Bakhita, de Véronique Olmi

Ana Sánchez

Cuando me enteré de la publicación del libro corrí a la librería a comprarlo: siempre fue una figura que me llamó la atención. Luego, debo confesar que me pasó como con otras tantas cosas, que se fueron solapando otras lecturas, tareas, obligaciones,… un libro se puso encima de otro, otro encima de otro… y el libro cayó en el olvido. ¿Cayó en el olvido? La verdad es que no: hace poco le retomé y le devoré.

Quizá no es más que otra novela, una historia, con una gran dosis de ficción que trata de llegarnos al corazón, porque de eso se trata con la literatura: abrirnos los ojos a otras realidades, a otros mundos, a otras vidas y que algo de eso nos toque y nos invite a formar parte de ello. En esta quizá sea aún más sencillo, porque habla de una persona real (aunque no sea exactamente una auténtica biografía) y lo que se resalta continuamente son las ganas de vivir, la fuerza que impulsa a la protagonista a seguir, a pesar de las separaciones.

Se trata de la historia de un amor incondicional que, en el mundo real llevó a que fuera beatificada por San Juan Pablo II, no tanto por su aceptación de las adversidades y la violencia que la acompañó durante tantos años, sino más bien por su decisión de trabajar eficazmente para liberar a niñas y mujeres de la opresión y la violencia y devolverles su dignidad. De esta redención, de esta esperanza habla también específicamente Benedicto XVI en Spe Salvi, poniéndola como testimonio de una esperanza en la lucha y que es lo que la ha llevado a ser declarada patrona de Sudán y un referente esencial en la lucha contra la trata, un drama presente a lo largo de toda la historia de la humanidad, hasta hoy.

Quizá hoy se muestra esto de un modo mucho más doloroso, más hipócrita, puesto que nos consideramos una sociedad civilizada, que ha abolido la esclavitud, que respeta los derechos humanos, que considera a todas las personas con la misma dignidad,… Pero no. Eso no son más que palabras bonitas.

La realidad es otra muy distinta: cada vez hay más personas que padecen diferentes formas de esclavitud. Este año 2021 ha sido denominado por la OIT como el año internacional para la eliminación del trabajo infantil y esto está también muy presente en esta historia: «usted entiende: los niños, los niños esclavos, los niños soldados, ¿entiende?, yo no hice nada y usted tampoco, ¿y quién podrá, dígamelo, quién podrá algún día?». Esa es, en el fondo, la pregunta que tenemos que contestarnos cada uno.

Los que cruzan la frontera

Mónica Prieto

El secreto del único sector económico que ha crecido en la pandemia:  media hora de descanso cada 10 horas de trabajo.

Eso es lo que relató Mamadou Serigne trabajador agrícola, al actor Paco León en una entrevista emitida durante la pandemia y que se hizo viral[1]. Las necesarias lágrimas que brotaron en algunos no nos pueden nublar la vista, sino limpiarla. La actualidad de la realidad migratoria nos lleva a Canarias y ciertamente hay que denunciar la vergonzosa gestión de este gobierno mal llamado de izquierdas, rendido a  la política de fronteras criminal de la Unión Europea. Silencio informativo y político (salvo honrosas excepciones)[2] de los casi 400 muertos en el mar en los últimos meses y por los que Senegal decretó día de luto nacional el pasado 13 de noviembre. No tuvimos la vergüenza de unirnos a esa jornada de luto.

Y mientras tanto… el otro foco informativo con el que nos machacan los medios a diario es con la caída de la hostelería. Pareciera que para salvar al país de la catástrofe económica de la pandemia tenemos que irnos todos de bares…. en vez de cuestionarnos un modelo económico, el turístico, basado en la explotación laboral de muchas personas, muchos de ellos migrantes. Aquellos que logran cruzar la frontera pero que no logran regularizar su situación…. porque de eso trata. Si no, se acaba el chollo.

Silencio también sobre el trabajo agrícola. La muerte este verano del nicaragüense Eliazar Blandón en la huerta murciana es un signo de esa explotación, a la que sometemos a trabajadores de la hostelería, el servicio doméstico, la limpieza de los hoteles y los temporeros agrícolas.  El blindaje de fronteras no significa fronteras herméticas…. sino que se abren a demanda de las necesidades económicas del capital. De momento el gobierno reconoce 2000 traslados a la península desde Canarias durante estos meses.

En febrero, junto antes de la pandemia, los periódicos anunciaban la caída del sector y el empleo agrícola[3]. Apenas meses después se anuncia todo lo contrario[4]: el sector agrícola es el único que logra crecer durante la pandemia.  En estos momentos se calcula que unos 400 temporeros agrícolas pueden estar durmiendo en la calle en la provincia de Jaén  por la reducción de las plazas de los albergues municipales debido a la pandemia.  Cuando estén ubicados en las fincas nada asegura que no sigan malviviendo…. como ha sucedido en años anteriores: La vergüenza que se esconde  detrás de nuestro producto estrella, ¿Marca  España?. Nuestra economía agrícola crece ¿ A costa de quien? De aquellos a los que dejamos cruzar la frontera.

 

[1]     https://www.20minutos.es/noticia/4266449/0/paco-leon-emociona-historia-inmigrante-jornalero-portavoz-regularizacion-ya/?autoref=true

[2]     https://www.eldiario.es/canariasahora/migraciones/senegal-convoca-jornada-duelo-nacional-muerte-480-jovenes-mar-rumbo-canarias_1_6405080.html

[3]     https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10332736/02/20/El-PIB-y-el-empleo-del-sector-agrario-se-desplomaron-con-el-alza-del-SMI.html

[4]     https://www.elagoradiario.com/desarrollo-sostenible/agricultura/lagricultura-unico-sector-crecio-segundo-trimestre-desplome-pib/

Walesa, la esperanza de un pueblo

Ana Sánchez

“La esperanza de un pueblo”. Ése es el subtítulo que lleva la película que el cineasta polaco Andrzej Wajda ha rodado sobre Lech Walesa, el histórico líder político y sindical, también polaco.

El propio director tomó parte activa en el movimiento de los astilleros de Gdansk con los que arrancan tanto la película como el movimiento libertario y sindical que culminaría diez años después, ya en 1980, con la formación de “Solidaridad”, un sindicato caracterizado por su gran militancia obrera católica y su lucha contra el gobierno comunista, en los años previos a la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. La película se desarrolla en torno a la entrevista que realizó la periodista italiana Oriana Fallaci a Lech Walesa. A través de ella se va desgranando la historia de esta turbulenta época polaca y de la no menos turbulenta personalidad de Walesa, al que se retrata con sus sombras y luces, no como un héroe perfecto, ni mucho menos; más bien como un auténtico ser humano, con sus virtudes y defectos.

A lo largo de la historia vamos viendo cómo es este terco electricista que llegó a conseguir un premio Nobel de la Paz y que incluso alcanzó la presidencia de su país; un trabajador manual y un padre de familia, un idealista con los pies en la tierra, convencido de que él era necesario en ese momento histórico de su país, con un cierto toque narcisista y ególatra, pero un elevado grado de entrega a los demás.

En esta película se van entretejiendo los momentos históricos con otros tantos episodios cotidianos, desde el momento en el que Walesa se convirtió, casi sin pensarlo, en líder de los astilleros de Gdansk.

En esta semblanza de la figura cotidiana y humana de Walesa destaca muy especialmente la de Danuta, su infatigable esposa y madre de sus hijos, un apoyo en todo momento, sin la que sería incomprensible la actividad de Lech, como la de tantos otros militantes a lo largo de la historia; una suma de inocencia y empeño, temor y coraje, resignación y orgullo; un auténtico símbolo de temperamento en este choque entre las esferas pública y privada de la vida de Lech Walesa, que en ocasiones queda escondida por la lucha social, pero que es la que verdaderamente importa a escala más pequeña, puesto que es la que hace posible y sustenta el compromiso político.

El gran desafío del director es unir todas las piezas en esta película: el contexto social de Polonia y Europa, la carrera sindical y política de Walesa, su vida personal y la importancia de su esposa Danuta en toda su lucha. Esto lo hace intercalando tramos de ficción con imágenes reales de la época, una época en la que él mismo estuvo también muy implicado: Walesa reconoció que las películas de su compatriota les ayudaron a seguir luchando y el propio Wajda llegó a ser senador en la década de los noventa.

Las autoridades sabían que eran los obreros los únicos que podían poner en peligro el sistema: sin su trabajo no podrían cumplir los compromisos adquiridos con la Unión Soviética y esto queda también patente en la película con la figura de políticos e intelectuales en el desarrollo del movimiento de “Solidaridad”, cómo la fuerza del trabajo es la que auténticamente puede ser transformadora y generadora de cambios que hagan avanzar la sociedad.

La labor con los inmigrantes en Zaragoza

Fuente: Iglesia en Aragón

«Nuestra labor con los migrantes ha sido   expresar con hechos que no están solos»

La delegación de Pastoral de Migraciones de Zaragoza, a través de la Mesa de la Hospitalidad, ha practicado durante la pandemia la asistencia al forastero gracias a la colaboración inestimable de voluntarios y de los generosos fondos donados por sacerdotes y laicos de la archidiócesis.La delegación Episcopal de Migraciones, gracias al trabajo de la Mesa por la Hospitalidad, ha canalizado durante la pandemia las llamadas de personas migrantes que debido al Covid-19 perdieron sus trabajos y no pudieron hacer frente a sus necesidades básicas. «Frente a la posibilidad de ser desahuciados muchos de ellos, alojados pagando habitaciones, no tenían ningún contrato que garantizara su permanencia y llamaban angustiados», comenta Raquel Martínez, delegada de la Pastoral de Migraciones de Zaragoza.

Pero el trabajo de la Mesa no ha consistido únicamente en atender a estas personas telefónicamente. También los han asesorado sobre los recursos a los que podían acceder, asegurar que sus necesidades básicas estuvieran cubiertas, se han coordinado con Cáritas para el pago de los alquileres y se han realido acogidas temporales en alguna de las posadas de la Mesa de la Hospitalidad.

«Hemos intentado ser Buena Noticia en medio de tan malas noticias para quienes mayor vulnerabilidad tenían, ser portadores de un mensaje tranquilizador, de cierta paz en medio de la tormenta, cuando las condiciones parecían peores o más inseguras para estas familias, nuestro gesto ha sido expresar con hechos que no están solos», asegura la delegada de Pastoral de Migraciones.

Dones recibidos

Durante esta situación, han podido aumentar el número de familias acogidas, gracias a que el arzobispado de Zaragoza y las comunidades parroquiales han puesto a disposición viviendas: un piso en las fuentes, un piso de la parroquia de San Lamberto, en Miralbueno, y otro piso de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario. Además de una vivienda que estando cedida por el Arzobispado a la Fundación Solidaridad sin que tuviera ya personas acogidas, les han cedido ambas instituciones.

La puesta a disposición durante un año de viviendas del Arzobispado de Zaragoza a la Delegación Episcopal de Migraciones ha sido «una gran alegría», afirma Raquel, quien añade que «también lo ha sido poder obtener financiación del Fondo Diocesano para atenuar la crisis social creada por la pandemia, al que muchos sacerdotes de la diócesis realizaron una aportación generosa, así como posteriormente los laicos». Esta ayuda, junto con la colecta específica de Cuaresma que han realizado varias parroquias, la han utilizado, en parte, para la puesta a punto de las viviendas.

Por otro lado, ha sido fundamental la donación de enseres de hogar cedidos por muchas personas generosas. Además, durante el estado de alarma la parroquia de San Miguel y las Canonesas del Santo Sepulcro organizaron más recogida de enseres.

Labor de voluntarios

«Damos gracias a Dios por todas las personas dispuestas a formar parte de los equipos de hospitalidad de cada vivienda. Actualmente la Mesa de la Hospitalidad cuenta con personas dispuestas a acompañar en grupos de 2 o 3 voluntarios a cada una de las familias, y hacer una experiencia colectiva y eclesial de encuentro con familias que necesitan su cercanía y calidez», asiente con alegría Raquel.

Desde octubre de 2019, la delegación de Pastoral de Migraciones ha acogido a doce familias, con un total de veintidós adultos y quince menores, siendo 6 de ellas, familias monoparentales. Con el cierre de fronteras, las circunstancias están cambiando, pero siguen trabajando para dar respuesta a las situaciones que van surgiendo. Raquel asegura que, desde la Mesa de la Hospitalidad «queremos seguir en el camino de transformar este mundo y dedicar también esfuerzos a los desplazados internos, tal y cómo nos indica el papa Francisco en el mensaje para la Jornada del Refugiado que se celebrará el día 27 de septiembre».

El “Ministerio de la Soledad” es la familia.

Hace algunos meses un llamativo titular aparecía en los medios de comunicación “El Reino Unido crea un Ministerio para la Soledad”. La noticia explicaba la creación, por parte del gobierno británico, de un departamento del Ministerio para la Sociedad Civil para luchar contra el aislamiento de nueve millones de británicos. Se ilustraba dicha noticia con algunos datos de la realidad británica: los médicos atienden entre 1 y 5 pacientes al día por soledad, la mayoría de los mayores de 75 años viven solos, 200.000 personas pasan hasta un mes sin hablar con un amigo o familiar… Y se explicaban algunas consecuencias de la soledad: las personas solas tienen mayor probabilidad de sufrir demencia, mortalidad temprana o hipertensión arterial. Los médicos dicen que estar solo es peor para la salud que fumar quince cigarrillos al día.

La soledad es un problema personal, de muchas personas que no logran establecer relaciones personales auténticas en nuestra sociedad. Pero es también un problema social y ahora se empieza a plantear como un problema político.

En realidad, ese “ministerio de la soledad” existe hace mucho tiempo, y es la familia. La familia es el lugar donde los lazos afectivos duraderos pueden establecerse de una forma primera. El lugar propio del cuidado de los miembros débiles o vulnerables. El lugar del acompañamiento y apoyo mutuo. El lugar de la gratuidad.

Es evidente que ha habido causas culturales que han debilitado los vínculos familiares, pero también ha habido causas sociales y políticas que han provocado un debilitamiento de la vida familiar.

En la misma Gran Bretaña, donde ahora se plantea ese “ministerio de la soledad”, entre los años 1979 y 1991 una serie de reformas laborales desde el gobierno debilitaron el papel de los sindicatos. Con el objetivo de disminuir el desempleo, promovían una alta movilidad, el aumento de los empleos a tiempo parcial y de los contratos temporales. La carrera profesional dentro de la empresa dejó de ser una opción para muchos trabajadores, que se convirtieron en autónomos. Las ayudas sociales fueron limitadas, para forzar a los trabajadores a aceptar empleos con salarios bajos. Los salarios bajaron.

La fragilidad de la familia británica creció en este periodo. La proporción de mujeres casadas entre los dieciocho y los cuarenta y nueve años bajó del 74% al 61% en esos años. Las familias monoparentales aumentaron del 12% al 21%. En 1991 la mitad de los matrimonios terminaban en divorcio en Reino Unido, la tasa más alta de la Unión Europea. En las ciudades donde más éxito tuvo la política para disminuir el desempleo, las tasas de divorcios fueron más altas.

Muchos son los factores que influyen sobre la familia, como realidad viva que es. Uno de esos factores, que influye de una forma decisiva, es la realidad laboral que padecen sus miembros. Los salarios bajos, la imposibilidad de promoción laboral, las prácticas empresariales que obligan a los trabajadores a mentir a los clientes, la presión laboral que aumenta la ansiedad, las jornadas laborales agotadoras, la disponibilidad total para la empresa, que define el horario laboral de un día para otro, la apertura de comercios los domingos… son realidades que obstaculizan la vida familiar.

 

Contrarrestar la soledad, requiere, además de atender a los que la padecen, una legislación laboral que permita desarrollar las tareas familiares. Especialmente, un salario digno, que permita sostener a la familia como pedía Juan Pablo II en Laborem Exercens: “Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

 

Queja ante el Defensor del Pueblo: migrantes en la calle

Queja presentada por la Mesa por la Hospitalidad de la Archidiócesis de Madrid por dejar en la calle a mujeres embarazadas, bebés, y niñas y niños (en algún caso con parálisis cerebral).
La responsabilidad, en este estricto orden es del Gobierno de la Nación (responsable único de la protección internacional), la Comunidad de Madrid, y el Ayuntamiento de Madrid.

Un incendio en La Cañada quema parte de la parroquia

Compartimos lo que envía Agustín Rodríguez Teso, el párroco del lugar, “Encomienda de la Comunidad de Madrid” el año pasado, quiere compartir. Estamos con él.


Aunque sólo sea por la necesidad que uno tiene de compartir, de dolerse en voz alta, quería compartir con todos vosotros lo que ahora nos nubla: se nos ha quemado el techo de nuestra parroquia de Santo Domingo.

No era la cubierta de Notre Dame. Era mucho más pequeña, con tela asfáltica, pero era la nuestra. El domingo pasado bajo esa cubierta, celebramos con el santo patrón que somos lugar de encuentro, lugar y espacio de acogida. Que ahí, a cubierto, habíamos sido capaces de gestar grandes hazañas como el disfrutar los unos de los otros, de unificar culturas diferentes, de querernos a pesar de ser distintos. Que ahí, a cubierto, bajo ese techo, nos habíamos atrevido a soñar cosas imposibles (los comedores, los grupos comunitarios, los campamentos… los dentistas, los chicos de Encuentros con Dignidad… Las clases de Barró, las reuniones de todo tipo, las fiestas, los cumpleaños, los Reyes…). No, no era la Notre Dame, pero tampoco tenía mucho que envidiar… si salvamos algunos cuantos detalles, y en definitiva, al fin y al cabo, y sobre todo, era la nuestra.

Anoche, tras una pelea, uno de nuestros vecinos, de nuestros hermanos que malviven y mal duermen junto a los muros de la parroquia, se debió alborotar mucho y alguien quiso quemar su casa. Era de cartón y madera, y ardió. Ardió con furia. Con tanta rabia que el fuego subió hacia lo alto, alcanzó la tela asfáltica de la cubierta, y prendió.

Uno de los chicos corrió a buscar ayuda. Le costó cinco euros, pero consiguió que le dieran agua para intentar apagarlo. Y no pudo. Llegaron los bomberos y se hicieron con el control. Lo apagaron. Ahora queda un gran agujero en la cubierta. Lo que era la parte del templo, ahora tiene el cielo por techo. Se ven las vigas de madera muy chamuscadas. Los que saben nos dirán si está muy dañada o no la estructura de la techumbre, pero no tiene demasiada mala pinta. Cuando se marcharon los bomberos aparecieron los que viven de la carroña, aquellos que migajan lo que queda tras los desastres, tras los derribos… y quisieron entrar y llevarse todo. Pero otro de los chicos del proyecto pensó “Que nos están robando!!” y se puso a defender el baluarte con uñas y dientes. Sólo se han llevado el microondas, pero hemos aprendido que esto es nuestro, y no sólo de los de la parroquia, ni de los de Cruz Roja, ni de los dentistas, ni de los de Barró, ni de los Cáritas, ni del ICI, ni de los Comisionados, ni del Fanal, ni de Alamedillas, ni de ASPA, ni de Voces… no. Esto es NUESTRO, de todos nosotros y un halo fuerte de DIGNIDAD ha hecho posible que lo siga siendo.

Pensamos que sólo era el problema de esa zona, la de más al fondo, y que podríamos haber seguido prestando atención esta tarde, pero luego han empezado a caer trozos de pintura de la zona de más cerca de la puerta, y pensamos que la escayola se podría venir abajo, así que esa parte tampoco la vamos a poder usar. Ni podremos celebrar allí, ni atender. Además no hay luz, por lo que la zona de los dentistas tampoco se puede usar, al menos hasta que la recuperemos. Esa zona no parece dañada.

Así que, de momento, no tenemos nada. Habrá que ir poco a poco.

Y será así: poco a poco, como solemos hacer las cosas en Cañada. Poco a poco, pero convencidos de que hay futuro, de que mañana seguiremos haciendo lo nuestro: anunciar que el Dios de la Vida es más fuerte que cualquier tipo de muerte. Sólo se nos ha quemado la cubierta. Lo demás, el corazón, los sueños, la ilusión siguen intactos. Arreglaremos la cubierta poco a poco, a nuestro ritmo. Nos tiene que dar tiempo a digerirlo todo: desde la noche en vela de Sevi defendiendo el fuerte, a la llamada del obispo Carlos, pasando por muchas horas de teléfono y whatsapp recibiendo cariño desde todas las direcciones. Nos dará tiempo. Seguro.

Aún no sabemos dónde vamos a celebrar el domingo, pero habrá misa: faltaría más. Aún no sabemos dónde se atenderá el martes, pero se atenderá: ya os decimos nosotros que sí. Aún no sabemos cuándo van a recomenzar los dentistas, pero comenzarán: os lo aseguramos. Todavía es difícil saber cómo vamos a mantener los Encuentros con Dignidad, pero ya os decimos que algo se nos ocurrirá: ¡pues no somos…!

Gracias a todos por el apoyo y por el cariño.

Que Dios os bendiga.

Aúpa.