Mujeres trabajadoras

Este 8 de marzo no consintamos que queden olvidadas las últimas, esas mujeres trabajadoras, tantas veces ocultas, tantas veces despreciadas y humilladas hasta por otras mujeres.
Las Kellys que limpian los hoteles y en ellos dejan su juventud, sus espaldas y sus riñones sin que nadie se lo agradezca.
Las mujeres inmigrantes que ni duermen, ni descansan, empalmando un trabajo tras otro, de día y de noche, para conseguir ahorrar y reagrupar a su familia.
Las trabajadoras domésticas, que cocinan y arreglan casas sin tiempo para atender las propias.
Las que desearían ser madres, pero no lo son por miedo a perder el empleo.
Las madres que cuidan a hijos ajenos y se pasan las tardes sin ver a los propios.
Las que no pueden ayudar a sus hijos a hacer la tarea, pues, trabajadoras desde niñas, nunca fueron a la escuela.
Las que trabajan doble turno mientras el marido, frustrado y desesperado, sin encontrar nada, se queda en casa.
Las que saben de todo y son reposteras, peluqueras, pescaderas, camioneras…, pues llevan ya decenas de oficios a sus espaldas.
Las que van a trabajar sin apenas poder moverse porque no pueden permitirse estar de baja.
Las que se quedaron sin cobrar después de varias jornadas de trabajo y no se atreven a reclamar porque no tienen papeles.
Las que buscan trabajo colgando papelitos en las farolas y encuentran en vez de un empleo llamadas obscenas.
Las que dejan a sus hijos pequeños solos en casa y se pasan la jornada rezando para que en su ausencia no les pase nada.
Las que con apenas 30 años necesitan antiinflamatorios para resistir los dolores que les dejó la carga de trabajo.
Las que trabajan hasta el mismo día de dar a luz y llevan al bebé recién nacido a su trabajo, pues, si no curran, ni pagan la habitación, ni comen.
Mujeres trabajadoras. Mujeres empobrecidas. Mujeres explotadas.
¡Que este 8 de marzo no sean una vez más ignoradas!

Nuria Sánchez Díaz de Isla

La Iglesia, mujeres con hombres

En 2018, el Premio Nobel de la Paz fue otorgado de forma conjunta a un hombre y una mujer, señala la teóloga y biblista francesa Anne-Marie Pelletier, ganadora del premio Ratzinger en 2014. La mujer es Nadia Murad quien, como tantas otras mujeres yazidíes víctimas del Isis, fue secuestrada, esclavizada y sometida a una violencia sexual abominable. Tras lograr escapar gracias a la ayuda de una familia musulmana de Mosul, y después de ser recibida en Alemania, decidió dedicarse a defender a su pueblo.

El hombre es Denis Mukwege, un médico congoleño que ayuda a mujeres de la región de Kivu, en la República Democrática del Congo, víctimas de violaciones de guerra y mutilaciones. “Juntos –escribe Pelletier– son testigos de una resistencia humana más poderosa que las fuerzas del mal que humillan, esclavizan y destruyen…”.

Este doble Premio Nobel, un contrapunto de una actualidad que destaca «una verdadera humillación internacional de las mujeres», indica una ocasión para ser aprovechada: la de no limitarse a «un cara a cara armado entre los sexos» o «a solo la promoción de la paridad en el reparto de poderes y responsabilidades». Porque, y esta es la piedra angular de su ensayo ‘L’Église, des femmes avec des hommes’, (Le Cerf, 2019), “la verdad final de nuestra humanidad sexual es la aceptación de nuestra dignidad común, que hace de los hombres y las mujeres compañeros y colaboradores, en la búsqueda común de una vida feliz que culmina en su celebración recíproca”.

Una verdad antropológica “que concierne a toda la humanidad, pero que entra directamente en contacto con lo que está en juego en la salvación que la fe profesa al poner la alianza en el centro de la relación con Dios”. Para Pelletier es urgente reparar la relación hombre-mujer. Se trata de un trabajo en profundidad en el que la Iglesia puede y debe ser profética. Aunque solo sea porque Jesús da el ejemplo, en el contexto que le es propio, de una forma inédita de relacionarse con las mujeres.

Teología femenina

Pero, ¿cómo puede ser profética? Respondiendo, como lo hace Anne-Marie Pelletier, a la llamada del Papa Francisco a elaborar una teología “intrínsecamente femenina”. “No se trata de saturar de lo femenino la verdad teológica”, señala la teóloga. “Sería solo reproducir en simetría la tradición masculina anterior. Se trata de una necesidad, la de acceder a una visión plenaria, por lo tanto bifocal, de las cosas de la humanidad y de las cosas de Dios, que no es solo una justicia, sino también una solicitud de principios, ya que la reflexión hace referencia a las Escrituras que, desde su primera mención de la humanidad, la definen a través de su calidad de imagen de Dios y la articulación dentro de ella de la diferencia de los sexos”. Esto implica al mismo tiempo una presencia más incisiva de las mujeres en las áreas de reflexión y decisión de la Iglesia y una reflexión profunda sobre el «signo de la mujer»: como no pueden ser ordenadas al sacerdocio, observa la teóloga, las mujeres recuerdan que el sacramento del bautismo no puede ser rebasado.

“Restablecer al sacerdocio bautismal su centralidad –continúa– no significa que esta pueda privarse de una estructura ministerial, dando una cabeza al cuerpo eclesial y garantizando una función de presidencia, que se ocupe del servicio de la unidad y la caridad. El problema a tratar se refiere más bien al lugar respectivo de cada uno de los dos sacerdocios y su justa articulación para el bien de la vida de los cristianos. En el caso específico, se trata de asegurar que las provocaciones de los tiempos conduzcan a explicar de forma nueva la función y la necesidad del sacerdocio ministerial”.

Sacerdocio que debe entenderse tanto como “la visibilidad de Aquel que ha prometido a sus discípulos: ‘Estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’”, que como “sustituto visible de la invisibilidad de Cristo que ya ha entrado en su Gloria”, en este nuestro tiempo “penúltimo”. Aquí, entonces, está el posible y poderoso “signo de la mujer” expresado como anuncio del Reino. Siempre que este signo se pueda decir y ver. Al mismo tiempo, se dirige a la fidelidad al Evangelio y a la credibilidad de la palabra cristiana en el mundo.

 

Fuente: Vida Nueva Digital

Sexo, hombres y grupos de guasap

Nunca pasa nada. “En Lugo ¿Nunca pasa nada?” Con esta pregunta arrancaban las amigas de Impunidade Carioca una reflexión sobre la lucha que llevan adelante contra la prostitución y todos los alrededores de corrupción que se mueven en torno a esta forma de esclavitud.

Y es verdad. A simple vista, no pasa nada. No pasa nada que llame la atención porque la prostitución se va normalizando y “lo normal” no destaca. Y esa es una primera lucha que hay que hacer: desvelar que sí pasan cosas, pero que no se ven. Cosas que transcurren ocultas aunque se estén normalizando: violencia, vejaciones, explotación, esclavitud, trata de personas… delitos, al fin y al cabo, que se normalizan.

De la misma manera que muchas de las políticas que hoy se proponen como de eliminación de la prostitución y que solo son de ocultación como, por ejemplo, sacar a las mujeres de las calles y que estén en pisos y que de esta manera aumente la violencia, la esclavitud… y que parezca que disminuye cuando aumenta realmente; de la misma manera el negocio de la explotación de la mujer transcurre por canales ocultos y privados como son los grupos de guasap.

Hoy en día todos estamos en muchos grupos de guasap. En unos porque queremos, en otros porque nos meten, en otros porque no queda más remedio… Todos y todas. Pero si eres hombre es posible que estés en alguno exclusivo de varones. Compañeros del trabajo, del equipo de fútbol de los sábados, de antiguos compañeros del colegio…

Os cuento la realidad de uno: 40 antiguos alumnos de colegio religioso. Varones. 45 años. Formado por profesionales de distintos sectores abogados, periodistas, asesores políticos, ingenieros, empresarios, técnicos, educadores… Casados la mayoría, con hijos, bastantes con hijas de 20 años. El grupo se crea para una comida de aniversario de 25 años después de salir del colegio. Y también como manera de ponernos en contacto profesional. Interesante. ¡Quién no va a querer estar!

El grupo funciona. La comida se celebra. Los contactos suceden, todo es bueno y razonable. Hasta que un buen día viernes llega el primer mensaje… “Feliz viernes. Raisa…” con foto de chica, desnudada, en pose, muy muy joven. En un grupo ocasional se destapa la vorágine como una botella de champan. Ya no hay stop.  “Pibón”, “¿De dónde la has sacado?”… llega un enlace a una web. El 90% participa. Al día siguiente otra foto. El domingo un vídeo. Dos, tres… otra foto. Se ve que hay tiempo para perderlo. El lunes ya es un no parar de fotos, chistes, comentarios a las fotos y los vídeos…

El grupo de hombres tranquilos, familiares, padres ideales… se ha disparatado. Los mensajes se hacen exponenciales. Las notificaciones se disparan, te ves obligado a vaciar la memoria del móvil cada rato. Las imágenes y vídeos se descargan automáticamente en los teléfonos de manera que cada uno va llevando un catalogo pornográfico en el bolsillo. Cada vez es más fácil reenviar y difundir desde este grupo a otros. Lo que llega por “Antiguos alumnos” se manda a “Los de futbito” y de ahí a “cuñados”…. Algunos hasta te vuelven a llegar de vuelta de tanto que se reenvían.

No tarda en llegar otro aniversario. Propuesta de quedada a cenar… y a un club. Ojo: padres de familia, esposos, profesionales de buena reputación. El organizador: “Yo busco el restaurante y fulano que se encargue de las chicas”. Lo normal. Tras tanto porno teórico se necesita pasar a la acción. Estos tienen dinero y pagarán. Pero los que no tengan dinero lo tomarán por la fuerza. Y en grupo se es más fuerte, más manada.

Llegado este momento. Hemos hecho top. Me bajo de esa basura. Yo quiero el grupo. En él algunos de nosotros tenemos negocios en común, somos clientes o proveedores de servicios, somos amigos desde hace 40 años. Pero no para eso. Lo advierto. Y llegan promesas de moderación. Aguanto. En 15 días es peor. Ya no son desnudos y porno, con la violencia que ya entrañan, en sí mismo es sexo violento extremo. Adiós.

Había que irse. Un clic lo hacía posible. Pero irse sin explicarlo solo seria cerrar los ojos, taparse la nariz y dejar que todo siguiera transcurriendo como si no pasase nada. Redacte mi explicación y la mandé.

“Adiós amigos. No puedo entender como este grupo ha derivado a esta basura contra la mujer. Mandáis fotos de muchachas que tienen la edad de nuestras hijas sin pudor ninguno. Son hijas de otros hombres y mujeres, la mayoría victimas de trata traídas de Rumanía, Nigeria, Rusia, Colombia… para ser abusadas, violadas por dinero, esclavizadas… La violencia que practicáis difundiendo eso colabora a que haya más demanda de ese tráfico de personas.
Fotos de chicas que pueden ver vuestros hijos pequeños de 10, 11, 12 años cada vez que les prestáis el móvil para mandar un guasap a la abuela. Que verán como normal disponer y compartir esos vídeos. Que desearan imitaros. Que compartirán en sus institutos esas vejaciones. Que acabarán practicándolo como lo normal.
Os rasgáis las vestiduras por el caso de la manada porque tenéis miedo por vuestras hijas, los que las tenéis. Y los que tenéis hijos decís que estáis tranquilos porque ellos no corren peligro al volver de noche. Pero os equivocáis. En el fondo tenéis miedo porque un día, una noche, una de vuestras hijas puede ser víctima de los cuatro hijos de cuatro amigos de este grupo; porque vuestros hijos demandan lo que os han visto hacer en la soledad de vuestros teléfonos.
Tenéis miedo porque todos sabéis que la presión económica puede llevar a vuestras hijas a ser prostituidas por un grupo de amiguetes de vuestros hijos, que llevan aprendiendo de sexo en vuestros teléfonos desde hace años y ahora quieren practicar el abuso que han aprendido. Quieren ser como vosotros. Sois sus héroes. Como dicen ellos “sois el puto amo”. O incluso podréis encontraros a la hija de un conocido en una de vuestras cenas.
Parad amigos. Parad. Sois profesionales, sabéis que la demanda provoca oferta. Y vuestro consumo de pornografía y prostitución está generando que miles de mujeres sean objeto de trata para enriquecer a unos cuantos esclavizándolas y para vuestra propia degradación como personas. Ya no mirareis a vuestras hijas con los mismos ojos, ni a vuestras esposas o parejas. Dejad de engañarlas.
No deseo seguir en este grupo para esto. Me tenéis a vuestra disposición por privado. Un abrazo”.

Alguno me tachó de exagerado. Muchos callaron. Otros tantos me agradecieron, por privado, mis palabras, con las que estaban de acuerdo pero… seguirían en el grupo. Solo uno salió del grupo, sumándose a mis razones. Y otros dos, siempre hay alguno que no se entera, pensaron que quería seguir recibiendo los mensajes por privado y me los mandaban… Los tuve que bloquear.

Hay que hacer que pase algo. No nos debe ser indiferente pasear por nuestras calles y ver los anuncios en los parabrisas de los coches con las fotos de chicas esclavizadas en clubs. No podemos dejar que pase indiferente la regulación por parte de los políticos de esta forma de esclavitud, que sea parte de la corrupción política, que empresarios, políticos, policías, abogados,… sean conniventes porque hay negocio para todos.

Por eso te reclamo tres cosas sencillas.

  • Si llega el caso, no reenvíes mensajes de ese tipo que humillan a las mujeres y te degradan como hombre.
  • Dos: redacta tu motivación y compártela con otros hombres.
  • Y tres: busca a quien ya lucha asociadamente y préstale colaboración dándole tu apoyo. Ese servicio puedes hacerlo. Haz que pase. La trata de personas empieza en tu teléfono y un pequeño paso comienza a pararla. (1)

Que no veamos el problema no elimina el problema… Que no veamos el drama de la prostitución no acaba con la prostitución, lo oculta para empeorarlo. En pisos y en tu teléfono. Y no es un problema de mujeres. Es un problema de los hombres: mientras no cortemos la demanda, mientras no hagamos posible cortar los canales de reenvío, mientras no vayamos a eliminar las causas de esta esclavitud… nuestras familias, ciudades y sociedad padecerán la indignidad, porque nunca pasa nada. Hasta que pasa.

Julián García


(1) En España ya hay juez, jueza, Pilar de Lara, perseguida por combatir la trata de personas, defender a las víctimas y poner encima de la mesa la corrupción en torno a este negocio. También hay que defender a los que defienden.

Ha fallecido una madre cristiana pobre: Mari Trini Gómez del Castillo Segurado

Desde «Encuentro y solidaridad» trasladamos nuestro más sincero pésame a la familia de Mari Trini y a los hermanos del Movimiento Cultural Cristiano.

Esta madrugada ha fallecido Mari Trini Gómez del Castillo Segurado. Una más de la legión de madres cristianas pobres. Esas que no ocupan páginas en los libros de historia y que sin embargo son las que han parido la solidaridad.
Mari Trini merece el elogio de los sencillos porque siendo femenina y feminista de verdad no cayó en la trampa de este feminismo mandón del que se aprovechan las listillas que no han aportado nada a la solidaridad pero saben sacarle provecho. Su padre decía frecuentemente: Los hijos de la revolución quieren vivir de la revolución. Mari Trini y Jose, su esposo, no son de los que han vivido de la revolución sino de los que han dado vida.
Mari Trini vivió con alegría la pobreza. A los curas nos advirtió siempre con fuerza respecto del clericalismo histórico y siempre nos invitó a dejarnos seducir por la dama pobreza. Frecuentemente hablaba de Eduardo. Con palabras. Y con gestos como llevar puestas las usadas sandalias que heredó de ese gran sacerdote alicantino a quien los curas de Madrid terminaron por impedirle predicar quedando para él como sencilla «cátedra» una buena cantidad de iglesias domésticas.
Las madres cristianas tendrán en Mari Trini un referente incuestionable de la belleza de la pobreza. Para acabar con la miseria (decía su admirado Benedicto XVI) hay que cultivar la pobreza. Mari Trini llevaba con orgullo ropa usada porque libremente lo quería así.»Esta chaqueta era de tu madre» me decía. Hasta tal punto creía en la pobreza que cualquier cosa para sí misma le parecía riqueza, en la estela de Carlos de Foucauld que ante el pesebre decía que ya no se podía ser rico.
Los escritos de Mari Trini era para valorar la fuerza de los pobres: los enfermos, los minusválidos, los aplastados del Tercer Mundo. Su capacidad de trabajo fue para los últimos. La cantidad de traiciones políticas y sindicales del siglo XX le hacía temer entrar en esas áreas como lugares en que se terminaba olvidando sus amores: Cristo, la Iglesia y los pobres.
Muchas veces tuve la sensación de que su trabajo de educadora infantil lo había ejercido ejemplarmente y que le había dejado un poso por el cual a veces nos trataba como si no hubiera dejado ese trabajo y sin embargo siempre teníamos la sensación de que le movía el amor, equivocado quizá a veces, pero amor a fondo perdido: gratuito y sacrificado.
En cierta ocasión intenté distinguir entre austeridad honrada y pobreza evangélica. El valor humano de la austeridad sensata que se puede vivir en la familia sería algo distinto de la pobreza evangélica que se ha de abrazar libremente por amor. Mari Trini me dijo casi a gritos que en casa de sus padres lo que se vivía era la pobreza evangélica. Supongo que la teoría permite distinguir pero la vida me ha ido diciendo que Mari Trini en eso tenía razón. No sé si los curas dejaremos de ser clericales ni si las madres abrazaran la pobreza pero creo que sí, que antes o después lo haremos; mientras tanto sufriremos tontamente y lo pagaremos con tristeza.
Ella se fió de Jesucristo y por eso, en medio de no pocas dificultades, vivió la alegría cristiana. Mari Trini ha fallecido pero nos deja grandes motivos de diálogo, de amor y revolución.
Eugenio A. Rodríguez

Hace unos días nos despedimos de Maritrini. Compartimos con ella la celebración de la Eucaristía Julián, Paco, Belén y su hija Maite, que la ha cuidado con un amor y esmero desbordante, propio de una hija que ha recibido mucho amor. Era el día de Santa Teresa. Solo Dios Basta. Yo no dejaba de preguntarme cómo estaría viviendo esto Maritrini, que aunque nos conoció, no pronunció apenas palabras esa tarde; mientras yo lo pensaba, ella lo encarnaba. Maritrini cultivó toda su vida una profunda vida de unión con Dios.
Tenía un carácter muy fuerte heredado de su padre, y no tenía pelos en la lengua. Podría equivocarse, pero aquellas regañinas de las que algunos no nos libramos, venían de un amor profundo a Dios y su Iglesia, y no callaba lo que ella creía que era justo. Tenía también a la vez una alegría profunda y una disponibilidad ejemplar, heredadas de su madre. De ambos heredó una profunda y alegre vida de austeridad, la que viven los pobres de las bienaventuranzas.
Cuando éramos responsables del Aula y nos pasaban las inscripciones, siempre bajo su puño y letra escribía los cursos a los que su grupo deseaba asistir, siempre añadiendo: o para lo que se necesite. Estos días he recordado casi cada día la muerte de Julián, su padre.
Pocos días antes de morir, el día de su cumpleaños, fuimos Jaime y yo a visitarle y a celebrar la Eucaristía. Nos recibieron todos como lo que éramos y somos: parte de la familia. Julián no habló, pero cuando me despedí de él, consciente de que no le vería más en la tierra, me reconoció. Me llamó Juliana (el nombre de mi abuela), como nos llamaba a todas las hermanas cuando éramos pequeñas. Después Maritrini me acompañó a la puerta y rompí a llorar desconsoladamente. Junto al ascensor le dije a Maritrini: perdona, no se por qué me pongo así. Ella me contestó tranquila y seria: porque somos tu familia.
La familia de familias que constituimos durante más de treinta años no unida por los lazos de sangre sino por el soplo del Espíritu. Descansa en paz, querida Maritrini, e intercede por tu familia ante el Padre.
Mónica Prieto

Sobre Rosa Luxemburgo

En el centenario del asesinato de Rosa Luxemburgo, recordamos unas palabras sobre ella de Julián Gómez del Castillo al presentar su libro «Reforma o revolución«.

Rosa Luxemburgo fue una revolucionaria de cuerpo entero, capaz de «tenérselas tiesas» hasta con Lenin.

En la película que presenta su biografía y a la que da título su nombre, se presenta una secuencia de ella en la cárcel, cuando le dan el dinero que sus compañeros la envían y, ella, con gestos de evidente disgusto, gritará: «¡Libros!, ¡necesito libros, no dinero!». Cuando ahora a nuestra izquierda oficial, PSOE e IU la vemos mendigar aumentos de sueldos o ser juzgada por la desaparición de fondos reservados, no podemos por menos que recordar la escena de «Rosa Luxemburgo». Entre la izquierda de ayer y de hoy, hay una pequeña diferencia: a la de ayer, serlo, le costaba dinero; la de hoy: se lleva el dinero.

Rosa Luxemburgo es la teórica marxista más próxima a la autogestión. Conocer su pensamiento y proyectarle hacia el futuro puede hacer un gran bien al futuro de una izquierda real.