no es sólo una forma de protegerme yo, sino una forma de amar al otro, de revelarle la verdad a la que está llamado.

El mismo Jesús que en una ocasión nos dice «cuando te abofeteen una mejilla pon la otra», en el momento de su pasión, en cambio, cuando el guardia del sumo sacerdote le abofetea, le pregunta «si he hablado mal, muestra en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» No dice que Jesús pusiera la otra mejilla. Es obvio que no se defendió, pero en la pregunta al guardia, le revela la verdad de su actuación: ha actuado con servilismo hacia su jefe. En la pregunta llena de mansedumbre de Jesús está la posibilidad de conversión del guardia. En el límite (en el caso de Jesús es la pregunta «¿por qué me pegas?», en cada caso será uno diferente) está, también, el amor.

 

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

NOTA DE PRENSA. Amor en la política. Ayer y hoy.

El mundo no es un basurero. Nuestra sociedad se sostiene gracias a miles de millones de pequeños actos de trabajo solidario. Investigadores, obreros, enfermeros… aportan el trabajo, el amor, siendo así el primer protagonista de la vida.

Sin embargo en nuestro mundo hay desigualdades enormes propiciadas por mecanismos económicos, políticos y culturales.

Frecuentemente personas de buena voluntad intentan mejorar y mejoran las cosas desde la política, desde los ayuntamientos, el Parlamento… la ONU, con logros incuestionables como la Democracia y con flagrantes limitaciones como no poder impedir todas las muertes en el Mediterráneo, acabar con las condiciones de cuasi esclavitud de los repartidores en bicicleta… El testimonio de amor personal no alcanza. Es indispensable elevar el amor también a su dimensión institucional.

Por eso, ahora más que nunca, es necesario meter el amor en la política. En la Casa Emaús vamos a encontrarnos el 26 y 27 de octubre para no derrocharlo, para compartirlo. Vamos a conocer a pequeños gigantes que han metido el amor en la política. Conoceremos la vida y el pensamiento del 2º Secretario General de la ONU Dag Hammarskjöld, de Emmanuel Mounier el filósofo personalista francés más conocido del siglo XX, de Luis Lucía perseguido tanto por la República como por Franco. De igual manera profundizaremos en el camino que nos muestran Camilo Sánchez, el alcalde canario al que el Tribunal Constitucional le prohibió gobernar el municipio con democracia real de los vecinos y de Julián Gómez del Castillo principal editor, en España, de libros sobre problemas de los empobrecidos.

Toda esta experiencia la traemos a nuestro encuentro para -como ellos- meter el amor en política. Y debatiremos no sobre ellos sino sobre el futuro, sobre como seguir transformado la sociedad. Ahora más que nunca la política necesita amor.

En el encuentro se presentará la edición del libro «Amar a los demás: Política. Cuatro alcaldes que amaron.» de equipo Manolo Morillo de Zaragoza con los testimonios de Antonio García Quintana de Valladolid, Giorgio Lapira de Florencia, Camilo Sánchez de Santa Lucía Tirajana y de Francisco Beltrán de Fraga.

“El problema de los demás es igual al mío. Salir de él todos juntos es la política. Salir solo, la avaricia” Lorenzo Milani.

Migraciones: ¡Un robo a los pobres!

«¿Quién pide perdón hoy por asentar un mundo institucional tan injusto con los empobrecidos?»
«La emigración sólo tiene solución revolucionaria, lo demás son cataplasmas, incluyendo políticas de puertas abiertas»

Me quedó fijado en la memoria el informe del BBVA del año 2000 que decía que España precisaba anualmente un flujo de 300.000 inmigrantes para poder conservar su Estado de Bienestar (El País, 30-VI-2000). Esto significa que mantener nuestro Estado de Bienestar produce malestar en otros.

A mediados de julio, varios medios informaban que Trump anunciaba redadas para deportar 2000 “sin papeles”. En esa situación hay 11 millones en USA, por tanto, el porcentaje es irrelevante en lo cuantitativo, pues afecta a menos del 0,02 % de ellos, pero es muy relevante en lo cualitativo por las consecuencias de opresión y explotación para los inmigrantes: someterse a peores condiciones de vida y trabajo, utilizar menos los bienes sociales y sanitarios a los que tienen derecho, etc.

En el libro de Stephen Smith “La huida hacia Europa” (edit. Arpa 2019), premio “Libro Geopolítica del Ministerio de Asuntos Exteriores Francés 2018”, se cita la proyección de la ONU del 2000 de que en el 2050 habrá 80 millones de inmigrantes de 1ª y 2ª generación en la UE, el 26 % de su población.

El informe “Health at a Glance 2015” afirma que 19.400 de los médicos que trabajaban en España en el 2014 procedían del extranjero, el 9,4%, que en el Reino Unido es el 28,7% y en Estados Unidos el 25%.

Los porcentajes se incrementan. La revista “Redacción Médica” relata que el Ministerio de Educación Español convalidó 5.822 títulos de Medicina de 2015 hasta julio 2017 procedentes de 43 países (1.383 en 2015, 2.816 en 2016, y 1.623 hasta julio de 2017). Son: 1.148 Venezolanos,783 Colombianos688 Cubanos, etc. Lógico,por ejemplo, que haya dos grupos de facebook de Médicos Cubanos en España con casi mil miembros cada uno.

El coste de un curso en una universidad de USA, según el libro citado de Smith, es de más de 50.000 €. La formación de un médico especialista lleva unos 11 años, por lo que la formación de los 6 años de facultad de los 5.822 médicos costaría casi dos mil millones de €, pagados por los países empobrecidos, que lógicamente son una deuda contraída con ellos. Este é el coste de la formación universitaria de los que vinieron en esas fechas sin contar la especialidad, ni la primaria, la secundaria y otros gastos. Ni otros años y otros inmigrantes.

El País” informaba a principios de año (24-I-19) que a la sanidad pública le faltan 4.000 especialistas médicos. El déficit aumentará hasta triplicarse en 2025 según un estudio del Ministerio.  Contaba el secretario de la Organización Médica Colegial que «en los próximos cinco años se jubilarán 45.000» (El Confidencial 11-III-18).

Por otra parte, Alfonso Gago, catedrático en la Universidad de Málaga, en el VI Encuentro del Voluntariado de las Cáritas Galegas de junio 2013 tuvo una reflexión titulada: La aportación de los pobres al progreso científico y social de la humanidaden la que citó estos datos de un estudio que había realizado con sus alumnos:

  • Casi el 60% de los profesores universitarios de grado medio de los EE UU (el equivalente aquí a las escuelas de ingeniería técnica, aparejadores y diplomados diversos) habían nacido en los países del tercer mundo. Eran inmigrantes.
  • El inmigrante filipino Leon O. Chua, que Gago había estudiado mucho en su tesis doctoral, era uno de los investigadores electrónicos de más prestigio en el mundo, asesor directo del gobierno de USA y asesor obligado de todos los proyectos tecnológicos do ejército americano.
  • En la encuesta que hicieron sobre investigadores punteros de tecnología y ciencia en microelectrónica, robótica, telecomunicación, informática,… en las revistas científicas donde se publican los últimos avances sobre esos temas encontraron que: más del 65% había realizado en el 3º mundo hasta los estudios secundarios, y casi el 60% los universitarios (financiados, por tanto, por los impuestos de los pobres del 3º mundo). Apenas el 10% había hecho su tesis doctoral en el 3º mundo, y apenas pasaba del 3% los que trabajaban actualmente en las universidades de los empobrecidos. La encuesta confirmaba que la fuga y robo de cerebros era más intensa de lo imaginado. Todo eso para desarrollar una  Ciencia y Tecnología utilizada en los últimos 50 años para producir un abismo entre las economías de los países enriquecidos (que no ricos) y las de los empobrecidos (que no pobres).

Llegados aquí ¿qué podemos decir de las actitudes que sostienen que los inmigrantes vienen a quitar los puestos de trabajo a los de aquí y son una amenaza para la identidad cultural europea, española, catalana, gallega…? ¿Cómo valorar la postura de los del “Welcome” en la que los partidarios se sienten satisfechos de ser buenas personas? Ambas posturas no son igualmente criticables y la xenofobia puede llevar al delito.

Este artículo quiere ir al fondo desde la justicia y, como ya muestra el título, la postura positiva de acogida, si no tiene en cuenta este expolio a los empobrecidos para repararlo, tiene graves fallos contra la justicia. ¡Qué cada uno le ponga el nombre que considere adecuado!

¿Quién pide perdón hoy por asentar un mundo institucional tan injusto con los empobrecidos? El expolio, robo institucionalizado, no se blanquea con una pancarta de bienvenida sea de grupos sociales o religiosos.

Ya la “Laborem Exercens” sostenía que el migrante “ante todo, constituye generalmente una pérdida para el país del que se emigra» (nº 23).

¿Cómo solucionar este tema? La Revista Acontecimiento sostiene: «Problema humano -personal y político-, la emigración sólo tiene solución revolucionaria, lo demás son cataplasmas, incluyendo políticas de puertas abiertas» (nº 49, p. 32). La revolución, para que sea solución, sólo puede realizarse desde la NO-VIOLENCIA ACTIVA.

Antón Negro

Fuente: Religión Digital

Frente a la indecente precariedad, trabajo decente como Dios quiere

Frente a la indecente precariedad, trabajo decente como Dios quiere

Jornada Mundial por el Trabajo Decente. 7 de octubre 2019 • Manifiesto (descarga pdf)

Por quinto año consecutivo, las organizaciones que integramos la iniciativa «Iglesia por el Trabajo Decente» (ITD) celebramos, el 7 de octubre, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente para hacer visible la indecente precariedad que sufre el mundo del trabajo. Junto a todos los agentes que participan en la organización política, económica y social del trabajo, urgimos a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas.

En junio se celebró el centenario de la Organización Internacional del Trabajo en el marco de su 108ª Conferencia, donde se constató la necesidad de orientar todos los esfuerzos a asegurar una transición justa a un futuro del trabajo que contribuya al desarrollo sostenible en sus dimensiones económica, social y ambiental. La apuesta común fue la de aprovechar todo el potencial del progreso tecnológico y el crecimiento de la productividad para lograr trabajo decente y desarrollo sostenible, con objeto de asegurar la dignidad, la realización personal y una distribución equitativa de los beneficios para todos.

Las preguntas que lanzamos en este 7 de octubre son estas: ¿En qué se ha transformado hoy la dignidad del trabajo? ¿Qué precariedad laboral es la que sufrimos las hijas e hijos de Dios? Cuando hablamos de precariedad laboral lo hacemos de vidas truncadas, vulnerables y violentadas; de personas explotadas y abusadas por contratos temporales y eventuales, con sueldos que no concuerdan con las horas realizadas, sin seguridad en el puesto de trabajo y sujetos a una flexibilidad que acaba quebrando la dimensión personal de las personas trabajadoras al imposibilitar una verdadera conciliación entre trabajo, familia, descanso, participación social y ocio. Seguimos constatando cómo el trabajo está lejos de ser un derecho que garantice la dignidad de la persona, mientras sigue aumentado el número de trabajadores y trabajadoras pobres.

El testimonio de Alberto, un joven trabajador que reside en Madrid, pone voz a esta realidad. «Actualmente trabajo 16 horas semanales y cobro 560 euros. La respuesta de mi jefe las veces que le he comentado el tema del salario, de la categoría siempre han sido: “Ahora no es el momento”, “la cosa está muy mal”, “ya ves cómo está la situación, no hace falta que te cuente”, “ahora no hay dinero” […] Encima hay otras personas que insinúan que quizás es que no te esfuerzas lo suficiente, que no has trabajado todo lo que deberías, que tu trabajo no lo es todo para ti y eso lo nota el jefe, que tu currículum no es lo suficientemente amplio, vamos, QUE LA CULPA ES TUYA».

Como organizaciones y movimientos de Iglesia encarnados en la realidad del trabajo, queremos ser buena noticia en nuestras casas y barrios, lugares de trabajo y centros de estudios. Y volveros a recordar que “la política económica debe estar siempre al servicio del trabajo digno”. En palabras del papa Francisco “cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí. La dignidad no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo que sea realmente digno, porque hoy “tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona”.

Sensibles a esta realidad, conscientes de la importancia de establecer puentes y mirando al mundo desde las periferias en las que estamos presentes, en esta Jornada Mundial reivindicamos que:

  • Todos los poderes públicos se comprometan de forma activa en la construcción de un sistema económico, social y laboral justo, fraterno y sostenible que sitúe a la persona en el centro.
  • El trabajo sea garante de dignidad y justicia, así como del desarrollo integral de la persona, de sus capacidades, dones y vocación, empezando por las personas más descartadas y excluidas.
  • El trabajo sea fuente de reconocimiento social y personal, a través de la dignificación de los cuidados, con nuevos planteamientos de políticas sociales, de género y educativas en igualdad entre mujeres y hombres, sin olvidar el derecho a una conciliación real de la vida familiar y laboral.
  • El trabajo es para la vida, por lo que es imprescindible que se realice en un entorno de seguridad y salud, con condiciones que garanticen la integridad física y psíquica de la persona.

Como Iglesia viva insertada en el mundo donde bulle la vida, las entidades que formamos la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente acompañamos esta dura realidad social y sus efectos deshumanizadores. Estamos llamados por ello a estar alerta para denunciar, desde la ternura, la compasión y el estilo de vida de Jesús de Nazaret, la denigración que está sufriendo la persona y el trabajo.

En esta Jornada que coincide con el inicio del Sínodo especial para la Amazonía, compartimos con todos los convocados a esa esperanzadora cita tanto los retos que nos lanza el cuidado de la Casa Común como las inquietudes ante el deterioro medioambiental y las violaciones de derechos humanos que conlleva para las comunidades más vulnerables. La defensa de la Creación nos involucra directamente como ITD en la defensa de unas condiciones laborales dignas para quienes se ven sometidos, bajo escandalosas condiciones de explotación, a prácticas productivas insostenibles con la dignidad humana y el equilibrio medioambiental.

Unimos nuestras fuerzas y compromisos como gesto profético, e invitamos a toda la Iglesia, a las comunidades, movimientos sociales y personas de buena voluntad a celebrar y reivindicar juntos esta jornada.

Gracias por la oportunidad de compartir nuestra experiencia.

La vida nos brinda la oportunidad de hacer cosas que, quizá, nunca imaginamos. A todos los niveles. A nosotros nos brindó la oportunidad de abrir nuestro hogar a personas que, por diversas circunstancias, no lo tienen.

Nosotros venimos de trayectoria de compromiso en la lucha por la justicia atacando las causas que generan las injusticias sociales, básicamente en la calle desde una perspectiva noviolenta. En concreto siempre hemos tenido especial sensibilidad por el sinsentido que supone el expolio de los recursos de otros. Lo que hicimos y hacemos con gran parte de los países del tercer mundo. Y las consecuencias en cuanto a inmigración que ellos supone.

En esas luchas, tuvimos la suerte de conocer diversos experiencias  de personas que además de actuar en la calle, denunciando las injusticias, invitaban a su casa a hermanos sin tanta suerte.  Lucha contra las causas que generan injusticia y compartir tu vida.

Y así, por contagio y confianza, comenzamos hace dos años a compartir la habitación que nos sobraba, la que suele llamarse ‘’habitación de los invitados’’.

Hemos tenido 4 invitados y la semana que viene vendrá el quinto.

No somos una organización ni una ONG, simplemente (que no es poco) un matrimonio que quiere vivir lo que tantas veces dijimos con la palabra: “cuando tengas de más de lo que necesitas, haz mesas más largas, no muros más altos”.

No ayudamos con papeles, ni con el abono transporte ni les informamos sobre comedores… Por un lado, de eso se encargan ya otros y por otro nos metería en una lógica asistencial (que siendo necesaria puntualmente) no queremos. Nosotros ofrecemos lo que tenemos, que es un HOGAR, y lo compartimos.

Tal y como plantean en el Catholic Worker Movement, en el cual nos inspiramos, deseamos que nuestro hogar sea un espacio para remendar el corazón.

Ellos pueden estar todo el tiempo necesario y sólo el necesario (asi se lo decimos) No ponemos fecha de salida, pero saben que en el momento en que dejen la casa, un hermano migrante vendrá a ocupar la habitación.

De momento sólo tenemos un invitado cada vez porque queremos mantener ese clima de hogar y… aún somos aprendices… además nuestro piso es muy chiquito… si en algún momento tuviéramos una casa más grande, nos plantearíamos ampliar el número.

Al empezar teníamos muchos miedos: Si nos iban a robar, si nos iban a hacer daño físico, si se iban a instalar en casa por los siglos de los siglos, si iban  a suponer un gasto muy alto e inasumible para nosotros, si iban a aprovecharse y meter gente en casa cuando no estuviéramos), si nuestra intimidad iba a ser violentada en exceso, si cuando me pusiera de parto me iba a ser muy incómodo estar con un desconocido en casa. Miedo a no saber su origen, su pasado… y así podríamos seguir…. Todos esos miedos se han disipado total y absolutamente , y no es una forma de hablar . Total y absolutamente.

Tener invitados como ellos en casa, es abrir las fronteras, es romper la lógica del capitalismo y del nacionalismo, es como decía Peter Maurin en los años 20 ‘’construir una nueva sociedad, en la concha de la vieja, con una filosofía tan vieja, que parece nueva.

Por eso, DAMOS LAS GRACIAS, porque recibimos muchísimo más de lo que damos… y no es una frase hecha.

Este modelo de vida que hemos escogido nos mete, cotidianamente, queramos o no, en vivir al menos un pedacito del Ideal que queremos para nuestras vidas. Por eso, gracias. Gracias a nuestros hermanos Africanos que nos permiten ser un poco más personas.

En lo personal cada persona que ha pasado por nuestra casa es un mundo. Hoy ha venido Abu, que casualmente, podemos decir que con él no ha habido ni un solo problema de convivencia y con el que además hemos aprendido honestidad, verdad, educación, gratitud, esfuerzo, entrega, valentía…

GRACIAS por llegar a nuestras vidas.

GRACIAS.