Esther Mateo
A una hora de transporte público desde Buenos Aires existe un barrio que se llama José León Suarez. Una zona que se caracteriza por la basura y por la cárcel, y por los fusilamientos ocurridos en 1956. Y desde hace unos años también se le conoce por su biblioteca, Biblioteca Popular La Carcova.

En ese barrio nació y creció Waldemar Cubilla. En su vida pronto aparece la importancia del libro, pero el libro como material, no como objeto intelectual. Para él el libro era la posibilidad de vender kilos de papel. Y a la vez que aparece el libro, aparece la cárcel.
En la cárcel el libro vuelve a estar presente pero con otra función. Esta vez convertido en un chaleco anti puñales. El libro sigue siendo algo material.
Estando en la cárcel se construye una biblioteca y eso hace que el libro pase a ser parte de su paisaje, paredes llenas de libros. En la cárcel comienza a estudiar.

Después de 10 años consigue la libertad y Waldemar se pregunta qué hacer con su vida, piensa que sólo sabe hacer dos cosas, robar y construir una biblioteca. Y se decide por lo segundo observando su barrio y su vida.
Se da cuenta que en su barrio no sólo él tiene miedo de morir en la cárcel, ese miedo es un miedo comunitario. Lo que a él le preocupa son las mismas preocupaciones del resto de sus vecinos.
“Nadie se salva solo” es una frase hecha vida. La comunidad crea la Biblioteca Popular La Carcova.
Al libro, en muchas ocasiones, se le enmarca dentro de premios grandilocuentes, se le llena de intelectualidad, de esa cultura para unos pocos. Al libro se le encierra. Y estas experiencias llenas de vida son las que hace que el libro siga estando vivo.





