Liberad las vacunas para que lleguen a los empobrecidos

Autor: Faustino Vilabrille

Fuente: Religión digital

Ofrecemos a continuación una síntesis de la información ofrecida por un pediatra catalán que está trabajando en Etiopía, sobre el coronavirus y las consecuencias colaterales que conlleva para África, para terminar con una pregunta radical para todos nosotros:

El Pediatra catalán, Iñaki Alegría, dirige el Hospital Rural de Gambo, en Etiopía. Se pregunta:

Iñaki Alegría, en el hospital que dirige en Etiopía“No quiero acostumbrarme, dice, a la injusticia ni ser cómplice. No quiero callar, ya que cuando la emergencia es continua deja de ser noticia, porque hace tan solo un par de meses una epidemia de sarampión con más de cien ingresos diarios nos obligó a triplicar la capacidad de trabajo. Cada año nos azotan epidemias de bronquiolitis y neumonías en la época de lluvias, para luego dejar paso a las de sarampión y la desnutrición que se ceban en la infancia. Estoy luchando contra el coronavirus entre epidemias de sarampión, meningitis, cólera, tuberculosis y hambre; todo ello añadido al silencio que azota al cuerno de África, que es la indiferencia humana. Estamos atendiendo a más de trescientas urgencias de sol a sol. Lo más devastador es la crisis económica y el aumento del precio de los alimentos más básicos que está causando una gran hambre en la gente más vulnerable, la de las zonas rurales”.

“Aquí el miedo se ha convertido también en pandemia, matando de olvido otras epidemias que son ahora más mortíferas que nunca”

“No tengo miedo a morir mañana de coronavirus, de hambre ya estoy empezando a morir hoy mismo, me dice una señora. Tengo más miedo de morir de hambre que de coronavirus”; y ella prosigue: “El miedo a la posibilidad de morir de coronavirus me puede llevar a la certeza de la muerte segura por hambre. Este inconfundible sentimiento de hambre que si nunca lo has conocido no puedes llegar a saber lo que es”.

“En Europa, continúa Iñaki, los medios de comunicación hablan de inmunidad de la población, de planes de vacunación y de diferentes tipos de vacunas, pero en el continente africano el tema es radicalmente diferente: Las únicas vacunas contra la Covid-19 que vemos es por la televisión, mientras nos preguntamos unos a otros “¿cuántas otras personas deben ser vacunadas antes de que llegue a Etiopía la primera dosis? “. “¿Cuántas vacunas deben acumular los almacenes europeos y norteamericanos, se pregunta Alegría, antes de que el continente africano pueda recibirlas?”

Posible aumento de otras enfermedades

Y no solo eso, añade: “Desde el inicio de la pandemia está bajando la cobertura vacunal de Sarampión, Hepatitis B, Neumococo, Polio, Tétanos. Temo un aumento de casos y muertes por estas enfermedades prevenibles en los próximos meses si no tomamos medidas de manera inmediata”.

Alegría recuerda que la vacuna contra el neumococo protege de desarrollar neumonía causada por esta bacteria, que es la primera causa de mortalidad en el mundo en los menores de cinco años. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, afirma el pediatra, la neumonía es el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose 800.000 vidas al año. Etiopía se encuentra dentro de la lista de los cinco países del mundo con una mortalidad por neumonía más elevada en menores de cinco años.

En cuanto al Sarampión, explica: “en 41 países han paralizado o disminuido los programas de vacunación de sarampión debido a la pandemia por Covid-19. El sarampión aún se cobra unas 568 vidas, en su mayoría niños, en todo el mundo cada día”. “Que no nos engañen, no faltan vacunas”, denuncia Alegría. Pide que se liberen las patentes, porque así se podrá aumentar la producción de vacunas y se facilitará el acceso equitativo a ellas, y no al mejor postor como sucede ahora.

Reconoce que evidentemente les ha escandalizado la muerte inevitable en Europa de personas por Covid-19, pero cree que “más nos debería escandalizar lo que puede suceder los siguientes meses si no actuamos: La muerte evitable y consentida en África de personas por Covid-19 por falta de acceso a las vacunas”.

Nota:-Hasta aquí la información que nos facilita Iñaki Alegría desde Etiopía. Sin embargo, Pfizer y Moderna podrían obtener US$ 32.000 millones por la venta de vacunas contra el Covid-19 solo en 2021. (Fuente: CNN).

De momento, parece que no habrá liberalización de patentes, lo que supone que se vacunen los ricos, mientras los pobres ven cómo las nuevas cepas los meten en un túnel cada vez más profundo. Sin vacunas en todo el mundo, volveremos a la casilla de salida, a pesar de que hay una enorme cantidad de dinero público invertido en la investigación de las vacunas contra el Covid-19. Este mecanismo de liberalización de patentes ya existe y se utilizó por primera vez en 2001 para hacer frente al SIDA. “Cuando un tratamiento anual costaba 10.000 euros, fue posible con un mecanismo de la OMC reducir el coste a 1.00 euros”.

130 países sin vacuna contra Covid-19

En los países europeos ya se han superado los 41 millones de dosis administradas contra el coronavirus, mientras que hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos. Pero la CE es contraria a liberalizar las patentes de vacunas para aumentar la producción. En contra de la liberalización de las patentes están Estados Unidos, Australia, Noruega, Suiza, Brasil, Canadá, Japón, Reino Unido y la UE, lo cual es una evidente injusticia contra los países pobres, a pesar de que en el Parlamento Europeo cada vez más grupos políticos apuntan a que la vacuna debería ser considerado un bien público y las patentes deberían ser liberadas.

“Hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos”

Una pregunta radical: A lo largo de la historia y también en nuestros días muchos millones de personas murieron y mueren víctimas de una muerte injusta y prematura, como lo pueden ser ahora por no liberar las vacunas: ¿quién les va a reparar una injusticia tan grande? Si murieron o van a morir ahora injustamente para quedar muertos, ¿quién les va a hacer justicia? Si ya no se les va a hacer justicia, con qué derecho puedo exigir yo que se me haga justicia a mi? ¿Cómo devolver la dignidad y la libertad a los tratados como esclavos, si la muerte acabó con ellos para siempre?

Estas y otras preguntas radicales son las que llevaron a Horkheimer, a Garaudy o a Adorno a lo que ellos llamaban el postulado de la resurrección, como supuesto previo a una opción revolucionaria, incruenta, coherente, honesta y radical, como lo fue la de Jesús de Nazaret, pero que los que nos decimos sus seguidores hemos olvidado de practicar, porque “si este mundo no nos gusta tenemos que buscar otro”, dice el gran Arcadi Oliveres, porque no basta con lamentarse, pues creer es comprometerse.

Vacunas, economía y COVID

Óscar Quintela, farmacéutico

El tema de las vacunas para la COVID19 es uno de los trending topics actualmente en muchas de las sociedades del planeta. Al menos en los países que tienen dinero para pagarlas (o para endeudarse comprándolas).

En la realidad poliédrica que ofrecen las vacunas, uno de los aspectos menos claros es el coste de las mismas, tanto de producción como de comercialización. La falta de transparencia en esto provoca preocupación en la población que ve como una parte de la solución del problema de la pandemia podría convertirse en un lastre económico para sus países tras una compra masiva de vacunas, así como del coste de la logística para administrarla a toda la población. Se entiende fácilmente que esta situación es especialmente grave en los países empobrecidos. Al respecto de esta cuestión, animamos a la lectura de un artículo reciente escrito por Juan Gérvas, Doctor en Medicina y médico general rural jubilado, que lleva por título: Patentes y precios de las vacunas covid19. El caso de la vacuna de AstraZeneca-Oxford, del “libre acceso” a “patente comercial exclusiva”.

Dejamos a modo de aperitivo un extracto de la misma, así como uno de los gráficos en los que se muestra la inversión de fondos públicos en el desarrollo de las principales vacunas contra la COVID19 que están siendo producidas y comercializadas por las principales empresas farmacéuticas mundiales:

“El sistema de patentes va contra la solidaridad, la salud y la innovación, lo que es especialmente doloroso en tiempos de la pandemia covid19. El problema se complica con el oscurantismo respecto a los contratos de compra de las vacunas covid19. En el caso estudiado se desconocen los términos del contrato entre Oxford y AstraZeneca que han transferido un conocimiento que buscaba el “libre acceso” y lo ha transformado en un acuerdo de “patente comercial exclusiva”. En todo caso, al menos durante la pandemia se ofrecerá un precio de venta al coste.”

 

No es exagerado decir que los intereses de las grandes compañías farmacéuticas y los de los ciudadanos se encuentran en lugares muy diferentes. En no pocas ocasiones los beneficios de las primeras ponen en jaque la economía de los estados y de las personas que tienen que pagar medicamentos por encima de su valor real.

Recordemos los precios de los medicamentos contra la Hepatitis C, como el sofosbuvir de la compañía Gilead, que gracias a su patente y monopolio puede venderlo 1000 veces más caro que su coste real de producción. Tal y como se cita en Monopolios y precios de los medicamentos: un problema ético y de salud pública. Algunas propuestas para impedir los precios excesivos y garantizar un acceso justo a los medicamentos, “los beneficios excesivos de la industria farmacéutica provienen de los servicios de salud.

Pero los presupuestos de la sanidad son limitados y la consecuencia es que se disminuye la dotación para otros elementos del sistema muy necesarios. Así, el descenso del presupuesto sanitario afecta sensiblemente, en primer lugar, al personal de los servicios de salud. En segundo lugar, se restringen los medios de apoyo. Finalmente, se frena la dotación y renovación de instrumentos técnicos e instalaciones.” Una solución posible sería disponer de forma gratuita de alguna de las patentes de la vacuna contra el COVID19. Y no sería la primera vez en la historia (reciente por otro lado) de las patentes farmacéuticas. El caso que seguramente mejor ilustra esto es la vacuna de la poliomielitis. El virólogo estadounidense Jonas Salk rechazó patentar la vacuna que había desarrollado contra la polio. En una entrevista en televisión le preguntaron a quién pertenecía la patente, a lo que este respondió: “Bueno, yo diría que al pueblo. No hay patente. ¿Se puede patentar el sol?”, contestó el médico. Salk pudo haber obtenido beneficios multimillonarios, pero puso por delante la salud global. USA y la UE han rechazado la suspensión de las patentes, clave para conseguir una vacuna para todos.

A estas alturas no se puede entender una salida de la pandemia en la que no participe el mudo entero. La globalización, con sus conexiones entre territorios masivas y permanentes, han llevado la infección a todos los rincones del planeta. Es necesario para todos que no exista inequidad en los tratamientos, pues solucionar los problemas únicamente en los países más ricos (el 13% de la población mundial) es hambre para hoy y pan para mañana. Parece mentira que los responsables técnicos y políticos de la pandemia no hayan aprendido esta lección de todo el tiempo vivido desde marzo pasado.

El ”milagro” de la vacuna no lo es tal. Es cierto que la ingente cantidad de recursos económicos y de personal científico de todo el mundo es un hecho sin precedentes a nivel investigador. Pero en las sombras de este “foco luminoso” se encuentran aspectos que pueden ser muy dañinos para la sociedad: las altísimas expectativas sobre la vacuna (al menos las puestas en el corto plazo de tiempo); los monopolios de sistemas de detección del virus con tecnologías relativamente fiables (PCR) y otras no tanto (test de antígenos); los ensayos clínicos de las vacunas controlados por la industria farmacéutica sin revisión por parte de personal no vinculado a los propios intereses empresariales (los datos en “crudo” del ensayo de la vacuna de Pfizer no están disponibles para su revisión)…

El verdadero milagro será ver como las personas somos capaces de hacer solidaridad efectiva entre nosotros, para sostener al desempleado, al enfermo sin apoyos, a los inmigrantes (que el Gobierno llama “ilegales”) y que no tienen derecho a la atención médica, a los profesionales esenciales que se entregan más de lo que les corresponde, el milagro pasa por evitar que varias familias tengan que vivir hacinadas en una vivienda de 70 metros cuadrados (¿qué mejor caldo de cultivo para cualquier virus respiratorio?)… Y es que como en tantos casos, esta pandemia también se ceba más según el código postal en donde vivas (ver gráfico de la ciudad de Barcelona). El verdadero milagro también sería que la población tuviese voz y voto para decidir quien debe vacunarse antes y por qué (participación social informada a la hora de establecer prioridades), y que tuviese posibilidad de preguntar a los poderes públicos cuales son los riesgos conocidos a día de hoy de las vacunas y sobre quien va a recaer la responsabilidad en el caso de que la vacunación provoque efectos adversos en las personas.

Gráfica mostrando la incidencia de coronavirus en las distintas zonas de Barcelona estudiadas en el artículo “Impact Of COVID-19 Outbreak By Income: Hitting Hardest The Most Deprived” (Journal of Public Health, 2020)