¿Amnistía?

Autor: Juan Torres López

Hagamos, en primer lugar, la prueba del algodón: Si la amnistía de los delitos cometidos por Puigdemont y otras personas fuera realmente una solución democrática y auténtica de los problemas de Cataluña ¿por qué ni el PSOE ni Sumar llevaban esta «solución» en sus programas electorales?

No nos engañemos. La promulgación de una ley de amnistía con un gobierno en funciones no es una alternativa que resuelva problemas. Es una reivindicación legítima, pero muy minoritaria, de los dirigentes de los partidos independentistas catalanes aprovechando el endiablado resultado electoral que, de llevarse a cabo, provocará nuevos conflictos y quizá más peligrosos.

¿Con qué fin asumirían PSOE y Sumar una amnistía?

Como he dicho, si hubiera sido como solución al problema catalán, lo habrían ofrecido expresamente al electorado en sus respectivos programas electorales.

Pero no fue así. Es un hecho: la amnistía no está en sus programas.

¿Por qué se podrían plantear, entonces, concederla ahora?

La única respuesta posible -si es que se lo plantearan- está muy clara: sólo para poder formar gobierno.

¿Pero qué gobierno?

Un gobierno que necesitaría el apoyo constante de un partido neoliberal dirigido por un cobarde, Puigdemont, que huyó en el maletero de un coche mientras sus subordinados iban a la cárcel. Un gobierno sometido al chantaje permanente de un partido, como ERC, que ha dicho en sede parlamentaria que le «importa un comino la gobernabilidad de España”.

¿Qué gana la izquierda con eso, cediendo ante los independentistas?

La cuestión no es si la amnistía tiene cabida o no en la Constitución (el problema que parece preocupar a Sumar, como si en lugar de un partido político fuese un despacho de abogados).

En España hay una realidad electoral: la derecha del PP unida a la extrema derecha de Vox no puede formar gobierno. La izquierda tampoco, salvo que recurra a contar con apoyos que no sólo no son de izquierdas, sino que reclaman exigencias inaceptables si se quiere poner en marcha un proyecto de transformación progresista.

PSOE y Sumar tienen una única opción: la coherencia y el arrojo, plantarle cara a la derecha cada día más extremista y, al mismo tiempo, al independentismo reaccionario. Es Puigdemont y su partido quienes deben aceptar condiciones; no imponerlas. Y si hay que ir a nuevas elecciones se va, con la cabeza bien alta.

Frente al nacionalismo españolista de la derecha y frente al de las periferias del privilegio, hay alternativas: el diálogo permanente, el orgullo de sentirnos parte de un proyecto en común, el reconocimiento igualitario y en igualdad del derecho de todos a decidir y la riqueza de amar a una España plural, diversa, con distintas y bellas lenguas y plurinacional.

¿Se va a optar -sólo para tener unos cuantos ministerios- por hacerle la cama a quien provocó el problema (el PP de Rajoy), poniéndole en bandeja que gane las próximas elecciones, o  a quienes utilizaron su provocación para quitarse de encima la protesta popular contra sus políticas neoliberales (la derecha independentista catalana)?

Dijo Otto von Bismarck que España es el país más fuerte del mundo porque los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido.

Yo sueño con una patria en la que no nos destruyamos unos a otros sino en la que podamos abrazarnos (dejando fuera a la minoritaria oligarquía que se traspasa generación a generación sus privilegios) no sólo cuando ganen nuestras selecciones de fútbol.

Porque soy de izquierdas y porque rechazo los nacionalismos excluyentes, lo digo con todas mis fuerzas: ¡Viva España! Viva la España que ojalá conceda siempre a la ciudadanía de todas sus esquinas el derecho a pronunciarse con igualdad sobre su futuro y sobre la forma en que quiere ser gobernada.

Que la derecha española no va por ese camino, lo supe siempre. Lo que me apena e incluso me avergüenza es el que parece que están dispuestos a emprender el PSOE y Sumar. Ojalá sea yo quien me equivoque.

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