“Ahora más que nunca, con las personas olvidadas” #CírculosDeSilencioEnCasa

La situación de “Estado de alarma” decretada por el gobierno español ante la epidemia del coronavirus ha supuesto el masivo confinamiento de la población en los hogares, resumido en el hashtag #QuédateEnCasa. También ha conllevado una gravísima crisis económica, con la apertura de ERTEs en innumerables empresas y la pérdida de empleo para muchos cientos de miles de personas. Mientras, los contagios aumentan y las víctimas del virus no dejan de multiplicarse. Con ellas, crece el dolor y la preocupación de las familias.

En estas circunstancias, no podemos dejar de alzar la voz por las personas migrantes, que encarnan, muy a pesar suyo, a las víctimas de siempre, también de ahora. Ellas han encontrado sus posibilidades de sobrevivir en trabajos muchas veces precarios que exigen deambular por las calles -manteros-; ellas han asumido muchos de los trabajos de cuidados en los hogares españoles; ellas afrontan también en un elevado porcentaje tareas agrícolas en condiciones a menudo muy difíciles; ellas -en especial las mujeres- son víctimas de la trata y se ven abocadas a la prostitución; ellas, por último, se encuentran a menudo recluidas en los CIEs por no cometer más delito que haber huido de las guerras, el hambre, la pobreza…

Son también no pocas personas migrantes, junto a otras muchas empobrecidas y marginadas, las primeras que no pueden cumplir el requerimiento del gobierno de recluirse en sus hogares porque viven en la calle o en campamentos improvisados junto a las grandes explotaciones agrícolas donde trabajan o en prostíbulos o en cárceles o en los CIEs, o en pisos diminutos que comparten porque no pueden permitirse nada mejor, igual que muchas otras personas víctimas de la pobreza y la exclusión… En definitiva, hablamos de una parte de la población, de vecinos y vecinas que no pueden cumplir el requerimiento del gobierno porque no tienen casa, porque no tienen algo a lo que puedan llamar hogar.

Estos días hemos recibido con esperanza la noticia de que están “desalojando” algunos CIEs (en Aluche, Barcelona, Valencia…) para evitar el contagio de sus internos. Pero no somos ingenuos: la medida se debe a las reclamaciones de las organizaciones de derechos humanos, a las protestas de los internos y a la preocupación porque haya allí un contagio masivo que ponga -más aún- en evidencia las condiciones de hacinamiento en las que (mal)viven los internos, y sobre todo se debe a la imposibilidad de expulsarlos por el cierre de fronteras. En todo caso, El Defensor del Pueblo ha solicitado al Gobierno, sumándose a la reclamación de numerosas organizaciones y colectivos, la liberación de todas los inmigrantes de los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) de España. Enseguida surge la pregunta de si las personas allí recluidas recibirán opciones para acogerse en condiciones dignas bajo un techo. De momento, el gobierno libera a las que tienen residencia estable; para las que carecen de ella, dice estar buscando alternativas humanitarias… que esperemos lleguen lo antes posible.

Recientemente, Leilani Farha, relatora especial de Naciones Unidas, era muy clara al referirse a la situación de muchas familias y personas sin una vivienda digna: “Insto a los estados a que tomen medidas extraordinarias para garantizar el derecho a la vivienda para que todos puedan protegerse contra la pandemia”. Y añadía con rotundidad: “La vivienda se ha convertido en la primera línea de defensa contra el coronavirus. El tener un hogar, ahora más que nunca, es una situación de vida o muerte”. No se puede hablar más claro.

Por todo ello, nos sumamos a muchas personas, organizaciones y colectivos de derechos humanos y exigimos:

  • Frenar las repatriaciones y cualquier otra medida de orden judicial o administrativo que ponga en riesgo a personas que ante todo deben tener garantizadas las necesarias medidas de protección sanitaria. Recordemos además que el mantenimiento de estas políticas solo contribuye a coartar la consulta de las personas migrantes sin papeles en los centros de salud cercanos.
  • Cerrar los CIEs y ofrecer alternativas habitacionales dignas a las personas que no tengan una vivienda estable; además, deberán garantizarse condiciones de seguridad sanitaria adecuadas en todos los albergues y alojamientos para personas sin residencia fija que estén allí de forma temporal, mientras no se les ofrece una alternativa más idónea.
  • Combatir y denunciar las afirmaciones de carácter xenófobo que busquen estigmatizar a las personas migrantes, especialmente cuando proceden de organizaciones y medios con evidente poder mediático.
  • Compromisos explícitos por parte de los poderes políticos y mediáticos para promover una información argumentada en positivo sobre las aportaciones que hace la población migrante y refugiada a nuestra sociedad, al tejido económico mediante el consumo y el pago de impuestos, a la potenciación de los cuidados, a los trabajos en la agricultura y la construcción, a la recuperación y regeneración del tejido social, cada vez más envejecido…

En estos días, como si despertáramos a una nueva realidad, somos más conscientes que nunca de lo que es importante en la vida: la libertad de movimientos, de desplazarte a donde te plazca (los vuelos procedentes de España han sido restringidos en muchos países); el placer de gozar de un paseo, sin rumbo fijo, solo porque sí; la alegría de encontrarse con las personas amigas, con las vecinas, con la gente de nuestro entorno; la maravilla de la caricia, del beso, del abrazo; el valor de los trabajos de cuidados y de quienes producen nuestros alimentos, en manos muchos de ellos de las personas migrantes y precarizadas…

Surge una esperanza… Esta crisis ha puesto de manifiesto nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad. Acaso ahora, que han caído nuestras seguridades, acaso ahora, que el estado de bienestar se tambalea, podamos liberarnos de los miedos que llevaron a cerrar todas las fronteras a las personas migrantes y refugiadas. Tal vez podamos, ahora, por fin, abrir los ojos y los brazos a quienes vienen del sur buscando un mundo mejor y pueden ayudarnos a construirlo.

Podríamos terminar este manifiesto exigiendo un cambio en las políticas migratorias en nombre de las víctimas, porque hemos asumido tácitamente ese juego del lenguaje que nos lleva a distinguir entre nosotras y ellas, las otras, los de fuera. Pero no queremos caer en ese juego. Así que lo vamos a hacer en nuestro propio nombre, en nombre de buena parte de la sociedad española y europea, que quiere otro mundo posible, necesario y cada vez más urgente. En nombre de muchas personas, organizaciones y colectivos; en nombre de una dignidad manchada y escarnecida; en nombre de una vergüenza infinita; en nombre, también, porque son fruto nuestro, de nuestras víctimas, que pueblan los fondos del mar Mediterráneo.

Un poeta escribió una vez: “Vendrá un día más puro que los otros […]. Un fulgor nuevo envolverá las cosas”. Vendrá un día más puro que los otros, un día en el que la solidaridad sea el pan tierno de cada día, un día en el que ya no haya CIEs, refugiadas, sin papeles, extranjeras, sin hogar, maltratadas, explotadas, ninguneadas, olvidadas, nadies…

Ese día puede ser HOY.

#CírculosDeSilencioEnCasa

¿Cómo influye Zeigarnik en tu matrimonio?

– ¡Hombre Juan! ¡Cuánto tiempo! ¿Te pasa algo? Tienes mala cara.

– Acabo de tener una discusión con mi mujer… Empezó por una bobada, pero acabó sacándome cosas de hace mogollón de tiempo, que ni sé cómo se acuerda.

– Eso es por el efecto Zeigarnik.

– ¿Zeigarnik? No sé quién es ése, así que no creo que tenga mucho que ver.

– En realidad, es “ésa”.

– Oye, oye, que yo no conozco a ninguna Zegarnosequé. Que esto no va de terceras personas, es sólo una discusión normal y corriente de un matrimonio.

– Te lo estás tomando por donde no es. Bluma Zeigarnik fue una psicóloga rusa que descubrió el efecto que lleva su nombre, “efecto Zeigarnik”.

– Y eso ¿qué es?

– En una ocasión, Zeigarnik observó a los camareros de un restaurante y se fijó en que eran capaces de recordar los platos que tenían pendientes de servir, pero, sin embargo, olvidaban con rapidez las mesas servidas. A partir de esta observación, Zeigarnik estudió el funcionamiento de la memoria en relación con aquellas tareas que están inacabadas y descubrió que nuestro cerebro tiende a olvidar rápidamente aquellas tareas ya finalizadas, mientras que las tareas que aún no se han resuelto se mantienen activadas en la memoria.

-Sin duda una mujer muy observadora e inteligente. Pero no sé qué tiene que ver eso con mi matrimonio.

-Pues yo lo veo claro. En la mayoría de los matrimonios existen conflictos ¿no?

-Claro

-Discusiones ¿no?

-Evidente.

– Y ¿cómo se resuelven esos conflictos o esas discusiones?

– Pues depende, en algunos casos se resuelven hablando, escuchando el punto de vista del otro, se pide perdón, se perdona… En otros casos se deja que el enfado se vaya pasando y no se vuelve a hablar del tema. Ésta es mi técnica favorita.

– Ya veo. Pues si nos imaginamos un conflicto o una discusión en el matrimonio como una tarea, podemos decir que hay tareas que se terminan, es decir que se resuelven y hay otras tareas inacabadas, que quedan abiertas, es decir, que no se resuelven ¿no?

-Se podría decir así.

– Aplicando el efecto Zeigarnik sobre estos conflictos en nuestros matrimonios, podemos llegar a la conclusión de que los conflictos no resueltos se mantienen activos en la memoria. Es decir, que resultan difíciles de olvidar y continúan estando presentes hoy, aunque hayan sucedido hace tiempo, como una especie de tarea inacabada que nuestra memoria procura no olvidar para indicarnos que tenemos que resolverla.

-¡Qué interesante! Es por eso por lo que mi mujer saca cosas del pasado cuando discutimos, incluso cosas que han pasado hace mucho tiempo y que no tiene que ver con lo que estamos discutiendo.

-Pues sí, probablemente no hayas resuelto adecuadamente esa situación con ella, y su memoria sigue calificando esa situación como “pendiente”. Ahí tienes una tarea que hacer.

-¡Vaya!, ya estás mandando deberes…

-No son tan difíciles hombre… Lo más gracioso de todo, es que el efecto Zeigarnik hace que se olviden aquellos conflictos que sí conseguís resolver.

-¡¡¡¿Cómo?!!! ¿Quieres decir que los conflictos no resueltos se acumulan y los que se resuelven no? ¿Como si hubiera una especie de caja en la que se van guardando las discusiones no resueltas pero las que resolvemos se evaporan? ¡Menudo negocio!

-Pues así funciona nuestra memoria. Muchas veces no es cuestión de mala voluntad, simplemente uno no olvida lo que no ha resuelto y olvida lo que sí. Pero ojo, hay algo positivo de todo esto y es que lo que no se olvidan son las estrategias utilizadas para resolver los conflictos y con ellas puedes afrontar y resolver los problemas, para evitar que se acumulen.

-No me entusiasma lo de la tal Zeigarnik, pero si es como dices, mejor me voy para casa a intentar resolver esta discusión y al menos ¡que no se sume a la lista!

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.