Anunciación, de Ana Alvarez-Errecalde

Ibone Olza
Publicado en iboneolza.org


Hay sentimientos y emociones que una piensa que es imposible retratar, no digamos ya fotografiar, especialmente por su complejidad. Me refiero por ejemplo a algo que he experimentado en numerosas ocasiones en mi consulta pero que me resulta difícil encontrar fuera de ahí e igualmente complicado describir. Casi siempre sucede cuando escucho a madres de hijos o hijas con graves discapacidades. Viene a ser un estremecimiento profundo de mi ser acompañado de un sentimiento mezcla de compasión y emoción. Y seguramente también gratitud: puede que sea el sentirme privilegiada al saberme testigo de un amor incondicional y excepcionalmente hondo, profundo, repleto de matices y recovecos sorprendentes, grande y misterioso como La Vida.

Y no, no estoy hablando de idealizar la entrega de esas madres que cuidan sin descanso apenas a hijos que apenas pueden hacer nada por sí mismos. No hay idealización posible sino al revés, más bien me lleva a un cuestionamiento de mi misma y de lo que yo entiendo por amar y cuidar. ¿Acaso me ofrezco yo para quedarme unas cuantas horas, no ya días, al cuidado de esos hijos? No, no lo hago y al preguntármelo pienso que no lo hacemos, casi nadie lo hace. Yo apenas les escucho un rato y si puedo les enseño mi humilde espejo, para que al menos reconozcan su dignidad, la grandeza de su entrega, la belleza que desprenden sus gestos o cuán hermosas son las palabras que eligen para hablar del otro, ese hijo o hija que a veces ni siquiera llega a hablar.

Es difícil. Esta sociedad casi niega la existencia a los que vienen con un algún tipo de malformación desde el útero, y si aún y todo llegan a nacer se les condena al ostracismo negándoles la inclusión… ¡Qué heroica termina siendo entonces la crianza! Qué difíciles también esos embarazos, cuando los médicos nos atrevemos a adivinar el tipo de vida que tendrá ese bebé y la presión llega a tal punto que muchas madres optan (casi siempre con enorme dolor) por interrumpir la gestación “para no condenarle a una vida de sufrimiento”. No me atrevo a juzgarlo pero a mí me duelen todas esas pérdidas. De alguna forma les echo de menos, y me pregunto cómo sería este mundo si no faltaran tantas personas con síndrome de Down, por ejemplo, o cualquier otra discapacidad o malformación, cuanta alegría y ternura se está eliminando antes siquiera de nacer, qué oportunidades nos perdemos todos de amar, cuidar y crecer…Y a la vez entiendo e incluso acompaño, visto el abandono posterior, el largo recorrido que comienza cuando el bebé no sigue el trayecto esperado…

No juzgo ni lo pretendo, porque conozco lo difícil que es criar a un hijo o hija diferente «neuroatípico», más lento o que parece que no vaya a hacer otra cosa que “ser y estar”.

La primera vez que vi esta imagen me estremecí. Apenas unos instantes, aparté la mirada sabiendo que no era el momento ni la manera de contemplar algo tan potente que directamente conectaba con esa vibración profunda de mi ser. No podía seguir mirando pero sabía que tendría que volver a ella, no una, sino infinidad de veces. Algunos de los momentos más preciosos en mi trabajo de los últimos años están recogidos en esa imagen.

Bendita Anunciación. Ana Álvarez Errecalde: has captado con tu cámara lo invisible, lo que parece imposible fotografiar. Has retratado la piedad, la compasión, la dignidad en el amor, con nitidez. Y gracias, porque además has escogido las palabras más precisas para sintetizarlo en una única frase:

“El momento en que damos el Si a la nueva vida, comienza el ejercicio de “la piedad”, la incondicionalidad del amor”

Ana Alvarez-Errecalde

Radio María: trabajo infantil

Entrevista en el programa Iglesia Viva, invitados por las Hermandades del trabajo en el marco del día mundial contra la esclavitud infantil el pasado 12 de junio. Debemos hacernos conscientes del drama de la esclavitud infantil, de nuestra complicidad en este crimen, pero también de nuestra responsabilidad. Cada una de las cifras lleva una persona detrás, concretamente un niño.

 

Hemos olvidado a Besteiro

Hoy necesitamos políticos como él. No es una casualidad que, en una España tan cainita como ésta, nadie le reivindique.

En un país en el que somos tan aficionados a las conmemoraciones y los aniversarios, hay un olvido que clama al cielo: es el de Julián Besteiro, uno de los políticos más honestos y más coherentes que ha tenido España desde la Restauración.

El que fuera presidente del PSOE, de UGT y de las Cortes nació en Madrid en 1870 y murió en la cárcel de Carmona en 1940, un año después de terminar la Guerra Civil. Por lo tanto, se cumplen ahora 150 años de su llegada al mundo y 80 años de su fallecimiento.

Cada vez que paso por debajo del busto que hay en el pasillo del Congreso por el que se accede al Hemiciclo, me acuerdo de este hombre injustamente olvidado en nuestra vida política y, sobre todo, por el PSOE, al que nadie sirvió con lealtad y ejemplaridad.

Nadie hizo más que Besteiro para evitar el conflicto que estalló en 1936, ya que siempre se opuso a las tesis de Largo Caballero, que quería implantar la dictadura del proletariado durante la República y que apoyó el levantamiento de Asturias.

Besteiro propugnaba un reparto más justo de la riqueza, mejoras en la educación y reformas para consolidar la democracia, pero era abiertamente contrario a provocar una guerra que, según él creía, tendría un altísimo coste humano y generaría la pérdida de muchos de los avances sociales de la República.

Su juicio y condena fue un ajuste de cuentas porque incluso el fiscal militar, que había sido alumno suyo, reconoció que era un hombre bueno y honesto, que no tenía responsabilidad alguna en delitos de sangre. Se le condenó por haber sido socialista y haber defendido la República a la que había jurado lealtad.

Como es sabido, Besteiro se sumó a la iniciativa del Coronel Casado en marzo de 1939 para entregar Madrid con el ánimo de evitar un inútil derramamiento de sangre. Se le acusó de traidor por ello, pero fue uno de los pocos dirigentes socialistas, por no decir el único que se quedó en la capital. Fue detenido en los sótanos del Ministerio de Hacienda y encarcelado.

Cuando se le preguntó por qué no había huido como sus compañeros, respondió que tampoco habían podido salir de Madrid los obreros, los artesanos y las gentes modestas que no tenían dónde ir. «Lo que sea de ellos será de mí», afirmó.

Y así fue. Franco se negó a indultarle pese a las peticiones de algunos generales y dirigentes del régimen del yugo y las flechas, que sabían que Besteiro, que era catedrático de Lógica, no merecía ningún castigo de los vencedores.

Era un hombre inequívocamente de izquierdas, como lo prueba que fue condenado en 1917 a cadena perpetua por formar parte del comité que organizó la huelga general revolucionaria en la que mi abuelo, según me contó, fue despedido de la Compañía del Norte.

Hoy necesitamos políticos como él. No es una casualidad que, en una España tan cainita como ésta, nadie le reivindique y no se ponga en valor su falta de sectarismo y su generosidad con el adversario.

Una lástima.

Pedro García Cuartango

Fuente: ABC

Marguerite Barankitse: “Cuando perdonas, curas el mundo”

Tras rescatar 25 niños de una masacre de 72 personas que se vio obligada a presenciar en 1993 en Burundi, ‘Maggy’ creó Maison Shalom, un hogar para más de 20.000 huérfanos

La llaman Ángel de Burundi, Madre Nacional o Santa Maggy, apelativos que Marguerite Barankitse (Ruyigi, Burundi, 1956) rechaza con una sonora carcajada de pudor que se intensifica en cada sobrenombre mencionado. “Soy más bien una mujer loca”, se adjudica,“porque sólo con locura empiezas cosas desde la nada”; aunque todo el mundo la llama Oma (abuela). Una ‘abuela’ de 60 años de edad, presencia majestuosa y sonrisa contagiosa, que encarna tanto la tragedia del pasado violento de Burundi como el empeño hacia un futuro de paz.

El 22 de octubre de 1993, Maggy perdió el 60% de su familia. La desnudaron, la ataron y la obligaron a presenciar la matanza de 72 personas durante los trágicos conflictos entre hutus y tutsis en Burundi. Los asesinos obligaron a los hombres a elegir entre matar con sus manos a su mujer y sobrevivir o morir junto a la esposa y dejar a los hijos huérfanos. Una amiga le pidió que, por favor, cuidara de sus hijas Lidia y Liset; que prefería morir con su marido.

El 22 de octubre de 1993, Maggy perdió el 60% de su familia durante los conflictos entre hutus y tutsis.

Rescató 25 niños y niñas de aquella tragedia y fundó Maison Shalom, una ONG que en pocos años llegó a dar asistencia sanitaria y educación a más de 20.000 niños de todas las etnias. Era la generación destinada a romper el ciclo de violencia en el país. Pero en 2015 el Gobierno burundés la cerró y la activista –crítica con los crímenes de lesa humanidad, reconocidos por la ONU, y perpetrados por el presidente Pierre Nkurunziza– se vio obligada a abandonar el país y refugiarse en Ruanda. Allí ha abierto un centro comunitario, llamado Oasis de Paz, para 90.000 refugiados burundeses. Su testimonio, que Barankitse vino a compartir esta semana en un acto organizado por el CIDOB en Barcelona, es el ejemplo de una resiliencia sin límites.

¿Cómo lo hace por convivir con los estragos del genocidio?

Siendo una vela en la oscuridad. Desde mi infancia cada cinco años ha habido masacres en Burundi. A pesar de las atrocidades, en mi familia siempre fui feliz. Perdí a mi padre cuando tenía cinco años pero mi madre me enseñó otra cara de la vida. Y para mí la vida fue un festín. Decidí no deprimirme y ser una pequeña candela entre la oscuridad. Me acuerdo cuando empezó en mi país la enorme masacre entre tutsis y hutus en 1972 , yo era una adolescente y no quise ir a la escuela porque no entendía porqué no honrábamos por igual a todos los padres que habían muerto. Mi madre me trajo una vela y me dijo: ‘Cuando haya oscuridad, escoge siempre ser luz’. Fue cuando le dije a mi madre que quería ser profesora y enseñar lo mismo que ella me enseñó.

A vivir en el lado positivo de la vida

Por eso, cuando hay odio, puedo amar, cuando hay indiferencia, puedo ser compasiva, cuando hay intolerancia puedo ser tolerante y cuando hay orgullo, puedo ser humilde. Esta es la misión que recibí de mi madre.

Usted creó una comunidad para 25 niños primero y luego, incluso para más de 20.000…

No solo esos 20.000 niños, sino también todas esas madres que fueron violadas, esas familias que no tenían a donde ir, los exprisioneros que no tenían casa, los niños soldados… Era una comunidad muy especial. Para mi las cifras no son importantes. Era una casa de la paz, Maison Shalom, abierta a todo el mundo. Recuerdo que en el año 2000 hubo un bombardeo y toda la gente vino a mi casa y en el patio había al menos 8.000 personas, a las que tuve que alimentar de golpe. Lo hice sin dudarlo ni un segundo.

¿Construir esa comunidad le ayudó a superar la tragedia?

Es verdad que cuando pierdes el 60% de tu familia, tíos, tías, primos y primas… la familia, el sagrado regalo que Dios nos da, algunos días piensas que quieres volver a verles, otros, que quieres regresar a tu pueblo. Pero sé, gracias a mi madre, que puedo crear una nueva y preciosa familia. Me reservo tiempo para velar a los muertos, para decirle a Dios que no lo entiendo, que a veces fue muy difícil… Además de mi familia, también perdí muchos niños: cinco niños al día morían en mis manos. Y a veces no veo compasión en la comunidad que me rodea y solo mi fe me mantiene en pie.

Recuerdo que en 1996 perdí la voz porque quería cargar con todo, cambiarlo todo; me sentía joven, pero fue demasiado para mí. Después de eso, empecé a pensar que en realidad soy un mero instrumento para la comunicación del amor y que tengo que dedicar más tiempo a gozar de la vida, que para ser Teresa de Calcuta no hace falta ser una mártir, como dicta la educación católica que recibí. Fue cuando empecé a cuidarme, a maquillarme… ahora nadie puede detenerme.

Después de convertir los estragos de una guerra civil en un mundo de esperanza para 20.000 niños, se vio obligada a huir de Burundi a Ruanda y empezar de cero por sus críticas contra el presidente de Burundi Pierre Nkurunziza. Si pudiera retroceder en el tiempo, ¿haría las cosas de manera diferente? ¿Callaría?

No [ríe a carcajada limpia] Mire, cuando empecé a construir el hospital de Maison Shalom fue porque estaba muy enfadada. Un día del año 2001 murieron 16 madres en el parto y fui al Gobierno a denunciar que no podíamos continuar así, pero el ministro de Sanidad no me escuchó. Conseguí el dinero y construí un hospital y durante 10 años ninguna madre murió dando a luz. Todas estas cosas las dejé atrás cuando tuve que huir sin nada y empezar de cero. Dos años después he reconstruido un mundo nuevo.

No callaré nunca, ni por los burundeses, ni por los españoles, ni por la humanidad. Porque somos una sola familia humana. Porque cuando destruyen la dignidad de un ser humano los demás debemos levantarnos y luchar, ya sea por los hermanos y hermanas sirios, los somalíes o los americanos. Este es mi manera de sentir. Protestaré tanto si Trump nos insulta como si la ONU comete errores, no solo contra Nkurunziza.

¿Qué les pasó a los niños de Maison Shalom en Burundi después de tener que huir?

En vez de reutilizar nuestro hospital para el país, el Gobierno burundés lo cerró. Veintiún bebés murieron en las incubadoras porque cortaron la electricidad. Lo cerraron todo. 20.000 personas que trabajaban en la comunidad, perdieron el trabajo. Los enfermos de sida que hacían el tratamiento, ahora están muriendo.

La comunidad internacional no puede callar cuando ve gente muriendo. El silencio es complicidad. Mañana no dirán que no lo supieron. Ahora lo saben, no es como el genocidio de Ruanda, ahora la comunidad internacional y todas las agencias de la ONU saben lo que está pasando en Burundi porque hay un informe de la Corte Penal Internacional que lo denuncia.

Burundi fue una de las tres crisis humanitarias más ignoradas en 2017, junto con Corea del Norte y Eritrea. ¿Por qué nadie habla de Burundi?

Porque no hay petróleo, no hay diamantes… pero hay algo mucho más rico que el petróleo y los diamantes, nuestros hermanos y hermanas. Sí. Y también porque Burundi está en una situación geopolítica estratégica. Los que quieren robar en las minas de (la República Democrática del) Congo prefieren que haya un país corrupto cercano para actuar con impunidad.

 

Usted llegó a visitar a los asesinos que mataron a gente que conocía en prisión.

Si no les ayudamos a darse cuenta de que nuestra misión en el mundo no es matar sino amar continuarán con sus crímenes. Quiero romper el ciclo de violencia que hay en el mundo. Creo que aquellos que realmente nos necesitan son los criminales porque debemos enseñarles que están en el mal camino. No puedo guardar mi odio en el corazón y a ellos quiero llevarles de la oscuridad a la luz.

¿Y qué les dijo?

Uno me preguntó, ‘¿Maggy, por qué haces esto?’ ‘Porque creo que aunque seas un criminal sigues siendo mi hermano criminal. Y sé que puedes salvar más de lo que has matado. Y después se puso a llorar delante de mí. Cuando perdonas, curas el mundo.

¿Crees que Burundi está al borde de sufrir otro genocidio?

Si no prestamos atención, el genocidio en Burundi, que ya sucede ahora, irá a peor. Desde hace dos años están matando a gente. No crea que la comunidad internacional verá machetes, bombas… Pero matan 40 personas al día. Seleccionan a jóvenes tutsis y los arrestan. Está en el informe de la ONU. El Gobierno quiere convertirlo en un conflicto étnico pero no lo conseguirán. Nkurunziza es un presidente irracional que se levanta una mañana y decide matar a tutsis. No puedes imaginar de lo que es capaz un presidente que se ha vuelto loco: torturas, violaciones, fosas comunes, cadáveres en los ríos, cuerpos mutilados en las calles – tengo las fotos en el móvil. Es un genocidio. Se emplea el mismo vocabulario que usaron los nazis para deshumanizar a los judíos.

Entonces, ¿es una represión contra los opositores?

Sí. Pero quieren hacer creer que hay una limpieza étnica. Si arrestan a las personas que protestan en las manifestaciones, ponen en prisión a los hutus, pero a los tutsis los llevan a los servicios de inteligencia para torturarles, mutilarles o esterilizarles. El Gobierno intenta provocar la rabia entre los tutsis para que se levanten contra los hutus.

Nkurunziza es un presidente irracional que se levanta una mañana y decide matar a tutsis”

Con 24 años adoptó siete niños, cuatro hutus y tres tutsis, ¿cuál es el coste personal de dedicar toda una vida a los demás?

[Ríe] No es un sacrificio. A veces me preguntan si algún día querré casarme y tener mis hijos biológicos, pero yo les digo que soy la madre más feliz del mundo. No tuve mis propios hijos pero tengo miles y miles de niños que me quieren y a los que quiero mucho. A veces me preguntan si no quiero tener un marido, pero es que nunca estoy sola en casa, es una casa llena de felicidad. Es verdad que también soy una mujer normal. No soy una monja. Me preguntan, ¿no vas a dedicar tiempo a estar en la intimidad con un hombre? No puedo dedicarles tiempo, incluso cuando alguno lo ha intentado, ha visto que no puedo estar por él. A veces incluso me he olvidado de él. [Ríe] ¿Quién va a seguir a una mujer loca como yo y ser el padre de tantos miles y miles de niños? Mi madre perdió a mi marido con 24 años y nunca vi a otro hombre en nuestra casa, quizá estoy siguiendo los pasos de mi madre sin habérmelo propuesto.

» No tuve mis propios hijos pero tengo miles y miles de niños que me quieren y a los que quiero mucho”

Fuente: La Vanguardia

 

Con fe en la política. Por Carlos García de Andoin

Testimonio compartido en la vigilia del Congreso de Laicos #PueblodeDiosEnSalida el 14 de febrero de 2020.


No es fácil ofrecer un testimonio sobre mi compromiso en la vida pública. ¿Qué ha significado para mí la llamada que hoy hemos escuchado en el Evangelio a ser sal y luz? Sí lo es contar los primeros pasos: el compromiso de monitor entre personas con discapacidad, la objeción de conciencia, ser delegado de estudiantes cuando me iniciaba en la JEC o la denuncia de la precariedad acompañando a jóvenes de la JOC.

Sin embargo, no es tan fácil, referirme aquí, en este Congreso, a mi compromiso específicamente político. Seguramente, aspectos que pueda señalar, por ejemplo, fui impulsor y miembro de la Comisión de Expertos del Valle de los Caídos, pueden no ser compartidos por bastantes o muchos de los aquí presentes. Sin embargo, si no quiero hacer teoría, sino testimonio concreto, necesito referirme a opciones que nacen de mi discernimiento cristiano en política, pero que pueden ser distintas en otras personas igualmente cristianas.

Quiero en este sentido subrayar que no cabe política sin toma de partido, no es, ni más ni menos, que misterio de la Encarnación: el Todo en el fragmento. Por eso como dice Octogessima Adveniens, “una misma fe puede conducir a compromisos políticos diferentes” (n. 50). Esto hemos de interiorizarlo porque los textos de la Iglesia, Católicos en la Vida Pública –que leí con fruición-, hablan bellamente de la vocación política como “una de las más altas posibilidades morales y profesionales” de la persona y, sin embargo, cuando das el paso del partido, se produce un distanciamiento helador, con la comunidad cristiana y con el ministerio pastoral, que no se da en relación a otros compromisos.
Necesitamos un ecosistema eclesial más favorable a las vocaciones laicales a la política. La comunidad cristiana tenemos una rica presencia en la sociedad civil, que, entre otras razones, por falta de vocaciones políticas, está infrarrepresentada en la esfera pública.

De mi experiencia quiero destacar tres aspectos.

Primero. Cristianismo público, con anuncio explícito. En mi acercamiento al partido socialista fue central el político Ramón Jáuregui, recién jubilado ahora como eurodiputado, entonces secretario general en el País Vasco, nos convocó a un grupo de cristianos. En aquella reunión le mencioné la consideración del PSOE de la religión como un asunto estrictamente privado. Le pregunté si el partido estaba dispuesto a aceptar el cristianismo como hecho público para el socialismo. “Nosotros -le dije- si somos socialistas lo somos a fuer de cristianos”. Ramón me dijo: “Sí, recorramos ese camino». Esto ocurrió en Bilbao en 1993. Creamos lo que hoy es Cristianos Socialistas PSOE. 25 años de una presencia modesta pero explícita en una cultura partidaria de tradición anticlerical y laicista, pero que hace de la igualdad la estrella polar de su acción política, lo cual tiene mucho que ver con esa maldita costumbre de la Biblia de ponerse del lado de los pobres. Se trataba además, de tender puentes entre las políticas del partido y las demandas políticas del mundo cristiano; lo que hemos realizado de múltiples maneras en exclusión social, en educación, en las cárceles, en cooperación al desarrollo. La luz no se esconde bajo el celemín.

Segundo. En la experiencia de estos años no puedo olvidar la decisión de entrada en la política municipal, como concejal en Sestao. El que un día fuera epicentro de la gran industria y que todavía hoy es el pueblo de Bizkaia con mayor índice de paro. Eran los años en que ETA aplicó la política de socialización del sufrimiento asesinando a concejales del PP y del PSE-EE. No sobraban los candidatos a concejal, cuando, el primer día de campaña te ponían un escolta y pasabas a formar parte del colectivo bajo la amenaza de una diana telescópica o de un dedo en la calle. Acabaron siendo ocho años con ángel de la guarda. Un impacto personal, pero más aún familiar, en mi mujer y en mis dos hijos de 6 y 4 años. Mi hija, cuando íbamos a la escuela, se interrogaba por aquella presencia extraña.

Tercero. Con fe en la política. Sin mesianismos, ni demonizaciones. Con la confianza de que la política hace mucho, lo afirmo, por el bien común, por el Reino Dios y su justicia. Este se juega menos en la afirmación íntegra y prístina de los valores que en su puesta en práctica, a través del Boletín Oficial, aún con leyes hechas de transacciones y discusiones; o a través de unos Presupuestos, aunque su justicia es siempre imperfecta; pues los recursos son limitados. Uno de los momentos más críticos de mi experiencia política se produjo cuando la aprobación de la ley de plazos del aborto. Solo la podía concebir como mal menor. Me jugué el puesto, estaba en gabinete político en La Moncloa. Conseguimos que fuera reconocida la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios. Cuando te instalas en unos valores escatológicos, cuando la realidad se espesa, es tentador romper la baraja, en último término, dimitir de la acción política y volver al calor de la parroquia. Jesús no se fue, se mantuvo en pie, incluso viendo que tenía todas las de perder. Por otro lado, el mejor momento. Cuando Ramón Jáuregui, a propuesta de PPC, en el libro 50 Cartas a Dios, escribió a Dios, y le dijo: “Hoy no creo en Ti, pero te tengo por aliado”.

Por último, siempre es necesario arraigar la caridad política en la interpersonal. Una revisión de vida en mi grupo de Acción Católica me llevó hace años al encuentro de un joven nigeriano que se acercaba a la parroquia. Mi vida, la de mi familia quedó unida a la suya. Todo es según el dolor con que se vive. Si, como dice el papa Francisco, necesitamos políticos y políticas a quienes duelan los desfavorecidos. ¡Señor, gracias por esta misión! ¡Señor, gracias por tu compañía en esos momentos de soledad! ¡Señor, danos vocaciones laicales a la política! Ahí también nos llamas, esta misma noche, a ser sal y luz.


*Carlos García de Andoin ha sido fundador y coordinador de Cristianos Socialistas. Asesor de vicepresidenta de Gobierno, M.T. Fernández de la Vega y dtor adj. de gabinete de Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia. En la actualidad es vicepresidente de la Liga Internacional de Socialistas Religiosos.

Los sintecho que encontraron uno en el monasterio de Montesclaros

Han caído las conocidas como ‘BBC’ católicas: bodas, bautizos y comuniones. El dato más revelador de estos últimos 12 años es el de los enlaces, que ha descendido más de la mitad: de los 113.000 de 2007 a los 46.556 registrados en 2017, según la memoria de la Iglesia católica presentada en junio. Esta ‘crisis de fe’ se transluce también en el número de sacerdotes —casi 1.400 religiosos menos en el mismo periodo— y de seminaristas, cuya cifra ha bajado hasta los 1.200. Por ello, gestionar los 801 monasterios que la institución religiosa tiene contabilizados por toda España puede convertirse en una tarea difícil.

El de Montesclaros, en Valdeprado del Río (Cantabria), podría servir de termómetro de esta situación. Quedan cinco frailes dominicos de avanzada edad para hacerse cargo de toda la gestión del monasterio. Y esta orden, que llegó a tener 10.000 miembros por todo el mundo y hoy no alcanza los 500, ha encontrado una oportunidad en esta crisis generacional: ha desarrollado dos proyectos de reinserción para que una decena de personas sin hogar gestione su patrimonio.

En 1686, Carlos II pidió a esta orden que se hiciera cargo del santuario para evangelizar los once ayuntamientos de la zona de Campoo. En 1900 esta población superaba los 2.600 habitantes. El No-Do da muestra de las concurridas procesiones y de cómo las túnicas blancas y las capas negras volaban por los pasillos de la hospedería del monasterio. Eran los novicios queriendo llegar a las ‘termópilas’. Este pasillo colgante es una suerte de cordón umbilical de piedra que unía —y une hoy— el monasterio con la hospedería. Revestida de madera, la pasarela fue construida en 1884 para que estos ‘aprendices’ sortearan la nieve que bloqueaba la puerta de la hospedería y pudieran llegar a los maitines. Hoy, ni la nieve llega a tapar la puerta ni un solo religioso recorre ya los pasillos.

La comunidad ha decaído. La eclesiástica y la civil, ya que según los últimos datos oficiales, esta población del sur de Cantabria contaba el año pasado con 316 habitantes. Y lo mismo ha ocurrido con la orden. Tan solo quedan cinco frailes, mayores de 70 años, a los que les resulta imposible gestionar el monasterio, el albergue y la hospedería, que ofrece tres comidas al día a los más de 500 huéspedes que recibe al año.

Según el último informe anual sobre la situación de la libertad religiosa en España, aproximadamente el 20% de los bienes culturalmente protegidos de Cantabria pertenece a la Iglesia católica. Uno de ellos es Montesclaros. Y la edad y la falta de savia nueva en el santuario pusieron en riesgo la hospedería. “Si dejábamos morir estas propiedades, se iban a convertir en negocios hoteleros”, confiesa un miembro de la orden mientras recorre con la vista la fachada de cuatro alturas de la hospedería.

Restauración por partida doble

Casi una decena de personas sin hogar, con su mano de obra, ha evitado que esto ocurra. El ‘rescate’ del patrimonio de los dominicos ha llegado a través de un proyecto social y ecológico de la Fundación San Martín de Porres, la obra social de la orden dominica que, con base en Madrid, apuesta por la reinserción del colectivo de personas pobres o sin hogar.

En total, ocho hombres han recuperado sus antiguos oficios o se han reciclado y aprendido otros nuevos relacionados con el turismo, la agricultura o la hostelería para lograr una reinserción laboral y social completa. Es el caso de José Pedro, que ha vuelto a los fogones tras 43 años de oficio, o el de Luismi, un cerrajero que a sus 54 años ahora es especialista en restaurar madera.

Antonio Rodríguez, director de la fundación, ha sido una pieza clave tras visitar los proyectos de Pedro Meca. Conocido como ‘el capellán de los vagabundos de París’, este religioso apostaba no solo por dar de comer a los pobres sino por ayudar a que se realizaran. Quería romper el aislamiento de los desfavorecidos. Así fundó en París La Moquette, un espacio que ofrecía un clima de acogida y escucha, y donde organizaba encuentros culturales, charlas y conferencias.

Tomando como punto de partida esta filosofía, Rodríguez ha extrapolado el modelo a España y ha puesto en marcha en Cantabria dos proyectos pioneros que aúnan la realización de colectivos desfavorecidos y la recuperación patrimonial; lo que en marketing se conoce como un win-win. Por un lado, la hospedería de Montesclaros lleva cinco años gestionada por personas en exclusión. Y, por otro, otra cuadrilla de ‘sinhogar’ ha empleado otros dos en restaurar el Palacio de Bárcenas, que se convertirá en un hotel rural y un huerto ecológico.

Montesclaros no pilla precisamente de paso. Tras dejar la autovía Cantabria-Meseta a la altura de Mataporquera, hay que atravesar un paso a nivel del tren de vía estrecha y coger carreteras, cada vez más secundarias, hasta llegar al monasterio, que cuenta con una iglesia rupestre y unas increíbles vistas al valle. Hasta este lugar —donde el implacable silencio solo es interrumpido por los cencerros de las vacas al pacer— se han desplazado desde Madrid tres personas sin hogar para gestionar este verano la hospedería, que en julio ha estado al 100% de su ocupación.

Uno de ellos es José Pedro Mateo, un extremeño de 64 años que, tras 43 años como cocinero en los mejores restaurantes de Madrid, vuelve a estar al mando de los fogones con sueldo y contrato. “Quizá haya tenido suerte por haber nacido el día de la Lotería”, bromea.

Quienes conviven con personas sin hogar dicen que la pregunta que más les cuesta responder es también la más instintiva: cómo se quedaron en la calle. Y es cierto. José Pedro esquiva la respuesta con un “cosas de la vida”.
Más tarde, mientras corta cebolla y cuece gallina para sus croquetas, por fin se abre y se sincera. Cuenta que no fue de un día para otro, sino que su vida se fue desfigurando poco a poco. “Primero me divorcié. Después me quedé sin trabajo. Y más tarde ni siquiera podía asumir la habitación en la que estaba. Vivía al día”.

Ahora, José Pedro hace tándem con Julio Jara en la cocina. Este experto en arte y exclusión trabaja en la fundación y pasa la temporada de verano en Montesclaros. “Yo le propongo el menú pero él tiene la última palabra. Es su cocina. Tiene que empoderarse y llevar el barco. Sin responsabilidad no hay reinserción”, apunta.
Hoy, la hospedería ya no es un lugar de descanso, meditación y ejercicios espirituales. O sí, pero de otra manera. Porque en las celdas donde antes había seminaristas ahora duermen aficionados al taichí, el yoga o la poesía. Y Jesús Hernández es el responsable de su bienestar. Se encarga de la recepción, de acondicionar las habitaciones y de atender el comedor.

En uno de los largos pasillos de la hospedería, confiesa que no sabe cómo puede ahora contar su historia con una sonrisa. Porque, en solo tres meses, el destino de este venezolano de 27 años ha dado un giro de 360 grados. Llevaba tres años trabajando como profesor en Ecuador, donde logró asentarse con una “vida cómoda”. Pero cuando sus compañeras descubrieron su condición de homosexual, empezaron a tener un trato distante hacia él. “Todo empeoró cuando tuve que dar clase a la nieta de una de las socias del colegio. Comencé a tener problemas también con los papás de los alumnos”.

La proposición de trabajar en España que le hizo un amigo le pareció la mejor opción para salir de aquella situación opresiva. Pero lo peor estaba por llegar. Porque el trabajo que le prometieron en la recepción de un hotel se convirtió, a su llegada, en una propuesta para prostituirse por ciudades europeas. Ahora recuerda la frase del que creía su amigo: “O lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas, yo no te puedo ayudar más”. Y así es cómo, de un día para otro, se quedó sin trabajo y sin un lugar donde dormir en una ciudad en la que no conocía a nadie.

Tiene grabado a fuego el 24 de mayo de 2019. Es la fecha en que llegó a Madrid. Tardó 20 días en conocer la Fundación San Martín de Porres, donde llegó recomendado por una asociación LGTBI. “Paradójicamente, nos hemos hecho expertos en acoger a personas homosexuales y ‘trans’”, explica Julio.

La tercera pata de esta ‘familia’ es Juan Carlos Fernández, un cubano de 53 años que aterrizó en España hace doce. Descendiente de familia gallega, se le presentó la oportunidad de obtener la nacionalidad y no se lo pensó. Pero sus planes no le salieron como esperaba —parco en palabras, no profundiza más sobre ello— y terminó siendo acogido en San Martín de Porres. Así, llegó a Montesclaros, donde fue el encargado de dar la voz de alarma de la situación de los frailes. “Estaban muy mayores. Tenían problemas de memoria por los achaques de la edad”, comenta ahora, sentado en un banco de madera.

De palacio a hotel rural

Lo que en un principio se planteó como una ayuda se convirtió en un relevo. Y Juan Carlos dejó Madrid hace cinco años para trasladarse al monasterio y hacerse cargo, durante todo el año, de la hospedería. Aunque pueda sorprender, este vecino de Cienfuegos no echa de menos la capital. “Esto es formidable. Me recuerda a mi tierra por la familiaridad que hay entre los vecinos”. Se ha hecho fuerte en el bar del albergue, que ha convertido en un referente para los vecinos del pueblo. Incluso ha llegado a montar un karaoke. Además, se ha hecho experto en tallar piedra y también trabaja en la restauración del Palacio de las Bárcenas.

Esta edificación del siglo XIX fue donada —junto a las tres hectáreas que la rodean— por el marqués de Bárcenas a la orden dominica. Está ubicada junto a la zona termal de las Caldas de Besaya y hoy, para acceder a ella, hay que traspasar un portalón de piedra situado bajo las vías del tren. Luismi Molina da cuenta del estado “lamentable” en que se encontraba la casa. “Llevo siete meses limpiando vigas”. Este madrileño de 54 años era cerrajero y chatarrero y ha pisado Cantabria por primera vez para reciclarse y aprender a tratar la madera. Forma parte de la cuadrilla de cinco personas sin hogar que ha viajado, también desde Madrid, para aprender oficios de albañilería, acompañados por tres expertos en piedra y madera. Gracias a su trabajo, este palacio abrirá sus puertas la próxima navidad convertido en un hotel rural de 23 habitaciones.

“Es un proyecto muy emocionante que ha dado la posibilidad de legalizar a tres personas”, explica orgulloso Antonio, quien hace un parón en la obra para hablar. El palacio se transformará así en una empresa de inserción laboral que formará y empleará a cinco personas en temporada alta y a otras dos el resto del año. Además, fomentará la economía circular, ya que han convertido los terrenos en un huerto ecológico, que ya cuenta con certificado. De aquí provienen la cebolla y la gallina de las famosas croquetas de José Pedro. “Agricultura, terapia y formación son la clave de este proyecto”, indica Antonio. Y funciona. La reinserción de esta particular familia está a un paso de completarse. Madrid y dormir al raso ya solo son pasado.

Fuente: El Salto

Ha fallecido una madre cristiana pobre: Mari Trini Gómez del Castillo Segurado

Desde «Encuentro y solidaridad» trasladamos nuestro más sincero pésame a la familia de Mari Trini y a los hermanos del Movimiento Cultural Cristiano.

Esta madrugada ha fallecido Mari Trini Gómez del Castillo Segurado. Una más de la legión de madres cristianas pobres. Esas que no ocupan páginas en los libros de historia y que sin embargo son las que han parido la solidaridad.
Mari Trini merece el elogio de los sencillos porque siendo femenina y feminista de verdad no cayó en la trampa de este feminismo mandón del que se aprovechan las listillas que no han aportado nada a la solidaridad pero saben sacarle provecho. Su padre decía frecuentemente: Los hijos de la revolución quieren vivir de la revolución. Mari Trini y Jose, su esposo, no son de los que han vivido de la revolución sino de los que han dado vida.
Mari Trini vivió con alegría la pobreza. A los curas nos advirtió siempre con fuerza respecto del clericalismo histórico y siempre nos invitó a dejarnos seducir por la dama pobreza. Frecuentemente hablaba de Eduardo. Con palabras. Y con gestos como llevar puestas las usadas sandalias que heredó de ese gran sacerdote alicantino a quien los curas de Madrid terminaron por impedirle predicar quedando para él como sencilla «cátedra» una buena cantidad de iglesias domésticas.
Las madres cristianas tendrán en Mari Trini un referente incuestionable de la belleza de la pobreza. Para acabar con la miseria (decía su admirado Benedicto XVI) hay que cultivar la pobreza. Mari Trini llevaba con orgullo ropa usada porque libremente lo quería así.»Esta chaqueta era de tu madre» me decía. Hasta tal punto creía en la pobreza que cualquier cosa para sí misma le parecía riqueza, en la estela de Carlos de Foucauld que ante el pesebre decía que ya no se podía ser rico.
Los escritos de Mari Trini era para valorar la fuerza de los pobres: los enfermos, los minusválidos, los aplastados del Tercer Mundo. Su capacidad de trabajo fue para los últimos. La cantidad de traiciones políticas y sindicales del siglo XX le hacía temer entrar en esas áreas como lugares en que se terminaba olvidando sus amores: Cristo, la Iglesia y los pobres.
Muchas veces tuve la sensación de que su trabajo de educadora infantil lo había ejercido ejemplarmente y que le había dejado un poso por el cual a veces nos trataba como si no hubiera dejado ese trabajo y sin embargo siempre teníamos la sensación de que le movía el amor, equivocado quizá a veces, pero amor a fondo perdido: gratuito y sacrificado.
En cierta ocasión intenté distinguir entre austeridad honrada y pobreza evangélica. El valor humano de la austeridad sensata que se puede vivir en la familia sería algo distinto de la pobreza evangélica que se ha de abrazar libremente por amor. Mari Trini me dijo casi a gritos que en casa de sus padres lo que se vivía era la pobreza evangélica. Supongo que la teoría permite distinguir pero la vida me ha ido diciendo que Mari Trini en eso tenía razón. No sé si los curas dejaremos de ser clericales ni si las madres abrazaran la pobreza pero creo que sí, que antes o después lo haremos; mientras tanto sufriremos tontamente y lo pagaremos con tristeza.
Ella se fió de Jesucristo y por eso, en medio de no pocas dificultades, vivió la alegría cristiana. Mari Trini ha fallecido pero nos deja grandes motivos de diálogo, de amor y revolución.
Eugenio A. Rodríguez

Hace unos días nos despedimos de Maritrini. Compartimos con ella la celebración de la Eucaristía Julián, Paco, Belén y su hija Maite, que la ha cuidado con un amor y esmero desbordante, propio de una hija que ha recibido mucho amor. Era el día de Santa Teresa. Solo Dios Basta. Yo no dejaba de preguntarme cómo estaría viviendo esto Maritrini, que aunque nos conoció, no pronunció apenas palabras esa tarde; mientras yo lo pensaba, ella lo encarnaba. Maritrini cultivó toda su vida una profunda vida de unión con Dios.
Tenía un carácter muy fuerte heredado de su padre, y no tenía pelos en la lengua. Podría equivocarse, pero aquellas regañinas de las que algunos no nos libramos, venían de un amor profundo a Dios y su Iglesia, y no callaba lo que ella creía que era justo. Tenía también a la vez una alegría profunda y una disponibilidad ejemplar, heredadas de su madre. De ambos heredó una profunda y alegre vida de austeridad, la que viven los pobres de las bienaventuranzas.
Cuando éramos responsables del Aula y nos pasaban las inscripciones, siempre bajo su puño y letra escribía los cursos a los que su grupo deseaba asistir, siempre añadiendo: o para lo que se necesite. Estos días he recordado casi cada día la muerte de Julián, su padre.
Pocos días antes de morir, el día de su cumpleaños, fuimos Jaime y yo a visitarle y a celebrar la Eucaristía. Nos recibieron todos como lo que éramos y somos: parte de la familia. Julián no habló, pero cuando me despedí de él, consciente de que no le vería más en la tierra, me reconoció. Me llamó Juliana (el nombre de mi abuela), como nos llamaba a todas las hermanas cuando éramos pequeñas. Después Maritrini me acompañó a la puerta y rompí a llorar desconsoladamente. Junto al ascensor le dije a Maritrini: perdona, no se por qué me pongo así. Ella me contestó tranquila y seria: porque somos tu familia.
La familia de familias que constituimos durante más de treinta años no unida por los lazos de sangre sino por el soplo del Espíritu. Descansa en paz, querida Maritrini, e intercede por tu familia ante el Padre.
Mónica Prieto

Gracias por la oportunidad de compartir nuestra experiencia.

La vida nos brinda la oportunidad de hacer cosas que, quizá, nunca imaginamos. A todos los niveles. A nosotros nos brindó la oportunidad de abrir nuestro hogar a personas que, por diversas circunstancias, no lo tienen.

Nosotros venimos de trayectoria de compromiso en la lucha por la justicia atacando las causas que generan las injusticias sociales, básicamente en la calle desde una perspectiva noviolenta. En concreto siempre hemos tenido especial sensibilidad por el sinsentido que supone el expolio de los recursos de otros. Lo que hicimos y hacemos con gran parte de los países del tercer mundo. Y las consecuencias en cuanto a inmigración que ellos supone.

En esas luchas, tuvimos la suerte de conocer diversos experiencias  de personas que además de actuar en la calle, denunciando las injusticias, invitaban a su casa a hermanos sin tanta suerte.  Lucha contra las causas que generan injusticia y compartir tu vida.

Y así, por contagio y confianza, comenzamos hace dos años a compartir la habitación que nos sobraba, la que suele llamarse ‘’habitación de los invitados’’.

Hemos tenido 4 invitados y la semana que viene vendrá el quinto.

No somos una organización ni una ONG, simplemente (que no es poco) un matrimonio que quiere vivir lo que tantas veces dijimos con la palabra: “cuando tengas de más de lo que necesitas, haz mesas más largas, no muros más altos”.

No ayudamos con papeles, ni con el abono transporte ni les informamos sobre comedores… Por un lado, de eso se encargan ya otros y por otro nos metería en una lógica asistencial (que siendo necesaria puntualmente) no queremos. Nosotros ofrecemos lo que tenemos, que es un HOGAR, y lo compartimos.

Tal y como plantean en el Catholic Worker Movement, en el cual nos inspiramos, deseamos que nuestro hogar sea un espacio para remendar el corazón.

Ellos pueden estar todo el tiempo necesario y sólo el necesario (asi se lo decimos) No ponemos fecha de salida, pero saben que en el momento en que dejen la casa, un hermano migrante vendrá a ocupar la habitación.

De momento sólo tenemos un invitado cada vez porque queremos mantener ese clima de hogar y… aún somos aprendices… además nuestro piso es muy chiquito… si en algún momento tuviéramos una casa más grande, nos plantearíamos ampliar el número.

Al empezar teníamos muchos miedos: Si nos iban a robar, si nos iban a hacer daño físico, si se iban a instalar en casa por los siglos de los siglos, si iban  a suponer un gasto muy alto e inasumible para nosotros, si iban a aprovecharse y meter gente en casa cuando no estuviéramos), si nuestra intimidad iba a ser violentada en exceso, si cuando me pusiera de parto me iba a ser muy incómodo estar con un desconocido en casa. Miedo a no saber su origen, su pasado… y así podríamos seguir…. Todos esos miedos se han disipado total y absolutamente , y no es una forma de hablar . Total y absolutamente.

Tener invitados como ellos en casa, es abrir las fronteras, es romper la lógica del capitalismo y del nacionalismo, es como decía Peter Maurin en los años 20 ‘’construir una nueva sociedad, en la concha de la vieja, con una filosofía tan vieja, que parece nueva.

Por eso, DAMOS LAS GRACIAS, porque recibimos muchísimo más de lo que damos… y no es una frase hecha.

Este modelo de vida que hemos escogido nos mete, cotidianamente, queramos o no, en vivir al menos un pedacito del Ideal que queremos para nuestras vidas. Por eso, gracias. Gracias a nuestros hermanos Africanos que nos permiten ser un poco más personas.

En lo personal cada persona que ha pasado por nuestra casa es un mundo. Hoy ha venido Abu, que casualmente, podemos decir que con él no ha habido ni un solo problema de convivencia y con el que además hemos aprendido honestidad, verdad, educación, gratitud, esfuerzo, entrega, valentía…

GRACIAS por llegar a nuestras vidas.

GRACIAS.

Salvador Seguí. Su vida y su militancia obrera

Queridos amigos y compañeros, auditorio todo:

En primer lugar y antes de entrar en materia, siento la íntima necesidad de expresar mi más profunda satisfacción por el honor que se me ha concedido de leer unas cuartillas en este acto de homenaje y de rememoración a la insigne figura de Salvador Seguí. Me apresuro asimismo a felicitar desde lo más hondo de mi corazón a los militantes de «Encuentro y Solidaridad» que han decidido sacar del olvido y reivindicar su vida y su obra llevándola a las tablas.

 La vida y la trayectoria humana y militante de Salvador Seguí coincide, en el espacio y el tiempo, con el punto álgido y más encarnizado de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado; asimismo con la división de la clase obrera en dos bandos fundamentales: el socialismo que se amamanta de las ideas de Marx y Engels y el que se nutre del ideario anarcosindicalista procedente de Proudhon, Bakunin y Kropotkin. Es preciso señalar, a la vez, que en el seno de la acracia europea y española existen minorías de militantes partidarios de luchar contra la burguesía y sus representantes políticos recurriendo a la llamada «propaganda por el hecho», esto es, a los atentados y actos de terror contra los enemigos de clase. Este es, en esencia, el trasfondo histórico en el que va a transcurrir la vida y la obra del  Noi del Sucre. 

Nacido en el 23 de diciembre de 1890 en un pueblecito de la provincia de Lérida, Salvador Seguí Rubiñals, conocido pronto por el sobrenombre del «noi del sucre», empieza a militar en el movimiento obrero de Cataluña desde sus tempranos tiempos de aprendiz de pintor. Baste señalar que ya a los 17 años es encarcelado por primera vez debido a sus actividades dentro del sindicato barcelonés de pintores. Ya en estas fechas iniciales llama la atención por sus cualidades humanas y sus dotes de orador. O como escribe Manuel Buenacasa: «Era alto, robusto, fuerte como un roble, muy simpático y francote. Suscitaba afecto, admiración y respeto en cuantos le trataban. Sólo algunos pigmeos, ambiciosas o envidiosos le detestaban». No menos apologético es el juicio emitido por mi padre Juan Saña Magriñá en una de sus cartas a mí: «Seguí fue física, moral e intelectualmente un hombre fuera de serie. Era un tribuno nato, alto, fornido, sereno, voz de barítono y de agradable timbre, gesto sencillo y elegante, de una clarividencia extraordinaria, fecundo de ideas, polemizador inagotable, poseía un atractivo  extraordinario» (29 de junio de 1968). Pero junto a las virtudes que acabo de mencionar, poseía una gran capacidad de organización y el don de reunir en torno suyo a un equipo de fieles colaboradores. Gerald Brenan no exagera al escribir en su gran libro «El laberinto español»: «Buen orador cuando la ocasión lo requería, su principal talento residía en sus capacidades de organización. La CNT como fuerza combativa fue en gran parte una creación suya».  

De formación autodidacta como la mayoría de militantes obreros de la época, su educación ideológica procede de los círculos afines a la Escuela Moderna fundada por Ferrer Guardia. Más allá de sus raíces libertarias, era un gran admirador del pensamiento griego, del que asumió la cultura dialógica practicada por Sócrates. Su ágora eran las tertulias a las que asistía con regularidad, como la del Café Español en el Paralelo o la del Trocadero en la Plaza de la Universidad, frecuentada también, esta última, por gentes de letras e intelectuales, entre ellos Eugenio d’Ors. También asistía a los coloquios y debates del Ateneo barcelonés. Su carácter abierto y antidogmático y su disposición a conversar con interlocutores ajenos a sus propias ideas y convicciones, le permitió entablar amistad con personas de filiación liberal y progresista que nada tenían que ver con el mundo obrero. En él se unían, en síntesis admirable, la lucidez mental y el espíritu contestatario, la ponderación más sobria y el más encendido de los idealismos, la vocación sindicalista y una concepción universal del hombre y de la vida. 

Sus mejores energías las consagraba, claro está, a las tareas militantes que le imponían su afiliación a la CNT y el gran prestigio que adquirió muy pronto entre sus compañeros. A los 19 años recorre las comarcas catalanas dando mítines contra la guerra de Marruecos. En 1915 es elegido presidente del Sindicato de la Construcción de Barcelona, al frente del cual organiza en agosto del mismo año una huelga general coronada por el éxito. Elegido secretario general de la CNT catalana, se entrevista un par de veces con Largo Caballero y Julián Besteiro para coordinar y unificar las actividades reivindicativas de la CNT y la UGT.  

En el congreso celebrado por la Confederación del Trabajo de Cataluña en julio de 1918 en la barriada barcelonesa de Sants, se adoptó oficialmente la fórmula del Sindicato Único como modelo de organización, una reforma estructural debida principalmente a Salvador Seguí, uno de cuyos méritos fue el de reconocer la necesidad de sustituir las viejas estructuras orgánicas de la CNT -basadas en las secciones de oficios- por los sindicatos de industria. A causa de una gira de propaganda que había realizado por tierras de Levante, en el invierno de 1918,  Seguí fue detenido y residenciado en el acorazado Pelayo, anclado en Barcelona. 

El desviacionismo ácrata

El desarrollo del movimiento obrero español y del sindicalismo revolucionario encarnado por la CNT quedó oscurecido muy pronto por las actividades subversivas de grupos o individuos incontrolados partidarios de la llamada «propaganda por el hecho» postulada y aprobada por el congreso anarquista celebrado en Londres el verano de 1891 como la estrategia más idónea para combatir a la burguesía, fórmula detrás de la cual se preconizaba el uso de la violencia, de los atentados y demás actos de terror como el medio más eficaz para implantar la anarquía. 

El 23 de septiembre de 1893, el tipógrafo anarquista Paulino Pallás lanzó en Barcelona una bomba contra el general Martínez Campos y el séquito que le acompañaba, resultando heridos varios generales. El 7 de noviembre, después de la ejecución de Pallás, su amigo Santiago Salvador lanzó una bomba en el Teatro Liceo de Barcelona y en plena representación, causando la muerte de 20 personas y numerosos heridos. La próxima bomba estalló el 6 de junio de 1896 en la calle barcelonesa de Cambios Nuevos al paso de la procesión del Corpus, cuando seis muertos y 40 heridos. La ola de atentados de la última década del ochocientos culminó en el asesinato de Cánovas del Castillo en el balneario de Santa Águeda el 8 de agosto de 1897, acto perpretado por el joven anarquista italiano Miguel Angiolillo. El 31 de mayo de mayo de 1906, el anarquista catalán Mateo Morral arrojó una bomba desde un balcón de la calle Mayor de Madrid con el propósito de matar a la pareja real que acababa de contraer matrimonio. Hubo 26 muertos y más de 100 heridos. El 12 de diciembre de 1912, el anarquista José Pardiñas mató a quemarropa a Canalejas en la Puerta del Sol madrileña. En marzo de 1921 tres anarquistas catalanes asesinaban al jefe del gobierno Eduardo Dato en la Puerta de Alcalá de Madrid. 

La posición de Seguí 

Salvador Seguí fue desde sus primeras actividades sindicales a su muerte un enemigo implacable del uso de la violencia y el terror como formas de lucha, posición que no dejó nunca de manifestar públicamente. Así, en una de sus tomas de posición al respecto decía: «El arma nuestra no es ni el puñal ni la pistola, sino la huelga». Y en otra ocasión: «Hay que repetir mil veces más, si ello es preciso, que los postulados de la justicia social no están en la recámara de una pistola». 

Los textos rotundos e inequívocos que acabo de citar no son únicamente testimonios personales del gran apóstol y mártir del anarcosindicalismo catalán y español, sino que corresponden fielmente a las líneas centrales de la doctrina libertaria clásica. No hay en todo caso ninguna figura anarcosindicalista de relieve fuera y dentro de nuestras fronteras que haya dicho que sí a la violencia y al terror como medios de lucha.          

Ascenso de la CNT

Pese al desviacionismo de los elementos incontrolados que confundían la  anarquía con la bomba y el crimen y el daño moral que con ello causaban a la causa obrera y a sus organizaciones, desde su fundación en 1910, la CNT no había dejado de crecer y de convertirse en una sindical cada vez más sólida y potente. Baste señalar que los 30.000 afiliados con que contaba la Confederación en 1910 subieron al medio millón en 1920. Este crecimiento se produjo especialmente en Cataluña, que era, a su vez, la región española con la burguesía más fuerte y más decidida a imponer su dictado sobre el proletariado con medios legales si era posible o  con medios ilegales si era necesario. En este contexto, Salvador de Madariaga escribiría en su obra «Historia de España»: «No suelen distinguirse los patronos españoles por su moderación, pero de todos ellos quizá sea el catalán el más exigente y menos tratable». Intuyendo la fase turbulenta que se avecinaba, los empresarios catalanes fundaron a su vez en 1919 un organismo propio llamado Federación Patronal, que más tarde se extendería a toda España. Señalemos al paso que, consecuente con el internacionalismo de la CNT y su concepción universalista del género humano, Seguí era un decidido enemigo del catalanismo, en especial del catalanismo socialmente ultraconservador. 

Durante y terminada la I Guerra Mundial, la situación laboral y salarial del proletariado barcelonés era deprimente y se caracterizaba tanto por el encarecimiento constante de los precios como por la pérdida de la capacidad adquisitiva de los jornales. Fue inevitable, pues, que los sindicatos de la CNT salieran en defensa de los obreros recurriendo a las huelgas y plantes laborales. Para contrarrestar el espíritu de resistencia de los sindicatos, la Federación Patronal de Cataluña recurrió, entre otras cosas, a la estrategia de los despidos en masa y del llamado blockout o cierre provisional de fábricas y otros sectores del metabolismo económico. Así, el 5 de febrero de 1919, la compañía Riegos y Fuerzas del Ebro (llamada popularmente La Canadiense por ser filial de la Barcelona Traction Light and Power ) declaró el lock-out y despidió a un gran número de obreros. 

La huelga de la Canadiense

Pocos días después (21 de febrero) estalló la huelga contra la misma sociedad, que se prolongaría hasta el 7 de abril y que conduciría finalmente a la implantación, a partir del 1 de octubre de 1919 en toda España de la jornada de ocho horas. El 19 de marzo por la noche tuvo lugar en la plaza de Toros de las Arenas un mitin al que asistieron 25.000 obreros y en el que tomaron la palabra varios militantes sindicalistas. El último en hablar fue Salvador Seguí. Después de enfrentarse con éxito a los sectores extremistas que abogaban por una continuación de la huelga, Seguí se dirigió directamente al público con la pregunta «¿Se acuerda la vuelta al trabajo?, pregunta al que los oyentes respondieron con un «sí» atronador y unánime. 

Su presencia y su intervención en las Arenas constituyó uno de sus grandes éxitos como tribuno y conductor de masas. Abad de Santillán anota en este contexto: «En esa intervención puso de manifiesto su jerarquía de orador y su capacidad para enfrentarse con los propios compañeros más exaltados». Al día siguiente del mitin, el proletariado barcelonés volvió a sus puestos de trabajo, pero dado que las autoridades no cumplieron su promesa de poner en libertad a todos los 3.000 obreros detenidos, se reanudó la huelga el 24 de marzo.

El conflicto entre patronos y obreros no quedó tampoco resuelto por la iniciativa del gobierno de crear «tribunales de arbitraje» para mediar entre ambos sectores. La CNT se declaró en principio dispuesta a secundar el plan gubernamental y envió a Seguí y a Pestaña a Madrid para negociar con los representantes del gobierno. Pero los empresarios catalanes no veían con buenos ojos la introducción de medidas legales. El presidente de la Federación Patronal de Cataluña, señor Benet, declaró: «No estamos satisfechos de los gobernantes. No queremos pedir, queremos dictar».

La represión patronal

Como reacción a la ofensiva revolucionaria de la CNT, cada vez más fuerte y masiva, las patronales empezaron a reclutar los servicios mercenarios de bandas de pistoleros encargados de intimidar a las masas obreras y eliminar a sus figuras más representativas. Las bandas de pistoleros contaban con la complicidad y el apoyo explícitos e implícitos de la policía y de las autoridades civiles y militares y podían, por ello, llevar a cabo impunentemente su siniestra labor. Las patronales contaban también con el beneplácito y el apoyo de los llamados «sindicatos libres», una organización amarilla fundada por un grupo de obreros renegados, confidentes, delincuentes comunes y pistoleros profesionales. Dirigidos por Ramón Sales, los sindicatos libres eran en realidad bandas de gangsters pagados por la burguesía catalana.

La persecución de la CNT en Cataluña se acentuó y llegó a su máxima virulencia a partir de 1920. Pocos días después de la toma de posesión de Martínez Anido como gobernador civil de Barcelona, fue asesinado el abogado Francisco Layret, amigo personal de Seguí que había defendido a militantes cenetistas ante los tribunales de justicia y había denunciado una y otra vez la complicidad de las patronales y las autoridades con las  bandas de pistoleros. Tras la muerte de Layret, tuvo lugar una masacre contra la militancia cenetista que costó la vida a centenares de ellos. Bajo el pretexto de que habían intentado escapar, eran acribillados a balazos por la espalda, práctica criminal que pasaría a la historia bajo el nombre de «la ley de fugas».

Al día siguiente de la muerte de Layret,  Seguí fue detenido y deportado al castillo de la Mola, en las Baleares, donde permaneció un año junto con Luis Companys y otros republicanos y sindicalistas. Trasladado a la cárcel de Barcelona, fue puesto en libertad en abril de 1922, al restablecerse las garantías constitucionales. En junio del mismo año pudo asistir a la Conferencia de la CNT celebrada en Zaragoza, en la que fue nombrado secretario de su Comité Nacional.

El pistolerismo ácrata

Faltaríamos a la más elemental verdad si dejásemos de señalar que el pistolerismo no fue exclusivo de los elementos del sindicato libre a sueldo de las patronales y la policía, sino que fue practicado también por francotiradores y sujetos incontrolados de la CNT como «Los solidarios» y el «Crisol». Cegados por el odio y el afán de desquite, atentaban contra quienes consideraban enemigos de la clase obrera. En su libro «Lo que aprendí en la vida», Ángel Pestaña escribiría: «Por duro, por violento y doloroso que sea para nosotros confesarlo, hay que decir que los hombres que entonces mataban, estaban en nuestros medios».

La muerte de Seguí

Uno de los blancos favoritos de los pistoleros de los sindicatos libres fue desde el primer momento la figura carismática de Salvador Seguí, contra quien atentaron por primera vez sin éxito en la calle de Mendizábal. Y lo mismo ocurrió en el nuevo atentado de que fue objeto en Catarroja. Pero después de estos dos atentados frustrados, los asesinos lograron acribillarle a balazos el 19 de marzo de 1923 a la entrada de la calle de La Cadena, cuando se dirigía a su domicilio acompañado de su amigo y compañero Francisco Comas. Con ello cumplían con las desvergonzadas y chulescas amenazas que le habían dirigido por escrito: «Reunidos los elementos del Sindicato Libre, hemos acordado asesinarte a ti, a Pestaña y a Casanovas,  entre otros. Esta vez no escapareis ninguno, aunque debemos advertirte que el primero en caer serás tú».

Poco antes del asesinato de Seguí, su íntimo amigo el senador liberal Emilio Junoy había escrito proféticamente: «La cultura de Seguí no es tan vasta como la de Bakunin, pero los considero análogos en inteligencia y en valor personal. Como hombres son muy parecidos, pero hay algo que diferencia a ambos colosos. El ruso pudo haber muerto en la propia Rusia o en las barricadas de Desdre o de París. Las balas le respetaron y murió en Berna, viejo y achacoso. Fue el eterno exiliado. Nuestro coloso catalán nunca ha querido abandonar su tierra natal. A Seguí le ahorcarán o le asesinarán por la espalda precisamente en Cataluña».

La muerte de Seguí constituyó no sólo un crimen alevoso, sino también una tragedia para el futuro de la CNT y probablemente de España, pues sólo un líder de su talla excepcional hubiera podido canalizar a la Confederación hacia un sindicalismo fecundo y sensato». Privada de su presencia, la CNT dejó de ser pronto lo que había sido durante su magisterio. O como me escribía mi padre en otras de sus cartas: «Una vez eliminado Seguí por los pistoleros del mal llamado Sindicato Libre, empezaron a descollar los que en términos deportivos podríamos calificar de segunda división».  

La eterna vigencia de Seguí

El gran ejemplo humano y militante que nos legó Seguí no sólo no ha dejado de existir, sino que sigue siendo y permanecerá para siempre un testimonio imperecedero, como es el caso de todos los modos de ser y de obrar basados en el amor al bien y a la verdad. Se puede matar a un hombre, pero no a sus ideas y convicciones. Y la mejor prueba de lo que acabo de decir son las cuartillas que he leído y, sobre todo, vuestra decisión de llevar a escena la vida y obra del insigne militante obrero. 

La España de hoy no es la misma que vivió Seguí ni tampoco la España de la cruenta guerra civil y la España de la larga y draconiana dictadura franquista, pero sigue siendo un país irreconciliado consigo mismo y abrumado por toda clase de graves problemas sociales, económicos y políticos, problemas que no necesito enumerar porque vosotros los conocéis mejor que yo. A la situación deplorable en que se encuentra el país pertenece la grave crisis que atraviesa la clase obrera en general y los sindicatos en particular y su impotencia para hacer frente a la injusticia social y a la corrupción de la casta política. 

Pues bien, transcurridos casi cien años desde la muerte de Seguí, sus ideas y su conducta personal y sindical siguen siendo un modelo digno de ser tenido en cuenta y de servir de fundamento y guía para la lucha contra el capital y sus lacayos políticos, mediáticos e intelectuales. Constituyen también un antídoto y un contraveneno contra la falsa izquierda representada por Podemos y por el desvaído socialismo del PSOE. Rememorar, recuperar y reactivar la eximia figura de Salvador Seguí y sus enseñanzas es, a mi modo de ver, una de las tareas más importantes que deben asumir las nuevas  generaciones y todos los españoles dispuestos a luchar por una España más justa, más noble, más solidaria y más fraterna de la que tenemos ahora.

Heleno Saña