Cinco motivos para entender por qué han venido 20.000 senegaleses a Canarias

Fuente: blog.africavive.es

Autor: Jaume Portell

 ¿De qué sirven muchos ojos si solo observan a la víctima en el suelo? En 2006, más de 35 000 personas llegaron a las costas canarias desde el continente africano. En 2020, catorce años después, las escenas se repiten de nuevo y no parece que hayamos aprendido mucho. Nada nos impide creer que en 2034 veremos las mismas imágenes en televisión: miles de africanos muy jóvenes, reconfortados con mantas y bocadillos de la Cruz Roja tras salir de una patera.

Los titulares de prensa andan, como siempre, divididos: algunos hablan de avalancha y agitan sus eslóganes racistas; otros aprovechan este episodio para dedicar un bonito canto a la diversidad. Encontramos incontables muestras de lo que Martín Caparrós ha bautizado como “periodismo Gillette”: limpio, lleno de declaraciones y neutro. Sin ideología, es decir, reforzando la mayor de las ideologías, la más conservadora: la idea de que no tener ideas es siempre lo más deseable para expresarse ante los demás.

Senegal seguirá exportando a gente por factores que raramente aparecen en la prensa. Si acaso, se mencionan en algún párrafo perdido, se camuflan bajo palabras vacías de tanto usarlas: ‘desigualdad’, ‘injusticia’, ‘desastre’. Víctimas sin verdugos, casuales, desgraciadas, problemas sin causa ni solución. Somos capaces de escribir bellísimas crónicas sobre el dolor africano, pero apenas nos atrevemos a mencionar qué provoca el desgarro. No queremos mancharnos. “Culpa a Occidente por los problemas de África. Pero no seas demasiado específico”, decía Binyavanga Wainaina en su legendario “Cómo escribir sobre África”. Hoy me apetece ser específico con cinco motivos.

El primero es la comida. Senegal gasta la mitad de sus importaciones solamente en comida y energía. Uno podría entender que un país se gastara un dineral en comprar máquinas prodigiosas, tecnología punta o inventos fantásticos. Senegal se lo gasta en comprar arroz, trigo, leche y pescado. El país tenía y tiene capacidad para producir muchos de estos productos, pero la liberalización comercial y los subsidios europeos han destrozado a los comerciantes senegaleses. Lo explica una publicación de Saiba Bayo y Ernst Krose sobre los Acuerdos de Colaboración Económica (EPAs, en inglés): “al principio de este siglo los estados de África oriental y occidental tenían una producción propia de pollo de entre el 70 % y hasta el 90 %. Después de pocos años la autoproducción ha disminuido a un nivel del 5 al 10 %.” Descartado el pollo, Senegal dependía considerablemente del pescado para obtener proteínas. Los acuerdos con la UE han dejado a los pescadores artesanales sin trabajo y a los senegaleses con menos comida. Quien habla de las oportunidades que los senegaleses tienen para emprender negocios en casa siempre ignora este hecho: las importaciones europeas –subsidiadas y más baratas- acabarán con la posibilidad de conseguir cualquier mercado.

El segundo es la moneda. Senegal utiliza el franco CFA, cuya paridad con el euro, una moneda fuerte, dificulta las exportaciones –al ser más caras para otros compradores- e incentiva las importaciones –al ser más baratas. No es raro que Senegal, junto a otros países de África occidental, haya tenido casi siempre un déficit comercial: es decir, el país gasta más de lo que ingresa. El franco CFA sigue ligando a Francia con sus excolonias africanas: los franceses tienen derecho a veto en las decisiones sobre la moneda y el sector bancario suele estar en manos extranjeras. El economista Ndongo Samba Sylla acusa al sector financiero local de actuar como un agente rentista: prefieren comprar bonos del Estado y ganar interés que prestar a los comerciantes. Cuando conceden créditos se los dan a las empresas más grandes, que suelen ser francesas. El círculo se cierra cuando estas empresas, gracias a la paridad fija de la moneda, pueden repatriar beneficios tranquilamente: la libre circulación de capitales impuesta por el FMI obliga a los africanos a dejarse desangrar a cambio de recibir préstamos.

El tercero es el petróleo. El país ya ha perdido sin que un solo barril haya sido vendido al exterior. La compraventa de los derechos implicó a Aliou Sall, hermano del presidente senegalés Macky Sall, y a Frank Timis –fundador de Timis Corporation-, un empresario rumano: la jugada implicó que el rumano se quedara con unos derechos que acabaron vendiéndose a British Petroleum. Sall cobró 25 000 dólares al mes de Timis Corporation, una empresa sin experiencia en el sector petrolero que consiguió la concesión del Estado senegalés. Según un reportaje de la BBC, será Timis quien cobre los royalties y el Estado senegalés perderá entre 9000 y 12 000 millones de dólares. Aliou Sall fue, según Voz Populi, una “buena conexión política” en el negocio bancario de Alberto Cortina y Alberto Alcócer en Dakar.

El cuarto es el oro. Las minas de Sabodala y Massawa se encuentran en el suroeste, la zona más pobre del país. Actualmente son propiedad de Teranga Gold, una multinacional canadiense. El negocio ha implicado desplazamientos de población forzosos e incluso asesinatos de los mineros artesanales que no querían abandonar las minas. Las acciones de la mina de Massawa son en un 90% de Teranga Gold y en un 10% del Estado senegalés. La propia compañía prevé empezar a exportar 384 000 onzas de oro durante cinco años a partir de 2021. O lo que es lo mismo: a precios de mercado, unos 700 millones de dólares anuales. En el consejo de administración de la compañía se encuentra Jendayi Frazer, responsable de Asuntos Africanos durante la presidencia de George W. Bush en Estados Unidos.

El quinto es la deuda. El Estado senegalés gasta más de lo que ingresa, el sector bancario y los recursos naturales están en manos extranjeras, no puede autoabastecerse a nivel alimentario y tiene el mercado saturado de las importaciones subsidiadas de los países ricos. Con agujeros por todas partes, favorecidas por la repatriación de capitales, Senegal se endeuda para salvar los muebles. Y lo hace a tipos de interés prohibitivos. En 2018, el país vendió un bono a 30 años a un 6,75 % anual. En total, para recibir 1000 millones de dólares acabará pagando más de 2000 millones en intereses. Y después tendrá que devolver los 1000 millones del principal. ¿Quién tiene deuda senegalesa? Blackrock, Goldman Sachs, JP Morgan, HSBC y UBS.

Blackrock, el segundo fondo de inversión más grande del mundo, tiene invertidos más de 100 millones de dólares en deuda senegalesa. También es uno de los propietarios de Teranga Gold. Cuando cientos de millones de dólares de oro salen de Senegal, Blackrock gana y el país pierde los millones con los que podría pagar su deuda. Cuando el país, tras la pérdida de esos millones, pide dinero prestado, Blackrock gana con los intereses de la deuda. El fondo estadounidense controla 7 billones de dólares en activos: 290 veces el PIB de Senegal y 5 veces el PIB de España. Para ser más independiente, Senegal podría usar su banco central para financiar su deuda, tal y como han hecho Estados Unidos, la UE o Japón durante años, con tipos de interés cercanos al 0 %. Pero Senegal no tiene banco central porque no controla su moneda. Con el paso de los años se suceden los ciclos de crecimiento, deuda, caída y austeridad; estos acaban con recortes en sanidad y educación y una infinita extracción de rentas. Senegal paga en dólares, en materias primas y en el sacrificio definitivo de un país: con su gente. Algunos mueren en el mar, otros llegan; y el saqueo continúa.

 

Los que cruzan la frontera

Mónica Prieto

El secreto del único sector económico que ha crecido en la pandemia:  media hora de descanso cada 10 horas de trabajo.

Eso es lo que relató Mamadou Serigne trabajador agrícola, al actor Paco León en una entrevista emitida durante la pandemia y que se hizo viral[1]. Las necesarias lágrimas que brotaron en algunos no nos pueden nublar la vista, sino limpiarla. La actualidad de la realidad migratoria nos lleva a Canarias y ciertamente hay que denunciar la vergonzosa gestión de este gobierno mal llamado de izquierdas, rendido a  la política de fronteras criminal de la Unión Europea. Silencio informativo y político (salvo honrosas excepciones)[2] de los casi 400 muertos en el mar en los últimos meses y por los que Senegal decretó día de luto nacional el pasado 13 de noviembre. No tuvimos la vergüenza de unirnos a esa jornada de luto.

Y mientras tanto… el otro foco informativo con el que nos machacan los medios a diario es con la caída de la hostelería. Pareciera que para salvar al país de la catástrofe económica de la pandemia tenemos que irnos todos de bares…. en vez de cuestionarnos un modelo económico, el turístico, basado en la explotación laboral de muchas personas, muchos de ellos migrantes. Aquellos que logran cruzar la frontera pero que no logran regularizar su situación…. porque de eso trata. Si no, se acaba el chollo.

Silencio también sobre el trabajo agrícola. La muerte este verano del nicaragüense Eliazar Blandón en la huerta murciana es un signo de esa explotación, a la que sometemos a trabajadores de la hostelería, el servicio doméstico, la limpieza de los hoteles y los temporeros agrícolas.  El blindaje de fronteras no significa fronteras herméticas…. sino que se abren a demanda de las necesidades económicas del capital. De momento el gobierno reconoce 2000 traslados a la península desde Canarias durante estos meses.

En febrero, junto antes de la pandemia, los periódicos anunciaban la caída del sector y el empleo agrícola[3]. Apenas meses después se anuncia todo lo contrario[4]: el sector agrícola es el único que logra crecer durante la pandemia.  En estos momentos se calcula que unos 400 temporeros agrícolas pueden estar durmiendo en la calle en la provincia de Jaén  por la reducción de las plazas de los albergues municipales debido a la pandemia.  Cuando estén ubicados en las fincas nada asegura que no sigan malviviendo…. como ha sucedido en años anteriores: La vergüenza que se esconde  detrás de nuestro producto estrella, ¿Marca  España?. Nuestra economía agrícola crece ¿ A costa de quien? De aquellos a los que dejamos cruzar la frontera.

 

[1]     https://www.20minutos.es/noticia/4266449/0/paco-leon-emociona-historia-inmigrante-jornalero-portavoz-regularizacion-ya/?autoref=true

[2]     https://www.eldiario.es/canariasahora/migraciones/senegal-convoca-jornada-duelo-nacional-muerte-480-jovenes-mar-rumbo-canarias_1_6405080.html

[3]     https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10332736/02/20/El-PIB-y-el-empleo-del-sector-agrario-se-desplomaron-con-el-alza-del-SMI.html

[4]     https://www.elagoradiario.com/desarrollo-sostenible/agricultura/lagricultura-unico-sector-crecio-segundo-trimestre-desplome-pib/

Sandías y tomates. Otro expolio africano

Fuente: soberaniaalimentaria.info

Recientemente leíamos con indignación que en una semana 480 personas habían muerto haciendo el trayecto Senegal-Canarias. Apenas fue noticia durante un día y, ahora, parece ser que la prioridad del gobierno es saber cómo expulsar a quienes sí pudieron llegar.

Ante esta tragedia, el sociólogo Carlos Gómez Gil afirmaba que los procesos de globalización económica y comercial impuestos por países occidentales e instituciones multilaterales a países empobrecidos generan fracturas económicas y sociales de una enorme profundidad con repercusiones poco conocidas. El campesinado y la clase trabajadora local sufren en primera persona los efectos de esta arquitectura multilateral perversa e impuesta.

Detrás de estos procesos de globalización nos encontramos con realidades que no queremos ver. Seguramente las personas que perdieron la vida eran de origen campesino o pescador, cuyas familias cultivaban o faenaban para alimentar a sus comunidades y que han visto como sus tierras eran ocupadas y sus recursos pesqueros saqueados por empresas extranjeras para exportar a los mercados europeos.

Para entender cómo se ha llegado hasta aquí es necesario hacer un poco de memoria. Está claro que los procesos históricos de colonización y expoliación del continente africano tienen mucho que ver, pero no nos iremos tan lejos. En el año 2006 el Gobierno español aprobó el Plan África 2006-2008, uno de cuyos objetivos era crear los medios y el escenario adecuados para fomentar la presencia empresarial e inversora en África. Este plan se presentó como un proyecto global de ayuda al desarrollo; pero, como se temía, se ha utilizado para favorecer los intereses de penetración económica de las multinacionales españolas en el continente y participar en una nueva colonización. De hecho, las amenazas que se denunciaron en su momento se han ido cumpliendo y ciertas empresas españolas se han instalado en países africanos provocando impactos negativos para la soberanía alimentaria de las comunidades locales. Lo peor de todo es que estas empresas están consideradas como casos de éxito en la internacionalización española.

Existen muchos ejemplos que vulneran la soberanía alimentaria de estos territorios, pero nos centraremos en dos casos de acaparamiento de tierras donde están implicadas empresas españolas.

¿Cómo definimos el acaparamiento de tierras?

El acaparamiento de tierras es el control —ya sea a través de la titularidad, el arrendamiento, la concesión, los contratos, las cuotas o el poder general— de superficies más grandes de lo habitual en estos territorios por parte de una persona o entidad (pública o privada, extranjera o nacional) por cualquier medio (legal o ilegal) con fines especulativos, de extracción, de control de los recursos o mercantilización a costa del campesinado, la agroecología, la administración de tierras, la soberanía alimentaria y los derechos humanos.

Más información: www.eurovia.org/es/como-definimos-acaparamiento-de-tierras

En el Senegal, los melones se producen principalmente en Thies y Mbour y, en menor medida, en el delta del río Senegal (Saint-Louis) y van destinados sobre todo a Francia y al Estado español. Es una fruta que se encuentra en grandes cantidades en el mercado entre febrero y mayo, y moderadamente entre diciembre y julio.

En informes gubernamentales sobre posibilidades de negocios de empresas europeas  en el sector agrícola del Senegal destacan dos empresas españolas: dos filiales de Ramafrut (Senfruit y Touba Fruit) y Produmel.

Ramafrut es una empresa con dos sedes principales en el Estado español (Valencia y Almería) y otras dos internacionales (Panamá y Senegal). Esta compañía, fundada en 1970, produce y comercializa una amplia variedad de frutas y verduras cultivadas en más de 1600 hectáreas propias y otras 1400 controladas por su personal. Pierre Lefevre, director técnico de Senfruit, afirma en una entrevista realizada por ISM Thies TV que la empresa dispone en la zona de Thiés (Senegal) de más de 600 ha dedicadas al cultivo de melón, sandía y calabazas. Senfruit se instaló en el país con la intención de alargar la temporada de melones y sandías en el mercado español y europeo, en concreto para cubrir el periodo de diciembre a abril, y desde 1987 es proveedor de Mercadona, uno de los principales distribuidores de alimentación en España. Touba Fruit es una rama de Senfruit que, en el año 2016, adquirió 130 hectáreas de tierra en Sipane (Senegal), tierras comunitarias en las que la población local pastoreaba a sus animales. Según la publicación empresarial Alimarket, Ramafrut está 100% participada por Inversiones Francis 2018 S.L., cuya actividad principal es la compraventa de bienes inmobiliarios por cuenta propia.

Pero también nos encontramos con otra empresa española que produce melones y sandías para exportar al mercado español: Produmel, instalada en la comuna de Nguéniène (departamento de Mbour, región de Thiès). Sus fincas se caracterizan por disponer de una instalación con pivotes de riego que requiere una gran inversión y que puede poner en riesgo los recursos hídricos de la zona. Las superficies de estas fincas son superiores a 100 ha e incluso algunas de ellas superan las 400 ha.

Produmel opera desde hace apenas 10 años cuando el gobierno local le cedió 150 hectáreas de tierra. Más tarde, en 2014, le proporcionó 52 hectáreas más y otras 100 en 2016. Esta última superficie era la única tierra de pastos que quedaba en una zona donde pastaban más de 10 000 cabezas de ganado (sin contar las cabras y las ovejas), base de subsistencia de las comunidades locales. La asociación de criadores y los movimientos juveniles se han opuesto a esta última cesión, que acabará con el pastoreo en la zona y han presentado una denuncia. El caso está actualmente pendiente de resolver.

Ajena a esta denuncia, Produmel sigue trabajando con la nueva superficie adquirida y con la aquiescencia de las autoridades locales, lo que desde el mes de agosto de 2020 ha originado enfrentamientos entre la población y las fuerzas del orden causando heridos y arrestos.

Conversaciones con un periodista local cuya identidad protegeremos desvelan que las primeras 202 hectáreas cedidas a Produmel se asignan en condiciones que las poblaciones consideran poco claras. Ningún documento escrito prueba el procedimiento de asignación de estos terrenos, lo que constituye una violación de la ley. Tampoco existe un memorando de entendimiento para la explotación de estas tierras. Ante la demanda de la comunidad, las autoridades locales han hecho oídos sordos a sus preguntas. Por otro lado, los pocos trabajadores agrícolas de la empresa se encuentran en situación precaria, solo reciben una asignación diaria, sin contrato y sin protección médico-social a pesar de trabajar en constante contacto con productos fitosanitarios altamente tóxicos.

Curiosamente, la prensa senegalesa afirma que Produmel es una multinacional española aunque no existe información alguna sobre ella. Esta opacidad nos ha impedido saber si se trata de una filial y a qué mercados españoles exporta las sandías y los melones.

Tomate procesado Gallina Blanca

A finales del año 2019, GB Foods Africa firmó con el gobierno de Kebbi (Estado de Nigeria) un acuerdo para el establecimiento de una fábrica de conservas de tomate en la localidad de Ngaski y el uso de 1000 ha para producir tomates para esa fábrica. «El proyecto ha sido diseñado para ser el más grande de su tipo en el África subsahariana», afirmó uno de sus directivos.

GBFoods (antes Gallina Blanca) está participada al 100 % por Agroaliment, que es propiedad de la familia Carulla que, a su vez, como curiosidad, forma parte del patronato de la Fundació Banc dels Aliments. El acuerdo firmado en África no es una novedad para GBFoods, sino que forma parte de su proceso de inversión y expansión en el continente. Muestra de ello es el acuerdo firmado en 2017 entre GBFoods y el fondo de inversión privado Helios Investment Partners para adquirir de forma conjunta determinados activos y marcas líderes en alimentación en África.

Tampoco es novedad la creación de fábricas de conservas en los países africanos. Sean de capital asiático o europeo, las empresas se instalan acompañadas de la cesión de grandes superficies de tierra e incluso se incentiva que el campesinado de la zona cultive tomates para estas industrias, pasando finalmente a convertirse en mano de obra precaria de la empresa.

Con una facturación de unos 1200 millones de euros y una plantilla compuesta por aproximadamente 3000 personas, GBfoods está presente, entre Europa y África (Nigeria, Ghana, Argelia y Senegal, sobre todo) en más de 50 países. En el Estado español, es conocida por marcas como Gallina Blanca, Avecrem o El Pavo. En el continente africano sus productos estrella son Jumbo (cubitos de caldo), Gino (salsa de tomate), Bama y Jago (mayonesas).

Hace más de 40 años que GBfoods introdujo Jumbo, «el avecrem africano», en África. Cada año fabrica 4.000 millones de pastillas Jumbo para los países del continente, superando el 15% de la facturación total de esta multinacional. En su planta de Ballobar (Huesca) se realiza gran parte del proceso de fabricación (mezcla), pero la compresión y el envasado se lleva a cabo en empresas ubicadas en el África Occidental.

Las mujeres son la solución

El movimiento Nous Sommes La Solution surgió en 2011 y actualmente está formado por 500 asociaciones de mujeres campesinas de siete países africanos (Ghana, Burkina Faso, Mali, Guinea-Bissau, Guinea-Conakry, Gambia y Senegal). Se plantea tres objetivos: (1) promover el conocimiento y las prácticas heredadas de los antepasados que siempre se han utilizado para apoyar a la soberanía alimentaria, (2) influir en los responsables de la toma de decisiones de la UE para que tengan en cuenta la práctica agroecológica en la política agrícola nacional, y (3) añadir valor a los productos de la agricultura campesina y la agroecología.

Un ejemplo de las alternativas que han puesto en marcha es la elaboración de dos tipos de extracto de caldo, uno a base de camarones y el otro a base de néré, una legumbre. Los presentan como una resistencia a los cubos Jumbo, que se han establecido en la gran mayoría de los platos de sus países y que están controlados por multinacionales.
Posiblemente algunas de las personas que se arriesgan a coger un cayuco para ir a Canarias proceden de estas comunidades a las que se les ha quitado el derecho a la tierra y a cultivar su propio alimento. Es insoportable que abramos las fronteras para poder comer sandías y melones durante todo el año y las cerremos a las personas a quienes hemos explotado. Lo triste es que esta denuncia ya se hizo hace 15 años. Algo estamos haciendo mal.

Carles Soler

Tener hijos es franquista; morir solo en tu cuarto de baño es guay

Fuente: blogs.elconfidencial.com

Autor: Alberto Olmos

Tener hijos es de pobres y ya solo está bien visto si te cuestan dinero. Es decir, si tenerlos conlleva algún tipo de gasto en inseminación artificial. Es fascinante cómo la naturalización de un progreso o cambio social se pasa siempre de frenada. No están tan lejos aquellos días en los que ligar por internet (así en general) era de pringados. Cuando alguien decía que había conocido a su pareja “en internet”, la gente sentía pena, pues internet era la nueva versión de las clases de salsa, a las que, como todo el mundo sabe, solo te apuntas para encontrar novia. Ahora lo que es de pringados es no tener Tinder, ir por los bares.

El caso es que tener hijos naturalmente es como cutre, tener varios es de fachas y vivir todos en la misma casa, de franquistas. Leí la semana pasada un artículo en ‘ElDiario.es’ que venía a decir esto último. “La familia tal cual la entendemos es una herencia del estereotipo de los años setenta: papá, mamá y un par de hijos o tres. Pero ya no es real”, sentenciaba un señor. Mi familia no es real, amigos. Se ve además que en 1920, 1810 o 1270 nadie en todo el mundo tenía dos hijos ni vivía con ellos bajo el mismo techo, junto al otro cónyuge. Creíais que erais una familia y erais en verdad la Falange.

Yo qué sé. Vamos con ello. Vamos, agotadoramente, con ello.

Los hijos

William Shakespeare promovía divinamente la procreación en su soneto XIII, cuya traducción es muy variada e insatisfactoria en nuestro idioma. Dice William, franquista de primerísima hora, que, bueno, te vas haciendo mayor, y esa belleza tuya a lo mejor merece replicarse, ponerse en otro (“and your sweet semblance to some other give”). También argumenta este mindundi que supone un desperdicio morirse y dejar que se desplome la casa de tu vida (“Who lets so fair a house fall to decay?”). Y remata el soneto con uno de los versos más extraordinarios que puedan leerse sobre padres e hijos: “You had a father: let your son say so”. Algo como: “Tuviste un padre, deja que tu hijo diga lo mismo” (“Tuviste un padre, que a ti te nombre un hijo”, García González; “Bien sabes que tú un padre tuviste: ten un hijo”, Rivero Taravillo).

Los matices del verso son espectaculares. No se limita a decir: “Ten hijos”, sino: “Piensa en que tendrás un hijo que sabrá que tú fuiste su padre”. Esta galantería semántica puede aplicarse enseguida a nuestro tiempo. Las numerosas personas que arremeten contra los niños o recomiendan no tener hijos o se felicitan de que cada vez haya menos familias son, qué duda cabe, hijos de alguien. Sin embargo, hablan como si pertenecieran a una gama humana exclusiva, fruto de la luz solar o, quién sabe, surgida por generación espontánea que nada tiene que ver con aquello que torpedean. Se ríen de las embarazadas (“panza de burra”, dijo Elisa Beni) como si su propia madre no hubiera lucido barriga con ellos dentro; desprecian a los niños (Adrián Lastra) como si ellos nunca hubieran sido niños, y lo que es más admirable: cantan las virtudes de la soltería sin hijos cuando muchos, a buen seguro, ni son solteros ni carecen de ellos.

“La libertad de no ser madre”, “Por qué hemos perdido la motivación de vivir en pareja”, “Las mujeres solteras y sin hijos son el grupo social más sano y feliz del planeta”, “¿Queremos a nuestros hijos por encima de todo?”… Esta ristra de titulares de ‘El País’, junto a muchos otros, recogidos en un hilo de Twitter por Rafael Núñez, nos lleva a pensar que hoy apenas cuatro idiotas tienen hijos. Esta fabulación nascifóbica —donde vemos de nuevo la inclinación por subir la apuesta, pues ya no es igualmente válido no tener hijos, sino, de hecho, mucho mejor— contrasta con el dato que espigaba César Rendueles para su reciente ensayo ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Seix Barral): “La encuesta de fecundidad que realizó el INE en 2018 mostró un resultado fascinante: tal vez vivamos en sociedades digitales, posmodernas, poliamorosas y del riesgo, pero nuestro deseo de tener hijos sigue incólume. Como siempre ha ocurrido, la inmensa mayoría de hombres y mujeres quieren ser padres y madres”. Después de hacer la innecesaria salvedad —imprescindible en estos días de idiocia— de que, como es obvio, le parece estupendo que alguien decida no tener hijos, Rendueles apunta: “Se calcula que las mujeres españolas que deciden de forma consciente, meditada y definitiva no tener ningún hijo no superan el 5%”.

Hacer campaña

De hecho, ni siquiera proceden de ese 5% todos los artículos y tuits contra los hijos, pues la posmodernidad una cosa que sí permite es hacer campaña desde los 18 a los 35 contra los hijos, tener uno o dos entre los 35 y los 38, y seguir haciendo campaña contra los hijos durante el resto de tu vida. Nadie ve en ello contradicción alguna. A fin de cuentas, tenemos una ministra de Igualdad casada y con tres hijos, y con chalé, “conservadora” (sic) en lo sexual, adicta a las sesiones de foto con mucho maquillaje y variación de ‘outfits’, cuyo ministerio propone insistentemente que todo eso que la propia ministra disfruta (tener hijos, pareja estable, casa, dinero a mansalva, una apariencia canónicamente publicitaria y el vicio de exhibir su bonanza a la menor oportunidad) es malísimo, puro veneno; ni se te ocurra, amiga.

Se predica continuamente que tener hijos y sacarlos adelante entre dos no es, como dice Manuel Vilas maravillosamente en ‘Ordesa’ (Alfaguara), “la lucha más hermosa del mundo”, sino una ordinariez y una lata. Se hace sentir culpable a una mujer por albergar deseos de ser madre, como si esa inclinación fuera propia de un títere del sistema o de una cabeza hueca. Luego, todos los que tanto predican y desaconsejan procrean sin pestañear siquiera. Pienso en esa mujer que hoy se cree rara por querer tener hijos cuando, según ‘El País’, no los tiene ya nadie. Le dicen que engrosa las filas de una minoría trasnochada, cuando en realidad forma parte de una mayoría de porvenir. Todo es mentira salvo conseguir saber lo que tú quieres de verdad hacer con tu vida.

Que los niños no puedan defenderse, y menos aún los no nacidos, es lo que me irrita mayormente de estas salvas y derrapes contra la natalidad y la infancia, de este ‘bullying’ continuado contra personas inocentes. Es la vuestra una frivolidad tan autoindulgente que linda ya en la eugenesia; vamos, en el fascismo.

Podría bajar uno al barro citando con demasiado entusiasmo el documental ‘La teoría sueca del amor’ (Erik Gandini, 2015), donde vemos las consecuencias tan lamentables de proponer desde el Estado que cada cual haga de su vida un interminable maratón en Netflix, en la creencia de que ese individualismo es lo que de verdad te hace feliz. Aunque es muy lúgubre saber por este documento que en Suecia hubo de crearse un funcionariado concreto para ir llamando a las casas de la gente a fin de averiguar si se había muerto —tanta soltería y soledad hacían común morir y que nadie se enterara—, ni siquiera me sale la maldad. En serio: moríos solos mientras Netflix pasa al siguiente capítulo. Queda guay.

Pero sí quiero compartir con ustedes una idea juguetona que me viene a veces a la cabeza. Parece que nuestra baja natalidad hará difícil dentro de algunas décadas pagar la pensiones, pues habrá más pensionistas que trabajadores en activo. Normalmente aquellos que promueven “el fin de raza”, que diría Michi Panero, consideran que a todo esto le pondrá remedio la inmigración. Esto es: que tengan hijos los pobres. No deja de asombrarme la coherencia de la izquierda moderna: tu madre limpia mi chalet y los hijos que tenga pagarán mi pensión. (Vete tú a saber si acabando con los pobres no acabaríamos también con esta pseudo-izquierda.)

Pues he aquí mi idea: que la cotización de los hijos una vez empiecen a trabajar se destine directamente a pagar la pensión de sus padres. Lo repito: directamente; patrimonio familiar. Si una mujer inmigrante tiene cuatro hijos que apenas puede mantener, cuando se jubile será rica. Ya dijo Diderot que “los pobres son los que mejor pueblan”. Así las cosas, ¿por qué tienen que pagar los pobres la pensión de los hípsteres? ¿Por qué tiene que cobrar más quien más aporte y no se considera aportación precisamente traer al mundo a uno o más cotizantes? ¿Por qué tienen que ser mis hijos “solidarios” con todos esos que los desprecian y que, de hecho, no querían ni que existieran?

20 años después, ¿hemos cambiado?

Fuente: lamarea.com

Autor: Javier Bauluz, texto y fotos

¿Recuerdan la foto? Una pareja de bañistas frente al cadáver de una persona migrante subsahariana tras naufragar su patera. “Ahora ya no es solo indiferencia, ahora también es odio”, resume el autor, el fotoperiodista Javier Bauluz.

El 2 de septiembre de 2020 se cumplen 20 años de las fotografías que hice en la Playa de los Alemanes, en Tarifa, Cádiz. “Camino hacia el cadáver con una idea en la cabeza: desde el otro lado se podrá ver el muerto y la playa llena de gente disfrutando. Nosotros y ellos en el mismo espacio pero en dos mundos distintos. La gente continúa su vida playera, se bañan, siguen tumbados, los niños chapotean en la orilla. Solo algunos bañistas, cinco o seis, comentan en un corrillo la tragedia (…) Por desgracia, no me sorprende en absoluto. Es la misma indiferencia que he visto tantos días con la suerte de los inmigrantes. No es asunto nuestro. Son erizos o bestias de trabajo, no son ‘personas humanas’ (…) Llego a las rocas que se dibujan al final de la playa. Ante mí, el cadáver del inmigrante y una playa llena de gente, y sombrillas. La primera, la de la pareja de la primera foto” de aquella tarde en la playa.

Releo este texto que escribí entonces y me pregunto: ¿Hemos cambiado nuestra mirada sobre ‘ellos’? La respuesta es sí. Ahora ya no es solo indiferencia, ahora también es odio, inducido con patrañas e inoculado por el nuevo fascismo ascendente en millones de corazones, almas y votos ante el silencio cómplice de algunos que se autoproclaman respetuosos con los derechos humano. Son los nuevos judíos.

Llevo 25 años cubriendo migraciones en España y otros lugares del mundo. En 1994 fotografié a un millón de refugiados muriéndose de cólera delante de mi cámara, más de mil al día, en la frontera de Ruanda con el actual Congo. En 1996, leí en un periódico: “Impermeabilización de la frontera de Ceuta”. Fui a ver. España empezaba a construir las vallas de Ceuta y Melilla, financiadas por Europa. Un guardia civil decía que las saltarían pasando por encima de los cadáveres de los que morirían a pie de valla, como los conejos en Australia. Hasta ese momento nadie moría. Cruzaban la frontera con Marruecos caminando por el monte, pero con las vallas tuvieron que cruzar el mar arriesgando sus vidas. En el 2000 cientos de pateras cruzaban el Estrecho y cientos morían.

No había dispositivo de ayuda a pie de playa. Los que llegaban vivos, heridos, quemados o con hipotermia estaban tirados en playas y roquedales durante cinco o siete horas, ya bajo custodia policial. He sido testigo de cómo guardias daban el biberón a bebés hambrientos, con su propio dinero, y de cómo vecinos ayudaban  o daban refugio clandestino a los migrantes para que no fueran deportados. También he visto la indiferencia, sobre todo en instituciones y gobiernos. Pero nunca el odio y la criminalización política interesada que sufren ahora.

Informé a Médicos Sin Fronteras. Vinieron, vieron y montaron una operación de emergencia humanitaria en el sur de la UE. Con su ejemplo y testimonio lograron que las instituciones actuaran. En 2001, al cerrar los 14 kilómetros del Estrecho, pagando a Marruecos como policía malo, las personas migrantes tuvieron que cruzar el Atlántico, desde el sur de Marruecos hacia Fuerteventura, Canarias. 100 kilómetros de travesía. Después tuvieron que salir de Mauritania y Senegal al cerrar las rutas con acuerdos bilaterales, dinero y represión. Quizá miles se hundieron en esta gigantesca fosa marina.

Tampoco había asistencia humanitaria y algunos guardias les compraban bocadillos. Los encerraban durante 40 días, sin ver el sol y sin médicos, en la siniestra sala de maletas del viejo aeropuerto, de donde salían millones de turistas. También Médicos Sin Fronteras fue avisado, actuó. Entonces encarcelaron a personas no delincuentes en un campo de concentración llamado CIE. Mientras nuestros campos se llenaban de trabajadores migrantes sin derechos, nuestra economía crecía. He sido testigo de manifestaciones y encierros en iglesias en Lorca, Murcia, cuando el entonces ministro Mayor Oreja hizo la ley, vigente hoy, que obliga a deportar a los indocumentados. Recuerdo el terror esperando a que llegaran camiones para llevárselos. Hoy siguen esclavizados y en condiciones inhumanas, como jornaleros, con papeles o sin ellos, en asentamientos de chabolas que les queman cada poco, algunas a 50 metros de un centro comercial de multinacionales. Lepe, en Huelva, el Ejido, en Almería, o Lleida siguen siendo símbolos de la explotación humana. Y muchos continúan con el miedo a ser deportados.

Muchos ciudadanos votaron por un gobierno progresista pensando que tendría más respeto por los derechos humanos, pero el ministro Grande-Marlaska hace feliz a la ultraderecha patria con sus políticas represivas. Construye un muro en Melilla más alto que el de Trump, logra que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos acepte las deportaciones ilegales masivas, tiene a 1.500 personas encerradas en Melilla en el CETI durante la pandemia…

Ha reabierto la ruta a Canarias al cerrar la del Mediterráneo y prohibir a Salvamento Marítimo rescatar en parte del Mar de Alborán. Y dar 140 millones a Marruecos para reprimir. Mueren decenas y morirán cientos o miles. También prohíbe la libertad de información, impidiendo el acceso a periodistas llegar a un kilómetro del puerto canario, mientras la cuenta de Twitter de Salvamento solo informa de rescates de personas no negras o morenas. Ni los más duros ministros del PP se atrevieron a tanto.

Año 2000. Tarifa, Cádiz, España. Una pareja juega a las palas mientras guardias civiles y funerarios retiran en un ataúd el cuerpo de un hombre migrante subsahariano ahogado.
Año 2019. Salé, Marruecos. La desesperada madre de un joven desaparecido visita a la familia de Ayoub Mabrouk, su compañero de viaje en patera, cuyo cadáver pudo ser enterrado gracias al funerario español Martín Zamora, única persona en España que investiga, identifica y devuelve a sus familias a los ahogados en pateras.
Año 2019. Lepe, Huelva, España. Chabola de un asentamiento de jornaleros migrantes reconstruido tras varios incendios y cercano a un gran centro comercial con las principales marcas multinacionales.

Escuchar el “Eco de Lampedusa” en las Islas Canarias

Este domingo 15 de noviembre de 2020, la Iglesia Católica celebra en todo el mundo la IV Jornada Mundial de los pobres, que en esta ocasión tiene por lema “Tiende tu mano al pobre”, un lema que, como nos dice el Papa Francisco, es un código sagrado a seguir en la vida.  

Con motivo de esta Jornada Mundial, ante el hecho que estamos viviendo estos últimos meses, con la llegada de miles de inmigrantes a Canarias, los obispos de las dos diócesis de estas islas nos dirigimos a los fieles católicos, y a la sociedad en general, ofreciéndoles algunas reflexiones que nos ayuden a tomar conciencia de la situación de pobreza y vulnerabilidad que viven estas personas y, especialmente, a ponernos manos a la obra para que nadie se sienta marginado o despreciado, sino que todos experimenten la acogida, la atención y el respeto que como personas humanas se merecen. Apoyamos nuestra reflexión en las enseñanzas del Papa Francisco que, como es conocido, en distintas ocasiones ha manifestado su sensibilidad y preocupación por las personas emigrantes.

1. El drama de los inmigrantes

La llegada de inmigrantes a las costas canarias nos llama a todos a tener presente la “cruz de Lampedusa”, que como recordáis fue realizada por el artista italiano Franco Tuccio con trozos de madera de las embarcaciones que habían naufragado en la isla y a tener presente las palabras del Santo Padre que afirmaba: “No podemos seguir viviendo anestesiados ante el dolor ajeno. Lleven a todas partes la “cruz de Lampedusa” como símbolo, para acercar y no olvidar el drama y la realidad de los inmigrantes”.

El eco de las Palabras de Francisco nos obliga a sensibilizarnos ante la muerte de aquellos que viajaban en las barcas, por esos niños, jóvenes y adultos que han enterrado sus sueños y sus vidas en las aguas del Atlántico. Nunca sabremos cuantos miles de personas han perdido sus vidas de manera trágica y dramática entre las dos orillas en estos últimos años.

Nos unimos a las palabras del papa Francisco que con tanta fuerza profética denunció las tragedias mortales en Lampedusa y que siguen sonando como un aldabonazo en nuestras conciencias: “¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste? ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar!

Como Iglesia sentimos el profundo dolor y la impotencia de ver cómo muchos hermanos mueren frente a las costas de nuestros pueblos y ciudades sin que parezca que hayamos hecho lo suficiente para evitarlo

2. Globalización de la indiferencia

El eco de la “cruz de Lampedusa” nos llama a todos a trabajar contra la globalización de la indiferencia. Como afirma Francisco,  somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto. Poner la meta en lo provisional nos conduce a la indiferencia hacia los otros. Hay que saber mirar uno a uno a esos hombres, mujeres y niños y hacer nuestros sus sufrimientos tras haber huido de la guerra, de las persecuciones, del hambre y haber afrontado un largo y peligroso viaje por el desierto y el mar en manos, tantas veces, de traficantes de seres humanos. Los inmigrantes son personas como cualquiera de nosotros, con nombres, historias y familias.

Escuchar el “eco de Lampedusa” es rechazar todas las voces que siembran confusión. Lamentablemente, la llegada de inmigrantes es una imagen utilizada, en ocasiones, por algunas voces políticas y bulos en plataformas mediáticas para sembrar la confusión y el miedo en la ciudadanía, alertando de que es una invasión, tal vez con el fin de conseguir réditos electorales, o de promover una fobia inaceptable hacia los extranjeros.

Hay que exponer la verdad y decir que los que llegan en las pequeñas embarcaciones son sólo una pequeña parte, que no llega al 10%, del total, de la población inmigrante empadronada y residente en España.

Hay que contar un relato real y positivo de las migraciones, ya que habitualmente se silencia la aportación positiva que la inmensa mayoría de los inmigrantes hacen al país que los acoge. La contribución que aportan los inmigrantes abarca todas las dimensiones: la economía, la demografía, la cultura, y la propia vida religiosa, rejuveneciendo y revitalizando muchas parroquias y comunidades. No lo olvidemos, quienes vienen de fuera nos traen un inmenso tesoro, rejuvenecen con sangre nueva nuestra vieja Europa y nos abren al desafío de la diversidad que tiene tanto que ver con el Dios Trinidad.

Las aportaciones que hacen los inmigrantes a nuestra sociedad son notables. Además de paliar nuestro envejecimiento, como anteriormente se ha expuesto, muchas mujeres inmigrantes están siendo la voz y las manos de ternura que nuestros niños, nuestros enfermos o nuestros ancianos necesitan. Muchos jóvenes jornaleros del campo están recogiendo de nuestros campos una riqueza, que no se ve correspondida con las condiciones laborales que sufren. Y todos ellos con el testimonio de sus vidas, su valentía y su disponibilidad para afrontar peligros buscando un mundo mejor son un ejemplo de  esperanza para nuestra sociedad pesimista y ciega ante el futuro. Sí, todos ellos son fuentes de esperanza, ya que fue la esperanza la que les dio las fuerzas para afrontar tan duro viaje.

3. Llamados a ser buen samaritano

Escuchar el “eco de la cruz” es reconocer y valorar todas las vidas salvadas y rescatadas por los profesionales del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, de Salvamento Marítimo del Gobierno. Han sido auténticos ángeles de la guarda en medio de nuestros mares y sería deseable que esa humanitaria labor de socorrer y salvar vidas siga contando en nuestra frontera sur con un apoyo decidido por parte de los diferentes gobiernos. A ellos hay que añadir la magnífica labor de la Policía Nacional, de personal de la Cruz Roja y de la Comisión de Ayuda al Refugiado [CEAR]. Son esos profesionales los que, junto con los voluntarios y miembros de Cáritas y de otras organizaciones humanitarias, nos ayudan a evitar la globalización de la indiferencia, que se consigue poniendo en práctica el programa descrito -con cuatro verbos- por el Papa Francisco en la Jornada mundial del inmigrante del pasado 29 de septiembre de 2019: Acoger, proteger, promover e integrar. Estos verbos expresan la misión de la Iglesia en relación con todos los habitantes de las periferias existenciales. Estos verbos nos invitan a encarnar la parábola del buen samaritano. Él se detuvo a salvar la vida del pobre hombre golpeado por los bandidos sin preguntarle cuál era su procedencia, sus razones de viaje o si tenía sus documentos en regla. Simplemente decidió hacerse cargo y salvar su vida.

Hablar de migrantes, es hablar de un paradigma para la vida cristiana que apunta a Cristo, que es nuestro Camino, Verdad y Vida. Un migrante es hijo de Dios. Donde muchos ven un emigrante, el cristiano ve a un hermano con una vida marcada por el dolor y el sufrimiento que busca la esperanza de alcanzar una vida mejor. No podemos permanecer ajenos al dolor del hermano. El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos, pidiendo poder desembarcar. Y si todavía tuviéramos alguna duda, esta es su clara palabra: “En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).

4. Todos Hermanos

Por último, hacemos una llamada a todos a crear la cultura del encuentro, a superar la fobia al extranjero, a luchar contra las mafias y favorecer el desarrollo de los países de origen. Como afirma la Encíclica Fratelli Tutti [FT]. Se trata de problemas globales que requieren acciones globales, evitando una “cultura de los muros” que favorece la proliferación de mafias, alimentadas por el miedo y la soledad (FT 27-28).

No debemos olvidar que solo cuando cese la injusticia actual del comercio internacional, cuando cesen las guerras inducidas en países con riquezas mineras, cuando los dictadores que expolian a su pueblo dejen de contar con la complacencia de gobiernos y empresas multinacionales, cuando cese el comercio de armas, la inmigración de ciertas zonas del mundo se podrá regular. Cuando se acabe con la injusticia actual la migración se moderará.

Hay que evitar migraciones no necesarias creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Como sabemos, también existe el derecho a no emigrar, y muchos de estos hermanos nuestros no iniciarían un viaje tan incierto si en sus pueblos y países se vivieran situaciones más justas

A los gobernantes europeos y al gobierno español hay que decirle que no se pueden crear guetos insulares para evadir el problema migratorio. Como afirma Francisco, en los países de destino, el equilibrio adecuado será aquel entre la protección de los derechos de los ciudadanos y la garantía de acogida y asistencia a los migrantes. Concretamente, el Papa señala algunas “respuestas indispensables” especialmente para quienes huyen de las “graves crisis humanitarias”: aumentar y simplificar la concesión de visados; abrir corredores humanitarios; garantizar la vivienda, la seguridad y los servicios esenciales; ofrecer oportunidades de trabajo y formación; fomentar la reunificación familiar; proteger a los menores; garantizar la libertad religiosa y promover la inclusión social (FT 38-40)

El Papa también invita a establecer el concepto de “ciudadanía plena” y la necesidad de una gobernanza mundial, una colaboración internacional para las migraciones que ponga en marcha proyectos a largo plazo, que vayan más allá de las emergencias individuales, en nombre de un desarrollo solidario de todos los pueblos basado en el principio de gratuidad. De esta manera, los países pueden pensar como “una familia humana”. Una cultura sana es una cultura acogedora que sabe abrirse al otro, sin renunciar a sí misma, ofreciéndole algo auténtico. Como en un poliedro – una imagen apreciada por el Pontífice – el conjunto es más que las partes individuales, pero cada una de ellas es respetada en su valor (FT 132-146)

Nos encomendamos a la Virgen María, a la que todos veneramos con gran devoción -con distintas advocaciones- en cada una de nuestras islas.  A ella le confiamos las esperanzas de todos los emigrantes y refugiados y le pedimos por todas las comunidades parroquiales y colectivos sociales que los acogen para que les ayude a ser buenos samaritanos para vivir el mandamiento del amor al otro, al extranjero, como a nosotros mismos. Que Dios derrame su amor en nuestros corazones para que lo hagamos realidad.

† José Mazuelos Pérez, obispo Canariense

† Bernardo Álvarez Afonso, Obispo Nivariense.

Bebés separados de sus madres y otros dolores que no duelen

María del Val

Separar al hijo de la madre nada más pisar tierra después de un viaje en patera resulta cruel e inhumano. Como crueles e inhumanas son las políticas que aplastan la dignidad de las migrantes en origen, tránsito y destino. Es muy común en el tratamiento de las noticias sobre migrantes olvidarnos del contexto en que se producen. Los olvidos pueden ser más o menos involuntarios o más o menos condicionados por intereses económicos, políticos o ideológicos.

 

Nos olvidamos que los movimientos migratorios se producen en una economía que mata y que explota: que les roba los recursos en origen y por tanto el trabajo. Que les humilla en el viaje con deudas impagables y que las esclavizan de por vida y tránsitos al borde de la muerte. Y finalmente una vez que cruzan fronteras (las mafias aprovechan que las madres con hijos no pueden ser deportadas) les mantenemos en la ilegalidad para ser explotados en la agricultura o en el servicio doméstico cuando no esclavizadas en la prostitución.

El blindaje de fronteras que nunca es absoluto, (porque hay que dejar pasar ese necesario flujo de mano de obra barata, o carne humana para la prostitución) provoca rutas cada vez más lejanas y peligrosas. Se calcula que el 30% de la mujeres que llegan embarazadas o con sus bebes han sido violadas por las propias mafias para traficar con el bebé o para extorsionar a la madre. Otras han sido violadas por las propias fuerzas de seguridad de nuestros países cipayos, a quienes pagamos para que nos vigilen las fronteras. Algunas han perdido a sus bebés en el desierto. Estas mujeres sufren violencia sistemática y continua durante el trayecto. Pueden permanecer meses e incluso años en el bosque a la espera de poder saltar la frontera. Sus bebés han padecido y seguirán padeciendo esos horrores, tanto o más que ellas: “Algunas veces me digo si mi hija no me va a odiar”, dice una de esas madres. Nos escandaliza que separen a las madres de sus bebés, pero nos preocupa mucho menos la vida que les espera….

A las madres que sirven en las casas o limpian los hoteles también hemos permitido que las separen de sus hijos. Una de ellas que me decía que después de 11 años no había dejado de llorar ni una sola noche la ausencia de sus hijos. Cuando al fin algunas logran reunirse con ellos, son completos desconocidos a los que se les ha desarraigado dos veces: primero de sus padres o de su madre, y luego de su tierra. Pero esas madres y esos hijos parece que nos duelen menos.

María del Val

Para saber más:

https://elpais.com/politica/2016/09/02/actualidad/1472836765_371992.html

https://www.womenslinkworldwide.org/files/1350/los-derechos-de-las-mujeres-migrantes.pdf

Foto separación de un hijo de su madre migrante en EEUU

Canarias como Trump: Separar hijos de sus madres en la frontera.

Los protocolos y guías de actuación para detectar, prevenir y sancionar la trata de seres humanos son herramientas creadas con el fin primero de mejorar la asistencia a las personas que se sospecha son víctimas de trata, no para castigarlas. La Fiscalía Provincial de Canarias les ha retirado los niños a varias mujeres inmigrantes llegadas en las últimas semanas a las islas. En algunos casos la separación se prolonga ya cerca de dos meses.

Esta medida, tan similar a la que ha utilizado Trump en E.E.U.U., y que provocó espanto entre todos los españoles, no es nueva en nuestro país, España ha sido condenada en 4 ocasiones por estas prácticas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La separación se mantiene a la espera de la realización de pruebas de ADN que deben demostrar el vínculo familiar cuando no hay documentación que lo acredite.

Toda medida preventiva del delito de trata es bienvenida. Sin embargo, en muchos de los casos, haya trata o no, estamos hablando de niños y niñas que pueden haber sido producto de una violación, desafortunadamente una forma de violencia que habitualmente sufren las mujeres durante el tránsito por los distintos países que atraviesan antes de llegar a España. Es decir, cuando todos los recursos del país al que llegan las mujeres migrantes deberían estar centrados en escuchar su relato, el cual debería ser recogido por las asociaciones humanitarias que intervienen para prestarles el debido apoyo psicológico y entorno de seguridad que necesitan, y cuando se deberían tener en cuenta las recomendaciones de estas organizaciones especializadas, lo que hace la fiscalía es violar una vez más los derechos de estas mujeres y del menor.

El amparo de las leyes

Hay innumerables convenios y acuerdos internacionales que así lo indican, pero sin meternos en un tema jurídico y citando solamente el art. 9 de la Convención sobre los derechos del niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, ratificada por España y vigente en nuestro país “los Estados parte velarán porque el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos, excepto cuando (…) tal separación es necesaria en el interés superior de niño” y ‘éstos’ (traducción del inglés de ‘their’) se refiere tanto a los niños como a los padres y/o madres.

En cuanto a las excepciones se refiere principalmente a abandono o malos tratos. Se justificará esta medida solamente ante supuestos de gravedad contrastada, en los que no quepa solución alternativa. ¿Realmente no hay forma de proteger los intereses de estos niñas y niñas, respetando los derechos de las mujeres que dicen ser sus madres, y ofrecerles un lugar seguro donde puedan estar juntos hasta que se tengan los resultados de los ADN? ¿O será que son negras y pobres y la Fiscalía de Canarias decide hacer y seguir protocolos de actuación exclusivos para las migradas negras y pobres que llegan a este país porque no merecen ni siquiera ser escuchadas?

La Fiscalía se justifica

La fiscalía de Las Palmas justifica la separación de estos niños de sus madres debido a la constatación de desapariciones de menores junto a las que decían ser sus madres, que se producían antes de recibir el resultado de las pruebas de ADN, que, según la fiscalía, demostraban después que no existía vínculo biológico entre ellos. Esto lo único que prueba es la negligencia de los organismos oficiales y la falta de medios empleados para evitar que esto ocurra, ya que todos los agentes intervinientes en casos de trata saben que la mujer y niños sospechosos de ser víctimas pueden desaparecer. Es decir, no se les han perdido solamente los niños, han perdido de vista también a la mujer tratada.

La solución de la fiscalía, en vez de asumir sus fallos y ponerles remedio donde se originan, pasa por tomar medidas inhumanas que tienen un efecto devastador y traumático para estas mujeres y niños ya previamente traumatizados por el proceso migratorio y la violencia que es siempre parte de él. En definitiva, lo que estas mujeres están diciendo y el llanto de los niños demuestran que, sean o no sus hijos, ellas son la persona con la que han desarrollado un vínculo afectivo durante al menos parte del trayecto a España en condiciones de extrema violencia y vulnerabilidad. No parece ni humano, ni sensato, ni jurídicamente necesario seguir un protocolo de actuación tortuoso y traumático para las personas que se supone dicen querer proteger.

Corina Fuks

FOTO: JOHN MOORE – AFP

La historia de las migraciones es la historia de la humanidad

Rodrigo Lastra.

La migración es un hecho constante en la historia. Podemos afirmar cómo lo hizo recientemente uno de los abogados más internacionales de nuestro país que “la historia de la humanidad es la historia de las migraciones”. ¿Cuántos de los que leéis estas líneas vivís en el mismo pueblo o ciudad en la que nacieron vuestros padres? ¿Y en la que nacieron vuestros abuelos? La movilidad geográfica es una de las características definitorias de la raza humana. Ninguna otra especie ha llegado tan lejos en la colonización de tantos y tan diversos ambientes. Los movimientos migratorios, por muy diversos motivos son una constante histórica que se repite en todas las épocas y civilizaciones. ¿Eso quiere decir que las personas están hechas para migrar, para moverse y que está condenado a no tener raíces, o por el contrario lo propio del ser humano es echar raigambre y las migraciones son siempre consecuencia no deseadas causadas por males mayores? El ser humano no está hecho para migrar ni para no migrar. El hombre y la mujer están hechos para la LIBERTAD. Y es precisamente la búsqueda de esa libertad (llámese mejores condiciones de vida o simplemente condiciones dignas de vida, llámese huida de persecuciones políticas o religiosas) o la ausencia de la misma libertad (llámese esclavitud, movimientos migratorios alentados por grandes intereses económicos…) la que ha generado a lo largo de los siglos los grandes movimientos humanos a lo largo y ancho del planeta.

 

  1. LA HISTORIA LAS MIGRACIONES… ES TAMBIÉN HISTORIA QUÉ HACEN LOS POBRES

Hoy los nuevos desarrollos científicos en el campo de la genética están también revolucionando el estudio de la historia. Todos nosotros cargamos en nuestros genes de cada una de nuestras células con muescas imborrables de nuestros ancestros, cuyo estudio, aplicado al conocimiento histórico, está aportando valiosísima información sobre de donde provenimos. Está permitiendo entre otras cosas conocer mejor los grandes movimientos de ser humano a lo largo de la historia. No deja de producir cierto vértigo pensar que en apenas unos centenares de generaciones todos nacemos de los mismos grupos reducidos de homo sapiens. Estos avances científicos aplicados al conocimiento histórico y pre-histórico, confirman que el dinamismo creador asociado a los movimientos migratorio ha sido determinante en la configuración de nuestra historia, es determinante para entender lo que hoy somos, y será determinante para entender lo que seremos.

Un ejemplo histórico reciente y paradigmático de ese dinamismo creador que imprimen la fuerza de la inmigración, mayoritariamente a través de la población más pobre, son los EEUU. El país más rico, el más poderoso de los últimos 150 años, lo es en gran parte por la inmigración. Una nación de inmigrantes. Es así como se define a sí mismo Estados Unidos. Nueva York, la capital del mundo, es un museo viviente de la inmigración. Viviendo allí descubrí al menos 5 monumentos a los inmigrantes (judíos, italianos, eslavos, africanos, irlandeses…). Uno de los lugares que más impresiona de Nueva York es el museo de Ellis Island, a la sombra de la estatua de la Libertad. De 1892 a 1954, el edificio funcionaba como centro de selección a la llegada de barcos europeos cargados de familias en busca de una vida mejor. Ahí fue donde 12 millones de personas pisaron por primera vez suelo estadounidense. Fue ahí donde se forjó la potencia que es hoy EEUU. Se estima que el 40% de los estadounidenses tiene, por lo menos, un ascendiente que pasó por Ellis Island.

Este años 2020 Estados Unidos celebrará el 400 aniversario de la llegada de los primeros colonos anglosajones, venidos a dar valor al territorio de Virginia, otorgado por el rey de Inglaterra. En 1620 los peregrinos del Mayflower, migrantes que huían, desembarcaron en Nueva Inglaterra, abriendo el camino a la llegada de miles de persona que huían de las persecuciones religiosas del rey anglicano Jacobo I de Inglaterra. En la colonización de América siempre ha existido una dicotomía entre los inmigrantes económicos y los que llegaron para disfrutar de una libertad política sin precedentes que se consolidó con la Constitución de 1787. Por uno u otros motivos, América representó una especia de tierra nueva y cielos nuevos, en la que todo parecía posible, en la que no se llegaba tarde frente a la enfrentada cansada Europa. Así, en la costa atlántica todavía perviven esas ciudades que fundaron con nombres que representaban esos anhelos: Freeland, New Hope, New Armony, Philadelphia… Todo era nuevo; New Hampshire, New England, New Jersey, New York, New… Pero no pasaron ni 20 años de la llegada de los primeros colonos, para que también desembarcaran los primeros esclavos. Cuando se hizo el primer censo tras la independencia en 1776, en Estados Unidos había sólo 4 millones de habitantes. Y 700 000 eran esclavos. Y luego vendría el exterminio de los pueblos nativos con la expansión hacia el Pacífico, y las restricciones de todo tipo, y las persecuciones, y el ignominioso racismo… Poco duraron las tierras nuevas y los cielos nuevos. Pero así es como, con todo ese crisol de idas y venidas, de tolerancia y persecución, de amor y odio, se forjó la nación más dinámica de los dos últimos siglos.

Y así, a poco que miremos a lo que nos rodea, descubriremos ese dinamismo creador en la historia. ¿Qué sería por ejemplo de nuestra arquitectura sin los movimientos migratorios? ¿El románico, el gótico… y así sucesivamente los diversos estilos constructivos que se van solapando y perfeccionando, fueron idea de un mecenas, de un potentado…? ¿o fueron posibles en toda Europa por el ir y venir de millones de pequeños artesanos, peregrinos, migrantes todos, que iban y venían aportando, quitando, añadiendo y todo junto creando una riquísima cultura? ¿Y que decir de nuestra lengua, patrimonio común y que con su riquísima variedad no permite una expresión y comunicación interpersonal maravillosa? ¿Es fruto a lo largo de los siglos de paneles de expertos que van acordando los usos correctos y expresiones adecuadas, o es fruto de la confluencia acrisolada de miles de millones de realidades cotidianas que nacen de la interacción y la influencia mutua de decenas de pueblos, culturas y civilizaciones a lo largo de los siglos fruto de los movimientos, también migratorios, de millones de personas? Pensemos en el idioma español. Hay palabras de los pueblos celtiberos, indoeuropeos, fenicio, latinas, griegas, musulmanas… y más recientemente francesas y anglosajonas. ¿Y las matemáticas, y el conocimiento científico-técnico? Los romanos con todo su ingenio constructivo y su desarrollo de la ingeniería, desconocían el cero, así como los números negativos, conceptos ambos, sin los cuales es imposible el desarrollo del cálculo y el algebra. ¿Se hubiera llegado a la luna sin que los pueblos arabigo-semitas hubieran aportado al desarrollo científico de base greco-latina conceptos como el cero o los números arábigos, todo ello como fusión colectiva y diluida fruto del encuentro mantenido a lo largo de años por miles de personas que fueron de aquí para allá? Pensemos en cualquier otro elemento del conocimiento científico-técnico. ¿Y nuestra gastronomía? ¿Y el arte, la literatura, la música…? ¿y los movimientos sociales, y el devenir y desarrollos de las ideologías y los movimientos revolucionarios…? Impensables sin esa historia de las migraciones, que no deja de ser la misma historia de la humanidad

La historia la han escrito los que ganan, pero la han hecho los que pierden. También en la historia de las migraciones. La abrumadora mayoría de todos los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han abandonado su lugar de origen para establecerse en otras tierras, voluntaria o forzosamente, no han sido precisamente los potentados, ricos y poderosos. Y sin embargo, conocemos los menores detalles de la vida de un rey, de un presidente o de un parlamento; nos han conservado todos los discursos, buenos y malos, pronunciados en esos mentideros, Las visitas de los poderosos, su buen o mal humor, sus intrigas y hasta su vida doméstica. Todo eso se ha guardado con sumo cuidado para la posteridad. Pero nos cuesta las mayores fatigas del mundo imaginar la vida y al lucha de los esclavos, inmigrantes casi siempre, nos cuesta horrores reconstruir la vida de los que levantaron toda la grandeza de la antigüedad, la vida de una ciudad de la Edad Media, conocer el mecanismo de ese inmenso movimiento de personas y el comercio de cambio que se realizaba entre las ciudades libres y que globalizó el mundo, Muchas veces ni siquiera advertimos la prodigiosa tarea que lleva a cabo diariamente la agrupación espontánea de hombres y mujeres, y que constituye la obra capital de la humanidad.

Pensemos solamente en que si Alba Eddison si no hubiera encontrado unos vidrieros capaces de crear la ampolla adecuada capaza de albergar el fino metal incandescente que originó la luz eléctrica. Vidrio, cuyo desarrollo y técnica por otra parte, llego a occidente proveniente de las culturas orientales. Podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que permitieron revolucionar la industria moderna. Y así, pensemos, se podría relatar cada partícula conocida.

 

  1. BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LAS MIGRACIONES

De la selva a la sabana, de las grandes glaciaciones a los primeros imperios

El Homo sapiens, se dispersó desde su cuna africana hace unos 100.000 años hacia todos los continentes en busca de nuevos territorios que explotar, movido inicialmente, por el crecimiento demográfico del grupo de origen, o por una disminución de los recursos alimentarios. Las distancias que se recorrieron en estos desplazamientos no fueron necesariamente largas. Un desplazamiento medio de trescientos metros al año es suficiente para explicar la existencia de antecesores nuestros por toda las Tierra durante la prehistoria, ocupando desde las selvas tropicales, los desiertos y la Europa de las glaciaciones. Hace 15.000 años ya estaba todo el planeta ocupado por hombres y mujeres iguales a nosotros, siendo el continente americano el último en colonizarse.

Con el neolítico la migración y la sedentarización se dieron paralelas. Con inmensos espacios sin ocupar, los movimientos de población se debieron más a motivaciones agrarias que a una voluntad de conquista. Así sucedió con los celtas (gálatas en griego) en la Europa occidental, venidos del este entre los siglos XII y II a. C. y que poblaron de manera más sedentaria y organizada el suelo europeo.

En el nacimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad se narran migraciones antes de la formación del pueblo al cual se pertenece. Así, la historia de los aztecas se inicia con la emigración de Aztlán hacia Tenochtitlán, ciudad que fundan. La Hélade griega se forma dispersándose por todo el Mediterráneo. La propia fundación de Roma aglutinando a pastores venidos de otros lugares. Y según la mitología, fundada por troyanos que se refugiaron en las 7 colinas huyendo de la guerra con los griegos, como nos cuenta Virgilio. Las invasiones centroeuropeas para fundar los reinos francos, visigodos, ostrogodos, suevo… La expansión del islam desde la península arábiga… y así hasta la última gran potencia como hemos visto en los EEUU. Las cualidades de un pueblo y hasta su marco teológico proceden de la experiencia del evento migratorio. En todas las grandes civilizaciones hay una historia de inmigración en sus orígenes. Unas veces real, otras mítica. Y los movimientos de personas se dan en el mundo antiguo, de forma voluntaria u obligada, a lomos de comerciantes, soldados y esclavos, siendo este por ejemplo el origen de muchas de las ciudades de la Antigüedad.

 

– Migraciones políticas, económicas y religiosas

Pero con la consolidación de los Estados modernos, el poder político comprendió todo el beneficio que podía extraer de la introducción en su territorio de poblaciones extranjeras para lograr diferentes objetivos que sobrepasasen la simple valorización económica de un territorio. El poder, cada vez mejor organizado, comenzó a usar la movilización masiva de poblaciones con motivación política. Los Estados imperialistas siempre han considerado el envío de nacionales fuera del país como uno de los medios para afirmar sus intenciones expansionistas y consolidar sus conquistas, continentales y ultramarinas, desplazando y exterminando incluso a las poblaciones nativas. Tal fue el caso de las potencias europeas embarcadas en las aventuras coloniales: envío de colonos rusos por los zares a Asia central y a Siberia, o de franceses a Canadá a través de la Compañía de Nueva Francia fundada por el cardenal Richelieu, o los ingleses a Australia. Algo parecido paso con la primera emigración de españoles a la América Hispana. En los siglos XVI y XVII la inmigración de españoles a las nuevas tierras estuvo muy regulada por el consejo de Indias, pues el nuevo continente era concebido como un bien que había que preservar, no sólo económicamente sino también moralmente y por ello se impedía el viaje a extranjeros, judíos, moriscos, gitanos, acusados de herejía… A la vez que se empezó la increíble labor evangelizadora de Iberoamérica, en la que no había barco que fuera para allá que no llevara entre su tripulación un puñado de frailes y sacerdotes.

Ese encuentro de cinco siglos, muchas veces doloroso, interesado, caótico, otras veces noble y desinteresado, alumbrará uno de los hechos históricos más novedosos y prácticamente sin paragón a esa escala en la Historia de la humanidad: El mestizaje, siendo Iberoamérica el continente más mestizo, y por otra parte con más población indígena. Los españoles y portugueses no dudaban en casarse con las indias, en las que veían seres humanos iguales a ellos. En el Oeste norteamericano hubo genocidio de indios y por eso en EEUU hoy no hay mestizaje. En Australia los ingleses se llevaban las prostitutas para no mezclarse con la población nativa. El mestizaje, con sus luces y sus sombras, es una de esas primicias de la fraternidad universal que la migración ha propiciado

La búsqueda de mano de obra esclava para las plantaciones de las posesiones coloniales en América fue el fundamento económico de la “trata de negros”. Los comerciantes y los armadores de Lisboa, Burdeos, Nantes y Liverpool llevaron a cabo esta deportación masiva, beneficiándose al máximo de tal infame tráfico entre África, América y Europa. Estas migraciones a la fuerza, desplazaron a más de once millones de personas. La travesía del Atlántico a bordo de estos navíos negreros, en condiciones espantosas, pertenece a la barbarie. Las consecuencias humanas de estas deportaciones fueron inmensas, tanto en África, como en América. Por desgracia hoy sigue vigente este tipo de inmigración de mano de obra esclava.

A lo largo de la historia, conflictos de toda índole han provocado otros tipos de migraciones forzosas: éxodos, expulsiones masivas, exilios. Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos de España, en 1492, los judíos sefardíes se fueron hacia Italia, el Imperio Otomano, Túnez y Marruecos. Las luchas que siguieron al seísmo religioso provocado por la Reforma entrañaron nuevas migraciones forzosas. En Francia, la matanza de San Bartolomé, en 1572, y la revocación del edicto de Nantes, en 1685, provocaron la salida de más de trescientos mil hugonotes hacia Holanda y Alemania; este éxodo continuó hasta Estados Unidos y Sudáfrica. Miles de centroeupoeos, irlandeses y británicos (ya vimos el Mayflower) huyeron de las persecuciones de luteranos y anglicanos. Este tipo de migraciones como consecuencia de guerras llegó a su culmen en el siglo XX. En total, más de cien millones de personas fueron obligadas a abandonar sus países debido a las dos guerras mundiales que afectaron a su historia.

Las ideologías totalitarias deportaron o expulsaron entre 50 y 60 millones de personas. La descolonización y las guerras territoriales provocadas desplazaron a más de 100 millones de personas. Con el final de la dominación inglesa sobre el subcontinente indio, la separación de la India de Pakistán provocó la salida precipitada de diecisiete millones de personas de su región de origen; más tarde, la secesión de Pakistán oriental, germen de Bangladesh, determinó, a su vez, el éxodo de entre seis y ocho millones de personas, de los que una parte se refugió en la India.

 

– España

En el caso de España, si quitamos los ires y venires de pueblos en la antigüedad y los movimientos migratorios repobladores de la meseta central entre los siglos IX y XIV, los últimos 500 años han sido predominantemente de emigración, destacando diferentes etapas. Una primera etapa, larga y muy regulada hacia el nuevo mundo entre los siglos XVI y XVIII

Una segunda gran oleada de inmigración a Iberoamérica en la segunda mitad del siglo XIX y primeros 20 años del siglo XX. Y dos grandes movimientos migratorios en el siglo XX:

-Uno de carácter político, el exilio de cientos de miles de derrotados de la guerra civil

-Otro de carácter económico en la década de los 60 predominantemente a Centroeuropa y al norte de África, muy regulado y generalmente con fecha de vuelta. Por tanto, podemos decir que, en los últimos 500 años, España (al igual que Europa en general) ha sido un país de inmigrantes. Desde hace unas décadas esta tendencia histórica se ha invertido. ¿las consecuencias? Están por ver. De momento lo que destaca el maltrato al inmigrante, pareciendo que hemos perdido nuestra memoria histórica

 

  1. PRIMICIAS DE LAS MIGRACIONES: INTERNACIONALISMO Y FRATERNIDAD

Con el surgimiento del Movimiento Obrero en la Europa decimonónica, va surgir un nuevo tipo de inmigración fruto de la persecución a la militancia obrera más comprometida. Miles de militantes obreros emigraron a Norteamérica (centro y noreuropeos) y a Iberoamérica (fundamentalmente españoles e italianos). Esta emigración de tipo político, aunque fue minoritaria en términos cuantitativos, en términos cualitativos tuvo una gran repercusión en cuanto que estos emigrantes ejercieron una importante influencia en los movimientos sociales americanos. Así, por ejemplo, la constitución del primero de mayo como día internacional del trabajo se la debemos a inmigrantes alemanes y británicos en los EEUU. La relación entre el movimiento obrero español y el iberoamericano fue una realidad histórica de transcendencia. Cada represión de militantes obreros en España suponía en el mejor de los casos la emigración a otros países. A Iberoamérica llegará un número considerable de refugiados, sobre todo libertarios. La emigración de estos militantes obreros no se efectúa de acuerdo a los patrones usuales que se dieran en los movimientos migratorios de la época. Son personas que antes de salir de España habían adquirido un compromiso político con la sociedad y el movimiento obrero y era muy difícil que accedieran a la emigración por vías regulares. Por eso lo hacían con mucha frecuencia a través de la clandestinidad. Estos obreros eran perseguidos y reprimidos por causas de sus ideas y actuaciones asociativas internacionalistas y cuando emigran no viajan solos, llevan consigo sus ideas, cultura, esperanzas, a las que difícilmente van a renunciar y menos aún si pertenecen a la clase obrera. Difundirán su Ideal por toda América

El anarcosindicalismo se va a convertir en la corriente más importante del naciente movimiento obrero iberoamericano. Distintos países iberoamericanos, como Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil. Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela, Colombia… conformar su movimiento obrero por la participación activa de inmigrantes españoles, portadores muchas veces de experiencias laborales que organizan e intentaban reproducir o adecuar a la realidad de esos países. Las Sociedades Mutualistas. de Socorro Mutuo, entidades artesanales y sociedades de oficio, corresponden a la etapa incipiente de organización del proletariado iberoamericano, cuando aún no poseían una definida conciencia de clase. Muchas de ellas surgen bajo la iniciativa de emigrantes europeos, y será el primer paso para que el movimiento obrero comience a organizarse en las llamadas Sociedades de Resistencia.

El movimiento obrero europeo había descubierto el Internacionalismo, que pronto querrán ampliarlo por toda América, Asia, África y Oceanía. De ahí que la ayuda y solidaridad internacional, por encima de fronteras, será una constante. He aquí otra de las primicias, fruto en gran medida de las migraciones, y que una vez más fueron los pobres los que lo pusieron en la mesa de la Historia: El internacionalismo fraterno.

Hoy, uno de los retos que más están haciendo zozobrar a Europa (dejando aparte la situación coyuntural de la pandemia Covid) es el asunto de los inmigrantes y refugiados, aprovechado por aquellos nacionalismo micros y macros, que pretenden una vuelta a una Europa de fronteras… y a la larga de guerra. Es verdad que la inmigración ha supuesto en la historia y supone hoy motivo de grandes desgarros, de inmensos sufrimientos injustos pagados muchísimas veces a precio de la vida. Pero no es menos cierto que las migraciones han supuesto y deben suponer ocasiones privilegiadas para el avance de la FRATERNIDAD UNIVERSAL. La inmigración como primicia de la fraternidad. La modernidad abrió las puertas a un mundo que cada vez camina con mayor velocidad hacia un proceso creciente de globalidad. los viejos anhelos de ciudadanía del mundo y fraternidad universal, sinónimos antaño de soñadores, son técnicamente una realidad cada vez más accesible. ¿Apostamos por ello?

La labor con los inmigrantes en Zaragoza

Fuente: Iglesia en Aragón

«Nuestra labor con los migrantes ha sido   expresar con hechos que no están solos»

La delegación de Pastoral de Migraciones de Zaragoza, a través de la Mesa de la Hospitalidad, ha practicado durante la pandemia la asistencia al forastero gracias a la colaboración inestimable de voluntarios y de los generosos fondos donados por sacerdotes y laicos de la archidiócesis.La delegación Episcopal de Migraciones, gracias al trabajo de la Mesa por la Hospitalidad, ha canalizado durante la pandemia las llamadas de personas migrantes que debido al Covid-19 perdieron sus trabajos y no pudieron hacer frente a sus necesidades básicas. «Frente a la posibilidad de ser desahuciados muchos de ellos, alojados pagando habitaciones, no tenían ningún contrato que garantizara su permanencia y llamaban angustiados», comenta Raquel Martínez, delegada de la Pastoral de Migraciones de Zaragoza.

Pero el trabajo de la Mesa no ha consistido únicamente en atender a estas personas telefónicamente. También los han asesorado sobre los recursos a los que podían acceder, asegurar que sus necesidades básicas estuvieran cubiertas, se han coordinado con Cáritas para el pago de los alquileres y se han realido acogidas temporales en alguna de las posadas de la Mesa de la Hospitalidad.

«Hemos intentado ser Buena Noticia en medio de tan malas noticias para quienes mayor vulnerabilidad tenían, ser portadores de un mensaje tranquilizador, de cierta paz en medio de la tormenta, cuando las condiciones parecían peores o más inseguras para estas familias, nuestro gesto ha sido expresar con hechos que no están solos», asegura la delegada de Pastoral de Migraciones.

Dones recibidos

Durante esta situación, han podido aumentar el número de familias acogidas, gracias a que el arzobispado de Zaragoza y las comunidades parroquiales han puesto a disposición viviendas: un piso en las fuentes, un piso de la parroquia de San Lamberto, en Miralbueno, y otro piso de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario. Además de una vivienda que estando cedida por el Arzobispado a la Fundación Solidaridad sin que tuviera ya personas acogidas, les han cedido ambas instituciones.

La puesta a disposición durante un año de viviendas del Arzobispado de Zaragoza a la Delegación Episcopal de Migraciones ha sido «una gran alegría», afirma Raquel, quien añade que «también lo ha sido poder obtener financiación del Fondo Diocesano para atenuar la crisis social creada por la pandemia, al que muchos sacerdotes de la diócesis realizaron una aportación generosa, así como posteriormente los laicos». Esta ayuda, junto con la colecta específica de Cuaresma que han realizado varias parroquias, la han utilizado, en parte, para la puesta a punto de las viviendas.

Por otro lado, ha sido fundamental la donación de enseres de hogar cedidos por muchas personas generosas. Además, durante el estado de alarma la parroquia de San Miguel y las Canonesas del Santo Sepulcro organizaron más recogida de enseres.

Labor de voluntarios

«Damos gracias a Dios por todas las personas dispuestas a formar parte de los equipos de hospitalidad de cada vivienda. Actualmente la Mesa de la Hospitalidad cuenta con personas dispuestas a acompañar en grupos de 2 o 3 voluntarios a cada una de las familias, y hacer una experiencia colectiva y eclesial de encuentro con familias que necesitan su cercanía y calidez», asiente con alegría Raquel.

Desde octubre de 2019, la delegación de Pastoral de Migraciones ha acogido a doce familias, con un total de veintidós adultos y quince menores, siendo 6 de ellas, familias monoparentales. Con el cierre de fronteras, las circunstancias están cambiando, pero siguen trabajando para dar respuesta a las situaciones que van surgiendo. Raquel asegura que, desde la Mesa de la Hospitalidad «queremos seguir en el camino de transformar este mundo y dedicar también esfuerzos a los desplazados internos, tal y cómo nos indica el papa Francisco en el mensaje para la Jornada del Refugiado que se celebrará el día 27 de septiembre».