«Se están alquilando sofás en A Coruña para dormir»

Ana Carro
Fuente: La Opinión


Pablo Sánchez, trabajador social de la Cocina Económica de A Coruña, se encuentra cada día con una realidad en la que hay colas para pedir comida y en la que mucha gente no tiene donde dormir. Asegura que los precios para alquilar un piso en la ciudad «son abusivos» y, en muchos casos, estos espacios «no reúnen las condiciones mínimas de higiene». Sánchez lamenta que las personas en situación de pobreza o de exclusión social «tengan que destinar más de la mitad de las ayudas al alquiler».

Como trabajador social, ¿ha sido consciente del incremento del precio de la vivienda en la ciudad?
Sí. Es una realidad. En los últimos años ha habido un incremento notable del precio de los alquileres, tanto de viviendas como de habitaciones.

¿A qué cree que se debe?
Está muy asociado al incremento de la población que experimenta la ciudad año tras año. No es una gran subida, pero sí una tendencia. A Coruña tiene un problema de vivienda evidente porque el parque de viviendas no aumenta en la misma proporción que la población, que lo hace de una manera mayor.

¿Las personas en riesgo de exclusión son las más perjudicadas por esta situación?
Sí. Los colectivos en riesgo de exclusión social o en situación de pobreza tienen pocas posibilidades económicas. Las prestaciones sociales públicas rondan los 400 euros. La Risga, por ejemplo, es de 403 euros y el subsidio de desempleo de 430 euros. Con esa media de ingresos, lo que queda es acceder a un piso compartido o a viviendas en régimen de alquiler en muy mal estado.

¿Los precios son abusivos?
Por supuesto. Conozco decenas de casos de personas que están pagando 300 o 400 por viviendas que no reúnen las condiciones mínimas de higiene y habitabilidad. Ocurre lo mismo con las habitaciones. Se alquilan por 200 euros y la cama tiene un colchón en el que es prácticamente imposible dormir. Es la ley de la oferta y la demanda.

¿Qué provoca esta situación en el sector inmobiliario?
Que haya un submercado de alquiler. Sin contratos y sin condiciones. Todo es de palabra. O lo tomas o lo dejas. Pensando en esos perfiles de personas más excluidas que no pueden acceder a la vivienda normalizada por cuestiones económicas, lo que les queda es aceptar un mercado marginal. Que implica más marginalidad y refuerza sus problemáticas. Más de la mitad de la ayuda económica que reciben la tienen que destinar al alquiler.

¿Es una tendencia en toda España?
Claro. Madrid y Barcelona son referencias siempre. Hay que estar muy atentos a lo que pasa a todos los niveles en estas dos ciudades porque eso se reproduce siempre en el resto de España. Hace diez años nos sorprendíamos al escuchar que se alquilaban bañeras para dormir en Madrid. Pues ya se están empezando a alquilar sofás en A Coruña para dormir.

El problema de la vivienda y la Iglesia

Se ha levantado algo de polvareda por algo que, desgraciadamente, no será realidad. El vicepresidente Iglesias parece que ha metido en una ley, con motivo de urgencia por la pandemia del Covid-19, la posibilidad de expropiar viviendas. Ha saltado el sacrosanto derecho de la propiedad de los ya propietarios para aplastar, como ya vio León XIII en 1891, el mismo derecho (de propiedad) de los no propietarios. Los ya propietarios argumentan (contra los que también quieren ejercer el derecho de propiedad), falseando la realidad y dicen que les molesta porque algunos propietarios de viviendas en alquiler necesitan esos ingresos. ¿Cuántos? ¿Serán más del 20% que calcula las plataformas antideshaucios?

El Gobierno en esta propuesta -que no llevará a buen puerto, ya lo ha dicho Ábalos– tiene razón. Creo que no lo hará porque no es verdaderamente socialista. Lo meterá en el BOE, hará propaganda, pero no lo hará. La Doctrina de la Iglesia desde luego está -en esto- con ellos. ¿Cómo se va a decretar confinamiento por razones sanitarias y permitir que se viva en la calle, en una chabola o en un coche? Ya ha pasado en medio de la pandemia que se va la luz en un poblado chabolista y la gente se junta en una humildísima casa con chimenea en la que, probablemente, han contagiado a los ancianos moradores.

Miles de familias, miles de personas carecen de vivienda propia. Creo que hay dos bloques de situaciones muy diferentes Por una parte están los “sin techo”, personas que carecen de un lugar donde guarecerse y con las típicas características de la mendicidad; a veces personas bastante deterioradas en sus formas de vida y relaciones. Por otra parte están las familias que no viven ese grado de exclusión. Están perfectamente incluidas pero están explotadas: cajeras, reponedores, parados, hasta autónomos, etcétera, que están con el agua al cuello; no es que no lleguen a fin de mes sino que, además, no saben cómo pagarán los recibos que llegan a primeros de mes.

El primer grupo (“sin techo”) está en las cloacas de la sociedad. Normalmente, han sido trabajadores pero la dureza de la vida o alguna circunstancia familiar les ha ido orillando y hoy son “descartados”, podrían desaparecer y no se resentiría el aparato social. De hecho pasa, como cuando un mendigo se murió en el banco frente a un centro de salud en nuestra ciudad. El segundo bloque es distinto: es el motor de la economía. Sé que pocos creen esto aunque es de sentido común. El motor es el trabajo. La fuente de toda riqueza.

La situación límite en que viven los “excluidos” es un asunto, desde el punto de vista económico, fácilmente solventable con muchísimo menos del 0,7% del PIB; muchísimo menos. Lo que pasa es que no se quiere hacer porque no hay voluntad política.

Otra cosa es el problema de la vivienda de la mayoría. Los 5 millones de viviendas pequeñas. Los que viven ahogados por la hipoteca, etcétera. El problema de estos no se soluciona porque es un negocio. Hoy hay en España más viviendas vacías que familias sin vivienda, pero… no se puede hacer nada. Porque el negocio del alquiler es intocable. Hay “gentes” en España con diez, veinte o treinta pisos alquilados que les proporcionan miles de euros al mes…, sin dar más golpe que el que dan sobre sus inquilinos. Hoy hay en España más suelo baldío que suelo urbanizable, pero… no se puede hacer nada. Porque aunque somos muy “liberales”… el suelo es otra cosa. Nada influye tanto en el precio de la vivienda como el precio del suelo. Precio altísimo por la escasez de un bien (el suelo) que es artificialmente escaso por la imposición de los mecanismos urbanísticos.

Así las cosas se le puede exigir a los gobernantes una política de vivienda que acabe con estas situaciones. Y sería -sin duda- razonable y moral expropiar viviendas vacías a cualquier propietario privado o colectivo que no las necesitara. Da lo mismo sea Iglesia, sindicato, fondo buitre, el propio Estado, grandes propietarios o lo que sea. El derecho a la vida está por encima del derecho de acumulación de propiedad en pocas manos.

¿Por qué el PSOE de hoy no hace promoción de vivienda como hacia el viejo PSOE de los años 20 o 30 del siglo pasado?

Otra cuestión importante sería preguntarse por qué el PSOE de hoy no hace promoción de vivienda como hacia el viejo PSOE de los años 20 o 30 del siglo pasado. El único obrero que ha sido presidente del Gobierno en toda la historia de España vivió en una vivienda promovida por una cooperativa socialista. Más valiente aún fue Giorgio La Pira, alcalde de Florencia hace más de cincuenta años, hoy en proceso de beatificación, que sí expropió con inteligencia viviendas vacías.

Tenemos sobrada experiencia de lo que ha sido la política de vivienda durante la Transición. No es motivo de orgullo nacional. El precio de la vivienda cada vez se lleva más porcentaje del salario de los trabajadores. La vivienda es objeto de especulación. El Gobierno de España decidió sin oposición que comprar una vivienda en España de medio millón de euros te dé prácticamente casi el derecho de nacionalidad. Eso sí se ha hecho pero los gobiernos Suárez, González, Aznar, Zapatero o Rajoy se parecieron mucho en no resolver el problema de la vivienda. Lo que seguramente hará este Gobierno, a la vista de la experiencia, es pagar del fondo común procedente de los impuestos buenos alquileres a los propietarios. Dará limosnas a los inquilinos para que los grandes propietarios sigan contentos.

Si el Gobierno, de hoy o de mañana, se decidiera a expropiar en favor de los oprimidos no será la Iglesia quien se opongan aunque le afecte. Serán los partidos que sustentan al Gobierno. Serán los intereses de los grandes propietarios. Será la banca. Serán los medios de comunicación quienes se opongan. Pablo Iglesias hará lo que nos echan en cara a los curas: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”. No le vayan a quitar la piscina.

Eugenio Rodríguez

Fuente: Espiral21