La Inteligencia que necesitamos

Javier Marijuán

En Magnifica Humanitatis León XIV nos anima a afrontar la inmensa tarea que se presenta ante nosotros por la irrupción de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de nuestra vida.

La Inteligencia Artificial, junto a la robótica y la automatización, están cambiando la estructura misma del trabajo. Ya no hablamos de un futuro, ni siquiera cercano, sino que estamos en el mismo centro del tsunami. Existen profesiones que desaparecen delante de nuestros ojos mientras que otras mutan y pasan a ser irreconocibles. La brecha digital y las diferencias en el acceso a infraestructuras y habilidades digitales, nos indican que hay muchos que se están quedando atrás.

La IA sin control puede ser un instrumento poderosísimo de control, clasificación de personas, asignación de tareas, supervisión y evaluación de los trabajadores y de la población en general. Y como tiene el potencial de incrementar la productividad, existen importantes grupos de poder que pretenden evitar cualquier límite o criterios éticos. Hasta para las guerras la IA está siendo determinante.

Si además permitimos que el avance tecnológico siga la lógica de unas finanzas desvinculadas de fundamentos morales y antropológicos, el cóctel explosivo está servido.

Por eso, nos recuerda el Papa, que es necesaria una política capaz de orientar las dinámicas económicas y político-tecnológicas hacia el bien común.

La Rerum Novarum de León XIII alumbró en 1891 una nueva conciencia entre los cristianos de entonces, quienes se vieron urgidos a lanzar iniciativas en el mundo que, a la postre, resultaron ser aportaciones decisivas en la construcción de un mundo más justo.

Introducir criterios sociales en la innovación es una exigencia de la justicia, pero hoy aún no tenemos los instrumentos adecuados para ello. Habrá que inventarlos de la misma manera que, para afrontar la Revolución Industrial y el capitalismo depredador, se crearon cooperativas, sindicatos y demás asociaciones de defensa en pro de la dignidad del trabajo.

La asombrosa aceleración en la que estamos inmersos también nos puede llevar al peligro de la improvisación. Necesitamos espacios de diálogo y reflexión serena sobre el mundo en que vivimos. Si logramos convertir el conocimiento en algo compartido podremos evitar que se use como instrumento de dominio.

El Papa lanza una dura advertencia: con nuestra pasividad, la era digital no será postcolonial, sino plenamente colonial. Si no queremos ser colonizados, en nuestras manos está evitarlo.

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