III Ciberencuentro – Scholas Occurrentes

Desde el grupo de educadores, que organizamos las charlas sobre educación y en línea con las propuestas educativas del Papa Francisco os invitamos a participar en este encuentro de Cátedras Scholas en el que se dialogará por grupos internacionales sobre las propuestas de la Universidad del Sentido, recogiéndose al final cuestiones y propuestas que concreten este proyecto educativo.

El Papa Francisco nos decía el pasado 5 de junio que  “crisis significa originalmente “ruptura”, “tajo”, “apertura”, “peligro”, pero también “oportunidad” (…) Nunca te adentres solo en la crisis, andá acompañado”. Siguiendo esta enseñanza, los invitamos a participar del III Ciberencuentro Internacional de Profesores e Investigadores que tendrá lugar el martes 23 de junio de 16.00 a 18.30 hora de Roma (11 a 13.30 de Buenos Aires).

No es casual que en un momento donde el mundo se detiene, nuestro querido Pontífice, anuncie formalmente la creación de la Universidad del Sentido como un nuevo espacio de formación para las nuevas generaciones.

Con la misma metodología de los encuentros anteriores vamos a “escuchar, crear y celebrar” a partir de la presentación de la Universidad del Sentido efectuada por el Papa Francisco el pasado 5 de junio.

 

 

Cuatro formas desastrosas de intentar ejercer la autoridad con los hijos.

A los padres en general nos preocupan nuestros hijos. Los queremos. Queremos que sean responsables. Sabemos que tenemos el deber de educarlos para ello. Muchas veces tropezamos en el cómo. Porque en ocasiones, utilizamos algunos métodos que consiguen justo el efecto contrario al pretendido. Vamos a detenernos en cuatro de ellos:

1.- Criticar sistemáticamente: poner el foco en lo negativo del hijo de forma permanente. Subrayar sus fallos. Pasarse la vida señalando errores y cosas a corregir. Dar por descontados los logros y progresos, sin valorarlos ni apreciarlos. Hay quien piensa que hay que ayudar al hijo a darse cuenta de sus errores. Y para eso los señala sistemáticamente.

Lógicamente, el hijo que es criticado sistemáticamente termina por no sentirse aceptado, valorado ni querido. Y reacciona mal. Y el padre que ve que reacciona mal, trata de corregir esa mala reacción, con lo cual agrava el problema.

Forma parte de la tarea de los padres corregir los errores de nuestros hijos. Pero no puede ser lo que ocupe más tiempo de nuestra tarea, porque el hijo se acaba alejando afectivamente.

 

2.- Ridiculizar: consiste en exponer de forma burlona o despectiva los fallos del hijo, independientemente de si se hace con razón o no, o si se hace en público o en privado. Algunos padres intentan, de este modo, “hacer reaccionar” al hijo. Algo así como ponerle las banderillas al toro para estimularlo y que actúe de una forma diferente.

Pero cuando se ridiculiza un hijo se transmite un mensaje de desprecio. Algo así como “no vales la pena”. Y lo habitual es que ese mensaje provoque una reacción negativa en forma de rebeldía o depresión. Rara vez produce una reacción positiva.

Corregir a nuestros hijos debe hacerse sin transmitir un mensaje tan destructivo. Desde la confianza en sus capacidades y sin humillarlo.

3.- Culpabilizar: “si te portas así, papa y mamá van a acabar separándose”, “por tu culpa me va a entrar un cáncer”, son maneras de intentar que el hijo se sienta culpable por posibles consecuencias de sus actos e intentar que cambie de conducta. Existe la errónea creencia de que, si el hijo se siente mal por algo, dejará de hacerlo y por eso algunos padres intentan agudizar el sentimiento de culpa en el hijo.

De esa manera se pone una losa enorme sobre las espaldas del hijo, que le impide crecer con libertad.

Porque una cosa es sentirse mal por algo que he hecho y otra aprender a hacer las cosas de otra manera. Experimentar un sentimiento dura un instante, aprender a comportarme de otra forma es un proceso.

4.- Descalificar globalmente: consiste en calificar la cond ucta de nuestro hijo con un adjetivo que describe por completo a su persona. Por ejemplo, cuando llamo cerdo a mi hijo por tener la habitación desordenada. A veces usamos estas expresiones de una manera inconsciente en medio de una bronca o regañina, sin darnos cuenta que un cerdo lo es desde que nace hasta que muere. Y lo es en cualquier lugar y situación, no cambia.

El problema de esto es que, aunque tenga una parte de verdad, la descalificación global es injusta y ante un mensaje así de injusto el hijo tiene dos opciones: si acepta el mensaje, se desanima. Si lo rechaza se ve obligado a pelear contra quien se lo lanza, con lo que, además de no corregir nada, hemos generado otro problema.

Si lo que queremos precisamente es que nuestro hijo cambie, es preferible señalar la conducta a corregir y aplicar una consecuencia, pero no convertir esa conducta en el elemento que describe toda la persona del hijo.

 

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano.

Sexo, hombres y grupos de guasap

Nunca pasa nada. “En Lugo ¿Nunca pasa nada?” Con esta pregunta arrancaban las amigas de Impunidade Carioca una reflexión sobre la lucha que llevan adelante contra la prostitución y todos los alrededores de corrupción que se mueven en torno a esta forma de esclavitud.

Y es verdad. A simple vista, no pasa nada. No pasa nada que llame la atención porque la prostitución se va normalizando y “lo normal” no destaca. Y esa es una primera lucha que hay que hacer: desvelar que sí pasan cosas, pero que no se ven. Cosas que transcurren ocultas aunque se estén normalizando: violencia, vejaciones, explotación, esclavitud, trata de personas… delitos, al fin y al cabo, que se normalizan.

De la misma manera que muchas de las políticas que hoy se proponen como de eliminación de la prostitución y que solo son de ocultación como, por ejemplo, sacar a las mujeres de las calles y que estén en pisos y que de esta manera aumente la violencia, la esclavitud… y que parezca que disminuye cuando aumenta realmente; de la misma manera el negocio de la explotación de la mujer transcurre por canales ocultos y privados como son los grupos de guasap.

Hoy en día todos estamos en muchos grupos de guasap. En unos porque queremos, en otros porque nos meten, en otros porque no queda más remedio… Todos y todas. Pero si eres hombre es posible que estés en alguno exclusivo de varones. Compañeros del trabajo, del equipo de fútbol de los sábados, de antiguos compañeros del colegio…

Os cuento la realidad de uno: 40 antiguos alumnos de colegio religioso. Varones. 45 años. Formado por profesionales de distintos sectores abogados, periodistas, asesores políticos, ingenieros, empresarios, técnicos, educadores… Casados la mayoría, con hijos, bastantes con hijas de 20 años. El grupo se crea para una comida de aniversario de 25 años después de salir del colegio. Y también como manera de ponernos en contacto profesional. Interesante. ¡Quién no va a querer estar!

El grupo funciona. La comida se celebra. Los contactos suceden, todo es bueno y razonable. Hasta que un buen día viernes llega el primer mensaje… “Feliz viernes. Raisa…” con foto de chica, desnudada, en pose, muy muy joven. En un grupo ocasional se destapa la vorágine como una botella de champan. Ya no hay stop.  “Pibón”, “¿De dónde la has sacado?”… llega un enlace a una web. El 90% participa. Al día siguiente otra foto. El domingo un vídeo. Dos, tres… otra foto. Se ve que hay tiempo para perderlo. El lunes ya es un no parar de fotos, chistes, comentarios a las fotos y los vídeos…

El grupo de hombres tranquilos, familiares, padres ideales… se ha disparatado. Los mensajes se hacen exponenciales. Las notificaciones se disparan, te ves obligado a vaciar la memoria del móvil cada rato. Las imágenes y vídeos se descargan automáticamente en los teléfonos de manera que cada uno va llevando un catalogo pornográfico en el bolsillo. Cada vez es más fácil reenviar y difundir desde este grupo a otros. Lo que llega por “Antiguos alumnos” se manda a “Los de futbito” y de ahí a “cuñados”…. Algunos hasta te vuelven a llegar de vuelta de tanto que se reenvían.

No tarda en llegar otro aniversario. Propuesta de quedada a cenar… y a un club. Ojo: padres de familia, esposos, profesionales de buena reputación. El organizador: “Yo busco el restaurante y fulano que se encargue de las chicas”. Lo normal. Tras tanto porno teórico se necesita pasar a la acción. Estos tienen dinero y pagarán. Pero los que no tengan dinero lo tomarán por la fuerza. Y en grupo se es más fuerte, más manada.

Llegado este momento. Hemos hecho top. Me bajo de esa basura. Yo quiero el grupo. En él algunos de nosotros tenemos negocios en común, somos clientes o proveedores de servicios, somos amigos desde hace 40 años. Pero no para eso. Lo advierto. Y llegan promesas de moderación. Aguanto. En 15 días es peor. Ya no son desnudos y porno, con la violencia que ya entrañan, en sí mismo es sexo violento extremo. Adiós.

Había que irse. Un clic lo hacía posible. Pero irse sin explicarlo solo seria cerrar los ojos, taparse la nariz y dejar que todo siguiera transcurriendo como si no pasase nada. Redacte mi explicación y la mandé.

“Adiós amigos. No puedo entender como este grupo ha derivado a esta basura contra la mujer. Mandáis fotos de muchachas que tienen la edad de nuestras hijas sin pudor ninguno. Son hijas de otros hombres y mujeres, la mayoría victimas de trata traídas de Rumanía, Nigeria, Rusia, Colombia… para ser abusadas, violadas por dinero, esclavizadas… La violencia que practicáis difundiendo eso colabora a que haya más demanda de ese tráfico de personas.
Fotos de chicas que pueden ver vuestros hijos pequeños de 10, 11, 12 años cada vez que les prestáis el móvil para mandar un guasap a la abuela. Que verán como normal disponer y compartir esos vídeos. Que desearan imitaros. Que compartirán en sus institutos esas vejaciones. Que acabarán practicándolo como lo normal.
Os rasgáis las vestiduras por el caso de la manada porque tenéis miedo por vuestras hijas, los que las tenéis. Y los que tenéis hijos decís que estáis tranquilos porque ellos no corren peligro al volver de noche. Pero os equivocáis. En el fondo tenéis miedo porque un día, una noche, una de vuestras hijas puede ser víctima de los cuatro hijos de cuatro amigos de este grupo; porque vuestros hijos demandan lo que os han visto hacer en la soledad de vuestros teléfonos.
Tenéis miedo porque todos sabéis que la presión económica puede llevar a vuestras hijas a ser prostituidas por un grupo de amiguetes de vuestros hijos, que llevan aprendiendo de sexo en vuestros teléfonos desde hace años y ahora quieren practicar el abuso que han aprendido. Quieren ser como vosotros. Sois sus héroes. Como dicen ellos “sois el puto amo”. O incluso podréis encontraros a la hija de un conocido en una de vuestras cenas.
Parad amigos. Parad. Sois profesionales, sabéis que la demanda provoca oferta. Y vuestro consumo de pornografía y prostitución está generando que miles de mujeres sean objeto de trata para enriquecer a unos cuantos esclavizándolas y para vuestra propia degradación como personas. Ya no mirareis a vuestras hijas con los mismos ojos, ni a vuestras esposas o parejas. Dejad de engañarlas.
No deseo seguir en este grupo para esto. Me tenéis a vuestra disposición por privado. Un abrazo”.

Alguno me tachó de exagerado. Muchos callaron. Otros tantos me agradecieron, por privado, mis palabras, con las que estaban de acuerdo pero… seguirían en el grupo. Solo uno salió del grupo, sumándose a mis razones. Y otros dos, siempre hay alguno que no se entera, pensaron que quería seguir recibiendo los mensajes por privado y me los mandaban… Los tuve que bloquear.

Hay que hacer que pase algo. No nos debe ser indiferente pasear por nuestras calles y ver los anuncios en los parabrisas de los coches con las fotos de chicas esclavizadas en clubs. No podemos dejar que pase indiferente la regulación por parte de los políticos de esta forma de esclavitud, que sea parte de la corrupción política, que empresarios, políticos, policías, abogados,… sean conniventes porque hay negocio para todos.

Por eso te reclamo tres cosas sencillas.

  • Si llega el caso, no reenvíes mensajes de ese tipo que humillan a las mujeres y te degradan como hombre.
  • Dos: redacta tu motivación y compártela con otros hombres.
  • Y tres: busca a quien ya lucha asociadamente y préstale colaboración dándole tu apoyo. Ese servicio puedes hacerlo. Haz que pase. La trata de personas empieza en tu teléfono y un pequeño paso comienza a pararla. (1)

Que no veamos el problema no elimina el problema… Que no veamos el drama de la prostitución no acaba con la prostitución, lo oculta para empeorarlo. En pisos y en tu teléfono. Y no es un problema de mujeres. Es un problema de los hombres: mientras no cortemos la demanda, mientras no hagamos posible cortar los canales de reenvío, mientras no vayamos a eliminar las causas de esta esclavitud… nuestras familias, ciudades y sociedad padecerán la indignidad, porque nunca pasa nada. Hasta que pasa.

Julián García


(1) En España ya hay juez, jueza, Pilar de Lara, perseguida por combatir la trata de personas, defender a las víctimas y poner encima de la mesa la corrupción en torno a este negocio. También hay que defender a los que defienden.

El origen de muchos malentendidos.

¡Cuántas discusiones comienzan con un malentendido! ¡Cuántos conflictos y heridas nos ahorraríamos si no se produjese un mal entendimiento de lo que el otro ha hecho o dicho!

La mayoría de las personas tenemos la experiencia de problemas que se han generado porque alguien no ha entendido correctamente a otra persona. Ahora bien ¿por qué suceden los malentendidos?, ¿cómo podríamos disminuirlos?

Las personas tendemos a interpretar la intención y el sentido de los actos que otras personas llevan a cabo. Esta interpretación la hacemos conforme a un código que ha sido conformado por nuestras experiencias, nuestra profesión, nuestra educación, nuestra cultura, nuestro estado emocional, nuestras expectativas, nuestras relaciones personales…

El hecho de que hagamos esta interpretación tiene numerosas ventajas: en primer lugar, las personas nos sentimos seguras cuando creemos conocer los móviles y sentimientos de las otras personas hacia nosotros, y necesitamos esa cierta sensación de seguridad. Además, tener un código para interpretar las conductas de los demás nos proporciona explicaciones inmediatas, que no requieren de mucha reflexión y que nos permiten reaccionar con rapidez, en muchas ocasiones de forma acertada.

Imagine el lector esta situación: una mujer llega de trabajar y el marido ha pasado la tarde con los hijos en casa. Ella le pregunta cómo ha ido la tarde y él simplemente resopla. Ella interpreta ese resoplido cómo cansancio, como una petición de ayuda y le dice “¿quieres que me encargue yo de los baños y la cena?”. No ha hecho falta mucha información, para que ella se dé cuenta de que ha sido un mal día. Ella no necesita reflexionar mucho para decidir qué hacer. Se ofrece. Eso ahorra tiempo y energía.

Esta forma de funcionar tiene el inconveniente de que, si no acertamos en la correcta interpretación de la conducta del otro, nuestra reacción puede responder a una clave equivocada. Y entonces se produce una especie de cortocircuito comunicativo. Esto se acentúa si somos personas muy rígidas que estamos muy seguros de nosotros mismos y dudamos poco de nuestras interpretaciones, con lo que consideramos nuestras conclusiones como hechos. Hay que tener en cuenta, además, que en las relaciones más estrechas somos más inflexibles en el uso del código, nos fiamos más de nuestras conclusiones.

Volvamos al ejemplo de antes. Si la mujer interpreta el resoplido del marido como un reproche por llegar tan tarde, en vez de como una petición de ayuda, es posible que reaccione poniéndose a la defensiva: “no sé porque resoplas tanto, yo también estoy cansada”. Fácilmente se iniciaría una discusión, que, alimentada por el cansancio de los dos, enseguida cobraría virulencia.

Para tratar de evitar este tipo de situaciones podemos hacer varias cosas:

– en primer lugar, tener una actitud más humilde, menos segura de la exactitud de las conclusiones que hemos obtenido. Eso no quiere decir que nos pasemos el día dudando de nosotros mismos (sería agotador), pero sí que al menos admitamos la posibilidad de no tener razón.

– también podemos tomar distancia del hecho en si. Para eso es bueno pararse un momento, no dejarse llevar por la primera respuesta y pensar un poco. A ello ayuda imaginar que, en vez de haberlo padecido nosotros, nos lo estuviera contando un amigo ¿qué conclusión sacaríamos de lo que nos cuenta? Seguro que es más realista.

– otra forma consiste en tratar de confirmar nuestra conclusión preguntando al otro directamente. En una relación en la que hay intimidad no debería haber miedo a hacerlo.

– y, por último, revisar nuestro código de interpretación. Tal vez estemos realizando interpretaciones conforme a situaciones vividas en otras relaciones y las estamos aplicando a una relación actual, aunque sea diferente.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

Ayudar a nuestros hijos a reflexionar no es hablar mucho

Nuevo curso escolar, nuevas tareas académicas. Tareas de nuestros hijos, en las que a veces tenemos que colaborar los padres de una u otra forma. Colaborar con las tareas académicas de nuestros hijos no quiere decir que seamos nosotros los responsables de ellas. A veces el miedo al fracaso de nuestros hijos nos hace asumir como propias, tareas que les corresponden a ellos.

Ese miedo nos lleva a asumir el control del tiempo de estudio, de la corrección de los ejercicios, hace que les preguntemos la lección… Y eso que hacemos con los estudios, lo aplicamos también a pequeñas tareas cotidianas: volver al colegio a llevarle el almuerzo porque se le ha olvidado, preparar la mochila para que no se le olvide nada…

A medida que crecen y entran en la adolescencia empezamos a decirle cómo tiene que comportarse con sus compañeros para ser aceptado, o cómo tiene que pensar ante una noticia del telediario.

Y los abrumamos con sermones, reflexiones, explicaciones… Y  convertimos en una rutina el dar a nuestros hijos las respuestas a preguntas que no se han hecho. Y esas respuestas (aunque sean las mejores del mundo) caen en un terreno infértil, no producen su fruto.

¿Qué es un terreno fértil? Aquel del que brota una pregunta. Hay una etapa del desarrollo de los niños en que es frecuente que hagan preguntas para comprender el por qué de las cosas. Que los niños y adolescentes se hagan preguntas es fundamental para afrontar la vida. Tres capacidades preparan a ello.

La primera es la capacidad de sorprenderse.  La sorpresa orienta los sentidos a aquel estímulo que nos sorprende. La sorpresa es una emoción que no necesita estimularse sino que brota espontáneamente en los niños. Pero los adultos podemos anularla abrumando a los niños con ofertas, juguetes, regalos, opciones… Para mantener la capacidad de sorpresa de nuestros hijos conviene tener un cierto ambiente de orden, porque donde hay desorden no hay sorpresa. Requiere también una austeridad, porque la abundancia de cosas dificulta la capacidad de que algo sea imprevisto. Y requiere también  un ambiente familiar donde no haya mucho ruido (sermones, TV, gritos, maquinitas) porque donde hay ruido es más difícil sorprenderse.

El segundo elemento que colabora a preparar un terreno fértil es la atención. La atención sirve para evitar la dispersión, permite observar los detalles de las cosas y su importancia, nos ayuda a ser capaces de contemplar los propios errores.

¿Cómo acrecentar la atención de nuestros hijos? Permíteme, lector, hacerte una pregunta: piensa en algo que te llame la atención, así en general. Una vez que lo hayas hecho hazte la pregunta ¿porqué esto me llama la atención? Surgirán muchas respuestas, pero todas tienen un denominador común: un deseo. Un deseo de conocer más, de acercarse, de entender, de experimentar más de aquello que llama la atención. Sin ese deseo no hay atención.

Las condiciones externas son condiciones necesarias, pero no suficientes. Si no hay deseo, puede existir el ambiente más favorable del mundo, pero no habrá atención. La voluntad suple en ocasiones la falta de deseo, pero con resultados bastante menos brillantes. Educar el deseo pasa por aprender a tolerar la frustración, aprender a esperar, no dejarse llevar por el capricho y asumir las consecuencias de las propias decisiones, pero también por ser capaz de apreciar lo bueno, lo bello, lo verdadero de las cosas.

El tercer y último elemento es  la reflexión, que permite que ese terreno se abra dispuesto a recibir la semilla de una respuesta. Ante una realidad ante la que uno se sorprende y a la que presta atención, llega el momento de preguntarse ¿por qué pasa esto? ¿Cómo funciona? ¿Por qué ha respondido así? ¿Qué hubiera hecho yo en ese caso?

Que los chicos nos vean preguntarnos a nosotros mismos. Que les hagamos las preguntas a ellos. Que no les demos las respuestas sin que se hagan las preguntas y escuchemos sus respuestas.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano

El «Ministerio de la Soledad» es la familia.

Hace algunos meses un llamativo titular aparecía en los medios de comunicación “El Reino Unido crea un Ministerio para la Soledad”. La noticia explicaba la creación, por parte del gobierno británico, de un departamento del Ministerio para la Sociedad Civil para luchar contra el aislamiento de nueve millones de británicos. Se ilustraba dicha noticia con algunos datos de la realidad británica: los médicos atienden entre 1 y 5 pacientes al día por soledad, la mayoría de los mayores de 75 años viven solos, 200.000 personas pasan hasta un mes sin hablar con un amigo o familiar… Y se explicaban algunas consecuencias de la soledad: las personas solas tienen mayor probabilidad de sufrir demencia, mortalidad temprana o hipertensión arterial. Los médicos dicen que estar solo es peor para la salud que fumar quince cigarrillos al día.

La soledad es un problema personal, de muchas personas que no logran establecer relaciones personales auténticas en nuestra sociedad. Pero es también un problema social y ahora se empieza a plantear como un problema político.

En realidad, ese “ministerio de la soledad” existe hace mucho tiempo, y es la familia. La familia es el lugar donde los lazos afectivos duraderos pueden establecerse de una forma primera. El lugar propio del cuidado de los miembros débiles o vulnerables. El lugar del acompañamiento y apoyo mutuo. El lugar de la gratuidad.

Es evidente que ha habido causas culturales que han debilitado los vínculos familiares, pero también ha habido causas sociales y políticas que han provocado un debilitamiento de la vida familiar.

En la misma Gran Bretaña, donde ahora se plantea ese “ministerio de la soledad”, entre los años 1979 y 1991 una serie de reformas laborales desde el gobierno debilitaron el papel de los sindicatos. Con el objetivo de disminuir el desempleo, promovían una alta movilidad, el aumento de los empleos a tiempo parcial y de los contratos temporales. La carrera profesional dentro de la empresa dejó de ser una opción para muchos trabajadores, que se convirtieron en autónomos. Las ayudas sociales fueron limitadas, para forzar a los trabajadores a aceptar empleos con salarios bajos. Los salarios bajaron.

La fragilidad de la familia británica creció en este periodo. La proporción de mujeres casadas entre los dieciocho y los cuarenta y nueve años bajó del 74% al 61% en esos años. Las familias monoparentales aumentaron del 12% al 21%. En 1991 la mitad de los matrimonios terminaban en divorcio en Reino Unido, la tasa más alta de la Unión Europea. En las ciudades donde más éxito tuvo la política para disminuir el desempleo, las tasas de divorcios fueron más altas.

Muchos son los factores que influyen sobre la familia, como realidad viva que es. Uno de esos factores, que influye de una forma decisiva, es la realidad laboral que padecen sus miembros. Los salarios bajos, la imposibilidad de promoción laboral, las prácticas empresariales que obligan a los trabajadores a mentir a los clientes, la presión laboral que aumenta la ansiedad, las jornadas laborales agotadoras, la disponibilidad total para la empresa, que define el horario laboral de un día para otro, la apertura de comercios los domingos… son realidades que obstaculizan la vida familiar.

 

Contrarrestar la soledad, requiere, además de atender a los que la padecen, una legislación laboral que permita desarrollar las tareas familiares. Especialmente, un salario digno, que permita sostener a la familia como pedía Juan Pablo II en Laborem Exercens: “Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

 

Encuentro y Solidaridad ha sido candidato al III Premio por la Paz del C.P. «Carmen Ruiz-Tilve» de Oviedo.

Encuentro y Solidaridad quiere agradecer al colegio «Carmen Ruiz-Tilve» la iniciativa de crear unos premios por la paz. La directora del colegio, Maite, plantea que lo hacen de forma modesta, pero es que la Paz no puede ser de otra manera, si fuera con grandilocuencias se convertiría en espectáculo y no en respeto a quienes de una u otra manera viven y testimonian la Paz.

El atrevimiento de presentar a Encuentro y Solidaridad fue de la Asociación Alfalar, con quienes venimos colaborando desde hace tiempo y a quienes manifestamos qué grande nos venía esta candidatura. A pesar de eso insistieron y gracias a ello hemos podido estar ahí. Muchas gracias por su tesón.

Lo más bonito de estos premios es que todos los candidatos ganan, porque los niños del colegio investigan, analizan, reflexionan… sobre todas las candidaturas.

La nuestra ha sido estudiada por los chicos de 5º E.P. Después de su trabajo han hecho este mural en el que exponen su visión sobre Encuentro y Solidaridad. ¡Es fantástico!

Los ganadores han sido Vicente García Riestra (último superviviente del campo de concentración de Buchenwald) y el Banco de Alimentos de Asturias. Enhorabuena.

Nosotros nos sentimos igualmente ganadores.