Una nueva planta crece en la Iglesia

Una nueva planta ha brotado en la Iglesia. Es pequeña, como toda planta que germina y empieza a crecer. Se llama Encuentro y Solidaridad.

Esta asociación fue aprobada por la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española el pasado 16 de abril y ahora se presenta en nuestra diócesis. ¿De dónde surge esta nueva planta? La semilla viene de lejos: de un pobre pesebre en Belén, del taller de un carpintero en Nazaret, de unos caminos en Galilea, una cruz en Jerusalén y un encuentro en Emaús.

Y ha atravesado regiones y épocas hasta caer en esta tierra que somos las personas que constituimos Encuentro y Solidaridad. Un terreno conformado por buena tierra y por estiércol. La buena tierra son los dones que el Señor ha puesto en nosotros. El estiércol es el pecado de cada uno de nosotros.

Esa semilla ha germinado y sus raíces se asientan en la espiritualidad de encarnación. Una corriente de espiritualidad cuyo representante más conocido en la Iglesia universal es Carlos de Foucauld y que en España asumen Guillermo Rovirosa y Julián Gómez del Castillo.

Una corriente desde la que vivir la contemplación de Dios en la vida cotidiana, en medio de los ajetreos del mundo, de las tareas políticas, sociales, económicas y culturales. Y desde la que hacer que esas luchas sociales, la transformación de este mundo injusto y la caridad política, nos lleven a una vida de conversión y de contemplación de Dios, que es Solidaridad. Desde esta espiritualidad queremos vivir nuestra conversión personal y comunitaria.

Queremos responder a la llamada del Papa Francisco en la Audiencia General del 5 de junio de 2013: “Así que desearía que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro”

Nos podéis encontrar en la Casa de Encuentro y Solidaridad en la calle Industrias 16, bajo y en valladolid @ encuentroysolidaridad.net

¿Cómo crecerá esta plantita? ¿Qué frutos ofrecerá a la Iglesia y a la sociedad? Aún es pronto para responder. Por eso os pedimos vuestra oración, para que se haga la voluntad de Dios sobre nosotros. Aunque la planta aún es pequeña, queremos presentarnos ante la Iglesia en Valladolid y ante toda la sociedad vallisoletana. Lo vamos a hacer con una obra de teatro que nos hará pensar, nos divertirá, nos emocionará… Se trata de “Cartografía de la desobediencia”, de la Compañía Teatro del Abrazo, dirigida por Moisés Mato. “Cartografía de la desobediencia” se compone de múltiples escenas en las que se combina poesía, performance y teatro.

Teatro del Abrazo, explora los lenguajes teatrales y crea un producto inclasificable, directo y audaz. Un monólogo trepidante en el que aparecen numerosos personajes, reales y ficticios, con escenas de tinte surrealista y con toques de fina ironía. Aunque la obra es apta para todos los públicos, es preferible que el público que acuda sea mayor de 14 años, ya que es a partir de esa edad cuando se puede enganchar mejor con el desarrollo de la obra. Para los más pequeños habrá servicio de guardería durante el teatro.
Será el sábado 12 de enero a las 19 horas en el salón de actos del colegio Nuestra Señora de Lourdes, entrando por la puerta del patio trasero, en la esquina de la calle Curtidores con la calle Recoletas. ¡Os esperamos!

Publicado en Iglesia en Valladolid – Enero 2019

El candidato al Premio Nobel de la Paz Mussie Zerai participa en los encuentros solidarios de Casa Emaús

El sacerdote católico Mussie Zerai, el ‘cura de los refugiados’, ha visitado España para impartir dos conferencias en los encuentros solidarios organizados por la asociación de fieles Encuentros y Solidaridad. Es candidato al Premio Nobel de la Paz por su reconocida labor social y espiritual que ejerce con los inmigrantes africanos que llegan a las costas europeas.

Religión Confidencial, 7 de agosto de 2018

Zerai (Eritrea, 1975) ha sido uno de los invitados al curso “La cultura del encuentro”, que pone punto final a las jornadas solidarias, celebradas en la Casa Emaús de Torremocha del Jarama (Madrid). El presbítero ha participado este lunes en una mesa redonda junto al profesor universitario Pedro José Gómez Serrano; y relató su experiencia personal en el trato con inmigrantes durante la sesión nocturna, el broche de oro del programa.

Inmigrante antes de sacerdote

El propio Zerai fue inmigrante en su juventud: nació en pleno proceso de independencia del país, con la población eritrea en guerra contra el régimen marxista de Etiopía. Con cinco años, perdió a su madre, que falleció durante un parto. Poco después, su padre, ingeniero de profesión, fue arrestado por la policía secreta. Al cabo de los meses, pudo escapar y huyó a Italia.

Con catorce años, Zerai, que se había criado con su abuela y otros siete primos, se sintió inclinado a la vida religiosa, que había conocido por los frailes de Asmana, la capital eritrea. Tras obtener permiso de su abuela, del obispo y de su padre, inició los trámites para salir del país, lo que le llevó dos años. A los dieciséis años de edad, marchó a Roma.

Su padre le esperaba allí, pero su vida personal había cambiado sobremanera y tras unos meses Zerai prefirió acogerse a la tutela de un sacerdote británico que prestaba ayuda a inmigrantes menores de edad, como él. Gracias a la influencia del presbítero, el joven Zerai obtuvo el permiso de residencia en Italia.

Los scalibrinianos

Empezó a trabajar en puestos de fruta de la plaza de Víctor Manuel y a colaborar con sacerdotes como el que le había atendido a su llegada. Aprendió a moverse en ambientes burocráticos y se ofreció a regularizar la situación de inmigrantes africanos recién llegados a Italia.

En 1999, ingresó en la orden de los scalabrinianos, la Congregación de Misioneros de San Carlos Borromeo, fundada en 1887 por el beato Juan Bautista Scalabrini para prestar asistencia material y espiritual a los inmigrantes. Zerai marchó a Piacenza para realizar sus estudios teológicos y regresó a Roma en 2003.

Recriminaciones

Comenzó a organizar manifestaciones contra la política migratoria italiana y los numerosos casos de maltrato a inmigrantes. Viajó a Eritrea para enterrar a su abuela y allí se hizo con decenas de números de teléfono de compatriotas que querían marchar a Europa para prestarles ayuda.

A la vez, sus vecinos fueron difundiendo su contacto entre sudaneses, libios y egipcios que también deseaban emigrar, hasta el punto de que, a día de hoy, Zerai es uno de los personajes más conocidos del cuerno de África y de la costa mediterránea. En esa época fue recriminado por su obispo por su excesiva actividad: “no eres el sabio del mundo, ése es Dios”, le dijo.

Desde el inicio de la guerra civil en Libia en 2011, Zerai ha venido alertando de las mafias dedicadas al tráfico de inmigrantes en el Mediterráneo y ha defendido su tesis doctoral, que relaciona los derechos humanos con la doctrina social de la Iglesia.

En la actualidad, Zerai es párroco en una iglesia de Friburgo (Suiza) que atiende a la población eritrea en el país alpino. Todavía recibe llamadas de teléfono de africanos embarcados en lanchas con rumbo a Lampedusa: en medio de la travesía, cuando las mafias les abandonan en alta mar, el sacerdote recibe peticiones de auxilio en su móvil.

Es entonces cuando Zerai alerta a las autoridades migratorias italianas, a quienes conoce bien, para que acudan a socorrer a los inmigrantes. El ‘cura de los refugiados’ se pone en marcha para ayudar a los recién llegados a regularizar su situación legal, encontrar cobijo y un trabajoque les permita sustentarse.

El programa

El resto de actividades que han formado parte del programa de Encuentros y Solidaridad han sido campamentos para jóvenes, cursos para padres y ejercicios espirituales predicados por el Obispo emérito de Barbastro-Monzón, Monseñor Alfonso Milián.

Finalmente, se han celebrado los cursos sobre solidaridad, en los que han participado, entre otros, José Fernández-Albertos, investigador del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC; Pilar de Lara, juez titular del Juzgado de Instrucción nº1 de Lugo; y José Esquinas, ingeniero agrónomo y ex secretario de la comisión de la FAO sobre recursos genéticos.

Puñeta a la juez de Lugo Pilar de Lara, por participar en un curso sobre solidaridad con los inmigrantes

Confidencial judicial, 7 de agosto de 2018

La juez titular del juzgado de instrucción número 1 de Lugo, Pilar de Lara, imparte este martes una conferencia dentro del curso Encuentros Solidarios organizados por esta asociación de fieles en Torremocha del Jarama (Madrid). Bajo el título «Las profesiones al servicio de la cultura del encuentro. Una Justicia al servicio de los débiles», la magistrada ha explicado la relación del Derecho y en concreto de la Judicatura con los derechos humanos, relación más estrecha estos días, si cabe, por la creciente llegada de inmigrantes africanos a las costas del Mediterráneo europeo en busca de un futuro más prometedor que el que les ofrece su tierra natal. Puñeta a la juez Pilar de Lara, por poner la Magistratura al servicio de la persona, vocación de toda profesión liberal.

Encuentro y Solidaridad, un nuevo movimiento para aterrizar la cultura del encuentro

  • Esta asociación nace como respuesta a la llamada del Papa a una Iglesia en salida
  • El objetivo es formar a laicos para que den testimonio de solidaridad en su vida cotidiana

Vida Nueva, 7 de agosto de 2018

Encuentro y Solidaridad es una sociedad de laicos y sacerdotes que prácticamente acaba de nacer, ya que su primera asamblea nacional tendrá lugar esta misma semana. Vida Nueva ha hablado con Rodrigo Lastra, de la asociación, quien ha explicado de dónde surge la idea y los objetivos de la misma. “Nace como respuesta a la llamada del papa Francisco de ir a las periferias a crear la cultura del encuentro, de una Iglesia en salida“. Sin embargo, no aparecen sin más, Rodrigo explica que muchos de sus miembros vienen de otros sectores como el apostolado obrero o el Movimiento Cultural Cristiano.

Desde esas raíces compartidas, varios quisieron tomar otro camino en respuesta al Papa, y finalmente la Conferencia Episcopal aprobó sus estatutos el pasado 16 de abril. “El objetivo fundamental es la formación de un laicado adulto que se implique en la construcción de un mundo que ahora es de descarte, de desencuentro, pero que también está lleno de solidaridad”. Así, Encuentro y Solidaridad busca formar laicos “que se comprometan en lo específicamente laical, que es su profesión” y ya cuenta con una enorme variedad, con trabajadores de campos como los sindicatos, la política o la cultura.

Estos días han organizado una serie de encuentros en casa Emaús, en Toremocha del Jarama, en los que se ha tratado la solidaridad hoy en día, vista desde estas distintas profesiones. Así, entre los ponentes hay médicos, jueces, economistas… Pero también están presentes las periferias, en este cao de mano del sacerdote eritreo Mussei Zerai, candidato al Nobel de la Paz, quien se deja la piel por salvar a los inmigrantes que buscan cruzar el estrecho, desde su exilio en Roma, ya que su propio país le ha prohibido la entrada por lo incómodo que le resulta que alguien denuncie los problemas reales de las personas.

Oración y acción

Estos encuentros cuentan con ejercicios espirituales en la primera jornada, algo que Rodrigo explica consideran muy importante, ya que “oración y acción van siempre de la mano en la vida del cristiano“. Dichos ejercicios demuestran que, aparte de la sociedad civil, cuentan con el apoyo de la Iglesia, ya que los ha dirigido el obispo emérito de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

Esta idea de oración y acción se plasma en las propias jornadas, que son unos días de reflexión sobre cómo implementar la solidaridad hoy en España, en nuestras casas y trabajos, en los que participan más de 100 personas reflejo de la sociedad, de estudiantes a profesionales, familias, migrantes e incluso pensionistas. Tras estos días, en la que será la primera asamblea nacional, se tomarán decisiones concretas de acción para aplicarlas en todo el territorio español buscando favorecer esa cultura del encuentro, asamblea que clausurarán de nuevo dos obispos, el de Guadalajara-Sigüenza, Atilano Rodríguez y el auxiliar de Valladolid, Luis Argüello.

Una sociedad pues que a pesar de su juventud ya lleva un buen trecho recorrido, y cuyas ideas, ajustadas al magisterio del papa Francisco, son sin duda fundamentales en la sociedad española -y global- para, uniendo oración y acción, dar voz a los necesitados y fomentar una cultura del encuentro empezando por la vida cotidiana pero siempre mirando hacia las periferias del mundo.

Encuentro y Solidaridad se independiza del Movimiento Cultural Cristiano y organiza las primeras actividades de verano

Encuentro y Solidaridad ha comenzado a andar después de un largo proceso de reflexión y debate interno dentro del Movimiento Cultural Cristiano. “De manera consciente y responsable las personas que durante años habíamos dado vida al MCC, nacido de la espiritualidad de Guillermo Rovirosa y fundado por Julián Gómez del Castillo, aceptamos que se hacía necesario seguir nuestro camino en dos organizaciones distintas”, afirma Julián García, portavoz del Movimiento.

Religión confidencial, 7 de julio de 2018

Uno de los motivos de esta separación es las “diferencias en el modo de entender y vivir el compromiso de los laicos en el mundo y de colaborar en la construcción de un mundo más solidario explican la decisión que, no sin dolor, se adoptó el 12 de noviembre por acuerdo de todos los militantes”, explican en un comunicado enviado a Religión Confidencial.

Los Estatutos de este Movimiento Apostólico fueron aprobados el pasado 16 de abril, durante la 111ª Asamblea Plenaria del Episcopado Español. Esta realidad eclesial se propone colaborar activamente en la misión evangelizadora desde una espiritualidad de encarnación y lucha contra las causas de la injusticia.

Como Movimiento Apostólico, Encuentro y Solidaridad quiere servir al diálogo. “Las personas que damos vida a esta nueva realidad eclesial trabajamos en ámbitos culturales, sociales, económicos y políticos plurales desde los que queremos promover el diálogo y en los que queremos hacer presente el mensaje cristiano”.

Desde el aborto hasta la esclavitud

Las personas que dan vida a Encuentro y Solidaridad son conscientes del cambio de época “de los rostros de la injusticia que van desde el hambre hasta el aborto, el paro, las nuevas formas de esclavitud o las migraciones forzadas. Nuestra vocación laical la queremos vivir desde la caridad política”, señalan.

Las mujeres y los hombres, las familias y amigos que dan vida a Encuentro y Solidaridad abren las puertas de este movimiento. Por ello, invitan a la Casa Emaús en Torremocha del Jarama en el primer Encuentro para la Solidaridad que organizan este verano.

Algunas de estas actividades son: Ejercicios espirituales impartidos por Alfonso Milian, obispo emérito de Barbastro, Campamentos para niños y jóvenes, Cursos sobre “Cultura del Encuentro” y “Solidaridad Hoy” en los que participarán, entre otros, el economista Josep Burgaya y el sacerdote eritreo y candidato al Nobel de la Paz Mussie Zerai.

Proyecto apostólico Encuentro y Solidaridad

Encuentro y Solidaridad ha comenzado a andar después de un largo proceso de reflexión y debate interno dentro del Movimiento Cultural Cristiano. De manera consciente y responsable las personas que durante años habíamos dado vida al MCC, nacido de la espiritualidad de Guillermo Rovirosa y fundado por Julián Gómez del Castillo, aceptamos que se hacía necesario seguir nuestro camino en dos organizaciones distintas. Las diferencias en el modo de entender y vivir el compromiso de los laicos en el mundo y de colaborar en la construcción de un mundo más solidario explican la decisión que, no sin dolor, se adoptó el 12 de noviembre por acuerdo de todos los militantes.

Ecclesia, 21 de junio de 2018

Encuentro y Solidaridad, cuyos Estatutos fueron aprobados el pasado 16 de abril, durante la 111ª Asamblea Plenaria del Episcopado Español, es hoy un Movimiento Apostólico que se propone colaborar activamente en la misión evangelizadora desde una espiritualidad de encarnación y lucha contra las causas de la injusticia.

Encuentro y Solidaridad nace con entusiasmo, que quiere decir poseído por Dios, al servicio de una tarea que quiere ser entusiasmante. Somos hijos de la tradición del apostolado militante de Guillermo Rovirosa que nos legaron el matrimonio de Julián Gómez del Castillo y Trinidad y, como herederos de esta tradición, queremos seguir siendo fieles a nuestras raíces. Nuestro propósito es ser un movimiento de frontera con vocación de servicio, abierto a las necesidades reales de los hombres y mujeres con quienes compartimos la vida, libres para denunciar las injusticias que azotan nuestro mundo, comprometidos con la Iglesia en salida a la que nos convoca el Papa Francisco y fieles al Evangelio.

Como Movimiento Apostólico, Encuentro y Solidaridad quiere servir al diálogo. Las personas que damos vida a esta nueva realidad eclesial trabajamos en ámbitos culturales, sociales, económicos y políticos plurales desde los que queremos promover el diálogo y en los que queremos hacer presente el mensaje cristiano. De este modo nos comprometemos a llevar el mensaje cristiano a una sociedad que, quizás parezca que cada día está menos interesada en escuchar a Dios, pero que, sin embargo, tiene sed de Él. Como Don Tomás Malagón, creemos que el mejor modo de construir Sociedad es construyendo Iglesia. Sabemos que este compromiso en el mundo es arriesgado, pero estamos convencidos de que no es posible “la evangelización de sofá”.

Encuentro y Solidaridad quiere crear redes de solidaridad. Entendemos que ésta, tal y como nos han enseñado el movimiento obrero pobre y definió Juan Pablo II, es “compartir hasta lo necesario para vivir”.

Las personas que damos vida a Encuentro y Solidaridad somos conscientes del cambio de época que caracteriza el mundo en el que vivimos, de los rostros de la injusticia que van desde el hambre hasta el aborto, el paro, las nuevas formas de esclavitud o las migraciones forzadas. Nuestra vocación laical la queremos vivir desde la caridad política. Y nos comprometemos no solo a denunciar las causas de las injusticias que comprometen la dignidad humana, sino a colaborar activamente para remediarlas.

Las mujeres y los hombres, las familias y amigos que damos vida a Encuentro y Solidaridad abrimos las puertas de nuestro movimiento. Os invitamos a nuestra casa, la Casa Emaús en Torremocha del Jarama. Os invitamos a la mesa para compartir gozos y tristezas, esperanzas y anhelos, y os invitamos a compartir la Oración y la Eucaristía, el compromiso y la lucha.

Y para que la invitación no quede en el olvido, sabed que seréis bienvenidos al 1er Encuentro para la Solidaridad que organizamos este verano. Os queremos ofrecer los Ejercicios espirituales que compartiremos con D. Alfonso Milian, obispo emérito de Barbastro, los Campamentos para niños y jóvenes, y los dos Cursos que ya tenemos en marcha sobre “Cultura del Encuentro” y “Solidaridad Hoy” en los que participarán, entre otros, el economista Josep Burgaya y el sacerdote eritreo y candidato al Nobel de la Paz Mussie Zerai.

Además del lugar de encuentro que es el mundo, las redes sociales y nuestra web son una prolongación de nuestra casa que también os invitamos a visitar.

¡Sed bienvenidos!

He visto a muchos niños utilizados para cosas malas

Rabiu tuvo que marcharse de Ghana a los 12 años porque su familia no podía alimentarle; tardó unos cuatro años en realizar, en compañía de otros menores, una travesía llena de peligros. El mauritano Abdulaye construyó en el desierto del Sáhara con un grupo de jóvenes senegaleses un bote con el que consiguió llegar a aguas españolas, tras un primer naufragio en el que perdió a su mejor amigo. Movimientos sociales de todo el continente, que acaban de constituir la plataforma Jai Jagat Europa, quieren difundir historias como las suyas para que los europeos sepan de dónde vienen estos nuevos vecinos, protagonistas de auténticas odiseas de lucha y superación.

Alfa y Omega, 7 de junio de 2018. Ricardo Benjumea

«La Unión Europea debe proteger más a los niños. He visto a muchos que estaban siendo utilizados para muchas cosas malas». Rabiu habla por propia experiencia de un drama sobre el que, ya en enero de 2016, la Interpol lanzó la voz de alarma: 10.000 niños refugiados no acompañados habían desaparecido, víctimas muchas veces de la trata, para ser utilizados en la prostitución, trabajos forzados o el tráfico de órganos. Desde entonces, el número de menores solos que llegan a Europa ha seguido creciendo.

Los padres de Rabiu, en Ghana, no podían mantenerle, por lo que, a los 12 años, abandonó su casa con otro grupo de niños rumbo a Europa. Les llevó unos cuatro años llegar a España, tras sobrevivir a todo tipo de penurias y peligros, ganándose la vida con pequeños trabajos para los comerciantes en los mercados, y convenciendo a camioneros para que les ocultaran en sus vehículos para atravesar cada frontera. Cumplido el objetivo, Rabiu acabó en un centro de menores, donde permaneció unos dos años hasta cumplir los 18 años. Ahora tiene trabajo. «La vida es mejor», asegura.

La historia de Abdulaye es otra aventura de supervivencia. Dejó sus estudios y su vida en Mauritania, harto de la marginación a la que la minoría árabe y blanca –asegura– somete a la mayoría negra. En Marruecos conoció a seis jóvenes de Senegal que «se convirtieron en mis hermanos». Consiguieron transporte hasta la costa. El conductor del camión los dejó en un lugar «en mitad de la nada», en el Sáhara. Sobrevivieron en el desierto con unos pocos tomates, pan duro y agua de mar durante varias semanas, el tiempo que tardaron en construir un bote. Cuando la embarcación parecía ya lista, se lanzaron al agua, pero a los pocos minutos naufragaron. El mejor amigo de Abdulaye se ahogó. en el mar «No sabía nadar», explica. Volvieron a intentarlo. Tardaron un mes en reparar el bote, se hicieron al mar y, tras una semana a la deriva, los rescató un barco español, que les condujo a Fuerteventura. «Dios nos ayudó», dice, aunque algunos de sus amigos fueron inmediatamente deportados por la Guardia Civil.

Abdulaye tuvo suerte. Cuando llegó a Madrid, pidió orientación a otros africanos que se encontró en la calle sobre cómo podía ganarse la vida en su nuevo país de residencia. Se convirtió en mantero, mientras trabajaba duro para aprender el idioma. Hoy es él quien ofrece ayuda a otros migrantes a través de la asociación Migrapiés, en el barrio madrileño de Lavapiés.


Nace en Madrid Jai Jagat Europa

La situación de migrantes y refugiados será una de las principales banderas del recién creado movimiento Jai Jagat Europa. Representantes de 17 organizaciones europeas de diversos países se reunieron el pasado fin de semana en Torremocha del Jarama (Madrid), en la Casa Emaús de la asociación Encuentro y Solidaridad, para constituir esta red que confluirá con la gran marcha mundial a pie desde Delhi (India) a la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, entre octubre de 2019 y septiembre de 2020. Al estilo ghandiano, con estrategias de no violencia, el Jai Jagat (la victoria para todos, en español) se propone sacar a millones de desposeídos a los caminos de todo el mundo para reivindicar «un cambio radical en el modelo de desarrollo», según explicaron varios de ellos en una rueda de prensa celebrada el lunes en el salón de actos de Alfa y Omega. En paralelo, se está organizando una caravana desde Senegal, recorriendo los caminos hacia Europa que transitan cada año miles de jóvenes africanos en las más penosas condiciones. En Ceuta se juntarán con otra marcha de organizaciones de España.

El Jai Jagat pondrá el foco en cada país en una problemática local. En España, la frontera sur de Europa, el protagonismo será para los migrantes. Organizaciones como el Sindicato de Manteros y Lateros o la red de apoyo a migrantes Migrapiés colaboran con la iniciativa. Algunos de sus miembros contaron su historia personal en Torremocha del Jarama, convertido en un espacio intercultural como el que aspira a generar el Jai Jagat, creando una red de movimientos sociales de todo el mundo hermanados en la lucha (pacífica) por la justicia social.

El musulmán que intenta convencer a los obispos de Pakistán para que promuevan la beatificación de un niño cristiano

«Iqbal Masih no fue solo un luchador por la libertad. Fue un mártir». Esto es lo que Ehsan Ullah Khan está empeñado en lograr que la Iglesia católica reconozca. En recuerdo de este niño católico asesinado en 1995 se conmemora cada 16 de abril el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil

Alfa y Omega. 26 de mayo de 2018

Ehsan Ullah Khan no era consciente hasta qué punto cambiaría su vida cuando liberó en Lahore a un muchacho católico de 9 años, que desde los 4 trabajaba como esclavo en un taller de alfombras. El niño, para el que llegaría a convertirse en un padre, desarrolló pronto unas dotes oratorias extraordinarias y se convirtió en un símbolo de la lucha contra la esclavitud, que en Pakistán afecta en gran medida a cristianos, buena parte de ellos procedentes de las castas más bajas o de las áreas tribales que abrazaron el cristianismo durante el dominio británico.

Periodista de profesión, Ehsan Ullah Khan calcula haber liberado a «puede que un millón de cristianos», la mayoría iletrados, muchos siquiera sin bautizar, privados de todo derecho mientras no salden unas deudas diseñadas de tal modo que van aumentando con los intereses y nunca van a poder pagar. Gracias a estos cristianos, Ullah Khan, un ferviente musulmán, descubrió la Biblia, en particular el libro del Éxodo y la historia de Moisés, donde encontró inspiración para su lucha contra los trabajos forzados. Pero también se convirtió en un incomodo testigo de una realidad que, hasta que él inició su actividad pública, en 1967, la sociedad paquistaní prefería no coconer.

Conferencia de que Ehsan Ullah Khan el 24 de mayo en el Salón de Actos de Alfa y Omega

Tras el asesinato de Iqbal Masih en 1995, a los 12 años, al hostigamiento del gobierno contra su mentor, se unió el de grupos extremistas, que no toleraron la imagen de Ehsan besando el cuerpo sin vida del niño. Desde entonces, vive exiliado en Suecia, y su Frente de Liberación del Trabajo Forzado pasó a incluir la palabra Global, ampliando su área de actuación a otras zonas conflictivas, como Bangladés o China.

Estos días visita varias ciudades España para, de la mano de Encuentro y Solidaridad, denunciar la explotación laboral en la industria textil. La gira incluyó una charla el 24 de mayo en el Salón de Actos de Alfa y Omega. También un encuentro con el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, responsable en la Conferencia Episcopal de Infancia y Juventud en Riesgo.

Activista contra la explotación en la industria textil

En su conferencia Ullah Khan denunció por ejemplo que, de cada 14 dólares que cuesta una camiseta en Canadá, el trabajador en Bangladés obtiene solo 12 céntimos. Y mostró fotografías de tiendas de Barcelona que venden a unos 110 euros pantalones vaqueros artificialmente envejecidos con técnicas –aseguró– que destrozan las manos de muchos niños, que trabajan sin ninguna protección.

Ninguna multinacional del textil se libra de sus dardos, entre ellas varias conocidas marcas españolas, como Zara, Mango o El Corte Inglés. Además de denunciar prácticas que vulneran los derechos humanos, el fundador del Frente de Liberación apela a la conciencia del consumidor, pidiéndole en primer lugar que se informe de la procedencia de la ropa («hoy existe abundante información; el desconocimiento ya no es una excusa», dice) y también un comportamiento más sobrio, puesto que el motor de esta explotación es el consumismo desenfrenado. «El 65 % de las prendas producidas cada año van año a la basura, pese a que el 48 % serian perfectamente utilizables», lo cual no solo genera «un gran impacto ecológico», sino que es el motor de «una industria que explota a las personas para conseguir precios cada vez más baratos», advierte.

«Mi hijo llevaba la cruz de Jesús»

En Vitoria, con monseñor Juan Carlos Elizalde

Iqbal Masih sigue siendo un símbolo en esa lucha. El 16 de abril, día de su asesinato, se conmemora como el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil.

Sin embargo, Ehsan Ullah Khan cada vez tiene más claro que la fe fue un importante motor en la acción del niño. «Mi hijo estaba llevando la cruz de Jesús», dijo la madre de Iqbal tras su muerte. Y esta frase, a la que en un principio no prestó excesiva atención, volvió con fuerza a su mente, especialmente después de que, en julio de 2017, el Papa reconociera una nueva forma de martirio por amor a los demás.

De ello ha hablado ya con varios obispos, y en las próximas semanas –adelanta– tiene prevista alguna «reunión importante», si bien hasta ahora reconoce ha encontrado más eco fuera que dentro de Pakistán, donde el asesinato de niños cristianos está a la orden del día.

«Iqbal Masih no fue solo un luchador por la libertad. Fue un mártir», insiste él. Eso implica que para la beatificación no es necesario el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión. «Pero si quieren uno –añade–, ¿no lo es que se conmemore a nivel mundial cada 16 de abril la muerte de Iqbal Masih, un pobre chico católico de Pakistán?».

La Cruz de Lampedusa conecta inmediatamente con el sufrimiento de los migrantes

El paso por Madrid de la cruz hecha con rostros de pateras está provocando momentos muy emotivos entre personas migrantes. Para las comunidades católicas locales, supone «un aldabonazo para nuestra conciencia», asegura Mónica Prieto, una de las responsables de la peregrinación

Alfa y Omega, 6 de mayo de 2018. Ricardo Benjumea

«Reza, llora, comprométete!». Este es el mensaje con el que la Cruz de Lampedusa ha recibido a los fieles madrileños en la catedral desde el 29 de abril hasta la vigilia mensual de los jóvenes con el arzobispo, presidida en esta ocasión por el obispo auxiliar Santos Montoya.

De ahí fue trasladada a Getafe, para regresar nuevamente este lunes a Madrid, concretamente al Seminario Conciliar, donde permanecerá, hasta el 10 de mayo, junto a una muestra fotográfica sobre el drama de las migraciones en el Mediterráneo. El martes se celebrará una vigilia de oración a las 9 de la noche.

«Alrededor de la cruz se organizan todo tipo de actos, está habiendo mucha creatividad», afirma Mónica Prieto, de la asociación Encuentro y Solidaridad, responsable de la peregrinación en España de la cruz construida con restos de pateras, que el Papa pidió que se llevara por todas partes para concienciar a las comunidades católicas y a la población en general.

Junto a diversas visitas a colegios, universidades y alguna salida a diócesis cercanas a Madrid, el 17 de junio habrá una visita al CIE de Aluche, último de los actos públicos en la capital, exceptuando la visita a la cárcel de Soto del Real, reservada a internos, funcionarios y voluntarios de pastoral penitenciaria.

Prieto, miembro también de Solidaridad y Autogestión Internacionalista (SAIn), se queda con la acogida de la Cruz de Lampedusa en la capital. «Fue muy emocionante cómo los propios migrantes, espontáneamente, agarraron la cruz, la besaron, se pusieron a cantar, a rezar… con un recogimiento increíble. Conectan inmediatamente con su propio sufrimiento y para ellos es un reconocimiento muy importante por parte de la Iglesia». También para «muchos inmigrantes musulmanes», que «agradecen mucho todo lo que está haciendo por ellos el Papa Francisco».

 

«Ellos tienen una religiosidad muy viva que en seguida emerge», añade. «Y esto supone un aldabonazo en la conciencia para todos los que vivimos en nuestros países enriquecidos con una religiosidad más aburguesada. Nos obliga a mirar, como dijo el cardenal Carlos Osoro, el rostro del hermano que sufre, a llorar con ellos. Porque hemos dejado de llorar. Y debemos hacernos más conscientes de las causas que hacen posible esta situación y denunciarlas. Son causas políticas, como no se cansa de denunciar el Papa en todas sus homilías y discursos denunciando las causas de la explotación de los migrantes».

Se trata de dar el salto desde ese primer impacto emocional a la acción concreta. «La Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal ha editado una pequeña oración para rezar ante la cruz donde dice: “Ora y comprométete”. Para no caer en un espiritualismo sentimental, hay que hacer vivir una espiritualidad de encarnación».

Se está empezando a hacer en las parroquias «una importante labor de acogida, pero los migrantes no solamente deben ser objeto de nuestras ayudas, su sitio no es solo el despacho de Cáritas, sino que tienen que formar parte activa de nuestras comunidades», prosigue Mónica Prieto.

Si de verdad se hace realidad esa pertenencia, habrá otras luchas. «Es lo que ocurrió en Estados Unidos cuando los obispos salieron a la calle el Primero de Mayo con los migrantes, denunciando que ellos son hoy el rostro del explotado. Para entonces estos inmigrantes explotados eran ya los catequistas en muchas parroquias, desempeñaban un papel activo, y toda la comunidad salió a la calle para denunciar su situación».

En el caso de Europa, la solidaridad con los migrantes debe llevar a la denuncia de «políticas criminales» que «criminalizan la solidaridad» y dejan a muchas personas «sin derechos», lo que las convierte en «pasto fácil de las mafias y de los empresarios sin escrúpulos», concluye Mónica Prieto.

La Cruz de Lampedusa marchó el sabado por Pamplona

Con el lema “frente a la indiferencia, solidaridad”, docenas de personas fueron en procesión en favor de los refugiados que cruzan el Mediterráneo

Diario de Navarra, 25 de febrero de 2018. Ana Chueca

Docenas de personas marcharon por el Paseo Sarasate, la plaza del Castillo y Carlos III, junto a la Cruz de Lampedusa, para reivindicar una mayor concienciación y solidaridad sobre la situación de los refugiados que atraviesan el mar Mediterráneo.

Hace cuatro años, 349 inmigrantes murieron en un naufragio en Lampedusa,Italia. Desde entonces, el número de fallecidos en el Mediterráneo supera los 15.000. La Cruz de Lampedusa fue hecha uniendo dos tablas de barcos naufragados en la isla que le da nombre. El Papa Francisco bendijo la cruz encargo que recorriera el mundo, para no olvidar el problema humanitario que supone la crisis de los refugiados.

Víctor Hugo Alvarado, Freddie Villanueva y Jon Cruz Morán portaban la Cruz. Los tres hermanos de la Hermandad Señor de los Milagros de Pamplona, de la Parroquia San Miguel Arcángel. “Yo no he sufrido tanto como ellos, pero comprendo qué es dejar tu tierra y a tus seres queridos”, contó Alvarado, mayordomo de la hermandad, que llegó a Pamplona en 2001 desde Lima, Perú.

A su llegada al monumento del Encierro, una alfombra de plástico azul les esperaba, símbolo del mar Mediterráneo. Allí, Nuria Sánchez y Elena García, de la asociación Encuentro y Solidaridad, hicieron una apelación directa a todos los asistentes a formar parte de esa solidaridad hacia los inmigrantes. Nuria Sánchez habló sobre la “gran frialdad e indiferencia ante todo este drama de nuestra tierra”. Su compañera, Elena García insistió en la necesidad de acudir a la raíz del problema para “concienciar y darlo a conocer. Si no vas a las causas, esto va a seguir sucediendo”. Añadió que “hay que desmentir los mitos y sacar a la luz la verdad para evitar actuaciones de rechazo y xenofobia”.

Ambas repartieron imágenes en las que se veía la visita de la Cruz de Lampedusa a distintas comunidades, parroquias y colegios de Navarra. Los representantes de estos lugares, que también acudieron al acto, leyeron una reflexión sobre lo que simboliza la Cruz, mientras los asistentes pegaban en el improvisado mar Mediterráneo, cada una de las fotos. Al acabar el acto, los asistentes besaron y abrazaron la Cruz, símbolo de su solidaridad con los refugiados.

La Cruz, que lleva en Navarra desde mediados de febrero, estuvo ayer por las calles de Pamplona, en un acto en la que fue llevada desde la parroquia de San Nicolás, hasta el monumento del Encierro de Carlos III, donde se leyeron unas palabras de denuncia ante la indiferencia de las instituciones políticas y se reafirmó el compromiso con las asociaciones que intentan que esta situación cambie.

Después de la eucaristía en la parroquia de San Nicolás, presidida por la Cruz de Lampedusa, los asistentes a la misa salieron en procesión tras una pancarta con el lema: “Frente a la indiferencia, solidaridad”. También portaban carteles reivindicativos con frases como “Nuestra política y Economía matan” o “Nuestra Política y Economía causan inmigración”, así como varias de las imágenes más reconocidas de las víctimas de los naufragios en el Mediterráneo.


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