Lo común

23 DE ABRIL DE 1521, HACE 500 AÑOS

Por Rodrigo Lastra y Ana Sánchez

El año 2021 se cumplen 500 años de la batalla de Villalar (Valladolid). Un 23 de abril de 1521 caía derrotado en las llanuras de esta villa castellana el ejército de los Comuneros de Castilla frente a las tropas realistas (todavía no imperiales) del nuevo y joven rey de los territorios que ya formaban la actual España: Carlos I de España, sería también Carlos V de los reinos alemanes y emperador del Sacro Imperio Germánico, heredero de aquella suerte de Unidad Europea medieval fundada por Carlomagno en el siglo VIII.

Carlos de Habsburgo era hijo de Juana I de Castilla y Felipe de Habsburgo y nieto de los Reyes Católicos; con esta herencia llegaría a convertirse en el monarca más poderoso de Europa y casi del mundo, pues a las europeas se unen todos nuevos territorios de América y Asia. Con él se inauguraba en España la dinastía de Los Habsburgo, también conocido como “los Austria” que reinarán durante todo el siglo XVI y XVII. Austrias, Borbones (Francia) y Tudor y Estuardo (Inglaterra) se repartían el botín europeo por aquellos años.

La llegada del joven príncipe a la península para convertirse en rey de Castilla, Aragón y Navarra en 1517 no cayó nada bien, especialmente entre los castellanos. Tenía 17 años y era la primera vez que pisaba España; había sido educado en Flandes (la actual Bélgica) y apenas hablaba castellano y cuando a Castilla prácticamente todos su consejeros y ministros fueron nombrados entre flamencos.

El descontento inicial hacia el extranjero, que se reflejó primeramente en lo económico (especialmente ante la amenaza que sintieron los potentados de Castilla de perder prebendas y privilegios) iría cogiendo forma y fuerza entre las clases populares urbanas, con un cariz mucho más político y social, hasta desembocar en una auténtica revolución (aunque este término no se usará hasta el siglo XVIII) que puso en jaque durante casi 2 años el sistema imperante.

El descontento va prender fundamentalmente en las ciudades, basadas en la incipiente burguesía textil y los gremios en contra de la amenaza de poder absolutista que representaba el nuevo rey y los grandes nobles exportadores de lana (que acabaron apoyando la causa realista).

La rebelión, que estalla en 1520 mayoritariamente en las grandes ciudades comerciales de Castilla, se concentra fundamentalmente en las dos mesetas, con alguna excepción como la ciudad de Murcia. Y aunque en algunos lugares, como el campo palentino y vallisoletano, la revuelta llega a tomar un carácter justiciero anti-señorial (al estilo de las revueltas medievales que periódicamente se daban por Europa) la rebelión comunera tiene mucho más de revolución moderna si se tienen en cuenta elementos fundamentales, como su fuerte componente urbano, su cuerpo institucional y sus demandas políticas.

A diferencia de los levantamientos antiseñoriales, en el caso de la revuelta Comunera, se construye un poder político representado en la Santa Junta, en la que están representados (de una manera bastante democrática para la época) miembros de todos los estamentos sociales de las ciudades levantadas. La Junta llegó a tener representantes de 14 ciudades.

Los comuneros consiguieron hacer un esbozo de constitución, queriendo acotar el poder del nuevo rey, dando más representatividad a las cortes y comunidades. Las pretensiones de los comuneros eran las siguientes: limitar el poder real y el poder de la nobleza, reducir los impuestos, reducir el gasto público, dotar de una mayor participación política de las ciudades, reducir las exportaciones de lana y otorgar mayor protección a la industria textil:

Que rey no pueda poner Corregidor en ningún logar sino que cada ciudad é villa elijan primero da del año tres personas de los hidalgos é otras tres de los labradores, é quel Rey ó su Gobernador escojan el uno de los tres hidalgos y el otro de los labradores, é questo dos que escojeren sean alcaldes de cevil é criminal por tres años, (…) que los oficios de la casa Real se hayan de dar á personas que sean nacidos é bautizados en Castilla (…) quel Rey no pueda sacar ni dar licencia para que se saque moneda ninguna del reino, ni pasta de oro ni de plata, é que en Castilla no pueda andar ni cada en el reino, (…)

Otro de los elementos que llama la atención entre las reivindicaciones, y que muchas veces ha pasado desapercibido por los estudios que abordan el tema, es la defensa del indígena, que quedó incluida de la siguiente forma en los capítulos de 1520:

“que no se hagan ni puedan hacer perpetuamente mercedes algunas a ninguna persona de cualquier calidad que sea, de indios algunos, para que caven e saquen oro, ni para otra cosa alguna. E que revoquen las mercedes de ellos fechas hasta aquí. Porque en se haber fecho merced de los dichos indios, se ha seguido antes daño que provecho del patrimonio real de Sus Majestades, por el mucho oro que se pudiera haber de ellos: demás que siendo, como son, cristianos, son tratados como infieles y esclavos”.

De ello se deduce que los malos tratos a indígenas, a la altura de 1520, no habían podido ser frenados por los monarcas; antes bien, posiblemente fueron favorecidos por la concesión de múltiples encomiendas en forma de mercedes, utilizadas para conseguir que los hombres asentados en unas tierras tan lejanas geográficamente de Castilla se mantuvieran fieles a la Corona. Es importante destacar que los comuneros se sintieran en el deber de demandar el final de aquellos abusos, incluso antes de que se desarrollase completamente un conjunto normativo defensor de los nativos americanos. Realmente, estas fueron unas reclamaciones muy avanzadas

Tras varias victorias militares iniciales y el conato inacabado de redacción de unas nuevas leyes para Castilla, el levantamiento fue perdiendo fuerza. La retirada de la Comunidad de ciudades tan importantes como Burgos y el cambio de posición de la mayoría del clero, que vuelve a apoyar a Carlos, acabarán debilitando el movimiento comunero. Finalmente, el ejército realista venció en la batalla de Villalar y sus principales capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado fueron ajusticiados.  El obispo de Toledo, Antonio de Acuña, moriría ejecutado por orden del mismo emperador unos años más tarde. María Pacheco, “la última comunera” aún mantuvo viva la llama de la revuelta en Toledo hasta 1522, exceptuada del perdón general concedido ese año por Carlos V y condenada a muerte dos años después por rebeldía por el Consejo Real. Moriría en el exilio portugués 9 años después.

La revuelta, que había comenzado como un movimiento anti-extranjero, haciendo hincapié en lo económico, acabó como una revuelta política y social a mitad de camino entre las revueltas medievales y las revoluciones modernas. Una revolución en un cambio de época, que ya apuntaba claramente las demandas que luego serán constantes en los cambios revolucionarios ulteriores.

La derrota de las Comunidades supuso la consolidación definitiva de la decadencia ya iniciada de las instituciones de carácter comunitario en Castilla, pero también la imposición, ya sin trabajas, de un modelo político autoritario en el que el poder real apenas contaba límites a su ejercicio y esto sería así de manera creciente en toda Europa, en la que comienza en estos momentos la época de los absolutismos. Pero la semilla de las revoluciones liberales primero y comunales después estaba sembrada. Sólo habría que esperar un par de siglos para un desarrollo más amplio.

Los comuneros, gran influencia en la política española e iberoamericana

La Historia de los comuneros, con todo un halo de romanticismo, que autores de gran solvencia (como el Premio Príncipe de Asturias Joseph Pérez) se encargan de desmitificar, influyó de manera importante en la política española e iberoamericana del siglo XVIII, XIX y principio de siglo XX. Sólo recordar la inspiración de la Guerra de las Comunidades de Castilla en las revueltas comuneras de los siglos XVII y XVIII en Paraguay, antecesoras de las independencias coloniales; o la reivindicación de los comuneros que los liberales decimonónicos españoles (como el héroe de la independencia Juan Martín el Empecinado) hicieron en 1821; o cómo la franja morada de la bandera republicana que se izó en abril de 1931 en España representaba un homenaje al color morado atribuido a los comuneros (aunque al parecer el color de los pendones que ondeaban los partidarios de las Comunidades era el rojo castellano). Tampoco es casualidad que otra de las grandes revoluciones del siglo XIX, y de la que ahora se cumplen exactamente 150 años (1871) llevará el nombre de “Comuna de París” y sus partidarios fueran conocidos como Comuneros (comunards, como el obrero Eugène Varlin o la maestra Louise Michel). De nuevo, lo común en el trasfondo de las reivindicaciones.

Entre todo el debate historiográfico que la revolución comunera ha suscitado en el pasado y con las diferentes visiones de un mismo acontecimiento (muchas veces con lecturas ideológicamente interesadas), la Revolución de las Comunidades merece figurar entre las luchas por la libertad que antecedieron a las grandes luchas sociales que se dieron en los siglos XIX y XX. Con sus luces y sus no pocas sombras, en el espíritu más hondo de todas estas manifestaciones están las aspiraciones eternas del ser humano: libertad individual y bien común; ambos deseos no exentos de grandes conflictos que, por momentos, parecen irreconciliables, pero que, sin embargo, deben ser las dos patas necesarias para caminar hacia un mundo más justo y más fraterno.

  • Berzal de la Rosa, Enrique (2008). Los comuneros. De la realidad al mito. Sílex.
  • Pérez, Joseph (2001). Los Comuneros. La Esfera de los Libros. 
  • Maravall, José Antonio (1969). Las comunidades de Castilla: Una primera revolución moderna. Alianza. 
  • Martínez, Miguel (2021). Los Comuneros, el rayo y la semilla (1520-1521). La hoja de lata

Los libros en la calle

Por Ana Sánchez

Aprovechando la conmemoración del día del libro, recordamos la aventura que supuso durante más de diez años la Editorial ZYX, que realmente fue mucho más que una editorial. Tal y como la definió el que fue su gerente prácticamente desde los inicios, Pepe Molina, se trató de “un movimiento social de promoción de militantes que dieron vida a muchas experiencias de participación sindical, social, ciudadana y política, en esa lucha social por la igualdad. que tanta fuerza desarrolló en la ideología política

Una actividad novedosa y fundamental dentro de las realizadas por la Editorial ZYX fue la de acercar los libros a los lectores, sacando los libros a las calles, a las puertas de las fábricas, dentro de las universidades,… Es decir, que los militantes ponían todo su empeño en que las publicaciones fueran encontradas por sus lectores, tanto desde el punto de vista económico (puesto que se trataba de precios más que asequibles prácticamente a cualquier bolsillo) como desde el punto de vista meramente físico, acercándose a pueblos, reuniones, puestos de trabajo, etc. Ya desde fechas muy tempranas se encuentra como un punto fundamental en las reuniones de la editorial el plan de difusión de las publicaciones; en 1967, por ejemplo, se habla de “lanzar una campaña de venta pública a través de puestos de libros en barriadas obreras, centros urbanos, universidades y fábricas”.

Muy específicamente se trata este tema en el “Cuestionario Nº 4” de 1968, en el que se plantea específicamente el estudio y determinación de establecer el máximo de puestos públicos, con una campaña especial de puestos el día del libro.

Las ferias del libro también son un momento importante en el calendario de actividades, destacando las de Madrid, Zaragoza y Valladolid. También en Sevilla reconocían la importancia de estar presentes en la feria del libro para dar a conocer la editorial y cómo la asistencia desde 1969 fue considerada como algo fundamental y tres años después ya se ponían unos 20 puestos semanales en la calle, universidad, barrios y con motivo de recitales y conferencias.

Incluso en 1969, año en que se decretó en España el Estado de Excepción, se superaron en un 25% las ventas de años anteriores, a pesar de los pocos libros que pudieron editarse el convulso año anterior. Desde que el 24 de enero de 1969 se declaró el Estado de excepción, no pudo publicarse nada, limitándose a vender el fondo de libros existente en los almacenes

Un importante acuerdo ese año 1968 fue la de continuar y ampliar al máximo las exposiciones y ventas periódicas en institutos de segunda enseñanza, escuelas de peritos, escuelas profesionales, facultades universitarias, escuelas superiores especiales, seminarios… haciendo en todos los casos una preparación previa de los ambientes a través de octavillas, contactos personales e incluso acompañando las exposiciones con recitales de canto y poesía del pueblo.

Para esta tarea, siempre se consideró tan importante el hecho de vender como la necesidad de auscultar la opinión de la gente sobre si las publicaciones eran un medio útil de formación, conocimiento y promoción: en la venta de la calle no se puede estar pasivamente delante de un puesto de libros, “hay que ser combativo, hay que enrollarse, ofrecer; porque en el peor de los casos, si no compra nada, se lleva dos ideas nuevas en la cabeza”.

En 1970 se presenta un punto clave en la exposición que se hace refiriéndose a los problemas con la administración: “administrativamente nos siguen manteniendo en precario como lo demuestra la negación del permiso para asistir a la Feria del Libro de Madrid, después de haber hecho, con tiempo suficiente, los trámites legales. A raíz de esto y siguiendo la experiencia llevada a cabo por el bibliobús (la “Librería móvil 2000” o “Cienfuegos”, como también se la conocía) se incluye también la venta de libros de otras editoriales.

Ejecución de los comuneros

¿Qué nos enseña la fiesta de los comuneros?

Por Jorge Lara

Sin caer en mitificaciones, historiadores serios como Joseph Pérez o José Antonio Maravall o Julio Valdeón nos aportan claves que merece la pena conocer y tener en cuenta en la actualidad. No fue un planteamiento nacionalista al uso actual, y por eso resulta chocante cuando se apela a los comuneros para justificar posturas nacionalistas o por el contrario cuando se ve a Castilla como cuna y beneficiaria del centralismo estatal, cuando Castilla es la que más sufrió ese centralismo. Y tampoco es fundamental el apartado bélico militar. Sin embargo, sí merece la pena profundizar en el aspecto revolucionario que supuso ese acontecimiento histórico.

Los historiadores constatan que aunque hubo ese componente militar, esto fue forzado por la situación cambiante, pero se había tratado de hacer un levantamiento legitimado y pacífico. Hubo por ejemplo un fuerte intercambio de cartas entre las ciudades movilizadas con el bando real, (en concreto con el Cardenal y el Almirante) tratando de razonar y buscar soluciones negociadas, que incluso fueron entendidas en parte por el propio bando real. Se llegó a afirmar por parte del condestable su sorpresa porque “se lucha con tinta y papel”. Además de la labor agitadora de muchos frailes con esa preocupación de formar una opinión pública y grupos de militantes que se entregaran a la causa.

Las reivindicaciones evolucionaron de algunas quejas concretas, hacia un auténtico programa político administrativo y económico. Tendían a reforzar el papel del reino –a través de las Cortes- frente al poder creciente del rey, así como a ampliar la representatividad social en los municipios y Cortes. Deseaban establecer un cierto control sobre los cargos y oficios públicos y beneficios eclesiásticos. Mejorar la administración de justicia. Preocupación por los intereses económicos de Castilla (mercantilismo), impedir la salida de oro y plata (fuga de capitales), protección a la industria textil, oposición a nuevas cargas fiscales, defensa del patrimonio real frente a su entrega a los nobles. A medida que las reivindicaciones fueron más serias y profundas se causó la deserción de los elementos más moderados que no querían cambios tan profundos sólo algunas reformas.

El programa político del movimiento comunero

Fue importante la práctica política que se llevó a cabo, la comunidad era un movimiento de democratización: el pueblo llegó a intervenir muchas veces de forma tumultuosa, pero también hubo asambleas de barrio etc. tanto para las pequeñas cuestiones como las grandes, y se participaba en el gobierno de la ciudad y en la elaboración de las orientaciones políticas. Pero también se fue decantando una estructura representativa. En Tordesillas, la asamblea se proclamó Cortes y Junta General del Reino. Como Cortes, la asamblea reunía a los procuradores de las ciudades con voz y voto; como Junta General actuaba como un auténtico gobierno (esto provocó abandonos). El programa político se podía resumir en:

1. Rechazo del imperio: no por xenofobia, ni voluntad de encerrarse, sino para que no se sacrificara el bien común de Castilla a los intereses personales y dinásticos.

2. Relaciones Rey y reino. Se quejaban de que ante la elección imperial “el rey nuestro señor aceptó sin pedir parecer ni consentimiento de estos reinos” Esta voluntad de intervenir en los debates políticos es lo que da la tónica general del movimiento. Decían, por ejemplo: “libertad otorgada no es libertad”; la libertad política tenía que ser declarada y mantenida por el mismo reino.

3. Por eso se pretende situar a las Cortes como la institución más importante del reino limitando el poder real. Aunque se mantenía la tradición de representar sólo algunas ciudades, la composición variaría, pues cada ciudad estaría representada por un representante del clero, uno de los caballeros y escuderos y otro de la comunidad, los pecheros.

4. Además, los procuradores tenían la obligación de dar cuenta de su mandato a sus electores. Sobre todo, se pretende que las leyes obliguen tanto a los súbditos como también a los príncipes, pero el reino es el que debe tener la última palabra. Esto se apoyaba ya en teorías tradicionales y escolásticas de la Edad media, pero con un aire moderno, teorías que los teólogos españoles repetirán todavía tras la derrota de las Comunidades pero que ya no tendrán alcance práctico.

Lo importante es, pese a algunos rasgos tradicionales, el carácter absolutamente innovador de este programa en el plano de la teoría política. Pero esto en un país en que la burguesía era relativamente débil y además dividida lo que causó en buena parte el fracaso final. Para algunos acaeció demasiado pronto, y porque el convencimiento que mostraron muchas ciudades no era similar al de otras más conservadoras, más dominadas.

La derrota de los comuneros supuso la consolidación definitiva de la decadencia (iniciada bastante antes) de las instituciones de carácter comunitario en Castilla, y la imposición sin trabas de un modelo político autoritario, pero fue una oportunidad grande para haber cortado ese proceso.  ¿Podríamos seguir aquella estela?

"Tiempos modernos" de Charles Chaplin

Tiempos modernos

Dirigida por Charles Chaplin en 1939, cuando el cine hablado estaba ya prácticamente en su máximo esplendor. Sin embargo, con “Tiempos modernos” optó por hacer una película muda en la que se refleja con gran expresividad el auge de una industria en la que los trabajadores son considerados como auténticas máquinas, instrumentos de producción sin más valoración que el rendimiento en medio de un trabajo mecánico y repetitivo.

Toda la fábrica se sitúa bajo la atenta mirada del director, del dueño de la empresa, que observa lo que pasa en todos y cada uno de los rincones de su feudo particular, como el ojo del Gran Hermano en la novela 1984, presente siempre en todas partes, observándolo todo, controlándolo todo, dirigiéndolo todo.

Ésta es la última aparición del personaje de Charlot en la gran pantalla, un clásico de las comedias de las primeras épocas del cine, tierno y entrañable, un hombre sencillo, con un matiz ingenuo que le hace más cercano a los que nos vamos adentrando en la historia que se narra. En “Tiempos modernos” encarna a un empleado de una cadena de montaje en la época de la segunda revolución industrial, atrapado en el maquinismo y que enloquecerá por el ritmo febril de este tipo de producción, un trabajo rutinario que deshumaniza a la persona, convirtiéndola en un objeto más, en otra pieza del engranaje

Tras una imprescindible cura hospitalaria vuelve al frenético mundo de los años treinta, al barullo de una gran ciudad en la que se manifiestan ya con crudeza las consecuencias del hundimiento de la bolsa de Nueva York en el crack de 1929: empresas cerradas, millones de obreros en paro, la miseria de las familias y también, cómo no, las reivindicaciones de los trabajadores, de las que Charlot parece verse convertido en cabecilla al recoger por casualidad una bandera caída y ser seguido por toda una manifestación de obreros. Una parodia de la vida real, en la que muchas veces nos sorprendemos a nosotros mismos tomando las riendas, sin ser verdaderamente conscientes de ellos, asumiendo el protagonismo personal y colectivo que exige la condición humana.

En medio de esta situación conocerá a una joven con la que compartir la vida y las aspiraciones por un mundo y un futuro mejores. Desde su precaria condición verán abrirse nuevamente las puertas a la esperanza con los atisbos de recuperación económica y la posibilidad de acceder a un empleo, un bien anhelado y necesario, realmente imprescindible para todos, esperado por muchos y lamentablemente conseguido sólo por algunos, nuevamente una lucha por la supervivencia en la que muchos quedarán fuera del camino, pero los que consigan llegar, contarán con la posibilidad de un futuro cargado de esperanza: un final feliz como culmen de una historia cómica y dramática al mismo tiempo.

Houellebecq: “Una civilización que legaliza la eutanasia pierde todo derecho al respeto”

Fuente: lacontroversia.com

El jueves 8 de abril se ha debatido en la Asamblea Nacional de Francia un proyecto de ley para la legalización del suicidio asistido, práctica que entrará en vigor en España dentro de tres meses, tras su aprobación el pasado 18 de marzo. En una columna publicada en Le Figaro , el escritor Michel Houellebecq ha roto su silencio habitual para pronunciarse al respecto.

Proposición 1, escribe Houellebecq: “Nadie quiere morir. Generalmente preferimos una vida disminuida a ninguna vida porque todavía quedan pequeñas alegrías. Y se pregunta: ¿No hay acaso otras alegrías además de las pequeñas alegrías (valdría la pena profundizar en ellas)?

Proposición 2, añade: nadie quiere sufrir físicamente. El sufrimiento moral tiene sus encantos, podemos convertirlo en un material estético del que no me he visto privado. El sufrimiento físico no es más que un infierno sin interés. Casi todo el mundo, ante una alternativa entre el sufrimiento insostenible y la muerte, elige la muerte

Houellebecq añade una tercera proposición, la más importante: podemos eliminar el sufrimiento físico. La omisión de estas tres observaciones, según el autor, explica que hasta el 96% de los franceses se declare favorable a la legalización de la eutanasia: El 96% de las personas entiende que se les hace la pregunta: ¿Preferirías que te ayudaran a morir o pasar el resto de tu vida en un sufrimiento terrible? 

Apuntes sobre la dignidad humana

El escritor francés objeta también la concecpción de “compasión” y “dignidad” esgrimida por los partidarios del suicidio asistido: Los defensores de la eutanasia hacen gárgaras con palabras cuyo significado desconocen hasta tal punto que ya ni siquiera deberían tener derecho a pronunciarlas. En el caso de la “compasión”, la mentira es palpable. En lo que respecta a la “dignidad”, es más insidiosa. Nos hemos desviado seriamente de la definición kantiana de dignidad sustituyendo gradualmente el ser físico por el ser moral (¿negando la noción misma de ser moral?), sustituyendo la capacidad plenamente humana de actuar en obediencia al imperativo categórico por la concepción más animal y plana de la salud, que se ha convertido en una suerte de condición de posibilidad de la dignidad humana, hasta representar finalmente su único sentido verdadero.

En este sentido, añade con el sarcasmo que caracteriza sus textos, a lo largo de mi vida, apenas tuve la impresión de mostrar una dignidad excepcional; y no creo que vaya a mejorar. Terminaré de perder mi cabello y mis dientes, mis pulmones comenzarán a desmoronarse. Me volveré más o menos indefenso, tal vez impotente, tal vez ciego. Después de un tiempo, una vez alcanzada una cierta etapa de degradación física, inevitablemente terminaré diciéndome (aún feliz si no me lo señalan) que ya no tengo ninguna dignidad.

Si reducimos la dignidad humana a una cuestión relacionada necesariamente con el nivel de deterioro físico, Houellebecq sostiene que entonces podemos vivir muy bien sin ella. Y añade: Por otro lado, todos tenemos más o menos necesidad de sentirnos necesitados o amados; o al menos estimados, incluso admirados -en mi caso es posible-. También esto podemos perderlo, es cierto; pero no hay mucho que se pueda hacer; los demás juegan un papel muy decisivo en este sentido. Yo me veo pidiendo morir sólo con la esperanza de que me respondan: “No, no, quédate con nosotros”. La conclusión, me temo, es obvia: soy un ser humano absolutamente desprovisto de toda dignidad.

La sumisión a las leyes de la República

Tras hacer algunas objeciones a la exposición de motivos del proyecto de ley y a las razones económicas que podrían contribuir a su aprobación -señala el alto costo de mantenimiento de las personas de edad avanzada-, escribe:

Los católicos resistirán lo mejor que puedan, pero es triste decirlo, nos hemos acostumbrado más o menos a que los católicos pierden cada vez. Los musulmanes y los judíos piensan sobre este tema, como sobre muchos otros temas llamados “sociales” (palabra fea), exactamente igual que los católicos; los medios de comunicación son generalmente muy buenos para encubrirlo

Pero no sólo las tres grandes religiones monoteístas condenan esta práctica. Houellebecq señala que, para los budistas, la agonía es un momento particularmente importante en la vida de un hombre, porque le ofrece una última oportunidad para liberarse del ciclo de encarnaciones: Cualquier interrupción anticipada de la agonía es, por tanto, un acto francamente criminal; desafortunadamente, los budistas no intervienen mucho en el debate público.

Sobre el honor de una civilización

El escritor añade: Quedan los médicos, en los que tenía pocas esperanzas, sin duda porque no los conocía bien, pero es innegable que algunos de ellos se resisten, se niegan obstinadamente a matar a sus pacientes, y ellos pueden seguir siendo la última barrera. No sé de dónde viene este coraje, tal vez sea solo el respeto del juramento de Hipócrates: “No le daré a nadie veneno si me lo pide”.

Finalmente, Houellebecq sostiene que no se trata sólo de una pelea por el honor de una civilización: Lo que está en juego es otra cosa muy distinta, antropológicamente se trata de una cuestión de vida o muerte. Aquí tendré que ser muy explícito: cuando un país – una sociedad, una civilización – llega a legalizar la eutanasia, pierde a mis ojos todo derecho al respeto. Por tanto, no sólo resulta legítimo, sino deseable, destruirlo; para que algo más, otro país, otra sociedad, otra civilización, tenga la oportunidad de suceder.

Nunca le he sido infiel

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

Si preguntamos qué es ser fiel en un matrimonio, una inmensa mayoría de personas nos responderá algo parecido a “no liarse con otras personas”. Si vivimos la fidelidad como “no hacer determinadas cosas con otras personas” la fidelidad se convierte en algo a “conservar” (como las sardinas en conserva, que dejan de estar vivas) y nos quedamos sin herramientas para hacerla crecer. La fidelidad en la pareja es importante porque el valor de lo que se entrega, la propia persona en su totalidad, pide la garantía de la fidelidad. Y si las personas que forman ese matrimonio están vivas, su fidelidad está llamada a estarlo también.

La mayor amenaza a la fidelidad son las comparaciones negativas que nos hacemos en nuestra cabeza ante determinadas situaciones en la vida. Cuando siento que mi marido no me comprende empiezo a acordarme de aquel novio que tuve, “ése sí que era realmente comprensivo”. Cuando veo que mi mujer me reprocha malhumorada determinados comportamientos, empiezo a pensar que “mi compañera de trabajo tiene mucho mejor humor que mi mujer”. Que este pensamiento se dé en alguna circunstancia no es un gran problema, pero si este tipo de pensamientos se convierten en algo sistemático, una grieta empieza a abrirse en la pareja.

Vamos a compartir algunas formas de acrecentar la fidelidad en la pareja. Al leerlas es posible que descubramos que, aunque yo “nunca me haya liado con otra persona”, tampoco he procurado ser cada día más fiel al otro y descubramos una llamada, una tarea.

Compromiso incondicional: cuando tengas baches en la relación o los defectos de tu cónyuge te desesperen, recuérdate a ti mismo el compromiso que adquiriste y renueva el deseo de abordar junto con el otro los problemas que puedan existir en la relación. No los pospongas, no te los tragues. Al mismo tiempo, no dejes de tener presentes las cualidades de tu pareja, para que esa mala racha no se convierta en una crisis permanente que ponga en cuestión toda la relación.

Marca límites en tu trabajo: en ocasiones, la cercanía e implicación que tenemos con personas de otro sexo en nuestro trabajo hacen que podamos compartir con ellos deseos de nuestro corazón, anhelos, sueños… que quizá no hemos compartido con nuestra pareja. Si piensas que tu pareja se puede sentir incómoda de la relación que mantienes con ese compañero o compañera de trabajo, o prefieres no contarle cosas de ella, o piensas en esa persona cuando las cosas no van bien en tu pareja, es señal de que los lazos que te unen a ese compañero no son puramente laborales. Comparte con tu cónyuge tus sueños, tus deseos, tus preocupaciones también las referidas al ámbito laboral.

Sé sincero, transparente: hay veces en las que intentamos evitar las discusiones y para ello mentimos. Bien sea de una forma directa o bien diciendo medias verdades, u ocultamos información. En ocasiones podemos pensar “no le voy a contar que estuve tomando café con este amigo, total, es para que no se enfade, se lo va a tomar mal y no es para tanto, igual no le hace gracia y eso que un café no va a ningún lado…” De esa forma construimos un muro entre la pareja que nos aleja del otro. Ser sincero parte, ante todo, de la sinceridad con uno mismo. De reconocer lo que nos pasa y lo que sentimos. Lógicamente no quiere decir contar al otro absolutamente todo lo que hacemos, pensamos y sentimos. Pero es preciso no ocultar nuestras conductas. Ni siquiera con la “buena intención” de ahorrar al otro un sufrimiento o evitar una discusión.

Nos quedan algunas formas más, de las que hablaremos otro día.

La mayoría de quienes piden la eutanasia quieren que se acabe con su dolor y que no les traten como una carga

Margarita Saldaña, autora del libro ‘Cuidar’, reflexiona acerca de la importancia de acompañar a los enfermos: “Uno de los aprendizajes de la pandemia es que todas las personas somos susceptibles de enfermar y que también somos capaces de cuidar”.

Fuente: Vida Nueva digital

Margarita Saldaña es una de esas personas que, desde cuidados paliativos, viven cada día con el sufrimiento de muchas personas. Hace unos años vivió, a través de su acompañamiento a Andrea, una auténtica aventura que más tarde reflejaría en el libro ‘Cuidar’ (PPC). Ahora, con la ley de la eutanasia recién aprobada en España, reflexiona con Vida Nueva sobre la importancia de los cuidados y de ayudar al enfermo a devolverle el sentido a su vida, sean cuales sean las circunstancias.

PREGUNTA.- Se cumplen tres años del fallecimiento de Andrea, protagonista de ‘Cuidar’. Supongo que se entremezclan los sentimientos de nostalgia, de paz por haberla podido acompañar en la última etapa de su vida…

RESPUESTA.- Los aniversarios son siempre ocasiones propicias para releer lo vivido. Con el paso del tiempo, se va produciendo un decantado natural de la experiencia. Siempre queda un fondo de nostalgia y de ausencia, pero lo que emerge ahora con gran dinamismo es el agradecimiento por la aventura que vivimos juntas.

P.- En su libro ‘Cuidar’ define los cuidados como una aventura, ¿por qué? ¿En qué consiste exactamente cuidar de alguien?

R.- ¡Cuidar no es una ciencia exacta! Es todo lo contrario: una aventura en la que corremos ciertos riesgos y descubrimos maravillosos paisajes. Es también, me gusta decir, una “buena aventura”, una “bienaventuranza”: felices los que cuidan, porque se adentrarán en las entrañas de lo humano.

P.- El Papa habla muchas veces de no caer en la ‘cultura del descarte’. ¿Qué puede aprender de los ancianos y los enfermos una sociedad que muchas veces les “descarta”?

R.- Efectivamente, estamos construyendo una sociedad tan basada en la eficiencia que niega el valor de todo aquello que “no sirve para nada”, incluidas las personas. Los ancianos y enfermos, con su sola presencia, desenmascaran estas claves que nos deshumanizan gravemente, y nos invitan a descifrar la dignidad humana, grabada de manera inalienable en cuerpos a veces muy quebrados.

Cuidados que dan sentido

P.- ¿Somos conscientes de que todos necesitaremos ser cuidados o vivimos obviando esta realidad?

R.- Hasta ahora, hemos vivido como si no fuéramos a morir, pero un virus que mide una diezmilésima de milímetro ha puesto de manifiesto nuestra realidad vulnerable. Uno de los aprendizajes que nos deja la pandemia es que todas las personas somos susceptibles de enfermar y que también somos capaces de cuidar.

P.- Parece que, como sociedad, tendemos inconscientemente a adjudicar los cuidados a las mujeres de las familias. ¿Es algo que debemos asumir entre todos?

R.- Cuidar ha sido hasta tiempos bien recientes una labor realizada en casa, y el espacio doméstico ha estado tradicionalmente atribuido a la mujer. Sin embargo, todas y todos somos responsables de hacernos cargo de la vida, no solo de transmitirla a nuestros hijos sino también de acompañarla hasta el final. Cuidar no es una cuestión de género, sino de inteligencia, de entrañas y de convicción.

P.- Usted trabaja actualmente en cuidados paliativos. Desde su experiencia, ¿piensa que se puede, a través de los cuidados, ayudar a que el anciano o el enfermo vuelva a encontrar sentido a su vida? 

R.- Todos los días acompaño a personas que, cuando dicen que quieren morir, lo que en realidad dicen es: quiero existir para alguien, quiero seguir siendo útil, quiero que mi dolor físico sea controlado… Es más rápido y más barato para una sociedad legalizar la muerte que acompañar a una persona a descubrir nuevos cauces de sentido para su vida, pero se puede… En eso consiste quizá, finalmente, el arte de cuidar…

P.- ¿Qué ha sentido cuando en estos días ha visto que el Congreso aprobaba la ley de eutanasia?

R.- En primer lugar, un gran enfado por las circunstancias en las que se ha tomado una decisión tan grave: en plena crisis, sin un debate social de calado y en medio de una gran desinformación. Siento que fracasamos como sociedad cuando creemos que legalizar la muerte es un signo de progreso. Lo verdaderamente progresista es apostar por la vida y poner a su servicio todos los recursos necesarios. Trabajando en cuidados paliativos, me sobran los dedos de una sola mano para contar las personas que han llegado pidiendo la eutanasia por motivos filosóficos; la mayoría de la gente que desea “la inyección”, en realidad está pidiendo que controlen sus dolores y que no la traten como una carga para su familia y para la sociedad.

escuela y COVID19

Escuela y COVID19

Por un protocolo coherente con el avance científico.

Un grupo de familias de Cantabria ha creado la plataforma “Escuela y Covid”. Hace unos días han presentado en la Consejería de Sanidad y Educación el manifiesto en el que solicitan, entre otras cosas, que se modifique algún punto del protocolo en los colegios de educación primaria.

Desde su web nos lo explican.

En otras comunidades autónomas, las familias, a través de sus representantes, tienen voz en los órganos de seguimiento de los protocolos. Además, las reuniones de estos órganos (donde se presentan los datos, se exponen las dificultades y avances, se proponen alternativas…) son públicas. Así todos sabemos quién y qué se propone. Éste es sólo un ejemplo. La Consejería de Educación y Sanidad/Salud pública ¿puede explicar el oscurantismo y falta de democracia que rodea a las reuniones de trabajo sobre los protocolos/planes de contingencia? Cada vez es más lógico que normativas que repercuten en toda la sociedad y de forma desigual, cuente con los distintos colectivos afectados y con un equipo multidisciplinar de profesionales, para llegar a una propuesta equilibrada que minimice el riesgo de transmisión y las consecuencias de las medidas adoptadas. Multidisciplinaridad de profesionales y agentes sociales, y actas públicas de las reuniones de trabajo, son condiciones imprescindibles para generar confianza y para establecer normativas y protocolos que realmente sirvan a la sociedad.

En contacto con instituciones y asociaciones

Por eso nos alegró el largo tiempo dedicado a dialogar con nosotros por el Colegio de Enfermería. Con el de Psicólogos estaremos el 14 de abril. Estamos esperando respuesta por parte del Colegio de Médicos. Los profesionales crecemos especialmente en esa escucha. El Colegio de Licenciados en Educación Física recibió nuestro manifiesto por correo y estudiarán nuestra propuesta de adhesión al mismo.

Escuela y COVID
Reunión en el Colegio de Enfermería junto a Mª Luz Fernández (Presindenta) y Alexandra Gualdrón (Vicepresidenta)

Como no puede ser de otra forma, también hemos hecho llegar nuestro manifiesto a AMPAs, FAPA, CONCAPA y equipos directivos. Contamos ya con la adhesión de uno de ellos y esperamos aumentar la lista. Hemos solicitado a la FAPA a enviar a todas las AMPAS este manifiesto y animamos a que todas ellas se sumen al mismo. También animamos a dicha federación a que reclame su presencia en las reuniones de los grupos de trabajo sobre planes de contingencia y en la del grupo mixto sanidad/educación, y que allí lleve la opinión de las familias (estableciendo las reuniones y metodología acorde para eso).

No nos hemos olvidado de los sindicatos. También a ellos les hemos hecho llegar nuestras reivindicaciones. También ellos se pueden adherir al manifiesto en el que pedimos que el protocolo de primaria (más restrictivo) se equipare al de secundaria, lo cual está generando más confinamientos en las aulas de 6 a 12 años . ¿Es menos importante un profesor de educación primaria que otro de secundaria? ¿Se puede prescindir de su educación presencial más? Nos sorprendió mucho que UGT sección educativa, nos dijera que no se pueden dar los datos de transmisión comunitaria en el centro escolar, lo cual forma parte de una de nuestras reivindicaciones. Es decir, proporcionar el dato de cuantos alumnos de un aula se contagian por un compañero que se ha infectado fuera del aula. En la experiencia de las familias que formamos parte de esta plataforma con nuestros hijos y conocidos, la transmisión intracomunitaria en las clases de primaria ha sido cero. Suponemos que los datos a nivel de todos los centros de Cantabria serán anecdóticos o bajos, como ocurre en otras CCAA y países. Desde AGOSTO, la evidencia científica continúa afirmando que la transmisión de niño a niño y de niño a adulto en las escuelas es poco común. UGT aludió a la ley de protección de datos como razón para no ofrecer esta información. No es así. Adjuntamos la tabla de Navarra (reflejando que la transmisión comunitaria tanto en primaria como en secundaria es muy baja, incluso menor en primaria).

Fuente

Es muy importante que se proporcionen estos datos, como también el de la transmisión comunitaria de la infección de niños a profesores (por varias fuentes nos llega que nula, en cualquier caso seguro que anecdótica siguiendo la norma de otros lugares donde sí proporcionan este dato). Permite ver la realidad.

Esta semana nos ha alegrado que los medios de comunicación, quisieran dar voz a esta iniciativa: Alerta, el Diario Montañés, Cadena Ser radio, Cope radio, Castro confidencial, el diario Cantabria.

Los protocolos contra el COVID19 son necesarios

NI MUCHO MENOS ESTAMOS EN CONTRA DE PROTOCOLOS EN LAS ESCUELAS, SON NECESARIOS. Pero no hay ninguna razón avalada por la realidad, los datos, la investigación científica… por la cual se esté penalizando a los niños de primaria respecto a secundaria, con un protocolo más restrictivo, cuando los niños más pequeños transmiten menos y tienen mascarilla, y aulas con similares condiciones (número de alumnos por ejemplo) que secundaria.

¿Por qué se está promoviendo la escuela del miedo? ¿Qué mensaje estamos transmitiendo a los niños, cuando se han suspendido las salidas fuera del colegio, en muchos centros? ¿O se impide a una madre/padre/profesional no entrar al cole a dar un taller (que hasta en el patio se podría dar)? Ni las residencias de ancianos, con una población de riesgo, han impedido la entrada de familiares durante todo el tiempo de pandemia.

Tenemos 8 días de vacaciones, la vuelta del cole es posible que sea en otras condiciones. Ofrecemos nuestra colaboración para eso. Las consecuencias de los aislamientos en los niños son notables (ver nuestro manifiesto y entradas de la web). Ni un solo niño más con un aislamiento que no le corresponda en coherencia con los datos y el conocimiento científico. Hace falta liberar de presiones o intereses (que no sean el bienestar físico y psicosocial de los niños) los protocolos educativos. Si especialmente las familias, profesores y equipos directivos  exigimos esta liberación, a la vuelta de vacaciones tendremos un protocolo diferente.  Esperar al curso que viene es una canallada. Por eso llamamos también a los colegios profesionales, sindicatos, asociaciones que trabajen con colectivos con más dificultades socioeconómicas o psicoeducativas, a adheriros al manifiesto.

Podéis escribir un correo a la dirección escuelaycovidcantabria@gmail.com y decir que vuestra asociación/colectivo se adhiere, enviando vuestro logo.

Cualquier persona puede adherirse a este manifiesto

Ni responsabilidad social ni personal, sálvese quien pueda

Marcos Roitman Rosenmann

Son tiempos de reflexión. Las consecuencias de haber sido educados en el egoísmo, la competitividad y la meritocracia afloran con el hedor de sus enseñanzas. Vivimos en el capitalismo, un orden de dominación y explotación sobre el cual se edifica una cultura a cuyos valores nadie es inmune. Es una sociedad enferma. Los síntomas hablan de un colapso general. Calentamiento global, desertización, sequías, contaminación ambiental, hambrunas y, por si fuera poco, pandemias. Los científicos atentos a los cambios han inventado una palabreja, sindemia. El término une dos conceptos: pandemia y sinergia.

Nuestra civilización occidental que se ufana de sus desastres, sufre pandemias como la obesidad, la malnutrición y el cambio climático, a la cual se unen atractores que multiplican sus consecuencias, provocando nuevas enfermedades. Hablamos de las desigualdades sociales. Sin atender a sus causas, desoyendo los avisos, las próximas sindemias no están lejanas. Asistimos a una crisis que afecta no sólo al sistema sanitario, compromete al orden económico, social, político, étnico, cultural y de género. Une factores sociológicos, históricos y sicofisiológicos, que arrastra una condensación de actos del ser humano contra la naturaleza, que han llevado a la especie humana a un callejón sin salida.

Asistimos a una concentración de grandes fortunas, cuyas proporciones son obscenas. Son el resultado de mantener, conscientemente, a cientos de millones de personas con salarios de hambre, sin acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación ni a una alimentación sana, al agua potable, la electricidad, a derechos laborales o sociales. Tampoco a la justicia. El capitalismo los excluye, margina y considera fracasados. Gente que no ha aprovechado sus oportunidades. Incapaces de labrarse un porvenir. Han tomado malas decisiones. Nadie más que ellos son culpables, deben pagar las consecuencias.

Los ricos, nos dice su ideología, tienen derecho a su riqueza, a disfrutarla, no deben avergonzarse. Las han levantado con su esfuerzo, sacrificio y compitiendo en un mercado que expulsa a los débiles. En esta ecuación, no se menciona la moral corrupta inherente al capitalismo, con una sola regla de oro, aprovechar al máximo sus oportunidades para explotar, engañar y especular. Conscientes de esta otra cara del capitalismo, quienes amasan billones acaban creando fundaciones y propagando actos de filantrocapitalismo.

Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega, Larry Page o Sergey Brin no le deben nada a nadie. Todo lo han conseguido por iniciativa personal. Es irrelevante la pertenencia a una clase social. Ellos se bastan y sobran. Pero son buena gente, hacen beneficencia. Donan material digital, patrocinan la OMS, se comprometen con la agricultura verde y digital, eliminar la brecha de digital, apadrinan especies en extinción y ONG para luchar contra la contaminación, el hambre y la explotación. Seguramente comprarán vacunas contra el Covid-19 para ofrecerlas al tercer mundo, cuando ellos estén a salvo, claro. Evaden impuestos, mantienen a sus trabajadores en condiciones de sobrexplotación, con empleos basura y contratos temporales, deslocalizando la producción para emplear a niños en países asiáticos, maquilas o en la agroindustria de palma, soya o maíz transgénico en América Latina. Para ellos, al igual que para los gobiernos y las compañías trasnacionales, las desigualdades no son responsabilidad de nadie. Unos ganadores otros perdedores. Los segundos lo son por su escaso espíritu de sacrificio. Irresponsables que no han querido estudiar, ni progresar. Por consiguiente merecedores del desprecio. En este saco entran los pueblos originarios, los inmigrantes, las mujeres obligadas a esclavizarse sexualmente. Deben asumir su fracaso, obedecer y trabajar en beneficio de quien les da trabajo.

Hoy, los gobiernos, en medio del ­Covid-19, llaman a sus ciudadanos a ser responsables; a no salir de casa, mantener la distancia social, usar mascarillas, ser prudentes. Apelan a valores como el bien común, la solidaridad, el interés general. Es decir, lo que han despreciado, ninguneado y consideran un lastre para la iniciativa privada, el beneficio empresarial y la especulación financiera. Han avalado las conductas egoístas, han educado en la meritocracia y la competitividad. Pero hoy piden responsabilidad. Las mismas élites políticas, gobiernos, empresarios e instituciones (FMI, BM, OMC) que fomentan la desigualdad, desgravan las grandes fortunas, nos piden responsabilidad, de la cual han carecido a la hora de privatizar, desarticular los sistemas de salud y la educación pública. Sin olvidar que en esta pandemia han optado por salvar la economía y no a las personas. Su ejemplo, la irresponsabilidad, la mentira y la criminalización de los movimientos democráticos. No es coherente ni ético. Sin embargo, a contracorriente, la respuesta de las clases trabajadoras, de los pueblos originarios, del feminismo, ha sido ejemplar ante la pandemia. Han actuado con dignidad, sabiendo que del capitalismo sólo se puede esperar un sálvase quien pueda. En él no hay cabida para la responsabilidad social ni personal. Demandarla es hipocresía, tanto como las orgías, fiestas y transgresiones que sus dirigentes comenten todos los días.

Sacerdote Don Diego Garrido Pombo y el Consejo Revolucionario

En el contexto de la Guerra Civil Española (1936-1939), donde abundaron los hechos de matanzas de población civil en ambos bandos, y en particular hacia numerosos sacerdotes y laicos de la Iglesia, destacamos este testimonio:

El sacerdote Don Diego Garrido Pombo, nacido en 1874 en Cuevas de Almanzora, no fue asesinado como casi todos los sacerdotes del valle.
En diciembre ocurrió un hecho de notable importancia para Don Diego y para toda su gente de la ciudad montañosa. El párroco de Tíjola (Almería) es respetado y bien querido por el comité revolucionario y le dejan estar en paz en su propia casa. El 15 de diciembre, por la tarde hay programada una reunión muy importante del Consejo Municipal. Participan todos sus componentes: siete pertenecen a la Izquierda republicana y cinco son Socialistas. Al día siguiente el propio sacerdote es reclamado en el ayuntamiento. Le entregan un documento escrito y aprobado por unanimidad cuyo contenido es el siguiente:


“En reunión celebrada anoche por los miembros del Consejo municipal y con la asistencia de los
componentes de las Directivas de todas las Organizaciones Sindicales y políticas de esta localidad, al objeto de tratarse de diversos asuntos de interés general, se tomó el acuerdo, por unanimidad, de que se establezca en esta ciudad un Liceo popular preparatorio para examinarse en los centros oficiales de enseñanza, y de que se ponga Vd. a su frente, para organizarlo y dirigirlo con las más amplias facultades, teniendo presente que, hijo de un artesano, ha sabido por propios méritos obtener el título de Licenciado en Ciencias Naturales y que cuenta con una larga experiencia en la enseñanza secundaria y superior, en cuyo ejercicio ha acreditado excepcionales aptitudes pedagógicas y ha tenido generosa preferencia para enseñar gratuitamente a hijos de obreros y discípulos de escasos recursos, siendo notorio que en esa labor ha procurado al par que la más completa instrucción posible de los alumnos, la mejor educación cívica y moral de los mismos, puesta la mira en conseguir ciudadanos laboriosos, rectos, cultos, libres y conscientes, amantes de nuestra Patria, defensores de la justicia social, impulsores del progreso y leales servidores de la República Española. Lo que ponemos en su conocimiento a los efectos consiguientes”.
Salud y República. Tíjola, 16 de diciembre de 1937.


Dicho documento lo firman el Alcalde Antonio Martínez y los tres consejeros González, Alonso y Guirado. Por el Partido Comunista: Antonio Jiménez. Por la Juventud Socialista Unificada: Rafael Martínez y Martínez Robles. También aparece el sello y firma de CNT-AIT.

Agradecemos a Antonio Martínez Pozo, que fue discípulo de Don Diego María, y que en el año 2005
escribió sobre el Boletín Informativo de Tíjola: “Es un documento único en toda España que honra tanto al párroco Diego como a toda la población de dicha ciudad, ya que en medio de la persecución religiosa, tras un tiempo de atenta vigilancia, el Consejo Municipal, aún oponiéndose a órdenes superiores, encarga a un sacerdote, que, aunque si bien es verdad que le impiden ejercer su ministerio, le permiten servir de manera diversa a su comunidad, también durante la terrible persecución religiosa”.

Del libro “Emilia gitana mártir y los héroes del río Almanzora”. Autor: Don Mario Riboldi. (Extracto de las páginas 32, 33 y 65):