El camino dorado

Publicado en el Twitter de @pasoveoleo y con información de Mil recuerdos del pasado


Detrás de una plaza en Múnich, existe algo único: un camino con piezas de bronce que dan un brillo dorado en medio de una oscura calle.
Es un camino que tiene una historia de valentía y rebeldía contra el terrible movimiento Nazi.

Munich, Baviera 9 de Noviembre de 1923.

El llamado «Putsch» (Golpe de estado) de Múnich había comenzado. Varios miembros del partido nazi y otros partidos afines, acompañados por Adolfo Hitler estaban intentando tomar el control de la ciudad.

El movimiento, era parte de un plan no muy bien elaborado unos días antes, por parte del militar Erich Ludendorff y el mismo Hitler. El «golpe» debía darse no sólo en Múnich, si no en otras ciudades de Baviera cómo Ratisbona, Augsburgo y Nuremberg.

Los movimientos fuera de Múnich no habían tenido el éxito esperado: en muchas ciudades, los participantes no hicieron acción alguna. En otras, la policía de baviera logró dispersar rápidamente a los golpistas.

Pero Múnich era otra historia: el caos estaba presente en la ciudad desde el día anterior, 8 de Noviembre.

Ese día el mismo Hitler había hecho su aparición en una conocida cervecería de Munich la «Bürgerbräukeller» -> «Cervecería de los ciudadanos».

Pistola en mano y acompañado por otros golpistas, interrumpiría el discurso del entonces comisario general de Baviera, Gustav Von Kahr.

Con un disparo al techo, callaría a los espectadores presentes en la sala: «¡La revolución nacionalista ha comenzado!».

Si bien la aparición en la cervecería fue estruendosa, en el resto de la ciudad el golpe no tuvo éxito. La policía de Baviera permaneció fiel al gobierno estatal y los manifestantes nazis no lograron mover la cantidad de personas esperadas. Continuaría al día siguiente…

Ya a las 9 de la mañana del día siguiente, Hitler se encontraba con un grupo de manifestantes en el centro de la ciudad. El plan era causar tanto alboroto como fuera posible para así llamar más manifestantes al movimiento. Con ésta idea se dirigieron a la «Odeonsplatz» de Múnich.

A las 12:30 fueron detenidos por la policía de Baviera. Alguien, efectuaría un disparo (aún no se sabe cuál bando lo hizo) esto desencadenó un tiroteo que traería un saldo fatal: 14 militantes nazis y 4 policías de Baviera habían fallecido. El golpe había fracasado.

Años más tarde, el partido Nazi se haría con el poder en Alemania. En 1933, los restos de los llamados «mártires» de aquel 9 de Noviembre serían trasladados al mísmo lugar dónde habían fallecido: La «Feldherrnhalle» de la «Odeonsplatz».
A las 12:30 fueron detenidos por la policía de Baviera. Alguien, efectuaría un disparo (aún no se sabe cuál bando lo hizo) esto desencadenó un tiroteo que traería un saldo fatal: 14 militantes nazis y 4 policías de Baviera habían fallecido. El golpe había fracasado.

Años más tarde, el partido Nazi se haría con el poder en Alemania. En 1933, los restos de los llamados «mártires» de aquel 9 de Noviembre serían trasladados al mísmo lugar dónde habían fallecido: La «Feldherrnhalle» de la «Odeonsplatz».

Los nazis, colocarían un monumento en memoria de los 14 caídos en el lugar e impondrían la siguiente acción: todo aquel que pasara por aquel lugar debía hacer el saludo nazi frente al monumento.

Por supuesto, no todos los ciudadanos querían realizar éste saludo. Esto trajo como consecuencia que mucha gente que iba a pasar por el lugar se desviara antes, en la calle «Viscardigasse».

Ésto fue notado rápidamente por el régimen del tercer Reich, quienes pusieron rápidamente controles en el lugar: si un ciudadano era visto esquivando el memorial de la «Ferldherrnhalle» más de dos veces al año, era interrogado y las consecuencias podían ser severas.

Por éste motivo, en el año 1995 la ciudad instalaría un camino de bronce, ideado por el artista Bruno Wank, que atraviesa parte de la calle que tomaban aquellos valientes que rehusaban a hacer el saludo nazi frente al monumento en «Odeonsplatz».

Un monumento que habla de valentía en tiempos verdaderamente terribles. Un pequeño acto de rebeldía que ha podido llegar hasta nuestros días, del período de la historia más oscuro de Alemania. Si pasan por Múnich, caminen por la senda de los valientes