El trabajo sin el que todo el sistema económico colapsaría

Oxfam Intermón publica un informe que advierte sobre el impacto negativo que va a tener sobre las mujeres y niñas el envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y la crisis climática.

Si nadie hiciese el trabajo que garantiza la vida, todo el sistema económico mundial colapsaría. Y, sin embargo, el 75% de esas labores lo hacen las mujeres y niñas sin recibir ninguna remuneración a cambio. Y un 16%, a cambio de salarios indignos: las trabajadoras domésticas son el colectivo laboral más pobre del mundo.

La filosofía consiste en repreguntarnos qué son realmente aquellas cuestiones que damos por sentado. Por eso, Tiempo para el cuidado, el último informe de Oxfam Intermón, dedicado al trabajo de cuidados remunerado y no remunerado, tiene mucho de filosófico: cuestiona y desmonta la forma en la que se ha concebido hasta ahora el sistema económico dominante, que ha desembocado en la sociedad más desigual de la historia de la humanidad: nunca la diferencia entre una minoría ínfima de milmillonarios ha sido tan grande con la de la inmensa mayoría de la población mundial.

Pero también hay mucho de aproximación filosófica en el informe de esta ONG porque más allá de realizar un diagnóstico de la situación actual, propone un modelo radicalmente distinto que configuraría otra forma de convivencia: una en la que los cuidados de los niños, niñas y ancianos, de las personas enfermas o con alguna discapacidad, en la que cocinar, lavar, buscar leña y agua –las labores que permiten que no muramos, que sobrevivamos– estén en el centro de las políticas públicas, sean remuneradas dignamente, garantizando así que todas las personas vean respetado su derecho a ser cuidados; y aquellas que cuidan a gozar de derechos políticos, sociales y económicos iguales que el resto de los trabajos.

Una propuesta de una lógica aplastante y que, sin embargo, subvertiría un sistema económico sexista basado en la explotación del trabajo de las mujeres y niñas y que, como estamos viendo con las numerosas protestas que se suceden por todo el globo, se ha demostrado fallido e insostenible. Un sistema diseñado dirigido mayoritariamente por hombres que explicaría igualmente que sean estos, en términos globales, los que gozan de un 50% más de riqueza que las mujeres. 

Solo en España, la ONG estima que en 2018 se destinaron más de 130 millones de horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, una cifra que equivaldría a 16 millones de personas trabajando una jornada laboral diaria sin percibir ninguna remuneración y el 14,9% del PIB, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La crisis global de la desigualdad

“La desigualdad está fuera de control”. Así comienza el informe Tiempo para el cuidado, de Oxfam Intermón. A partir de aquí, una sucesión de datos aplastantes. En 2019, los 2.153 milmillonarios que hay contabilizados a nivel mundial poseían más riqueza que 4.600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo gozan de más dinero que todas las mujeres de África. El 1% más rico de la población ostenta más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas. Y, atención: la entidad calcula que el trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres de más de 15 años en todo el mundo superaría los 10,8 billones de dólares anuales, el triple que el tamaño de la industria tecnológica mundial.

Pero hay una receta para acabar con tanta desigualdad: “sólo con una subida de un 0,5% en el tipo de impuesto que grava el patrimonio del 1% más rico del mundo, se podría recaudar fondos para crear más de 117 millones de puestos de trabajo en sectores como la educación, la salud y la asistencia a las personas mayores, acabando así con los déficits de cuidados en estos ámbitos”, expone la ONG en su informe.

En este sentido, el reconocido economista Thomas Piketty propone en su último libro un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los milmillonarios que haga circular la propiedad para volver a los niveles de concentración de la riqueza de los años 70. Así, los más ricos seguirían teniendo más de 100 millones de dólares, lo que les permitiría seguir gozando de un estatus privilegiado. Con lo recaudado, como contaron en el último dossier de la revista de La Marea, plantea una herencia de 125.000 euros a todas las personas cuando cumplan 25 años para que puedan desarrollar su proyecto vital y profesional.

El equipo de Piketty, como subraya Oxfam Intermón, ha demostrado la aceleración de la concentración de la riqueza desde 1980, periodo en el que el 1% de la población más rica del mundo ha recibido 27 centavos por cada dólar de crecimiento de los ingresos a nivel mundial, mientras el 50% más pobre, solo 12 centavos. Más datos: solo el 4% de la recaudación fiscal mundial procede de los impuestos sobre la riqueza y, según estudios recogidos por el informe, las grandes fortunas eluden hasta el 30% de sus obligaciones fiscales. Una dinámica que hace inviable la reducción de la pobreza, que se ha estancado desde 2013 a la mitad tras dos décadas de importantes avances. La mitad de las personas que habitan el planeta trata de sobrevivir con 5,5 dólares al día o menos.

El trabajo doméstico en España 

El informe estima que hay unos 67 millones de trabajadores del hogar en el mundo, el 80% mujeres, y que de estos sólo uno de cada diez está protegido por legislaciones laborales asimilables al resto de empleos. Tampoco en España donde una reforma de 2011 les reconoció algunos derechos, pero las mantuvo en un régimen especial por el que no tienen derecho a la prestación por desempleo, vacaciones ni a un finiquito, entre otros derechos básicos.

En el acuerdo suscrito por el PSOE y Unidas Podemos para la conformación del gobierno de coalición se recoge “la plena integración en el Régimen General de la Seguridad Social de las empleadas del hogar a lo largo de la legislatura. Firmaremos y ratificaremos el Convenio número 189, de 2011, de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos”.

En este sentido, Lara Contreras, economista y responsable de relaciones institucionales de Oxfam Intermón, da la bienvenida al anuncio en declaraciones para lamarea.com, pero teme que no suponga la igualación total de derechos. “Esta equiparación podría suponer un incremento del gasto en cuidados, que deben asumir las empresas y el Estado, responsable de garantizar el derecho de ser cuidado de cualquier persona y que las que cuidan lo hagan con los mismos derechos que el resto”. En este sentido, reivindica la recuperación de la Ley de Dependencia, pero completa, no solo subiendo los mínimos a recibir por las personas dependientes. «Debe destinarse la financiación suficiente para que todas las personas reciban la atención que necesitan».

Y de nuevo, el quid de la cuestión está en la reforma del sistema fiscal: “Esperamos que se cumpla el compromiso de que las grandes empresas paguen el 15% del tipo efectivo, que se grave más el capital y la riqueza y que la lucha contra la evasión fiscal sea una de las primeras medidas adoptadas”, resume Contreras. Según su ONG, con un incremento de solo el 0,5% del impuesto sobre el patrimonio del 1% más rico se podrían crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud y la asistencia a personas mayores.

En el mes de enero, Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico -una asociación madrileña de trabajadoras del hogar migrantes- ha relanzado su recogida de firmas en change.org para que el gobierno de Sánchez suscriba el convenio 189 de la OIT, y acabe con el limbo en el que se encuentra más de 1,5 millones de mujeres que trabajan en el sector de cuidados en España sin estar dadas de alta en la Seguridad Social.

“Hemos enviado cartas al Gobierno, pero no se trata solo de aprobar el convenio, sino de que se aprueben medidas que acaben con la precariedad en el sector”, subraya Pimentel. “El encarecimiento de la vivienda está provocando que muchas mujeres vuelvan a trabajar como internas porque no se pueden permitir un alquiler o una habitación en un piso compartido, que no hay suficientes además. También debe derogarse la Ley de Extranjería, que condena a las mujeres que son expulsadas de sus países a ser invisibles durante tres años”. Pimentel enumera algunas de las últimas ofertas de trabajo de las que han tenido constancia: “En Barcelona pedían una chica que no tenga hijos y que libraría dos veces al mes por 300 euros mensuales. A otra le ofrecían trabajar los fines de semana cuidando a una señora enferma por 200 euros…”.

Pimentel coincide con Contreras en la corresponsabilidad del Estado: “Hay familias que no se pueden permitir pagar un salario digno con la Seguridad Social porque ellas mismas son precarias, por eso tiene que apoyar el Estado. El mismo Estado que tiene que proteger a esas mujeres que ahora tienen más de 50 años, que no encuentran trabajo, que no han cotizado por ellas y que se encuentran en una situación muy dura después de una vida de trabajo”.

La crisis global de los cuidados 

Oxfam advierte de la crisis de los cuidados que va a provocar el envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y sistemas de protección social y la crisis climática. Se estima que en 2025 se calcula que 2.400 millones de personas vivirán en zonas sin suficiente agua, por lo que mujeres y niñas tendrán que recorrer mayores distancias para recogerla. Recuerda también que el calentamiento global reducirá la producción de alimentos y aumentará la afectación de enfermedades, lo que aumentará el tiempo exigido a mujeres y niñas para hacer frente a esta situación.

Para construir una sociedad más justa e igualitaria, Oxfam recuerda la propuesta de las 4R que economistas feministas, trabajadoras de cuidados y la sociedad civil llevan años proponiendo: reconocer los cuidados como un trabajo que aporta un valor real, reducir el número dedicadas a estas labores de manera no remunerado, redistribuir estas tareas de manera equitativa en las familias y trasladar su responsabilidad al Estado y al sector privado, y que las proveedoras de cuidados más excluidas tengan representación en el diseño y ejecución de las políticas que afectan a sus vidas.

Pero sobre todo, la investigación de Oxfam insta a los gobiernos a invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que “permitan abordar la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y niñas”, acabar con la riqueza extrema para erradicar la pobreza extrema, legislar para proteger a las personas que se ocupan del trabajo de cuidados y garantizar salarios dignos a sus trabajadoras y que tengan influencia en la toma de decisiones, combatir las normas sociales y las creencias sexistas, así como promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor el trabajo de cuidados.

Reivindicaciones que ya están liderando las trabajadoras etíopes en Líbano a través de Engna Legna Besdet, haciéndose oír en Sudáfrica a través de la campaña Domestic Workers Rising y convirtiéndose en políticas públicas en Uruguay o Nueva Zelanda.

El gobierno de coalición “no tiene un programa feminista”

“El pacto de gobierno tiene apartados que hablan de derechos de las mujeres que están bien, como en el ámbito de la lucha contra la precariedad laboral, que impactará especialmente entre las mujeres, las más precarizadas. Pero no es un programa feminista porque no pone en el centro de la economía y las políticas, que es lo que define ser feminista, los cuidados y la lucha contra la desigualdad y la pobreza ”, sostiene Lara Contreras.

 

Fuente: lamarea.com

Falsas razones para perdonar

¿Para qué perdonar? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué pretendo conseguir cuando perdono? Falsas razones para perdonar hacen que el perdón que se otorga en algunas situaciones no sea auténtico.

Una de ellas sucede cuando el perdón viene motivado porque el ofendido confía en la posibilidad de que el ofensor cambie gracias al perdón que ha recibido.  Es algo así como que el rencor por la ofensa recibida permaneciese archivado, como una especie de expediente pendiente de resolución, y en función de cómo transcurra la conducta y el comportamiento del acusado, se termina de resolver de modo favorable al ofensor si no vuelve a cometer la ofensa, o se le agrava la pena pendiente en caso de que vuelva a herir. Este tipo de perdón confía demasiado en sí mismo y suele convertirse en frustración cuando no logra el objetivo de que el otro se convierta y cambie. Esa frustración se traduce en un aumento exponencial del resentimiento. El perdón verdadero es incondicional.

Otra de las razones falsas consiste en que si yo perdono voy a ser mejor persona. En esta motivación se utiliza el hecho de perdonar para ser mejor, para el crecimiento personal, en una especie de ascensión a los cielos hecha a base de peldañitos de perdón. En esa dinámica, cada ofensa se convierte en una ocasión para el avance espiritual propio, sin importar demasiado ni el ofensor, ni su futuro. Y el perdón se convierte en una ganancia en el camino de una persona centrada en sí misma, que mira al ofensor desde el altar de su propia bondad. El perdón verdadero es humilde, gratuito, desinteresado…

También es una falsa razón aquella en que el ofendido utiliza el perdón como forma de dominación del ofensor. Se sustituye la deuda moral contraída con la ofensa por la deuda moral contraída por el perdón. “Te perdono para dominarte”. Esta dinámica supone que el ofendido utiliza tanto el daño recibido como el perdón otorgado en la relación con el otro, porque el perdón le convierte en poderoso. Desde su magnanimidad emplea el perdón para acrecentar la deuda que tenía el ofensor en vez de cancelarla. En estos casos, lo más habitual es que la relación futura empeore, ya que aumenta el desequilibrio entre las partes. El perdón verdadero impide que la última palabra la tenga el poder.

La última de las falsas razones consiste en perdonar para terminar rápidamente con todo lo que tiene que ver con la ofensa y pasar página. En este tipo de escenario, el ofendido intenta volver a la relación anterior ahorrándose, o ahorrando al ofensor, el dolor que supone mirar la ofensa, y tratando de minimizar el daño para facilitar la vuelta a la situación original. Evita de esa manera, el remordimiento del ofensor, que es tan necesario para promover un cambio y una reparación. El perdón verdadero ni ignora ni minimiza el mal.

Vistas éstas como falsas razones para perdonar. ¿Cuáles pueden ser las verdaderas razones para hacerlo? Sólo una: el perdón es el amor buscando sitio para crecer. Al no perdonar, nuestra capacidad de amar se estanca. Y como dice el Papa Francisco, el amor que no crece comienza a correr riesgos. La única razón para perdonar es querer amar.

 

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano

Marguerite Barankitse: “Cuando perdonas, curas el mundo”

Tras rescatar 25 niños de una masacre de 72 personas que se vio obligada a presenciar en 1993 en Burundi, ‘Maggy’ creó Maison Shalom, un hogar para más de 20.000 huérfanos

La llaman Ángel de Burundi, Madre Nacional o Santa Maggy, apelativos que Marguerite Barankitse (Ruyigi, Burundi, 1956) rechaza con una sonora carcajada de pudor que se intensifica en cada sobrenombre mencionado. “Soy más bien una mujer loca”, se adjudica,“porque sólo con locura empiezas cosas desde la nada”; aunque todo el mundo la llama Oma (abuela). Una ‘abuela’ de 60 años de edad, presencia majestuosa y sonrisa contagiosa, que encarna tanto la tragedia del pasado violento de Burundi como el empeño hacia un futuro de paz.

El 22 de octubre de 1993, Maggy perdió el 60% de su familia. La desnudaron, la ataron y la obligaron a presenciar la matanza de 72 personas durante los trágicos conflictos entre hutus y tutsis en Burundi. Los asesinos obligaron a los hombres a elegir entre matar con sus manos a su mujer y sobrevivir o morir junto a la esposa y dejar a los hijos huérfanos. Una amiga le pidió que, por favor, cuidara de sus hijas Lidia y Liset; que prefería morir con su marido.

El 22 de octubre de 1993, Maggy perdió el 60% de su familia durante los conflictos entre hutus y tutsis.

Rescató 25 niños y niñas de aquella tragedia y fundó Maison Shalom, una ONG que en pocos años llegó a dar asistencia sanitaria y educación a más de 20.000 niños de todas las etnias. Era la generación destinada a romper el ciclo de violencia en el país. Pero en 2015 el Gobierno burundés la cerró y la activista –crítica con los crímenes de lesa humanidad, reconocidos por la ONU, y perpetrados por el presidente Pierre Nkurunziza– se vio obligada a abandonar el país y refugiarse en Ruanda. Allí ha abierto un centro comunitario, llamado Oasis de Paz, para 90.000 refugiados burundeses. Su testimonio, que Barankitse vino a compartir esta semana en un acto organizado por el CIDOB en Barcelona, es el ejemplo de una resiliencia sin límites.

¿Cómo lo hace por convivir con los estragos del genocidio?

Siendo una vela en la oscuridad. Desde mi infancia cada cinco años ha habido masacres en Burundi. A pesar de las atrocidades, en mi familia siempre fui feliz. Perdí a mi padre cuando tenía cinco años pero mi madre me enseñó otra cara de la vida. Y para mí la vida fue un festín. Decidí no deprimirme y ser una pequeña candela entre la oscuridad. Me acuerdo cuando empezó en mi país la enorme masacre entre tutsis y hutus en 1972 , yo era una adolescente y no quise ir a la escuela porque no entendía porqué no honrábamos por igual a todos los padres que habían muerto. Mi madre me trajo una vela y me dijo: ‘Cuando haya oscuridad, escoge siempre ser luz’. Fue cuando le dije a mi madre que quería ser profesora y enseñar lo mismo que ella me enseñó.

A vivir en el lado positivo de la vida

Por eso, cuando hay odio, puedo amar, cuando hay indiferencia, puedo ser compasiva, cuando hay intolerancia puedo ser tolerante y cuando hay orgullo, puedo ser humilde. Esta es la misión que recibí de mi madre.

Usted creó una comunidad para 25 niños primero y luego, incluso para más de 20.000…

No solo esos 20.000 niños, sino también todas esas madres que fueron violadas, esas familias que no tenían a donde ir, los exprisioneros que no tenían casa, los niños soldados… Era una comunidad muy especial. Para mi las cifras no son importantes. Era una casa de la paz, Maison Shalom, abierta a todo el mundo. Recuerdo que en el año 2000 hubo un bombardeo y toda la gente vino a mi casa y en el patio había al menos 8.000 personas, a las que tuve que alimentar de golpe. Lo hice sin dudarlo ni un segundo.

¿Construir esa comunidad le ayudó a superar la tragedia?

Es verdad que cuando pierdes el 60% de tu familia, tíos, tías, primos y primas… la familia, el sagrado regalo que Dios nos da, algunos días piensas que quieres volver a verles, otros, que quieres regresar a tu pueblo. Pero sé, gracias a mi madre, que puedo crear una nueva y preciosa familia. Me reservo tiempo para velar a los muertos, para decirle a Dios que no lo entiendo, que a veces fue muy difícil… Además de mi familia, también perdí muchos niños: cinco niños al día morían en mis manos. Y a veces no veo compasión en la comunidad que me rodea y solo mi fe me mantiene en pie.

Recuerdo que en 1996 perdí la voz porque quería cargar con todo, cambiarlo todo; me sentía joven, pero fue demasiado para mí. Después de eso, empecé a pensar que en realidad soy un mero instrumento para la comunicación del amor y que tengo que dedicar más tiempo a gozar de la vida, que para ser Teresa de Calcuta no hace falta ser una mártir, como dicta la educación católica que recibí. Fue cuando empecé a cuidarme, a maquillarme… ahora nadie puede detenerme.

Después de convertir los estragos de una guerra civil en un mundo de esperanza para 20.000 niños, se vio obligada a huir de Burundi a Ruanda y empezar de cero por sus críticas contra el presidente de Burundi Pierre Nkurunziza. Si pudiera retroceder en el tiempo, ¿haría las cosas de manera diferente? ¿Callaría?

No [ríe a carcajada limpia] Mire, cuando empecé a construir el hospital de Maison Shalom fue porque estaba muy enfadada. Un día del año 2001 murieron 16 madres en el parto y fui al Gobierno a denunciar que no podíamos continuar así, pero el ministro de Sanidad no me escuchó. Conseguí el dinero y construí un hospital y durante 10 años ninguna madre murió dando a luz. Todas estas cosas las dejé atrás cuando tuve que huir sin nada y empezar de cero. Dos años después he reconstruido un mundo nuevo.

No callaré nunca, ni por los burundeses, ni por los españoles, ni por la humanidad. Porque somos una sola familia humana. Porque cuando destruyen la dignidad de un ser humano los demás debemos levantarnos y luchar, ya sea por los hermanos y hermanas sirios, los somalíes o los americanos. Este es mi manera de sentir. Protestaré tanto si Trump nos insulta como si la ONU comete errores, no solo contra Nkurunziza.

¿Qué les pasó a los niños de Maison Shalom en Burundi después de tener que huir?

En vez de reutilizar nuestro hospital para el país, el Gobierno burundés lo cerró. Veintiún bebés murieron en las incubadoras porque cortaron la electricidad. Lo cerraron todo. 20.000 personas que trabajaban en la comunidad, perdieron el trabajo. Los enfermos de sida que hacían el tratamiento, ahora están muriendo.

La comunidad internacional no puede callar cuando ve gente muriendo. El silencio es complicidad. Mañana no dirán que no lo supieron. Ahora lo saben, no es como el genocidio de Ruanda, ahora la comunidad internacional y todas las agencias de la ONU saben lo que está pasando en Burundi porque hay un informe de la Corte Penal Internacional que lo denuncia.

Burundi fue una de las tres crisis humanitarias más ignoradas en 2017, junto con Corea del Norte y Eritrea. ¿Por qué nadie habla de Burundi?

Porque no hay petróleo, no hay diamantes… pero hay algo mucho más rico que el petróleo y los diamantes, nuestros hermanos y hermanas. Sí. Y también porque Burundi está en una situación geopolítica estratégica. Los que quieren robar en las minas de (la República Democrática del) Congo prefieren que haya un país corrupto cercano para actuar con impunidad.

 

Usted llegó a visitar a los asesinos que mataron a gente que conocía en prisión.

Si no les ayudamos a darse cuenta de que nuestra misión en el mundo no es matar sino amar continuarán con sus crímenes. Quiero romper el ciclo de violencia que hay en el mundo. Creo que aquellos que realmente nos necesitan son los criminales porque debemos enseñarles que están en el mal camino. No puedo guardar mi odio en el corazón y a ellos quiero llevarles de la oscuridad a la luz.

¿Y qué les dijo?

Uno me preguntó, ‘¿Maggy, por qué haces esto?’ ‘Porque creo que aunque seas un criminal sigues siendo mi hermano criminal. Y sé que puedes salvar más de lo que has matado. Y después se puso a llorar delante de mí. Cuando perdonas, curas el mundo.

¿Crees que Burundi está al borde de sufrir otro genocidio?

Si no prestamos atención, el genocidio en Burundi, que ya sucede ahora, irá a peor. Desde hace dos años están matando a gente. No crea que la comunidad internacional verá machetes, bombas… Pero matan 40 personas al día. Seleccionan a jóvenes tutsis y los arrestan. Está en el informe de la ONU. El Gobierno quiere convertirlo en un conflicto étnico pero no lo conseguirán. Nkurunziza es un presidente irracional que se levanta una mañana y decide matar a tutsis. No puedes imaginar de lo que es capaz un presidente que se ha vuelto loco: torturas, violaciones, fosas comunes, cadáveres en los ríos, cuerpos mutilados en las calles – tengo las fotos en el móvil. Es un genocidio. Se emplea el mismo vocabulario que usaron los nazis para deshumanizar a los judíos.

Entonces, ¿es una represión contra los opositores?

Sí. Pero quieren hacer creer que hay una limpieza étnica. Si arrestan a las personas que protestan en las manifestaciones, ponen en prisión a los hutus, pero a los tutsis los llevan a los servicios de inteligencia para torturarles, mutilarles o esterilizarles. El Gobierno intenta provocar la rabia entre los tutsis para que se levanten contra los hutus.

Nkurunziza es un presidente irracional que se levanta una mañana y decide matar a tutsis”

Con 24 años adoptó siete niños, cuatro hutus y tres tutsis, ¿cuál es el coste personal de dedicar toda una vida a los demás?

[Ríe] No es un sacrificio. A veces me preguntan si algún día querré casarme y tener mis hijos biológicos, pero yo les digo que soy la madre más feliz del mundo. No tuve mis propios hijos pero tengo miles y miles de niños que me quieren y a los que quiero mucho. A veces me preguntan si no quiero tener un marido, pero es que nunca estoy sola en casa, es una casa llena de felicidad. Es verdad que también soy una mujer normal. No soy una monja. Me preguntan, ¿no vas a dedicar tiempo a estar en la intimidad con un hombre? No puedo dedicarles tiempo, incluso cuando alguno lo ha intentado, ha visto que no puedo estar por él. A veces incluso me he olvidado de él. [Ríe] ¿Quién va a seguir a una mujer loca como yo y ser el padre de tantos miles y miles de niños? Mi madre perdió a mi marido con 24 años y nunca vi a otro hombre en nuestra casa, quizá estoy siguiendo los pasos de mi madre sin habérmelo propuesto.

» No tuve mis propios hijos pero tengo miles y miles de niños que me quieren y a los que quiero mucho”

Fuente: La Vanguardia

 

El médico que receta no ir al médico

El doctor Antonio Sitges-Serra (Barcelona, 1951) ha ejercido 40 años en la sanidad pública, entre la cirugía, la investigación y la consulta. Conoce el sistema y sus enfermedades tan bien como los cuerpos de los miles de pacientes que han pasado por sus manos. Pero Sitges-Serra no es un médico normal: en su libro, ‘Si puede, no vaya al médico’, publicado por Debate y Libros del Zorzal, y prologado por el filósofo Manuel Cruz, planta cara a la industria farmacéutica y diagnostica la peor enfermedad del siglo XXI: el tecnoutopismo médico.

PREGUNTA. Hace poco, Amancio Ortega regaló unas máquinas a los hospitales.

RESPUESTA. Escáneres de alta precisión, sí.

P. Unos decían que Amancio es un filántropo y otros que se lava la cara, pero leyendo su libro, caí en la cuenta de algo que nadie planteó: que quizá tener esas máquinas es peor que no tenerlas.

R. Nadie lo planteó porque la tecnología es la ideología dominante. Pocos discutimos esta utopía, pero las máquinas muchas veces dan más problemas a los hospitales de los que solucionan. Unos escáneres de alta precisión pueden ser nefastos para la salud de los ciudadanos.

P. Pero todo el mundo quiere que haya más y mejores máquinas en su hospital.

R. Y nuevos fármacos, un progreso sin límites. Es un mecanismo de autodefensa, queremos seguir en ello, más, más, más, como si así fuéramos a vencer a la muerte. Pero yo creo que es un mal camino. Por lo pronto, nos ha conducido al sobrediagnóstico.

P. ¿Qué es el sobrediagnóstico?

R. Con la tecnología de detección más avanzada, se encuentran enfermedades que en realidad no son tales. No hay síntomas, el paciente está bien, va a una simple revisión y, con el nuevo superescáner de última generación, encuentran un cáncer de dos milímetros en el tiroides. El médico te dice: “Hemos visto un cáncer de dos milímetros”. Y tú crees ser un enfermo de cáncer, y te tratan como tal, aunque en realidad no te pasa nada.

P. ¿Un cáncer puede ser inofensivo?

R. Sí. Puede no dar la cara nunca. Pero una vez que estás sobrediagnosticado, caes en un círculo vicioso de revisiones que te harán dependiente del hospital, además del estrés, el miedo y la ansiedad. Y eso, en caso de que el médico de turno no quiera darte quimio o incluso operarte, siempre con la mejor intención, desatando una carnicería innecesaria. Pues bien, esa carnicería no la provocó tu cáncer sino su diagnóstico. De este modo es como la tecnología de detección precoz se convierte en un problema grave para tu salud.

P. ¿Hay mucha gente por ahí con cánceres inofensivos que nadie ha visto?

R. Muchísima, claro. Cuando alguien se muere por cualquier causa, de vejez, por ejemplo, es muy frecuente encontrar cáncer de tiroides en el cadáver. El 20% de pacientes que mueren de lo que sea lo tiene. Si tú compras esta máquina tan fantástica que detecta tumores de menos de dos milímetros, puedes acabar extirpándole el tiroides al 20% de la población por nada. En Corea del Sur, un país absolutamente esclavo de la tecnología, es justo lo que pasó. Fue una masacre. Miles de tiroides extirpados por cánceres inofensivos que jamás hubieran dado la cara.

P. Es decir, que si me detectan un cáncer de dos milímetros, ¿no tengo cáncer?

R. Exacto. Los diagnósticos aumentan con las máquinas ultramodernas, pero no la mortalidad. ¿Por qué? Porque detectan cánceres que no matan, ni dan síntomas ni nada. Otro ejemplo: el 80% de los varones tiene cáncer en la próstata al morir. Ha muerto de otra cosa, por ejemplo, de un infarto, pero tenía ese cáncer no se sabe desde cuándo, sin que nadie lo viera y sin dar síntomas. Para la vida del paciente, lo mejor es que no se lo detecten.

P. Usted dice muchas cosas que desafían la intuición.

P. Lo sé. Se ve además otro problema en los hospitales con las máquinas más modernas: el de la interpretación. La lectura radiográfica de una mamografía o de cualquier otra cosa te exige experiencia. Si no la tienes, vas a levantar falsos positivos. Las máquinas siempre necesitan profesionales formados, y la innovación constante juega en detrimento de la curva de aprendizaje de los médicos, y por tanto en contra del paciente.

P. ¿Cuándo se empezó a complicar la cosa?

R. El siglo XX ha sido muy potente en el progreso tecnológico de la medicina, pero ahora los beneficios de las novedades son muy pequeños y el coste es enorme. Por ejemplo, muchas intervenciones quirúrgicas han triplicado su duración respecto a las de los años noventa, por robotizarse. Por tanto, el número de quirófanos necesarios aumenta. El robot hace la cirugía mucho más complicada, mucho más cara, mucho más prolongada, y los resultados no son mejores que sin robot. Pero los industriales quieren vender sus inventos, y los políticos y los ciudadanos se dejan deslumbrar. Así es el tecnoutopismo.

P. ¿Qué le supone a la economía de un hospital, por ejemplo, un robot para operar próstatas?

R. Un gasto inicial de un millón y medio, y unos mantenimientos anuales de más de 100.000 euros. Más el coste de enseñar a los médicos a usarlo. El gran problema de la sanidad es el incremento de los costes: el coste aumenta cada año, en gran parte porque se compran productos innecesarios, pero glamurosos. La sanidad está entre el 20 y el 25% del PIB, y cada año crece. El año pasado, un 6%, mientras el PIB creció solo un 2%. Si no fuera por el tecnoutopismo, los costes se reducirían enormemente. Se podría dedicar más dinero del PIB a la Justicia o a la dependencia. Y además, sobran médicos.

P. ¿Cómo? Siempre se dice lo contrario, que faltan médicos.

R: Ya, pero esto es así porque hemos creado una sociedad hipermedicalizada e hipocondríaca. Mira: cuando preguntaron a Oriol Bohigas, el gran urbanista, cómo solucionaría el problema del tráfico en Barcelona, dijo: “Pues muy fácil, haciendo que las calles sean más estrechas”. Esta paradoja también se puede aplicar a la medicina. Si tú vas generando necesidades, siempre vas a tener más demanda. Si ensanchas las carreteras, tendrás más coches.

P. Usted aboga por poner límites.

R. Y por replantearnos nuestra relación con la muerte. El médico especialista vive de espaldas a la muerte. Es poco compasivo y siempre tira para adelante. Siempre hay otro medicamento, otro instrumento, etcétera.

P. Siempre esperamos ese milagro.

R. Esperamos que inventen algo, y es irracional. El tecnoutopismo nos exige vivir de espaldas a la muerte. Hablas con oncólogos y la muerte no existe. Para ellos, hay un fármaco, un TAC y un tumor. Y con eso van jugando hasta que la cosa explota. Si nos reconciliáramos seriamente con la muerte, podríamos en cuestión este sistema sanitario. Pero tú no puedes decir que un paciente de ochenta y tantos años no debe ingresar nunca en la UCI, porque te llaman de todo.

P. ¿Por qué no debe ingresar?

R. Porque sabemos que un enfermo de 85 años que pasa una semana en la UCI tiene un 70% de posibilidades de morirse en el hospital, y otro 30% de morirse durante el año siguiente. El margen coste-efectividad del tratamiento es nulo. Pero, como el sistema paga, esto no se valora en medicina pública. Y debería ser la guía.

P. ¿Qué otros ejemplos hay de tecnoutopismo en la medicina contemporánea?

R. La mal llamada ‘prevención del cáncer de mama’ es un ejemplo brutal. Yo digo que es mejor olvidarnos de las mamografías y dedicar esos recursos a poner más guarderías, para que las mujeres puedan parir antes. Influye más en que no mueras de cáncer de mama que adelantes la maternidad que 20 mamografías en 20 años. La medicina preventiva tiene que ver con cambiar hábitos sociales malos para la salud, y no con someter a todas las mujeres a escáneres gratuitos a partir de los 40.

P. ¿Las mamografías periódicas no evitan que las mujeres mueran de cáncer de mama?

R. A lo largo de la vida de una mujer, entre los 40 y los 90 años, tiene un 10% de posibilidades de morir de cáncer de mama y un 90% de morirse de cualquier otra cosa. Es decir: la mamografía trata con una enfermedad de poca prevalencia. Eso para empezar, pero, además, se han hecho estudios comparados: mil mujeres mamografiadas y mil mujeres no mamografiadas. Pues bien: en un grupo se mueren cuatro, y en el otro se mueren cinco. Quien hace mamografías, dice entonces que ha muerto un 20% menos, pero esto es una trampa: una enferma de mil no justifica que a las otras 999 mujeres les hagas una mamografía al año. Pero hay más: de esas mil mujeres mamografiadas, 200 dan alguna vez el falso positivo. Es decir: que les tienen que repetir la mamografía o hacerles una biopsia. Finalmente, un 5% de estas mil mujeres mamografiadas sufrirá una masectomía improcedente. Así que es mejor para las mujeres que no les hagan mamografías.

P. Todo está lleno de anuncios, sin embargo, diciéndoles que se las hagan. Y que nos miremos el colesterol, y que poca broma.

R. Una sociedad hipocondríaca y sobremedicada. Desde luego. La hipocondria social tiene muchos factores: la prensa, los médicos, la industria, las sociedades científicas, etcétera. El bombardeo de noticias y anuncios sobre los peligros de caer enfermo genera ansiedad. Y es una ansiedad avalada por la Sociedad Española de Cardiología.

P. Leyendo su libro, he tenido la sensación de que el debate sobre las vacunas está envenenado, y que el hecho de que los antivacunas sean estúpidos da carta blanca a las farmacéuticas para meternos vacunas que no necesitamos.

R. Así es. A la industria farmacéutica le vienen muy bien los antivacunas. El debate gira en torno a un falso dilema. Las vacunas, la higiene, los antibióticos y la cirugía menor son los cuatro grandes pilares de la sanidad del siglo XX. No hay duda. Ahora bien, cuando el calendario pediátrico de vacunas supone 45 dosis en seis años, yo digo: ¿estáis seguros? Porque a lo mejor estamos sometiendo el sistema inmune de estos chavales a un bombardeo que no sabemos en qué va a terminar. Porque una cosa es que vacunes de las enfermedades como la viruela, el tétanos, la tos ferina, difteria, poliomelitis, etcétera, y otra que empecemos a ampliar el mercado: que si la meningitis, que si el neumococo, que si el papiloma… Ahí nos estamos pasando. Hay vacunas que solo interesan a las farmacéuticas, y las pasan, en parte, porque el debate está polarizado. ¡No vaya alguien a pensar que uno es antivacunas, como esos estúpidos acientíficos!

P. Es parte de la medicalización de la sociedad, que usted describe.

R. Claro. No queremos morirnos, ni tampoco queremos tener dolor, ni tristeza. Entonces se medicalizan la muerte, el dolor y la tristeza, y sale ganando la industria, no las personas. ¿Qué pasa cuando bajan el límite aceptable de colesterol en la sangre? Que tienes millones de enfermos que necesitarán millones de dosis de medicación. Por no hablar de esa otra cosa que hacen, que es inventar enfermedades.

P. Respecto a las farmacéuticas, usted dice que muchos medicamentos se comercializan antes de saber si son seguros.

R. Es algo impresionante. El 40% de medicamentos que se han demostrado mortales después de empezar a venderse tarda todavía dos años en ser retirado del mercado. ¿Por qué? Porque el desarrollo del fármaco ha sido caro, e intentan amortizarlo en los primeros años. La industria aprieta mucho porque sabe que o bien el medicamento va a acabar desvelando algún problema, o no es tan efectivo como se vende, o bien va a salir un competidor. ¿Cómo lo consiguen? Con propaganda, y convenciendo a médicos, a veces con métodos poco honestos. En la oncología, esto es muy normal. La oncología es una de las prácticas más corruptas de la medicina.

P. ¡Esa frase tiene tela!

R. Ya, ya. Cuando rascas un poco la especialidad por dentro… La gran mayoría de oncólogos de cierto renombre cobran directamente de la industria farmacéutica, o a través de ensayos, o en especies, o a través de congresos. La oncología es una de las especialidades con más inversión de todo tipo.

P. El lunes fue Blue Monday, el día más triste del año, así que tenemos que irnos a comprar para curarnos. Creo que es una buena síntesis de lo que cuenta su libro.

R. ¡Ja, ja! Sí, es la medicalización de la vida, hasta de los lunes. Convierten en enfermedad (con su fármaco correspondiente) la tristeza, el sexo, la nutrición, la regla, la menopausia, la fealdad, la estupidez… Todo lo humano es susceptible de tratamiento, y la industria amplía su mercado. Como dijo Huxley, la medicina avanza tanto que pronto estaremos todos enfermos.

Fuente: El Confidencial

Con fe en la política. Por Carlos García de Andoin

Testimonio compartido en la vigilia del Congreso de Laicos #PueblodeDiosEnSalida el 14 de febrero de 2020.


No es fácil ofrecer un testimonio sobre mi compromiso en la vida pública. ¿Qué ha significado para mí la llamada que hoy hemos escuchado en el Evangelio a ser sal y luz? Sí lo es contar los primeros pasos: el compromiso de monitor entre personas con discapacidad, la objeción de conciencia, ser delegado de estudiantes cuando me iniciaba en la JEC o la denuncia de la precariedad acompañando a jóvenes de la JOC.

Sin embargo, no es tan fácil, referirme aquí, en este Congreso, a mi compromiso específicamente político. Seguramente, aspectos que pueda señalar, por ejemplo, fui impulsor y miembro de la Comisión de Expertos del Valle de los Caídos, pueden no ser compartidos por bastantes o muchos de los aquí presentes. Sin embargo, si no quiero hacer teoría, sino testimonio concreto, necesito referirme a opciones que nacen de mi discernimiento cristiano en política, pero que pueden ser distintas en otras personas igualmente cristianas.

Quiero en este sentido subrayar que no cabe política sin toma de partido, no es, ni más ni menos, que misterio de la Encarnación: el Todo en el fragmento. Por eso como dice Octogessima Adveniens, “una misma fe puede conducir a compromisos políticos diferentes” (n. 50). Esto hemos de interiorizarlo porque los textos de la Iglesia, Católicos en la Vida Pública –que leí con fruición-, hablan bellamente de la vocación política como “una de las más altas posibilidades morales y profesionales” de la persona y, sin embargo, cuando das el paso del partido, se produce un distanciamiento helador, con la comunidad cristiana y con el ministerio pastoral, que no se da en relación a otros compromisos.
Necesitamos un ecosistema eclesial más favorable a las vocaciones laicales a la política. La comunidad cristiana tenemos una rica presencia en la sociedad civil, que, entre otras razones, por falta de vocaciones políticas, está infrarrepresentada en la esfera pública.

De mi experiencia quiero destacar tres aspectos.

Primero. Cristianismo público, con anuncio explícito. En mi acercamiento al partido socialista fue central el político Ramón Jáuregui, recién jubilado ahora como eurodiputado, entonces secretario general en el País Vasco, nos convocó a un grupo de cristianos. En aquella reunión le mencioné la consideración del PSOE de la religión como un asunto estrictamente privado. Le pregunté si el partido estaba dispuesto a aceptar el cristianismo como hecho público para el socialismo. “Nosotros -le dije- si somos socialistas lo somos a fuer de cristianos”. Ramón me dijo: “Sí, recorramos ese camino». Esto ocurrió en Bilbao en 1993. Creamos lo que hoy es Cristianos Socialistas PSOE. 25 años de una presencia modesta pero explícita en una cultura partidaria de tradición anticlerical y laicista, pero que hace de la igualdad la estrella polar de su acción política, lo cual tiene mucho que ver con esa maldita costumbre de la Biblia de ponerse del lado de los pobres. Se trataba además, de tender puentes entre las políticas del partido y las demandas políticas del mundo cristiano; lo que hemos realizado de múltiples maneras en exclusión social, en educación, en las cárceles, en cooperación al desarrollo. La luz no se esconde bajo el celemín.

Segundo. En la experiencia de estos años no puedo olvidar la decisión de entrada en la política municipal, como concejal en Sestao. El que un día fuera epicentro de la gran industria y que todavía hoy es el pueblo de Bizkaia con mayor índice de paro. Eran los años en que ETA aplicó la política de socialización del sufrimiento asesinando a concejales del PP y del PSE-EE. No sobraban los candidatos a concejal, cuando, el primer día de campaña te ponían un escolta y pasabas a formar parte del colectivo bajo la amenaza de una diana telescópica o de un dedo en la calle. Acabaron siendo ocho años con ángel de la guarda. Un impacto personal, pero más aún familiar, en mi mujer y en mis dos hijos de 6 y 4 años. Mi hija, cuando íbamos a la escuela, se interrogaba por aquella presencia extraña.

Tercero. Con fe en la política. Sin mesianismos, ni demonizaciones. Con la confianza de que la política hace mucho, lo afirmo, por el bien común, por el Reino Dios y su justicia. Este se juega menos en la afirmación íntegra y prístina de los valores que en su puesta en práctica, a través del Boletín Oficial, aún con leyes hechas de transacciones y discusiones; o a través de unos Presupuestos, aunque su justicia es siempre imperfecta; pues los recursos son limitados. Uno de los momentos más críticos de mi experiencia política se produjo cuando la aprobación de la ley de plazos del aborto. Solo la podía concebir como mal menor. Me jugué el puesto, estaba en gabinete político en La Moncloa. Conseguimos que fuera reconocida la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios. Cuando te instalas en unos valores escatológicos, cuando la realidad se espesa, es tentador romper la baraja, en último término, dimitir de la acción política y volver al calor de la parroquia. Jesús no se fue, se mantuvo en pie, incluso viendo que tenía todas las de perder. Por otro lado, el mejor momento. Cuando Ramón Jáuregui, a propuesta de PPC, en el libro 50 Cartas a Dios, escribió a Dios, y le dijo: “Hoy no creo en Ti, pero te tengo por aliado”.

Por último, siempre es necesario arraigar la caridad política en la interpersonal. Una revisión de vida en mi grupo de Acción Católica me llevó hace años al encuentro de un joven nigeriano que se acercaba a la parroquia. Mi vida, la de mi familia quedó unida a la suya. Todo es según el dolor con que se vive. Si, como dice el papa Francisco, necesitamos políticos y políticas a quienes duelan los desfavorecidos. ¡Señor, gracias por esta misión! ¡Señor, gracias por tu compañía en esos momentos de soledad! ¡Señor, danos vocaciones laicales a la política! Ahí también nos llamas, esta misma noche, a ser sal y luz.


*Carlos García de Andoin ha sido fundador y coordinador de Cristianos Socialistas. Asesor de vicepresidenta de Gobierno, M.T. Fernández de la Vega y dtor adj. de gabinete de Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia. En la actualidad es vicepresidente de la Liga Internacional de Socialistas Religiosos.

A favor de la “muerte digna”, pero sin confundirla con la “eutanasia”

FRATER ESPAÑA manifiesta claramente su posición a favor de la “muerte digna”, que en ningún caso puede confundirse con la “eutanasia” cuyo objetivo es causar la muerte por piedad, cuando no por otras intenciones, y que evidentemente es un “homicidio por compasión”.

Las personas que integramos FRATER sabemos por nuestra experiencia personal cotidiana, vivida desde la enfermedad crónica y la discapacidad, lo que supone una existencia inmersa en muchas situaciones de dolor, sufrimiento y pérdidas, por eso estimamos que en modo alguno ha de propiciarse la muerte como una decisión determinante sin antes considerar los diversos modos humanos y técnicos que existen de acercarse a ella.

Así, consideramos que es preciso plantearse una “muerte digna” y nunca pretender adelantar deliberadamente la muerte del paciente y ello desde una actuación correcta ante la muerte por parte de quienes atienden al enfermo. Lo entendemos como el derecho del paciente a morir dignamente, pero, además, sin el empleo de medios desproporcionados para mantener la vida ya que estamos igualmente en contra del “ensañamiento terapéutico”.

En Frater defendemos el derecho del enfermo a no sufrir inútilmente y a que se respete la libertad de su conciencia y su derecho también a conocer la verdad de su situación y a decidir sobre sí mismo y sobre las intervenciones a que se le haya de someter. Creemos, además, que la función ética del médico debe ser “Ayudar a vivir y, en su momento, ayudar a bien morir”, y no a causar intencionadamente la muerte según dicta el  juramento hipocrático y no deberían  verse envueltos en presiones familiares contrarias a su independencia y ética profesional y, por ello, apoyamos la “objeción de conciencia” del personal sanitarios que por ley se viere envuelto en causar la muerte contraria a su “derecho civil” de libertad personal de conciencia.

Como personas directamente implicadas, estamos a favor de los Cuidados Paliativos que alivian el dolor y acompañan con toda dignidad al enfermo en sus momentos finales. Vemos como la experiencia enseña que cuando se ponen medios suficientes humanos y económicos la mejor salida y despedida de la persona en fase terminal es el “acompañamiento paliativo” y la “cercanía humana y cálida” de los seres queridos.

En FRATER entendemos que el sufrimiento, la vulnerabilidad o la debilidad, nunca deberán ser utilizadas como excusa ni pretexto para justificar actitudes y leyes que excluyen, marginan o eliminan de la vida a los seres humanos.

Por tanto, FRATER ESPAÑA se manifiesta por la vida, y por ello, por una muerte digna.  estamos, por tanto, contrarios al “homicidio por compasión” y asimismo del inútil sufrimiento del “encarnizamiento terapéutico”.

Frater España

 

Claves laicales para la acogida al forastero

Soy Raquel Martínez, mujer, madre de cuatro niños, ingeniera de caminos y actualmente trabajo en el sector de las energías renovables. ¿Qué como he acabado siendo delegada de migraciones de mi Iglesia local? Ni yo misma lo sé…

Mi vida comunitaria ha estado dentro de asociaciones cristianas (como el Movimiento Cultural Cristiano y Encuentro y Solidaridad) que quieren poner a los más débiles y empobrecidos en el centro. Y en estas asociaciones he aprendido que cuando tu madre, la Iglesia, te pide una aportación, cuesta decirle que no.

Mi experiencia de ser migrante, soy chilena y española, y viví en Chile hasta los 12 años, me ayuda a entender lo que es vivir lejos de la tierra que te vio nacer, tener siempre a parte de la familia lejos, y amigos en muchos sitios.

De entrada, el trabajo en la Delegación de Migraciones es una labor que se escapa a mis capacidades y posibilidades. Por eso el primer reto es recoger y enlazar con el gran trabajo de mis antecesores. Y a partir de ahí la mirada puesta en configurar un equipo, un grupo de amigos que se entusiasmen con esta tarea. Tarea, a la que Francisco nos está marcando las pautas. Su mensaje para la Jornada Mundial del migrante y refugiado del 2019 comenzó como suele hacer la Iglesia: escuchando el clamor de la humanidad. Para llegar a la conclusión de que son los pobres quienes más sufren las consecuencias de este mundo de desencuentro. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas… se han convertido en emblema de la exclusión.

Partiendo de esta mirada, me atrevo a plantear esquemáticamente algunas claves para el compromiso laical con las migraciones, partiendo de los grandes principios de la DSI, que se deberían reflexionar en el Congreso de Laicos 2020, que tendrá lugar en febrero en Madrid.

1) «Toda persona tiene derecho a migrar». CARIDAD (Acoger)

La acogida al forastero no solo no es ajena a nuestro ser cristiano, sino que es algo consustancial. La migración es un hecho constante en la historia de la salvación. El caminar errante está presente desde el momento mismo de la formación del pueblo hebreo hasta la comunidad de cristianos que nos consideramos peregrinos en esta tierra. Es Jesús quien pide a sus discípulos que vayan a recorrer los caminos sin nada, siendo su patria sus sandalias. Forastero en todas partes vamos siempre en busca de una patria mejor (Hb 11,14-16). Este es uno de los pilares de la pastoral con inmigrantes, y a decir verdad, la Iglesia en España está respondiendo, pues son cientos las asociaciones y colectivos que se desviven por ayudar al hermano que viene de fuera y por romper los miedos y los falsos tópicos que otros muchos quieren agitar con finalidad política nada cristiana.

Con alegría estamos viviendo en Zaragoza la puesta en marcha de la Mesa de la Hospitalidad. Iniciativa de acogida y también de encuentro entre la Iglesia y el Ayuntamiento de Zaragoza, trabajando en un objetivo común: dar posada a las familias refugiadas que llegan a nuestra ciudad

2) «Toda persona tiene derecho a NO tener que migrar». PROFETISMO (Proteger)

Este principio, que se nos olvida con más frecuencia, creemos debe ser otro de los pilares de la acción en pastoral de migraciones. En el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra, repitiendo con san Juan Pablo II «es un derecho primario del hombre vivir en su propia patria». Y eso pasa indudablemente por la denuncia profética de las injustas relaciones entre países enriquecidos y empobrecidos. Las sociedades más enriquecidas no podemos desinteresarnos del problema migratorio y menos aún endurecer las leyes, especialmente si la brecha entre los países ricos y pobres, de la cual se originaron las migraciones, se vuelve cada vez mayor. En este sentido queremos fomentar la colaboración, con realidades de denuncia y de creación de conciencia. En Zaragoza hemos comenzado a colaborar con los círculos del silencio que junto con otros luchan por el cierre de los Centros de internamiento de Extranjeros (CIES). Cierre que también han pedido valientemente nuestros pastores (CEE, comisión de migraciones sept 2019)

3) «Un solo corazón». UNIDAD (Integrar y promover)

Estamos llamados a la unidad, que no es lo mismo que uniformidad. La pastoral de migraciones, después de una incuestionable labor de acogida pastoral al hermano que sufre el desarraigo, debe favorecer la integración en las comunidades cristianas locales. De lo contrario corremos el peligro de perpetuar guetos pastorales. La pastoral de migraciones como un especie de lanzadera para que los migrantes se incorporen plenamente a las labores de las parroquias, de las delegaciones, de los movimientos y de las asociaciones laicales. Y desde allí aporte y enriquezca las comunidades locales con todo su bagaje, cultura y experiencia. Y más pronto que tarde dejar de sentirse forastero, recordando esas palabras de S. Pablo con clara vocación internacionalista: «Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos y familia de Dios (Ef 2, 19)».

La inmigración ha supuesto, y sigue suponiendo hoy, motivo de grandes desgarros y de inmensos sufrimientos. Pero desde una mirada de fe no es menos cierto que las migraciones han supuesto y deben suponer ocasiones privilegiadas para el avance de la humanidad, la cultura del encuentro y la fraternidad universal, como nos vuelve a interpelar Francisco.

Raquel Martínez
Delegada Episcopal de Migraciones de la Diócesis de Zaragoza

Mi cuidado, mi derecho

Curioso, muy curioso que hoy se empiece a debatir la ley para la eutanasia y no el cumplimiento real de la ley de dependencia, que para casi un 40% de aquellos que la precisan, y a la que tienen derecho, no es más que una falacia.

Curioso cuando hay casi un 70% de población con necesidades paliativas no cubiertas por equipos especializados en aliviar el sufrimiento y la atención al final de la vida. Recordemos que la función de estos equipos no es sólo la atención de los pacientes, sino también la coberturas de sus familiares durante y después de su fallecimiento.

Curioso cuando no se cubren a los familiares que cuidan con bajas y derechos laborales que permitan ese cuidado sin empobrecer a familias enteras en el camino.

Curioso que la ley que se debaten hoy sea la medida más barata de todas las mencionadas.

Cuando en un país como el nuestro, con tan bajas coberturas sociales y sanitarias para los enfermos crónicos, paliativos y sus familiares se plantea algo así, corremos el riesgo de coaccionar al enfermo y sus familiares.

Por qué elegiremos morir si tenemos la posibilidad de ello?

Por sufrir o por no hacer sufrir y empobrecer a los nuestros?

Se abre un escenario en el que más que la dignidad de la persona se puede generar una suerte de coacción social ante la falta de opciones reales de afrontar verdaderamente con dignidad la enfermedad y el final de la vida.

No juzgo a aquellos que deseen una muerte digna en determinados contextos, jamás lo haría porque yo no estoy en su pellejo.

Pero juzgo una sociedad que polariza la atención hacia la solución más barata y sencilla, sin medir las consecuencias reales, en un contexto de precariedad de la atención y las coberturas sociales de aquellos que sufren.

Si juzgo la falta de opciones reales para muchos a la hora de elegir gastar su tiempo con dignidad y cuidados por equipos especializados en ello. Hacer lo uno sin cubrir de forma efectiva y real lo otro, sencillamente no es ético aunque pueda llegar a era legal.

La cosa cambia mucho si a la hora de saltar el ruedo a enfrentarte al toro, lo haces en pelotas o vestido de torero, con un capote y subalternos a tu alrededor.

Pedro Sosa

Sexo, hombres y grupos de guasap

Nunca pasa nada. “En Lugo ¿Nunca pasa nada?” Con esta pregunta arrancaban las amigas de Impunidade Carioca una reflexión sobre la lucha que llevan adelante contra la prostitución y todos los alrededores de corrupción que se mueven en torno a esta forma de esclavitud.

Y es verdad. A simple vista, no pasa nada. No pasa nada que llame la atención porque la prostitución se va normalizando y “lo normal” no destaca. Y esa es una primera lucha que hay que hacer: desvelar que sí pasan cosas, pero que no se ven. Cosas que transcurren ocultas aunque se estén normalizando: violencia, vejaciones, explotación, esclavitud, trata de personas… delitos, al fin y al cabo, que se normalizan.

De la misma manera que muchas de las políticas que hoy se proponen como de eliminación de la prostitución y que solo son de ocultación como, por ejemplo, sacar a las mujeres de las calles y que estén en pisos y que de esta manera aumente la violencia, la esclavitud… y que parezca que disminuye cuando aumenta realmente; de la misma manera el negocio de la explotación de la mujer transcurre por canales ocultos y privados como son los grupos de guasap.

Hoy en día todos estamos en muchos grupos de guasap. En unos porque queremos, en otros porque nos meten, en otros porque no queda más remedio… Todos y todas. Pero si eres hombre es posible que estés en alguno exclusivo de varones. Compañeros del trabajo, del equipo de fútbol de los sábados, de antiguos compañeros del colegio…

Os cuento la realidad de uno: 40 antiguos alumnos de colegio religioso. Varones. 45 años. Formado por profesionales de distintos sectores abogados, periodistas, asesores políticos, ingenieros, empresarios, técnicos, educadores… Casados la mayoría, con hijos, bastantes con hijas de 20 años. El grupo se crea para una comida de aniversario de 25 años después de salir del colegio. Y también como manera de ponernos en contacto profesional. Interesante. ¡Quién no va a querer estar!

El grupo funciona. La comida se celebra. Los contactos suceden, todo es bueno y razonable. Hasta que un buen día viernes llega el primer mensaje… “Feliz viernes. Raisa…” con foto de chica, desnudada, en pose, muy muy joven. En un grupo ocasional se destapa la vorágine como una botella de champan. Ya no hay stop.  “Pibón”, “¿De dónde la has sacado?”… llega un enlace a una web. El 90% participa. Al día siguiente otra foto. El domingo un vídeo. Dos, tres… otra foto. Se ve que hay tiempo para perderlo. El lunes ya es un no parar de fotos, chistes, comentarios a las fotos y los vídeos…

El grupo de hombres tranquilos, familiares, padres ideales… se ha disparatado. Los mensajes se hacen exponenciales. Las notificaciones se disparan, te ves obligado a vaciar la memoria del móvil cada rato. Las imágenes y vídeos se descargan automáticamente en los teléfonos de manera que cada uno va llevando un catalogo pornográfico en el bolsillo. Cada vez es más fácil reenviar y difundir desde este grupo a otros. Lo que llega por “Antiguos alumnos” se manda a “Los de futbito” y de ahí a “cuñados”…. Algunos hasta te vuelven a llegar de vuelta de tanto que se reenvían.

No tarda en llegar otro aniversario. Propuesta de quedada a cenar… y a un club. Ojo: padres de familia, esposos, profesionales de buena reputación. El organizador: “Yo busco el restaurante y fulano que se encargue de las chicas”. Lo normal. Tras tanto porno teórico se necesita pasar a la acción. Estos tienen dinero y pagarán. Pero los que no tengan dinero lo tomarán por la fuerza. Y en grupo se es más fuerte, más manada.

Llegado este momento. Hemos hecho top. Me bajo de esa basura. Yo quiero el grupo. En él algunos de nosotros tenemos negocios en común, somos clientes o proveedores de servicios, somos amigos desde hace 40 años. Pero no para eso. Lo advierto. Y llegan promesas de moderación. Aguanto. En 15 días es peor. Ya no son desnudos y porno, con la violencia que ya entrañan, en sí mismo es sexo violento extremo. Adiós.

Había que irse. Un clic lo hacía posible. Pero irse sin explicarlo solo seria cerrar los ojos, taparse la nariz y dejar que todo siguiera transcurriendo como si no pasase nada. Redacte mi explicación y la mandé.

“Adiós amigos. No puedo entender como este grupo ha derivado a esta basura contra la mujer. Mandáis fotos de muchachas que tienen la edad de nuestras hijas sin pudor ninguno. Son hijas de otros hombres y mujeres, la mayoría victimas de trata traídas de Rumanía, Nigeria, Rusia, Colombia… para ser abusadas, violadas por dinero, esclavizadas… La violencia que practicáis difundiendo eso colabora a que haya más demanda de ese tráfico de personas.
Fotos de chicas que pueden ver vuestros hijos pequeños de 10, 11, 12 años cada vez que les prestáis el móvil para mandar un guasap a la abuela. Que verán como normal disponer y compartir esos vídeos. Que desearan imitaros. Que compartirán en sus institutos esas vejaciones. Que acabarán practicándolo como lo normal.
Os rasgáis las vestiduras por el caso de la manada porque tenéis miedo por vuestras hijas, los que las tenéis. Y los que tenéis hijos decís que estáis tranquilos porque ellos no corren peligro al volver de noche. Pero os equivocáis. En el fondo tenéis miedo porque un día, una noche, una de vuestras hijas puede ser víctima de los cuatro hijos de cuatro amigos de este grupo; porque vuestros hijos demandan lo que os han visto hacer en la soledad de vuestros teléfonos.
Tenéis miedo porque todos sabéis que la presión económica puede llevar a vuestras hijas a ser prostituidas por un grupo de amiguetes de vuestros hijos, que llevan aprendiendo de sexo en vuestros teléfonos desde hace años y ahora quieren practicar el abuso que han aprendido. Quieren ser como vosotros. Sois sus héroes. Como dicen ellos “sois el puto amo”. O incluso podréis encontraros a la hija de un conocido en una de vuestras cenas.
Parad amigos. Parad. Sois profesionales, sabéis que la demanda provoca oferta. Y vuestro consumo de pornografía y prostitución está generando que miles de mujeres sean objeto de trata para enriquecer a unos cuantos esclavizándolas y para vuestra propia degradación como personas. Ya no mirareis a vuestras hijas con los mismos ojos, ni a vuestras esposas o parejas. Dejad de engañarlas.
No deseo seguir en este grupo para esto. Me tenéis a vuestra disposición por privado. Un abrazo”.

Alguno me tachó de exagerado. Muchos callaron. Otros tantos me agradecieron, por privado, mis palabras, con las que estaban de acuerdo pero… seguirían en el grupo. Solo uno salió del grupo, sumándose a mis razones. Y otros dos, siempre hay alguno que no se entera, pensaron que quería seguir recibiendo los mensajes por privado y me los mandaban… Los tuve que bloquear.

Hay que hacer que pase algo. No nos debe ser indiferente pasear por nuestras calles y ver los anuncios en los parabrisas de los coches con las fotos de chicas esclavizadas en clubs. No podemos dejar que pase indiferente la regulación por parte de los políticos de esta forma de esclavitud, que sea parte de la corrupción política, que empresarios, políticos, policías, abogados,… sean conniventes porque hay negocio para todos.

Por eso te reclamo tres cosas sencillas.

  • Si llega el caso, no reenvíes mensajes de ese tipo que humillan a las mujeres y te degradan como hombre.
  • Dos: redacta tu motivación y compártela con otros hombres.
  • Y tres: busca a quien ya lucha asociadamente y préstale colaboración dándole tu apoyo. Ese servicio puedes hacerlo. Haz que pase. La trata de personas empieza en tu teléfono y un pequeño paso comienza a pararla. (1)

Que no veamos el problema no elimina el problema… Que no veamos el drama de la prostitución no acaba con la prostitución, lo oculta para empeorarlo. En pisos y en tu teléfono. Y no es un problema de mujeres. Es un problema de los hombres: mientras no cortemos la demanda, mientras no hagamos posible cortar los canales de reenvío, mientras no vayamos a eliminar las causas de esta esclavitud… nuestras familias, ciudades y sociedad padecerán la indignidad, porque nunca pasa nada. Hasta que pasa.

Julián García


(1) En España ya hay juez, jueza, Pilar de Lara, perseguida por combatir la trata de personas, defender a las víctimas y poner encima de la mesa la corrupción en torno a este negocio. También hay que defender a los que defienden.

El valor de los alimentos, el valor de la vida

El número de hambrientos ha aumentado en el mundo los dos últimos años,  según reconoce la ONU. Al mismo tiempo se desperdician, cada año,  mil millones de toneladas de alimentos.

Es una contradicción la enorme cantidad de comida tirada a la basura y el hecho de que tantas personas sufran hambre.  Es la cruda realidad que viven o por la que mueren millones de personas. Esto sucede incluso en España donde, según el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, se destruyen 21.000 toneladas de comida al día, mientras tres millones de españoles pasan hambre. El despilfarro de alimentos provoca que se robe la vida a millones de personas y el trabajo a los productores.

Otro de los mecanismos que causan el hambre son los márgenes comerciales desmesurados: el margen comercial que se ha aplicado el pasado mes de diciembre a las patatas ha sido de un 700 por ciento, es lo que se percibe por llevarlas desde las zonas de producción hasta los lugares de consumo. Otros productos no se quedan atrás: cebolla, mandarina o brócoli (600%), berenjena o pimiento (311%), pepino (189%), etc.

Una de las razones de esto es la dependencia económica de las grandes empresas de distribución que copan los mercados e imponen sus condiciones, tanto a productores como a consumidores.

Ninguno quedamos al margen de la lucha contra esta cultura que empobrece y mata a tantas personas, especialmente a los más pobres y vulnerables de la sociedad: todo ser humano tiene derecho a una alimentación saludable y sostenible. Para eso, la persona tiene que ocupar el centro de las decisiones políticas y económicas

 

Grupo D. E. Merino