Una pastelería en Tokio

Ana Sánchez

No es frecuente encontrar películas orientales en nuestras pantallas occidentales, por eso quizá nos choca la estética, la forma del relato, el carácter de los personajes… casi todo, en definitiva. Puede pasarnos algo así con “Una pastelería en Tokio”, de Naomi Kawase, una película japonesa de 2015 que nos habla de la soledad y de la necesidad del ser humano por ser escuchado y compartir.
Un relato sencillo en el que se entrecruzan las historias de tres personajes, de tres generaciones que representan una especie de cuadro de las tres edades, un entramado que conjuga pasado, presente y futuro.

A lo largo del metraje se va estableciendo una relación de amistad y respeto entre los tres personajes, tres personas dañadas que comparten, cada uno de una manera, el espacio de esta pastelería, tres seres frágiles y fuertes a la vez, personalidades solitarias que parecen no haber encontrado su lugar en el mundo; en este lugar común que les une van relatando su historia, porque todos tenemos una historia que contar y todos tenemos historias que escuchar. Precisamente, a través de este relato, la directora nos muestra que nunca es tarde, que la persona menos pensada nos puede aportar la fuerza necesaria para salir del abismo en el que en ocasiones creemos encontrarnos.
Se trata de una visión positiva y esperanzadora sobre la condición humana, demostrando cómo los cambios más sencillos pueden hacernos mejorar. La anciana protagonista, Tokue va constatando cómo nada es suficientemente pequeño, cómo todo tiene una importancia vital y decisiva.
Precisamente a través de su vida se une un cierto sentimiento de culpa colectiva, en el que se refleja cómo se ha comportado la sociedad a lo largo del tiempo con gente como ella; pero a esto hay que vincular también una dosis de remordimiento individual, reflejado en la vida del pastelero al que se une en el trabajo. Aquí, la anciana Tokue aporta un ingrediente fundamental: el del amor a la tarea bien hecha y la escucha real y profunda del otro, aunque nos hable sin palabras. Un corazón cerrado por viejas heridas del pasado y el medio a volver a ser herido es capaz de empezar a sanar gracias a alguien que muestra con su vida y con sus acciones que estamos aquí para ver y para escuchar, para hacernos prójimos del otro desde su debilidad y desde la nuestra.

La suaves y sutiles imágenes que van poblando todo el relato no nos alejan de la realidad de los personajes, los cerezos en flor acarician con ternura la discriminación de los hombres, el aroma de la cocina embriaga la soledad en compañía, la luz de las miradas ilumina el incierto futuro que se redescubre junto con los otros. En definitiva, un cuento melancólico lleno de encanto y dulzura, un relato de aprendizaje, un redescubrimiento del mundo, un renacer a la vida a través de tres generaciones que, a priori, nada tienen que ver entre ellas, más que el que se encontraban apartados de la sociedad y que juntos pueden volver a aventurar la vida desde una misericordia que se dibuja en los pequeños actos cotidianos de cercanía al otro.

Padre e hijo - transmitir valores

No te empeñes en transmitir valores que es peor.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

A veces a los padres nos gustaría transmitir nuestros valores a los hijos, nuestras formas de pensar y situarnos ante el mundo. Por ejemplo, nos gustaría que fueran austeros y no despilfarraran los bienes materiales. O que valorasen el esfuerzo por encima del resultado. O que vieran lo importante que es la generosidad con los demás.

En algunos casos, este deseo proviene de considerar esos valores como parte del patrimonio familiar que se debe transmitir de generación en generación porque son “los nuestros”. De forma que aquel no tiene esos valores es un poco menos “de los nuestros” que el que se mantiene fiel a ellos y los conserva. Cuando esto sucede, la presión del grupo familiar puede volverse asfixiante para sus miembros y dificultar su desarrollo personal.

En otras ocasiones, simplemente existe el convencimiento bienintencionado de que esos valores son buenos para nuestros hijos, porque han sido buenos para nosotros. Algo así como “esto es lo bueno, y si es bueno para mí, será bueno para ellos”.

Y nos imponemos como padres la tarea de transmitir esos valores, sin ser conscientes de que esos valores no se pueden transmitir…

– Pare un momento, pare un momento… ¿Está usted diciendo que los valores no se pueden transmitir? ¿Que no se pueden transmitir la austeridad, la responsabilidad o la generosidad a nuestros hijos?

– Pues sí, algo así, quiero decir…

– Y entonces ¿para qué estamos los padres si no es para educar en valores a nuestros hijos? ¿No ve usted que ni la escuela ni nadie educa en valores?

– Pues voy a intentar explicarme, si me lo permite…

Es claro que los padres estamos, entre otras cosas, para educar a nuestros hijos. Pero esa educación no es unidireccional, de nosotros a ellos. Si analizamos nuestra experiencia como padres, descubrimos que los hijos también nos educan a los padres. Es decir, que los padres aprendemos de ellos, ajustamos nuestras conductas a sus necesidades y etapas del desarrollo y vamos evolucionando en nuestras formas de actuar. No somos los mismos padres cuando tenemos nuestro primer hijo que cuando tenemos el tercero, tenemos otra edad, otra experiencia…

Y, además, tanto a los padres como a los hijos nos influye el contexto. No somos los mismos antes, que después del coronavirus, por poner un ejemplo. La primera cuestión, por tanto, es que padres e hijos nos educamos mutuamente en medio de un contexto.

La segunda cuestión tiene que ver con la libertad. No fuimos libres para elegir los genes que, en buena medida, nos conforman. Pues bien, estos valores de los que hablamos no se transmiten como se transmiten los genes, es decir, sin mediar la voluntad del receptor. Más bien necesitan de la adhesión libre del receptor para ser incorporados a la propia vida.

El problema viene cuando los padres intentamos imponer esos valores a los hijos a través de técnicas como la vigilancia, la rendición de cuentas, el sermoneo, el soborno… Lo bueno que pudiera haber en esos valores queda contaminado por el grado de imposición con el que se presentan. Esa imposición produce un rechazo que acaba provocando el rechazo del valor en sí mismo. Esto puede suceder incluso con la fe de los hijos.

Que los padres vivamos esos valores y lo hagamos con alegría es una condición imprescindible para posibilitar que los hijos se adhieran, pero no basta. Hará falta su libre adhesión y eso ya no está de nuestra mano. Sí está de nuestra mano crecer en la vivencia de nuestros valores y en hacerlo con alegría. Crezcamos en eso.

Nunca le he sido infiel

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

Si preguntamos qué es ser fiel en un matrimonio, una inmensa mayoría de personas nos responderá algo parecido a “no liarse con otras personas”. Si vivimos la fidelidad como “no hacer determinadas cosas con otras personas” la fidelidad se convierte en algo a “conservar” (como las sardinas en conserva, que dejan de estar vivas) y nos quedamos sin herramientas para hacerla crecer. La fidelidad en la pareja es importante porque el valor de lo que se entrega, la propia persona en su totalidad, pide la garantía de la fidelidad. Y si las personas que forman ese matrimonio están vivas, su fidelidad está llamada a estarlo también.

La mayor amenaza a la fidelidad son las comparaciones negativas que nos hacemos en nuestra cabeza ante determinadas situaciones en la vida. Cuando siento que mi marido no me comprende empiezo a acordarme de aquel novio que tuve, “ése sí que era realmente comprensivo”. Cuando veo que mi mujer me reprocha malhumorada determinados comportamientos, empiezo a pensar que “mi compañera de trabajo tiene mucho mejor humor que mi mujer”. Que este pensamiento se dé en alguna circunstancia no es un gran problema, pero si este tipo de pensamientos se convierten en algo sistemático, una grieta empieza a abrirse en la pareja.

Vamos a compartir algunas formas de acrecentar la fidelidad en la pareja. Al leerlas es posible que descubramos que, aunque yo “nunca me haya liado con otra persona”, tampoco he procurado ser cada día más fiel al otro y descubramos una llamada, una tarea.

Compromiso incondicional: cuando tengas baches en la relación o los defectos de tu cónyuge te desesperen, recuérdate a ti mismo el compromiso que adquiriste y renueva el deseo de abordar junto con el otro los problemas que puedan existir en la relación. No los pospongas, no te los tragues. Al mismo tiempo, no dejes de tener presentes las cualidades de tu pareja, para que esa mala racha no se convierta en una crisis permanente que ponga en cuestión toda la relación.

Marca límites en tu trabajo: en ocasiones, la cercanía e implicación que tenemos con personas de otro sexo en nuestro trabajo hacen que podamos compartir con ellos deseos de nuestro corazón, anhelos, sueños… que quizá no hemos compartido con nuestra pareja. Si piensas que tu pareja se puede sentir incómoda de la relación que mantienes con ese compañero o compañera de trabajo, o prefieres no contarle cosas de ella, o piensas en esa persona cuando las cosas no van bien en tu pareja, es señal de que los lazos que te unen a ese compañero no son puramente laborales. Comparte con tu cónyuge tus sueños, tus deseos, tus preocupaciones también las referidas al ámbito laboral.

Sé sincero, transparente: hay veces en las que intentamos evitar las discusiones y para ello mentimos. Bien sea de una forma directa o bien diciendo medias verdades, u ocultamos información. En ocasiones podemos pensar “no le voy a contar que estuve tomando café con este amigo, total, es para que no se enfade, se lo va a tomar mal y no es para tanto, igual no le hace gracia y eso que un café no va a ningún lado…” De esa forma construimos un muro entre la pareja que nos aleja del otro. Ser sincero parte, ante todo, de la sinceridad con uno mismo. De reconocer lo que nos pasa y lo que sentimos. Lógicamente no quiere decir contar al otro absolutamente todo lo que hacemos, pensamos y sentimos. Pero es preciso no ocultar nuestras conductas. Ni siquiera con la “buena intención” de ahorrar al otro un sufrimiento o evitar una discusión.

Nos quedan algunas formas más, de las que hablaremos otro día.

escuela y COVID19

Escuela y COVID19

Por un protocolo coherente con el avance científico.

Un grupo de familias de Cantabria ha creado la plataforma “Escuela y Covid”. Hace unos días han presentado en la Consejería de Sanidad y Educación el manifiesto en el que solicitan, entre otras cosas, que se modifique algún punto del protocolo en los colegios de educación primaria.

Desde su web nos lo explican.

En otras comunidades autónomas, las familias, a través de sus representantes, tienen voz en los órganos de seguimiento de los protocolos. Además, las reuniones de estos órganos (donde se presentan los datos, se exponen las dificultades y avances, se proponen alternativas…) son públicas. Así todos sabemos quién y qué se propone. Éste es sólo un ejemplo. La Consejería de Educación y Sanidad/Salud pública ¿puede explicar el oscurantismo y falta de democracia que rodea a las reuniones de trabajo sobre los protocolos/planes de contingencia? Cada vez es más lógico que normativas que repercuten en toda la sociedad y de forma desigual, cuente con los distintos colectivos afectados y con un equipo multidisciplinar de profesionales, para llegar a una propuesta equilibrada que minimice el riesgo de transmisión y las consecuencias de las medidas adoptadas. Multidisciplinaridad de profesionales y agentes sociales, y actas públicas de las reuniones de trabajo, son condiciones imprescindibles para generar confianza y para establecer normativas y protocolos que realmente sirvan a la sociedad.

En contacto con instituciones y asociaciones

Por eso nos alegró el largo tiempo dedicado a dialogar con nosotros por el Colegio de Enfermería. Con el de Psicólogos estaremos el 14 de abril. Estamos esperando respuesta por parte del Colegio de Médicos. Los profesionales crecemos especialmente en esa escucha. El Colegio de Licenciados en Educación Física recibió nuestro manifiesto por correo y estudiarán nuestra propuesta de adhesión al mismo.

Escuela y COVID
Reunión en el Colegio de Enfermería junto a Mª Luz Fernández (Presindenta) y Alexandra Gualdrón (Vicepresidenta)

Como no puede ser de otra forma, también hemos hecho llegar nuestro manifiesto a AMPAs, FAPA, CONCAPA y equipos directivos. Contamos ya con la adhesión de uno de ellos y esperamos aumentar la lista. Hemos solicitado a la FAPA a enviar a todas las AMPAS este manifiesto y animamos a que todas ellas se sumen al mismo. También animamos a dicha federación a que reclame su presencia en las reuniones de los grupos de trabajo sobre planes de contingencia y en la del grupo mixto sanidad/educación, y que allí lleve la opinión de las familias (estableciendo las reuniones y metodología acorde para eso).

No nos hemos olvidado de los sindicatos. También a ellos les hemos hecho llegar nuestras reivindicaciones. También ellos se pueden adherir al manifiesto en el que pedimos que el protocolo de primaria (más restrictivo) se equipare al de secundaria, lo cual está generando más confinamientos en las aulas de 6 a 12 años . ¿Es menos importante un profesor de educación primaria que otro de secundaria? ¿Se puede prescindir de su educación presencial más? Nos sorprendió mucho que UGT sección educativa, nos dijera que no se pueden dar los datos de transmisión comunitaria en el centro escolar, lo cual forma parte de una de nuestras reivindicaciones. Es decir, proporcionar el dato de cuantos alumnos de un aula se contagian por un compañero que se ha infectado fuera del aula. En la experiencia de las familias que formamos parte de esta plataforma con nuestros hijos y conocidos, la transmisión intracomunitaria en las clases de primaria ha sido cero. Suponemos que los datos a nivel de todos los centros de Cantabria serán anecdóticos o bajos, como ocurre en otras CCAA y países. Desde AGOSTO, la evidencia científica continúa afirmando que la transmisión de niño a niño y de niño a adulto en las escuelas es poco común. UGT aludió a la ley de protección de datos como razón para no ofrecer esta información. No es así. Adjuntamos la tabla de Navarra (reflejando que la transmisión comunitaria tanto en primaria como en secundaria es muy baja, incluso menor en primaria).

Fuente

Es muy importante que se proporcionen estos datos, como también el de la transmisión comunitaria de la infección de niños a profesores (por varias fuentes nos llega que nula, en cualquier caso seguro que anecdótica siguiendo la norma de otros lugares donde sí proporcionan este dato). Permite ver la realidad.

Esta semana nos ha alegrado que los medios de comunicación, quisieran dar voz a esta iniciativa: Alerta, el Diario Montañés, Cadena Ser radio, Cope radio, Castro confidencial, el diario Cantabria.

Los protocolos contra el COVID19 son necesarios

NI MUCHO MENOS ESTAMOS EN CONTRA DE PROTOCOLOS EN LAS ESCUELAS, SON NECESARIOS. Pero no hay ninguna razón avalada por la realidad, los datos, la investigación científica… por la cual se esté penalizando a los niños de primaria respecto a secundaria, con un protocolo más restrictivo, cuando los niños más pequeños transmiten menos y tienen mascarilla, y aulas con similares condiciones (número de alumnos por ejemplo) que secundaria.

¿Por qué se está promoviendo la escuela del miedo? ¿Qué mensaje estamos transmitiendo a los niños, cuando se han suspendido las salidas fuera del colegio, en muchos centros? ¿O se impide a una madre/padre/profesional no entrar al cole a dar un taller (que hasta en el patio se podría dar)? Ni las residencias de ancianos, con una población de riesgo, han impedido la entrada de familiares durante todo el tiempo de pandemia.

Tenemos 8 días de vacaciones, la vuelta del cole es posible que sea en otras condiciones. Ofrecemos nuestra colaboración para eso. Las consecuencias de los aislamientos en los niños son notables (ver nuestro manifiesto y entradas de la web). Ni un solo niño más con un aislamiento que no le corresponda en coherencia con los datos y el conocimiento científico. Hace falta liberar de presiones o intereses (que no sean el bienestar físico y psicosocial de los niños) los protocolos educativos. Si especialmente las familias, profesores y equipos directivos  exigimos esta liberación, a la vuelta de vacaciones tendremos un protocolo diferente.  Esperar al curso que viene es una canallada. Por eso llamamos también a los colegios profesionales, sindicatos, asociaciones que trabajen con colectivos con más dificultades socioeconómicas o psicoeducativas, a adheriros al manifiesto.

Podéis escribir un correo a la dirección escuelaycovidcantabria@gmail.com y decir que vuestra asociación/colectivo se adhiere, enviando vuestro logo.

Cualquier persona puede adherirse a este manifiesto

Rebelde

Ana Sánchez

Niños soldados, niños convertidos en adultos antes de tiempo, mucho antes de tiempo. Niños esclavizados, niños sin niñez, infancias rotas por la violencia. Rebelde es una película canadiense de 2012, rodada por actores no profesionales en la República Democrática del Congo.

Este relato nos adentra en la vida de Komana, nos acerca a su alma y sus sentimientos encontrados, entre el miedo y el amor, entre la violencia y la ternura, entre la muerte y la vida.

Komana va relatando la historia de su vida al hijo que está punto de nacer, fruto de la violación del comandante de turno, al que no sabe si Dios le dará fuerzas para amar, pero que quiere que sepa cómo ha sido su vida, qué es lo que la ha llevado a ser lo que es y lo que será.

Obligada a asesinar a sus propios padres Komana es reclutada por los rebeldes, por un ejército de liberación de no se sabe bien qué, un grupo más de los que se dedican a expoliar África, entre la guerra y la minería del famoso coltán que alimenta nuestras modernas tecnologías desarrolladas.

En este ejército, junto con otros niños como ella, Romana aprenderá a sobrevivir a la violencia y también a encontrar la amistad y el amor. Entre emboscadas y ataques, drogados para superar este mundo de muerte, los niños van aprendiendo a llevar una vida entre golpes y asesinatos, atemorizados por sus propias acciones y por las represalias a las que se arriesgan si no cumplen con su trabajo de asesinos.

Por su capacidad para salvarse, Romana es nombrada “bruja de la guerra”; este es uno más de los hechos que van uniendo su vida a la de “Mago”, un chico albino y al que también se le atribuyen poderes mágicos para sobrevivir en la guerra de la selva. Esta unión les dará fuerzas para emprender la aventura de escapar de El gran tigre y comenzar una nueva vida, abandonando poco a poco las reminiscencias del ejército, las armas y la violencia.

Juntos irán descubriendo un amor sincero y entregado y volverán a conocer lo que es una familia cuando llegan al poblado de Mago y retoman una vida en paz con los tíos del chico. Hasta que les descubren las tropas rebeldes, asesinan a “Mago” y vuelve la pesadilla de la guerra a la vida de Komana, junto con la obligación de acostarse con el jefe.

La fuerza de voluntad y la lealtad a la familia ayudan a Komana a escapar nuevamente, para conseguir la libertad para ella y para el hijo que espera

 

Una lección de vida y esperanza sobre la voluntad y resistencia del espíritu humano. Una película al mismo tiempo crudamente real e irrealmente mágica, que nos transporta a un mundo que seguramente conozcamos menos de lo que deberíamos, pero que está más presente en nuestras vidas de lo que quizá seamos capaces de imaginar o de desear en nuestro fuero interno.

¿A quién benefician las guerras? ¿A quién beneficia la esclavitud infantil? Nuestra forma de vivir y de ocultarnos una realidad, no precisamente idílica, tienen mucho que ver con esto. Y los más perjudicados: los niños, víctimas inocentes de este mundo en guerra.

Tener hijos es franquista; morir solo en tu cuarto de baño es guay

Fuente: blogs.elconfidencial.com

Autor: Alberto Olmos

Tener hijos es de pobres y ya solo está bien visto si te cuestan dinero. Es decir, si tenerlos conlleva algún tipo de gasto en inseminación artificial. Es fascinante cómo la naturalización de un progreso o cambio social se pasa siempre de frenada. No están tan lejos aquellos días en los que ligar por internet (así en general) era de pringados. Cuando alguien decía que había conocido a su pareja “en internet”, la gente sentía pena, pues internet era la nueva versión de las clases de salsa, a las que, como todo el mundo sabe, solo te apuntas para encontrar novia. Ahora lo que es de pringados es no tener Tinder, ir por los bares.

El caso es que tener hijos naturalmente es como cutre, tener varios es de fachas y vivir todos en la misma casa, de franquistas. Leí la semana pasada un artículo en ‘ElDiario.es’ que venía a decir esto último. “La familia tal cual la entendemos es una herencia del estereotipo de los años setenta: papá, mamá y un par de hijos o tres. Pero ya no es real”, sentenciaba un señor. Mi familia no es real, amigos. Se ve además que en 1920, 1810 o 1270 nadie en todo el mundo tenía dos hijos ni vivía con ellos bajo el mismo techo, junto al otro cónyuge. Creíais que erais una familia y erais en verdad la Falange.

Yo qué sé. Vamos con ello. Vamos, agotadoramente, con ello.

Los hijos

William Shakespeare promovía divinamente la procreación en su soneto XIII, cuya traducción es muy variada e insatisfactoria en nuestro idioma. Dice William, franquista de primerísima hora, que, bueno, te vas haciendo mayor, y esa belleza tuya a lo mejor merece replicarse, ponerse en otro (“and your sweet semblance to some other give”). También argumenta este mindundi que supone un desperdicio morirse y dejar que se desplome la casa de tu vida (“Who lets so fair a house fall to decay?”). Y remata el soneto con uno de los versos más extraordinarios que puedan leerse sobre padres e hijos: “You had a father: let your son say so”. Algo como: “Tuviste un padre, deja que tu hijo diga lo mismo” (“Tuviste un padre, que a ti te nombre un hijo”, García González; “Bien sabes que tú un padre tuviste: ten un hijo”, Rivero Taravillo).

Los matices del verso son espectaculares. No se limita a decir: “Ten hijos”, sino: “Piensa en que tendrás un hijo que sabrá que tú fuiste su padre”. Esta galantería semántica puede aplicarse enseguida a nuestro tiempo. Las numerosas personas que arremeten contra los niños o recomiendan no tener hijos o se felicitan de que cada vez haya menos familias son, qué duda cabe, hijos de alguien. Sin embargo, hablan como si pertenecieran a una gama humana exclusiva, fruto de la luz solar o, quién sabe, surgida por generación espontánea que nada tiene que ver con aquello que torpedean. Se ríen de las embarazadas (“panza de burra”, dijo Elisa Beni) como si su propia madre no hubiera lucido barriga con ellos dentro; desprecian a los niños (Adrián Lastra) como si ellos nunca hubieran sido niños, y lo que es más admirable: cantan las virtudes de la soltería sin hijos cuando muchos, a buen seguro, ni son solteros ni carecen de ellos.

“La libertad de no ser madre”, “Por qué hemos perdido la motivación de vivir en pareja”, “Las mujeres solteras y sin hijos son el grupo social más sano y feliz del planeta”, “¿Queremos a nuestros hijos por encima de todo?”… Esta ristra de titulares de ‘El País’, junto a muchos otros, recogidos en un hilo de Twitter por Rafael Núñez, nos lleva a pensar que hoy apenas cuatro idiotas tienen hijos. Esta fabulación nascifóbica —donde vemos de nuevo la inclinación por subir la apuesta, pues ya no es igualmente válido no tener hijos, sino, de hecho, mucho mejor— contrasta con el dato que espigaba César Rendueles para su reciente ensayo ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Seix Barral): “La encuesta de fecundidad que realizó el INE en 2018 mostró un resultado fascinante: tal vez vivamos en sociedades digitales, posmodernas, poliamorosas y del riesgo, pero nuestro deseo de tener hijos sigue incólume. Como siempre ha ocurrido, la inmensa mayoría de hombres y mujeres quieren ser padres y madres”. Después de hacer la innecesaria salvedad —imprescindible en estos días de idiocia— de que, como es obvio, le parece estupendo que alguien decida no tener hijos, Rendueles apunta: “Se calcula que las mujeres españolas que deciden de forma consciente, meditada y definitiva no tener ningún hijo no superan el 5%”.

Hacer campaña

De hecho, ni siquiera proceden de ese 5% todos los artículos y tuits contra los hijos, pues la posmodernidad una cosa que sí permite es hacer campaña desde los 18 a los 35 contra los hijos, tener uno o dos entre los 35 y los 38, y seguir haciendo campaña contra los hijos durante el resto de tu vida. Nadie ve en ello contradicción alguna. A fin de cuentas, tenemos una ministra de Igualdad casada y con tres hijos, y con chalé, “conservadora” (sic) en lo sexual, adicta a las sesiones de foto con mucho maquillaje y variación de ‘outfits’, cuyo ministerio propone insistentemente que todo eso que la propia ministra disfruta (tener hijos, pareja estable, casa, dinero a mansalva, una apariencia canónicamente publicitaria y el vicio de exhibir su bonanza a la menor oportunidad) es malísimo, puro veneno; ni se te ocurra, amiga.

Se predica continuamente que tener hijos y sacarlos adelante entre dos no es, como dice Manuel Vilas maravillosamente en ‘Ordesa’ (Alfaguara), “la lucha más hermosa del mundo”, sino una ordinariez y una lata. Se hace sentir culpable a una mujer por albergar deseos de ser madre, como si esa inclinación fuera propia de un títere del sistema o de una cabeza hueca. Luego, todos los que tanto predican y desaconsejan procrean sin pestañear siquiera. Pienso en esa mujer que hoy se cree rara por querer tener hijos cuando, según ‘El País’, no los tiene ya nadie. Le dicen que engrosa las filas de una minoría trasnochada, cuando en realidad forma parte de una mayoría de porvenir. Todo es mentira salvo conseguir saber lo que tú quieres de verdad hacer con tu vida.

Que los niños no puedan defenderse, y menos aún los no nacidos, es lo que me irrita mayormente de estas salvas y derrapes contra la natalidad y la infancia, de este ‘bullying’ continuado contra personas inocentes. Es la vuestra una frivolidad tan autoindulgente que linda ya en la eugenesia; vamos, en el fascismo.

Podría bajar uno al barro citando con demasiado entusiasmo el documental ‘La teoría sueca del amor’ (Erik Gandini, 2015), donde vemos las consecuencias tan lamentables de proponer desde el Estado que cada cual haga de su vida un interminable maratón en Netflix, en la creencia de que ese individualismo es lo que de verdad te hace feliz. Aunque es muy lúgubre saber por este documento que en Suecia hubo de crearse un funcionariado concreto para ir llamando a las casas de la gente a fin de averiguar si se había muerto —tanta soltería y soledad hacían común morir y que nadie se enterara—, ni siquiera me sale la maldad. En serio: moríos solos mientras Netflix pasa al siguiente capítulo. Queda guay.

Pero sí quiero compartir con ustedes una idea juguetona que me viene a veces a la cabeza. Parece que nuestra baja natalidad hará difícil dentro de algunas décadas pagar la pensiones, pues habrá más pensionistas que trabajadores en activo. Normalmente aquellos que promueven “el fin de raza”, que diría Michi Panero, consideran que a todo esto le pondrá remedio la inmigración. Esto es: que tengan hijos los pobres. No deja de asombrarme la coherencia de la izquierda moderna: tu madre limpia mi chalet y los hijos que tenga pagarán mi pensión. (Vete tú a saber si acabando con los pobres no acabaríamos también con esta pseudo-izquierda.)

Pues he aquí mi idea: que la cotización de los hijos una vez empiecen a trabajar se destine directamente a pagar la pensión de sus padres. Lo repito: directamente; patrimonio familiar. Si una mujer inmigrante tiene cuatro hijos que apenas puede mantener, cuando se jubile será rica. Ya dijo Diderot que “los pobres son los que mejor pueblan”. Así las cosas, ¿por qué tienen que pagar los pobres la pensión de los hípsteres? ¿Por qué tiene que cobrar más quien más aporte y no se considera aportación precisamente traer al mundo a uno o más cotizantes? ¿Por qué tienen que ser mis hijos “solidarios” con todos esos que los desprecian y que, de hecho, no querían ni que existieran?

La historia de una familia plagada de dificultades

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

Conocí una familia con una historia plagada de dificultades. Dificultades como las de tantas otras familias hoy en día. Apenas recién iniciado su matrimonio, el marido tuvo dudas acerca de la fidelidad de su esposa. Ella quedó embarazada de forma inesperada y el marido llegó a enterarse de que él no era realmente el padre.

El embarazo y el parto no fueron sencillos. Ella no se cuidó como debía. Viajó sin importarle su estado. El entorno en el que se produjo el parto no reunía unas condiciones dignas.

La infancia de su hijo no fue fácil. Les dio algún susto de pequeño. En una ocasión incluso aprovechó un viaje familiar para fugarse de su compañía. Eso a pesar de que sus padres trataban de quererle de la mejor forma que sabían, pero ni aún así conseguían hacerle entrar en razón. Desde temprano la madre preveía que ese hijo le iba a hacer sufrir mucho.

Más tarde, el hijo se emancipó y se rodeó de malas compañías, llevando una vida muy criticada por sus conocidos. En medio de esa vorágine su familia intentó que regresara con ellos a su casa, pues parecía que incluso había perdido la cabeza. Como colofón a una vida dando tumbos, se enfrentó con las autoridades, tuvo varios juicios y finalmente, como suele pasar en estos casos, sus “amigos” le dejaron tirado. Su final fue desastroso. Aparentemente.

Como algunos habréis supuesto me refiero a la familia de Nazaret. Si repasamos su vida familiar descubrimos una vida llena de dificultades, de dudas, de cosas que no entendían, de conflictos… No solo su propia vida estuvo llena de dificultades y escándalos. El sacerdote y escritor José Luis Martín Descalzo afirma en su libro “Vida y misterio de Jesús de Nazaret”, analizando la propia genealogía familiar de Jesús (ese texto del evangelio de Mateo que se lee el 8 de septiembre), que “Cristo desciende de bastardos”, ya que entre sus antepasados se encuentran una prostituta, un adúltero…

Quizá nos hayamos hecho una imagen de la Sagrada Familia como la de una familia idílica donde todo fue “sobre ruedas”, una familia ejemplar en la que jamás hubo un problema. La iconografía religiosa suele representar una imagen de la Sagrada Familia tan armónica, tan llena de paz y dulzura, tan almibarada, que se aleja mucho de nuestra experiencia cotidiana como familias, del cansancio del trabajo cotidiano, de la frustración por las cosas que no salen como esperábamos, del enfado que provocan los límites del otro y los propios… Sin embargo, cuando nos acercamos a los evangelios y aparcamos un poco esas ideas preconcebidas, encontramos dudas, dificultades, problemas, conflictos…

En la actualidad algunos medios, tanto creyentes como no creyentes, nos presentan la familia como un oasis. Un oasis en medio del desierto que es la sociedad. Como si la familia fuera el lugar del descanso del guerrero que llega al hogar cansado de batallar en medio del mundo del trabajo, de una sociedad competitiva… La consecuencia de esa visión es que cuando nos encontramos con dificultades en ese oasis nos venimos abajo. Pero el problema no estaba en la familia, sino en nuestra concepción sobre ella. Porque la familia no es un oasis. La familia es un lugar en el que estamos llamados a vivir la entrega, la generosidad, el amor hacia dentro y hacia fuera de ella.

En muchas familias, de un modo especial en la familia de Nazaret, el amor, la entrega y la confianza se vive, no al margen de las dificultades, sino precisamente enmedio de ellas. Es en medio de las dificultades donde estamos llamados a amar.

Diario de una madre y matrona durante el Covid-19

Manuela Contreras García
Matrona Máster en Investigación en Cuidados de la Salud
21/Sept/2020

Soy Matrona y madre de uno de los niños que va a la clase del CEIP Cisneros (Santander) que ha estado erróneamente confinada 4 días tras la decisión adoptada por el órgano competente de la consejería de educación. Hoy publica el diario montañés (DM) que “Salud Pública ordenó el lunes una rectificación de semejante medida para decir que devolvía a los escolares a la actividad lectiva” (1). Y lo hace, porque un grupo de familias, tras leer el protocolo frente al covid-19 de aplicación en el ámbito educativo (2), que hicieron Consejería de Educación y Sanidad, entendimos que no se daban las condiciones que el protocolo exige para confinar el aula. Así que solicitamos por escrito a la Consejería de Educación y de Salud Pública la revisión de esa decisión.
En estos 4 días hemos tenido que ver cómo resolvemos el seguir trabajando y cuidando a los niños. Indagar para resolver algunas dudas, que no aclara la hoja informativa elaborada por Sanidad Pública y que se envía a los contactos estrechos. Dudas como si los hermanos de los niños considerados contacto estrecho pueden ir al colegio o no, o si algún padre puede pedir una baja por necesidad de cuidado del menor y qué papel debe presentar. A toda esta situación, se suma que según el protocolo anteriormente citado, nos llamarían desde Salud Pública (rastreadores) para hacer una PCR a los niños, e íbamos por el cuarto día de confinamiento sin ninguna comunicación con ellos. Cuando las familias llamábamos a nuestros pediatras para preguntar por esta cuestión, las respuestas fueron también distintas: Os llamarán para citaros, o no está indicada dicha prueba diagnóstica.
Al día siguiente de rectificar el confinamiento por parte de Salud Pública (teníamos razón los padres, nuestros hijos nunca debieron ser considerados contacto estrecho) empieza un nuevo follón. Nos llaman para hacer la PCR. El desconcierto y las dudas nuevamente surgen. ¿Pero cómo que una PCR ahora? ¿Pero no nos habían dicho que podíamos volver al cole? ¿Si nos hacen PCR es que somos contacto estrecho, no? ¿Y si somos contacto estrecho debemos estar 14 días aislados y sin ir a clase, verdad? Lo que pasó fue que desde Educación no avisaron a Salud Publica (rastreadores) de la rectificación de la medida de confinamiento tomada. Hay un protocolo de coordinación
entre consejerías pero la coordinación brilla por su ausencia. Sin embargo no se hizo real que Salud Pública haya devuelto a los escolares a la actividad lectiva, tal como dice el DM. Tras corregir el error y levantarse el confinamiento, muy pocos niños fueron a clase los siguientes días. Las familias en su mayoría, estábamos muy tranquilas y contentas de la vuelta al cole. Pero claro, el caos y la confusión generada han sido de tal calibre, que han conseguido generar inseguridad.
Consejería de Educación y Sanidad han creado una comisión de coordinación muy tarde, la última semana de agosto, y “de aquellos polvos estos lodos”. Desde la consejería de educación explican la decisión de confinar contra el protocolo, diciendo que “actuaron con exceso de celo” (1). El 10 de Septiembre la Consejera Lombó dijo: “Tenemos el protocolo más estricto de España” (3). Pero no se trata de ser ni estrictos ni recelosos. Se necesita un protocolo basado en la evidencia científica y equilibrado (4), entre una seguridad sanitaria y las necesidades educativas de los
alumnos, no en el miedo. Y se necesita cumplirlo. Se hubiera hecho muy bien empezando las clases en Junio. La incidencia de la enfermedad en aquel momento era incluso menor. Haber empezado, poco a poco, con la mitad de los alumnos en días alternos por ejemplo, hubiera permitido tomar el pulso a los protocolos, realizar investigaciones y también romper el miedo en el sector educativo (5-7).
Acabo con una sugerencia de transparencia y ciencia “de andar por casa”. Cuando los profesionales sanitarios hacemos un protocolo, no hay línea que no tenga una referencia bibliográfica en la que se basa dicha afirmación. Y por supuesto, todos los profesionales nos identificamos con nuestros nombres y apellidos, no con el sello de la institución. Ambas cosas ausentes en el caso del citado protocolo. En breve saldrá uno nuevo. ¿Pueden usar estos mismos criterios? Así podremos ver el currículum de los autores y entender la razón científica que hay detrás de que, por ejemplo, el criterio para que un niño de 6 a 11 años sea considerado caso estrecho sea independiente de si ha llevado mascarilla o no (cuando con los adultos no se hace así y la evidencia científica dice que
los niños contagian menos) (8-9) o que el confinamiento sea de 14 días (10) (ya menor en
otros países) o… Cuenten con las enfermeras para elaborar estos protocolos. Cuenten también con las
familias (9). ¿Podría una enfermera escolar ayudar en la tarea de elaboración, aplicación y supervisión de los protocolos, y dejar a los profesores y equipos directivos centrase en lo que deben? (11) ¿Por qué no se pone en marcha la experiencia?
El pánico no puede ni debe cerrar las escuelas. ¿Sentimos como sociedad que la educación y que las escuelas no son un capricho sino prioritarias? En medio del COVID, pueden y deben ser mejores. Aprendamos todos a usar la circunstancia COVID como un aprendizaje de la vida, para que los niños sepan afrontar las adversidades y tomen
protagonismo.

(1) González N. Los padres de los niños desconfinados en el colegio Cisneros acusana Educación de ignorar el protocolo. Cantabria: El Diario Montañés: 16 Sept 2020 [consultado 16 sept 2020]. Disponible en:
https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/contagios-coronavirus-obligan-20200916195016-nt.html
(2) Gobierno de Cantabria. Protocolo de coordinación entre la consejería de educación, formación profesional y turismo y la consejería de sanidad frente al covid-19 [Internet]. Santander: CEIP Cisneros; 8 Sept 2020. [Consultado 11 Sept 2020]. Disponible en: https://cpcisneros.es/wp-content/uploads/08_09_2020_Guia_de_actuacion_centros_educativos_v5.pdf
(3) Martínez D. Lombo dice que la aparición de estos casos era algo esperado pese a tener los protocolos “más estrictos de España”. Cantabria: El Diario Montañés; 10 sept 2020[consultado 16 sept 2020]. Disponible en:
https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/lombo-dice-aparicion-20200910222705-ntvo.html
(4) Rickett M. Coronavirus: there is an urgent need to re-open schools – this is how to make it happen. Australia: The Conversation; 5 May 2020 [consultado 13 sept 2020]. Disponible en: https://theconversation.com/coronavirus-there-is-an-urgent-need-to-re-open-schools-this-is-how-to-make-it-happen-137818?utm_source=twitter&utm_medium=bylinetwitterbutton
(5) European Centre For Disease Prevention And Control. COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission [Internet] 2020 [Consultado15 Sept 2020]. Disponible en: https://www.ecdc.europa.eu/sites/default/files/documents/COVID-19-schools-transmission-August%202020.pdf
(6) Vogel G, Couzin-Frankel J. Should schools reopen? Kids’ role in pandemic still a mystery [Internet] EEUU: Science; 4 May 2020 [consultado 8 sept 2020].
Disponible en: https://www.sciencemag.org/news/2020/05/should-schools-reopen-kids-role-pandemic-still-mystery
(7) Cheng SY, Wang CJ, Shen ACT, Chang SC. How to Safely Reopen Colleges and Universities During COVID-19: Experiences From Taiwan. Ann Intern Med [Internet] 2020 [consultado 10 Sept 2020]; Disponible en:
https://www.acpjournals.org DOI 10.7326/M20-2927
(8) Redacción Consalud. Un estudio de Vall d’Hebron concluye que la transmisión del SARS-CoV-2 de los menores de edad con COVID-19 a los adultos con quienes conviven es baja [Internet] Barcelona: Consalud; 31 Ag 2020 [consultado 6 sept 2020]. Disponible en: https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/vall-
hebron-concluye-transmision-menores-covid-19-adultos-convivientes-baja_84585_102.html
(9) Isabel C, Martínez JM. La vuelta a las aulas [Internet] Madrid: Siap Covid 19 [consultado 21 sept 2020].Disponible en: https://covid19siap.wordpress.com/la-vuelta-a-las-aulas/
(10) Rhee C, Kanjilal S, Baker M, Klompas M, MD. Duration of SARS-CoV-2 Infectivity: When is it Safe to Discontinue Isolation? Clin Infect Dis [Internet] 2020 [consultado 15 Sept 2020]; ciaa1249. Disponible en: https://academic.oup.comDOI 10.1093/cid/ciaa1249
(11) Rosário R. COVID-19 and Schools Closure:Implications for School Nurses. J Sch Nurs [Internet] 2020 [consultado 1 Sept 2020]; 36(4):241-242. Disponible en:
https://journals.sagepub.com DOI 10.1177/1059840520925533

¿Tenemos nuestro ritual?

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

Un ritual es un acto que tiene una estructura que se repite y expresa un significado simbólico. Existen distintos tipos de rituales: deportivos, religiosos, familiares…

Un ritual deportivo, por ejemplo es la forma en la que se presentan dos equipos de fútbol a jugar un partido importante. Salen en fila, detrás del árbitro. Escuchan el himno. Se saludan. Se juntan en su campo para darse el grito de guerra…

Esa serie de acciones, que se repiten según la misma estructura, ayuda a los jugadores a introducirse en la dinámica del partido, a concentrarse en el objetivo que tienen como equipo, a expresarse apoyo mutuo…

Es posible que alguno de ellos haya pasado una mala noche pensando en la importancia del partido, que otro tenga alguna dificultad personal en esos momentos de su vida, y que alguno esté tranquilo gracias a su veteranía. El ritual les une en medio de sus circunstancias personales y consolida el sentimiento de equipo. Les une frente a la tarea común a la que se van a enfrentar.

Ahora bien, si once personas se juntan, salen en fila al campo de fútbol, escuchan el himno, se hacen una foto y se dan un abrazo, pero no saben jugar al fútbol, todos esos gestos no sirven para ganar el partido. Lo más importante es saber jugar, haber entrenado, compenetrarse… Esto es lo más importante. Pero si además de haber haber hecho esto, empezamos el partido con un ritual de estas características, el trabajo del equipo se fortalece.

Los rituales ayudan a consolidar la expresión de un sentimiento, aunque las circunstancias sean cambiantes, mediante una estructura que permanece estable en medio de los acontecimientos.

Un ritual familiar es, por ejemplo, la celebración de los cumpleaños. Cada familia tiene sus propias formas de celebrarlos. Ese estilo propio de celebrar, es uno de los elementos que conforma un sentimiento de pertenencia familiar. Somos (entre otras cosas) la familia Tal, que celebramos las cosas de esta manera. Los rituales cohesionan a los miembros de la familia y les ayudan a conectarse.

La forma distinta de celebrar los acontecimientos es una de las cosas que nos llama la atención cuando empezamos a compartir tiempo e intimidad con la familia de nuestro cónyuge. Descubrimos otros gestos, otras estructuras diferentes a la que estábamos acostumbrados.

Los rituales familiares o matrimoniales no generan el amor. Pero si en un matrimonio hay amor, el ritual ayuda a sostenerlo en medio de las inclemencias de la vida. Necesitamos rituales cotidianos que nos conecten en medio del fragor del día. No hacen falta grandes cosas. Quizá un café después de comer. Un beso de buenos días. Un rato juntos charlando cuando se han dormido los niños… Si tenemos un pequeño ritual puede convertirse en la expresión del amor que se mantiene aunque estemos preocupados por determinada circunstancia de nuestra vida en ese momento, o que hayamos discutido por alguna razón.

A veces los rituales se construyen de forma inconsciente, los vamos construyendo empujados por los ritmos de la vida. En otras ocasiones, surgen a raíz de algún acontecimiento al que respondemos de una forma y a partir de ahí, se genera un ritual… También podemos heredar rituales de nuestras familias de origen. Aunque no es fácil que se adopten idénticamente, lo habitual es que los recreemos, adaptándolos a nuestras circunstancias concretas.

Esta época de confinamiento puede haber generado determinados rituales cotidianos en nuestra vida a nivel personal de matrimonio o familiar. Y ahora puede ser un buen momento para hablar sobre ello e ir construyendo entre los dos ese ritual como matrimonio que exprese nuestro amor.