“A principios monstruosos corresponden, ¡naturalmente!, consecuencias monstruosas. Los bienes que estaban destinados a liberar al hombre sirven para someterlo a servidumbre; los bienes que debían repartirse “a la medida humana” entre todos los hombres, se concentran en proporciones monstruosas e inhumanas en manos de unos pocos, dejando a la inmensa muchedumbre en la desesperanza de poder jamás alcanzar su plenitud humana mediante la posesión de un mínimo de bienes indispensables para poder practicar la virtud.
De la misma manera que cuando en la persona humana se considera sólo la parte material o sólo la parte espiritual desaparece la persona, que es precisamente el complejo ALMA-CUERPO, y se cae en todas las aberraciones del materialismo o de un espiritualismo desencarnado; lo mismo ocurre cuando se separan las dos notas que definen el derecho de propiedad: que desaparece el derecho de propiedad y la misma propiedad”.
Guillermo Rovirosa (1949): Manifiesto comunitarista Capítulo III Propiedad

