20 años después, ¿hemos cambiado?

Fuente: lamarea.com

Autor: Javier Bauluz, texto y fotos

¿Recuerdan la foto? Una pareja de bañistas frente al cadáver de una persona migrante subsahariana tras naufragar su patera. «Ahora ya no es solo indiferencia, ahora también es odio», resume el autor, el fotoperiodista Javier Bauluz.

El 2 de septiembre de 2020 se cumplen 20 años de las fotografías que hice en la Playa de los Alemanes, en Tarifa, Cádiz. “Camino hacia el cadáver con una idea en la cabeza: desde el otro lado se podrá ver el muerto y la playa llena de gente disfrutando. Nosotros y ellos en el mismo espacio pero en dos mundos distintos. La gente continúa su vida playera, se bañan, siguen tumbados, los niños chapotean en la orilla. Solo algunos bañistas, cinco o seis, comentan en un corrillo la tragedia (…) Por desgracia, no me sorprende en absoluto. Es la misma indiferencia que he visto tantos días con la suerte de los inmigrantes. No es asunto nuestro. Son erizos o bestias de trabajo, no son ‘personas humanas’ (…) Llego a las rocas que se dibujan al final de la playa. Ante mí, el cadáver del inmigrante y una playa llena de gente, y sombrillas. La primera, la de la pareja de la primera foto” de aquella tarde en la playa.

Releo este texto que escribí entonces y me pregunto: ¿Hemos cambiado nuestra mirada sobre ‘ellos’? La respuesta es sí. Ahora ya no es solo indiferencia, ahora también es odio, inducido con patrañas e inoculado por el nuevo fascismo ascendente en millones de corazones, almas y votos ante el silencio cómplice de algunos que se autoproclaman respetuosos con los derechos humano. Son los nuevos judíos.

Llevo 25 años cubriendo migraciones en España y otros lugares del mundo. En 1994 fotografié a un millón de refugiados muriéndose de cólera delante de mi cámara, más de mil al día, en la frontera de Ruanda con el actual Congo. En 1996, leí en un periódico: “Impermeabilización de la frontera de Ceuta”. Fui a ver. España empezaba a construir las vallas de Ceuta y Melilla, financiadas por Europa. Un guardia civil decía que las saltarían pasando por encima de los cadáveres de los que morirían a pie de valla, como los conejos en Australia. Hasta ese momento nadie moría. Cruzaban la frontera con Marruecos caminando por el monte, pero con las vallas tuvieron que cruzar el mar arriesgando sus vidas. En el 2000 cientos de pateras cruzaban el Estrecho y cientos morían.

No había dispositivo de ayuda a pie de playa. Los que llegaban vivos, heridos, quemados o con hipotermia estaban tirados en playas y roquedales durante cinco o siete horas, ya bajo custodia policial. He sido testigo de cómo guardias daban el biberón a bebés hambrientos, con su propio dinero, y de cómo vecinos ayudaban  o daban refugio clandestino a los migrantes para que no fueran deportados. También he visto la indiferencia, sobre todo en instituciones y gobiernos. Pero nunca el odio y la criminalización política interesada que sufren ahora.

Informé a Médicos Sin Fronteras. Vinieron, vieron y montaron una operación de emergencia humanitaria en el sur de la UE. Con su ejemplo y testimonio lograron que las instituciones actuaran. En 2001, al cerrar los 14 kilómetros del Estrecho, pagando a Marruecos como policía malo, las personas migrantes tuvieron que cruzar el Atlántico, desde el sur de Marruecos hacia Fuerteventura, Canarias. 100 kilómetros de travesía. Después tuvieron que salir de Mauritania y Senegal al cerrar las rutas con acuerdos bilaterales, dinero y represión. Quizá miles se hundieron en esta gigantesca fosa marina.

Tampoco había asistencia humanitaria y algunos guardias les compraban bocadillos. Los encerraban durante 40 días, sin ver el sol y sin médicos, en la siniestra sala de maletas del viejo aeropuerto, de donde salían millones de turistas. También Médicos Sin Fronteras fue avisado, actuó. Entonces encarcelaron a personas no delincuentes en un campo de concentración llamado CIE. Mientras nuestros campos se llenaban de trabajadores migrantes sin derechos, nuestra economía crecía. He sido testigo de manifestaciones y encierros en iglesias en Lorca, Murcia, cuando el entonces ministro Mayor Oreja hizo la ley, vigente hoy, que obliga a deportar a los indocumentados. Recuerdo el terror esperando a que llegaran camiones para llevárselos. Hoy siguen esclavizados y en condiciones inhumanas, como jornaleros, con papeles o sin ellos, en asentamientos de chabolas que les queman cada poco, algunas a 50 metros de un centro comercial de multinacionales. Lepe, en Huelva, el Ejido, en Almería, o Lleida siguen siendo símbolos de la explotación humana. Y muchos continúan con el miedo a ser deportados.

Muchos ciudadanos votaron por un gobierno progresista pensando que tendría más respeto por los derechos humanos, pero el ministro Grande-Marlaska hace feliz a la ultraderecha patria con sus políticas represivas. Construye un muro en Melilla más alto que el de Trump, logra que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos acepte las deportaciones ilegales masivas, tiene a 1.500 personas encerradas en Melilla en el CETI durante la pandemia…

Ha reabierto la ruta a Canarias al cerrar la del Mediterráneo y prohibir a Salvamento Marítimo rescatar en parte del Mar de Alborán. Y dar 140 millones a Marruecos para reprimir. Mueren decenas y morirán cientos o miles. También prohíbe la libertad de información, impidiendo el acceso a periodistas llegar a un kilómetro del puerto canario, mientras la cuenta de Twitter de Salvamento solo informa de rescates de personas no negras o morenas. Ni los más duros ministros del PP se atrevieron a tanto.

Año 2000. Tarifa, Cádiz, España. Una pareja juega a las palas mientras guardias civiles y funerarios retiran en un ataúd el cuerpo de un hombre migrante subsahariano ahogado.
Año 2019. Salé, Marruecos. La desesperada madre de un joven desaparecido visita a la familia de Ayoub Mabrouk, su compañero de viaje en patera, cuyo cadáver pudo ser enterrado gracias al funerario español Martín Zamora, única persona en España que investiga, identifica y devuelve a sus familias a los ahogados en pateras.
Año 2019. Lepe, Huelva, España. Chabola de un asentamiento de jornaleros migrantes reconstruido tras varios incendios y cercano a un gran centro comercial con las principales marcas multinacionales.

Escuchar el “Eco de Lampedusa” en las Islas Canarias

Este domingo 15 de noviembre de 2020, la Iglesia Católica celebra en todo el mundo la IV Jornada Mundial de los pobres, que en esta ocasión tiene por lema “Tiende tu mano al pobre”, un lema que, como nos dice el Papa Francisco, es un código sagrado a seguir en la vida.  

Con motivo de esta Jornada Mundial, ante el hecho que estamos viviendo estos últimos meses, con la llegada de miles de inmigrantes a Canarias, los obispos de las dos diócesis de estas islas nos dirigimos a los fieles católicos, y a la sociedad en general, ofreciéndoles algunas reflexiones que nos ayuden a tomar conciencia de la situación de pobreza y vulnerabilidad que viven estas personas y, especialmente, a ponernos manos a la obra para que nadie se sienta marginado o despreciado, sino que todos experimenten la acogida, la atención y el respeto que como personas humanas se merecen. Apoyamos nuestra reflexión en las enseñanzas del Papa Francisco que, como es conocido, en distintas ocasiones ha manifestado su sensibilidad y preocupación por las personas emigrantes.

1. El drama de los inmigrantes

La llegada de inmigrantes a las costas canarias nos llama a todos a tener presente la “cruz de Lampedusa”, que como recordáis fue realizada por el artista italiano Franco Tuccio con trozos de madera de las embarcaciones que habían naufragado en la isla y a tener presente las palabras del Santo Padre que afirmaba: “No podemos seguir viviendo anestesiados ante el dolor ajeno. Lleven a todas partes la “cruz de Lampedusa” como símbolo, para acercar y no olvidar el drama y la realidad de los inmigrantes”.

El eco de las Palabras de Francisco nos obliga a sensibilizarnos ante la muerte de aquellos que viajaban en las barcas, por esos niños, jóvenes y adultos que han enterrado sus sueños y sus vidas en las aguas del Atlántico. Nunca sabremos cuantos miles de personas han perdido sus vidas de manera trágica y dramática entre las dos orillas en estos últimos años.

Nos unimos a las palabras del papa Francisco que con tanta fuerza profética denunció las tragedias mortales en Lampedusa y que siguen sonando como un aldabonazo en nuestras conciencias: “¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste? ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar!

Como Iglesia sentimos el profundo dolor y la impotencia de ver cómo muchos hermanos mueren frente a las costas de nuestros pueblos y ciudades sin que parezca que hayamos hecho lo suficiente para evitarlo

2. Globalización de la indiferencia

El eco de la “cruz de Lampedusa” nos llama a todos a trabajar contra la globalización de la indiferencia. Como afirma Francisco,  somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto. Poner la meta en lo provisional nos conduce a la indiferencia hacia los otros. Hay que saber mirar uno a uno a esos hombres, mujeres y niños y hacer nuestros sus sufrimientos tras haber huido de la guerra, de las persecuciones, del hambre y haber afrontado un largo y peligroso viaje por el desierto y el mar en manos, tantas veces, de traficantes de seres humanos. Los inmigrantes son personas como cualquiera de nosotros, con nombres, historias y familias.

Escuchar el “eco de Lampedusa” es rechazar todas las voces que siembran confusión. Lamentablemente, la llegada de inmigrantes es una imagen utilizada, en ocasiones, por algunas voces políticas y bulos en plataformas mediáticas para sembrar la confusión y el miedo en la ciudadanía, alertando de que es una invasión, tal vez con el fin de conseguir réditos electorales, o de promover una fobia inaceptable hacia los extranjeros.

Hay que exponer la verdad y decir que los que llegan en las pequeñas embarcaciones son sólo una pequeña parte, que no llega al 10%, del total, de la población inmigrante empadronada y residente en España.

Hay que contar un relato real y positivo de las migraciones, ya que habitualmente se silencia la aportación positiva que la inmensa mayoría de los inmigrantes hacen al país que los acoge. La contribución que aportan los inmigrantes abarca todas las dimensiones: la economía, la demografía, la cultura, y la propia vida religiosa, rejuveneciendo y revitalizando muchas parroquias y comunidades. No lo olvidemos, quienes vienen de fuera nos traen un inmenso tesoro, rejuvenecen con sangre nueva nuestra vieja Europa y nos abren al desafío de la diversidad que tiene tanto que ver con el Dios Trinidad.

Las aportaciones que hacen los inmigrantes a nuestra sociedad son notables. Además de paliar nuestro envejecimiento, como anteriormente se ha expuesto, muchas mujeres inmigrantes están siendo la voz y las manos de ternura que nuestros niños, nuestros enfermos o nuestros ancianos necesitan. Muchos jóvenes jornaleros del campo están recogiendo de nuestros campos una riqueza, que no se ve correspondida con las condiciones laborales que sufren. Y todos ellos con el testimonio de sus vidas, su valentía y su disponibilidad para afrontar peligros buscando un mundo mejor son un ejemplo de  esperanza para nuestra sociedad pesimista y ciega ante el futuro. Sí, todos ellos son fuentes de esperanza, ya que fue la esperanza la que les dio las fuerzas para afrontar tan duro viaje.

3. Llamados a ser buen samaritano

Escuchar el “eco de la cruz” es reconocer y valorar todas las vidas salvadas y rescatadas por los profesionales del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, de Salvamento Marítimo del Gobierno. Han sido auténticos ángeles de la guarda en medio de nuestros mares y sería deseable que esa humanitaria labor de socorrer y salvar vidas siga contando en nuestra frontera sur con un apoyo decidido por parte de los diferentes gobiernos. A ellos hay que añadir la magnífica labor de la Policía Nacional, de personal de la Cruz Roja y de la Comisión de Ayuda al Refugiado [CEAR]. Son esos profesionales los que, junto con los voluntarios y miembros de Cáritas y de otras organizaciones humanitarias, nos ayudan a evitar la globalización de la indiferencia, que se consigue poniendo en práctica el programa descrito -con cuatro verbos- por el Papa Francisco en la Jornada mundial del inmigrante del pasado 29 de septiembre de 2019: Acoger, proteger, promover e integrar. Estos verbos expresan la misión de la Iglesia en relación con todos los habitantes de las periferias existenciales. Estos verbos nos invitan a encarnar la parábola del buen samaritano. Él se detuvo a salvar la vida del pobre hombre golpeado por los bandidos sin preguntarle cuál era su procedencia, sus razones de viaje o si tenía sus documentos en regla. Simplemente decidió hacerse cargo y salvar su vida.

Hablar de migrantes, es hablar de un paradigma para la vida cristiana que apunta a Cristo, que es nuestro Camino, Verdad y Vida. Un migrante es hijo de Dios. Donde muchos ven un emigrante, el cristiano ve a un hermano con una vida marcada por el dolor y el sufrimiento que busca la esperanza de alcanzar una vida mejor. No podemos permanecer ajenos al dolor del hermano. El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos, pidiendo poder desembarcar. Y si todavía tuviéramos alguna duda, esta es su clara palabra: “En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).

4. Todos Hermanos

Por último, hacemos una llamada a todos a crear la cultura del encuentro, a superar la fobia al extranjero, a luchar contra las mafias y favorecer el desarrollo de los países de origen. Como afirma la Encíclica Fratelli Tutti [FT]. Se trata de problemas globales que requieren acciones globales, evitando una “cultura de los muros” que favorece la proliferación de mafias, alimentadas por el miedo y la soledad (FT 27-28).

No debemos olvidar que solo cuando cese la injusticia actual del comercio internacional, cuando cesen las guerras inducidas en países con riquezas mineras, cuando los dictadores que expolian a su pueblo dejen de contar con la complacencia de gobiernos y empresas multinacionales, cuando cese el comercio de armas, la inmigración de ciertas zonas del mundo se podrá regular. Cuando se acabe con la injusticia actual la migración se moderará.

Hay que evitar migraciones no necesarias creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Como sabemos, también existe el derecho a no emigrar, y muchos de estos hermanos nuestros no iniciarían un viaje tan incierto si en sus pueblos y países se vivieran situaciones más justas

A los gobernantes europeos y al gobierno español hay que decirle que no se pueden crear guetos insulares para evadir el problema migratorio. Como afirma Francisco, en los países de destino, el equilibrio adecuado será aquel entre la protección de los derechos de los ciudadanos y la garantía de acogida y asistencia a los migrantes. Concretamente, el Papa señala algunas “respuestas indispensables” especialmente para quienes huyen de las “graves crisis humanitarias”: aumentar y simplificar la concesión de visados; abrir corredores humanitarios; garantizar la vivienda, la seguridad y los servicios esenciales; ofrecer oportunidades de trabajo y formación; fomentar la reunificación familiar; proteger a los menores; garantizar la libertad religiosa y promover la inclusión social (FT 38-40)

El Papa también invita a establecer el concepto de “ciudadanía plena” y la necesidad de una gobernanza mundial, una colaboración internacional para las migraciones que ponga en marcha proyectos a largo plazo, que vayan más allá de las emergencias individuales, en nombre de un desarrollo solidario de todos los pueblos basado en el principio de gratuidad. De esta manera, los países pueden pensar como “una familia humana”. Una cultura sana es una cultura acogedora que sabe abrirse al otro, sin renunciar a sí misma, ofreciéndole algo auténtico. Como en un poliedro – una imagen apreciada por el Pontífice – el conjunto es más que las partes individuales, pero cada una de ellas es respetada en su valor (FT 132-146)

Nos encomendamos a la Virgen María, a la que todos veneramos con gran devoción -con distintas advocaciones- en cada una de nuestras islas.  A ella le confiamos las esperanzas de todos los emigrantes y refugiados y le pedimos por todas las comunidades parroquiales y colectivos sociales que los acogen para que les ayude a ser buenos samaritanos para vivir el mandamiento del amor al otro, al extranjero, como a nosotros mismos. Que Dios derrame su amor en nuestros corazones para que lo hagamos realidad.

† José Mazuelos Pérez, obispo Canariense

† Bernardo Álvarez Afonso, Obispo Nivariense.

Bebés separados de sus madres y otros dolores que no duelen

María del Val

Separar al hijo de la madre nada más pisar tierra después de un viaje en patera resulta cruel e inhumano. Como crueles e inhumanas son las políticas que aplastan la dignidad de las migrantes en origen, tránsito y destino. Es muy común en el tratamiento de las noticias sobre migrantes olvidarnos del contexto en que se producen. Los olvidos pueden ser más o menos involuntarios o más o menos condicionados por intereses económicos, políticos o ideológicos.

 

Nos olvidamos que los movimientos migratorios se producen en una economía que mata y que explota: que les roba los recursos en origen y por tanto el trabajo. Que les humilla en el viaje con deudas impagables y que las esclavizan de por vida y tránsitos al borde de la muerte. Y finalmente una vez que cruzan fronteras (las mafias aprovechan que las madres con hijos no pueden ser deportadas) les mantenemos en la ilegalidad para ser explotados en la agricultura o en el servicio doméstico cuando no esclavizadas en la prostitución.

El blindaje de fronteras que nunca es absoluto, (porque hay que dejar pasar ese necesario flujo de mano de obra barata, o carne humana para la prostitución) provoca rutas cada vez más lejanas y peligrosas. Se calcula que el 30% de la mujeres que llegan embarazadas o con sus bebes han sido violadas por las propias mafias para traficar con el bebé o para extorsionar a la madre. Otras han sido violadas por las propias fuerzas de seguridad de nuestros países cipayos, a quienes pagamos para que nos vigilen las fronteras. Algunas han perdido a sus bebés en el desierto. Estas mujeres sufren violencia sistemática y continua durante el trayecto. Pueden permanecer meses e incluso años en el bosque a la espera de poder saltar la frontera. Sus bebés han padecido y seguirán padeciendo esos horrores, tanto o más que ellas: “Algunas veces me digo si mi hija no me va a odiar”, dice una de esas madres. Nos escandaliza que separen a las madres de sus bebés, pero nos preocupa mucho menos la vida que les espera….

A las madres que sirven en las casas o limpian los hoteles también hemos permitido que las separen de sus hijos. Una de ellas que me decía que después de 11 años no había dejado de llorar ni una sola noche la ausencia de sus hijos. Cuando al fin algunas logran reunirse con ellos, son completos desconocidos a los que se les ha desarraigado dos veces: primero de sus padres o de su madre, y luego de su tierra. Pero esas madres y esos hijos parece que nos duelen menos.

María del Val

Para saber más:

https://elpais.com/politica/2016/09/02/actualidad/1472836765_371992.html

https://www.womenslinkworldwide.org/files/1350/los-derechos-de-las-mujeres-migrantes.pdf

Combatir la pobreza, devolver la dignidad a los excluidos, cuidar la naturaleza

Estos últimos años la preocupación sobre el problema del medio ambiente y la destrucción de nuestro planeta ha ido creciendo en nuestra sociedad. Es verdad que dentro de todo lo que se nos vende como “eco” hay una gran variedad de intereses que muchas veces responden al beneficio de unos pocos más que a una preocupación real del cuidado del planeta, llevando muchas veces a mayor perjuicio.

Han surgido múltiples iniciativas de concienciación y denuncia del tema, muchas de ellas muy mediáticas, pero sin compromiso o respuesta real. Otras muchas de estas experiencias son sencillas, desconocidas por muchos y que aportan su pequeño grano de arena.

El cuidado de la Casa Común no es nada nuevo, es algo que llevan haciendo generaciones de pueblos enteros, principalmente empobrecidos, que han vivido, se han sacrificado y han luchado y siguen luchando por cuidar y proteger las tierras, el agua, los bosques, el mar, los animales, las plantas…. por su propia supervivencia y para dejar a sus hijos y a las siguientes generaciones un mundo donde poder vivir. Muchas de estas luchas y reivindicaciones han topado con intereses económicos y políticos que no han tenido escrúpulos en actuar contra ellas. Desde el año 2002 la organización internacional Global Witness lleva realizando un seguimiento de personas que luchan por defender el medioambiente y que han sido asesinadas por ello. Han contabilizado en unos 10 años, unas 1.176 muertes violentas.  El año más sangriento fue 2015, con 185 asesinatos, la mayoría de ellos en países empobrecidos. En 2016 fue noticia el asesinato de Berta Cáceres, que durante años lideró un movimiento contrario a la construcción de la presa hidroeléctrica en su tierra, Honduras.

En el año 2015, surge con fuerza Ecología integral con la publicación de la Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco. Este término abarca todas las dimensiones de la persona (salud, economía, política, sociedad, espíritu) y remarca que el problema ecológico no es un problema de la naturaleza, sino que está relacionado con todos los problemas actuales de la persona (sociales, políticos, económicos, culturales). Ante la contaminación, el cambio climático, la destrucción de bosques, la desaparición de nuestra rica biodiversidad y donde millones de personas no disponen de vivienda, agua potable… de lo imprescindible para vivir, se produce un Humanicidio provocado por el abuso de los recursos, la sobreexplotación y el despilfarro (hambre y carestía, explotación y esclavitud en la producción…). Vivimos una situación en la que todo está montado para servir al poder económico y tecnológico de donde se saca beneficio para unos pocos excluyendo a la mayoría de la humanidad. Esto nos exige una mirada integral, pues el medio ambiente no es una parte, es un todo. Trabajar con una mirada de ecología integral, no es una moda, es una obligación, cada persona humana nos jugamos nuestra vida y la de generaciones futura en ello. Es fundamental, que el hombre tenga el protagonismo de su vida.

La Ecología Integral une lo ecológico y la justicia social como un todo indisoluble; no valen solo las soluciones técnicas, deben ser políticas, económicas y sociales. Es necesario cambiar el modelo de desarrollo basado en la explotación de una mayoría de la humanidad y la progresiva destrucción del planeta. En este momento es necesario un paso decisivo, trabajar por la justicia e igualdad para todos los pueblos, y ello supone un cambio en nuestro estilo de vida. Es necesario incorporar en todo este camino la historia, la cultura, la arquitectura…la vida de un lugar, que mantenido su identidad construye de forma solidaria el futuro. Incorporar la historia rescatando todo lo bueno que la humanidad ha ido construyendo combatiendo lo que nos destruye como personas que formamos parte de un todo, de una creación.

En este sentido los empobrecidos, los últimos, nos enseñan esa ecología integral de la gente sencilla, del ir contra el usar y tirar que veíamos en nuestras abuelas; experiencias de supervivencia con miradas de futuro entre los más machacados

Hay múltiples ejemplos de ello.  Así, nos encontramos en las favelas de Brasil, en sus tejados, huertos urbanos promovidos por la Comunidad Pequeños Profetas que llevan 40 años luchando contra a miseria y la violencia allí. O cuando la tecnología se pone al servicio de un desarrollo más humano y sostenible como la máquina que transforma bolsas de plástico en aceite para combustible o una lámpara que funciona con dos cucharadas de sal y un vaso de agua, que permite dotar de luz durante ocho horas, creada por unos hermanos filipinos; o con agricultores que conociendo el medio en el que viven, cultivan tomates sin agua ni pesticidas. Surgen también iniciativas como la de Tailandia, de echar desde el cielo semillas de árboles locales con una mezcla de arcilla, tierra y composta, para que germinen en el suelo, estimándose que se pueden plantar hasta casi un millón de árboles al día, experiencia parecida que también se ha hecho en un pueblo de Málaga.

Miles de acciones grandes y pequeñas, personales y sociales, solidarias, que no se podrían recoger en un solo artículo, pero que son ejemplo de hacia dónde queremos caminar. “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (139 Laudato si). Todos somos responsables, personal y colectivamente de desarrollar nuestra capacidad en solidaridad con toda la humanidad y con nuestras próximas generaciones. Hay sitio para cada uno de nosotros en esta urgente aventura que juntos podemos caminar.

Fdo. María Magdalena

Foto separación de un hijo de su madre migrante en EEUU

Canarias como Trump: Separar hijos de sus madres en la frontera.

Los protocolos y guías de actuación para detectar, prevenir y sancionar la trata de seres humanos son herramientas creadas con el fin primero de mejorar la asistencia a las personas que se sospecha son víctimas de trata, no para castigarlas. La Fiscalía Provincial de Canarias les ha retirado los niños a varias mujeres inmigrantes llegadas en las últimas semanas a las islas. En algunos casos la separación se prolonga ya cerca de dos meses.

Esta medida, tan similar a la que ha utilizado Trump en E.E.U.U., y que provocó espanto entre todos los españoles, no es nueva en nuestro país, España ha sido condenada en 4 ocasiones por estas prácticas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La separación se mantiene a la espera de la realización de pruebas de ADN que deben demostrar el vínculo familiar cuando no hay documentación que lo acredite.

Toda medida preventiva del delito de trata es bienvenida. Sin embargo, en muchos de los casos, haya trata o no, estamos hablando de niños y niñas que pueden haber sido producto de una violación, desafortunadamente una forma de violencia que habitualmente sufren las mujeres durante el tránsito por los distintos países que atraviesan antes de llegar a España. Es decir, cuando todos los recursos del país al que llegan las mujeres migrantes deberían estar centrados en escuchar su relato, el cual debería ser recogido por las asociaciones humanitarias que intervienen para prestarles el debido apoyo psicológico y entorno de seguridad que necesitan, y cuando se deberían tener en cuenta las recomendaciones de estas organizaciones especializadas, lo que hace la fiscalía es violar una vez más los derechos de estas mujeres y del menor.

El amparo de las leyes

Hay innumerables convenios y acuerdos internacionales que así lo indican, pero sin meternos en un tema jurídico y citando solamente el art. 9 de la Convención sobre los derechos del niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, ratificada por España y vigente en nuestro país «los Estados parte velarán porque el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos, excepto cuando (…) tal separación es necesaria en el interés superior de niño» y ‘éstos’ (traducción del inglés de ‘their’) se refiere tanto a los niños como a los padres y/o madres.

En cuanto a las excepciones se refiere principalmente a abandono o malos tratos. Se justificará esta medida solamente ante supuestos de gravedad contrastada, en los que no quepa solución alternativa. ¿Realmente no hay forma de proteger los intereses de estos niñas y niñas, respetando los derechos de las mujeres que dicen ser sus madres, y ofrecerles un lugar seguro donde puedan estar juntos hasta que se tengan los resultados de los ADN? ¿O será que son negras y pobres y la Fiscalía de Canarias decide hacer y seguir protocolos de actuación exclusivos para las migradas negras y pobres que llegan a este país porque no merecen ni siquiera ser escuchadas?

La Fiscalía se justifica

La fiscalía de Las Palmas justifica la separación de estos niños de sus madres debido a la constatación de desapariciones de menores junto a las que decían ser sus madres, que se producían antes de recibir el resultado de las pruebas de ADN, que, según la fiscalía, demostraban después que no existía vínculo biológico entre ellos. Esto lo único que prueba es la negligencia de los organismos oficiales y la falta de medios empleados para evitar que esto ocurra, ya que todos los agentes intervinientes en casos de trata saben que la mujer y niños sospechosos de ser víctimas pueden desaparecer. Es decir, no se les han perdido solamente los niños, han perdido de vista también a la mujer tratada.

La solución de la fiscalía, en vez de asumir sus fallos y ponerles remedio donde se originan, pasa por tomar medidas inhumanas que tienen un efecto devastador y traumático para estas mujeres y niños ya previamente traumatizados por el proceso migratorio y la violencia que es siempre parte de él. En definitiva, lo que estas mujeres están diciendo y el llanto de los niños demuestran que, sean o no sus hijos, ellas son la persona con la que han desarrollado un vínculo afectivo durante al menos parte del trayecto a España en condiciones de extrema violencia y vulnerabilidad. No parece ni humano, ni sensato, ni jurídicamente necesario seguir un protocolo de actuación tortuoso y traumático para las personas que se supone dicen querer proteger.

Corina Fuks

FOTO: JOHN MOORE – AFP

Hablamos de alimentación, no de residuos

Jose Santos

El pasado 2 de junio, el gobierno español presentó el Marco de Economía Circular, en el que se incluía un anteproyecto para la ley de residuos.

Seguramente es, en efecto, un buen instrumento para reducir la generación de residuos, mejorando así la eficiencia en el uso de recursos y disminuyendo el impacto medioambiental. Este borrador de proyecto de ley se mezclan todo tipo de recursos en un mismo saco: construcción, electrónica, textil, plástico,… Pero, si nos centramos en el tema de la alimentación, el enfoque que se da al residuo alimentario se presenta simplemente como un residuo a «gestionar» (traducido a lenguaje normal diríamos eliminar) y no como un recurso valioso que cuidar y aprovechar. Esto hace que se debilite la priorización en la prevención y en la concreción de una jerarquía de aprovechamiento que sea mucho más adecuada a las características de los alimentos.

El problema del despilfarro alimentario es especial, pues afecta a toda la sociedad en tanto que consumidora de alimentos y a toda la cadena desde la producción al consumo. Afecta también a la economía y al medio ambiente y genera problemas en otros países. Por poner un ejemplo, la pérdida de alimentos (1/3 de los producidos según la FAO) hace que haya que buscar tierras y recursos en otros países, aunque eso suponga generar hambre, pobreza, guerras o migraciones.

Por eso es necesario realizar un enfoque mucho más amplio del problema, no sólo para evitar las consecuencias del despilfarro alimentario, sino que se ataque el problema desde las causas, también desde una legislación específica sobre el despilfarro alimentario. En este sentido se sitúa la Ley 3/2020 de 11 de marzo de prevención de las pérdidas y el despilfarro de alimentos, aprobada el pasado mes de marzo por el Parlamento de Cataluña.

Se trata de una norma pionera y bien planteada, que analiza las causas y consecuencias y actúa en consecuencia, implicando a toda la cadena alimentaria y con un régimen sancionador acorde a la gravedad del problema. En este sentido encontramos legislaciones similares en Francia o Italia (la primera incluso plantea penas de cárcel).

En España necesitamos que se genere una ley similar, que ponga las bases para evitar que ¡8 millones de toneladas de alimentos acaben en la basura cada año! Esta Ley debe ser previa a la Ley de residuos, que sólo se aplicaría, como último recurso, a los alimentos que realmente sean imposibles de aprovechar en la cadena alimentaria. Evidentemente tendrá conexión con otras normas como la economía circular, el cambio climático, la ley de la cadena alimentaria, las donaciones de alimentos, la política agrícola común europea (PAC),…

Para que los objetivos sean tan realistas como ambiciosos, es necesario realizar un estudio de la situación de partida actual y un esfuerzo de concienciación de los consumidores, al mismo tiempo que se incorporen medidas e incentivos que permitan alcanzar esos objetivos: beneficios fiscales, tasas disuasorias, obligatoriedad de incorporar este tema en la responsabilidad social corporativa, incluir cláusulas específicas en la compra pública, penalizar normas estéticas y promociones comerciales 3×2… y fomentar productos de cercanía, frescos, de temporada y no hiperprocesados.

Evelyn

El título de la película es Evelyn, no es ni puede ser Jazmín; a las cosas hay que llamarlas por su nombre y a las personas también. Mucho más, si cabe. Las palabras importan y configuran la forma que tenemos de ver las cosas. Si queremos hablar de trabajadoras de la industria del sexo y de clientes, quizá la película tendría que llevar el título de Jazmín. Pero la protagonista se niega a someterse a esta manipulación: es una esclava sexual con la que comercian proxenetas; por eso exige seguir siendo lo que es, llamándose por su nombre: Evelyn, una muchacha engañada, encerrada, desprotegida, violada, maltratada, comerciada.

Sorprende ver en las bases de datos del ministerio de cultura que esta película, dirigida por Isabel de Ocampo en 2011, tuvo 2.451 espectadores. Seguramente eso sea reflejo de lo que queremos ver y de lo que no queremos ver en nuestra sociedad. Nos gustan las historias que nos alejan de la realidad, que nos dibujan un mundo más o menos feliz, pero en general, bastante irreal. No queremos ver a los esclavos que están a nuestro lado; sólo existen en cuanto a lo que nos proporcionan de beneficio personal y colectivo, por lo que nos otorgan de comodidad, placer o ahorro.

Un relato bien trazado de lo que es una realidad habitual para millones de personas, concretado en esta película como un auténtico descenso a los infiernos del tráfico humano, visto desde los ojos de una joven peruana, aunque la propia directora reconoce que la realidad es mucho más dura que la ficción y la casuística tan variada como los casos, cada historia es un mundo: desde el engaño de la promesa de un trabajo a la violencia del vudú, desde las amenazas a la familia a las drogas como arma para anular a las personas.

Pero no sólo aparecen las historias de las “chicas”, también se nos deja entrever de alguna manera el mundo del que proceden: su familia, sus ilusiones. Quizá eso falte un poco también del otro lado, del de los explotadores: ¿qué lleva a un proxeneta a esclavizar a una persona? ¿qué lleva a una persona a consumir a otra? ¿qué hace que muchas personas nos desentendamos de estos problemas, mirando hacia otro lado, encubriéndolo o incluso disculpándolo? Estas preguntas sí que están planteadas, con luces y sombras, en esta historia: desde la esperanza que se ilumina gracias a una llamada por teléfono de la mujer de un “cliente” hasta la temerosa ayuda que ofrece la cocinera del prostíbulo. Pero también con la impotencia que supone ver la complicidad de algunos policías o una deuda que aumenta día a día a través de alquiler, manutención, compras obligadas o multas por cualquier cosa que se salga de las imposiciones de una vida esclavizada.

La sensación durante casi todo el metraje es la que refleja la protagonista, un “esto no puede estar pasando a mí”, “estoy soñando, esto es una pesadilla”. Las pesadillas cobran cuerpo en las víctimas de esta cultura del descarte. No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad.

La historia de las migraciones es la historia de la humanidad

Rodrigo Lastra.

La migración es un hecho constante en la historia. Podemos afirmar cómo lo hizo recientemente uno de los abogados más internacionales de nuestro país que «la historia de la humanidad es la historia de las migraciones». ¿Cuántos de los que leéis estas líneas vivís en el mismo pueblo o ciudad en la que nacieron vuestros padres? ¿Y en la que nacieron vuestros abuelos? La movilidad geográfica es una de las características definitorias de la raza humana. Ninguna otra especie ha llegado tan lejos en la colonización de tantos y tan diversos ambientes. Los movimientos migratorios, por muy diversos motivos son una constante histórica que se repite en todas las épocas y civilizaciones. ¿Eso quiere decir que las personas están hechas para migrar, para moverse y que está condenado a no tener raíces, o por el contrario lo propio del ser humano es echar raigambre y las migraciones son siempre consecuencia no deseadas causadas por males mayores? El ser humano no está hecho para migrar ni para no migrar. El hombre y la mujer están hechos para la LIBERTAD. Y es precisamente la búsqueda de esa libertad (llámese mejores condiciones de vida o simplemente condiciones dignas de vida, llámese huida de persecuciones políticas o religiosas) o la ausencia de la misma libertad (llámese esclavitud, movimientos migratorios alentados por grandes intereses económicos…) la que ha generado a lo largo de los siglos los grandes movimientos humanos a lo largo y ancho del planeta.

 

  1. LA HISTORIA LAS MIGRACIONES… ES TAMBIÉN HISTORIA QUÉ HACEN LOS POBRES

Hoy los nuevos desarrollos científicos en el campo de la genética están también revolucionando el estudio de la historia. Todos nosotros cargamos en nuestros genes de cada una de nuestras células con muescas imborrables de nuestros ancestros, cuyo estudio, aplicado al conocimiento histórico, está aportando valiosísima información sobre de donde provenimos. Está permitiendo entre otras cosas conocer mejor los grandes movimientos de ser humano a lo largo de la historia. No deja de producir cierto vértigo pensar que en apenas unos centenares de generaciones todos nacemos de los mismos grupos reducidos de homo sapiens. Estos avances científicos aplicados al conocimiento histórico y pre-histórico, confirman que el dinamismo creador asociado a los movimientos migratorio ha sido determinante en la configuración de nuestra historia, es determinante para entender lo que hoy somos, y será determinante para entender lo que seremos.

Un ejemplo histórico reciente y paradigmático de ese dinamismo creador que imprimen la fuerza de la inmigración, mayoritariamente a través de la población más pobre, son los EEUU. El país más rico, el más poderoso de los últimos 150 años, lo es en gran parte por la inmigración. Una nación de inmigrantes. Es así como se define a sí mismo Estados Unidos. Nueva York, la capital del mundo, es un museo viviente de la inmigración. Viviendo allí descubrí al menos 5 monumentos a los inmigrantes (judíos, italianos, eslavos, africanos, irlandeses…). Uno de los lugares que más impresiona de Nueva York es el museo de Ellis Island, a la sombra de la estatua de la Libertad. De 1892 a 1954, el edificio funcionaba como centro de selección a la llegada de barcos europeos cargados de familias en busca de una vida mejor. Ahí fue donde 12 millones de personas pisaron por primera vez suelo estadounidense. Fue ahí donde se forjó la potencia que es hoy EEUU. Se estima que el 40% de los estadounidenses tiene, por lo menos, un ascendiente que pasó por Ellis Island.

Este años 2020 Estados Unidos celebrará el 400 aniversario de la llegada de los primeros colonos anglosajones, venidos a dar valor al territorio de Virginia, otorgado por el rey de Inglaterra. En 1620 los peregrinos del Mayflower, migrantes que huían, desembarcaron en Nueva Inglaterra, abriendo el camino a la llegada de miles de persona que huían de las persecuciones religiosas del rey anglicano Jacobo I de Inglaterra. En la colonización de América siempre ha existido una dicotomía entre los inmigrantes económicos y los que llegaron para disfrutar de una libertad política sin precedentes que se consolidó con la Constitución de 1787. Por uno u otros motivos, América representó una especia de tierra nueva y cielos nuevos, en la que todo parecía posible, en la que no se llegaba tarde frente a la enfrentada cansada Europa. Así, en la costa atlántica todavía perviven esas ciudades que fundaron con nombres que representaban esos anhelos: Freeland, New Hope, New Armony, Philadelphia… Todo era nuevo; New Hampshire, New England, New Jersey, New York, New… Pero no pasaron ni 20 años de la llegada de los primeros colonos, para que también desembarcaran los primeros esclavos. Cuando se hizo el primer censo tras la independencia en 1776, en Estados Unidos había sólo 4 millones de habitantes. Y 700 000 eran esclavos. Y luego vendría el exterminio de los pueblos nativos con la expansión hacia el Pacífico, y las restricciones de todo tipo, y las persecuciones, y el ignominioso racismo… Poco duraron las tierras nuevas y los cielos nuevos. Pero así es como, con todo ese crisol de idas y venidas, de tolerancia y persecución, de amor y odio, se forjó la nación más dinámica de los dos últimos siglos.

Y así, a poco que miremos a lo que nos rodea, descubriremos ese dinamismo creador en la historia. ¿Qué sería por ejemplo de nuestra arquitectura sin los movimientos migratorios? ¿El románico, el gótico… y así sucesivamente los diversos estilos constructivos que se van solapando y perfeccionando, fueron idea de un mecenas, de un potentado…? ¿o fueron posibles en toda Europa por el ir y venir de millones de pequeños artesanos, peregrinos, migrantes todos, que iban y venían aportando, quitando, añadiendo y todo junto creando una riquísima cultura? ¿Y que decir de nuestra lengua, patrimonio común y que con su riquísima variedad no permite una expresión y comunicación interpersonal maravillosa? ¿Es fruto a lo largo de los siglos de paneles de expertos que van acordando los usos correctos y expresiones adecuadas, o es fruto de la confluencia acrisolada de miles de millones de realidades cotidianas que nacen de la interacción y la influencia mutua de decenas de pueblos, culturas y civilizaciones a lo largo de los siglos fruto de los movimientos, también migratorios, de millones de personas? Pensemos en el idioma español. Hay palabras de los pueblos celtiberos, indoeuropeos, fenicio, latinas, griegas, musulmanas… y más recientemente francesas y anglosajonas. ¿Y las matemáticas, y el conocimiento científico-técnico? Los romanos con todo su ingenio constructivo y su desarrollo de la ingeniería, desconocían el cero, así como los números negativos, conceptos ambos, sin los cuales es imposible el desarrollo del cálculo y el algebra. ¿Se hubiera llegado a la luna sin que los pueblos arabigo-semitas hubieran aportado al desarrollo científico de base greco-latina conceptos como el cero o los números arábigos, todo ello como fusión colectiva y diluida fruto del encuentro mantenido a lo largo de años por miles de personas que fueron de aquí para allá? Pensemos en cualquier otro elemento del conocimiento científico-técnico. ¿Y nuestra gastronomía? ¿Y el arte, la literatura, la música…? ¿y los movimientos sociales, y el devenir y desarrollos de las ideologías y los movimientos revolucionarios…? Impensables sin esa historia de las migraciones, que no deja de ser la misma historia de la humanidad

La historia la han escrito los que ganan, pero la han hecho los que pierden. También en la historia de las migraciones. La abrumadora mayoría de todos los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han abandonado su lugar de origen para establecerse en otras tierras, voluntaria o forzosamente, no han sido precisamente los potentados, ricos y poderosos. Y sin embargo, conocemos los menores detalles de la vida de un rey, de un presidente o de un parlamento; nos han conservado todos los discursos, buenos y malos, pronunciados en esos mentideros, Las visitas de los poderosos, su buen o mal humor, sus intrigas y hasta su vida doméstica. Todo eso se ha guardado con sumo cuidado para la posteridad. Pero nos cuesta las mayores fatigas del mundo imaginar la vida y al lucha de los esclavos, inmigrantes casi siempre, nos cuesta horrores reconstruir la vida de los que levantaron toda la grandeza de la antigüedad, la vida de una ciudad de la Edad Media, conocer el mecanismo de ese inmenso movimiento de personas y el comercio de cambio que se realizaba entre las ciudades libres y que globalizó el mundo, Muchas veces ni siquiera advertimos la prodigiosa tarea que lleva a cabo diariamente la agrupación espontánea de hombres y mujeres, y que constituye la obra capital de la humanidad.

Pensemos solamente en que si Alba Eddison si no hubiera encontrado unos vidrieros capaces de crear la ampolla adecuada capaza de albergar el fino metal incandescente que originó la luz eléctrica. Vidrio, cuyo desarrollo y técnica por otra parte, llego a occidente proveniente de las culturas orientales. Podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que permitieron revolucionar la industria moderna. Y así, pensemos, se podría relatar cada partícula conocida.

 

  1. BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LAS MIGRACIONES

De la selva a la sabana, de las grandes glaciaciones a los primeros imperios

El Homo sapiens, se dispersó desde su cuna africana hace unos 100.000 años hacia todos los continentes en busca de nuevos territorios que explotar, movido inicialmente, por el crecimiento demográfico del grupo de origen, o por una disminución de los recursos alimentarios. Las distancias que se recorrieron en estos desplazamientos no fueron necesariamente largas. Un desplazamiento medio de trescientos metros al año es suficiente para explicar la existencia de antecesores nuestros por toda las Tierra durante la prehistoria, ocupando desde las selvas tropicales, los desiertos y la Europa de las glaciaciones. Hace 15.000 años ya estaba todo el planeta ocupado por hombres y mujeres iguales a nosotros, siendo el continente americano el último en colonizarse.

Con el neolítico la migración y la sedentarización se dieron paralelas. Con inmensos espacios sin ocupar, los movimientos de población se debieron más a motivaciones agrarias que a una voluntad de conquista. Así sucedió con los celtas (gálatas en griego) en la Europa occidental, venidos del este entre los siglos XII y II a. C. y que poblaron de manera más sedentaria y organizada el suelo europeo.

En el nacimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad se narran migraciones antes de la formación del pueblo al cual se pertenece. Así, la historia de los aztecas se inicia con la emigración de Aztlán hacia Tenochtitlán, ciudad que fundan. La Hélade griega se forma dispersándose por todo el Mediterráneo. La propia fundación de Roma aglutinando a pastores venidos de otros lugares. Y según la mitología, fundada por troyanos que se refugiaron en las 7 colinas huyendo de la guerra con los griegos, como nos cuenta Virgilio. Las invasiones centroeuropeas para fundar los reinos francos, visigodos, ostrogodos, suevo… La expansión del islam desde la península arábiga… y así hasta la última gran potencia como hemos visto en los EEUU. Las cualidades de un pueblo y hasta su marco teológico proceden de la experiencia del evento migratorio. En todas las grandes civilizaciones hay una historia de inmigración en sus orígenes. Unas veces real, otras mítica. Y los movimientos de personas se dan en el mundo antiguo, de forma voluntaria u obligada, a lomos de comerciantes, soldados y esclavos, siendo este por ejemplo el origen de muchas de las ciudades de la Antigüedad.

 

– Migraciones políticas, económicas y religiosas

Pero con la consolidación de los Estados modernos, el poder político comprendió todo el beneficio que podía extraer de la introducción en su territorio de poblaciones extranjeras para lograr diferentes objetivos que sobrepasasen la simple valorización económica de un territorio. El poder, cada vez mejor organizado, comenzó a usar la movilización masiva de poblaciones con motivación política. Los Estados imperialistas siempre han considerado el envío de nacionales fuera del país como uno de los medios para afirmar sus intenciones expansionistas y consolidar sus conquistas, continentales y ultramarinas, desplazando y exterminando incluso a las poblaciones nativas. Tal fue el caso de las potencias europeas embarcadas en las aventuras coloniales: envío de colonos rusos por los zares a Asia central y a Siberia, o de franceses a Canadá a través de la Compañía de Nueva Francia fundada por el cardenal Richelieu, o los ingleses a Australia. Algo parecido paso con la primera emigración de españoles a la América Hispana. En los siglos XVI y XVII la inmigración de españoles a las nuevas tierras estuvo muy regulada por el consejo de Indias, pues el nuevo continente era concebido como un bien que había que preservar, no sólo económicamente sino también moralmente y por ello se impedía el viaje a extranjeros, judíos, moriscos, gitanos, acusados de herejía… A la vez que se empezó la increíble labor evangelizadora de Iberoamérica, en la que no había barco que fuera para allá que no llevara entre su tripulación un puñado de frailes y sacerdotes.

Ese encuentro de cinco siglos, muchas veces doloroso, interesado, caótico, otras veces noble y desinteresado, alumbrará uno de los hechos históricos más novedosos y prácticamente sin paragón a esa escala en la Historia de la humanidad: El mestizaje, siendo Iberoamérica el continente más mestizo, y por otra parte con más población indígena. Los españoles y portugueses no dudaban en casarse con las indias, en las que veían seres humanos iguales a ellos. En el Oeste norteamericano hubo genocidio de indios y por eso en EEUU hoy no hay mestizaje. En Australia los ingleses se llevaban las prostitutas para no mezclarse con la población nativa. El mestizaje, con sus luces y sus sombras, es una de esas primicias de la fraternidad universal que la migración ha propiciado

La búsqueda de mano de obra esclava para las plantaciones de las posesiones coloniales en América fue el fundamento económico de la «trata de negros». Los comerciantes y los armadores de Lisboa, Burdeos, Nantes y Liverpool llevaron a cabo esta deportación masiva, beneficiándose al máximo de tal infame tráfico entre África, América y Europa. Estas migraciones a la fuerza, desplazaron a más de once millones de personas. La travesía del Atlántico a bordo de estos navíos negreros, en condiciones espantosas, pertenece a la barbarie. Las consecuencias humanas de estas deportaciones fueron inmensas, tanto en África, como en América. Por desgracia hoy sigue vigente este tipo de inmigración de mano de obra esclava.

A lo largo de la historia, conflictos de toda índole han provocado otros tipos de migraciones forzosas: éxodos, expulsiones masivas, exilios. Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos de España, en 1492, los judíos sefardíes se fueron hacia Italia, el Imperio Otomano, Túnez y Marruecos. Las luchas que siguieron al seísmo religioso provocado por la Reforma entrañaron nuevas migraciones forzosas. En Francia, la matanza de San Bartolomé, en 1572, y la revocación del edicto de Nantes, en 1685, provocaron la salida de más de trescientos mil hugonotes hacia Holanda y Alemania; este éxodo continuó hasta Estados Unidos y Sudáfrica. Miles de centroeupoeos, irlandeses y británicos (ya vimos el Mayflower) huyeron de las persecuciones de luteranos y anglicanos. Este tipo de migraciones como consecuencia de guerras llegó a su culmen en el siglo XX. En total, más de cien millones de personas fueron obligadas a abandonar sus países debido a las dos guerras mundiales que afectaron a su historia.

Las ideologías totalitarias deportaron o expulsaron entre 50 y 60 millones de personas. La descolonización y las guerras territoriales provocadas desplazaron a más de 100 millones de personas. Con el final de la dominación inglesa sobre el subcontinente indio, la separación de la India de Pakistán provocó la salida precipitada de diecisiete millones de personas de su región de origen; más tarde, la secesión de Pakistán oriental, germen de Bangladesh, determinó, a su vez, el éxodo de entre seis y ocho millones de personas, de los que una parte se refugió en la India.

 

– España

En el caso de España, si quitamos los ires y venires de pueblos en la antigüedad y los movimientos migratorios repobladores de la meseta central entre los siglos IX y XIV, los últimos 500 años han sido predominantemente de emigración, destacando diferentes etapas. Una primera etapa, larga y muy regulada hacia el nuevo mundo entre los siglos XVI y XVIII

Una segunda gran oleada de inmigración a Iberoamérica en la segunda mitad del siglo XIX y primeros 20 años del siglo XX. Y dos grandes movimientos migratorios en el siglo XX:

-Uno de carácter político, el exilio de cientos de miles de derrotados de la guerra civil

-Otro de carácter económico en la década de los 60 predominantemente a Centroeuropa y al norte de África, muy regulado y generalmente con fecha de vuelta. Por tanto, podemos decir que, en los últimos 500 años, España (al igual que Europa en general) ha sido un país de inmigrantes. Desde hace unas décadas esta tendencia histórica se ha invertido. ¿las consecuencias? Están por ver. De momento lo que destaca el maltrato al inmigrante, pareciendo que hemos perdido nuestra memoria histórica

 

  1. PRIMICIAS DE LAS MIGRACIONES: INTERNACIONALISMO Y FRATERNIDAD

Con el surgimiento del Movimiento Obrero en la Europa decimonónica, va surgir un nuevo tipo de inmigración fruto de la persecución a la militancia obrera más comprometida. Miles de militantes obreros emigraron a Norteamérica (centro y noreuropeos) y a Iberoamérica (fundamentalmente españoles e italianos). Esta emigración de tipo político, aunque fue minoritaria en términos cuantitativos, en términos cualitativos tuvo una gran repercusión en cuanto que estos emigrantes ejercieron una importante influencia en los movimientos sociales americanos. Así, por ejemplo, la constitución del primero de mayo como día internacional del trabajo se la debemos a inmigrantes alemanes y británicos en los EEUU. La relación entre el movimiento obrero español y el iberoamericano fue una realidad histórica de transcendencia. Cada represión de militantes obreros en España suponía en el mejor de los casos la emigración a otros países. A Iberoamérica llegará un número considerable de refugiados, sobre todo libertarios. La emigración de estos militantes obreros no se efectúa de acuerdo a los patrones usuales que se dieran en los movimientos migratorios de la época. Son personas que antes de salir de España habían adquirido un compromiso político con la sociedad y el movimiento obrero y era muy difícil que accedieran a la emigración por vías regulares. Por eso lo hacían con mucha frecuencia a través de la clandestinidad. Estos obreros eran perseguidos y reprimidos por causas de sus ideas y actuaciones asociativas internacionalistas y cuando emigran no viajan solos, llevan consigo sus ideas, cultura, esperanzas, a las que difícilmente van a renunciar y menos aún si pertenecen a la clase obrera. Difundirán su Ideal por toda América

El anarcosindicalismo se va a convertir en la corriente más importante del naciente movimiento obrero iberoamericano. Distintos países iberoamericanos, como Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil. Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela, Colombia… conformar su movimiento obrero por la participación activa de inmigrantes españoles, portadores muchas veces de experiencias laborales que organizan e intentaban reproducir o adecuar a la realidad de esos países. Las Sociedades Mutualistas. de Socorro Mutuo, entidades artesanales y sociedades de oficio, corresponden a la etapa incipiente de organización del proletariado iberoamericano, cuando aún no poseían una definida conciencia de clase. Muchas de ellas surgen bajo la iniciativa de emigrantes europeos, y será el primer paso para que el movimiento obrero comience a organizarse en las llamadas Sociedades de Resistencia.

El movimiento obrero europeo había descubierto el Internacionalismo, que pronto querrán ampliarlo por toda América, Asia, África y Oceanía. De ahí que la ayuda y solidaridad internacional, por encima de fronteras, será una constante. He aquí otra de las primicias, fruto en gran medida de las migraciones, y que una vez más fueron los pobres los que lo pusieron en la mesa de la Historia: El internacionalismo fraterno.

Hoy, uno de los retos que más están haciendo zozobrar a Europa (dejando aparte la situación coyuntural de la pandemia Covid) es el asunto de los inmigrantes y refugiados, aprovechado por aquellos nacionalismo micros y macros, que pretenden una vuelta a una Europa de fronteras… y a la larga de guerra. Es verdad que la inmigración ha supuesto en la historia y supone hoy motivo de grandes desgarros, de inmensos sufrimientos injustos pagados muchísimas veces a precio de la vida. Pero no es menos cierto que las migraciones han supuesto y deben suponer ocasiones privilegiadas para el avance de la FRATERNIDAD UNIVERSAL. La inmigración como primicia de la fraternidad. La modernidad abrió las puertas a un mundo que cada vez camina con mayor velocidad hacia un proceso creciente de globalidad. los viejos anhelos de ciudadanía del mundo y fraternidad universal, sinónimos antaño de soñadores, son técnicamente una realidad cada vez más accesible. ¿Apostamos por ello?

Qué significa ser hermanos

Fuente: https://curasvilleros.wordpress.com

Homilía de Mons. Juan Carlos Romanín en la 13ª Misa contra la trata, “Por una sociedad sin esclavos ni excluidos”, realizada el 23 de septiembre en la parroquia Corazón de María.

Hace ya 13 años que nos convocamos para celebrar la Misa en solidaridad con las víctimas de la trata de personas, con los trabajadores cartoneros, con las  mujeres en situación de prostitución, con las víctimas de trata y tráfico, laboral y sexual, migrantes e itinerantes, personas en situación de adicciones. Rezamos y luchamos por una sociedad sin esclavos ni excluidos, en la que se reconozca y se respete la dignidad y la libertad de todos y cada uno.

Lamentablemente, el vergonzoso e intolerable crimen de la trata de personas daña seriamente la vida de muchísima gente. Este tiempo de aislamiento por la pandemia, agudiza este delito y lo hace más visible e insostenible en tantos rostros de hermanos que cada día vemos sufrir y padecer al lado nuestro.

Estos rostros de excluidos son muchos y dolorosos. Hay miles de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones de verdadera y penosa esclavitud.

Trabajadores y trabajadoras oprimidos de manera formal o informal en muchos sectores, donde no se cumple con las mínimas normas laborales de justicia, de respeto, de equidad y de caridad. Chicos y chicas que son explotados. Cartoneros y cartoneras que siguen reclamando el justo reconocimiento de su trabajo como servidores públicos con todo lo que esto conlleva. En Villa Itatí, por ejemplo, donde ahora estoy viviendo, se aprecia el aporte social y ecológico que ellos hacen en la reutilización de los residuos sólidos y en la reducción en el enterramiento de la basura.

Pienso en los migrantes que se ven obligados a vivir en la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos, económicos, y en aquellos más vulnerables que, con el fin de poder ganarse un pedazo de pan, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles. Esto también se llama «trabajo esclavo».

Pienso en las personas en situación de prostitución, entre las que hay muchos niños, niñas y adolescentes, y en los esclavos y esclavas sexuales, en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio, como lo pude constatar yo mismo en una ciudad de nuestra Patagonia.

Es alarmante el número de femicidios y de violencia de género que acumula cifras escandalosas y que, todavía, creo que no hemos alzado suficientemente la voz de denuncia y de pedido de justicia.

No puedo dejar de pensar en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o la venta de drogas o el consumo indiscriminado del alcohol. Dios me regaló la oportunidad de vivir desde hace unos años, como les dije, en Villa Itatí, donde está el Hogar de Cristo “Jorge Novak”. Te conmueve escuchar las historias de tantos pibes y pibas rotos por la pandemia permanente de las adicciones. Y allí, a esta altura de mi vida, me enseñaron a “recibir la vida como viene” y “que vos sos importante” ¡y que un abrazo puede sanar heridas y salvar una vida!

En la raíz de la trata se encuentra una mentalidad de que la persona humana pueda ser tratada como un objeto, descartables y excluidos. Ya no se ven como seres humanos con la misma dignidad, como hermanos y hermanas, creados a imagen y semejanza de Dios.

Entre las causas profundas de estas esclavitudes y de la trata de personas el Papa Francisco se refiere en primer lugar “a la pobreza, al subdesarrollo y a la exclusión, especialmente cuando se combinan con la  falta de acceso a la educación o con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo.” Por eso insiste en pedir un “salario universal” que nos equipare a todos y a todas.

Con frecuencia las víctimas de la trata y de la esclavitud son personas que han buscado una manera de salir de un estado de pobreza extrema, creyendo a menudo en falsas promesas de trabajo para caer después en manos de redes criminales que trafican con los seres humanos. Estas redes utilizan hábilmente las modernas tecnologías informáticas para embaucar a jóvenes y niños en todas partes de nuestro país.

Otra causa de esta esclavitud, sigue diciendo Francisco, es la corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse.

Todos sabemos que la esclavitud y la trata de personas humanas requieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a través de la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros del gobierno, de las fuerzas del orden o de otros agentes estatales, o de diferentes instituciones.

«Esto sucede cuando en el centro del sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana. En el centro de todo sistema social o económico tiene que estar la persona, imagen de Dios, creada para amar y ser amada. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero sucede esta trastocación de valores», dice Francisco.

La vida desaparece de la escala de valores. Los cuerpos no valen nada. Muchos priorizan salvar la renta, la economía, antes que la vida de los pobres. Los cuerpos quedaron excluidos, invisibilizados. Ahora aparecen, en esta pandemia, de manera obscena demostrando su miseria, porque mientras los cuerpos de los incluidos están bajo techo, los cuerpos de los pobres están sin techo, sin trabajo, sin un poco de tierra y aparecen exhibidos de manera absoluta en la calle, vivos o muertos. 

Por eso hay que volver a poner en valor la vida. El Papa Francisco pide la salvación de los cuerpos. “Nadie se salva solo”, nos dice, y hace un llamado a un compromiso común para derrotar la esclavitud, ya que todo esto tiene lugar bajo una lamentable indiferencia general. Son muchos los que hacen la vista gorda o miran para otro lado.

Pero también son muchos y muchas que hacen un gran trabajo silencioso: congregaciones religiosas, especialmente femeninas, monjas que viven insertas en las Villas, curas villeros, y tantos voluntarios y voluntarias que realizan un generoso servicio de ayuda a las víctimas y a los más pobres, desde hace muchos años. Asistencia, rehabilitación, reinserción, promoción, acompañamiento, son las respuestas evangélicas en favor de estos excluidos. 

En este último tiempo se han multiplicado los comedores comunitarios, las agrupaciones solidarias, el compartir generoso de tantas familias. El Señor sabrá recompensar todo lo que hacen por ellas y por ellos. Jesús ha dicho: “Tuve hambre… tuve sed… estaba desnudo… era extranjero… y me ayudaste”. Hoy podría decir: “Estaba abusado, estaba explotado, estaba esclavizado…sin un techo, en un trabajo esclavo… y me escuchaste, me socorriste, y me diste una mano.” 

Este incansable y silencioso trabajo que requiere coraje, paciencia y perseverancia, por sí solo no es suficiente para poner fin al flagelo de la explotación de la persona humana. Se requiere también de un gran compromiso a nivel institucional. El Estado debe cuidar la vida, proteger la vida, debe eliminar toda forma de servidumbre o trata y explotación de personas, que no deje espacio a la corrupción y a la impunidad.

Es preciso que se reconozca también el papel insustituible de las mujeres en la sociedad. La mujer es la que tiene la capacidad de escuchar y entender el lenguaje simbólico del pueblo, que muchas veces habla no con palabras sino con gestos y manifestaciones y la que sabe ponerse al hombro todos los dramas que sufrimos.

Hay que seguir luchando para universalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia. No seamos cómplices de este mal con nuestro silencio o con nuestro no hacer nada. No apartemos los ojos del sufrimiento de estos hermanos y hermanas privados de libertad y dignidad. Tengamos el valor de tocar la carne sufriente de Cristo, que se hace visible a través de sus numerosos rostros de los que Él mismo llama «mis hermanos más pequeños» (Mt 25,40.45). La trata, tráfico y explotación de personas son una llaga en el cuerpo de la humanidad.

Este tiempo de pandemia es tiempo de mirar con los ojos de la Virgen. Una mujer de esperanza. Una mujer que amaba como mujer, que pensaba como mujer, que sufría y se preocupaba por todos como mujer, que estaba abierta al designio de Dios sobre Ella asumiendo las consecuencias de esto.

Cuando una espada le atravesó el corazón, se quedó de pie, junto a la cruz, junto a su Hijo. Creyó contra toda esperanza. Por eso fue elegida y nació para ser Madre. Madre de Dios y Madre nuestra, compañera de camino y discípula de Jesús, cuidadora de nuestras vidas, auxiliadora de la humanidad.

Momento del Ofertorio: cinco panes con banderas de diferentes países como símbolo de fraternidad humana. Se realizaron más ofrendas del Departamento de Migraciones del Arzobispado de Buenos Aires, Fundación La Alameda, Movimiento de trabajadores Excluidos (MTE), del Equipo no a la Trata de la Comisión Nacional Justicia y Paz y de la Comisión Episcopal de la Pastoral de Migrantes e Itinerantes.

Le pedimos a Ella, hoy, aquí en su casa, que nos enseñe a ser artífices de solidaridad y de fraternidad. Que sepamos dar esperanza y ayudemos a reanudar con ánimo el camino que nos lleve a construir una sociedad sin esclavos ni excluidos.

La labor con los inmigrantes en Zaragoza

Fuente: Iglesia en Aragón

«Nuestra labor con los migrantes ha sido   expresar con hechos que no están solos»

La delegación de Pastoral de Migraciones de Zaragoza, a través de la Mesa de la Hospitalidad, ha practicado durante la pandemia la asistencia al forastero gracias a la colaboración inestimable de voluntarios y de los generosos fondos donados por sacerdotes y laicos de la archidiócesis.La delegación Episcopal de Migraciones, gracias al trabajo de la Mesa por la Hospitalidad, ha canalizado durante la pandemia las llamadas de personas migrantes que debido al Covid-19 perdieron sus trabajos y no pudieron hacer frente a sus necesidades básicas. «Frente a la posibilidad de ser desahuciados muchos de ellos, alojados pagando habitaciones, no tenían ningún contrato que garantizara su permanencia y llamaban angustiados», comenta Raquel Martínez, delegada de la Pastoral de Migraciones de Zaragoza.

Pero el trabajo de la Mesa no ha consistido únicamente en atender a estas personas telefónicamente. También los han asesorado sobre los recursos a los que podían acceder, asegurar que sus necesidades básicas estuvieran cubiertas, se han coordinado con Cáritas para el pago de los alquileres y se han realido acogidas temporales en alguna de las posadas de la Mesa de la Hospitalidad.

«Hemos intentado ser Buena Noticia en medio de tan malas noticias para quienes mayor vulnerabilidad tenían, ser portadores de un mensaje tranquilizador, de cierta paz en medio de la tormenta, cuando las condiciones parecían peores o más inseguras para estas familias, nuestro gesto ha sido expresar con hechos que no están solos», asegura la delegada de Pastoral de Migraciones.

Dones recibidos

Durante esta situación, han podido aumentar el número de familias acogidas, gracias a que el arzobispado de Zaragoza y las comunidades parroquiales han puesto a disposición viviendas: un piso en las fuentes, un piso de la parroquia de San Lamberto, en Miralbueno, y otro piso de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario. Además de una vivienda que estando cedida por el Arzobispado a la Fundación Solidaridad sin que tuviera ya personas acogidas, les han cedido ambas instituciones.

La puesta a disposición durante un año de viviendas del Arzobispado de Zaragoza a la Delegación Episcopal de Migraciones ha sido «una gran alegría», afirma Raquel, quien añade que «también lo ha sido poder obtener financiación del Fondo Diocesano para atenuar la crisis social creada por la pandemia, al que muchos sacerdotes de la diócesis realizaron una aportación generosa, así como posteriormente los laicos». Esta ayuda, junto con la colecta específica de Cuaresma que han realizado varias parroquias, la han utilizado, en parte, para la puesta a punto de las viviendas.

Por otro lado, ha sido fundamental la donación de enseres de hogar cedidos por muchas personas generosas. Además, durante el estado de alarma la parroquia de San Miguel y las Canonesas del Santo Sepulcro organizaron más recogida de enseres.

Labor de voluntarios

«Damos gracias a Dios por todas las personas dispuestas a formar parte de los equipos de hospitalidad de cada vivienda. Actualmente la Mesa de la Hospitalidad cuenta con personas dispuestas a acompañar en grupos de 2 o 3 voluntarios a cada una de las familias, y hacer una experiencia colectiva y eclesial de encuentro con familias que necesitan su cercanía y calidez», asiente con alegría Raquel.

Desde octubre de 2019, la delegación de Pastoral de Migraciones ha acogido a doce familias, con un total de veintidós adultos y quince menores, siendo 6 de ellas, familias monoparentales. Con el cierre de fronteras, las circunstancias están cambiando, pero siguen trabajando para dar respuesta a las situaciones que van surgiendo. Raquel asegura que, desde la Mesa de la Hospitalidad «queremos seguir en el camino de transformar este mundo y dedicar también esfuerzos a los desplazados internos, tal y cómo nos indica el papa Francisco en el mensaje para la Jornada del Refugiado que se celebrará el día 27 de septiembre».