Lo común

23 DE ABRIL DE 1521, HACE 500 AÑOS

Por Rodrigo Lastra y Ana Sánchez

El año 2021 se cumplen 500 años de la batalla de Villalar (Valladolid). Un 23 de abril de 1521 caía derrotado en las llanuras de esta villa castellana el ejército de los Comuneros de Castilla frente a las tropas realistas (todavía no imperiales) del nuevo y joven rey de los territorios que ya formaban la actual España: Carlos I de España, sería también Carlos V de los reinos alemanes y emperador del Sacro Imperio Germánico, heredero de aquella suerte de Unidad Europea medieval fundada por Carlomagno en el siglo VIII.

Carlos de Habsburgo era hijo de Juana I de Castilla y Felipe de Habsburgo y nieto de los Reyes Católicos; con esta herencia llegaría a convertirse en el monarca más poderoso de Europa y casi del mundo, pues a las europeas se unen todos nuevos territorios de América y Asia. Con él se inauguraba en España la dinastía de Los Habsburgo, también conocido como “los Austria” que reinarán durante todo el siglo XVI y XVII. Austrias, Borbones (Francia) y Tudor y Estuardo (Inglaterra) se repartían el botín europeo por aquellos años.

La llegada del joven príncipe a la península para convertirse en rey de Castilla, Aragón y Navarra en 1517 no cayó nada bien, especialmente entre los castellanos. Tenía 17 años y era la primera vez que pisaba España; había sido educado en Flandes (la actual Bélgica) y apenas hablaba castellano y cuando a Castilla prácticamente todos su consejeros y ministros fueron nombrados entre flamencos.

El descontento inicial hacia el extranjero, que se reflejó primeramente en lo económico (especialmente ante la amenaza que sintieron los potentados de Castilla de perder prebendas y privilegios) iría cogiendo forma y fuerza entre las clases populares urbanas, con un cariz mucho más político y social, hasta desembocar en una auténtica revolución (aunque este término no se usará hasta el siglo XVIII) que puso en jaque durante casi 2 años el sistema imperante.

El descontento va prender fundamentalmente en las ciudades, basadas en la incipiente burguesía textil y los gremios en contra de la amenaza de poder absolutista que representaba el nuevo rey y los grandes nobles exportadores de lana (que acabaron apoyando la causa realista).

La rebelión, que estalla en 1520 mayoritariamente en las grandes ciudades comerciales de Castilla, se concentra fundamentalmente en las dos mesetas, con alguna excepción como la ciudad de Murcia. Y aunque en algunos lugares, como el campo palentino y vallisoletano, la revuelta llega a tomar un carácter justiciero anti-señorial (al estilo de las revueltas medievales que periódicamente se daban por Europa) la rebelión comunera tiene mucho más de revolución moderna si se tienen en cuenta elementos fundamentales, como su fuerte componente urbano, su cuerpo institucional y sus demandas políticas.

A diferencia de los levantamientos antiseñoriales, en el caso de la revuelta Comunera, se construye un poder político representado en la Santa Junta, en la que están representados (de una manera bastante democrática para la época) miembros de todos los estamentos sociales de las ciudades levantadas. La Junta llegó a tener representantes de 14 ciudades.

Los comuneros consiguieron hacer un esbozo de constitución, queriendo acotar el poder del nuevo rey, dando más representatividad a las cortes y comunidades. Las pretensiones de los comuneros eran las siguientes: limitar el poder real y el poder de la nobleza, reducir los impuestos, reducir el gasto público, dotar de una mayor participación política de las ciudades, reducir las exportaciones de lana y otorgar mayor protección a la industria textil:

Que rey no pueda poner Corregidor en ningún logar sino que cada ciudad é villa elijan primero da del año tres personas de los hidalgos é otras tres de los labradores, é quel Rey ó su Gobernador escojan el uno de los tres hidalgos y el otro de los labradores, é questo dos que escojeren sean alcaldes de cevil é criminal por tres años, (…) que los oficios de la casa Real se hayan de dar á personas que sean nacidos é bautizados en Castilla (…) quel Rey no pueda sacar ni dar licencia para que se saque moneda ninguna del reino, ni pasta de oro ni de plata, é que en Castilla no pueda andar ni cada en el reino, (…)

Otro de los elementos que llama la atención entre las reivindicaciones, y que muchas veces ha pasado desapercibido por los estudios que abordan el tema, es la defensa del indígena, que quedó incluida de la siguiente forma en los capítulos de 1520:

“que no se hagan ni puedan hacer perpetuamente mercedes algunas a ninguna persona de cualquier calidad que sea, de indios algunos, para que caven e saquen oro, ni para otra cosa alguna. E que revoquen las mercedes de ellos fechas hasta aquí. Porque en se haber fecho merced de los dichos indios, se ha seguido antes daño que provecho del patrimonio real de Sus Majestades, por el mucho oro que se pudiera haber de ellos: demás que siendo, como son, cristianos, son tratados como infieles y esclavos”.

De ello se deduce que los malos tratos a indígenas, a la altura de 1520, no habían podido ser frenados por los monarcas; antes bien, posiblemente fueron favorecidos por la concesión de múltiples encomiendas en forma de mercedes, utilizadas para conseguir que los hombres asentados en unas tierras tan lejanas geográficamente de Castilla se mantuvieran fieles a la Corona. Es importante destacar que los comuneros se sintieran en el deber de demandar el final de aquellos abusos, incluso antes de que se desarrollase completamente un conjunto normativo defensor de los nativos americanos. Realmente, estas fueron unas reclamaciones muy avanzadas

Tras varias victorias militares iniciales y el conato inacabado de redacción de unas nuevas leyes para Castilla, el levantamiento fue perdiendo fuerza. La retirada de la Comunidad de ciudades tan importantes como Burgos y el cambio de posición de la mayoría del clero, que vuelve a apoyar a Carlos, acabarán debilitando el movimiento comunero. Finalmente, el ejército realista venció en la batalla de Villalar y sus principales capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado fueron ajusticiados.  El obispo de Toledo, Antonio de Acuña, moriría ejecutado por orden del mismo emperador unos años más tarde. María Pacheco, “la última comunera” aún mantuvo viva la llama de la revuelta en Toledo hasta 1522, exceptuada del perdón general concedido ese año por Carlos V y condenada a muerte dos años después por rebeldía por el Consejo Real. Moriría en el exilio portugués 9 años después.

La revuelta, que había comenzado como un movimiento anti-extranjero, haciendo hincapié en lo económico, acabó como una revuelta política y social a mitad de camino entre las revueltas medievales y las revoluciones modernas. Una revolución en un cambio de época, que ya apuntaba claramente las demandas que luego serán constantes en los cambios revolucionarios ulteriores.

La derrota de las Comunidades supuso la consolidación definitiva de la decadencia ya iniciada de las instituciones de carácter comunitario en Castilla, pero también la imposición, ya sin trabajas, de un modelo político autoritario en el que el poder real apenas contaba límites a su ejercicio y esto sería así de manera creciente en toda Europa, en la que comienza en estos momentos la época de los absolutismos. Pero la semilla de las revoluciones liberales primero y comunales después estaba sembrada. Sólo habría que esperar un par de siglos para un desarrollo más amplio.

Los comuneros, gran influencia en la política española e iberoamericana

La Historia de los comuneros, con todo un halo de romanticismo, que autores de gran solvencia (como el Premio Príncipe de Asturias Joseph Pérez) se encargan de desmitificar, influyó de manera importante en la política española e iberoamericana del siglo XVIII, XIX y principio de siglo XX. Sólo recordar la inspiración de la Guerra de las Comunidades de Castilla en las revueltas comuneras de los siglos XVII y XVIII en Paraguay, antecesoras de las independencias coloniales; o la reivindicación de los comuneros que los liberales decimonónicos españoles (como el héroe de la independencia Juan Martín el Empecinado) hicieron en 1821; o cómo la franja morada de la bandera republicana que se izó en abril de 1931 en España representaba un homenaje al color morado atribuido a los comuneros (aunque al parecer el color de los pendones que ondeaban los partidarios de las Comunidades era el rojo castellano). Tampoco es casualidad que otra de las grandes revoluciones del siglo XIX, y de la que ahora se cumplen exactamente 150 años (1871) llevará el nombre de “Comuna de París” y sus partidarios fueran conocidos como Comuneros (comunards, como el obrero Eugène Varlin o la maestra Louise Michel). De nuevo, lo común en el trasfondo de las reivindicaciones.

Entre todo el debate historiográfico que la revolución comunera ha suscitado en el pasado y con las diferentes visiones de un mismo acontecimiento (muchas veces con lecturas ideológicamente interesadas), la Revolución de las Comunidades merece figurar entre las luchas por la libertad que antecedieron a las grandes luchas sociales que se dieron en los siglos XIX y XX. Con sus luces y sus no pocas sombras, en el espíritu más hondo de todas estas manifestaciones están las aspiraciones eternas del ser humano: libertad individual y bien común; ambos deseos no exentos de grandes conflictos que, por momentos, parecen irreconciliables, pero que, sin embargo, deben ser las dos patas necesarias para caminar hacia un mundo más justo y más fraterno.

  • Berzal de la Rosa, Enrique (2008). Los comuneros. De la realidad al mito. Sílex.
  • Pérez, Joseph (2001). Los Comuneros. La Esfera de los Libros. 
  • Maravall, José Antonio (1969). Las comunidades de Castilla: Una primera revolución moderna. Alianza. 
  • Martínez, Miguel (2021). Los Comuneros, el rayo y la semilla (1520-1521). La hoja de lata

Los libros en la calle

Por Ana Sánchez

Aprovechando la conmemoración del día del libro, recordamos la aventura que supuso durante más de diez años la Editorial ZYX, que realmente fue mucho más que una editorial. Tal y como la definió el que fue su gerente prácticamente desde los inicios, Pepe Molina, se trató de “un movimiento social de promoción de militantes que dieron vida a muchas experiencias de participación sindical, social, ciudadana y política, en esa lucha social por la igualdad. que tanta fuerza desarrolló en la ideología política

Una actividad novedosa y fundamental dentro de las realizadas por la Editorial ZYX fue la de acercar los libros a los lectores, sacando los libros a las calles, a las puertas de las fábricas, dentro de las universidades,… Es decir, que los militantes ponían todo su empeño en que las publicaciones fueran encontradas por sus lectores, tanto desde el punto de vista económico (puesto que se trataba de precios más que asequibles prácticamente a cualquier bolsillo) como desde el punto de vista meramente físico, acercándose a pueblos, reuniones, puestos de trabajo, etc. Ya desde fechas muy tempranas se encuentra como un punto fundamental en las reuniones de la editorial el plan de difusión de las publicaciones; en 1967, por ejemplo, se habla de “lanzar una campaña de venta pública a través de puestos de libros en barriadas obreras, centros urbanos, universidades y fábricas”.

Muy específicamente se trata este tema en el “Cuestionario Nº 4” de 1968, en el que se plantea específicamente el estudio y determinación de establecer el máximo de puestos públicos, con una campaña especial de puestos el día del libro.

Las ferias del libro también son un momento importante en el calendario de actividades, destacando las de Madrid, Zaragoza y Valladolid. También en Sevilla reconocían la importancia de estar presentes en la feria del libro para dar a conocer la editorial y cómo la asistencia desde 1969 fue considerada como algo fundamental y tres años después ya se ponían unos 20 puestos semanales en la calle, universidad, barrios y con motivo de recitales y conferencias.

Incluso en 1969, año en que se decretó en España el Estado de Excepción, se superaron en un 25% las ventas de años anteriores, a pesar de los pocos libros que pudieron editarse el convulso año anterior. Desde que el 24 de enero de 1969 se declaró el Estado de excepción, no pudo publicarse nada, limitándose a vender el fondo de libros existente en los almacenes

Un importante acuerdo ese año 1968 fue la de continuar y ampliar al máximo las exposiciones y ventas periódicas en institutos de segunda enseñanza, escuelas de peritos, escuelas profesionales, facultades universitarias, escuelas superiores especiales, seminarios… haciendo en todos los casos una preparación previa de los ambientes a través de octavillas, contactos personales e incluso acompañando las exposiciones con recitales de canto y poesía del pueblo.

Para esta tarea, siempre se consideró tan importante el hecho de vender como la necesidad de auscultar la opinión de la gente sobre si las publicaciones eran un medio útil de formación, conocimiento y promoción: en la venta de la calle no se puede estar pasivamente delante de un puesto de libros, “hay que ser combativo, hay que enrollarse, ofrecer; porque en el peor de los casos, si no compra nada, se lleva dos ideas nuevas en la cabeza”.

En 1970 se presenta un punto clave en la exposición que se hace refiriéndose a los problemas con la administración: “administrativamente nos siguen manteniendo en precario como lo demuestra la negación del permiso para asistir a la Feria del Libro de Madrid, después de haber hecho, con tiempo suficiente, los trámites legales. A raíz de esto y siguiendo la experiencia llevada a cabo por el bibliobús (la “Librería móvil 2000” o “Cienfuegos”, como también se la conocía) se incluye también la venta de libros de otras editoriales.

Ejecución de los comuneros

¿Qué nos enseña la fiesta de los comuneros?

Por Jorge Lara

Sin caer en mitificaciones, historiadores serios como Joseph Pérez o José Antonio Maravall o Julio Valdeón nos aportan claves que merece la pena conocer y tener en cuenta en la actualidad. No fue un planteamiento nacionalista al uso actual, y por eso resulta chocante cuando se apela a los comuneros para justificar posturas nacionalistas o por el contrario cuando se ve a Castilla como cuna y beneficiaria del centralismo estatal, cuando Castilla es la que más sufrió ese centralismo. Y tampoco es fundamental el apartado bélico militar. Sin embargo, sí merece la pena profundizar en el aspecto revolucionario que supuso ese acontecimiento histórico.

Los historiadores constatan que aunque hubo ese componente militar, esto fue forzado por la situación cambiante, pero se había tratado de hacer un levantamiento legitimado y pacífico. Hubo por ejemplo un fuerte intercambio de cartas entre las ciudades movilizadas con el bando real, (en concreto con el Cardenal y el Almirante) tratando de razonar y buscar soluciones negociadas, que incluso fueron entendidas en parte por el propio bando real. Se llegó a afirmar por parte del condestable su sorpresa porque “se lucha con tinta y papel”. Además de la labor agitadora de muchos frailes con esa preocupación de formar una opinión pública y grupos de militantes que se entregaran a la causa.

Las reivindicaciones evolucionaron de algunas quejas concretas, hacia un auténtico programa político administrativo y económico. Tendían a reforzar el papel del reino –a través de las Cortes- frente al poder creciente del rey, así como a ampliar la representatividad social en los municipios y Cortes. Deseaban establecer un cierto control sobre los cargos y oficios públicos y beneficios eclesiásticos. Mejorar la administración de justicia. Preocupación por los intereses económicos de Castilla (mercantilismo), impedir la salida de oro y plata (fuga de capitales), protección a la industria textil, oposición a nuevas cargas fiscales, defensa del patrimonio real frente a su entrega a los nobles. A medida que las reivindicaciones fueron más serias y profundas se causó la deserción de los elementos más moderados que no querían cambios tan profundos sólo algunas reformas.

El programa político del movimiento comunero

Fue importante la práctica política que se llevó a cabo, la comunidad era un movimiento de democratización: el pueblo llegó a intervenir muchas veces de forma tumultuosa, pero también hubo asambleas de barrio etc. tanto para las pequeñas cuestiones como las grandes, y se participaba en el gobierno de la ciudad y en la elaboración de las orientaciones políticas. Pero también se fue decantando una estructura representativa. En Tordesillas, la asamblea se proclamó Cortes y Junta General del Reino. Como Cortes, la asamblea reunía a los procuradores de las ciudades con voz y voto; como Junta General actuaba como un auténtico gobierno (esto provocó abandonos). El programa político se podía resumir en:

1. Rechazo del imperio: no por xenofobia, ni voluntad de encerrarse, sino para que no se sacrificara el bien común de Castilla a los intereses personales y dinásticos.

2. Relaciones Rey y reino. Se quejaban de que ante la elección imperial “el rey nuestro señor aceptó sin pedir parecer ni consentimiento de estos reinos” Esta voluntad de intervenir en los debates políticos es lo que da la tónica general del movimiento. Decían, por ejemplo: “libertad otorgada no es libertad”; la libertad política tenía que ser declarada y mantenida por el mismo reino.

3. Por eso se pretende situar a las Cortes como la institución más importante del reino limitando el poder real. Aunque se mantenía la tradición de representar sólo algunas ciudades, la composición variaría, pues cada ciudad estaría representada por un representante del clero, uno de los caballeros y escuderos y otro de la comunidad, los pecheros.

4. Además, los procuradores tenían la obligación de dar cuenta de su mandato a sus electores. Sobre todo, se pretende que las leyes obliguen tanto a los súbditos como también a los príncipes, pero el reino es el que debe tener la última palabra. Esto se apoyaba ya en teorías tradicionales y escolásticas de la Edad media, pero con un aire moderno, teorías que los teólogos españoles repetirán todavía tras la derrota de las Comunidades pero que ya no tendrán alcance práctico.

Lo importante es, pese a algunos rasgos tradicionales, el carácter absolutamente innovador de este programa en el plano de la teoría política. Pero esto en un país en que la burguesía era relativamente débil y además dividida lo que causó en buena parte el fracaso final. Para algunos acaeció demasiado pronto, y porque el convencimiento que mostraron muchas ciudades no era similar al de otras más conservadoras, más dominadas.

La derrota de los comuneros supuso la consolidación definitiva de la decadencia (iniciada bastante antes) de las instituciones de carácter comunitario en Castilla, y la imposición sin trabas de un modelo político autoritario, pero fue una oportunidad grande para haber cortado ese proceso.  ¿Podríamos seguir aquella estela?

Sacerdote Don Diego Garrido Pombo y el Consejo Revolucionario

En el contexto de la Guerra Civil Española (1936-1939), donde abundaron los hechos de matanzas de población civil en ambos bandos, y en particular hacia numerosos sacerdotes y laicos de la Iglesia, destacamos este testimonio:

El sacerdote Don Diego Garrido Pombo, nacido en 1874 en Cuevas de Almanzora, no fue asesinado como casi todos los sacerdotes del valle.
En diciembre ocurrió un hecho de notable importancia para Don Diego y para toda su gente de la ciudad montañosa. El párroco de Tíjola (Almería) es respetado y bien querido por el comité revolucionario y le dejan estar en paz en su propia casa. El 15 de diciembre, por la tarde hay programada una reunión muy importante del Consejo Municipal. Participan todos sus componentes: siete pertenecen a la Izquierda republicana y cinco son Socialistas. Al día siguiente el propio sacerdote es reclamado en el ayuntamiento. Le entregan un documento escrito y aprobado por unanimidad cuyo contenido es el siguiente:


“En reunión celebrada anoche por los miembros del Consejo municipal y con la asistencia de los
componentes de las Directivas de todas las Organizaciones Sindicales y políticas de esta localidad, al objeto de tratarse de diversos asuntos de interés general, se tomó el acuerdo, por unanimidad, de que se establezca en esta ciudad un Liceo popular preparatorio para examinarse en los centros oficiales de enseñanza, y de que se ponga Vd. a su frente, para organizarlo y dirigirlo con las más amplias facultades, teniendo presente que, hijo de un artesano, ha sabido por propios méritos obtener el título de Licenciado en Ciencias Naturales y que cuenta con una larga experiencia en la enseñanza secundaria y superior, en cuyo ejercicio ha acreditado excepcionales aptitudes pedagógicas y ha tenido generosa preferencia para enseñar gratuitamente a hijos de obreros y discípulos de escasos recursos, siendo notorio que en esa labor ha procurado al par que la más completa instrucción posible de los alumnos, la mejor educación cívica y moral de los mismos, puesta la mira en conseguir ciudadanos laboriosos, rectos, cultos, libres y conscientes, amantes de nuestra Patria, defensores de la justicia social, impulsores del progreso y leales servidores de la República Española. Lo que ponemos en su conocimiento a los efectos consiguientes”.
Salud y República. Tíjola, 16 de diciembre de 1937.


Dicho documento lo firman el Alcalde Antonio Martínez y los tres consejeros González, Alonso y Guirado. Por el Partido Comunista: Antonio Jiménez. Por la Juventud Socialista Unificada: Rafael Martínez y Martínez Robles. También aparece el sello y firma de CNT-AIT.

Agradecemos a Antonio Martínez Pozo, que fue discípulo de Don Diego María, y que en el año 2005
escribió sobre el Boletín Informativo de Tíjola: “Es un documento único en toda España que honra tanto al párroco Diego como a toda la población de dicha ciudad, ya que en medio de la persecución religiosa, tras un tiempo de atenta vigilancia, el Consejo Municipal, aún oponiéndose a órdenes superiores, encarga a un sacerdote, que, aunque si bien es verdad que le impiden ejercer su ministerio, le permiten servir de manera diversa a su comunidad, también durante la terrible persecución religiosa”.

Del libro “Emilia gitana mártir y los héroes del río Almanzora”. Autor: Don Mario Riboldi. (Extracto de las páginas 32, 33 y 65):

Lo que Europa le debe al cristianismo

Rafael Narbona

Durante estas navidades, el Parlamento Europeo ha rechazado la propuesta de exponer un Belén en su sede, alegando que podría resultar ofensivo. Cuesta trabajo comprender qué puede resultar ofensivo en una tradición que ha acompañado a la sociedad europea durante siglos. No es un secreto que la identidad de Europa es una síntesis de Roma, Grecia y Jerusalén. Si prescindimos de algún aspecto de este legado, mutilamos nuestro propio ser. El cristianismo no ha aportado tan solo la Buena Noticia, el nacimiento de Jesús, un niño judío que se revelará como el Hijo de Dios, materializando la promesa del Antiguo Testamento, según el cual la herida abierta por el pecado original solo se cerrará cuando un Salvador restaure el equilibrio roto por el hombre.

Entiendo que para muchos este razonamiento solo es mitología. Conviene recordar que las Sagradas Escrituras no pretenden ser un relato de hechos históricos contrastables mediante la metodología de las ciencias sociales, sino una narración con una dimensión mítica y un significado trascendente. Si no fuera así, no se comprendería que el robo de una manzana fuera el origen de las desgracias de la humanidad. Esa manzana quizás nunca existió y simplemente simboliza la transgresión de las normas que protegían la vida. De hecho, la muerte de Abel es una consecuencia directa del pecado original, que introdujo la violencia en las relaciones humanas, desoyendo el mandato espontáneo de no matar que nos asalta cada vez que contemplamos el rostro ajeno.

El cristianismo es un humanismo radical

Con independencia de las cuestiones teológicas, el cristianismo no se ha limitado a aportar esperanza, lo cual no es poco, sino que además ha cimentado una interpretación del hombre y la historia basada en valores atemporales, como la fraternidad, el perdón, la paz y la solidaridad. Para el cristianismo, no hay judíos y gentiles, hombres civilizados y bárbaros, patricios y esclavos, varones y mujeres, sino seres humanos con una dignidad inalienable. Nadie es insignificante. Cualquier vida posee un valor incuestionable. Frente al egoísmo, el cristianismo incita al desprendimiento y la generosidad. El clamor contra la injusticia recorre el Evangelio y el Antiguo Testamento. Los pobres, los hambrientos, los que sufren no deben ser abandonados a su suerte. Su dolor es un escándalo y hay que hacer todo lo posible por mitigarlo. Eso sí, la lucha por la justicia no puede servir de pretexto para empuñar la espada. Hay que renunciar a la violencia y la venganza. Los pacíficos son los verdaderos hijos de Dios. El amor al prójimo debe extenderse a los enemigos. Quizás pueda parecer una idea ingenua o inhumana, pero sin esa predisposición, las heridas siempre permanecerán abiertas. Europa no ha conocido una paz duradera hasta que las naciones con una tradición de enemistad han decidido estrecharse la mano, enterrando su historial de agravios mutuos.

En el cristianismo, el amor al prójimo no es algo marginal, sino una idea central. San Juan escribe: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, está mintiendo. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”. El cristianismo es un humanismo radical. Pone a la persona en el centro de la vida moral y social, señalando que el hombre siempre es un fin y nunca un medio. No somete al individuo a los designios de la Historia o la Naturaleza, que justifican su inmolación, apelando a una hipotética plenitud futura. Algunos dirán que las hogueras de la Inquisición ignoraron este planteamiento. Sería absurdo negarlo, pero conviene aclarar que la Inquisición constituyó una gravísima infidelidad al Evangelio.

La Iglesia Católica no ha logrado permanecer al margen de las convulsiones de la historia. Su mensaje ha sido utilizado para justificar ideologías opuestas a sus principios más elementales. Pienso en el antisemitismo, que nace de la injusta acusación contra el pueblo judío de ser los responsables de la muerte de Jesús. Nunca me cansaré de repetir que Jesús fue ejecutado por Roma, que le consideró un alborotador más, uno de esos mesías que aparecían de vez en cuando, incitando a la rebelión. El cristianismo no es la negación del judaísmo, sino su continuación. Una hagadá de la Torá formula con inequívoca nitidez el pilar de la moral: “No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti; todo lo demás es comentario”. Debemos esa “regla de oro” al rabino Hilel el Sabio (h. 110 a. C.-10 d. C.), el primer erudito que sistematizó la interpretación de la Torá escrita. En su ‘Vida de Jesús’, Ernest Renan sostiene que Hilel fue el maestro de Jesús de Nazaret. El cristianismo siempre estará ligado al judaísmo. Los Cristos rubios y de ojos azules son una grotesca caricatura que ignora los hechos históricos (Jesús probablemente tuvo la piel morena, los ojos oscuros y el cabello corto), fomentando un antisemitismo hondamente anticristiano.

La religión como pretexto

Se ha responsabilizado al cristianismo de las guerras que asolaron Europa a partir de la Reforma, pero lo cierto es que esos conflictos no nacen de disputas religiosas, sino de la búsqueda de la hegemonía de unas naciones sobre otras. La religión sirvió de pretexto. Nunca fue la causa principal. Lejos de abogar por la guerra, el cristianismo destaca la responsabilidad de cada ser humano en relación a sus semejantes. El examen de conciencia y el sentimiento de culpa nos obligan a reflexionar sobre nuestros actos y a reparar el daño causado. La culpabilidad no es un simple lastre, sino un reconocimiento objetivo de nuestros errores y un estímulo permanente para corregirlos y superarlos. La culpabilidad sería estéril sin la posibilidad del perdón. Gracias al perdón, podemos librarnos del pasado. No estamos encadenados a él como si fuera algo muerto e inalterable. Ser perdonados significa poder reescribir lo que sucedió, avanzando hacia un futuro con nuevas posibilidades. Todas las legislaciones de países democráticos se hacen eco de esta idea, señalando que el sentido de las penas no es castigar, sino rehabilitar al infractor. Jesús nunca escatimó el perdón y siempre mostró predilección por los pecadores.

El cristianismo no se mostró hostil a la carne ni al sexo. Postuló la resurrección del cuerpo y el alma porque entendió que la persona es existencia encarnada, una conjunción indivisible. Sin cuerpo, no hay historia. Es la vía de inserción en lo real y lo que nos permite forjar una identidad. El odio al sexo no es una herencia cristiana, sino una vieja enseñanza gnóstica que san Agustín asimiló, desviándose del espíritu del Evangelio. El cristianismo tampoco es enemigo de la ley. Cuando Jesús pide que se paguen los impuestos, reconoce la dimensión comunitaria del individuo. No es posible una vida humana al margen de la sociedad.

Ser ciudadano no es una opción, sino una necesidad y una obligación. Eso sí, las sociedades que utilizan al hombre como medio y no como fin carecen de legitimidad y cabe la desobediencia. En los Hechos de los apóstoles, Pedro afirma: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. La invitación a la comunidad de bienes que circula por el Evangelio incorpora a la política una perspectiva utópica. No se trata de una utopía basada en la violencia revolucionaria, sino en el ejercicio de la razón. No es posible la paz y la prosperidad en un mundo con grandes desigualdades. Solo cuando comprendamos que la verdadera felicidad consiste en compartir, saldremos de esa lógica de la acumulación y el consumo que nos convierte en esclavos de los bienes materiales.

La fuerza de la libertad

El cristianismo es una “moral abierta”, como señala Henri Bergson, que se fundamenta en la libertad. Podemos abrazarla o no. No es una “moral cerrada” que se impone mediante la fuerza. No podría ser de otro modo en una filosofía que invita a poner la otra mejilla y a compartir con nuestros semejantes el manto, la túnica o lo que sea preciso. El cristianismo siempre se solidariza con el más débil. Por eso cambió la situación de los niños en el mundo antiguo. En Roma, la vida del recién nacido dependía de la voluntad del ‘pater familias’. Si éste repudiaba al niño, se le abandonaba a la intemperie, expuesto a los elementos y a las fieras. Jesús advierte que la vida de los niños es sagrada y que más valdría atarse una rueda de molino y arrojarse al mar antes que causarles cualquier daño. Su actitud no es menos favorable hacia la mujer. Se ha recriminado al cristianismo la discriminación y postergación de la condición femenina. Ese reproche debería más bien dirigirse a las distintas iglesias, pues Jesús se rodeó de mujeres y todo indica que muchas desempeñaron un papel muy importante en las primeras comunidades.

El respeto a los derechos humanos es la piedra angular del proyecto europeo y ese compromiso no ha surgido de la nada. Es anterior a la Ilustración y, de hecho, el humanismo de los ‘philosophes’ es nítidamente cristiano. El ateísmo fue un fenómeno marginal en el Siglo de las Luces. Predominó un anticlericalismo inspirado por el rechazo a la intervención de la Iglesia Católica en los asuntos políticos. Desgraciadamente, se juzga al cristianismo por las infidelidades de la Iglesia, siempre sujeta a las imperfecciones humanas, y no por sus grandes aportaciones al progreso moral de la cultura occidental. El cristianismo depuró la herencia grecolatina y las enseñanzas de la tradición judía mediante el humanismo del Evangelio, alumbrando la idea de una civilización basada en leyes justas que garantizaran la igualdad de derechos, la protección del más débil y la fraternidad con otros pueblos.

Negarse a exponer un Belén en el Parlamento Europeo significa darle la espalda a ese legado, ocultando sus raíces históricas y filosóficas. El hispanista Joseph Pérez afirmaba que sin el cristianismo, España se parecería al norte de África, donde las ideas democráticas aún soportan una fuerte resistencia. Puede extenderse su reflexión al resto de Europa. El comportamiento del Parlamento Europeo evoca los problemas de Jesús y María para hallar posada, cuando el nacimiento de Jesús era inminente. Es un gesto con un indudable parentesco con la tendencia de Europa a levantar muros y no puentes, cerrando el paso a los inmigrantes. Un Belén en el Parlamento Europeo, lejos de ofender, podría haber servido para recordar que lo ético y humano es la acogida, y no la indiferencia o el rechazo.

La II República y la Guerra Civil en el Archivo Secreto Vaticano

Ana Sánchez

Una nueva adquisición ocupa ya las estanterías de la Biblioteca Julián Gómez del Castillo de la Casa Emaús: esta recopilación de documentos nos acerca a una época sombría de la historia contemporánea de España, pero así fueron los hechos y así hay que recordarlos, documentándolos con textos de la época, prescindiendo de interpretaciones tendenciosas y manipulaciones ideológicas.

Es doloroso recordar cómo durante un lustro, los partidos políticos más extremistas de derechas e izquierdas, contrarios a la legalidad constitucional, fueron creando un clima prebélico que llevó a la confrontación armada.

A lo largo de la historia se ha visto cómo la sed de aprender y la lucha contra la ignorancia siempre han resultado imprescindibles en la emancipación de los empobrecidos, constatada como algo que no significaba únicamente reivindicaciones políticas y económicas.

Así nos lo enseñó y lo vivió Julián Gómez del Castillo, que entre los pobres de la España del hambre que le tocó vivir, aprendió y eligió el largo y sacrificado pero fecundo, camino de la cultura y la vida solidaria, frente al atajo fácil e inmediato del asistencialismo, que castra la promoción de los pobres. Así, nos enseñó que el primero fomenta hombres libres, capaces de generar esperanza y liberación para los oprimidos. El segundo crea personas dependientes, y por tanto esclavas.

Os invitamos a acompañarnos en esta y otras aventuras: historias reales, hechas por personas concretas y que van construyendo lo que somos y cómo somos. Los libros nos ayudan a entender un poco mejor lo que hemos de llevar a nuestras vidas para seguir construyendo historia.

Un puente de libros infantiles

Esther Mateo

Jella Lepman fue la encargada, nada más acabar la Segunda Guerra Mundial de desarrollar un programa de reconstrucción cultural en Alemania. A pesar de sus primeros miedos de volver a Alemania, de lo que se podría encontrar allí,  su amor por los niños es lo que la hizo afrontar su papel.

En el libro Un puente de libros infantiles, ella misma nos narra paso a paso lo que fue realizando, los problemas con los que se encontró y como fue consiguiendo todo lo que se proponía.

“Los libros infantiles serán los primeros emisarios de paz”.

Su primer proyecto fue crear una exposición de libros infantiles, y para ello llegó a enviar cartas a 20 países distintos pidiéndoles libros infantiles para los niños alemanes. La mayoría de los países fue respondiendo de manera positiva, y alguno llego a responderle que no colaborarían con Alemania para nada ya que habían sido invadidos por ella en dos ocasiones, pero Lepman no se rendía facilmente y les respondía que a las nuevas generaciones había que educarles para la paz para que no les volviesen a invadir.

“Mi idea era contribuir al entendimiento internacional mediantes libros infantiles y juveniles.”
Se llegaron a recibir lotes de 14 países, teniendo en cuenta como estaría el transporte en aquella época, se puede considerar hasta un milagro. El 3 de Julio de 1946 se inauguró la Exposición del Libro Infantil y Juvenil, siendo el primer evento internacional en Alemania. Esta exposición pasó por distintas ciudades de Alemania. Se produjeron hechos curiosos como por ejemplo, el 1 de octubre de 1946 se inauguró en Frankfurt y ese mismo día se conocían las sentencias por los crímenes de guerras de los juicios de Nuremberg. Un hecho que tuvieron en cuenta en el discurso inaugural: “…el futuro del mundo no será construido por hombres que aman el peligro por el peligros, sino por aquellos que lo superan porque lo desprecian.”
La exposición fue todo un éxito, llegó a tener más de un millón de visitantes.
“Esta exposición del libro infantil, pese a la ausencia de la Unión Soviética y otros estados, pone de manifiesto el vínculo que une a los niños de todos los países, más allá de las fronteras nacionales.”
Jella Lepman fue pasando todos los obstaculos que se le ponían por delante. En una ocasión una de las exposiciones coindía con las fechas de Navidad, y pensando en todos los niños que no tendrían ni un regalo esos días, consiguió imprimir en una sola noche 30000 ejemplares de la fábula de El toro Ferdinando. Cuando la preguntaron cómo se las había arreglado con los derechos de autor, su respuesta fue muy sencilla “¿Los derechos? Fue sencillo: nos olvidamos de ellos por completo.”
Su papel no se quedó en una exposición, fue mucho más allá y llegó a crear la Biblioteca Internacional de la Juventud. Un proyecto en el que integró a las principales organizaciones juveniles no políticas de los países miembros de las Naciones Unidas. “Un proyecto para la juventud llevado a cabo por la juventud”.
En la biblioteca se crearon distintas actividades para los niños y jóvenes. La que mayor éxito tuvo fue La hora de los cuentos. “Ningún televisor, por muy avanzado que fuera, podría reemplazar nunca el lazo mágico de un cuento entre el niño y su narrador.”
La vida de Jella Lepman es un gran testimonio. En 1956 coloboró con la incipiente ayuda al desarrollo que distintas instituciones comenzaban a llevar a cabo. Pero Lepman no era una colaboradora sin más, ella lo veía con su mirada crítica: “Por todas partes había máquinas agrícolas estadounidenses, de reciente fabricación, abandonadas y oxidadas. Faltaba personal formado, faltaban centros de enseñanza agrícola y talleres de reparación. Así estaba siendo la ayuda al desarrollo.”
Viajó por distintos países y nada le era indiferente. Vió de primera mano como niños hacían alfombras en lo que ella llamaba trabajos forzados.
“En muchos puntos alejados de la tierra, los niños sostenían los mismos libros en sus manos, encontrándose los unos y los otros en un mismo puente hecho de libros infantiles.”

Tenemos que agradecer a Teresa Zarataín, editora de la editorial Creotz, que nos haya dado a conocer a esta gran mujer. En internet podemos ver como hay países que le están dedicando distintas exposiciones. A ver si en España alguna institución o asociación se anima. Un libro que debería estar en cada biblioteca.

“Cuando se desea de verdad que un sueño se cumpla, casi siempre es uno mismo quien debe apoyarlo, y eso fue lo que hice.”

Mijaíl Kaláshnikov, el armero arrepentido

Fuente: xlsemanal.com

Soñaba con diseñar cosechadoras. Sin embargo, inventó un arma casi perfecta: el AK-47, un fusil barato, sencillo y eficaz que ha matado (y mata) a cientos de miles de personas. No es eso lo que quería su creador, Mijaíl Kaláshnikov, el hijo de unos campesinos deportados a Siberia por Stalin.

Poco antes de morir, Mijaíl Kaláshnikov -creador del famoso fusil automático que lleva su nombre- confesó que su sueño de juventud había sido crear máquinas agrícolas. De joven soñó con hacer más fácil el duro trabajo de la gente del campo, como el que llevaban a cabo sus padres, que vivían en la aldea de Kuryá, en la región siberiana de Altái.

Mijaíl nació en aquel lugar recóndito de la Unión Soviética el 10 de noviembre de 1919, hace ahora 100 años. En 1930, las purgas de Stalin afectaron a su familia, que fue deportada a la región de Tomsk por ser considerada kulak, un término despectivo que se aplicaba a los agricultores que se oponían a la colectivización forzosa de sus tierras.

Kaláshnikov hizo el servicio militar en el Ejército Rojo y en 1938 cursó estudios en la academia de tanquistas de Kiev, donde diseñó accesorios para carros de combate, como un contador de disparos o una bocacha apagallamas. un eliminador de destellos que permitía disparar la pistola TT-33 desde el interior de la torreta de un blindado sin que el soldado se deslumbrara por el fogonazo.

En la Segunda Guerra Mundial (la Gran Guerra Patria, como es conocida en Rusia) fue herido de gravedad en la batalla de Briansk. Durante su convalecencia en el hospital escuchó a un grupo de compañeros quejarse de la escasa fiabilidad y el incómodo retroceso de los rifles soviéticos, lo que lo animó a inventar una nueva arma que combinase el poder del fusil automático con la simplicidad de una pistola.

Su mejor invento

En 1945, Kaláshnikov ideó el legendario AK-47, su gran invento, por no decir el único que lo ha sobrevivido. Su producción comenzó dos años más tarde en la fábrica de Izhevsk, donde el joven maestro armero fue ascendido a ingeniero jefe. Su invento ha triunfado en todo el mundo. El ministro de defensa de Mozambique contó a Kaláshnikov que su pueblo logró la libertad combatiendo con su fusil. «Muchos soldados pusieron a sus hijos el nombre de Kalash. ¿Qué diseñador armero no sería feliz al oír algo así?», dijo el propio Kaláshnikov. El padre del AK-47, sin embargo, pensaba que su criatura estaría siempre al servicio de la paz, la seguridad y la justicia. Por eso, no entendió a los que lo culparon de haber diseñado un arma tan mortífera.

Dolido por las críticas que cosechó a lo largo de su vida, Kaláshnikov recordó que había inventado el AK-47 para proteger a su patria, no para ponerlo en manos de asesinos. «No es culpa mía si hoy estas armas son usadas donde no se deberían usar. La culpa es de los políticos, no de los constructores».

Hubo críticas, pero también un gran reconocimiento en su país. Cuando cumplió 90 años, el presidente ruso Dmitri Medvédev lo nombró Héroe de Rusia, el título honorífico más prestigioso de la nación.

Para la patria, sin patente

El AK-47 pronto se hizo famoso por su seguridad en las condiciones climáticas más adversas. Daba igual si se utilizaba en las ardientes arenas del desierto o en las gélidas regiones de Siberia. Los modelos originales casi nunca fallaban. Lo mismo que las versiones más modernas, muchas de las cuales se han fabricado en China, Polonia, Irak o Israel, entre otros países.

«Conocí al creador del modelo israelí y, por supuesto, se ha hecho rico», recordaba Kaláshnikov en una entrevista de 2009. El padre del AK-47 sabía que de cada modelo recibía un porcentaje de dinero. «Pero nosotros trabajábamos para la patria. Así nos educaron. Nadie pensaba en patentes». Pese a todo, Kaláshnikov confesó que el Estado ruso lo cuidaba bien: «Recibo una pensión honoraria de la fábrica de armas de Izhevsk y un buen sueldo como consejero del director general de Rosoboronexport (la principal agencia estatal para la exportación de armas)», dijo.

Desde que pasó a ser el fusil de asalto de los ejércitos soviéticos y de las naciones adscritas al Pacto de Varsovia, el AK-47 se convirtió en uno de los símbolos de los movimientos guerrilleros, así como en el arma preferida de losÿ grupos terroristas de todo el mundo. Se ha utilizado en los atentados de los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972 o en la matanza de la sala Bataclan de París en 2015.

Se estima que actualmente hay entre 70 y 100 millones de unidades de distintas versiones que están en servicio en más de 50 países, así como en manos de diversas organizaciones criminales. Su fiabilidad está fuera de toda duda, lo mismo que su capacidad letal. Si las dos bombas nucleares que lanzó Estados Unidos en 1945 sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki mataron a unos 200.000 civiles, el AK-47 causa cada año un número similar de víctimas.

Mijaíl Kaláshnikov murió en 2013, a los 94 años. Meses antes de su fallecimiento, escribió una carta al patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa en la que le preguntaba angustiado si era culpable de las muertes que su fusil había causado, aunque fueran enemigos. El patriarca le respondió con prontitud: «Cuando las armas sirven para proteger a la patria, la Iglesia apoya tanto a sus creadores como a los soldados que las utilizan». Debió de ser un consuelo para Kaláshnikov, quien se bautizó con más de 90 años y se describió a sí mismo como «un siervo de Dios».

Fue dos veces Héroe de la Unión Soviética y Caballero de la Orden de Lenin. Los egipcios levantaron un monumento gigante en su honor en la península del Sinaí; en el centro de Moscú se instaló otro hace dos años. El fusil que lleva su nombre se utilizó en la guerra de Vietnam; su imagen figura en la bandera de Mozambique y en los escudos de Zimbabue, Timor Oriental y Burkina Faso (de 1984 a 1997). Con un AK-47 se suicidó el presidente chileno Salvador Allende.

Cosa de niños

Los modelos originales del fusil tenían una tendencia a disparar ligeramente a la izquierda. Pero esa imprecisión carecía de importancia. Su punto fuerte era que permitía a su portador disparar con intensidad en modo semiautomático o en ráfagas cortas. Cualquiera puede aprender a usarlo rápidamente. Gracias a su simplicidad y a su suave retroceso, ha pasado a ser el arma de fuego de los niños soldados africanos.

Por si fuera poco, su construcción no es nada compleja, lo que abarata su precio. Si en Europa se puede adquirir uno nuevo por unos 450 dólares, en Camboya se venden de segunda mano por 40 dólares y en Mozambique por apenas 20 dólares, un precio similar al que paga un muyahidín afgano por uno antiguo, pero listo para el combate. Y ese es el grave problema. Eso no es lo que quería Mijaíl Kaláshnikov.

Delibes ante el proceso de Burgos

Fuente: magnificomargarito.com

Miguel Delibes no fue ese hombre solitario que escribía novelas. Tampoco fue un catedrático de derecho mercantil con familia numerosa ni un aficionado al fútbol que huía al campo en cuanto podía a pescar truchas y cazar perdices rojas. Miguel Delibes fue, ante todo, un periodista y gran parte de su producción literaria es periodismo disfrazado de ficción para saltarse la censura, periodismo sin limitación de papel. No fue un periodista cualquiera. Miguel Delibes fue un periodista integral, comprometido con la defensa de la libertad a lo largo de toda la dictadura y con la responsabilidad de dar voz a los débiles. Porque eso es el periodismo para él: una herramienta para contar lo que pasa y poner contra las cuerdas a los que precisamente no quieren que se sepa lo que pasa. Es decir, al Régimen. Lo hizo durante toda su carrera. Su lucha contra la censura es constante, beligerante, incesante. Su postura le supuso una persecución por parte del franquismo de la que poco se habla. Del mismo modo, Delibes fue un creyente convencido, lo cual no solo supone mantener, como mantuvo, una postura contraria al aborto sino, por coherencia, también una oposición frontal a la pena de muerte.

Un ejemplo de su compromiso por la libertad y contra la pena de muerte podemos verlo en su postura ante el ‘Proceso de Burgos’, en el que se pidió pena de muerte en Consejo de Guerra a dieciséis miembros de ETA. Quizá resulte redundante, por conocido y evidente, reincidir en que la postura de Miguel Delibes no tuvo nada que ver con una simpatía hacia la banda terrorista, más bien lo contrario: demostró que las convicciones firmes no dependen de nada, y la defensa de la vida tiene igual sentido si la vida es la de un terrorista o la de un bebé. El quinto mandamiento no viene con anexo.

En 1970, España ya era, socialmente, otra cosa. El comienzo del fin de la guerra fría, la llegada de Kennedy y de Jruschov a los gobierno de Estados Unidos y de la Unión Soviética, respectivamente, y los cambios en el catolicismo que supuso el Concilio, pusieron sobre el papel un nuevo tiempo. Incluso la abogacía española se mostró contraria a la pena de muerte en el Congreso celebrado en León unos meses antes, en junio de 1970. En este contexto, el 20 de junio de 1970, Miguel Delibes empieza a escribir un diario en el semanario ‘Destino’ que, finalmente, publicaría en 1972 bajo el título ‘Un año de mi vida’. En dicho diario encontramos varias anotaciones sobre el ‘Proceso de Burgos’ que dejan clara su postura.

«6 de diciembre. – De acuerdo con el Padre Llanos, que no aspira a otra cosa que a servir a sus semejantes, hemos enviado al ministro de Justicia un escrito, firmado por los dos, en el que hacemos constar nuestra propuesta por el hecho de que no sea un tribunal ordinario el que juzgue a unos ciudadanos civiles y nuestra repulsa porque aun perdure en el país la pena de muerte. Carta al margen, es paradójico que en España exista la última pena y no exista la cadena perpetua. El castigo debe procurar la recuperación del delincuente y resulta obvio que los únicos seres no susceptible de recuperación son los muertos. La pena de cadena perpetua podría servir para aquellos reos cuya peligrosidad habitual llevara a sus jueces al convencimiento de que su rehabilitación es imposible».

Efectivamente, el día antes, envía junto al Padre Llanos S.J., -del que Umbral decía que parecía «el obispo de la miseria con chaqueta de jubilado»- una carta al ministro Oriol en la que expresa lo indicado en su diario junto a su consideración de la pena de muerte como correspondiente a «un estado infantil de la cultura, ya que no respeta el derecho de todo hombre a la vida. La labor de la sociedad culta es corregir a los que considere culpables».

La respuesta del ministro se da el 10 de diciembre. Es un documento grotesco que hoy resultaría escandaloso por su descaro, manipulación y nivel de demagogia. Pero eran otros tiempos y el Régimen era lo que era. Llega a decir, Oriol, entre otras cosas, que «la única violencia necesaria es la que cada uno ha de hacer contra si mismo para luchar contra el pecado». Recuérdese que estas palabras se las dirige también al Padre Llanos, un sacerdote, por lo que el tono provocador es evidente. Les pide en la misiva que creen opinión para que «la sociedad deje de ser tan infantil y alcance así una madurez en la que pueda darse la libertad».

Llanos informa a Delibes de esta carta a través de otra fechada el día 12, en la que con un tono desesperanzando y con cierto hartazgo, insta a Delibes a responder, aunque dejando claro que puede hacer lo que estime oportuno. Llanos estaba inmerso, por entonces, en una crisis existencial y se nota. Pero la confianza hacia el vallisoletano es tal que le adjunta incluso su firma en una hoja en blanco para que don Miguel la adosara a la respuesta, sea esta la que fuera.

Delibes lo recoge así en el diario.

«14 de diciembre. – El señor ministro de Justicia ha tenido la atención de contestarnos al Padre Llanos y a mi. Entiende que la palabra protesta no es consecuente con nuestra actitud de no-violencia ya que en si misma encierra una violencia. Esto es un círculo vicioso. Los más grandes no-violentos del mundo -Ghandi y Lutero King- fueron protestarios, protestatarios pacíficos pero inflexibles. Ellos deben ser nuestro ejemplo».

El documento al que hace referencia es demoledor. Esta es la primera vez que sale a la luz y, por ello, El Norte de Castilla agradece a la Fundación Miguel Delibes el acceso al documento. Por su interés y novedad, se reproduce íntegramente.

«Excelentísimo Señor:

Agradecemos de corazón su respuesta puesto que siempre hemos confiado en las grandes virtudes del diálogo. No le sorprenda, Sr. Ministro, nuestra protesta dentro de nuestro espíritu de no violencia. La protesta fue el arma de los grandes no violentos de la Historia – Ghandi, King o el Dr. Schweitzer-: protesta pacífica pero inflexible. Ni quisiera ser la nuestra y la de tantos otros españoles que, a diferencia de la que usted cita y que sin duda apoyan la constitución del Tribunal de Burgos, no podemos manifestarlo -ni amplificarlo- a través de la prensa y la TV.

No hay duda respecto a las virtudes militares que Vd. cita – valor, honor, espíritu de sacrificio-, pero es evidente que, en formación profesional, de la misma manera que el militar entiende de táctica y estrategia, debería ser el juez quien entendiera de la justicia.

Claro es, Sr. Ministro, que mediante nuestra carta no pretendemos cambiar ya el curso del proceso de Burgos, pero si aprovechamos este motivo para insistir una vez más en la inminencia de estudiar la supresión de la pena de muerte en nuestro país y sustituirla en ultimo extremo con la de la cadena perpetua para aquellos casos de reos cuya recuperación se considere imposible.

Con los debidos respetos le saludan.

P.D.  Recibimos, señor ministro, una copia de la declaración del procesado Juan Echave en Burgos. No podemos compartirla ni refutarla pero si le encarecemos, señor ministro, como cristianos, se interese por la suerte de los detenidos desde el momento de la detención hasta el de ser juzgados».

Se refieren Delibes y Llanos a la declaración del padre Echave Garitacelaya al consejo de guerra de Burgos el 6 de diciembre, en el que relata punto por punto una secuencia de maltrato y brutalidad policial cuya lectura resulta dramática. El propio Padre Echave denunciaría años después a Felix Criado por haberle torturado «salvajemente» en la cárcel concordataria zamorana en abril de 1969. Esta querella es la presentada en Argentina contra los crímenes del franquismo que juzga hoy la jueza Servini. La presencia de dos sacerdotes entre los encausados – Julián Calzada Ugalde y el citado Juan Echave Garitacelaya- hizo que la propia Iglesia se presentase como parte interesada.

El diario sigue.

«25 de diciembre. – Para que nada faltase al clima de Navidad, hubo nieve y un gesto de sensatez por parte de la ETA: la liberación del cónsul Beihl. (…)

28 de diciembre. – La sentencia de Burgos con nueve penas de muerte (tres dobles) me ha angustiado. Todavía faltan, es cierto, el pronunciamiento del capitán general y el derecho de gracia del Jefe del Estado, pero estas tres penas dobles me dan mala espina y destruyen por completo mis previsiones sobre este asunto y a las que hasta ahora se habían ajustado los hechos de manera sorprendente.

30 de diciembre. – Cuando regresaba de cursar un telegrama a El Pardo, pidiendo clemencia para los condenados a muerte en Burgos, me encontré en el periódico con la noticia de su indulto. Había una gran alegría en la redacción, a la que me uní sin reservas. La medida no solo me parece humanitaria, sino de suma prudencia política. ¡Qué alivio, Señor!»

No todo fue coser y cantar. El 18 de diciembre de 1970, Vergés -el editor de Delibes- traslada al periodista que había estado reunido recientemente con el director general de prensa, quien le había advertido sobre Delibes mostrándole sus textos subrayados. «No sé donde acabaré. Me quieren a mi», le advertía Delibes cuatro años antes al propio Vergés con motivo de su cese como director por parte de la censura. Y la persecución seguía. Y siguió. Fue algo constante y, literalmente, deprimente para él. Delibes pudo optar por ponerse de lado, como hicieron otros, y refugiarse en la Academia y sus éxitos literarios. Pero él no era así. Delibes no calló. No lo hizo nunca y tampoco, como vemos, durante este proceso. Es el modo de actuar consecuente y firme de uno de los periodistas a los que más debe la libertad de expresión en España. Y, sobre todo, es el modo de actuar de un ser humano excepcional.

 

La rebelión mestiza pendiente

Mónica Prieto

Vaya este artículo como pequeño homenaje a José Luis Rubio Cordón. Con la edición de La rebelión mestiza en 1992 en Voz de los sin Voz con ocasión del V Centenario del encuentro entre Europa y América, Julián Gómez del Castillo quiso “hacer justicia al doctor Rubio Cordón, olvidado por los grandes medios de comunicación y los poderes políticos”. De manera sorprendente años después, el papa Francisco en Fratelli Tutti reivindica el mestizaje como la mejor aportación de identidad cultural en el anhelado mundo abierto.

José Luis Rubio, profesor de Pensamiento Político Iberoamericano fallecido en 2008, defendió a lo largo de su vida una idea que cobra hoy mucha fuerza: El destino de Iberoamérica es un destino mestizo. Iberoamérica puede aportar la prueba -la prueba cristiana- de que es posible la integración de cultura y de razas.

Para José Luis Rubio la “mestización fecunda” estaba asentada sobre la base común de lo ibérico en factores étnicos y culturales autóctonos y africanos y en menor medida asiáticos juntamente con aportaciones europeas y medio-orientales.

Lo ibérico que llegó a América también era mestizo debido a sus ocho siglos de presencia árabe decía él, a la que habría que añadir la presencia bereber.

Sin embargo la independencia del siglo XIX, que monopolizaron las minorías oligárquicas, fue una empresa esencialmente criolla, y por tanto, principalmente española y blanca.  Años después de la publicación de aquel libro las élites políticas y religiosas siguen encastillados en esa visión de la historia. La carta a los españoles americanos  de Viscardo y Guzmán, ex-jesuita, escrita en 1791, hoy es reivindicada en la  la página web oficial del bicentenario de la independencia del Perú, que lo señala como el arequipeño que inspiró las independencias de América. También los jesuitas de Perú le señalan como el precursor de la independencia hispanoamericana, aunque después maticen: hay desacuerdo entre los historiadores tanto sobre la importancia e influencia de Viscardo en la promoción del movimiento emancipador, como sobre su misma estatura humana y los motivos que lo impulsaron

La carta de Viscardo tiene párrafos que merecen ser reconocidos en sus anhelos de justicia hacia un continente expoliado, y ciertamente es una denuncia descarnada del despotismo y un anuncio del poder que debe tener siempre sus contrapesos. Especialmente llamativa es su referencia a la figura de el Justicia, magistrado de las Cortes aragonesas, que era un recuerdo permanente de que la soberanía popular estaba por encima del poder real. Esta aspiración democrática a la que José Luis Rubio hubiera calificado de típicamente ibérica, es ciertamente surgida de las aspiraciones de libertad de los pueblos a lo largo de la historia. Pero Viscardo, habla mucho más en su texto de libertad individual que de la libertad de los pueblos, la libertad del liberalismo burgués. Su propuesta es de independencia burguesa  que no ha sido ni es respuesta para el mundo de hoy. En su Carta a los españoles americanos, las huellas de este pensamiento burgués, son muy evidentes. Viscardo era un “mestizo” pues la lengua materna de su madre era el quechua. Sin embargo y a pesar de sus constantes referencias a los indios y mestizos en su carta, el grueso de sus reivindicaciones se dirige al poder español que impide el ejercicio del poder administrativo y político de los criollos. Reivindica el poder criollo, es decir,  de aquellos que tenían el poder económico pero no el político: típica revolución burguesa. Prueba de ello son los aliados que buscó, los “ingleses americanos”, a quienes intentó seducir sin éxito por las posibles ganancias económicas para ellos. Parece que el derecho natural al que apela para los descendientes de los españoles como él, no existiera para los habitantes originarios de aquellas tierras.  José Luis Rubio va más allá: la oligarquía criolla, impidió la emancipación de  los pueblos americanos: A pesar de su antiespañolismo nominal esa rectoría de los criollos -minoría paralela a la oligarquía extranjerizada peninsular- definió para siempre el rasgo ibérico que forma  que forma el lazo común de la población de toda Iberoamérica, anulando el posible histórico de una pluralidad de nacionalidades montadas sobre razas aborígenes diferenciadas en rasgos físicos, lengua y creencias. 

Las conmemoraciones del descubrimiento de América  se han puesto de nuevo de actualidad por la destrucción de las estatuas de los colonizadores (aunque algunos de ellos fueran más emancipadores que colonizadores). El fin de la conciencia histórica de la que habla el Papa Francisco en Fratelii Tutti  (13-14) provoca manipulaciones ideológicas de toda índole. Mientras discutimos sobre el carácter del descubrimiento y la antigua colonización, bajamos la guardia con las nuevas formas de colonización cultural. Porque el correcto conocimiento de la historia es un elemento emancipador: No nos olvidemos que «los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política». José Luis Rubio habla de “dos independencias”: la del pueblo y la de las oligarquías, incluida la criolla: Los intereses sociales del pueblo y los intereses comerciales de la oligarquía se van a manifestar en dos tiempos distintos, en dos oleadas sucesivas del movimiento independizador. Porque frente a las versiones estereotipadas de la historia oficial, no hay un movimiento independizador único y continuo: hay dos movimientos de independencia claramente diferentes, discontínuos, con motivaciones y objetivos absolutamente diferentes. 

Francisco ha puesto de relieve a lo largo de su Pontificado la promoción del pueblo, incluida la promoción de sus raíces históricas para combatir la colonización cultural: Por ello exhorté a los pueblos originarios a cuidar sus propias raíces y sus culturas ancestrales, pero quise aclarar que no era «mi intención proponer un indigenismo completamente cerrado, ahistórico, estático, que se niegue a toda forma de mestizaje», ya que «la propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor». El mundo crece y se llena de nueva belleza gracias a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas, fuera de toda imposición cultural (FT 148)

El sueño de José Luis Rubio parece encontrar su eco en Fratelli Tutti, que nos invita a pensar y gestar un mundo abierto forjado en el diálogo entre todas las culturas. José Luis Rubio recoge una vieja aspiración universal que el Papa Francisco ha recuperado y ha señalado como una de las luces de este mundo de sombras: Un papa latinomericano que nos invita a tener un corazón abierto al mundo entero, pero un corazón comunitario. Con potentes referencias universalistas, nos habla tanto de los pueblos originarios como del mundo islámico-oriental (de las que en España hemos enterrado las raíces, y así nos va….)

América es el continente con más católicos.  Iberoamérica para José Luis Rubio, en su escrito de 1960, es la más indicada para hacer realidad una armonía de culturas y razas en una síntesis humana de raíz evangélica: ese es nuestro destino manifiesto en el mundo que nos rodea: el destino mestizo.