¿Quién se acuerda de los trabajadores españoles de la logística en la Holanda del Covid-19?

La crisis sanitaria está visibilizando de forma dramática las costuras de la actual división social y territorial del trabajo. En esta división funcional y especializada del trabajo que tiene Europa, Holanda alberga decenas de miles de trabajadores españoles en el sector de la logística, que han ido llegando al país en los últimos años, y que cuentan, según la investigación que hemos realizado, con unas condiciones laborales y de alojamiento deplorables que pueden estar empeorando severamente con la pandemia. Holanda, el mismo país que ahora lidera la negativa para apoyar económicamente a sus socios europeos más sacudidos por la pandemia del Covid-19, como España.

Almacen en Róterdam. REUTERS

Alertamos sobre la situación del colectivo de españoles en el sector de la logística holandese que no se siente reconocido en los aplausos ni en el esfuerzo colectivo contra la epidemia, por la sencilla razón de que ya no están en España. Tuvieron que salir, como muchos otros cientos de miles, cuando la otra crisis, y emigraron, a Holanda. Hoy trabajan en los grandes almacenes de logística, en torno al puerto de Rotterdam, el primero en volumen de carga y distribución, y se cuentan los que han pasado en los últimos años, sólo los españoles, por cincuenta mil. Son los trabajadores y trabajadoras que se activan cuando desde nuestras casas hacemos una compra por internet, en Amazon o cualquier otra plataforma de e-commerce. Hoy están trabajando más que nunca, y se encuentran, en pleno desarrollo de la epidemia, en una situación más que inquietante debido a sus condiciones de alojamiento y trabajo.

Emigrantes desde 2008

Hace tres años que nuestro colectivo de investigación está trabajando con algunos de ellos/as. Se trata de personas que fueron expulsadas cuando reventó el modelo productivo español, de 2008 en adelante, el de la burbuja y el endeudamiento privado. Los perfiles que hemos ido encontrando son muy heterogéneos, pero todos responden a un patrón común: en España ya no había perspectivas de futuro laboral y Holanda ofrecía oportunidades. Algunas agencias de reclutamiento (ETT) con matriz holandesa han sabido explotar estas circunstancias y se extendido su área de captación desde el este europeo a los países del sur, los más golpeados por la crisis. Su éxito radica en que proponen una línea de fuga, una salida digna llena de “facilidades” a todos estos perfiles que sólo tienen como condición saber un mínimo de inglés:”nosotros nos encargamos del alojamiento y del transporte, tú sólo te tienes que preocupar de trabajar”.

Desde hace varios años, los grandes macroalmacenes de logística se han venido instalando en Holanda (y en otros puntos de Europa), en torno a los puertos, generando una enorme riqueza y demanda de empleo de toda condición. Podría haber hoy en los Países Bajos hasta 2 millones de trabajadores extranjeros, aunque los datos oficiales sólo contabilizan 500.000. Igual sucede con los trabajadores españoles. En los estudios estadísticos hemos contabilizado el paso de al menos 50.000 emigrados de España para el sector de la logística, que no son reconocidos en toda su dimensión por el país receptor en las estadísticas oficiales. Son trabajadores y trabajadoras que por su condición temporal, precaria y de irregularidad administrativa podríamos decir que casi no existen. Estos macroalmacenes operan como “pulmones” en los flujos globales continuos de mercancías entre la periferia del mundo y el centro de Europa como gran consumidor. Comprendemos así como se está transformando el modelo productivo europeo: estos macroalmacenes son capaces de distribuir, en tiempo real, en casa del consumidor/a virtual, millones de productos fabricados en los países llamados emergentes, por empresas y capitales que, desde los años 1980, han venido deslocalizando masivamente la producción industrial. Y una parte de la mano de obra, progresivamente liberada, ha sido empleada en estos grandes almacenes, primero en proveniencia de los países del Este (Polonia, Lituania, Bulgaria), y a partir de los años 2007, también del sur de Europa. Hoy la población española constituye el segundo o tercer contingente más importante en número.

Los diferentes macroalmacenes que reciben, gestionan y derivan la mercancía están así articulados, en tiempo real, a almacenes de mano de obra, lista para ser utilizada de manera óptima. Estas personas, son puestas en un tiempo de espera de una llamada que los activa, un día tras otro, de manera imprevista, para ir a trabajar. Si el teléfono suena, y los trabajadores no responden, reciben un warning, y al cabo de tres warning, pierden el empleo. Si se pierde el empleo, se pierde el alojamiento. El contrato “cero horas” es el dispositivo jurídico que permite contratar a alguien, una cantidad variable de horas, de manera a ajustar de modo óptimo la oferta de mano de obra a los requerimientos del proceso productivo.

Incremento de pedido online durante la pandemia

Así viven y trabajan las personas que se encuentran detrás del click con el que compramos on line una mercancía, también ahora que estamos confinados, más o menos cómodamente, en nuestros domicilios. Se está dando la paradoja de que nuestro confinamiento incrementa los pedidos de venta on-line y convierte en indispensables a unos colectivos absolutamente desprotegidos de la posibilidad del contagio.

Y es que efectivamente la crisis sanitaria global del Convid 19 se concreta en este escenario laboral, el de los trabajadores inmigrantes movilizados por la logística holandesa, cuya desprotección laboral deviene ahora en incertidumbre vital. De repente nuestros/as compatriotas que están trabajando allí en condiciones deplorables ven amenazados sus puestos de trabajo, es decir, aquello que únicamente les vincula con un país mantiene una legislación muy permisiva con las ETT y por tanto muy lesivas con su personal.

Pero sobre todo ven un riesgo potencial de contagio en sus lugares de residencia -en muchos casos viven en camping o albergues colectivos donde entra y sale mucha gente y en los que es imposible mantener distancias mínimas de seguridad- o en los medios de transporte empleados por las empresas para desplazarlos al lugar de trabajo, en los que tampoco se respetan normas básicas para prevenir el contagio. Temen enfermar, es más, tienen pánico de enfermar en un país extranjero, en el que a menudo desconocen cómo acceder a servicios mínimos y en el que perder el trabajo es prácticamente quedarse sin un recurso vital para su subsistencia. Si pierden su trabajo la ETT que los emplea también los dejará sin alojamiento y sin seguros sociales, en la calle.

Los testimonios recogidos estos días por parte de los trabajadores y trabajadoras del sector logístico nos indican que hay un claro incremento de la carga de trabajo sin una correspondiente atención a las medidas higienicosanitarias que obligaría la pandemia.

El sindicato neerlandés FNV ha confirmado que las ETTs, aunque en primera instancia se comprometieron con seguir las instrucciones de la autoridad competente en materia de salud, estás, en realidad no se cumplen, por lo que no acontece la mejora prometida.

Creemos que dadas las circunstancias las instituciones españolas deberían presionar a las holandesas para que protejan en términos de salud, empleo y condiciones de vida a la población extranjera que trabaja en torno al sector logístico que hoy están alojados en albergues o camping holandeses preguntándose qué va a ser de sus vidas.

Equipo de investigación sobre trabajo desplazado compuesto por diferentes docentes y profesionales de la investigación social (en colectivo enHolanda)
Andrés Pedreño (Universidad de Murcia)
Pablo López (UCM)
José Calderón (Universidad de Lille)
Antonio Ramírez (Universidad de Murcia)
Sander Junte, Javier González, Monsterrat Matamala y Fernando Sabín (Andaira Investigación Social)
Fuente: Público

Buscar a Jesús en el pobre

El Papa improvisa una ‘homilía-encíclica’ en Lunes Santo: “Defender al pobre no es ser comunista, es el centro del Evangelio”

Pienso en un problema grave que existe en muchas partes del mundo. Quisiera que hoy rezáramos por el problema de la sobrepoblación carcelaria. Donde hay hacinamiento —mucha gente allí—, existe el peligro, durante esta pandemia, que acabe en una grave calamidad. Oremos por los responsables, por quienes deben tomar las decisiones, para que tomen un camino justo y creativo y puedan resolver el problema.

Homilía

Este pasaje termina con una observación: “Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús” (Jn 12,10-11). El otro día vimos los pasos de la tentación: la seducción inicial, la ilusión, luego crece —segundo paso— y el tercero, crece, se contagia y se justifica. Pero hay otro paso: sigue adelante, no se detiene. Para ellos no era suficiente condenar a muerte a Jesús, sino que ahora también a Lázaro, porque era un testigo de vida.

Pero hoy me gustaría detenerme en una palabra de Jesús. Seis días antes de Pascua —estamos a las puertas de la Pasión— María hace este gesto de contemplación: Marta servía —como en el otro pasaje— y María abre la puerta a la contemplación. Y Judas piensa en el dinero y piensa en los pobres, pero “no porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella” (Jn 12,6). Esta historia del administrador infiel es siempre actual, siempre los hay, incluso a alto nivel: pensemos en algunas organizaciones caritativas o humanitarias que tienen tantos empleados, tantos, que tienen una estructura muy rica en personas y al final el cuarenta por ciento llega a los pobres, porque el sesenta por ciento es para pagar el sueldo a tanta gente. Es una forma de quitarles el dinero a los pobres. Pero la respuesta es Jesús. Y aquí quiero detenerme: “Porque pobres siempre tendréis con vosotros” (Jn 12,8). Es una verdad: “pobres siempre tendréis con vosotros”. Los pobres existen. Hay muchos: están los pobres que vemos, pero esta es la parte más pequeña; la gran cantidad de pobres son los que no vemos: los pobres escondidos. Y no los vemos porque entramos en esta cultura de indiferencia que es negacionista y negamos: “No, no hay muchos, no se ven; bueno, está ese caso, pero…”, siempre disminuyendo la realidad de los pobres. Pero hay muchos, muchos.

Aunque no entremos en esta cultura de la indiferencia, existe la costumbre de ver a los pobres como adornos de una ciudad: sí, están ahí, como estatuas; sí, están ahí, se pueden ver; sí, esa viejecita mendigando, ese otro… Pero como si fuera algo normal. Es parte de la decoración de la ciudad tener gente pobre. Pero la gran mayoría son pobres víctimas de las políticas económicas, de las políticas financieras. Algunas estadísticas recientes lo resumen de esta manera: hay mucho dinero en manos de unos pocos y mucha pobreza en muchos. Y esta es la pobreza de tantas personas que son víctimas de la injusticia estructural de la economía mundial. Y hay muchos pobres que se avergüenzan porque no llegan a fin de mes; muchos pobres de la clase media, que van a la Cáritas a escondidas y a escondidas piden y sienten vergüenza. Los pobres son muchos más que los ricos; muchos más… Y lo que dice Jesús es cierto: “Porque pobres siempre tendréis con vosotros”. ¿Pero yo los veo? ¿Soy consciente de esta realidad? Sobre todo de la realidad escondida, los que se avergüenzan de decir que no llegan a fin de mes.

Recuerdo que en Buenos Aires me dijeron que el edificio de una fábrica abandonada, vacía durante años, estaba habitado por unas quince familias que habían llegado en esos últimos meses. Fui allí. Eran familias con niños y cada uno había ocupado una parte de la fábrica abandonada para vivir. Reparé que cada familia tenía muebles buenos, muebles de clase media, y televisión. Acabaron allí porque no podían pagar el alquiler. Los nuevos pobres que tienen que dejar la casa porque no pueden pagar el alquiler, van allí. Es la injusticia de la organización económica o financiera la que los lleva allí. Y hay muchos, muchos, y nos encontraremos con ellos en el juicio. La primera pregunta que nos hará Jesús es: “¿Cómo te ha ido con los pobres? ¿Les has dado de comer? Cuando estaba en prisión, ¿lo has visitado? En el hospital, ¿lo fuiste a ver? ¿Ayudaste a la viuda, al huérfano? Porque yo estaba allí”. Y por eso seremos juzgados. No seremos juzgados por el lujo o los viajes que hayamos hecho o la importancia social que hayamos tenido. Seremos juzgados por nuestra relación con los pobres. Pero si yo, hoy, ignoro a los pobres, los dejo de lado, creo que no existen, el Señor me ignorará el día del juicio. Cuando Jesús dice: “Porque pobres siempre tendréis con vosotros”, quiere decir: “Yo siempre estaré con vosotros en los pobres. Estaré presente ahí”. Y esto no es ser comunista, es el centro del Evangelio: seremos juzgados por esto.

Santa Sede

“Ahora más que nunca, con las personas olvidadas” #CírculosDeSilencioEnCasa

La situación de “Estado de alarma” decretada por el gobierno español ante la epidemia del coronavirus ha supuesto el masivo confinamiento de la población en los hogares, resumido en el hashtag #QuédateEnCasa. También ha conllevado una gravísima crisis económica, con la apertura de ERTEs en innumerables empresas y la pérdida de empleo para muchos cientos de miles de personas. Mientras, los contagios aumentan y las víctimas del virus no dejan de multiplicarse. Con ellas, crece el dolor y la preocupación de las familias.

En estas circunstancias, no podemos dejar de alzar la voz por las personas migrantes, que encarnan, muy a pesar suyo, a las víctimas de siempre, también de ahora. Ellas han encontrado sus posibilidades de sobrevivir en trabajos muchas veces precarios que exigen deambular por las calles -manteros-; ellas han asumido muchos de los trabajos de cuidados en los hogares españoles; ellas afrontan también en un elevado porcentaje tareas agrícolas en condiciones a menudo muy difíciles; ellas -en especial las mujeres- son víctimas de la trata y se ven abocadas a la prostitución; ellas, por último, se encuentran a menudo recluidas en los CIEs por no cometer más delito que haber huido de las guerras, el hambre, la pobreza…

Son también no pocas personas migrantes, junto a otras muchas empobrecidas y marginadas, las primeras que no pueden cumplir el requerimiento del gobierno de recluirse en sus hogares porque viven en la calle o en campamentos improvisados junto a las grandes explotaciones agrícolas donde trabajan o en prostíbulos o en cárceles o en los CIEs, o en pisos diminutos que comparten porque no pueden permitirse nada mejor, igual que muchas otras personas víctimas de la pobreza y la exclusión… En definitiva, hablamos de una parte de la población, de vecinos y vecinas que no pueden cumplir el requerimiento del gobierno porque no tienen casa, porque no tienen algo a lo que puedan llamar hogar.

Estos días hemos recibido con esperanza la noticia de que están “desalojando” algunos CIEs (en Aluche, Barcelona, Valencia…) para evitar el contagio de sus internos. Pero no somos ingenuos: la medida se debe a las reclamaciones de las organizaciones de derechos humanos, a las protestas de los internos y a la preocupación porque haya allí un contagio masivo que ponga -más aún- en evidencia las condiciones de hacinamiento en las que (mal)viven los internos, y sobre todo se debe a la imposibilidad de expulsarlos por el cierre de fronteras. En todo caso, El Defensor del Pueblo ha solicitado al Gobierno, sumándose a la reclamación de numerosas organizaciones y colectivos, la liberación de todas los inmigrantes de los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) de España. Enseguida surge la pregunta de si las personas allí recluidas recibirán opciones para acogerse en condiciones dignas bajo un techo. De momento, el gobierno libera a las que tienen residencia estable; para las que carecen de ella, dice estar buscando alternativas humanitarias… que esperemos lleguen lo antes posible.

Recientemente, Leilani Farha, relatora especial de Naciones Unidas, era muy clara al referirse a la situación de muchas familias y personas sin una vivienda digna: “Insto a los estados a que tomen medidas extraordinarias para garantizar el derecho a la vivienda para que todos puedan protegerse contra la pandemia”. Y añadía con rotundidad: “La vivienda se ha convertido en la primera línea de defensa contra el coronavirus. El tener un hogar, ahora más que nunca, es una situación de vida o muerte”. No se puede hablar más claro.

Por todo ello, nos sumamos a muchas personas, organizaciones y colectivos de derechos humanos y exigimos:

  • Frenar las repatriaciones y cualquier otra medida de orden judicial o administrativo que ponga en riesgo a personas que ante todo deben tener garantizadas las necesarias medidas de protección sanitaria. Recordemos además que el mantenimiento de estas políticas solo contribuye a coartar la consulta de las personas migrantes sin papeles en los centros de salud cercanos.
  • Cerrar los CIEs y ofrecer alternativas habitacionales dignas a las personas que no tengan una vivienda estable; además, deberán garantizarse condiciones de seguridad sanitaria adecuadas en todos los albergues y alojamientos para personas sin residencia fija que estén allí de forma temporal, mientras no se les ofrece una alternativa más idónea.
  • Combatir y denunciar las afirmaciones de carácter xenófobo que busquen estigmatizar a las personas migrantes, especialmente cuando proceden de organizaciones y medios con evidente poder mediático.
  • Compromisos explícitos por parte de los poderes políticos y mediáticos para promover una información argumentada en positivo sobre las aportaciones que hace la población migrante y refugiada a nuestra sociedad, al tejido económico mediante el consumo y el pago de impuestos, a la potenciación de los cuidados, a los trabajos en la agricultura y la construcción, a la recuperación y regeneración del tejido social, cada vez más envejecido…

En estos días, como si despertáramos a una nueva realidad, somos más conscientes que nunca de lo que es importante en la vida: la libertad de movimientos, de desplazarte a donde te plazca (los vuelos procedentes de España han sido restringidos en muchos países); el placer de gozar de un paseo, sin rumbo fijo, solo porque sí; la alegría de encontrarse con las personas amigas, con las vecinas, con la gente de nuestro entorno; la maravilla de la caricia, del beso, del abrazo; el valor de los trabajos de cuidados y de quienes producen nuestros alimentos, en manos muchos de ellos de las personas migrantes y precarizadas…

Surge una esperanza… Esta crisis ha puesto de manifiesto nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad. Acaso ahora, que han caído nuestras seguridades, acaso ahora, que el estado de bienestar se tambalea, podamos liberarnos de los miedos que llevaron a cerrar todas las fronteras a las personas migrantes y refugiadas. Tal vez podamos, ahora, por fin, abrir los ojos y los brazos a quienes vienen del sur buscando un mundo mejor y pueden ayudarnos a construirlo.

Podríamos terminar este manifiesto exigiendo un cambio en las políticas migratorias en nombre de las víctimas, porque hemos asumido tácitamente ese juego del lenguaje que nos lleva a distinguir entre nosotras y ellas, las otras, los de fuera. Pero no queremos caer en ese juego. Así que lo vamos a hacer en nuestro propio nombre, en nombre de buena parte de la sociedad española y europea, que quiere otro mundo posible, necesario y cada vez más urgente. En nombre de muchas personas, organizaciones y colectivos; en nombre de una dignidad manchada y escarnecida; en nombre de una vergüenza infinita; en nombre, también, porque son fruto nuestro, de nuestras víctimas, que pueblan los fondos del mar Mediterráneo.

Un poeta escribió una vez: “Vendrá un día más puro que los otros […]. Un fulgor nuevo envolverá las cosas”. Vendrá un día más puro que los otros, un día en el que la solidaridad sea el pan tierno de cada día, un día en el que ya no haya CIEs, refugiadas, sin papeles, extranjeras, sin hogar, maltratadas, explotadas, ninguneadas, olvidadas, nadies…

Ese día puede ser HOY.

#CírculosDeSilencioEnCasa

“Aprendemos juntos” a lavar la imagen de la banca

Actualmente la banca utiliza diferentes medios para su lavado de imagen. Especialmente nos llama la atención una serie de vídeos que han lanzado bajo el título “aprendemos juntos” que ha sacado BBVA. Nos gustaría hacer un análisis de uno de ellos, en el que BBVA y el El País denuncian a través del testimonio de un inmigrante, el sufrimiento que padecen los emigrantes que tratan de llegar hasta Europa.

El vídeo conecta con el público, identificándose emocionalmente con un drama que sufren millones de personas, haciendo ver que los inmigrantes se juegan la vida al tratar de llegar a Europa, pero no profundiza en las causas que lo producen, que son el hambre, las guerras y la esclavitud. Mientras los gobiernos no hagan una legislación de acogida en lugar de persecución, seguirán existiendo miles de muertos en el mar, en los desiertos….

Además se publicita una ideología individualista donde hace ver que cada uno debe resolver sus problemas sin responsabilizar a los gobiernos y multinacionales. Es un intento de lavar su imagen socialmente a través de proyectos de microcrédios que atacan gravemente a la caridad, en especial la caridad política, un buenismo que limpia su imagen y sus conciencias.

En definitiva ambas instituciones pretenden buscar un cambio de imagen donde se les vea como ONG, pero las inversiones las van a seguir haciendo en empresas que generan esclavos en serie, aunque luego se justificarán con que hacen inversiones en banca ética. Tienen todos los productos para ofrecer según tu ideología o necesidad. Pero nunca harán una denuncia clara de las causas y consecuencias de la inmigración.

En algunos países de llegada, los fenómenos migratorios suscitan alarma social y miedo, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así una mentalidad xenófoba, ante la que hay que reaccionar con decisión.

Las naciones más prósperas tienen la obligación de acoger, en cuanto sea posible al extranjero que busca seguridad y medios de vida que no pueden encontrar en su país de origen. Los poderes públicos deben velar para que se respete el derecho natural.

A los responsables de las empresas, les corresponde ante la sociedad la responsabilidad económica y social de sus operaciones, están obligados a considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias.

Por ello, nos parece que este tipo de vídeos donde se utiliza la imagen de los inmigrantes sin entrar a hacer un análisis profundo de la inmigración, y donde sí ofrecen sus productos para lavar  su imagen y conciencia, no deben ser compartidos y sí denunciados.

Javier Arranz

Mujeres trabajadoras

Este 8 de marzo no consintamos que queden olvidadas las últimas, esas mujeres trabajadoras, tantas veces ocultas, tantas veces despreciadas y humilladas hasta por otras mujeres.
Las Kellys que limpian los hoteles y en ellos dejan su juventud, sus espaldas y sus riñones sin que nadie se lo agradezca.
Las mujeres inmigrantes que ni duermen, ni descansan, empalmando un trabajo tras otro, de día y de noche, para conseguir ahorrar y reagrupar a su familia.
Las trabajadoras domésticas, que cocinan y arreglan casas sin tiempo para atender las propias.
Las que desearían ser madres, pero no lo son por miedo a perder el empleo.
Las madres que cuidan a hijos ajenos y se pasan las tardes sin ver a los propios.
Las que no pueden ayudar a sus hijos a hacer la tarea, pues, trabajadoras desde niñas, nunca fueron a la escuela.
Las que trabajan doble turno mientras el marido, frustrado y desesperado, sin encontrar nada, se queda en casa.
Las que saben de todo y son reposteras, peluqueras, pescaderas, camioneras…, pues llevan ya decenas de oficios a sus espaldas.
Las que van a trabajar sin apenas poder moverse porque no pueden permitirse estar de baja.
Las que se quedaron sin cobrar después de varias jornadas de trabajo y no se atreven a reclamar porque no tienen papeles.
Las que buscan trabajo colgando papelitos en las farolas y encuentran en vez de un empleo llamadas obscenas.
Las que dejan a sus hijos pequeños solos en casa y se pasan la jornada rezando para que en su ausencia no les pase nada.
Las que con apenas 30 años necesitan antiinflamatorios para resistir los dolores que les dejó la carga de trabajo.
Las que trabajan hasta el mismo día de dar a luz y llevan al bebé recién nacido a su trabajo, pues, si no curran, ni pagan la habitación, ni comen.
Mujeres trabajadoras. Mujeres empobrecidas. Mujeres explotadas.
¡Que este 8 de marzo no sean una vez más ignoradas!

Nuria Sánchez Díaz de Isla

El trabajo sin el que todo el sistema económico colapsaría

Oxfam Intermón publica un informe que advierte sobre el impacto negativo que va a tener sobre las mujeres y niñas el envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y la crisis climática.

Si nadie hiciese el trabajo que garantiza la vida, todo el sistema económico mundial colapsaría. Y, sin embargo, el 75% de esas labores lo hacen las mujeres y niñas sin recibir ninguna remuneración a cambio. Y un 16%, a cambio de salarios indignos: las trabajadoras domésticas son el colectivo laboral más pobre del mundo.

La filosofía consiste en repreguntarnos qué son realmente aquellas cuestiones que damos por sentado. Por eso, Tiempo para el cuidado, el último informe de Oxfam Intermón, dedicado al trabajo de cuidados remunerado y no remunerado, tiene mucho de filosófico: cuestiona y desmonta la forma en la que se ha concebido hasta ahora el sistema económico dominante, que ha desembocado en la sociedad más desigual de la historia de la humanidad: nunca la diferencia entre una minoría ínfima de milmillonarios ha sido tan grande con la de la inmensa mayoría de la población mundial.

Pero también hay mucho de aproximación filosófica en el informe de esta ONG porque más allá de realizar un diagnóstico de la situación actual, propone un modelo radicalmente distinto que configuraría otra forma de convivencia: una en la que los cuidados de los niños, niñas y ancianos, de las personas enfermas o con alguna discapacidad, en la que cocinar, lavar, buscar leña y agua –las labores que permiten que no muramos, que sobrevivamos– estén en el centro de las políticas públicas, sean remuneradas dignamente, garantizando así que todas las personas vean respetado su derecho a ser cuidados; y aquellas que cuidan a gozar de derechos políticos, sociales y económicos iguales que el resto de los trabajos.

Una propuesta de una lógica aplastante y que, sin embargo, subvertiría un sistema económico sexista basado en la explotación del trabajo de las mujeres y niñas y que, como estamos viendo con las numerosas protestas que se suceden por todo el globo, se ha demostrado fallido e insostenible. Un sistema diseñado dirigido mayoritariamente por hombres que explicaría igualmente que sean estos, en términos globales, los que gozan de un 50% más de riqueza que las mujeres. 

Solo en España, la ONG estima que en 2018 se destinaron más de 130 millones de horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, una cifra que equivaldría a 16 millones de personas trabajando una jornada laboral diaria sin percibir ninguna remuneración y el 14,9% del PIB, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La crisis global de la desigualdad

“La desigualdad está fuera de control”. Así comienza el informe Tiempo para el cuidado, de Oxfam Intermón. A partir de aquí, una sucesión de datos aplastantes. En 2019, los 2.153 milmillonarios que hay contabilizados a nivel mundial poseían más riqueza que 4.600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo gozan de más dinero que todas las mujeres de África. El 1% más rico de la población ostenta más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas. Y, atención: la entidad calcula que el trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres de más de 15 años en todo el mundo superaría los 10,8 billones de dólares anuales, el triple que el tamaño de la industria tecnológica mundial.

Pero hay una receta para acabar con tanta desigualdad: “sólo con una subida de un 0,5% en el tipo de impuesto que grava el patrimonio del 1% más rico del mundo, se podría recaudar fondos para crear más de 117 millones de puestos de trabajo en sectores como la educación, la salud y la asistencia a las personas mayores, acabando así con los déficits de cuidados en estos ámbitos”, expone la ONG en su informe.

En este sentido, el reconocido economista Thomas Piketty propone en su último libro un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los milmillonarios que haga circular la propiedad para volver a los niveles de concentración de la riqueza de los años 70. Así, los más ricos seguirían teniendo más de 100 millones de dólares, lo que les permitiría seguir gozando de un estatus privilegiado. Con lo recaudado, como contaron en el último dossier de la revista de La Marea, plantea una herencia de 125.000 euros a todas las personas cuando cumplan 25 años para que puedan desarrollar su proyecto vital y profesional.

El equipo de Piketty, como subraya Oxfam Intermón, ha demostrado la aceleración de la concentración de la riqueza desde 1980, periodo en el que el 1% de la población más rica del mundo ha recibido 27 centavos por cada dólar de crecimiento de los ingresos a nivel mundial, mientras el 50% más pobre, solo 12 centavos. Más datos: solo el 4% de la recaudación fiscal mundial procede de los impuestos sobre la riqueza y, según estudios recogidos por el informe, las grandes fortunas eluden hasta el 30% de sus obligaciones fiscales. Una dinámica que hace inviable la reducción de la pobreza, que se ha estancado desde 2013 a la mitad tras dos décadas de importantes avances. La mitad de las personas que habitan el planeta trata de sobrevivir con 5,5 dólares al día o menos.

El trabajo doméstico en España 

El informe estima que hay unos 67 millones de trabajadores del hogar en el mundo, el 80% mujeres, y que de estos sólo uno de cada diez está protegido por legislaciones laborales asimilables al resto de empleos. Tampoco en España donde una reforma de 2011 les reconoció algunos derechos, pero las mantuvo en un régimen especial por el que no tienen derecho a la prestación por desempleo, vacaciones ni a un finiquito, entre otros derechos básicos.

En el acuerdo suscrito por el PSOE y Unidas Podemos para la conformación del gobierno de coalición se recoge “la plena integración en el Régimen General de la Seguridad Social de las empleadas del hogar a lo largo de la legislatura. Firmaremos y ratificaremos el Convenio número 189, de 2011, de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos”.

En este sentido, Lara Contreras, economista y responsable de relaciones institucionales de Oxfam Intermón, da la bienvenida al anuncio en declaraciones para lamarea.com, pero teme que no suponga la igualación total de derechos. “Esta equiparación podría suponer un incremento del gasto en cuidados, que deben asumir las empresas y el Estado, responsable de garantizar el derecho de ser cuidado de cualquier persona y que las que cuidan lo hagan con los mismos derechos que el resto”. En este sentido, reivindica la recuperación de la Ley de Dependencia, pero completa, no solo subiendo los mínimos a recibir por las personas dependientes. «Debe destinarse la financiación suficiente para que todas las personas reciban la atención que necesitan».

Y de nuevo, el quid de la cuestión está en la reforma del sistema fiscal: “Esperamos que se cumpla el compromiso de que las grandes empresas paguen el 15% del tipo efectivo, que se grave más el capital y la riqueza y que la lucha contra la evasión fiscal sea una de las primeras medidas adoptadas”, resume Contreras. Según su ONG, con un incremento de solo el 0,5% del impuesto sobre el patrimonio del 1% más rico se podrían crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud y la asistencia a personas mayores.

En el mes de enero, Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico -una asociación madrileña de trabajadoras del hogar migrantes- ha relanzado su recogida de firmas en change.org para que el gobierno de Sánchez suscriba el convenio 189 de la OIT, y acabe con el limbo en el que se encuentra más de 1,5 millones de mujeres que trabajan en el sector de cuidados en España sin estar dadas de alta en la Seguridad Social.

“Hemos enviado cartas al Gobierno, pero no se trata solo de aprobar el convenio, sino de que se aprueben medidas que acaben con la precariedad en el sector”, subraya Pimentel. “El encarecimiento de la vivienda está provocando que muchas mujeres vuelvan a trabajar como internas porque no se pueden permitir un alquiler o una habitación en un piso compartido, que no hay suficientes además. También debe derogarse la Ley de Extranjería, que condena a las mujeres que son expulsadas de sus países a ser invisibles durante tres años”. Pimentel enumera algunas de las últimas ofertas de trabajo de las que han tenido constancia: “En Barcelona pedían una chica que no tenga hijos y que libraría dos veces al mes por 300 euros mensuales. A otra le ofrecían trabajar los fines de semana cuidando a una señora enferma por 200 euros…”.

Pimentel coincide con Contreras en la corresponsabilidad del Estado: “Hay familias que no se pueden permitir pagar un salario digno con la Seguridad Social porque ellas mismas son precarias, por eso tiene que apoyar el Estado. El mismo Estado que tiene que proteger a esas mujeres que ahora tienen más de 50 años, que no encuentran trabajo, que no han cotizado por ellas y que se encuentran en una situación muy dura después de una vida de trabajo”.

La crisis global de los cuidados 

Oxfam advierte de la crisis de los cuidados que va a provocar el envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y sistemas de protección social y la crisis climática. Se estima que en 2025 se calcula que 2.400 millones de personas vivirán en zonas sin suficiente agua, por lo que mujeres y niñas tendrán que recorrer mayores distancias para recogerla. Recuerda también que el calentamiento global reducirá la producción de alimentos y aumentará la afectación de enfermedades, lo que aumentará el tiempo exigido a mujeres y niñas para hacer frente a esta situación.

Para construir una sociedad más justa e igualitaria, Oxfam recuerda la propuesta de las 4R que economistas feministas, trabajadoras de cuidados y la sociedad civil llevan años proponiendo: reconocer los cuidados como un trabajo que aporta un valor real, reducir el número dedicadas a estas labores de manera no remunerado, redistribuir estas tareas de manera equitativa en las familias y trasladar su responsabilidad al Estado y al sector privado, y que las proveedoras de cuidados más excluidas tengan representación en el diseño y ejecución de las políticas que afectan a sus vidas.

Pero sobre todo, la investigación de Oxfam insta a los gobiernos a invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que “permitan abordar la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y niñas”, acabar con la riqueza extrema para erradicar la pobreza extrema, legislar para proteger a las personas que se ocupan del trabajo de cuidados y garantizar salarios dignos a sus trabajadoras y que tengan influencia en la toma de decisiones, combatir las normas sociales y las creencias sexistas, así como promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor el trabajo de cuidados.

Reivindicaciones que ya están liderando las trabajadoras etíopes en Líbano a través de Engna Legna Besdet, haciéndose oír en Sudáfrica a través de la campaña Domestic Workers Rising y convirtiéndose en políticas públicas en Uruguay o Nueva Zelanda.

El gobierno de coalición “no tiene un programa feminista”

“El pacto de gobierno tiene apartados que hablan de derechos de las mujeres que están bien, como en el ámbito de la lucha contra la precariedad laboral, que impactará especialmente entre las mujeres, las más precarizadas. Pero no es un programa feminista porque no pone en el centro de la economía y las políticas, que es lo que define ser feminista, los cuidados y la lucha contra la desigualdad y la pobreza ”, sostiene Lara Contreras.

 

Fuente: lamarea.com

Claves laicales para la acogida al forastero

Soy Raquel Martínez, mujer, madre de cuatro niños, ingeniera de caminos y actualmente trabajo en el sector de las energías renovables. ¿Qué como he acabado siendo delegada de migraciones de mi Iglesia local? Ni yo misma lo sé…

Mi vida comunitaria ha estado dentro de asociaciones cristianas (como el Movimiento Cultural Cristiano y Encuentro y Solidaridad) que quieren poner a los más débiles y empobrecidos en el centro. Y en estas asociaciones he aprendido que cuando tu madre, la Iglesia, te pide una aportación, cuesta decirle que no.

Mi experiencia de ser migrante, soy chilena y española, y viví en Chile hasta los 12 años, me ayuda a entender lo que es vivir lejos de la tierra que te vio nacer, tener siempre a parte de la familia lejos, y amigos en muchos sitios.

De entrada, el trabajo en la Delegación de Migraciones es una labor que se escapa a mis capacidades y posibilidades. Por eso el primer reto es recoger y enlazar con el gran trabajo de mis antecesores. Y a partir de ahí la mirada puesta en configurar un equipo, un grupo de amigos que se entusiasmen con esta tarea. Tarea, a la que Francisco nos está marcando las pautas. Su mensaje para la Jornada Mundial del migrante y refugiado del 2019 comenzó como suele hacer la Iglesia: escuchando el clamor de la humanidad. Para llegar a la conclusión de que son los pobres quienes más sufren las consecuencias de este mundo de desencuentro. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas… se han convertido en emblema de la exclusión.

Partiendo de esta mirada, me atrevo a plantear esquemáticamente algunas claves para el compromiso laical con las migraciones, partiendo de los grandes principios de la DSI, que se deberían reflexionar en el Congreso de Laicos 2020, que tendrá lugar en febrero en Madrid.

1) «Toda persona tiene derecho a migrar». CARIDAD (Acoger)

La acogida al forastero no solo no es ajena a nuestro ser cristiano, sino que es algo consustancial. La migración es un hecho constante en la historia de la salvación. El caminar errante está presente desde el momento mismo de la formación del pueblo hebreo hasta la comunidad de cristianos que nos consideramos peregrinos en esta tierra. Es Jesús quien pide a sus discípulos que vayan a recorrer los caminos sin nada, siendo su patria sus sandalias. Forastero en todas partes vamos siempre en busca de una patria mejor (Hb 11,14-16). Este es uno de los pilares de la pastoral con inmigrantes, y a decir verdad, la Iglesia en España está respondiendo, pues son cientos las asociaciones y colectivos que se desviven por ayudar al hermano que viene de fuera y por romper los miedos y los falsos tópicos que otros muchos quieren agitar con finalidad política nada cristiana.

Con alegría estamos viviendo en Zaragoza la puesta en marcha de la Mesa de la Hospitalidad. Iniciativa de acogida y también de encuentro entre la Iglesia y el Ayuntamiento de Zaragoza, trabajando en un objetivo común: dar posada a las familias refugiadas que llegan a nuestra ciudad

2) «Toda persona tiene derecho a NO tener que migrar». PROFETISMO (Proteger)

Este principio, que se nos olvida con más frecuencia, creemos debe ser otro de los pilares de la acción en pastoral de migraciones. En el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra, repitiendo con san Juan Pablo II «es un derecho primario del hombre vivir en su propia patria». Y eso pasa indudablemente por la denuncia profética de las injustas relaciones entre países enriquecidos y empobrecidos. Las sociedades más enriquecidas no podemos desinteresarnos del problema migratorio y menos aún endurecer las leyes, especialmente si la brecha entre los países ricos y pobres, de la cual se originaron las migraciones, se vuelve cada vez mayor. En este sentido queremos fomentar la colaboración, con realidades de denuncia y de creación de conciencia. En Zaragoza hemos comenzado a colaborar con los círculos del silencio que junto con otros luchan por el cierre de los Centros de internamiento de Extranjeros (CIES). Cierre que también han pedido valientemente nuestros pastores (CEE, comisión de migraciones sept 2019)

3) «Un solo corazón». UNIDAD (Integrar y promover)

Estamos llamados a la unidad, que no es lo mismo que uniformidad. La pastoral de migraciones, después de una incuestionable labor de acogida pastoral al hermano que sufre el desarraigo, debe favorecer la integración en las comunidades cristianas locales. De lo contrario corremos el peligro de perpetuar guetos pastorales. La pastoral de migraciones como un especie de lanzadera para que los migrantes se incorporen plenamente a las labores de las parroquias, de las delegaciones, de los movimientos y de las asociaciones laicales. Y desde allí aporte y enriquezca las comunidades locales con todo su bagaje, cultura y experiencia. Y más pronto que tarde dejar de sentirse forastero, recordando esas palabras de S. Pablo con clara vocación internacionalista: «Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos y familia de Dios (Ef 2, 19)».

La inmigración ha supuesto, y sigue suponiendo hoy, motivo de grandes desgarros y de inmensos sufrimientos. Pero desde una mirada de fe no es menos cierto que las migraciones han supuesto y deben suponer ocasiones privilegiadas para el avance de la humanidad, la cultura del encuentro y la fraternidad universal, como nos vuelve a interpelar Francisco.

Raquel Martínez
Delegada Episcopal de Migraciones de la Diócesis de Zaragoza

Sexo, hombres y grupos de guasap

Nunca pasa nada. “En Lugo ¿Nunca pasa nada?” Con esta pregunta arrancaban las amigas de Impunidade Carioca una reflexión sobre la lucha que llevan adelante contra la prostitución y todos los alrededores de corrupción que se mueven en torno a esta forma de esclavitud.

Y es verdad. A simple vista, no pasa nada. No pasa nada que llame la atención porque la prostitución se va normalizando y “lo normal” no destaca. Y esa es una primera lucha que hay que hacer: desvelar que sí pasan cosas, pero que no se ven. Cosas que transcurren ocultas aunque se estén normalizando: violencia, vejaciones, explotación, esclavitud, trata de personas… delitos, al fin y al cabo, que se normalizan.

De la misma manera que muchas de las políticas que hoy se proponen como de eliminación de la prostitución y que solo son de ocultación como, por ejemplo, sacar a las mujeres de las calles y que estén en pisos y que de esta manera aumente la violencia, la esclavitud… y que parezca que disminuye cuando aumenta realmente; de la misma manera el negocio de la explotación de la mujer transcurre por canales ocultos y privados como son los grupos de guasap.

Hoy en día todos estamos en muchos grupos de guasap. En unos porque queremos, en otros porque nos meten, en otros porque no queda más remedio… Todos y todas. Pero si eres hombre es posible que estés en alguno exclusivo de varones. Compañeros del trabajo, del equipo de fútbol de los sábados, de antiguos compañeros del colegio…

Os cuento la realidad de uno: 40 antiguos alumnos de colegio religioso. Varones. 45 años. Formado por profesionales de distintos sectores abogados, periodistas, asesores políticos, ingenieros, empresarios, técnicos, educadores… Casados la mayoría, con hijos, bastantes con hijas de 20 años. El grupo se crea para una comida de aniversario de 25 años después de salir del colegio. Y también como manera de ponernos en contacto profesional. Interesante. ¡Quién no va a querer estar!

El grupo funciona. La comida se celebra. Los contactos suceden, todo es bueno y razonable. Hasta que un buen día viernes llega el primer mensaje… “Feliz viernes. Raisa…” con foto de chica, desnudada, en pose, muy muy joven. En un grupo ocasional se destapa la vorágine como una botella de champan. Ya no hay stop.  “Pibón”, “¿De dónde la has sacado?”… llega un enlace a una web. El 90% participa. Al día siguiente otra foto. El domingo un vídeo. Dos, tres… otra foto. Se ve que hay tiempo para perderlo. El lunes ya es un no parar de fotos, chistes, comentarios a las fotos y los vídeos…

El grupo de hombres tranquilos, familiares, padres ideales… se ha disparatado. Los mensajes se hacen exponenciales. Las notificaciones se disparan, te ves obligado a vaciar la memoria del móvil cada rato. Las imágenes y vídeos se descargan automáticamente en los teléfonos de manera que cada uno va llevando un catalogo pornográfico en el bolsillo. Cada vez es más fácil reenviar y difundir desde este grupo a otros. Lo que llega por “Antiguos alumnos” se manda a “Los de futbito” y de ahí a “cuñados”…. Algunos hasta te vuelven a llegar de vuelta de tanto que se reenvían.

No tarda en llegar otro aniversario. Propuesta de quedada a cenar… y a un club. Ojo: padres de familia, esposos, profesionales de buena reputación. El organizador: “Yo busco el restaurante y fulano que se encargue de las chicas”. Lo normal. Tras tanto porno teórico se necesita pasar a la acción. Estos tienen dinero y pagarán. Pero los que no tengan dinero lo tomarán por la fuerza. Y en grupo se es más fuerte, más manada.

Llegado este momento. Hemos hecho top. Me bajo de esa basura. Yo quiero el grupo. En él algunos de nosotros tenemos negocios en común, somos clientes o proveedores de servicios, somos amigos desde hace 40 años. Pero no para eso. Lo advierto. Y llegan promesas de moderación. Aguanto. En 15 días es peor. Ya no son desnudos y porno, con la violencia que ya entrañan, en sí mismo es sexo violento extremo. Adiós.

Había que irse. Un clic lo hacía posible. Pero irse sin explicarlo solo seria cerrar los ojos, taparse la nariz y dejar que todo siguiera transcurriendo como si no pasase nada. Redacte mi explicación y la mandé.

“Adiós amigos. No puedo entender como este grupo ha derivado a esta basura contra la mujer. Mandáis fotos de muchachas que tienen la edad de nuestras hijas sin pudor ninguno. Son hijas de otros hombres y mujeres, la mayoría victimas de trata traídas de Rumanía, Nigeria, Rusia, Colombia… para ser abusadas, violadas por dinero, esclavizadas… La violencia que practicáis difundiendo eso colabora a que haya más demanda de ese tráfico de personas.
Fotos de chicas que pueden ver vuestros hijos pequeños de 10, 11, 12 años cada vez que les prestáis el móvil para mandar un guasap a la abuela. Que verán como normal disponer y compartir esos vídeos. Que desearan imitaros. Que compartirán en sus institutos esas vejaciones. Que acabarán practicándolo como lo normal.
Os rasgáis las vestiduras por el caso de la manada porque tenéis miedo por vuestras hijas, los que las tenéis. Y los que tenéis hijos decís que estáis tranquilos porque ellos no corren peligro al volver de noche. Pero os equivocáis. En el fondo tenéis miedo porque un día, una noche, una de vuestras hijas puede ser víctima de los cuatro hijos de cuatro amigos de este grupo; porque vuestros hijos demandan lo que os han visto hacer en la soledad de vuestros teléfonos.
Tenéis miedo porque todos sabéis que la presión económica puede llevar a vuestras hijas a ser prostituidas por un grupo de amiguetes de vuestros hijos, que llevan aprendiendo de sexo en vuestros teléfonos desde hace años y ahora quieren practicar el abuso que han aprendido. Quieren ser como vosotros. Sois sus héroes. Como dicen ellos “sois el puto amo”. O incluso podréis encontraros a la hija de un conocido en una de vuestras cenas.
Parad amigos. Parad. Sois profesionales, sabéis que la demanda provoca oferta. Y vuestro consumo de pornografía y prostitución está generando que miles de mujeres sean objeto de trata para enriquecer a unos cuantos esclavizándolas y para vuestra propia degradación como personas. Ya no mirareis a vuestras hijas con los mismos ojos, ni a vuestras esposas o parejas. Dejad de engañarlas.
No deseo seguir en este grupo para esto. Me tenéis a vuestra disposición por privado. Un abrazo”.

Alguno me tachó de exagerado. Muchos callaron. Otros tantos me agradecieron, por privado, mis palabras, con las que estaban de acuerdo pero… seguirían en el grupo. Solo uno salió del grupo, sumándose a mis razones. Y otros dos, siempre hay alguno que no se entera, pensaron que quería seguir recibiendo los mensajes por privado y me los mandaban… Los tuve que bloquear.

Hay que hacer que pase algo. No nos debe ser indiferente pasear por nuestras calles y ver los anuncios en los parabrisas de los coches con las fotos de chicas esclavizadas en clubs. No podemos dejar que pase indiferente la regulación por parte de los políticos de esta forma de esclavitud, que sea parte de la corrupción política, que empresarios, políticos, policías, abogados,… sean conniventes porque hay negocio para todos.

Por eso te reclamo tres cosas sencillas.

  • Si llega el caso, no reenvíes mensajes de ese tipo que humillan a las mujeres y te degradan como hombre.
  • Dos: redacta tu motivación y compártela con otros hombres.
  • Y tres: busca a quien ya lucha asociadamente y préstale colaboración dándole tu apoyo. Ese servicio puedes hacerlo. Haz que pase. La trata de personas empieza en tu teléfono y un pequeño paso comienza a pararla. (1)

Que no veamos el problema no elimina el problema… Que no veamos el drama de la prostitución no acaba con la prostitución, lo oculta para empeorarlo. En pisos y en tu teléfono. Y no es un problema de mujeres. Es un problema de los hombres: mientras no cortemos la demanda, mientras no hagamos posible cortar los canales de reenvío, mientras no vayamos a eliminar las causas de esta esclavitud… nuestras familias, ciudades y sociedad padecerán la indignidad, porque nunca pasa nada. Hasta que pasa.

Julián García


(1) En España ya hay juez, jueza, Pilar de Lara, perseguida por combatir la trata de personas, defender a las víctimas y poner encima de la mesa la corrupción en torno a este negocio. También hay que defender a los que defienden.

El valor de los alimentos, el valor de la vida

El número de hambrientos ha aumentado en el mundo los dos últimos años,  según reconoce la ONU. Al mismo tiempo se desperdician, cada año,  mil millones de toneladas de alimentos.

Es una contradicción la enorme cantidad de comida tirada a la basura y el hecho de que tantas personas sufran hambre.  Es la cruda realidad que viven o por la que mueren millones de personas. Esto sucede incluso en España donde, según el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, se destruyen 21.000 toneladas de comida al día, mientras tres millones de españoles pasan hambre. El despilfarro de alimentos provoca que se robe la vida a millones de personas y el trabajo a los productores.

Otro de los mecanismos que causan el hambre son los márgenes comerciales desmesurados: el margen comercial que se ha aplicado el pasado mes de diciembre a las patatas ha sido de un 700 por ciento, es lo que se percibe por llevarlas desde las zonas de producción hasta los lugares de consumo. Otros productos no se quedan atrás: cebolla, mandarina o brócoli (600%), berenjena o pimiento (311%), pepino (189%), etc.

Una de las razones de esto es la dependencia económica de las grandes empresas de distribución que copan los mercados e imponen sus condiciones, tanto a productores como a consumidores.

Ninguno quedamos al margen de la lucha contra esta cultura que empobrece y mata a tantas personas, especialmente a los más pobres y vulnerables de la sociedad: todo ser humano tiene derecho a una alimentación saludable y sostenible. Para eso, la persona tiene que ocupar el centro de las decisiones políticas y económicas

 

Grupo D. E. Merino

El Belén migrante, un belén encarnado

Lo nuclear del mensaje de Navidad que acabamos de celebrar es la ENCARNACIÓN; celebrar el misterio de todo un Dios que se hace hombre. Y hombre pobre. Es una encarnación histórica, pero también presente, pues el mensaje de Jesús se hace nuevo cada día. Por eso en el “Belén Migrante” de este año hemos representado ese misterio de un Dios que se hace carne, también en 2020.

Un Dios que predilectamente se dirige a los pobres. Y quién más pobre en nuestra ciudad que inmigrantes y refugiados, que unen a la gran carencia material el desarraigo. Representados en nuestro belén como modernos pastores a los que los ángeles anuncian una Buena Nueva, estaban inmigrantes que vienen en pateras y refugiados que duermen al raso o en tiendas de campaña. Representados como modernos Herodes, ajenos a los problemas de los pequeños, reflejamos las políticas de las grandes instituciones (como la UE) que promueven leyes contra los inmigrantes. Como las políticas europeas del “Frontex”, que obligan a rutas cada vez más peligrosas y fuerzan la muerte de miles de hermanos en el Mediterráneo. O la existencia de Centros de Internamiento para Extranjeros (CIEs), lugares donde se priva de libertad a personas sin haber cometido delito alguno. Representados como el anhelo de muchos hombres y mujeres de toda raza y condición, que quieren adorar a Jesús, estaban los sabios de Oriente y todos sus problemas cotidianos para llegar a Belén. Y en el centro, la Sagrada Familia, custodiando ese misterio de un Dios, que hoy como ayer, se sigue haciendo CARNE.

Para este Belén hemos contado con la colaboración de una iniciativa familiar que pretende contar historias para aprender y jugar usando las figuritas de Playmobil: podéis ver sobre esta iniciativa y sobre el belén migrante y su montaje en: Menudas historias de gente menuda.

Rodrigo Lastra