Ildefonso Hervás
Presentamos un artículo que recoge los resultados de los estudios que se vienen haciendo sobre la incidencia del uso excesivo de las pantallas en la salud mental de los más jóvenes. Lo que empezó siendo una tímida intuición, una observación de padres y educadores alentada por la experiencia, cuenta ya con sólida evidencia científica.
«Pensábamos que la tecnología les ayudaría a socializar, a aprender más, a tener más acceso al conocimiento, pero nos equivocamos”, reconoce a SINC el psicólogo clínico Francisco Villar, coordinador del programa de atención a la conducta suicida de la infancia y la adolescencia en el Hospital Sant Joan de Déu.
Según el especialista, “la calidad de vida de los chavales ha bajado mucho. Son menos empáticos, más impulsivos, menos tolerantes con la frustración”. Además, los chicos se habitúan a los contenidos altamente violentos y pornográficos, que tienen su principal puerta de entrada en los grupos de Whatsapp.
Entre los enlaces que ofrece el texto está un detalladísimo estudio que hace UNICEF sobre el tema en España contando con una muestra de 40.000 adolescentes.
Esto no ocurre por casualidad: el modelo de negocio de las empresas tecnológicas está basado en recabar y utilizar nuestros datos. Privacidad e ingresos económicos son términos antagónicos e inversamente proporcionales. Están jugando con nuestra salud mental para hacer caja.
Varios expertos plantean la urgencia de pedir responsabilidades a las plataformas digitales que emplean diseños adictivos y no verifican la edad de sus usuarios.
Por el momento, comunidades autónomas españolas como Madrid, Cataluña, Baleares, Asturias o Cantabria han prohibido o restringido el uso de dispositivos móviles –incluso para fines educativos– en las aulas.
Además, diez países de la Unión Europea han elevado a 16 años el consentimiento en materia de protección de datos y, con ello, la edad de acceso a las redes sociales
La solución nunca será prescindir de las tecnologías (aunque es evidente que las desarrolladas no nos valen tal cual han sido diseñadas por las grandes empresas tecnológicas) sino proporcionar las herramientas, en base a procesos de aprendizaje y maduración adecuados, para que su uso reporte un desarrollo adecuado tanto físico como mental. Y para ésto es para lo que no estamos encontrando ni recursos, ni garantías.
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