El Belén migrante, un belén encarnado

Lo nuclear del mensaje de Navidad que acabamos de celebrar es la ENCARNACIÓN; celebrar el misterio de todo un Dios que se hace hombre. Y hombre pobre. Es una encarnación histórica, pero también presente, pues el mensaje de Jesús se hace nuevo cada día. Por eso en el “Belén Migrante” de este año hemos representado ese misterio de un Dios que se hace carne, también en 2020.

Un Dios que predilectamente se dirige a los pobres. Y quién más pobre en nuestra ciudad que inmigrantes y refugiados, que unen a la gran carencia material el desarraigo. Representados en nuestro belén como modernos pastores a los que los ángeles anuncian una Buena Nueva, estaban inmigrantes que vienen en pateras y refugiados que duermen al raso o en tiendas de campaña. Representados como modernos Herodes, ajenos a los problemas de los pequeños, reflejamos las políticas de las grandes instituciones (como la UE) que promueven leyes contra los inmigrantes. Como las políticas europeas del “Frontex”, que obligan a rutas cada vez más peligrosas y fuerzan la muerte de miles de hermanos en el Mediterráneo. O la existencia de Centros de Internamiento para Extranjeros (CIEs), lugares donde se priva de libertad a personas sin haber cometido delito alguno. Representados como el anhelo de muchos hombres y mujeres de toda raza y condición, que quieren adorar a Jesús, estaban los sabios de Oriente y todos sus problemas cotidianos para llegar a Belén. Y en el centro, la Sagrada Familia, custodiando ese misterio de un Dios, que hoy como ayer, se sigue haciendo CARNE.

Para este Belén hemos contado con la colaboración de una iniciativa familiar que pretende contar historias para aprender y jugar usando las figuritas de Playmobil: podéis ver sobre esta iniciativa y sobre el belén migrante y su montaje en: Menudas historias de gente menuda.

Rodrigo Lastra

El Señor nos pedirá cuentas en el momento del juicio

“Es necesario denunciar y enjuiciar a los traficantes que explotan y maltratan a los migrantes, sin temor a revelar connivencia y complicidad con las instituciones” pero también se deben dejar de lado “los intereses económicos” para enfocarse en la persona.

Al final de las audiencias de la mañana del pasado 19 de diciembre, el Santo Padre Francisco se encontró con los refugiados llegados recientemente de Lesbos gracias a  los pasillos humanitarios e hizo colocar una cruz en la entrada al Palacio Apostólico desde el Patio del Belvedere en memoria de los migrantes y refugiados.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa dirigió a los presentes durante el encuentro:


Discurso del Santo Padre

Este es el segundo chaleco salvavidas que recibo como regalo. El primero me lo dio hace unos años un grupo de socorristas. Pertenecía una niña que se ahogó en el Mediterráneo. Se lo di a los dos Subsecretarios de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral. Les dije: «¡Esta es vuestra misión!». Con esto quería subrayar el compromiso ineludible de la Iglesia de salvar la vida de los migrantes, para que después puedan ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados.

Este segundo chaleco, entregado por otro grupo de socorristas hace apenas unos días, pertenecía a un migrante que desapareció en el mar el pasado mes de julio. Nadie sabe quién era ni de dónde venía. Sólo se sabe que su chaleco se encontró a la deriva en el Mediterráneo central el 3 de julio de 2019, en determinadas coordenadas geográficas. Nos enfrentamos a otra muerte causada por la injusticia. Sí, porque es la injusticia la que obliga a muchos migrantes a abandonar sus tierras. Es la injusticia la que les obliga a cruzar los desiertos y a sufrir abusos y torturas en los campos de detención. Es la injusticia la los rechaza y los hace morir en el mar.

El chaleco «viste» una cruz de resina de colores, que quiere expresar la experiencia espiritual que capté en  las palabras de los socorristas. En Jesucristo la cruz es fuente de la salvación, «necedad para los que se pierden -dice san Pablo- más para los que se salvan, -para nosotros- es fuerza de Dios» (1 Cor 1, 18). En la tradición cristiana la cruz es un símbolo de sufrimiento y sacrificio y, al mismo tiempo, de redención y salvación.

Esta cruz es transparente: representa un desafío para  mirar con más atención y buscar siempre la verdad. La cruz es luminiscente: quiere alentar nuestra fe en la resurrección, el triunfo de Cristo sobre la muerte. También el emigrante desconocido, que murió con la esperanza de una nueva vida, comparte esta victoria. Los socorristas me contaron cómo están aprendiendo humanidad de las personas que logran salvar. Me revelaron cómo en cada misión redescubren la belleza de ser una gran familia humana, unida en la fraternidad universal.

He decidido mostrar aquí este chaleco salvavidas, «crucificado» en esta cruz, para recordarnos que debemos tener los ojos abiertos, tener el corazón abierto, para recordar a todos el compromiso imperativo de salvar toda vida humana, un deber moral que une a los creyentes y a los no creyentes.

¿Cómo podemos dejar de escuchar el grito desesperado de tantos hermanos y hermanas que prefieren enfrentarse a un mar tormentoso antes que morir lentamente en los campos de detención libios,  lugares de tortura y esclavitud innoble? ¿Cómo podemos permanecer indiferentes ante los abusos y la violencia de los que son víctimas inocentes, dejándoles a merced de traficantes sin escrúpulos? ¿Cómo podemos «dar un rodeo», como el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10,31-32), haciéndonos responsables de sus muertes? ¡Nuestra desidia es pecado!

Doy gracias al Señor por todos aquellos que han decidido no permanecer indiferentes y se prodigan para socorrer al desventurado, sin hacerse demasiadas preguntas sobre cómo o por qué se toparon con  ese pobre medio muerto en su camino. No se resuelve el problema bloqueando los barcos. Debemos comprometernos seriamente a vaciar los campos de detención en Libia, evaluando y aplicando todas las soluciones posibles. Debemos denunciar y perseguir a los traficantes que explotan y maltratan a los migrantes, sin temor a revelar connivencias y complicidades con las instituciones. Los intereses económicos deben dejarse de lado para que la persona, cada persona, cuya vida y dignidad son preciosas a los ojos de Dios, esté en el centro. Debemos socorrer y salvar, porque todos somos responsables de la vida de nuestro prójimo, y el Señor nos pedirá que demos cuenta de ello en el día del juicio. Gracias.

Ahora, mirando este chaleco y mirando la cruz, que cada uno rece en silencio.

El Señor os bendiga a todos.

Los sintecho que encontraron uno en el monasterio de Montesclaros

Han caído las conocidas como ‘BBC’ católicas: bodas, bautizos y comuniones. El dato más revelador de estos últimos 12 años es el de los enlaces, que ha descendido más de la mitad: de los 113.000 de 2007 a los 46.556 registrados en 2017, según la memoria de la Iglesia católica presentada en junio. Esta ‘crisis de fe’ se transluce también en el número de sacerdotes —casi 1.400 religiosos menos en el mismo periodo— y de seminaristas, cuya cifra ha bajado hasta los 1.200. Por ello, gestionar los 801 monasterios que la institución religiosa tiene contabilizados por toda España puede convertirse en una tarea difícil.

El de Montesclaros, en Valdeprado del Río (Cantabria), podría servir de termómetro de esta situación. Quedan cinco frailes dominicos de avanzada edad para hacerse cargo de toda la gestión del monasterio. Y esta orden, que llegó a tener 10.000 miembros por todo el mundo y hoy no alcanza los 500, ha encontrado una oportunidad en esta crisis generacional: ha desarrollado dos proyectos de reinserción para que una decena de personas sin hogar gestione su patrimonio.

En 1686, Carlos II pidió a esta orden que se hiciera cargo del santuario para evangelizar los once ayuntamientos de la zona de Campoo. En 1900 esta población superaba los 2.600 habitantes. El No-Do da muestra de las concurridas procesiones y de cómo las túnicas blancas y las capas negras volaban por los pasillos de la hospedería del monasterio. Eran los novicios queriendo llegar a las ‘termópilas’. Este pasillo colgante es una suerte de cordón umbilical de piedra que unía —y une hoy— el monasterio con la hospedería. Revestida de madera, la pasarela fue construida en 1884 para que estos ‘aprendices’ sortearan la nieve que bloqueaba la puerta de la hospedería y pudieran llegar a los maitines. Hoy, ni la nieve llega a tapar la puerta ni un solo religioso recorre ya los pasillos.

La comunidad ha decaído. La eclesiástica y la civil, ya que según los últimos datos oficiales, esta población del sur de Cantabria contaba el año pasado con 316 habitantes. Y lo mismo ha ocurrido con la orden. Tan solo quedan cinco frailes, mayores de 70 años, a los que les resulta imposible gestionar el monasterio, el albergue y la hospedería, que ofrece tres comidas al día a los más de 500 huéspedes que recibe al año.

Según el último informe anual sobre la situación de la libertad religiosa en España, aproximadamente el 20% de los bienes culturalmente protegidos de Cantabria pertenece a la Iglesia católica. Uno de ellos es Montesclaros. Y la edad y la falta de savia nueva en el santuario pusieron en riesgo la hospedería. “Si dejábamos morir estas propiedades, se iban a convertir en negocios hoteleros”, confiesa un miembro de la orden mientras recorre con la vista la fachada de cuatro alturas de la hospedería.

Restauración por partida doble

Casi una decena de personas sin hogar, con su mano de obra, ha evitado que esto ocurra. El ‘rescate’ del patrimonio de los dominicos ha llegado a través de un proyecto social y ecológico de la Fundación San Martín de Porres, la obra social de la orden dominica que, con base en Madrid, apuesta por la reinserción del colectivo de personas pobres o sin hogar.

En total, ocho hombres han recuperado sus antiguos oficios o se han reciclado y aprendido otros nuevos relacionados con el turismo, la agricultura o la hostelería para lograr una reinserción laboral y social completa. Es el caso de José Pedro, que ha vuelto a los fogones tras 43 años de oficio, o el de Luismi, un cerrajero que a sus 54 años ahora es especialista en restaurar madera.

Antonio Rodríguez, director de la fundación, ha sido una pieza clave tras visitar los proyectos de Pedro Meca. Conocido como ‘el capellán de los vagabundos de París’, este religioso apostaba no solo por dar de comer a los pobres sino por ayudar a que se realizaran. Quería romper el aislamiento de los desfavorecidos. Así fundó en París La Moquette, un espacio que ofrecía un clima de acogida y escucha, y donde organizaba encuentros culturales, charlas y conferencias.

Tomando como punto de partida esta filosofía, Rodríguez ha extrapolado el modelo a España y ha puesto en marcha en Cantabria dos proyectos pioneros que aúnan la realización de colectivos desfavorecidos y la recuperación patrimonial; lo que en marketing se conoce como un win-win. Por un lado, la hospedería de Montesclaros lleva cinco años gestionada por personas en exclusión. Y, por otro, otra cuadrilla de ‘sinhogar’ ha empleado otros dos en restaurar el Palacio de Bárcenas, que se convertirá en un hotel rural y un huerto ecológico.

Montesclaros no pilla precisamente de paso. Tras dejar la autovía Cantabria-Meseta a la altura de Mataporquera, hay que atravesar un paso a nivel del tren de vía estrecha y coger carreteras, cada vez más secundarias, hasta llegar al monasterio, que cuenta con una iglesia rupestre y unas increíbles vistas al valle. Hasta este lugar —donde el implacable silencio solo es interrumpido por los cencerros de las vacas al pacer— se han desplazado desde Madrid tres personas sin hogar para gestionar este verano la hospedería, que en julio ha estado al 100% de su ocupación.

Uno de ellos es José Pedro Mateo, un extremeño de 64 años que, tras 43 años como cocinero en los mejores restaurantes de Madrid, vuelve a estar al mando de los fogones con sueldo y contrato. “Quizá haya tenido suerte por haber nacido el día de la Lotería”, bromea.

Quienes conviven con personas sin hogar dicen que la pregunta que más les cuesta responder es también la más instintiva: cómo se quedaron en la calle. Y es cierto. José Pedro esquiva la respuesta con un “cosas de la vida”.
Más tarde, mientras corta cebolla y cuece gallina para sus croquetas, por fin se abre y se sincera. Cuenta que no fue de un día para otro, sino que su vida se fue desfigurando poco a poco. “Primero me divorcié. Después me quedé sin trabajo. Y más tarde ni siquiera podía asumir la habitación en la que estaba. Vivía al día”.

Ahora, José Pedro hace tándem con Julio Jara en la cocina. Este experto en arte y exclusión trabaja en la fundación y pasa la temporada de verano en Montesclaros. “Yo le propongo el menú pero él tiene la última palabra. Es su cocina. Tiene que empoderarse y llevar el barco. Sin responsabilidad no hay reinserción”, apunta.
Hoy, la hospedería ya no es un lugar de descanso, meditación y ejercicios espirituales. O sí, pero de otra manera. Porque en las celdas donde antes había seminaristas ahora duermen aficionados al taichí, el yoga o la poesía. Y Jesús Hernández es el responsable de su bienestar. Se encarga de la recepción, de acondicionar las habitaciones y de atender el comedor.

En uno de los largos pasillos de la hospedería, confiesa que no sabe cómo puede ahora contar su historia con una sonrisa. Porque, en solo tres meses, el destino de este venezolano de 27 años ha dado un giro de 360 grados. Llevaba tres años trabajando como profesor en Ecuador, donde logró asentarse con una “vida cómoda”. Pero cuando sus compañeras descubrieron su condición de homosexual, empezaron a tener un trato distante hacia él. “Todo empeoró cuando tuve que dar clase a la nieta de una de las socias del colegio. Comencé a tener problemas también con los papás de los alumnos”.

La proposición de trabajar en España que le hizo un amigo le pareció la mejor opción para salir de aquella situación opresiva. Pero lo peor estaba por llegar. Porque el trabajo que le prometieron en la recepción de un hotel se convirtió, a su llegada, en una propuesta para prostituirse por ciudades europeas. Ahora recuerda la frase del que creía su amigo: “O lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas, yo no te puedo ayudar más”. Y así es cómo, de un día para otro, se quedó sin trabajo y sin un lugar donde dormir en una ciudad en la que no conocía a nadie.

Tiene grabado a fuego el 24 de mayo de 2019. Es la fecha en que llegó a Madrid. Tardó 20 días en conocer la Fundación San Martín de Porres, donde llegó recomendado por una asociación LGTBI. “Paradójicamente, nos hemos hecho expertos en acoger a personas homosexuales y ‘trans’”, explica Julio.

La tercera pata de esta ‘familia’ es Juan Carlos Fernández, un cubano de 53 años que aterrizó en España hace doce. Descendiente de familia gallega, se le presentó la oportunidad de obtener la nacionalidad y no se lo pensó. Pero sus planes no le salieron como esperaba —parco en palabras, no profundiza más sobre ello— y terminó siendo acogido en San Martín de Porres. Así, llegó a Montesclaros, donde fue el encargado de dar la voz de alarma de la situación de los frailes. “Estaban muy mayores. Tenían problemas de memoria por los achaques de la edad”, comenta ahora, sentado en un banco de madera.

De palacio a hotel rural

Lo que en un principio se planteó como una ayuda se convirtió en un relevo. Y Juan Carlos dejó Madrid hace cinco años para trasladarse al monasterio y hacerse cargo, durante todo el año, de la hospedería. Aunque pueda sorprender, este vecino de Cienfuegos no echa de menos la capital. “Esto es formidable. Me recuerda a mi tierra por la familiaridad que hay entre los vecinos”. Se ha hecho fuerte en el bar del albergue, que ha convertido en un referente para los vecinos del pueblo. Incluso ha llegado a montar un karaoke. Además, se ha hecho experto en tallar piedra y también trabaja en la restauración del Palacio de las Bárcenas.

Esta edificación del siglo XIX fue donada —junto a las tres hectáreas que la rodean— por el marqués de Bárcenas a la orden dominica. Está ubicada junto a la zona termal de las Caldas de Besaya y hoy, para acceder a ella, hay que traspasar un portalón de piedra situado bajo las vías del tren. Luismi Molina da cuenta del estado “lamentable” en que se encontraba la casa. “Llevo siete meses limpiando vigas”. Este madrileño de 54 años era cerrajero y chatarrero y ha pisado Cantabria por primera vez para reciclarse y aprender a tratar la madera. Forma parte de la cuadrilla de cinco personas sin hogar que ha viajado, también desde Madrid, para aprender oficios de albañilería, acompañados por tres expertos en piedra y madera. Gracias a su trabajo, este palacio abrirá sus puertas la próxima navidad convertido en un hotel rural de 23 habitaciones.

“Es un proyecto muy emocionante que ha dado la posibilidad de legalizar a tres personas”, explica orgulloso Antonio, quien hace un parón en la obra para hablar. El palacio se transformará así en una empresa de inserción laboral que formará y empleará a cinco personas en temporada alta y a otras dos el resto del año. Además, fomentará la economía circular, ya que han convertido los terrenos en un huerto ecológico, que ya cuenta con certificado. De aquí provienen la cebolla y la gallina de las famosas croquetas de José Pedro. “Agricultura, terapia y formación son la clave de este proyecto”, indica Antonio. Y funciona. La reinserción de esta particular familia está a un paso de completarse. Madrid y dormir al raso ya solo son pasado.

Fuente: El Salto

Migraciones: ¡Un robo a los pobres!

«¿Quién pide perdón hoy por asentar un mundo institucional tan injusto con los empobrecidos?»
«La emigración sólo tiene solución revolucionaria, lo demás son cataplasmas, incluyendo políticas de puertas abiertas»

Me quedó fijado en la memoria el informe del BBVA del año 2000 que decía que España precisaba anualmente un flujo de 300.000 inmigrantes para poder conservar su Estado de Bienestar (El País, 30-VI-2000). Esto significa que mantener nuestro Estado de Bienestar produce malestar en otros.

A mediados de julio, varios medios informaban que Trump anunciaba redadas para deportar 2000 “sin papeles”. En esa situación hay 11 millones en USA, por tanto, el porcentaje es irrelevante en lo cuantitativo, pues afecta a menos del 0,02 % de ellos, pero es muy relevante en lo cualitativo por las consecuencias de opresión y explotación para los inmigrantes: someterse a peores condiciones de vida y trabajo, utilizar menos los bienes sociales y sanitarios a los que tienen derecho, etc.

En el libro de Stephen Smith “La huida hacia Europa” (edit. Arpa 2019), premio “Libro Geopolítica del Ministerio de Asuntos Exteriores Francés 2018”, se cita la proyección de la ONU del 2000 de que en el 2050 habrá 80 millones de inmigrantes de 1ª y 2ª generación en la UE, el 26 % de su población.

El informe “Health at a Glance 2015” afirma que 19.400 de los médicos que trabajaban en España en el 2014 procedían del extranjero, el 9,4%, que en el Reino Unido es el 28,7% y en Estados Unidos el 25%.

Los porcentajes se incrementan. La revista “Redacción Médica” relata que el Ministerio de Educación Español convalidó 5.822 títulos de Medicina de 2015 hasta julio 2017 procedentes de 43 países (1.383 en 2015, 2.816 en 2016, y 1.623 hasta julio de 2017). Son: 1.148 Venezolanos,783 Colombianos688 Cubanos, etc. Lógico,por ejemplo, que haya dos grupos de facebook de Médicos Cubanos en España con casi mil miembros cada uno.

El coste de un curso en una universidad de USA, según el libro citado de Smith, es de más de 50.000 €. La formación de un médico especialista lleva unos 11 años, por lo que la formación de los 6 años de facultad de los 5.822 médicos costaría casi dos mil millones de €, pagados por los países empobrecidos, que lógicamente son una deuda contraída con ellos. Este é el coste de la formación universitaria de los que vinieron en esas fechas sin contar la especialidad, ni la primaria, la secundaria y otros gastos. Ni otros años y otros inmigrantes.

El País” informaba a principios de año (24-I-19) que a la sanidad pública le faltan 4.000 especialistas médicos. El déficit aumentará hasta triplicarse en 2025 según un estudio del Ministerio.  Contaba el secretario de la Organización Médica Colegial que «en los próximos cinco años se jubilarán 45.000» (El Confidencial 11-III-18).

Por otra parte, Alfonso Gago, catedrático en la Universidad de Málaga, en el VI Encuentro del Voluntariado de las Cáritas Galegas de junio 2013 tuvo una reflexión titulada: La aportación de los pobres al progreso científico y social de la humanidaden la que citó estos datos de un estudio que había realizado con sus alumnos:

  • Casi el 60% de los profesores universitarios de grado medio de los EE UU (el equivalente aquí a las escuelas de ingeniería técnica, aparejadores y diplomados diversos) habían nacido en los países del tercer mundo. Eran inmigrantes.
  • El inmigrante filipino Leon O. Chua, que Gago había estudiado mucho en su tesis doctoral, era uno de los investigadores electrónicos de más prestigio en el mundo, asesor directo del gobierno de USA y asesor obligado de todos los proyectos tecnológicos do ejército americano.
  • En la encuesta que hicieron sobre investigadores punteros de tecnología y ciencia en microelectrónica, robótica, telecomunicación, informática,… en las revistas científicas donde se publican los últimos avances sobre esos temas encontraron que: más del 65% había realizado en el 3º mundo hasta los estudios secundarios, y casi el 60% los universitarios (financiados, por tanto, por los impuestos de los pobres del 3º mundo). Apenas el 10% había hecho su tesis doctoral en el 3º mundo, y apenas pasaba del 3% los que trabajaban actualmente en las universidades de los empobrecidos. La encuesta confirmaba que la fuga y robo de cerebros era más intensa de lo imaginado. Todo eso para desarrollar una  Ciencia y Tecnología utilizada en los últimos 50 años para producir un abismo entre las economías de los países enriquecidos (que no ricos) y las de los empobrecidos (que no pobres).

Llegados aquí ¿qué podemos decir de las actitudes que sostienen que los inmigrantes vienen a quitar los puestos de trabajo a los de aquí y son una amenaza para la identidad cultural europea, española, catalana, gallega…? ¿Cómo valorar la postura de los del “Welcome” en la que los partidarios se sienten satisfechos de ser buenas personas? Ambas posturas no son igualmente criticables y la xenofobia puede llevar al delito.

Este artículo quiere ir al fondo desde la justicia y, como ya muestra el título, la postura positiva de acogida, si no tiene en cuenta este expolio a los empobrecidos para repararlo, tiene graves fallos contra la justicia. ¡Qué cada uno le ponga el nombre que considere adecuado!

¿Quién pide perdón hoy por asentar un mundo institucional tan injusto con los empobrecidos? El expolio, robo institucionalizado, no se blanquea con una pancarta de bienvenida sea de grupos sociales o religiosos.

Ya la “Laborem Exercens” sostenía que el migrante “ante todo, constituye generalmente una pérdida para el país del que se emigra» (nº 23).

¿Cómo solucionar este tema? La Revista Acontecimiento sostiene: «Problema humano -personal y político-, la emigración sólo tiene solución revolucionaria, lo demás son cataplasmas, incluyendo políticas de puertas abiertas» (nº 49, p. 32). La revolución, para que sea solución, sólo puede realizarse desde la NO-VIOLENCIA ACTIVA.

Antón Negro

Fuente: Religión Digital

Marcha solidaria. Etapa final a los pies del Cristo de Medinaceli.

Compartimos las palabras del obispo auxiliar de Madrid José Cobo en la marcha solidaria «Compartiendo el viaje con migrantes y refugiados» realizada el sábado 28 de septiembre en Madrid, con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado


Estamos ante la Imagen de Jesús de Medinaceli.

Una imagen peregrina que es reflejo de la vida de nuestra gente y nuestro mundo. Y es que Cristo siempre acoge y se encarna en la vida de sus hermanos.
Hoy la imagen de Cristo es espejo donde podemos ver a tantos hombres y mujeres que han recorrido ese mismo camino. Esta imagen vino desde el Norte de África, rescatada de profanaciones y desechos. Fue traída desde Marruecos, pasó por Tetuán, de allí a Ceuta, y por Gibraltar a Sevilla, hasta llegar a Madrid en el verano de 1682,

Veneramos a Cristo rescatado y aquí le presentamos a quienes necesitan rescate.

Aquellos que están esperando a salir de otros países huyendo de infamias, de mutilaciones. Este camino es el de Cristo y Cristo se hace carne en quien pasa por ahí.

Veneramos a Cristo rescatado. El tenía precio. Esta talla fue comprada según era su peso en monedas. Como en la pasión.

Al caminar hoy por el corazón de Madrid queremos aprender a reconocer a Cristo en tantos que son comprados por unas monedas: las de los mercados, las de las mafias, las de los que usan sus países como lugares de expropiación de materias primas o como basureros de residuos de nuestras economías.

Aún para muchos, las personas y los problemas solo valen si igualan su peso en su coste, o lo que nos cuesta a nosotros pagar. Para muchos solo hay rescate si compensa económicamente.

Veneramos a Cristo rescatado que ha peregrinado desde Ceuta como otros lo hacen del África subsahariana o de Siria o de América latina. Veneramos su camino hasta el corazón de Madrid. Un viaje como el que hacen muchos seres humanos. Agradecemos a quienes lo liberaron y a quienes hoy hacen de puentes, hospitalidad y justicia para tantos. Aunque nos llamen tontos, o, aunque tengamos que trabajar por desbloquear del miedo a nuestros vecinos. La mirada vulnerable de Cristo seguro nos ayuda.

Caminar nos ha visibilizado

y también nos ha recordado que este camino se recorre juntos por la senda que Cristo ha abierto.

Caminamos con la senda que ha abierto Cristo y con Pedro, con el papa Francisco a la cabeza. No queremos las sendas que llevan a construir muros o las que no rescatan, o se desentienden de los que aún esperan ser rescatados de tantas tragedias.

La Iglesia con este Cristo que ha atravesado fronteras, no reconoce los muros que matan a las personas y que aíslan a otros en una injusta seguridad, mientras condenan a muerte a los que padecen las consecuencias del tipo de vida que llevamos.

La iglesia es puente porque no somos una Iglesia en esta parte del muro y otra Iglesia en otra parte. Es la única Iglesia que camina aquí y allí con Cristo humillado a la cabeza aquí y allí.

Hoy Señor te damos gracias porque sigues enseñándonos el secreto de la vida en medio de un mundo que le cuesta verlo.

Gracias por enseñarnos a mirar

Tu Cristo, te pones delante, nos miras y respondes con tu semblante enseñándonos a mirar como tu mira.

Si miramos como tú, de repente el migrante, como dice el Papa no es solo migrante. No es un problema. No es una amenaza. No es algo para que otros hagan. Es

Cristo que llama a las puertas de la vieja Europa y viene esperando ser rescatado de tantas profanaciones que se hacen en las personas, las que rechazamos o descartamos porque no queremos mirarlas.

Ante Cristo rescatado solo podemos decir a quien tenga dudas que mire por los ojos de este rescatado, que ha pasado por ahí.

Que se acerquen a los centros de acogida y recojan las lagrimas y las historias de los que llegan o los que se quedan en el camino.

Cuando algunos hablan de invasión, de ocupación, de ser esclavos de invasión de masas, Cristo tu nos miras y nos hablas de Jony, de Clara, y su familia, de Mullah o de Raquel, de tantos que son víctimas de mafias y de intereses de mercados. No son solo migrantes.

El hecho es que muchos que suelen estar siempre al servicio del poder, nos han cerrado los ojos para que en los caminos de la emigración no veamos a cada historia, no veamos sus sufrimientos, no nos afecte su vulnerabilidad, olvidemos del todo sus días de hambre y no nos importunen las heridas abiertas en sus cuerpos y en su espíritu.

Muchos se obstinan en que veamos no a una humanidad necesitada de justicia y de futuro, sino que se empeñan en ver con otros ojos que solo ven a irregulares, a ilegales, a indocumentados, a posibles terroristas.

Con tus ojos Cristo No queremos que nuestro mundo rechace al diferente y no sea capaz de asimilar el reto de la multiculturalidad.

Gracias por tu mirada que nos llama a cambiar el corazón. Necesitamos personas y comunidades que trabaja en por concienciar a nuestro mundo y eliminar el miedo que da la llegada de los que viene huyendo. Vosotros podéis de llamada a la conversión.

Gracias por los que rescatan a Cristo.

Gracias por quienes hacen de la hospitalidad una escalera que llega a Dios.

Y recordáis con Cristo que la Hospitalidad es sagrada.

Conectáis el cielo y la tierra.

Nos dice la carta a los hebreos que por la hospitalidad muchos hospedan a ángeles. Si. Por la hospitalidad llamaremos a nuestra Iglesia y a nuestro mundo a la conversión.

Será una ocasión para cambiar el corazón y situarnos de otra manera en nuestro mundo.

Os animamos a continuar trabajando por crear lugares de hospitalidad desde la acogida a Cristo.

Y Gracias por los que dais pasos concretos

Pasos que rescatan a Cristo creando centros de formación de menores sin tutelar, albergues y propuestas de acogida a familias que permitan convivir en paz

Si pedimos a los inmigrantes que entren ordenadamente y con regularidad, hemos de organizar la acogida legalmente. Si cerramos puertas otros arbitran puertas traseras de la injusticia y que engordan nuestro sistema de vida donde queremos globalizar todo menos la responsabilidad.

Necesitamos un plan integral de acogida a todos los niveles desde el europeo al nacional. Un Plan que desarrolle los pactos globales que impulsa la iglesia y que como conocéis fluyen en torno a las acciones de acoger. proteger. Promover e integrar.

Necesitamos caminar abriendo espacios, como estamos haciendo en parroquias en Madrid, creando redes y sembrando una nueva conciencia que disipe miedos y ponga alma.

Necesitamos algunos espacios más que sigan haciendo la primera a cogida y una red de educación a los menores, de integración a las familias que llegan a una Europa envejecida y en un hondo invierno demográfico.

Queda mucho por caminar.

La tarea es dura, Por eso también aquí se nos pide seguir adelante en pobreza y fragilidad.

Este Cristo ha pasado por ahí.

Gracias hermanos por caminar juntos

Gracias a los que compartís viaje.

Y gracias a cada migrante que, como Cristo, llamáis a esta sociedad y nos ayudáis a convertirnos de nuestras comodidades.

Y nos ayudáis a abrir el corazón.

Y a aprender que acogiendo es como se abre el corazón.

Cristo triunfó. Rescatado está en el corazón de Madrid.

Con el triunfará el recate, a la humanidad y la fe.

Frente a la criminalización de los migrantes

«No se trata solo de migrantes» es el lema de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2019. Este año se celebra con una novedad: la Santa Sede hacía publico el pasado mes de noviembre la decisión de cambiar de enero al último domingo de septiembre la Jornada, respondiendo a la petición de varias Conferencias Episcopales. Este año será el día 29 y a él queremos acercarnos con estas palabras de Mons. Santiago Agrelo en el “Círculo de silencio” de Santiago de Compostela realizado el 5 de septiembre pasado.


Amigas, amigos: Gracias por haber acudido a este círculo de silencio en el primer jueves del mes de septiembre.

Hoy queremos denunciar la criminalización que, en la política, en los medios de comunicación, en las calles, se hace de los emigrantes:

Si un político, un periodista, un ciudadano cualquiera, hablando de emigrantes –de hombres, mujeres y niños en busca de futuro, hombres, mujeres y niños que se mueven en condiciones de extrema vulnerabilidad, expertos en todo tipo de sufrimiento-, si el político, el periodista, el ciudadano, los reduce a la condición de ilegales, de irregulares, aunque no lo sepa, está cerrando a esas personas todas las puertas que no sean las de un CIE o las de la muerte, está justificando el sufrimiento de esas personas, está aumentado su vulnerabilidad, las está empujando al fondo de una patera, antesala forzosa del fondo del mar.

zSi el político, el periodista, el ciudadano, a esos hombres, mujeres y niños los presenta como mafiosos, como posibles terroristas, como vagos o ladrones, aunque no lo sepa, está justificando que a esa humanidad necesitada de todo se la trate como se supone que mafiosos, terroristas, vagos o ladrones han de ser tratados.

Si de los emigrantes, el político, el periodista, el ciudadano, dice que asaltan nuestras fronteras, aunque no lo sepa, los está presentando como un ejército que nos invade o una banda de ladrones que atraca un banco, y está justificando que se les trate como a invasores y atracadores.

Queremos denunciar asimismo que se criminalice a quienes ayudan a los emigrantes: como si ayudarles fuese un delito, y empobrecerlos fuese un derecho; como si salvarles la vida fuese una iniquidad, y empujarlos a la muerte fuese un acto de justicia.

Queremos denunciar, finalmente, el silencio informativo sobre la tragedia de la emigración clandestina: Mientras las sociedades no tengan un acceso libre, constante, objetivo, a la realidad de la emigración, no estarán en condiciones de generar una política que merezca el nombre de migratoria.

La visión que los pueblos de Europa –también el pueblo español- tienen del emigrante, es una visión distorsionada por falta de información, por información falsa, sesgada, manipulada, interesada.

En esas condiciones de criminalización y desinformación, el rechazo al emigrante representa para los partidos una fuente de votos –entiéndase una fuente de poder-, y eso hace impensable cualquier política de atención a las necesidades de la humanidad emigrante.

Quienes presentan al emigrante como un delincuente, como un vago, como un aprovechado, como una amenaza, aunque no lo sepan, aunque se laven las manos delante del mundo entero, el hecho es que se las están manchando con la sangre de miles y miles de hombres, mujeres y niños que no han cometido otro delito que el de hallarse en una situación de extrema necesidad.

Y el cometido atroz de crear en la sociedad una imagen deformada del emigrante –condición indispensable para la indiferencia, cuando no para el odio-, lo desempeñan sin pudor, políticos e informadores, ideólogos totalitarios y falsos cristianos que pisotean el evangelio y ponen a Dios al servicio de los propios intereses.

 

“Los migrantes son un signo de los tiempos y los cristianos tenemos que posicionarnos”

Raquel Martínez es la nueva delegada de Pastoral de Migraciones de la archidiócesis de Zaragoza. Casada, madre de 4 hijos e ingeniera, encuentra tiempo para dedicarse a los “descartados”. Asume el reto de integrar a los inmigrantes en nuestra sociedad, recordándonos que “los migrantes ante todo son personas” y que “nosotros cuando lo necesitamos también fuimos emigrantes”.

¿Cómo fue tu entrada en el cargo?

Yo pertenezco a la organización ‘Encuentro y solidaridad’, así que desde la delegación de Apostolado seglar hemos colaborado con Emilia, la anterior delegada de Migraciones: en la organización de la vigilia para sensibilización sobre la trata, estuvimos también entre la gente que lanzó círculos de silencio. Cuando Emilia se puso a pensar en su relevo, buscó entre la gente que ya estaba un poco dentro de estos ambientes, y yo era una de esas personas.

Por eso ya conocías el tema de los migrantes.

Sí, desde nuestra asociación ya habíamos trabajado bastante este tema, como en todo lo relativo a la denuncia de las causas y la sensibilización.

¿Qué retos plantea la ‘Jornada del Migrante y Refugiado’ que se celebra el 29 de septiembre?

El Papa nos está invitando en esta 105 jornada, que ya van muchas porque para la Iglesia nunca ha sido un tema ajeno, como planteaba en el mensaje del año pasado, a practicar cuatro verbos con los migrantes: acoger, proteger, promover e integrar. Este año incide en que no se trata de los migrantes y sus problemas, sino que en la respuesta que demos ante los más vulnerables, nos estamos jugando nuestra espiritualidad, nuestra sensibilidad. Dice Francisco que los migrantes son un signo de los tiempos y que como cristianos nos tenemos que posicionar en la denuncia de su situación, en la sensibilización, oponiéndonos a la cultura del descarte tan imperante.

Sin embargo, parece que los medios de comunicación ponen el foco en los delitos que comenten los inmigrantes y que tan inconscientemente” aceptamos. ¿Cómo podemos corregir este foco?

Primero, hay que ver a los migrantes como personas, y ser conscientes de la manipulación que hacen algunos medios cuando no trasladan toda la verdad. La realidad es que el porcentaje de delincuencia entre migrantes y españoles es similar. Hay que ser conscientes que los migrantes están haciendo trabajos que nosotros no queremos, están cuidando a nuestros abuelos, están limpiando nuestras casas… Están realmente aportando. Además, los inmigrantes aportan más a la Seguridad Social que lo que gastan en Sanidad. Luego está la otra parte, no olvidarnos cuando fuimos inmigrantes, yo soy nieta de inmigrantes riojanos en Chile, tanto antes como después de la guerra tuvieron que salir por distintas circunstancias. Nosotros hemos emigrado en casos de necesidad y ahora nos toca a nosotros acoger a los que vienen.

Háblanos de la ‘Mesa por la hospitalidad’.

Es un experiencia que primero nació en Madrid y que algunas personas implicadas en el ‘Gesto diocesano’ decidieron iniciar en Zaragoza. La Mesa quiere responder al “Fui forastero y me acogisteis”, por eso consiste fundamentalmente en conseguir casas para los refugiados que vienen aquí y que todavía no tienen regularizada su situación por lo que no pueden alquiler ni hacer ningún papel oficial. Además, se está configurando un grupo de voluntarios que puedan acompañar a esas personas en su integración: dónde están las tiendas, información útil del barrio… También es importante hacer un acompañamiento espiritual de los voluntarios, ya que la gente que acompaña necesita formación y vivir eso desde su fe. Esta iniciativa, en la que se está trabajando desde hace año y medio, se presentará en l Encuentro Diocesano de Pastoral del 28 de septiembre. Necesitamos conseguir más apoyo de gente que pueda colaborar como voluntario, buscando posadas, aportando económicamente… El contacto para colaborar es a través de la delegación de Migraciones.

¿Qué más proyectos tiene esta delegación sobre la mesa?

La idea es centrar nuestras actividades, como las jornadas de sensibilización o de formación de agentes de pastoral, en el tema de la Mesa por la Hospitalidad. Otros objetivos son implicar a los inmigrantes de las cuatro capellanías (rumanos católicos, subsaharianos, latinos y chinos) en la vida de la diócesis y crear un equipo de trabajo con gente de estas capellanías que acojan todas las sensibilidades y todos los ámbitos de trabajo.

Entrevista realizada por Rocío Álvarez para Iglesia en Aragón

Queja ante el Defensor del Pueblo: migrantes en la calle

Queja presentada por la Mesa por la Hospitalidad de la Archidiócesis de Madrid por dejar en la calle a mujeres embarazadas, bebés, y niñas y niños (en algún caso con parálisis cerebral).
La responsabilidad, en este estricto orden es del Gobierno de la Nación (responsable único de la protección internacional), la Comunidad de Madrid, y el Ayuntamiento de Madrid.