Venezuela ¿de un gobierno prorruso a uno prousa?

Es difícil no alegrarse con la caída de un dictador, salvo que lo que venga después sea peor. No sabemos lo que vendrá después del ataque de Estados Unidos a Venezuela. Eso hace muy difícil valorar la caída de Maduro. A estas horas, parece que Estados Unidos es partidario de mantener provisionalmente el régimen chavista, cambiando su dinámica prorrusa y prochina por una dinámica prousa. Las afirmaciones que apuntan a la colaboración de alguien del propio régimen a la hora de proporcionar información de inteligencia a los Estados Unidos abundan en esta posibilidad.

La opinión pública tiende a personalizar las dinámicas del poder y así, piensa que caído Maduro, cae el régimen. De ahí las manifestaciones de alegría de muchos exiliados venezolanos, perfectamente comprensibles. Pero no hay nada en el horizonte que apunte a que Venezuela vaya a entrar en una dinámica democrática en la que se devuelva la capacidad de decidir al pueblo venezolano y que propicie una reconstrucción de las instituciones destrozadas por años de chavismo. Venezuela necesita una reconstrucción de las instituciones democráticas mucho antes que la reconstrucción de la industria petrolera de la que ha hablado Trump.

Más bien parece que al gobierno de los Estados Unidos le interesa mantener el régimen chavista con la intención de no tener aliados prorrusos en lo que entiende que es su patio trasero, de poder intervenir en uno de los mayores productores de petróleo del mundo y mostrar su capacidad militar al mundo entero.

Que había tiranía en Venezuela, es un hecho. Que al gobierno de Trump solo le preocupa la tiranía en otras naciones cuando no van a su favor, otro. Mucho nos tememos que el pueblo venezolano, después de contemplar con alegría la caída de Maduro, caiga en la desesperanza de ver que el régimen se mantiene con una orientación pronorteamericana.

El derecho internacional, muy deficiente democráticamente hablando, es de nuevo pisoteado por el más fuerte. Si Maduro es un dictador que robó al pueblo unas elecciones su destino no debiera ser un juzgado de Nueva York sino el Tribunal Penal Internacional. La demostración de poder de la superpotencia militar y su desprecio del Derecho Internacional no puede ser aceptada. Maduro no era un presidente legítimo pero tampoco lo será quien sea colocado por el emperador de Washington.

Venezuela es víctima de su petróleo. Las grandes potencias que lo quieren controlar desprecian al pueblo venezolano y a la democracia. Maduro era un títere de Putin y de Xi Jinping y quien le suceda a va ser títere de Trump. Menudo negocio.

Instituciones democráticas y protagonismo del pueblo son dos elementos imprescindibles para una salida justa de la situación que atraviesa Venezuela.

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