Lecciones de una pandemia: qué hemos aprendido en el peor año para la educación

Fuente: elpais.com

En marzo 2020, todos los países latinoamericanos, con la excepción de Nicaragua, emprendieron el cierre progresivo de sus sistemas educativos por causa de la covid-19. Si bien la decisión de los gobiernos fue acertada y buscaba proteger a las comunidades, el impacto educativo real de la pandemia solo podrá evaluarse en el largo plazo.

Lo cierto es que esta situación no solo vino a profundizar las históricas desigualdades socioeconómicas que caracterizan a la región sino que, en el caso de la educación, las medidas de aislamiento y el cierre de escuelas, visibilizaron y aumentaron las disparidades en el acceso a una formación inclusiva, equitativa y de calidad.

Las profundas e históricas inequidades educativas en América Latina son ya conocidas, pero no por ello menos alarmantes. En cifras, antes de la crisis de la covid-19, ya sabíamos que más de 11 millones de niños, niñas y jóvenes de la región se encontraban excluidos del sistema educativo, y uno de cada cinco jóvenes entre 15 y 24 años no estudiaba ni trabajaba. Sin embargo, el problema no solo era para quienes estaban excluidos; de entre quienes lograban asistir a la escuela, el 51% no conseguía entender adecuadamente lo que leía, según el informe al respecto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 2019. Sobre esta realidad inicial, la pandemia sin duda alguna tendrá un efecto negativo en los aprendizajes y también en los índices de abandono y deserción escolar.

¿Qué lecciones hemos sacado? Me parece que es posible aventurar, al menos, cuatro:

1. Relevancia de la escuela presencial. A diferencia de quienes pregonaban una extinción de la escuela presencial y su inevitable sustitución por la educación virtual y a distancia, esta crisis ha dejado claro que la escuela presencial, como espacio de aprendizaje, encuentro y apoyo, desempeña un papel clave en la sociedad y está para quedarse. Por un lado, por supuesto, está su función educativa, pero sobre todo su relevancia como espacio de socialización y desarrollo socio-emocional. A su vez, la escuela es la institución donde muchos niños, niñas y jóvenes reciben asistencia sanitaria, como vacunas, y alimentación, entre otros programas de protección social.

2. Valoración de los docentes. Quienes argumentaban que bastaba con materiales virtuales, software, apps y el apoyo de un adulto experimentaron en carne propia que hay una gran distancia entre querer enseñar y poder apoyar efectivamente el proceso de aprendizaje de un estudiante. La pedagogía es una disciplina que requiere conocimientos, habilidades, aptitudes y experiencia para hacerse de manera efectiva. Ahora bien, esto no quiere decir que todos los docentes cumplan con estos méritos; de hecho, este es el gran desafío de la región. Los datos muestran que una proporción importante de docentes en Centroamérica requiere de una mejor formación inicial y continua, por lo que se requiere avanzar con decisión en este ámbito.La crisis ha dejado claro que la escuela presencial desempeña un papel clave en la sociedad

3. Dificultad para colaborar e innovar. Mientras la comunidad científica y el sector de la salud demostró su capacidad para colaborar, planificar, testear, innovar y obtener resultados concretos (vacunas), el sector educativo en el mundo, y también en la región, dio cuenta de sus carencias para trabajar como un ecosistema de innovación robusto. Es verdad que hubo capacidad en algunos países, relativamente rápida, para implementar plataformas virtuales de apoyo. En mayo 2020, de una muestra de 26 países de la región, siete tenían plataformas de aprendizaje, 22 ofrecían contenidos digitales, 13 utilizaban contenidos de material didáctico y redes sociales, y 20 impartían educación a través de programas de radio o televisión, según el informe anual sobre educación GEM 2020 del Summa y la Unesco. Sin embargo, en muchos casos los materiales eran de baja calidad, poco adecuados al nuevo contexto y no venían acompañados de sistemas de apoyo adecuado para los docentes, padres y estudiantes. Poca capacidad hubo, en general, para innovar en términos curriculares o de nuevas prácticas docentes, por ejemplo. Más importante aún, aquellos estudiantes que viven en hogares sin internet (aproximadamente la mitad de los hogares de la región no poseen conexión), quedaron en su mayoría aislados y excluidos del proceso educativo.

4. Relevancia del Estado. En América, el continente con el mayor grado de privatización de la educación en el mundo y caracterizado por la debilidad de su aparato público, la pandemia dejó al descubierto la necesidad de fortalecer la capacidad y efectividad del Estado para garantizar el derecho a la educación de la población y, en especial, de los más vulnerables. Esto implica no solo mejorar la infraestructura física y virtual (acceso a electricidad e internet, plataformas, etc.), sino también una mayor capacidad de coordinación del sector de manera que se puedan impulsar estrategias innovadoras e integrales a corto, medio y largo plazo, con un especial énfasis en la formación, apoyo y acompañamiento a la labor docente para poder nivelar y potenciar el aprendizaje profundo de los estudiantes. Lo anterior, lamentablemente, será difícil de lograr, ya que dado el contexto económico, muchos ministerios experimentarán la disminución de sus presupuestos para la educación.

Un año después de que se desatara la pandemia, es importante que nuestros países logren sacar sus lecciones e incorporen lo aprendido en sus estrategias para el 2021. Solo así podremos revertir el daño que esta crisis ha tenido sobre las nuevas generaciones y avanzar en la garantía del derecho a la educación para todos y todas sin excepción.

Javier González es director del Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y El Caribe (SUMMA, BID) y profesor asociado a la Universidad de Cambridge.

Escuela de Padres. Educarnos para Educar.

¿Qué es el estrés? ¿Qué pensamientos, emociones y reacciones genera en nosotros? ¿Y cómo podemos manejarlo de una mejor manera? 

Estas fueron algunas de las preguntas que intentamos resolver en la última sesión de la Escuela de Padres de la Casa de Cultura y Encuentro de Pamplona. Esta sesión se enmarca en el ciclo EDUCARNOS PARA EDUCAR, y se pudo llevar a cabo gracias a la colaboración del Teléfono de la Esperanza. 

En las próximas sesiones seguiremos abordando nuevamente el tema del estrés, la educación afectivo sexual de nuestros hijos o los retos que afrenta la escuela.

¿Dispuestos a educaros para educar? 

¡Os esperamos en la Casa de Cultura y Encuentro, los lunes a las 17:30!

Padre e hijo - transmitir valores

No te empeñes en transmitir valores que es peor.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

A veces a los padres nos gustaría transmitir nuestros valores a los hijos, nuestras formas de pensar y situarnos ante el mundo. Por ejemplo, nos gustaría que fueran austeros y no despilfarraran los bienes materiales. O que valorasen el esfuerzo por encima del resultado. O que vieran lo importante que es la generosidad con los demás.

En algunos casos, este deseo proviene de considerar esos valores como parte del patrimonio familiar que se debe transmitir de generación en generación porque son “los nuestros”. De forma que aquel no tiene esos valores es un poco menos “de los nuestros” que el que se mantiene fiel a ellos y los conserva. Cuando esto sucede, la presión del grupo familiar puede volverse asfixiante para sus miembros y dificultar su desarrollo personal.

En otras ocasiones, simplemente existe el convencimiento bienintencionado de que esos valores son buenos para nuestros hijos, porque han sido buenos para nosotros. Algo así como “esto es lo bueno, y si es bueno para mí, será bueno para ellos”.

Y nos imponemos como padres la tarea de transmitir esos valores, sin ser conscientes de que esos valores no se pueden transmitir…

– Pare un momento, pare un momento… ¿Está usted diciendo que los valores no se pueden transmitir? ¿Que no se pueden transmitir la austeridad, la responsabilidad o la generosidad a nuestros hijos?

– Pues sí, algo así, quiero decir…

– Y entonces ¿para qué estamos los padres si no es para educar en valores a nuestros hijos? ¿No ve usted que ni la escuela ni nadie educa en valores?

– Pues voy a intentar explicarme, si me lo permite…

Es claro que los padres estamos, entre otras cosas, para educar a nuestros hijos. Pero esa educación no es unidireccional, de nosotros a ellos. Si analizamos nuestra experiencia como padres, descubrimos que los hijos también nos educan a los padres. Es decir, que los padres aprendemos de ellos, ajustamos nuestras conductas a sus necesidades y etapas del desarrollo y vamos evolucionando en nuestras formas de actuar. No somos los mismos padres cuando tenemos nuestro primer hijo que cuando tenemos el tercero, tenemos otra edad, otra experiencia…

Y, además, tanto a los padres como a los hijos nos influye el contexto. No somos los mismos antes, que después del coronavirus, por poner un ejemplo. La primera cuestión, por tanto, es que padres e hijos nos educamos mutuamente en medio de un contexto.

La segunda cuestión tiene que ver con la libertad. No fuimos libres para elegir los genes que, en buena medida, nos conforman. Pues bien, estos valores de los que hablamos no se transmiten como se transmiten los genes, es decir, sin mediar la voluntad del receptor. Más bien necesitan de la adhesión libre del receptor para ser incorporados a la propia vida.

El problema viene cuando los padres intentamos imponer esos valores a los hijos a través de técnicas como la vigilancia, la rendición de cuentas, el sermoneo, el soborno… Lo bueno que pudiera haber en esos valores queda contaminado por el grado de imposición con el que se presentan. Esa imposición produce un rechazo que acaba provocando el rechazo del valor en sí mismo. Esto puede suceder incluso con la fe de los hijos.

Que los padres vivamos esos valores y lo hagamos con alegría es una condición imprescindible para posibilitar que los hijos se adhieran, pero no basta. Hará falta su libre adhesión y eso ya no está de nuestra mano. Sí está de nuestra mano crecer en la vivencia de nuestros valores y en hacerlo con alegría. Crezcamos en eso.

Alimentar a 114 millones de niños confinados

Fuente: Planeta futuro. El País

El cierre de las escuelas en Latinoamérica y el Caribe por la covid-19 ha perjudicado la nutrición de los alumnos, especialmente los más pobres, pues era en el colegio donde recibían su única comida diaria.

Ir a la escuela no es solo recibir formación académica. Para millones de niños pertenecientes a familias de bajos ingresos, el colegio es, por encima de todo, un seguro nutricional. Es el lugar donde pueden acceder a la que en muchos casos es su única comida completa del día. La crisis de la covid-19 ha supuesto el cierre de los centros escolares en 192 países del mundo; en América Latina, 114 millones de estudiantes tuvieron que permanecer en casa. Sin clases, sin profesores y sin el imprescindible menú escolar. En el pico de la pandemia, 368 millones de niños en todo el mundo se quedaron sin el servicio de comedor, según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. En abril de 2021 solo en América Latina son más de 80 millones.

Ante esta situación se han tomado medidas diferentes en cada país para repartir alimentos a los escolares y sus familias. En algunos casos, como en Argentina, se han facilitado bolsas de comida. En otros, como Brasil, el Gobierno asignó 537 millones de dólares a la iniciativa Bolsa Familia y añadió un millón de familias al programa. En Costa Rica se han preocupado más por el valor nutritivo de los productos que se enviaban, mientras que en Ecuador el de los batidos y galletas que se ofrecen es insuficiente, pues para muchos niños representa su única comida del día. En otros lugares, han sido las redes vecinales de apoyo las que se han hecho cargo del problema.

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COVID, infancia y escuela

Nos alegramos de haber tenido esta mesa redonda “COVID, infancia y escuela” para poder dialogar sobre cómo vemos que estamos viviendo y respondiendo familias y escuela ante los cambios que el COVID ha impuesto. Unos necesarios. Otros sin ninguna evidencia científica. Por eso quisimos hablar familias, profesionales sanitarios, de la educación y de la psicología.

Algunos aspectos fruto de la exposición de los ponentes y del diálogo posterior fueron:

  • El cierre de las escuelas y la calle para los niños, fue una medida que no tuvo parangón con otros países. 22 países europeos abrieron las escuelas infantiles y de primaria, y/o de los últimos cursos de secundaria, en mayo y en junio
  • Se estigmatizó a los niños (se les llamó “hipercontagiadores”), sin ninguna evidencia al respecto. Al contrario, desde Abril, la evidencia científica desmontaba esta etiqueta. En Agosto el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades publicó un informe científico en el que no sólo ponía de manifiesto que la reapertura de escuelas no se había asociado con importantes aumentos en la transmisión comunitaria y que eran lugares seguros, sino que la mayor contagiosidad se da en entornos domésticos.
  • De la noche a la mañana los padres se convirtieron en maestros de sus hijos, además de seguir trabajando. Para algunos hogares esta situación fue un auténtico infierno. Viviendas con pocos metros cuadrados, sin acceso a internet o sin posibilidad de que sus padres pudieran asumir el rol de maestros. Violencia, maltrato infantil, abusos sexuales formaron también parte de este infierno. Las consecuencias a día de hoy no se pueden minimizar. Uno de cada cuatro niños sufre ansiedad tras el confinamiento
  • Los pediatras están pidiendo desde hace tiempo que se aclare cuál es la indicación clara de PCR a los niños, ya que muchos síntomas de COVID coinciden con otras enfermedades y no se puede estar realizando PCR por cualquier síntoma
  • Las familias que habitualmente han respondido autónomamente y con sentido común ante la enfermedad de los niños, ahora necesitan consultar más y están más indecisas y con miedo. La demanda del sistema sanitario es mayor. Esto se une a la situación moribunda (desde hace años) en la que está la atención primaria
  • Hace falta inversión pública, pero no sólo en el sistema sanitario. La educación, el cuidado, el trabajo, la justicia es salud. Hacen falta que los protocolos se construyan de forma más abierta y horizontal. Con participación de los docentes, familias, …… y dar voz a los propios niños.
  • Hay que volver a la presencialidad. Que no se confinen las clases completas en primaria (una medida que ya están tomando algunas CCAA) y garantizar las clases online y el seguimiento cuando un alumno está confinado. ¿Podemos unir esfuerzos profesores y familias para hacer esto posible? Se comentaron algunas experiencias de equipos directivos, profesores y familias exigiendo y promoviendo cambios en los protocolos COVID de los colegios e institutos. Sin embargo la tónica general no es esta implicación y protagonismo. Reflexionamos cómo es posible la pasividad frente a medidas que no están justificadas científicamente.
  • Una mayor y mejor información científica proporcionada por responsables políticos es necesaria. Los servicios de salud pública de algunos países ofrecen a la ciudadanía una buena información estructurada por áreas acerca del COVID y la escuela y otros ámbitos.
  • Se ha destapado no solo una brecha digital, sino una brecha social que ya existía en la escuela. No perdamos la oportunidad para que la escuela sea respuesta, es decir, que sea mejor para los que más lo necesitan, una escuela compensatoria de las diferencias sociales.
  • Es necesario que profesores, familias y toda la sociedad demos una respuesta asociada y política ante lo que estamos viviendo.

A continuación reproducimos la aportación en la mesa redonda de un profesor de secundaria. Aportación preparada junto a otros profesores de infantil, primaria y universidad, y familias.

La LEY CELAÁ, desde los últimos.

Nuria Sánchez Díaz de Isla

La LOMLOE o Ley Celaá ha reabierto en nuestro país el debate sobre la educación. Esta ley, planteada sin consenso, ni diálogo social suficiente, enfrenta una vez más a la sociedad española en  temas como  la educación especial, el tratamiento del castellano, el papel de la educación concertada, o la asignatura de religión entre otros.

Viene a sustituir a la LOMCE, ley que fue igualmente aprobada sin consenso ni diálogo, y sin dar respuesta real a los grandes problemas educativos de nuestro país.

La LOMLOE afirma:  «La finalidad de esta ley no es otra que establecer un renovado ordenamiento legal que aumente las oportunidades educativas y formativas de toda la población, que contribuya a la mejora de los resultados educativos del alumnado, y satisfaga la demanda generalizada en la sociedad española de una educación de calidad para todos».

En España crece a pasos agigantados la pobreza y la desigualdad social. Que se hable de oportunidades y calidad para todos, suena bien, muy bien. Hay una brecha enorme entre la infancia empobrecida de nuestro país, y la infancia rica en estímulos y recursos personales, sociales, económicos y educativos. Y la escuela en estos momentos, no consigue, ni a penas se plantea, una auténtica y real compensación de las dificultades socioeconómicas y culturales del alumnado. Esta ley, a pesar de las buenas palabras, tampoco lo hace.

Si de verdad quisieran poner a los últimos en primer lugar, se buscaría un gran pacto político en educación, sin prisas, con diálogo, sin chapuzas, sin aprobar algo que está llamado a durar lo que dure un gobierno.

Si de verdad importase el aprendizaje de los más pobres, se intentaría la colaboración de todo tipo de escuelas, sin enfrentarlas, dotando tanto a las escuelas de titularidad estatal, como a las concertadas de  los recursos suficientes para poder sostenerse sin fondos proveniente de las familias que pueda servir de segregación. Pagar no digo 600, sino 60 euros al mes, es impensable para muchas familias. Es cierto que esta cantidad de dinero dificulta la entrada de familias con dificultades económicas. Es verdad que hay escuelas concertadas con ánimo de lucro, pero también es verdad que las hay, y muchas, con ánimo de servicio, que de hecho son deficitarias sin este apoyo de las familias. Las escuelas concertadas con voluntad de servicio pueden ser una pieza fundamental para la equidad educativa. La asfixia estatal de estas escuelas es además de un grave error estratégico, un fuerte ataque a la libertad de enseñanza.

Si de verdad existiese en esta propuesta un afán solidario, se evitaría la interesada confusión entre escuela pública y estatal. La escuela pública es del pueblo, de las familias, de la sociedad, que puede y debe organizarse y crear sus propios colegios, con pluralidad de planteamientos y sensibilidades. El Estado, con sus escuelas, debe llegar donde la sociedad no llega, de manera subsidiaria, no al revés. La «mercantilización» de la educación no es una buena noticia para el pueblo, pero la «estatalización» tampoco lo es.

Si de verdad se quisiese «compensar» las dificultades del alumnado que ni visita museos, ni se puede pagar clases particulares, o viajes al extranjero, el acento central de la ley sería el de ofrecer una enseñanza que permita dominar la palabra, el conocimiento, las lenguas, la matemática, la historia, la ciencia… Dejando en un plano muy secundario el afán ideologizador y de modelaje del alumnado que impregna toda la ley.

Si de verdad hubiese voluntad de promoción integral de los más débiles, no habría problema en aceptar la religión, como una asignatura más, asignatura optativa, que completa y enriquece la formación personal, que ayuda a entender la cultura que hemos heredado y que ayuda a profundizar en las grandes cuestiones humanas.

Si de verdad el objetivo fuese evitar el fracaso educativo del alumnado con más dificultades, no se hubiese hecho esta ley sin escuchar a los equipos docentes, al profesorado, que desea un pacto educativo. Y sin escuchar al propio alumnado, especialmente al que tiene más dificultades, y a sus familias, a quienes sobran buenas palabras y falsos debates, y necesitan compromiso real y efectivo, y acuerdos globales y estables que ayuden a crear una escuela verdaderamente solidaria.

El sistema educativo, no es otra cosa que un subsistema al servicio del sistema económico, que busca más que promocionar integralmente, atender en cada momento las necesidades de éste. Es fácil imponer una ley educativa que hable de equidad, aunque si realmente se busca equidad y justicia, el verdadero desafío está una vez más en un sistema político y económico que actualmente aplasta a infancia y familias. Trabajo digno, vivienda digna, barrios dignos, transparencia y honradez política, son buenos puntos para empezar a trabajar por la justicia, si de verdad se quiere.

Puedes elegir tus amigos, no tus responsabilidades.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano

Cuando los padres analizamos las razones por las que un adolescente lleva a cabo determinadas conductas como incumplir los horarios, pirarse algunas clases, abusar del alcohol u otras sustancias, no colaborar con las tareas de casa… una de las causas que solemos señalar son las amistades de nuestros hijos. “Desde que sale con esos amigos…”, “se deja influir por los amigos…”, “se junta con lo peor de cada casa…” y frases por ese estilo son utilizadas por aquellos padres, cuyo análisis es que son las amistades las que provocan que el adolescente se comporte así.

Es evidente que a cada uno de nosotros nos influyen las personas de las que nos rodeamos. No es posible que los demás no nos influyan. De hecho, una de las decisiones importantes que tomamos en nuestra vida es quién quiero yo que me influya. La adolescencia es además un momento en el que, entre otras cosas, cambian las fuentes de influencia, de los padres a los iguales.

¿Qué pasa cuando esa influencia no va en una dirección que ayude a nuestros hijos a crecer como personas? Una reacción frecuente de los padres, en el intento por corregir las conductas del hijo, es criticar a sus amistades o intentar apartarle de ellas. Es un error frecuente. Movidos por el deseo de hacer bien a nuestro hijo, criticamos a aquellos a quien valora y por quien se siente valorado. De esa manera esperamos que “abra los ojos” sobre el mal que le hace tal amistad y lo mal que va a acabar si sigue yendo con él. Esto lo hacemos, además, en una etapa de la vida, como es la adolescencia, en que el sentido de pertenencia y la dependencia de la valoración externa es importante.

Y nos encontramos que cuanto más criticamos a las amistades de nuestro hijo, más las defiende y más distante se siente de nosotros. Esto se acentúa cuando intentamos apartar a nuestro hijo de esas “malas compañías”. Cuanto más lo intentamos, menos lo conseguimos.

Un enfoque más adecuado en la mayoría de estas situaciones, consiste en no cuestionar las amistades de las que se rodea el adolescente, sino señalar a nuestro hijo la importancia de sus responsabilidades: “Puedes elegir tus amigos, pero no tus responsabilidades. En la vida te vas a encontrar con mucho tipo de gente. Algunas de esas personas podrás elegirlas (tus amigos) y otras no (tus profesores, compañeros de clase o de trabajo, tus jefes…) De la gente que puedes elegir para rodearte, unos te ayudarán a que cumplas con tus responsabilidades, y de esa manera crezcas como persona, y otros harán que sea más difícil que las cumplas. Es mejor rodearse de las primeras, pero si eliges rodearte de las segundas, lo que no vas a elegir es si cumples o no con tus responsabilidades. Eso no se decide. Puedes elegir con quién salir, pero no puedes elegir si vuelves a la hora marcada. Puedes elegir estar con tal amigo, pero no puedes elegir estudiar o no.”

Es un enfoque más adecuado porque no libera al adolescente de su propia responsabilidad situando fuera de sí la decisión de sus acciones y porque transmite un mensaje de confianza en las posibilidades del adolescente para ser responsable pese a que pueda estar en un ambiente “hostil”. Conviene acompañarlo de responsabilidades concretas con consecuencias concretas.

Puede que en algún caso se dé alguna circunstancia excepcional en la que sea imprescindible cortar de raíz una relación dañina para nuestro hijo. Pero no será lo habitual.

Diario de una madre y matrona durante el Covid-19

Manuela Contreras García
Matrona Máster en Investigación en Cuidados de la Salud
21/Sept/2020

Soy Matrona y madre de uno de los niños que va a la clase del CEIP Cisneros (Santander) que ha estado erróneamente confinada 4 días tras la decisión adoptada por el órgano competente de la consejería de educación. Hoy publica el diario montañés (DM) que “Salud Pública ordenó el lunes una rectificación de semejante medida para decir que devolvía a los escolares a la actividad lectiva” (1). Y lo hace, porque un grupo de familias, tras leer el protocolo frente al covid-19 de aplicación en el ámbito educativo (2), que hicieron Consejería de Educación y Sanidad, entendimos que no se daban las condiciones que el protocolo exige para confinar el aula. Así que solicitamos por escrito a la Consejería de Educación y de Salud Pública la revisión de esa decisión.
En estos 4 días hemos tenido que ver cómo resolvemos el seguir trabajando y cuidando a los niños. Indagar para resolver algunas dudas, que no aclara la hoja informativa elaborada por Sanidad Pública y que se envía a los contactos estrechos. Dudas como si los hermanos de los niños considerados contacto estrecho pueden ir al colegio o no, o si algún padre puede pedir una baja por necesidad de cuidado del menor y qué papel debe presentar. A toda esta situación, se suma que según el protocolo anteriormente citado, nos llamarían desde Salud Pública (rastreadores) para hacer una PCR a los niños, e íbamos por el cuarto día de confinamiento sin ninguna comunicación con ellos. Cuando las familias llamábamos a nuestros pediatras para preguntar por esta cuestión, las respuestas fueron también distintas: Os llamarán para citaros, o no está indicada dicha prueba diagnóstica.
Al día siguiente de rectificar el confinamiento por parte de Salud Pública (teníamos razón los padres, nuestros hijos nunca debieron ser considerados contacto estrecho) empieza un nuevo follón. Nos llaman para hacer la PCR. El desconcierto y las dudas nuevamente surgen. ¿Pero cómo que una PCR ahora? ¿Pero no nos habían dicho que podíamos volver al cole? ¿Si nos hacen PCR es que somos contacto estrecho, no? ¿Y si somos contacto estrecho debemos estar 14 días aislados y sin ir a clase, verdad? Lo que pasó fue que desde Educación no avisaron a Salud Publica (rastreadores) de la rectificación de la medida de confinamiento tomada. Hay un protocolo de coordinación
entre consejerías pero la coordinación brilla por su ausencia. Sin embargo no se hizo real que Salud Pública haya devuelto a los escolares a la actividad lectiva, tal como dice el DM. Tras corregir el error y levantarse el confinamiento, muy pocos niños fueron a clase los siguientes días. Las familias en su mayoría, estábamos muy tranquilas y contentas de la vuelta al cole. Pero claro, el caos y la confusión generada han sido de tal calibre, que han conseguido generar inseguridad.
Consejería de Educación y Sanidad han creado una comisión de coordinación muy tarde, la última semana de agosto, y “de aquellos polvos estos lodos”. Desde la consejería de educación explican la decisión de confinar contra el protocolo, diciendo que “actuaron con exceso de celo” (1). El 10 de Septiembre la Consejera Lombó dijo: “Tenemos el protocolo más estricto de España” (3). Pero no se trata de ser ni estrictos ni recelosos. Se necesita un protocolo basado en la evidencia científica y equilibrado (4), entre una seguridad sanitaria y las necesidades educativas de los
alumnos, no en el miedo. Y se necesita cumplirlo. Se hubiera hecho muy bien empezando las clases en Junio. La incidencia de la enfermedad en aquel momento era incluso menor. Haber empezado, poco a poco, con la mitad de los alumnos en días alternos por ejemplo, hubiera permitido tomar el pulso a los protocolos, realizar investigaciones y también romper el miedo en el sector educativo (5-7).
Acabo con una sugerencia de transparencia y ciencia “de andar por casa”. Cuando los profesionales sanitarios hacemos un protocolo, no hay línea que no tenga una referencia bibliográfica en la que se basa dicha afirmación. Y por supuesto, todos los profesionales nos identificamos con nuestros nombres y apellidos, no con el sello de la institución. Ambas cosas ausentes en el caso del citado protocolo. En breve saldrá uno nuevo. ¿Pueden usar estos mismos criterios? Así podremos ver el currículum de los autores y entender la razón científica que hay detrás de que, por ejemplo, el criterio para que un niño de 6 a 11 años sea considerado caso estrecho sea independiente de si ha llevado mascarilla o no (cuando con los adultos no se hace así y la evidencia científica dice que
los niños contagian menos) (8-9) o que el confinamiento sea de 14 días (10) (ya menor en
otros países) o… Cuenten con las enfermeras para elaborar estos protocolos. Cuenten también con las
familias (9). ¿Podría una enfermera escolar ayudar en la tarea de elaboración, aplicación y supervisión de los protocolos, y dejar a los profesores y equipos directivos centrase en lo que deben? (11) ¿Por qué no se pone en marcha la experiencia?
El pánico no puede ni debe cerrar las escuelas. ¿Sentimos como sociedad que la educación y que las escuelas no son un capricho sino prioritarias? En medio del COVID, pueden y deben ser mejores. Aprendamos todos a usar la circunstancia COVID como un aprendizaje de la vida, para que los niños sepan afrontar las adversidades y tomen
protagonismo.

(1) González N. Los padres de los niños desconfinados en el colegio Cisneros acusana Educación de ignorar el protocolo. Cantabria: El Diario Montañés: 16 Sept 2020 [consultado 16 sept 2020]. Disponible en:
https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/contagios-coronavirus-obligan-20200916195016-nt.html
(2) Gobierno de Cantabria. Protocolo de coordinación entre la consejería de educación, formación profesional y turismo y la consejería de sanidad frente al covid-19 [Internet]. Santander: CEIP Cisneros; 8 Sept 2020. [Consultado 11 Sept 2020]. Disponible en: https://cpcisneros.es/wp-content/uploads/08_09_2020_Guia_de_actuacion_centros_educativos_v5.pdf
(3) Martínez D. Lombo dice que la aparición de estos casos era algo esperado pese a tener los protocolos “más estrictos de España”. Cantabria: El Diario Montañés; 10 sept 2020[consultado 16 sept 2020]. Disponible en:
https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/lombo-dice-aparicion-20200910222705-ntvo.html
(4) Rickett M. Coronavirus: there is an urgent need to re-open schools – this is how to make it happen. Australia: The Conversation; 5 May 2020 [consultado 13 sept 2020]. Disponible en: https://theconversation.com/coronavirus-there-is-an-urgent-need-to-re-open-schools-this-is-how-to-make-it-happen-137818?utm_source=twitter&utm_medium=bylinetwitterbutton
(5) European Centre For Disease Prevention And Control. COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission [Internet] 2020 [Consultado15 Sept 2020]. Disponible en: https://www.ecdc.europa.eu/sites/default/files/documents/COVID-19-schools-transmission-August%202020.pdf
(6) Vogel G, Couzin-Frankel J. Should schools reopen? Kids’ role in pandemic still a mystery [Internet] EEUU: Science; 4 May 2020 [consultado 8 sept 2020].
Disponible en: https://www.sciencemag.org/news/2020/05/should-schools-reopen-kids-role-pandemic-still-mystery
(7) Cheng SY, Wang CJ, Shen ACT, Chang SC. How to Safely Reopen Colleges and Universities During COVID-19: Experiences From Taiwan. Ann Intern Med [Internet] 2020 [consultado 10 Sept 2020]; Disponible en:
https://www.acpjournals.org DOI 10.7326/M20-2927
(8) Redacción Consalud. Un estudio de Vall d’Hebron concluye que la transmisión del SARS-CoV-2 de los menores de edad con COVID-19 a los adultos con quienes conviven es baja [Internet] Barcelona: Consalud; 31 Ag 2020 [consultado 6 sept 2020]. Disponible en: https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/vall-
hebron-concluye-transmision-menores-covid-19-adultos-convivientes-baja_84585_102.html
(9) Isabel C, Martínez JM. La vuelta a las aulas [Internet] Madrid: Siap Covid 19 [consultado 21 sept 2020].Disponible en: https://covid19siap.wordpress.com/la-vuelta-a-las-aulas/
(10) Rhee C, Kanjilal S, Baker M, Klompas M, MD. Duration of SARS-CoV-2 Infectivity: When is it Safe to Discontinue Isolation? Clin Infect Dis [Internet] 2020 [consultado 15 Sept 2020]; ciaa1249. Disponible en: https://academic.oup.comDOI 10.1093/cid/ciaa1249
(11) Rosário R. COVID-19 and Schools Closure:Implications for School Nurses. J Sch Nurs [Internet] 2020 [consultado 1 Sept 2020]; 36(4):241-242. Disponible en:
https://journals.sagepub.com DOI 10.1177/1059840520925533

La geopolítica de los dibujos animados

Fuente: elordenmundial.com

Los dibujos animados conquistan corazones y mueven miles de millones de dólares. Pero eso no es todo, amigos: la animación también juega en el tablero político. Lo hace desde sus comienzos: durante las Guerras Mundiales, los dibujos animados enseñaban a los niños a reconocer al enemigo; en tiempos de la Guerra Fría, sus protagonistas traducían la ideología al lenguaje de la animación. Hoy, son una de las herramientas del poder blando.

¿Qué tienen en común la princesa del hielo, la familia Parr y unos seres redondos y amarillos? Uno, que son personajes de dibujos animados; dos, que estos dibujos son estadounidenses; y tres, que son los protagonistas más rentables de la industria de la animación: las dos partes de Frozen, la secuela de Los Increíbles y Los Minions han sido los dibujos animados que más taquilla han hecho a nivel mundial. Si se amplía el foco, ocho de las diez películas de animación más taquilleras son producidas o distribuidas por Disney. Y todas son estadounidenses.

Pero la animación no es un reino de hadas, sino una industria altamente competitiva. Y la competición no se acaba a nivel de taquilla o de audiencias: los mensajes transmitidos por los dibujos animados llegan, cual aguja hipodérmica, a las mentes de los más pequeños, los hipnotizan a través de las pantallas y les susurran lo que tienen que hacer y cómo deben comportarse… O esto se pensaba en los albores de la televisión y de la propaganda. Se creía que un estímulo televisivo provoca, como una inyección, una respuesta casi automática en el público. Por eso, el personaje de Superman fue acusado de inducir a los más pequeños a saltar por la ventana, en un intento de aprender a volar.

El tiempo demostró que los mensajes que salen en las pantallas no programan respuestas automáticas. Pero su papel no se debe minusvalorar. El poder ha cambiado, y la fuerza ha dejado el pedestal a la influencia, la persuasión y la seducción: el poder blando. Uno de sus ingredientes es la industria de los medios. Los datos de taquilla dejan claro qué imperio mediático domina en la animación a día de hoy. Y la animación es la llave a los corazones de los niños.

La guerra sí es cosa de niños

En el Chicago de 1914, el dinosaurio Gertie salió de su cueva, devoró el tronco de un árbol y se inclinó ante los espectadores, a las órdenes del animador Winsor McCay. Era la primera protagonista de un dibujo animado propiamente caracterizada, con una personalidad y una historia que contar. Gertie jugaba, lloraba y comía; por ello, entretenía. Con la creación de Gertie, McCay abrió un nuevo horizonte para la animación, que antes se centraba más en la técnica y en el mensaje y no tanto en los seres dibujados. Pero el entretenimiento no era el único cometido de los dibujos animados. Al otro lado del Atlántico, Reino Unido lideró la joven industria de la animación con un propósito diferente: hasta un 95% de los dibujos británicos producidos entre 1914 y 1918 tenían una finalidad propagandística.

Eran los años de la Primera Guerra Mundial. A medida que el conflicto se agravaba, los dibujos animados iban cobrando fuerza. Unos ensalzaban los valores de la patria, otros ridiculizaban al enemigo. En Reino Unido la propaganda dejó de ser una prerrogativa exclusiva del Estado para traspasar al mundo de la empresa. Los niños no eran todavía el público objetivo de la joven industria de la animación, pues sus esfuerzos se centraban en levantar la moral de los combatientes y de los civiles, y se trataba generalmente de piezas cortas y mudas. Además, tocaban el bolsillo: al igual que las películas, los dibujos animados eran proyectados en espacios públicos —teatros y salas de cine—. Todo cambió en 1928, cuando el estadounidense Walt Disney enseñó a un ratón a silbar al sincronizar la música con la imagen. Desde entonces hasta hoy, Disney se ha convertido en la principal empresa de animación a nivel mundial, y Mickey Mouse continúa atrayendo a espectadores e inversores.

El período de entreguerras asentó las bases del dibujo animado contemporáneo: piezas más largas, personajes más realistas y la orientación hacia el público infantil. A la vez, los hogares de todo el mundo empezaron a dar una tímida bienvenida a un nuevo miembro: la televisión, aunque su uso no se popularizó hasta los años cincuenta. La joven industria fue abarcando cada vez más regiones. En 1936, la Unión Soviética creó el estudio de animación estatal Soyuzmultfilm, que continúa existiendo bajo el mismo nombre en la Rusia de hoy (Soyuz significa “unión”, y hace referencia a la Unión Soviética). Escuelas de dibujos animados y estudios privados fueron apareciendo en Argentina y en México. Desde Sudáfrica hasta Egipto y desde Tokio hasta Sídney, la animación fue perfeccionando sus técnicas y abriéndose camino hacia los corazones de los más pequeños.

Después llegó otra guerra mundial, y esta vez sí que fue traducida para los más pequeños al lenguaje de la animación. De parte de los Estados Unidos, Mickey Mouse, el Pato Donald y Bugs Bunny. En el frente nazi otros tantos animales, esta vez con un marcado mensaje antisemita. Desde el estudio de animación estatal de la URSS, un Hitler diabolizado amenazaba con arrebatarles la libertad a los ciudadanos soviéticos. En Japón, el niño dibujado Momotaro defendía a su patria de los invasores estadounidenses. Pero como la guerra no entiende de derechos de autor, Mickey Mouse y el Pato Donald no estuvieron exclusivamente al servicio de Disney. El Gobierno de Vichy utilizó a estos personajes para presentar a los Estados Unidos como enemigo del pueblo francés. El ratón emblemático de Disney, montado en un murciélago, también atacó a Japón, pero perdió ante los samuráis en un dibujo animado propagandístico nipón de 1936.

La propaganda animada de la Segunda Guerra Mundial servía a varios propósitos: enseñaba a los niños a reconocer al enemigo, levantaba la moral de la población civil y animaba, pero también educaba, a los soldados. Durante el conflicto, el público recibía con ansia los dibujos animados, lo que se tradujo en una gran afluencia a las salas de cine: noventa millones de espectadores semanales en los Estados Unidos y veinte millones en Alemania. De entre los quinientos cortometrajes animados producidos en Hollywood entre 1942 y 1945, un 47% estaba relacionado con la guerra. No obstante, el conflicto puso límites a la exportación: los dibujos de producción estadounidense fueron prohibidos en la Alemania nazi a finales de los años treinta.

Dos osos y un destino: los dibujos animados durante la Guerra Fría

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, la paz no llegó del todo. Las cuatro décadas siguientes fueron conocidas como la Guerra Fría, debido al enfrentamiento indirecto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante este período, las dos superpotencias conformaron bloques de alianzas, impulsaron carreras armamentísticas y externalizaron los conflictos. La industria de los dibujos animados tampoco se mantuvo al margen.

Un protagonista involuntario de la Guerra Fría es un oso de peluche llamado Winnie the Pooh. Para los países de la OTAN era amarillo; para los del Pacto de Varsovia, marrón. Y es que la industria cultural soviética rechazaba la producción estadounidense, por lo que algunas historias han tenido una vida doble, una a cada lado del Telón de Acero. Disney produjo su primera película sobre Winnie the Pooh en 1966; la Unión Soviética lo hizo tres años más tarde. El Winnie amarillo no entraba en la URSS; el Winnie marrón no salía más allá del bloque socialista. El Patito Feo o Mowgli son también algunos ejemplos de la dualidad de los dibujos animados durante la Guerra Fría. En otros casos, los protagonistas cambiaban, pero se mantenía la premisa: un gato gris estadounidense persigue, un episodio tras otro, a un ratón astuto; un lobo gris soviético intenta capturar a un pequeño conejo, pero siempre fracasa. Fuera de las fronteras de la URSS, pero dentro de su órbita, Mickey Mouse encontró un reflejo en Topito, el protagonista de un dibujo animado checoslovaco.

Pero no todos los movimientos de la animación de la Guerra Fría iban en paralelo, también había colisiones. El antagonismo entre los dos bloques se tradujo en un retrato distorsionado de los valores del enemigo. En este sentido, cabe destacar el papel de Walt Disney, extremadamente crítico con la URSS. Los dibujos animados estadounidenses mostraban explícitamente los males del comunismo; los soviéticos, los del capitalismo. Otros ejemplos eran más latentes, desde la asociación de la abundancia con la pereza y la maldad de parte de la URSS, hasta la confrontación entre dos mundos antagónicos —algunos autores afirman que es lo que ocurre en La Sirenita de Disney: su protagonista escapa de un reino marino rígido y patriarcal a la tierra firme, donde es libre para cumplir su sueño: caminar—. La animación abarcó también las dos carreras de la Guerra Fría: la armamentística y la espacial. Niños y animales dibujados de las dos superpotencias volaron en naves espaciales, llegaron a la Luna y construyeron refugios nucleares. Marvin el Marciano, el personaje de la factoría Warner Brothers enemigo de Bugs Bunny, es otro ejemplo de cómo la Guerra Fría aterrizó en la industria de la animación. Vestido de rojo y con traje militar, viniendo de otro planeta y siempre amenazando con destruir la Tierra con armas sofisticadas, Marvin parece una personificación de la Unión Soviética; no en vano, su primera aparición fue en 1948, cuando la división entre EE. UU. y la URSS empezaba a ser evidente. Incluso los conflictos armados encontraron una representación en el universo animado. Mickey Mouse volvió a la guerra como soldado estadounidense en Vietnam en un proyecto antibélico ajeno a Disney. Murió, de un disparo, en el minuto uno. La oposición a la guerra de Vietnam también se manifestaba en la animación soviética.

En la guerra todo vale, y la animación ofrece una gran herramienta: la posibilidad de ridiculizar al enemigo. Más allá de personajes grotescos o diabolizados, una forma más sutil de hacerlo es a través del empleo de la voz y el lenguaje. El acento ruso caracteriza a un perro callejero en La dama y el vagabundo, y uno de los ladrones de Aladdín también enfatiza mucho la erre. Desde la Unión Soviética el lenguaje también se ha utilizado para caracterizar a los personajes negativos. Por ejemplo, la expresión inglesa “oh, yes” era empleada como una coletilla constante por los personajes mafiosos italianos Banditto y Gangsteritto, al igual que por un astuto —y malvado— detective.

Los dibujos no solo apuntaban al “malo”, sino que también educaban en los valores a través de la creación del “bueno”. Esta división en blanco y negro persistió durante la Guerra Fría mucho después de que las televisiones se tornaran a color. Los protagonistas de los dibujos animados ponían cara a los valores de cada lado del conflicto en un contexto en el que la ética era definida por la ideología. La defensa del bien común contra el individualismo; la lucha obrera contra el espíritu emprendedor, el Winnie marrón comunista contra el Winnie amarillo capitalista. Y el amarillo ganó el pulso.

Un pato como embajador y la amistad menos desinteresada 

“¡Qué mono es! ¡Tenemos que hacernos amigos!” exclama Masha cuando ve por primera vez al panda, un nuevo personaje. Masha es la protagonista de la serie de dibujos animados rusa Masha y el Oso y una niña popular: suma más de setenta millones de seguidores entre sus canales de Youtube en ruso, inglés, castellano y portugués. Si los seguidores de Masha en Youtube fueran ciudadanos de un país de la Unión Europea, este sería el segundo más grande, tan solo por detrás de Alemania. La serie está traducida a más de treinta idiomas y se emite en Netflix. Desde marzo de 2020 sale también en la televisión oficial china, un país que tiene al panda como símbolo tradicional. Es así como Masha se hizo amiga del panda en la vida real. No es la primera vez que un dibujo animado ruso encuentra cabida en el mercado chino. En 2013, la serie Kikoriki, parcialmente financiada por el Ministerio de Cultura ruso, dio también la bienvenida a un panda. Cuatro años más tarde, la Agencia Estatal de Televisión China y los creadores de Kikoriki acordaron una producción conjunta, en la que el panda cobraría protagonismo. La diplomacia del panda —un término visual que hace referencia a la expansión del poder blando chino— llegó también al Topito checo, lo cual desencadenó una disputa por la licencia de este personaje, que acabó en el Tribunal Superior de Praga en 2019.

Las amistades de Masha no acaban en China. Y es que sus creadores pusieron la exportación como prioridad desde el primer momento. Incluso el pañuelo tradicional ruso de la protagonista facilita la promoción de la serie en países mayoritariamente musulmanes. Además de las traducciones y de los subtítulos, Masha y el Oso se adapta a las regiones de destino a través de un ejercicio de localización: se traduce cualquier texto que forma parte de la animación, por ejemplo, los letreros. Sin embargo, la popularidad de Masha también encuentra detractores. Algunos acusan al dibujo animado de ser propaganda del Kremlin, por ejemplo, porque el oso es un símbolo de Rusia. Se comparta o no esta afirmación, es evidente que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y Masha y el Oso han conquistado, a través de las pantallas, los corazones de millones de niños de más de cien países.

Pero si hay una empresa de animación que domina en el ámbito de la exportación, es, de nuevo, Disney. El poder de este imperio mediático es tal que el Pato Donald y Mickey Mouse son, a veces, comparados, con embajadores culturales. El propio Walt Disney participó en la diplomacia estadounidense a través de sus viajes, que promocionaban a Disney y, por ende, los valores de su país. La política y los intereses de la empresa se han cruzado también en la búsqueda de nuevo público. Así, en la década de los cuarenta, el Pato Donald se hizo amigo de un loro brasileño y un gallo mexicano en un intento de atraer a espectadores en América Latina. Hoy, el imperio Disney es diverso y omnipresente. Su plan de negocios descansa en cuatro pilares: la producción audiovisual, los parques temáticos, las redes de medios de comunicación —por ejemplo canales de televisión o plataformas digitales— y el merchandising. En 2018, el ya nonagenario Mickey Mouse trajo a casa 3.000 millones de dólares gracias a la comercialización de productos con su imagen.

Mientras que la animación estadounidense marca tendencias en las taquillas, el Viejo Continente se queda atrás. Los dibujos animados europeos tan solo se corresponden con una quinta parte de su mercado, en el que predominan, de nuevo, los de producción estadounidense. Pero no son los únicos jugadores en el tablero: las empresas mediáticas de Asia están cobrando peso. Desde la segunda mitad del siglo XX se popularizó la externalización de las labores más técnicas y laboriosas a países como Japón, India, Filipinas o Corea del Sur para reducir los costes de producción. Sin embargo, hoy este patrón se está invirtiendo y las industrias de animación de Japón, China y Corea del Sur ven despegar sus ganancias y aterrizan en todos los continentes, también el europeo.

Detrás de las pantallas

Los dibujos animados entretienen, educan y divierten. Los dibujos animados hacen taquilla, mueven el mercado publicitario y frecuentan el emplazamiento de productos. La animación no solo abre puertas a los corazones de los niños, sino también a los monederos de sus padres. Esta simbiosis, perfilada por el tiempo, es perfecta: los niños necesitan los dibujos animados, los dibujos animados necesitan a los niños. Pero su poder no solo es económico, sino también político, el poder blando. Se dice que para dominar a un enemigo, hay que educar a sus hijos. Y, aunque ya no hay enemigos tan claros y globales como durante la Guerra Fría, los dibujos animados más populares siguen siendo los estadounidenses.

Mucho ha llovido desde que el dinosaurio Gertie saliera por primera vez de su cueva dibujada, y algunos de los personajes de animación más queridos ya pueden soplar siete u ocho decenas de velas por sus aniversarios. A través de la pantalla, generaciones sucesivas de niños aprenden de esponjas, patos, osos y ratones. La infancia, la etapa dorada de la vida, se entrelaza en los recuerdos con las aventuras de sus personajes favoritos. Y es por eso por lo que la fórmula secreta de la animación cuenta con un último y principal ingrediente: el amor. Eso es todo, amigos.

¿Tenemos nuestro ritual?

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

Un ritual es un acto que tiene una estructura que se repite y expresa un significado simbólico. Existen distintos tipos de rituales: deportivos, religiosos, familiares…

Un ritual deportivo, por ejemplo es la forma en la que se presentan dos equipos de fútbol a jugar un partido importante. Salen en fila, detrás del árbitro. Escuchan el himno. Se saludan. Se juntan en su campo para darse el grito de guerra…

Esa serie de acciones, que se repiten según la misma estructura, ayuda a los jugadores a introducirse en la dinámica del partido, a concentrarse en el objetivo que tienen como equipo, a expresarse apoyo mutuo…

Es posible que alguno de ellos haya pasado una mala noche pensando en la importancia del partido, que otro tenga alguna dificultad personal en esos momentos de su vida, y que alguno esté tranquilo gracias a su veteranía. El ritual les une en medio de sus circunstancias personales y consolida el sentimiento de equipo. Les une frente a la tarea común a la que se van a enfrentar.

Ahora bien, si once personas se juntan, salen en fila al campo de fútbol, escuchan el himno, se hacen una foto y se dan un abrazo, pero no saben jugar al fútbol, todos esos gestos no sirven para ganar el partido. Lo más importante es saber jugar, haber entrenado, compenetrarse… Esto es lo más importante. Pero si además de haber haber hecho esto, empezamos el partido con un ritual de estas características, el trabajo del equipo se fortalece.

Los rituales ayudan a consolidar la expresión de un sentimiento, aunque las circunstancias sean cambiantes, mediante una estructura que permanece estable en medio de los acontecimientos.

Un ritual familiar es, por ejemplo, la celebración de los cumpleaños. Cada familia tiene sus propias formas de celebrarlos. Ese estilo propio de celebrar, es uno de los elementos que conforma un sentimiento de pertenencia familiar. Somos (entre otras cosas) la familia Tal, que celebramos las cosas de esta manera. Los rituales cohesionan a los miembros de la familia y les ayudan a conectarse.

La forma distinta de celebrar los acontecimientos es una de las cosas que nos llama la atención cuando empezamos a compartir tiempo e intimidad con la familia de nuestro cónyuge. Descubrimos otros gestos, otras estructuras diferentes a la que estábamos acostumbrados.

Los rituales familiares o matrimoniales no generan el amor. Pero si en un matrimonio hay amor, el ritual ayuda a sostenerlo en medio de las inclemencias de la vida. Necesitamos rituales cotidianos que nos conecten en medio del fragor del día. No hacen falta grandes cosas. Quizá un café después de comer. Un beso de buenos días. Un rato juntos charlando cuando se han dormido los niños… Si tenemos un pequeño ritual puede convertirse en la expresión del amor que se mantiene aunque estemos preocupados por determinada circunstancia de nuestra vida en ese momento, o que hayamos discutido por alguna razón.

A veces los rituales se construyen de forma inconsciente, los vamos construyendo empujados por los ritmos de la vida. En otras ocasiones, surgen a raíz de algún acontecimiento al que respondemos de una forma y a partir de ahí, se genera un ritual… También podemos heredar rituales de nuestras familias de origen. Aunque no es fácil que se adopten idénticamente, lo habitual es que los recreemos, adaptándolos a nuestras circunstancias concretas.

Esta época de confinamiento puede haber generado determinados rituales cotidianos en nuestra vida a nivel personal de matrimonio o familiar. Y ahora puede ser un buen momento para hablar sobre ello e ir construyendo entre los dos ese ritual como matrimonio que exprese nuestro amor.