escuela y COVID19

Escuela y COVID19

Por un protocolo coherente con el avance científico.

Un grupo de familias de Cantabria ha creado la plataforma “Escuela y Covid”. Hace unos días han presentado en la Consejería de Sanidad y Educación el manifiesto en el que solicitan, entre otras cosas, que se modifique algún punto del protocolo en los colegios de educación primaria.

Desde su web nos lo explican.

En otras comunidades autónomas, las familias, a través de sus representantes, tienen voz en los órganos de seguimiento de los protocolos. Además, las reuniones de estos órganos (donde se presentan los datos, se exponen las dificultades y avances, se proponen alternativas…) son públicas. Así todos sabemos quién y qué se propone. Éste es sólo un ejemplo. La Consejería de Educación y Sanidad/Salud pública ¿puede explicar el oscurantismo y falta de democracia que rodea a las reuniones de trabajo sobre los protocolos/planes de contingencia? Cada vez es más lógico que normativas que repercuten en toda la sociedad y de forma desigual, cuente con los distintos colectivos afectados y con un equipo multidisciplinar de profesionales, para llegar a una propuesta equilibrada que minimice el riesgo de transmisión y las consecuencias de las medidas adoptadas. Multidisciplinaridad de profesionales y agentes sociales, y actas públicas de las reuniones de trabajo, son condiciones imprescindibles para generar confianza y para establecer normativas y protocolos que realmente sirvan a la sociedad.

En contacto con instituciones y asociaciones

Por eso nos alegró el largo tiempo dedicado a dialogar con nosotros por el Colegio de Enfermería. Con el de Psicólogos estaremos el 14 de abril. Estamos esperando respuesta por parte del Colegio de Médicos. Los profesionales crecemos especialmente en esa escucha. El Colegio de Licenciados en Educación Física recibió nuestro manifiesto por correo y estudiarán nuestra propuesta de adhesión al mismo.

Escuela y COVID
Reunión en el Colegio de Enfermería junto a Mª Luz Fernández (Presindenta) y Alexandra Gualdrón (Vicepresidenta)

Como no puede ser de otra forma, también hemos hecho llegar nuestro manifiesto a AMPAs, FAPA, CONCAPA y equipos directivos. Contamos ya con la adhesión de uno de ellos y esperamos aumentar la lista. Hemos solicitado a la FAPA a enviar a todas las AMPAS este manifiesto y animamos a que todas ellas se sumen al mismo. También animamos a dicha federación a que reclame su presencia en las reuniones de los grupos de trabajo sobre planes de contingencia y en la del grupo mixto sanidad/educación, y que allí lleve la opinión de las familias (estableciendo las reuniones y metodología acorde para eso).

No nos hemos olvidado de los sindicatos. También a ellos les hemos hecho llegar nuestras reivindicaciones. También ellos se pueden adherir al manifiesto en el que pedimos que el protocolo de primaria (más restrictivo) se equipare al de secundaria, lo cual está generando más confinamientos en las aulas de 6 a 12 años . ¿Es menos importante un profesor de educación primaria que otro de secundaria? ¿Se puede prescindir de su educación presencial más? Nos sorprendió mucho que UGT sección educativa, nos dijera que no se pueden dar los datos de transmisión comunitaria en el centro escolar, lo cual forma parte de una de nuestras reivindicaciones. Es decir, proporcionar el dato de cuantos alumnos de un aula se contagian por un compañero que se ha infectado fuera del aula. En la experiencia de las familias que formamos parte de esta plataforma con nuestros hijos y conocidos, la transmisión intracomunitaria en las clases de primaria ha sido cero. Suponemos que los datos a nivel de todos los centros de Cantabria serán anecdóticos o bajos, como ocurre en otras CCAA y países. Desde AGOSTO, la evidencia científica continúa afirmando que la transmisión de niño a niño y de niño a adulto en las escuelas es poco común. UGT aludió a la ley de protección de datos como razón para no ofrecer esta información. No es así. Adjuntamos la tabla de Navarra (reflejando que la transmisión comunitaria tanto en primaria como en secundaria es muy baja, incluso menor en primaria).

Fuente

Es muy importante que se proporcionen estos datos, como también el de la transmisión comunitaria de la infección de niños a profesores (por varias fuentes nos llega que nula, en cualquier caso seguro que anecdótica siguiendo la norma de otros lugares donde sí proporcionan este dato). Permite ver la realidad.

Esta semana nos ha alegrado que los medios de comunicación, quisieran dar voz a esta iniciativa: Alerta, el Diario Montañés, Cadena Ser radio, Cope radio, Castro confidencial, el diario Cantabria.

Los protocolos contra el COVID19 son necesarios

NI MUCHO MENOS ESTAMOS EN CONTRA DE PROTOCOLOS EN LAS ESCUELAS, SON NECESARIOS. Pero no hay ninguna razón avalada por la realidad, los datos, la investigación científica… por la cual se esté penalizando a los niños de primaria respecto a secundaria, con un protocolo más restrictivo, cuando los niños más pequeños transmiten menos y tienen mascarilla, y aulas con similares condiciones (número de alumnos por ejemplo) que secundaria.

¿Por qué se está promoviendo la escuela del miedo? ¿Qué mensaje estamos transmitiendo a los niños, cuando se han suspendido las salidas fuera del colegio, en muchos centros? ¿O se impide a una madre/padre/profesional no entrar al cole a dar un taller (que hasta en el patio se podría dar)? Ni las residencias de ancianos, con una población de riesgo, han impedido la entrada de familiares durante todo el tiempo de pandemia.

Tenemos 8 días de vacaciones, la vuelta del cole es posible que sea en otras condiciones. Ofrecemos nuestra colaboración para eso. Las consecuencias de los aislamientos en los niños son notables (ver nuestro manifiesto y entradas de la web). Ni un solo niño más con un aislamiento que no le corresponda en coherencia con los datos y el conocimiento científico. Hace falta liberar de presiones o intereses (que no sean el bienestar físico y psicosocial de los niños) los protocolos educativos. Si especialmente las familias, profesores y equipos directivos  exigimos esta liberación, a la vuelta de vacaciones tendremos un protocolo diferente.  Esperar al curso que viene es una canallada. Por eso llamamos también a los colegios profesionales, sindicatos, asociaciones que trabajen con colectivos con más dificultades socioeconómicas o psicoeducativas, a adheriros al manifiesto.

Podéis escribir un correo a la dirección escuelaycovidcantabria@gmail.com y decir que vuestra asociación/colectivo se adhiere, enviando vuestro logo.

Cualquier persona puede adherirse a este manifiesto

Ni responsabilidad social ni personal, sálvese quien pueda

Marcos Roitman Rosenmann

Son tiempos de reflexión. Las consecuencias de haber sido educados en el egoísmo, la competitividad y la meritocracia afloran con el hedor de sus enseñanzas. Vivimos en el capitalismo, un orden de dominación y explotación sobre el cual se edifica una cultura a cuyos valores nadie es inmune. Es una sociedad enferma. Los síntomas hablan de un colapso general. Calentamiento global, desertización, sequías, contaminación ambiental, hambrunas y, por si fuera poco, pandemias. Los científicos atentos a los cambios han inventado una palabreja, sindemia. El término une dos conceptos: pandemia y sinergia.

Nuestra civilización occidental que se ufana de sus desastres, sufre pandemias como la obesidad, la malnutrición y el cambio climático, a la cual se unen atractores que multiplican sus consecuencias, provocando nuevas enfermedades. Hablamos de las desigualdades sociales. Sin atender a sus causas, desoyendo los avisos, las próximas sindemias no están lejanas. Asistimos a una crisis que afecta no sólo al sistema sanitario, compromete al orden económico, social, político, étnico, cultural y de género. Une factores sociológicos, históricos y sicofisiológicos, que arrastra una condensación de actos del ser humano contra la naturaleza, que han llevado a la especie humana a un callejón sin salida.

Asistimos a una concentración de grandes fortunas, cuyas proporciones son obscenas. Son el resultado de mantener, conscientemente, a cientos de millones de personas con salarios de hambre, sin acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación ni a una alimentación sana, al agua potable, la electricidad, a derechos laborales o sociales. Tampoco a la justicia. El capitalismo los excluye, margina y considera fracasados. Gente que no ha aprovechado sus oportunidades. Incapaces de labrarse un porvenir. Han tomado malas decisiones. Nadie más que ellos son culpables, deben pagar las consecuencias.

Los ricos, nos dice su ideología, tienen derecho a su riqueza, a disfrutarla, no deben avergonzarse. Las han levantado con su esfuerzo, sacrificio y compitiendo en un mercado que expulsa a los débiles. En esta ecuación, no se menciona la moral corrupta inherente al capitalismo, con una sola regla de oro, aprovechar al máximo sus oportunidades para explotar, engañar y especular. Conscientes de esta otra cara del capitalismo, quienes amasan billones acaban creando fundaciones y propagando actos de filantrocapitalismo.

Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega, Larry Page o Sergey Brin no le deben nada a nadie. Todo lo han conseguido por iniciativa personal. Es irrelevante la pertenencia a una clase social. Ellos se bastan y sobran. Pero son buena gente, hacen beneficencia. Donan material digital, patrocinan la OMS, se comprometen con la agricultura verde y digital, eliminar la brecha de digital, apadrinan especies en extinción y ONG para luchar contra la contaminación, el hambre y la explotación. Seguramente comprarán vacunas contra el Covid-19 para ofrecerlas al tercer mundo, cuando ellos estén a salvo, claro. Evaden impuestos, mantienen a sus trabajadores en condiciones de sobrexplotación, con empleos basura y contratos temporales, deslocalizando la producción para emplear a niños en países asiáticos, maquilas o en la agroindustria de palma, soya o maíz transgénico en América Latina. Para ellos, al igual que para los gobiernos y las compañías trasnacionales, las desigualdades no son responsabilidad de nadie. Unos ganadores otros perdedores. Los segundos lo son por su escaso espíritu de sacrificio. Irresponsables que no han querido estudiar, ni progresar. Por consiguiente merecedores del desprecio. En este saco entran los pueblos originarios, los inmigrantes, las mujeres obligadas a esclavizarse sexualmente. Deben asumir su fracaso, obedecer y trabajar en beneficio de quien les da trabajo.

Hoy, los gobiernos, en medio del ­Covid-19, llaman a sus ciudadanos a ser responsables; a no salir de casa, mantener la distancia social, usar mascarillas, ser prudentes. Apelan a valores como el bien común, la solidaridad, el interés general. Es decir, lo que han despreciado, ninguneado y consideran un lastre para la iniciativa privada, el beneficio empresarial y la especulación financiera. Han avalado las conductas egoístas, han educado en la meritocracia y la competitividad. Pero hoy piden responsabilidad. Las mismas élites políticas, gobiernos, empresarios e instituciones (FMI, BM, OMC) que fomentan la desigualdad, desgravan las grandes fortunas, nos piden responsabilidad, de la cual han carecido a la hora de privatizar, desarticular los sistemas de salud y la educación pública. Sin olvidar que en esta pandemia han optado por salvar la economía y no a las personas. Su ejemplo, la irresponsabilidad, la mentira y la criminalización de los movimientos democráticos. No es coherente ni ético. Sin embargo, a contracorriente, la respuesta de las clases trabajadoras, de los pueblos originarios, del feminismo, ha sido ejemplar ante la pandemia. Han actuado con dignidad, sabiendo que del capitalismo sólo se puede esperar un sálvase quien pueda. En él no hay cabida para la responsabilidad social ni personal. Demandarla es hipocresía, tanto como las orgías, fiestas y transgresiones que sus dirigentes comenten todos los días.

La creación artificial de la escasez: el caso de las vacunas

Juan Torres López

Fuente: publico.es

El desaparecido economista y catedrático de la Universidad de Salamanca David Anisi escribió en 1995 un libro titulado Creadores de escasez. Del bienestar al miedo (Alianza Editorial). En el explicaba que, en contra de lo que se creía, la crisis que se produjo a partir de los años 70 no había sido lo que obligó a cuestionar el Estado de Bienestar, sino que fue al revés: la puesta en cuestión de este último originó la crisis.

Como explicaba Anisi, “había llegado el momento de disciplinar a los trabajadores. Y así se hizo.”

Para ello se recurrió a la forma siempre más efectiva, generando el desempleo. Quien carece de ingresos y medios de vida no tiene más remedio que aceptar lo que sea para salir adelante y se convierte así en un ser personal, mental y socialmente frágil, fácilmente manipulable y disciplinado.

Para provocar deliberadamente el desempleo que disciplinara a las clases trabajadoras se aplicaron políticas basadas en la creación artificial de escasez, aumentando los tipos de interés (lo que frenaba la inversión productiva pero al mismo enriquecía así a los poseedores del dinero), reduciendo salarios (lo que reducía el consumo pero aumentaba los beneficios de las grandes empresas que tienen mercados cautivos) y provocando déficits públicos y mucha deuda (ralentizando así la economía pero aumentando el negocio del capital financiero).

El efecto de esas políticas es el mismo que tiene el ir pisando el freno constantemente en un vehículo: disminuye la velocidad de crucero, se gasta mucha más energía y se deteriora el conjunto de la maquinaria. En una economía, la consecuencia es que disminuye la tasa de crecimiento de la actividad económica y aumenta el desempleo. Dos efectos que se agravan cuando todo eso ocurre, como ocurrió en los años ochenta y noventa del siglo pasado, en medio de una revolución tecnológica. Cuando esta se produce, aumenta la productividad y si este aumento no va a acompañado de una reducción de la jornada y de políticas expansivas del gasto, el efecto del frenazo es mucho mayor.

Eso fue lo que vienen provocando las políticas neoliberales y por eso decimos que crean escasez artificialmente. Destrozan a toda la economía y disminuyen la provisión de bienes y servicios pero benefician mucho, como he dicho, a los propietarios del capital financiero (que se enriquecen más cuanto mayor es la deuda) y a las grandes empresas que dominan los mercados y tienen clientes cautivos o una masa de liquidez muy grande con la que se enriquecen en los mercados financieros.

Puede parecer que esta tesis que acabo de exponer es demasiado perversa como para ser verdad pero, si no la creen, lean lo que escribió en la página 183 de su libro El final de la edad dorada (Ed. Taurus 1996) quien había sido un poderoso ministro de Economía de Felipe González, Carlos Solchaga: “La reducción del desempleo, lejos de ser una estrategia de la que todos saldrían beneficiados, es una decisión que si se llevara a efecto podría acarrear perjuicios a muchos grupos de intereses y a algunos grupos de opinión pública”. No se puede reconocer más explícita y claramente.

Efectivamente, el capitalismo de nuestros días es un creador artificial de escasez y una manifestación sangrante de ello la estamos contemplando en estos momentos en el caso de las vacunas.

Cuando se extendió la pandemia, las autoridades mundiales reconocieron lo elemental y lógico: su remedio no podía ser otro que una vacunación masiva y muy rápida de la mayor parte de la población mundial.

La presidenta de la Comisión Europea reclamó que las vacunas se convirtieran en un bien público porque “la Unión Europea había invertido muchos miles de millones en desarrollar las primeras”. El Fondo Monetario Internacional pedía en su informe de enero pasado una “distribución universal de vacunas … a precios asequibles para todos”…

Sin embargo, no es eso lo que está ocurriendo, sino todo lo contrario: los gobiernos de los países ricos se niegan a que las vacunas se puedan producir y distribuir masivamente y a precios asequibles en todos los países del mundo, como sería imprescindible para acabar con la pandemia. Se sigue creando escasez aunque ahora no sea para disciplinar a las clases trabajadoras sino para salvaguardar el beneficio y el poder de las grandes empresas farmacéuticas, de cuya naturaleza y estrategia escribía hace unos días el profesor Vicenç Navarro en estas mismas páginas (aquí).

Para desarrollar vacunas de distribución universal, como pide el FMI, es preciso la colaboración de científicos y productores de todo el planeta pero eso solo es posible si se ponen a disposición de todos ellos el conocimiento y las técnicas que las hacen posible, algo que es imposible mientras no se suspendan las patentes y derechos de propiedad intelectual.

Es lo que están pidiendo desde hace meses la gran mayoría de países, líderes políticos, organizaciones de todo tipo, centros de investigación, personalidades, dirigentes de iglesias… Y es lo que desea la inmensa mayoría de la población allí donde se le ha preguntado (el 73% en el Reino Unido).

Pero, en contra de esa opinión mayoritaria, los gobiernos de los países ricos (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Reino Unido, Brasil, Canadá, Noruega y algunos pocos más) se oponen constantemente a ello.

Con tal de salvaguardar los intereses comerciales de las grandes empresas farmacéuticas que producen las vacunas (como igual podría decirse de otros bienes, dispositivos o instrumentos de diagnóstico que están siendo imprescindibles en la pandemia), se está dando lugar a una carencia generalizada de vacunas, sencillamente, porque no se está aprovechando toda la capacidad potencial de fabricación de vacunas. Los datos son inapelables:

  • Solo se está utilizando un 43% de la capacidad que hay en el mundo para producir las vacunas ya aprobadas (aquí).
  • Las tres fabricantes más grandes de vacunas solo están produciendo para el 1,5% de la población mundial, un volumen muy por debajo de su capacidad potencial al no tener acceso a las licencias (aquí).
  • A pesar de la escasez, cuando algunos fabricantes se ofrecen a producirlas no reciben respuesta de las empresas que, con el beneplácito de los gobiernos, dominan el mercado. Eso ha pasado con la danesa Bavarian Nordic que podría fabricar casi 250 millones de vacunas (aquí).
  • Algo parecido ocurre en países como India: una de sus fabricantes está produciendo millones de vacunas pero hay al menos otras veinte fábricas, y otras muchas en todo el mundo, que podrían estar produciéndolas si tuvieran acceso a las licencias (aquí).

La consecuencia de todo esto es doblemente absurda y me atrevería a decir que criminal.

En primer lugar, miles de millones de personas de los países más pobres se quedan al margen de la vacunación que les puede evitar la enfermedad. Los países ricos (16% de la población mundial) acumulan las vacunas (60%) mientras que los más pobres están desabastecidos. El Reino Unido había distribuido más de 31 dosis por cada 100 personas y Estados Unidos más de 22 a finales de febrero, Asia en su conjunto un poco más de dos y África menos 0,55 de media en los países donde habían llegado (aquí). A la tercera parte de la humanidad no le ha llegado ni una dosis y, según The Economist, más de 85 países no vacunarán lo suficiente hasta 2023 (aquí), mientras que los gobiernos de los países ricos han comprado tres veces más unidades de las que necesita su población (cinco en Canadá).

Esto no es solamente un genocidio sino que se trata, para colmo, de una completa estupidez. La acumulación de vacunas en los países ricos no va a terminar con la pandemia porque esta es global y las mutaciones pueden venir de cualquier país donde la vacuna no haya llegado. Y es también una política estúpida porque, como expliqué en un artículo anterior, financiar la vacunación en todos los países del mundo supone 338 veces menos dinero que el que costará el daño de no hacerlo (aquí). Una prueba más de que las decisiones económicas que se toman no persiguen la eficiencia ni el ahorro sino el enriquecimiento de unos pocos.

La política de los países ricos es igualmente absurda porque, a la postre, va a crear racionamiento también en su interior, como está ocurriendo en la Unión Europea. Y es también una estupidez responder a la escasez que ellos mismos han provocado restringiendo las exportaciones porque así ni mejorará el aprovisionamiento interior ni el global, se provocarán respuestas del mismo tipo que perturbarán las cadenas de aprovisionamiento.

La pandemia no se está combatiendo como los propios líderes mundiales decían que había que combatirla porque no son capaces o no desean poner límite a la avaricia de unos pocos. Se está provocando una crisis económica gigantesca y la pérdida de millones de empresas y empleos por salvaguardar los privilegios de los grandes monopolios. Van a morir innecesariamente millones de personas porque se da prioridad a los intereses comerciales.

Terminaré citando a un autor maldito porque creo que llevaba toda la razón. Me refiero a Federico Engels quien decía en su obra La situación de la clase obrera en Inglaterra que cuando las personas mueren como “víctimas de nuestro desorden social y de las clases que tienen interés en ese desorden” se comete un “asesinato social”.

Eso es lo que ahora está sucediendo con las vacunas y por eso resulta cada vez más necesario que se definan y persigan los crímenes económicos contra la humanidad.

Aitite

Isabel Canales, Iratxe González y Marta Sanz
Pediatra y médicas de familia
 
Hay un trabajo descomunal que hacer para corregir estas inercias. En la confección de los protocolos la base es la no deshumanización. Y no escribimos la humanización, porque ésa es la norma.

Non dauz etxekuek? ¿Dónde están los de casa, por qué no vienen a verme?

Era su segundo día después del alta. Había estado una semana ingresado, al principio más allá que acá con una máquina que le ayudaba a respirar y luego mejoró un poquito. Hicieron una excepción con nosotros: nos dejaron estar las 24 horas a su lado porque es un caso especial, el primer día se agitó y pensaba que le habían robado el reloj en el hospital, «le tuvimos que atar», nos dijeron, «y poner un poco de haloperidol, ahora está más tranquilo». «A veces pasa con noventa años, se desorientan y más si está sordo aunque en casa esté y haya estado hasta ese momento normal y con la cabeza en su sitio». «El cuidado de la familia es crucial, necesita tener el oxígeno puesto porque si no puede empeorar…» Todo eso nos dijeron. Y así estuvimos día y noche, siete días en el hospital, pensando que se iba. La víspera del alta pensamos que se moría, apenas respondía… Aquella mañana, una enfermera maravillosa consideró que no era necesario el haloperidol pautado y por la tarde con su mano entre nuestras manos, la mano que había estado atada con un hematoma importante que seguramente se había hecho al no entender què pasaba, empezó a conectar más. Esa mano cogió la nuestra y la puso sobre las suyas y se durmió. Merendó galletas con leche, un yogur de coco… e iba bebiendo con una pajita que le acercábamos. Le habían puesto seguril y pedía agua, lo que nunca. Estuvimos viendo fotos, sonrió, reconocía a los de casa, qué cara me puso cuando le pregunté quién era ése: Neu, nor izango da, bada? (¿Quién va a ser? ¡Yo!) Empezaba a ser él otra vez. Diagnóstico al alta: Descompensación cardìaca. Acidosis respiratoria resuelta. Insuficiencia respiratoria global con tratamiento de seguril, una pastilla para la tensión y oxígeno al menos dieciséis horas al día, máximo 1,5 litros. Seguimiento por su médica de familia. Si nos pasábamos de oxígeno, podía volver atrás, acumular carbónico y empeorar otra vez. tres PCRs negativas.

Llevaba dos meses en la residencia. Dicen que llegó «espabilado y contento» del hospital. Increible. Siempre ha sido fuerte. Y ha cuidado de todo el mundo. Hasta los noventa años solo ha tomado una pastilla para la tensión. ¿Podría recuperarse? Dispuestos a colaborar en el cuidado y seguir a su lado como estuvimos en el hospital, nos despedimos hasta el día siguiente.

No podeis entrar. Le hemos aislado. Es el protocolo.

No entendíamos nada. ¿Cómo que no podíamos estar con él ahora que necesitaba ayuda, compañía para ‘ir bebiendo’, tener el oxígeno puesto todo el rato», en definitiva para «no ir para atrás»? En el hospital nos habían dicho que era muy importante el cumplimiento del tratamiento.

Lo intentamos. De nada sirvieron tres PCR negativas, situación clínica que requería de acompañamiento porque el aislamiento podía poner en peligro el cumplimiento del tratamiento y la evolución clínica. Ninguna información oficial durante cuatro días. Extraoficialmente nos llegaba: «está nervioso, le encontramos con el oxígeno quitado cada vez que entramos, llama al timbre constantemente…». No dábamos crédito a lo que sucedía. Hablamos con los responsables de la residencia y pedimos información médica diaria y actualizada y entrar con un EPI para estar con él, para cuidarlo como habíamos hecho en el hospital, porque teníamos miedo. Porque estaba asustado. Porque el tratamiento era importante y no estar solo en un momento así, más.

Imposible. «El protocolo es así: diez días de aislamiento aunque venga con una PCR negativa del hospital porque lo ha podido coger en la ambulancia». No tenía una PCR negativa. Tenía tres. Y noventa años. Y su sordera. Y miedo. Mucho miedo Su amigo Josetxu falleció en verano en otro pueblo, en otra residencia, una tarde después de que su familia fuera invitada a irse porque «el protocolo no permite que esteis más». De nada sirvieron: «le vemos mal, queremos estar con él, no está como el resto de los días». Imposible. Era el protocolo. Falleció solo, el 18 de julio a las 20:30, dos horas más tarde de que su familia se despidiera.

Somos médicas. Trabajamos con protocolos todos los días. Los interpretamos. Los aplicamos y flexibilizamos según la situación. Individualizamos constantemente. E intentamos que no pasen por encima de las personas y las familias. No solo lo hacemos por los demás. Lo hacemos por nosotras. Para no perdernos. Para no justificar lo injustificable. Trabajamos para que no pasen por encima de todos nosotros, de nosotras mismas. Cuando un protocolo no incluye a las familias, cuando un protocolo no individualiza, cuando un protocolo no revisa la humanidad perdida en nombre de la seguridad, se vuelve paradójicamente inseguro, inseguro médicamente, inseguro humanamente.

Hay un informe devastador de Médicos sin Fronteras sobre los efectos de la pandemia en las residencias donde se recogen datos escalofriantes: «Muchos ancianos murieron en soledad, deshidratados, en agonía y sin cuidados paliativos».

Hay un trabajo descomunal que hacer para corregir estas inercias. En la confección de los protocolos la base es la no deshumanización. Y no escribimos la humanización, porque ésa es la norma. Eso es lo que nos hace humanos. Hay que corregir todo lo que deshumanice. Hay en las residencias maravillosas trabajadoras dándolo todo, sobrecargadas de trabajo con unas condiciones laborales inaceptables. Hay que cambiar esto. Es posible. A estas alturas de la pandemia no hay restricciones de material. La familia debe poder entrar y acompañar a su ser querido con esta edad. Las familias deben poder acompañar para que nadie muera en soledad. Los seres humanos, tengamos unos meses o noventa años necesitamos ser sostenidos, cuidados y amados. Y ningún protocolo puede dificultar que la familia esté acompañando. Ninguno.

Y si no, se revisa. Como ha pedido directamente y con el visto bueno de los internos, el médico Roberto Colino a la dirección del centro donde él trabaja, a las autoridades competentes, incluso al juez. En este caso para que pudieran salir, salir a pasear, salir habiendo pasado la covid-19. Es desgarrador escuchar directamente a los afectados.

Los protocolos se revisan. La relaciones de poder se horizontalizan. Las familias y las personas residentes participan activamente en su diseño. Y los Gobiernos además de tener «grupos de expertos» que marcan restricciones y recomendaciones en nombre de la seguridad, van formando grupos de personas que comienzan a trabajar para el ahora, pero sobre todo para el medio-largo plazo e invierten dinero y energía en confeccionar algo parecido a una vacuna social. Porque si no, estamos perdidos.

La gente de nuestra sociedad que no tiene voz: los niños, las ancianas, a los presos ni los vemos, las más empobrecidas debe participar en nombre de la justicia, de la buena praxis y de la seguridad.

Necesitamos revisar el modelo de vejez que tenemos. Necesitamos revisar los resultados que apuntaba el informe de Médicos sin Fronteras. Necesitamos revisar las vulneraciones de derechos: el derecho a estar acompañado, a morir acompañado, a no ser atado ni sedado si hay otras alternativas. Necesitamos repensar muchas cosas como sociedad. Una de ellas es la vejez. Y la matriz, el cuidado en mayúsculas. Y es urgente hacerlo ya.

Si no, será difícil construir una sociedad moderna, en la que nos sintamos orgullosas de vivir. En la que se pueda vivir. No hacerlo nos destruye como seres humanos, a todos.

Decía El Roto en una de sus últimas viñetas: «Morimos de soledad para evitar la muerte». Que no sea así.

Liberad las vacunas para que lleguen a los empobrecidos

Autor: Faustino Vilabrille

Fuente: Religión digital

Ofrecemos a continuación una síntesis de la información ofrecida por un pediatra catalán que está trabajando en Etiopía, sobre el coronavirus y las consecuencias colaterales que conlleva para África, para terminar con una pregunta radical para todos nosotros:

El Pediatra catalán, Iñaki Alegría, dirige el Hospital Rural de Gambo, en Etiopía. Se pregunta:

Iñaki Alegría, en el hospital que dirige en Etiopía“No quiero acostumbrarme, dice, a la injusticia ni ser cómplice. No quiero callar, ya que cuando la emergencia es continua deja de ser noticia, porque hace tan solo un par de meses una epidemia de sarampión con más de cien ingresos diarios nos obligó a triplicar la capacidad de trabajo. Cada año nos azotan epidemias de bronquiolitis y neumonías en la época de lluvias, para luego dejar paso a las de sarampión y la desnutrición que se ceban en la infancia. Estoy luchando contra el coronavirus entre epidemias de sarampión, meningitis, cólera, tuberculosis y hambre; todo ello añadido al silencio que azota al cuerno de África, que es la indiferencia humana. Estamos atendiendo a más de trescientas urgencias de sol a sol. Lo más devastador es la crisis económica y el aumento del precio de los alimentos más básicos que está causando una gran hambre en la gente más vulnerable, la de las zonas rurales”.

“Aquí el miedo se ha convertido también en pandemia, matando de olvido otras epidemias que son ahora más mortíferas que nunca”

“No tengo miedo a morir mañana de coronavirus, de hambre ya estoy empezando a morir hoy mismo, me dice una señora. Tengo más miedo de morir de hambre que de coronavirus”; y ella prosigue: “El miedo a la posibilidad de morir de coronavirus me puede llevar a la certeza de la muerte segura por hambre. Este inconfundible sentimiento de hambre que si nunca lo has conocido no puedes llegar a saber lo que es”.

“En Europa, continúa Iñaki, los medios de comunicación hablan de inmunidad de la población, de planes de vacunación y de diferentes tipos de vacunas, pero en el continente africano el tema es radicalmente diferente: Las únicas vacunas contra la Covid-19 que vemos es por la televisión, mientras nos preguntamos unos a otros “¿cuántas otras personas deben ser vacunadas antes de que llegue a Etiopía la primera dosis? “. “¿Cuántas vacunas deben acumular los almacenes europeos y norteamericanos, se pregunta Alegría, antes de que el continente africano pueda recibirlas?”

Posible aumento de otras enfermedades

Y no solo eso, añade: “Desde el inicio de la pandemia está bajando la cobertura vacunal de Sarampión, Hepatitis B, Neumococo, Polio, Tétanos. Temo un aumento de casos y muertes por estas enfermedades prevenibles en los próximos meses si no tomamos medidas de manera inmediata”.

Alegría recuerda que la vacuna contra el neumococo protege de desarrollar neumonía causada por esta bacteria, que es la primera causa de mortalidad en el mundo en los menores de cinco años. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, afirma el pediatra, la neumonía es el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose 800.000 vidas al año. Etiopía se encuentra dentro de la lista de los cinco países del mundo con una mortalidad por neumonía más elevada en menores de cinco años.

En cuanto al Sarampión, explica: “en 41 países han paralizado o disminuido los programas de vacunación de sarampión debido a la pandemia por Covid-19. El sarampión aún se cobra unas 568 vidas, en su mayoría niños, en todo el mundo cada día”. “Que no nos engañen, no faltan vacunas”, denuncia Alegría. Pide que se liberen las patentes, porque así se podrá aumentar la producción de vacunas y se facilitará el acceso equitativo a ellas, y no al mejor postor como sucede ahora.

Reconoce que evidentemente les ha escandalizado la muerte inevitable en Europa de personas por Covid-19, pero cree que “más nos debería escandalizar lo que puede suceder los siguientes meses si no actuamos: La muerte evitable y consentida en África de personas por Covid-19 por falta de acceso a las vacunas”.

Nota:-Hasta aquí la información que nos facilita Iñaki Alegría desde Etiopía. Sin embargo, Pfizer y Moderna podrían obtener US$ 32.000 millones por la venta de vacunas contra el Covid-19 solo en 2021. (Fuente: CNN).

De momento, parece que no habrá liberalización de patentes, lo que supone que se vacunen los ricos, mientras los pobres ven cómo las nuevas cepas los meten en un túnel cada vez más profundo. Sin vacunas en todo el mundo, volveremos a la casilla de salida, a pesar de que hay una enorme cantidad de dinero público invertido en la investigación de las vacunas contra el Covid-19. Este mecanismo de liberalización de patentes ya existe y se utilizó por primera vez en 2001 para hacer frente al SIDA. “Cuando un tratamiento anual costaba 10.000 euros, fue posible con un mecanismo de la OMC reducir el coste a 1.00 euros”.

130 países sin vacuna contra Covid-19

En los países europeos ya se han superado los 41 millones de dosis administradas contra el coronavirus, mientras que hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos. Pero la CE es contraria a liberalizar las patentes de vacunas para aumentar la producción. En contra de la liberalización de las patentes están Estados Unidos, Australia, Noruega, Suiza, Brasil, Canadá, Japón, Reino Unido y la UE, lo cual es una evidente injusticia contra los países pobres, a pesar de que en el Parlamento Europeo cada vez más grupos políticos apuntan a que la vacuna debería ser considerado un bien público y las patentes deberían ser liberadas.

“Hay 130 países que todavía no han administrado ni una dosis entre los cuales están casi todos los 55 africanos”

Una pregunta radical: A lo largo de la historia y también en nuestros días muchos millones de personas murieron y mueren víctimas de una muerte injusta y prematura, como lo pueden ser ahora por no liberar las vacunas: ¿quién les va a reparar una injusticia tan grande? Si murieron o van a morir ahora injustamente para quedar muertos, ¿quién les va a hacer justicia? Si ya no se les va a hacer justicia, con qué derecho puedo exigir yo que se me haga justicia a mi? ¿Cómo devolver la dignidad y la libertad a los tratados como esclavos, si la muerte acabó con ellos para siempre?

Estas y otras preguntas radicales son las que llevaron a Horkheimer, a Garaudy o a Adorno a lo que ellos llamaban el postulado de la resurrección, como supuesto previo a una opción revolucionaria, incruenta, coherente, honesta y radical, como lo fue la de Jesús de Nazaret, pero que los que nos decimos sus seguidores hemos olvidado de practicar, porque “si este mundo no nos gusta tenemos que buscar otro”, dice el gran Arcadi Oliveres, porque no basta con lamentarse, pues creer es comprometerse.

Las conocidas incógnitas de la Covid-19. Datos para la reflexión en tiempos de coronavirus.

Encuentro y Solidaridad organizó el pasado sábado 13 de febrero de 2021, desde las Casas de Cultura y Encuentro de Canarias y Navarra, una charla online titulada “Las conocidas incógnitas de la COVID19. Datos para la reflexión en tiempos de coronavirus”. Los ponentes fueron Juan Simó, médico de familia en el barrio de Rochapea de Pamplona (Navarra), experto en gestión sanitaria, con una amplia experiencia en Atención Primaria desde y sobre la cual reflexiona desde hace años. Es un referente en nuestro país, muy seguido y citado en redes sociales por sus interesantes artículos que publica en su blog “Salud, dinero y Atención Primaria”. También se contó con la aportación de Vicente Baos, médico en Madrid y profesor de Salud Pública, que cuenta con un blog titulado “El supositorio”. Ambos, llevan siguiendo la evolución de la pandemia desde el inicio examinando infinidad de datos estadísticos y curvas epidémicas por lo que nos ofrecieron un análisis muy riguroso y necesario para entender todo sobre el virus y sobre la gestión de la pandemia por parte de las autoridades.

Juan Simó, a lo largo de su exposición revisó los aspectos más relevantes de la evolución de la actual pandemia en España. Recordó lo más importante de las pandemias de gripe de 1918 y 2009 y su comparación con la actual. Nos habló de las características de una curva epidémica y los factores relacionados con la misma así como de los aspectos más relevantes de la inmunidad personal y comunitaria con especial énfasis en el largo plazo. Finalmente se centró en el papel que el azar u otros factores hayan podido jugar en las diferencias entre la primera y la segunda ola entre CCAA y provincias, la tercera ola y sus repercusiones, así como en la gestión de las distintas comunidades y países.

Vicente Baos, por su parte, transmitió su experiencia con sus pacientes detallando las implicaciones clínicas del coronavirus tanto en síntomas como en virulencia y gravedad. Trató aspectos que a todos nos preocupan, relacionados con las medidas de prevención (la importancia de la ventilación cruzada de espacios, mascarillas…), las vacunas y su eficacia, las nuevas investigaciones y metodologías en la realización de vacunas y el poder de las multinacionales farmacéuticas mediante el sistema de patentes cuyos beneficios no revierten en la población mundial a pesar del dinero público invertido para la investigación.

Para finalizar, entre los más de 80 asistentes a esta charla virtual surgieron preguntas que se realizaron a los ponentes a través del chat de la aplicación y que permitieron profundizar en la comprensión de la situación actual de esta crisis.

Desde Encuentro y Solidaridad seguiremos trabajando en el formato virtual o presencial para generar opinión crítica y solidaria ante los graves retos que se abren con esta nueva pandemia. Le agradecemos a Juan Simó y a Vicente Baos su colaboración y su disponibilidad para hacer posible este encuentro, en el que hemos podido aprender y reflexionar en común a partir de sus aportaciones.

 

Covid, escuela y política

Samuel Valderrey, profesor de secundaria en Navarra

Ya han pasado meses desde aquel 14 marzo cuando se cerraron escuelas en España y se mandó a profesores y alumnos a casa. En medio de esta segunda onda de la pandemia, creemos que ya estamos en condiciones de echar la mirada atrás, reflexionar sobre las consecuencias que han tenido las medidas tomadas tanto para niños y jóvenes, familias y profesores como para la propia escuela. Nos atrevemos a cuestionar las medidas tomadas en base a estudios científicos y a la falta de una elaboración de protocolos de forma horizontal en colaboración con las familias y los profesionales del sector. Se nos hablaba de una nueva normalidad, pero lo que estamos viviendo es una nueva realidad.

Tocados por el confinamiento

A nadie nos cabe duda que los niños han sido los más maltratados en el confinamiento, los perros han estado mejor considerados, pudiendo salir a la calle desde el primer momento. Hemos tenido el confinamiento más estricto de toda Europa. Los niños desaparecieron de los colegios y de las calles. El vicepresidente Pablo Iglesias tuvo que pedirles perdón cuando empezaron a poder salir (en horas limitadas). La propia OMS sitúa a niños y adolescentes entre las principales poblaciones de riesgo en salud mental debido al confinamiento. Según algunos estudios, uno de cada cuatro niños sufre ansiedad tras el encierro[1]. Quizá podemos pensar que los niños se están adaptando bien a todo (protocolos, nuevas medidas, distancias) y así lo vemos los profesores, pero… ¿sabemos lo que viven por dentro?[2]. Siguen percibiendo que les estamos robando tiempo precioso de abrazos, tocarse, socializar, jugar, soñar, experimentar. Una de las imágenes que nos viene a la cabeza cuando pensamos en niños y confinamiento es la de éstos frente a las pantallas y no olvidemos que la sobreexposición a las pantallas tiene nefastas consecuencias para el cerebro infantil en desarrollo[3].

De la noche a la mañana los padres se convirtieron en los maestros de sus hijos. Muchos sin saber, y sin poder, han tenido que estar al pie del cañón. Hemos asistido a una gran brecha según familias. Familias donde hay recursos, formación, internet…los padres han sido el gran apoyo de esos niños, pero… ¿donde todo eso no lo hay?. Las familias con trabajos precarios, separados, familias que no llegan a fin de mes, trabajadores “esenciales”, etc,¿cómo lo han hecho? ¿cuántos se han quedado atrás por su realidad familiar y social?. No somos conscientes de la realidad sangrante y la violencia que se ha podido generar en muchas familias, además de poner de manifiesto incapacidades y frustraciones.

¿Y los profesores? A nivel personal hemos hecho lo que hemos podido, no tengo duda que mayoritariamente hemos intentado sacar lo mejor de nosotros mismos. Nos encontramos con una situación inesperada (como el resto de la población). Recuerdo cómo compañeros del colegio se empeñaban en dar fotocopias a los alumnos el día previo al confinamiento, pensando que era cuestión de un par de semanas. Esto evidencia la falta de conciencia y desorientación que teníamos. De un día para otro clases sin alumnos, y todos a casa. Nos hemos tenido que reinventar. Grabar clases, preparar tareas, generar nuevos recursos, formación express en nuevas aplicaciones y plataformas, etc. El comentario habitual es que hemos duplicado la jornada (responder correos, videollamadas, llamadas a padres, orientar, aconsejar, recordar,..). Nos consta la dificultad de dormir, estrés, atender hijos (los que los tenían) y alumnos. Cierto es que en muchos casos nos hemos convertido en “inspectores de la tarea realizada”. Aunque también hemos sido capaces de dar ánimos a nuestros alumnos con infinidad de vídeos realizados por profesores de varios centros dando mensajes de ánimo para sobrellevar el confinamiento.

También en esta pandemia los profesores hemos aprendido (en palabras de varios profesores[4]): “La importancia de una clase presencial” ; “Con emoción se aprende mejor” “Se ha demostrado quién tiene vocación y quién es un burócrata”; “La importancia del acompañamiento del docente” “La implicación de las familias en la enseñanza” “A buscar una enseñanza menos memorística” “Ha quedado en evidencia que hay educación de primera y de segunda” “La fragilidad del sistema” “Las grandes desigualdades sociales, que en el aula se diluían”; “Nos ha hecho reflexionar por el modelo de escuela por el que queremos luchar”.

Es cierto que las autoridades educativas han reaccionado tarde, la información ha sido escasa y muy desde arriba. Además, entre el profesorado había incertidumbres e inseguridades para afrontar la nueva situación (protocolos, nuevas maneras de funcionar en las aulas, miedo al contagio propio y al de los alumnos…), pero también es cierto que ante el inicio del nuevo curso quizá también debemos hacer autocrítica. Como colectivo el profesorado ha estado AUSENTE, no hemos tomado iniciativa, en vez de ser propositivos e intentar ser respuesta, hemos esperado a que se nos diga lo que hacer, no hemos defendido la “esencialidad de la escuela”, no hemos luchado políticamente para cambiar la situación.

 

Las escuelas permanecieron cerradas, ¿por qué?

Nuestros gobernantes todavía no han pedido perdón por no abrir los colegios, cuando 22 países europeos ya habían abierto las escuelas infantiles y de primaria, y/o de los últimos cursos de secundaria, en mayo y en junio, y ya había datos que apuntaban a una baja transmisión del virus entre niños y jóvenes. En abril se publicaron los trabajos de Russell M Viner[5], y otros que ponen de manifiesto que la transmisibilidad en niños es mucho menor que en adultos (con un 56% de menor riesgo de ser contacto infeccioso), y cuando no hay datos de la efectividad del cierre de escuelas en el control de la transmisión de la enfermedad. A finales de abril y primeros de mayo, veíamos cómo muchas de las escuelas europeas abrían sus puertas y según lo que manifestaron los ministros de educación de la UE en una videoconferencia[6] realizada en mayo, la reapertura de las escuelas no supuso un aumento significativo de contagios entre los niños, los profesores o las familias. Por si a nuestras autoridades no les valían estos datos e informaciones que venían de Europa, en España se confirmaban datos muy bajos de contagios entre los más jóvenes, de hecho, los menores de 19 años eran el 1,2% de los contagios confirmados, el 0,6% de los que han requerido hospitalización y solo se han registrado 8 fallecimientos en esas edades[7].

Entonces…¿por qué no se abrieron en España los colegios? La OCDE nos ha situado entre los países que más tiempo ha tenido cerrados los colegios -16 semanas, frente a las 14 de media- por el coronavirus[8]. ¿Por qué no seguimos el caso de Dinamarca u otros países europeos? Dinamarca fue el primer país europeo que abrió escuelas (15/04/20). Se ha considerado un caso de éxito. Nuestros responsables políticos se podrían haber preocupado de estudiar las medidas[9] que tomaron y cómo afrontaron esa reapertura. Viendo la experiencia de otros países europeos y los datos de bajo contagio, está claro que aquí podríamos haber seguido el mismo camino, pero nuestro gobierno optó por mantener cerradas las escuelas. Algunos pensamos, que aunque quedara un mes o mes y medio para acabar el curso, hubiera sido un buen momento para probar protocolos, toma de contacto ante una nueva realidad que se avecinaba, e intentar amortiguar los efectos tan dañinos que el duro confinamiento provocó en niños y jóvenes.

 

¿La escuela del miedo? Medidas y protocolos

Podemos entender (aunque nos cueste) que en medio del confinamiento pudiera ser complicado tomar la decisión de abrir escuelas por miedo a la propagación de la enfermedad, pero tras un verano de por medio y ante el inicio del nuevo curso...¿por qué no se hizo caso al informe ECDC[10] (Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades) donde ya el 6 agosto hablaba de que según las investigaciones de casos identificados en entornos escolares sugieren que la transmisión de niño a niño en las escuelas es poco común y no es la causa principal de la infección por SARS-CoV-2 en niños. Este informe aporta algo esencial a la hora de establecer políticas de cierre de escuelas, y es que la mayor contagiosidad se da en entornos domésticos y no en escolares. ¿Nos podríamos haber evitado tanto protocolo e ir a lo esencial?

¿Por qué se pone la escuela patas arriba ante una incidencia del virus tan baja? Con las medidas impuestas como no jugar al balón, distancias en las aulas, cambios metodológicos en materias (Educación Física, Tecnología, laboratorios,..), supresión de extraescolares, evitar el trabajo más manipulativo en infantil, acabar con el trabajo en equipo, dificultad para socializar, ¿estaremos generando una escuela del miedo?. Recuerdo cuando se dio un caso positivo en una clase, los alumnos echaban en cara el contagio a su compañero con cierto desprecio. Con los niños y jóvenes cala lo emocional, la comunicación no verbal, y parece que todo lo que les transmitimos es miedo: “no eres bienvenido”, “no toques”, “no hagas”, “cuidado”, “súbete la mascarilla”, “no compartas”… ¿Estaremos promoviendo unas generaciones hiper vulnerables? Ansiosas, con miedos, con sentimientos de culpa, con carencias de juego, de socialización, tal vez deprimidas e incluso obsesionadas con la limpieza. Hemos visto como alumnos de forma casi compulsiva se echan hidrogel por miedo a contagiarse, familias que nos preguntan a principio de curso si era seguro llevar a los niños a la escuela. Es evidente, que a esas alturas ya teníamos todos los datos expuestos anteriormente, pero no se ha informado correctamente a la ciudadanía, se ha preferido hacer “terrorismo informativo” por los mass media  tratando a los estudiantes casi como si fueran delincuentes por bajarse la mascarilla mientras almorzaban. La propagación del miedo y el temor ha sido una constante diaria.

Con tanto protocolo… ¿no estaremos matando moscas a cañonazos? Sabiendo lo que ya sabemos del virus y su bajo contagio en colegios y entre niños, tenemos que ir volviendo a la esencia de la escuela. Transcurridos ya unos meses del inicio de curso se confirma la tendencia que ya se apuntaba en abril, la incidencia del virus en el ámbito escolar es insignificante. En estas gráficas, extraídas del informe epidemiológico semanal y del comité técnico de coordinación por Covid19 por la educación de Navarra, podemos ver con cierta claridad que la incidencia en la edad escolar es similar a la del resto de la población, y lo importante es que se mantiene en esa media antes y después del inicio del curso (semana 36-37)[11]. Es decir, la apertura de colegios no ha disparado los contagios, la escuela es un lugar seguro. Las conclusiones de dicho comité técnico declaran que el funcionamiento de los centros escolares no influye en la incidencia de la enfermedad en la población”[12].

Habiendo analizado, estudiado, contrastado y dialogado los datos y reflexiones anteriores nos atrevemos a cuestionar las medidas tomadas y nos preguntamos… ¿son medidas desproporcionadas? El Ministerio de Sanidad creó una guía-protocolo[13] de actuación para los centros educativos. La mayor parte de la guía lo han copiado las distintas comunidades autónomas para aplicar en sus territorios, pero al igual que existen 17 sistemas educativos, existen también 17 protocolos distintos según comunidad, que difieren a la hora de plantearse la presencialidad y la gestión de los casos, y otros aspectos curiosos como la toma de temperaturas, hay comunidades que comprueban la temperatura a su alumnado y otras que no toman esta medida.

Respecto a la presencialidad nos encontramos que comunidades como Castilla y León, Galicia, Cantabria, Cataluña, Navarra tienen presencialidad total en todos sus cursos, y en otras como Madrid, Aragón, Asturias, Murcia la educación es semipresencial desde 3º ESO (o desde 4º ESO en Andalucía, y desde 2º ESO en Valencia). ¿Por qué estas diferencias entre comunidades?

Respecto a la gestión de casos también se dan muchas diferencias.

Cuando en un grupo de ESO se da un positivo, se aísla al positivo, y los rastreadores buscan contactos estrechos, sin confinar a la clase entera, (excepto en Cataluña y Madrid, que se procede de forma diferente).

Mientras, en infantil y primaria, a pesar de haberse demostrado que los menores de 12 años presentan menor incidencia de contagios, se aíslan clases enteras con sólo un positivo en el aula, considerando a toda la clase contacto estrecho. En Navarra y Cantabria esto se hace en toda primaria, en Asturias hasta 4º de primaria, en Castilla y León y Galicia sólo infantil y primero de primaria, en Aragón desde octubre cambian el protocolo y dejan de hacer confinamientos masivos. Confinar alumnado innecesariamente además de lo que supone de dificultad para la conciliación de las familias, es una manera de volver a vulnerar el derecho de los menores de ir a la escuela.

Es necesario exigir que a los grupos de primaria se les trate como a los de secundaria, ya que llevan mascarilla, y cumplen los protocolos similares a los de secundaria, y además sabemos por los estudios que de 0-12 años la transmisión del virus es muy baja. Manteniendo las medidas higiénicas de lavado de manos y ventilación debería ser suficiente. Hay voces destacadas del mundo de la medicina y la pediatría que están insistiendo en la necesidad de ir volviendo a la normalidad en la escuela lo antes posible. Expertos epidemiólogos de EEUU en una declaración[14] avalada por más de 40.000 especialistas constatan que ya el conocimiento del virus es creciente y no hay razón para seguir con unas medidas que pueden ser irreparables, y sobre las escuelas y los niños lo tienen claro: “Las escuelas y universidades deberían abrir para una enseñanza presencial. Las actividades extracurriculares, como los deportes, deberían reanudarse.”

 

Cambiemos los protocolos

1- Hemos conocido pequeñas acciones de personas y colectivos que buscan cambiar algunos de estos protocolos, como por ejemplo, el hecho de que no se confinen clases completas.

  • Una carta de profesores y familias al departamento de educación de Navarra, al defensor del pueblo y a la prensa, apelando a que el propio vicepresidente de Navarra ha dicho que “los contagios se producen extra escuela y que el confinamiento no beneficia a los niños”.
  • Recogida de firmas de padres y profesores del Baztán (zona de Navarra) para solicitar cambios en los protocolos covid en los centros, porque son “medidas extremas y contradictorias que vulneran las necesidades vitales del desarrollo infantil”, manifiestan.
  • Equipo directivo de un centro de Berriozar, solicitan no confinar infantil y primaria, y recogen la advertencia de la OMS (Michael Ryan) declarando que “los confinamientos tienen que ser el último recurso para frenar la transmisión del virus”. Hablan de la escuela como lugar seguro ya que el contagio en la escuela es muy bajo. Además, citan a Antonio Guterres (secretario general Naciones Unidas) en la que insta a las autoridades competentes a que la “educación sea verdaderamente un objetivo prioritario”.

De todos los confinamientos de clases enteras que hemos conocido, el caso positivo se produjo fuera de la escuela. Además el profesorado de educación física en Navarra[15] ha solicitado a Educación que se autorice el uso de juegos con materiales como el balón durante los recreos escolares argumentando que la incidencia de contagio en esa práctica es muy escasa y se han ofrecido para colaborar con las direcciones de los centros en la elaboración de un listado de actividades de práctica deportiva en ese espacio lúdico del recreo.

2- Otra línea de denuncia que muchas asociaciones de madres y padres están solicitando es volver a la presencialidad total. La FAPA Francisco Giner de los Ríos de Madrid[16] ha exigido la presencialidad para todas las etapas, porque supone un agravio comparativo con otros cursos. No olvidemos que a quien más perjudica la no-presencialidad es a los más vulnerables.  Además denuncian, falta de coordinación entre consejerías de salud y educación, no se han habilitado los recursos que se prometieron, se delega en los centros la gestión de casos, pero los teléfonos comunican, y mucho más quejas que manifiestan en su comunicado.

3- Cuando un alumno está confinado es importante garantizar las clases online y el seguimiento del mismo. Pensemos que nos estamos encontrando con alumnos que pueden estar empalmando varios procesos de contagio en casa (padres, hermanos,…) y se pueden pasar hasta 1 mes sin ir a clase.

Nos alegran mucho estas acciones pero no dejan de ser puntuales. Si entendemos que la escuela es esencial, ¿vamos a seguir tolerando estas diferencias de trato por comunidades? ¿Vamos a seguir callados ante la falta de una información científica y veraz? Es necesario que profesores, familias y toda la sociedad demos una respuesta asociada y política ante lo que estamos viviendo. Las tres propuestas anteriores de mejora se pueden implementar si se exigen. También otras como:

  • En algunas CCAA como Cantabria la indicación de PCR a los niños se hace sin valoración previa de un pediatra. A niños con un único episodio breve de cefalea o un único episodio de vómito se les están realizando PCR sin que un pediatra valore su necesidad, simplemente porque se activa el protocolo en el centro escolar. Así se están haciendo más PCR y aislamientos que los necesarios. Y se sobrecarga de trabajo, inseguridad y estrés a los profesores, que saben que pueden tomar una decisión (activar el protocolo) que desencadena una cascada de intervenciones, que quizá la valoración de un profesional sanitario formado para ello las evitaría.
  • Algunos centros escolares están cerrados a cal y canto, cosa que no ocurre con la inmensa mayoría de instituciones de la sociedad. Los niños no salen a realizar actividades como aprender matemáticas con elementos de la propia calle (como la numeración de los portales) y no se permite entrar a los padres/madres a realizar talleres. Todo ello se podría realizar con las medidas preventivas oportunas. Es evidente que hay aspectos de la enseñanza que por razón de pandemia han de cambiar, pero este hermetismo de algunos colegios no tiene justificación científica.

 

El covid como oportunidad para plantearnos una escuela que sea respuesta

Este virus ha destapado muchas injusticias que ya se vivían pero quizá no las queríamos ver en varios sectores de la sociedad (hacinamientos en casas, condiciones laborales de los “esenciales” y de los trabajadores de plataformas delivery, condiciones de explotación en el mundo de los cuidados, residencias…), también ha ocurrido con la escuela. Se ha puesto encima de la mesa no sólo una brecha digital, sino una brecha social que ya existía. Algunos datos en España[17] que nos deberían hacer pensar:

  • En 2018, casi el 30% de los menores, se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social, una de las tasas más altas de Europa.
  • La educación y la pobreza están estrechamente vinculadas. En España, en 2018 el 33,7% de las personas con educación primaria o inferior estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, en comparación con sólo un 12,6% de personas con educación superior. Los estudiantes con desventajas económicas son 6 veces más propensos a repetir el año.
  • España lidera la UE en abandono escolar, con una tasa de deserción temprana del 17,9% en educación y formación en 2018.

Ante esta realidad nos debemos preguntar, ¿cuál es la misión de la escuela obligatoria? ¿Debe ser una escuela única igual para todos o más bien compensatoria de las diferencias? Sí, la desigualdad social, cultural, sanitaria y económica creciente en España entre las familias – tanto nativas, como de inmigrantes-, sugiere sostener y mejorar la escuela obligatoria como amalgama interclasista y solidaria y como medida compensatoria de las diferencias. No podemos permitir una escuela obligatoria que aporta a muchos muchachos su primer gran fracaso de la vida, los suspende, los hace repetir sin obtener su título. El mejor remedio contra el fracaso es un apoyo compensatorio para los atrasados realizado por la propia escuela. Debemos exigir una escuela mejor para los que más lo necesitan. Quien fracasa es la sociedad y sus escuelas, no los niños suspensos o desertores.[18]

¡La educación es un tesoro extraordinario de la humanidad![19] Un gran tesoro social más que individual. Ojalá las escuelas dejaran de ser una pieza más del engranaje económico, para ser lo que deben ser, instruir lo básico y elemental. Nadie educa a nadie, ni siquiera a sí mismo; nos educamos juntos mediatizados por el mundo[20]. La escuela nos ayuda a educarnos cuando muestra los desafíos de la vida colectiva. Y…¿cómo se hace eso? Se trata de enseñar este mundo real, duro e injusto, no unos programas a la deriva. Compensar desigualdades, no seleccionar alumnos. Ayudar a crecer a cada cual, no clonarlos. Se trata de afrontar la vida colectiva desde las asignaturas. “La clase no se da, se celebra”, porque nos implica. Encontrar cómo sus desafíos nos relacionan con la naturaleza, historia, con los demás, y con ese Misterio que nos habita y rodea. Más importantes que los exámenes son saber captar y cultivar las relaciones personales. ¡Qué poco conectamos con los símbolos! Todos somos esos vínculos que nos relacionan unos con otros, la música, el pueblo, los hobbies, las relaciones, amigos, las profesiones.[21]

Aunque lo central para que la escuela sea respuesta está expuesto, también hay más claves que la escuela debe reflexionar como la tan manida petición de bajar ratios, no tanto para trabajar menos, sino para acompañar e instruir mejor. No hay tarifa plana para todos los alumnos. En el aula hay una gran diversidad que atender y se hace más complicado con clases muy numerosas. Debemos plantear una escuela abierta: a las familias, donde se vayan extendiendo las  comunidades de aprendizaje; a otros profesionales que enseñan desde su profesión y complementan la labor docente; a la naturaleza, los espacios naturales y el aire libre son los mejores aliados para una nueva escuela[22]; a un sentido práctico, que conecte y se pueda aplicar a la  vida real. Nos debemos preguntar por qué a los alumnos de determinadas edades la escuela les resulta aburrida. Debemos poner en juego la creatividad de profesores, familias, alumnos y expertos para responder a circunstancias extraordinarias como esta pandemia.

Para que la escuela sea respuesta también necesitamos un pacto educativo. No podemos permitir que haya 17 formas de llevar a cabo la escuela (una por comunidad), ¿no está generando grandes diferencias?[23] El sistema educativo y la escuela siguen siendo motivo de instrumentalización y polarización política. Es evidente que los intereses partidistas (tanto de la supuesta izquierda como de la derecha) les nublan para buscar el bien común, si no se pondrían de acuerdo. Desde la transición se han sucedido 7 leyes educativas[24], y vamos a por otra, la denominada ley Celaá. No es objeto de este artículo analizarla, pero dejamos nota al pie de un artículo que reflexiona con gran lucidez sobre la misma.[25] ¡Ya estamos cansados! Queremos una ley para la escuela obligatoria de largo recorrido para generaciones enteras, donde lo que prime sea una instrucción básica y elemental que pueda compensar las diferencias sociales que tenemos, si no los últimos serán siempre los más perjudicados.[26]

Pienso que el grueso de los docentes procura dar lo mejor de sí para acompañar a cada alumno. Es fundamental, nunca tirar la toalla, y no ver a los alumnos como números, sino personas en toda su integridad, nos debemos obligar a pensar en ellos no en cómo son ahora sino en lo que están llamados a ser[27]. También debemos dar la batalla política, asociarnos para promover una escuela compensatoria. Decía Milani, que enseñando se aprendían muchas cosas como por ejemplo “he aprendido que el problema de los demás es igual al mío. Salir de él todos juntos es la política. Salir solo, la avaricia”.[28] Ojalá, la covid 19 sea la oportunidad que necesita la escuela para hacer justicia con los últimos y más vulnerables[29]. ¿Nos ponemos manos a la obra?

 

Notas

[1] Informe Unicef. Salud Mental e infancia en el contexto Covid19

[2] Según uno de los primeros estudios disponibles sobre el impacto emocional de la cuarentena de niños, niñas y adolescentes de España e Italia (Universidad Miguel Hernández), el 85,7% de los padres han constatado cambios en el estado emocional y en el comportamiento de sus hijos, siendo los síntomas más habituales la dificultad de concentración, el desinterés, la irritabilidad, la agitación, el nerviosismo, los sentimientos de soledad, la inquietud y la preocupación.

[3] Las pantallas pueden ser un complemento, nunca un sustituto del mundo real. Su proliferación supone el retroceso hacia una educación pensada como mera transmisión de conocimiento bancario. (Paolo Freire). “Es crucial la interacción de los adultos con el niño durante su uso ya que sigue habiendo pruebas sobre los riesgos del uso excesivo de los medios digitales como son el aumento del sedentarismo y del Índice de Masa Corporal(IMC), la disminución de las horas de sueño y la alteración en el desarrollo cognitivo, social o emocional, entre otros” (Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, 2018)

 

[4] Respuestas seleccionadas de varios profesores en el Foro de Educación de EL PAÍS

[5] Revisión sistemática de Rusell M. Viner y otros. The Lancet 6 abril

[6] The Guardian. 18-05-20

[7] Datos del centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. 29-05-20

[8] En España sólo se dio la opción de acudir a alguna clase a alumnos que estaban preparando la EVAU.

[9] Grupos pequeños (10-12 alumnos) de forma permanente con un maestro. Entradas escalonadas. Dividir patios. Las autoridades reservaron los parques públicos para niños en horario escolar y pusieron a disposición de las escuelas, hoteles, bibliotecas, museos, centros de conferencias. Los menores de 12 años nunca han tenido obligación de llevar mascarillas. Higiene de manos frecuente y limpieza material escolar dos veces al día.

[10] ECDC- Centro Europeo para la prevención y control de enfermedades. 6-08-20

[11] Vigilancia epidemiológica de Navarra. Semana 23-29 noviembre 2020

[12] 5ª reunión del Comité técnico de coordinación COVID-19 por la educación en Navarra. 20-11-20

[13] Guía de actuación en centros educativos ante Covid19

[14] Declaración de Great Barrington

[15] Noticia Profesorado de Educación Física solicita de uso de materiales como el balón en los recreos

[16] Comunicado de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres Giner de los Ríos de Madrid. 20-10-20

[17] Informe del Relator de la ONU sobre su visita a España. Febrero 2020

[18] Apuntes y notas del libro  “Con la escuela hemos topado”. Corzo,JL. Junio 2020

[19] Informe Unesco de J.Delors

[20] Pedagogía del oprimido. Freire, P

[21] Apuntes y notas del libro  “Con la escuela hemos topado”. Corzo,JL Junio 2020

[22] Actuación para la actividad educativa en la naturaleza. EdNA-Asociación educación en la naturaleza.

[23] ¿A que se deben las diferencias entre comunidades? Análisis de resultados informe PISA. 3-12-19

[24] De la LGE a la LOMCE.

[25] El examen sorpresa sobre el sistema educativo. (Reflexión a propósito de la «Ley Celaá»). www.solidaridad.net. Manuel Araus

[26] La LEY CELAÁ, desde los últimos. www.encuentroysolidaridad.net. Nuria Sánchez

[27] Imagen sugerente del Pintor René Magritte a la hora de pensar en nuestros alumnos.

[28] Apuntes de “Carta a una maestra”. Muchachos de la Escuela de Barbiana. Lorenzo Milani.

[29]  Igualdad no significa justicia

 

Nacer y morir en tiempos de COVID

Para terminar con nuestro ciclo covid hemos elegido reflexionar sobre unos temas tan importantes en nuestra vida como el momento del nacimiento y el momento de la muerte. Si el proceso de morir siempre es duro y difícil, durante lo peor de la pandemia, el no poder acompañar en los hospitales este momento ha supuesto gran dolor tanto para el moribundo como para los familiares, pero además durante el confinamiento habido nacimientos ¿cómo se han vivido estos por padres y profesionales? Te invitamos a acompañarnos en esta tertulia.

COVID, infancia y escuela

Nos alegramos de haber tenido esta mesa redonda “COVID, infancia y escuela” para poder dialogar sobre cómo vemos que estamos viviendo y respondiendo familias y escuela ante los cambios que el COVID ha impuesto. Unos necesarios. Otros sin ninguna evidencia científica. Por eso quisimos hablar familias, profesionales sanitarios, de la educación y de la psicología.

Algunos aspectos fruto de la exposición de los ponentes y del diálogo posterior fueron:

  • El cierre de las escuelas y la calle para los niños, fue una medida que no tuvo parangón con otros países. 22 países europeos abrieron las escuelas infantiles y de primaria, y/o de los últimos cursos de secundaria, en mayo y en junio
  • Se estigmatizó a los niños (se les llamó “hipercontagiadores”), sin ninguna evidencia al respecto. Al contrario, desde Abril, la evidencia científica desmontaba esta etiqueta. En Agosto el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades publicó un informe científico en el que no sólo ponía de manifiesto que la reapertura de escuelas no se había asociado con importantes aumentos en la transmisión comunitaria y que eran lugares seguros, sino que la mayor contagiosidad se da en entornos domésticos.
  • De la noche a la mañana los padres se convirtieron en maestros de sus hijos, además de seguir trabajando. Para algunos hogares esta situación fue un auténtico infierno. Viviendas con pocos metros cuadrados, sin acceso a internet o sin posibilidad de que sus padres pudieran asumir el rol de maestros. Violencia, maltrato infantil, abusos sexuales formaron también parte de este infierno. Las consecuencias a día de hoy no se pueden minimizar. Uno de cada cuatro niños sufre ansiedad tras el confinamiento
  • Los pediatras están pidiendo desde hace tiempo que se aclare cuál es la indicación clara de PCR a los niños, ya que muchos síntomas de COVID coinciden con otras enfermedades y no se puede estar realizando PCR por cualquier síntoma
  • Las familias que habitualmente han respondido autónomamente y con sentido común ante la enfermedad de los niños, ahora necesitan consultar más y están más indecisas y con miedo. La demanda del sistema sanitario es mayor. Esto se une a la situación moribunda (desde hace años) en la que está la atención primaria
  • Hace falta inversión pública, pero no sólo en el sistema sanitario. La educación, el cuidado, el trabajo, la justicia es salud. Hacen falta que los protocolos se construyan de forma más abierta y horizontal. Con participación de los docentes, familias, …… y dar voz a los propios niños.
  • Hay que volver a la presencialidad. Que no se confinen las clases completas en primaria (una medida que ya están tomando algunas CCAA) y garantizar las clases online y el seguimiento cuando un alumno está confinado. ¿Podemos unir esfuerzos profesores y familias para hacer esto posible? Se comentaron algunas experiencias de equipos directivos, profesores y familias exigiendo y promoviendo cambios en los protocolos COVID de los colegios e institutos. Sin embargo la tónica general no es esta implicación y protagonismo. Reflexionamos cómo es posible la pasividad frente a medidas que no están justificadas científicamente.
  • Una mayor y mejor información científica proporcionada por responsables políticos es necesaria. Los servicios de salud pública de algunos países ofrecen a la ciudadanía una buena información estructurada por áreas acerca del COVID y la escuela y otros ámbitos.
  • Se ha destapado no solo una brecha digital, sino una brecha social que ya existía en la escuela. No perdamos la oportunidad para que la escuela sea respuesta, es decir, que sea mejor para los que más lo necesitan, una escuela compensatoria de las diferencias sociales.
  • Es necesario que profesores, familias y toda la sociedad demos una respuesta asociada y política ante lo que estamos viviendo.

A continuación reproducimos la aportación en la mesa redonda de un profesor de secundaria. Aportación preparada junto a otros profesores de infantil, primaria y universidad, y familias.

Teletrabajar no es conciliar, es sumar dos trabajos

Irene Fernández Novo
Pubicado en Nius diario


Esta socióloga e investigadora advierte sobre los riesgos del teletrabajo improvisado: “sumar dos trabajos puede ser un parche, un apaño para ir tirando, pero no es una solución a medio plazo”

Destaca también el enorme peso que ha recaído en los hogares con el confinamiento y el papel clave del trabajo “no pagado” para salir adelante en esta crisis

“Se ha destrozado el equilibrio tradicional, el Estado no ha podido seguir ejerciendo las funciones educativas que ejercía, ni del cuidado de la salud, porque se ha visto desbordado. Y ese esfuerzo han tenido que absorberlo, casi íntegro, los hogares. Las empresas también ofrecían muchos servicios que también han absorbido los hogares. Los hogares son inmensos recursos de los que estamos abusando, no puede ser”.

Ángeles Durán, socióloga y veterana investigadora del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, alerta sobre la complicada situación que ha generado el confinamiento en los hogares españoles. “Ha sido un cataclismo y no hay todavía una solución bien pensada”.

Durán hacía estas consideraciones al analizar, junto a otros expertos del CSIC, el impacto social de la pandemia de COVID-19 en España. Repartir los costes sociales de la pandemia, reconoce la socióloga, no es fácil, “es un puzle, y un reto” que todavía sigue ahí. “Hay mucho cansancio y agotamiento, el tema de los niños no se ha resuelto, todavía no sabemos el panorama de cara a los próximos meses, queda mucho por hacer…”.

El teletrabajo no se puede improvisar

En ese puzle, el trabajo ha sido y sigue siendo una pieza clave, a la que todavía le faltan muchos engranajes, en opinión de esta experta. Sobre todo si hablamos del teletrabajo, que avisa: “no se puede improvisar, esto de ahora es un parche”. Y que tiene ventajas, sí, pero también inconvenientes. Durán subraya estos últimos.

“El teletrabajo tiene una ventaja enorme: el ahorro en los tiempos de transporte. Pero tiene muchos inconvenientes. El primero, que traslada todos los costes del espacio de trabajo al hogar. Si quieres que tu casa tenga una habitación extra dedicada al teletrabajo (para poder hacerlo en condiciones) eso supone mucho dinero. Se traslada ese coste de la empresa al trabajador”. Esto es algo, precisamente, que ya está estudiando el ministerio de Trabajo.

Y está también el tema de los horarios. “Puede ser una ventaja poder hacer un trabajo a las 4 de la madrugada o a cualquier hora, pero eso genera más estrés, que cuando parcelas no tienes. Tiene ventajas pero son muchos los inconvenientes”.

El teletrabajo, una práctica que apenas existía en España antes del coronavirus, ahora parece que ha llegado para quedarse. Si hace un año sólo trabajaba desde casa el 4% de los asalariados, el confinamiento ha elevado ese porcentaje al 32%. Y de cara al futuro se plantea, incluso, como una “ventaja” para poder conciliar. “No lo es, es sumar dos trabajos. Sobre todo, en el caso de las mujeres. No pierden uno, sino que suman otro. Puede suponer un estrés extraordinario”, advierte Durán.

Y propone buscar soluciones. “Habrá que ofrecer servicios alternativos al trabajo dentro de casa. Sumar dos trabajos puede ser un parche, un apaño para ir tirando, pero no es una solución a medio plazo”. Porque además, subraya, el trabajo fuera de casa aporta muchas otras cosas. “El trabajo no solo es el trabajo, es también el ambiente, los compañeros, los estímulos, las reuniones… en general, el centro de trabajo te da muchas cosas buenas, que las pierdes si estás encerrado en casa”.

El trabajo no visible ha paliado la crisis

Durán habla del trabajo pagado y del no pagado, que en su opinión es igual de importante. Y lo explica. “En general, el 60% de nuestro tiempo lo dedicamos a dormir, lavarnos y comer. Del 40% restante, la mitad es trabajo no pagado que se hace dentro de los hogares. En esta pandemia, se le ha pedido a ese trabajo que sea extraordinariamente flexible y que responda inmediatamente al fracaso en la producción de servicios por parte del Estado y las empresas como consecuencia del confinamiento”. Y vaya si ha respondido. “El trabajo no pagado ha conseguido disminuir el impacto negativo de la crisis. Y eso ha repercutido sobre todo en las mujeres. No sólo, pero mucho más en ellas”, asegura.

Por eso, Durán pide que las políticas públicas tengan mucho más en cuenta este tipo de trabajo. Algo que plantea la propia ONU desde 1995. “Que no se entiende la economía de un país si solo estamos atentos a sus componentes monetarizados. Pensamos que el trabajo en los hogares, como el voluntariado, es algo gratuito e inagotable. Pero son recursos limitados y cuestan mucho esfuerzo a quien los aporta a los demás, a la sociedad. Hay que incorporarlos en cualquier política pública o decisión colectiva”.

Porque esta pandemia, dice, lo ha demostrado. “Medirlo todo en dinero no tiene ningún sentido. Cuando pensemos en los puntos fuertes de nuestra sociedad, hay que hacer un hueco a la población no asalariada y a la que presta servicios no remunerados desde sus hogares. Esta crisis la está sacando a flote, en gran parte, el trabajo no visible”.