Cruz Luz

Cruz Luz son una suerte de «meditaciones» deshilvanadas. Algunas palabras y algunas imágenes. En realidad, sólo una palabra y una sola imagen, bocetos torpes cuyo único objetivo es vincular la mirada a un misterio tan inabarcable como cierto.
Es una propuesta entre amigos una búsqueda de complicidades en torno a la cruz, es decir, en torno a la fe que nos une. Es un cuenco que puede ser llenado con las reflexiones, experiencias, oraciones,… que tú quieras hacer a partir de una o varias de estas páginas.
Si decides compartirlas, las añadiremos a este libro abierto. Gracias.

Embellecer un barrio disminuye radicalmente la delincuencia (y funciona mejor que la “mano dura”)

Tiene su encanto ser seres urbanos. Pero lo cierto es que las ciudades, pese a estar densamente pobladas, promueven la fragmentación y el aislamiento de sus habitantes. Esto vuelve a los entornos citadinos muy complicados: habitarlos se hace difícil, ya que muchas de sus dinámicas nos absorben irremediablemente. Mientras tanto, las problemáticas que enfrenta cada ciudad parecen demasiado grandes como para que podamos combatirlas.

Y eso es, en gran parte, porque las ciudades nos vuelven muy individualistas…

Quienes habitan las grandes metrópolis carecen de herramientas certeras para contribuir a tener mejores ciudades. Los ciudadanos tienen que dejar todo en manos de gobernantes y empresas, no obstante que éstos suelen traer más problemas que soluciones.

Un ejemplo está en las políticas que permiten que los barrios sean invadidos por la iniciativa privada: que se construyan centros comerciales, o que lleguen reconocidas cadenas comerciales. Esto ocasiona el encarecimiento de la vida y obliga a muchos a desalojar sus hogares, lo que constituye un fenómeno bastante reciente al que se le ha llamado “gentrificación”.

Por otro lado existen zonas urbanas que son abandonadas, como Detroit, en Estados Unidos. El caso de esta ciudad demuestra mejor que cualquier otro lo que sucede cuando las empresas abandonan una ciudad: la economía comienza a flaquear y, con esto, la ciudad entra en un proceso de paulatina decadencia. Inevitablemente la criminalidad comienza a subir, y lo único que hace el gobierno es aplicar “mano dura” contra la población a la que abandonó.

Pero existe una alternativa a la decadencia urbana: el trabajo colectivo

Se ha comprobado que en zonas urbanas donde los vecinos colaboran en embellecer sus calles y fachadas, las tazas de criminalidad y violencia bajan drásticamente. En Estados Unidos esto ha sido observado por un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan, quienes han documentado procesos comunitarios en la ciudad de Flint.

Esta ciudad se convirtió, debido a su paulatina desindustrialización, en una de las más peligrosas de Estados Unidos, con la segunda taza de homicidios más alta. Desde 2012, un grupo de vecinos de Flint comenzaron a limpiar sus calles, a alumbrarlas y a sembrar plantas en sus camellones y lotes.

Para 2018, los ataques con violencia bajaron en un 54%, los atracos en un 83% y los robos a casas y negocios en un 76%

Esto ha pasado en México también…

Muchos piensan que las pintas callejeras son sinónimo de criminalidad. Por eso, ahí donde hay pintas hay más policías. Sin embargo, en México muchos artistas han demostrado que pintar paredes no es un crimen, y puede regenerar el tejido social de las zonas más marginadas.

Es el caso del barrio Las Palmitas, en Pachuca, Hidalgo. Ahí, el colectivo de artistas Germen Nuevo pintó 200 casas, haciendo de ellas un lienzo gigante que reflejaba la identidad de los habitantes del barrio. Esto hizo que los robos y asaltos disminuyeran un 73% en sólo 3 años.

Así como este hay muchos ejemplos más en México y el mundo, los cuales comprueban que el arte y el trabajo comunitario son agentes de regeneración sociocultural.

No obstante, el porqué de este fenómeno es aún un relativo misterio, que requiere de mayor investigación para que el trabajo comunitario y el arte formen parte de las agendas públicas en combate a la delincuencia. Sin embargo, no se necesitan muchas más pruebas empíricas para comprender que el futuro de las ciudades debe ser un futuro compartido, en el cual trabajemos comunitariamente por tener barrios bellos, espacios iluminados, calles caminables y muchas más áreas verdes donde expandir la conciencia individual y colectiva –en lugar del consumismo desenfrenado–.

Porque nadie lo hará por nosotros, ¿no crees?

Fuente: Ecoosfera

Hammarskjöld y la sala de meditación

La Sala de Meditación, ubicada en el ala oeste del vestíbulo público del edificio de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, es un espacio de recogimiento dedicado a la paz mundial y a disposición de las gentes de todos los credos y religiones; fue ideado por Dag Hammarskjöld, segundo Secretario General de las Naciones Unidas con el apoyo de un grupo, integrado por cristianos, judíos y musulmanes.

Dag Hammarskjöld escribió este texto para entregar a los visitantes de la sala

Todos tenemos dentro un centro de quietud rodeado de silencio.

Esta casa, dedicada al trabajo y al debate al servicio de la paz, ha de contar con una sala dedicada al silencio exterior y la quietud interior.

Lo que hemos pretendido ha sido crear en esta pequeña sala un lugar en el que las puertas puedan abrirse a territorios infinitos de reflexión y oración.

En este lugar se reunirán personas de muchos credos y por esa razón no se podía utilizar ninguno de los símbolos a los que estamos acostumbrados en la meditación.

Sin embargo, hay cosas sencillas que nos hablan a todos en el mismo lenguaje. Hemos buscado esas cosas y creemos haberlas encontrado en el haz de luz que incide en la brillante superficie de la piedra.

De ese modo, en el centro de la Sala vemos un símbolo de cómo todos los días la luz del cielo da vida a nuestra Tierra, lo que, para muchos de nosotros, simboliza cómo la luz del espíritu da vida a la materia.

Pero la piedra que hay en el centro de la Sala tiene algo más que decirnos. Podemos considerarla un altar, vacío, no porque no haya Dios, ni porque sea un altar a un dios desconocido, sino porque está dedicado al Dios al que el hombre venera bajo multitud de nombres y formas.
La piedra del centro de la Sala nos recuerda también lo que hay de firme y permanente en un mundo de movimiento y cambio. El bloque de hierro tiene el peso y la solidez de lo eterno. Nos recuerda la piedra angular de la tenacidad y la fe en las que se debe sustentar toda empresa humana.

El material de la piedra guía nuestros pensamientos hacia la necesidad de elegir entre la destrucción y la construcción, entre la guerra y la paz. Con hierro el hombre ha forjado espadas, pero con hierro también ha fabricado arados. Con hierro ha construido tanques, pero también con hierro ha erigido casas. El bloque de mineral de hierro es parte de la riqueza que hemos heredado en esta Tierra nuestra. ¿Cómo vamos a utilizarla?

El haz de luz incide en la piedra en una Sala decoración extrema sencillez. No hay otros símbolos, no hay nada que pueda distraer nuestra atención ni interrumpir la quietud en nuestro interior. Cuando nuestros ojos se trasladan de esos símbolos a la pared del frente, tropiezan con un sencillo diseño que abre la Sala a la armonía, la libertad y el equilibrio del espacio.

Según un antiguo dicho, el sentido de un recipiente no está en sus paredes sino en su oquedad. Lo mismo sucede con esta Sala. Corresponde a los que vienen a ella llenar el vacío con lo que encuentran en su centro de quietud.

«Llamar a la misericordia por su nombre es una manera de provocar»

A través de su exposición Tres plagas y una esperanza, el escultor Jesús García Trapiello representa a los cuatro jinetes del Apocalipsis. Unos personajes que, aunque su público normalmente no lo sepa, hablan de misericordia


«Cada vez me enroco más en la necesidad de llamar a las cosas por su nombre sin miedo a que me tachen de meapilas», explica Jesús García Trapiello. Este escultor, cuya obra se expone en la Casa Emaús hasta el mes de septiembre, no tiene reparo en mostrar sus convicciones religiosas en sus obras de arte.

«Estuve pensando si hacerlo o no porque quería que mi reflexión llegara a más gente, pero, ¿por qué tengo que renunciar a algo que, como creyente, me conmueve?», se pregunta el escultor. Es algo que intenta responder a través Tres plagas y una esperanza, una muestra que ya han podido ver a los asistentes al II Encuentro para la Solidaridad que se clausura esta semana en la localidad madrileña de Torremocha del Jarama.

El Desgarro. Foto: Jesús García Trapiello

Su exposición, inspirada por una lectura reposada del libro del Apocalipsis, emplea las figuras de los cuatro jinetes para hablar de los dolores del ser humano. «El protagonista no es el jinete sino la víctima que padece sus acciones. Quise representar estas emociones, no de una manera fiel sino acentuando el gesto que las personas ponemos cuando las tenemos», cuenta.

El Pasmo. Foto: Jesús García Trapiello

La primera de sus esculturas, tallada en una única pieza de madera, se llama La Hambruna. Esta figura, dotada de un estómago sin fondo, «representa al hambre como consecuencia de la especulación de alimentos con fines económicos o políticos».

El siguiente jinete representado es el de la peste. Bautizado por García Trapiello como El Desgarro, «representa el dolor, la enfermedad o la pérdida de un ser querido» y grita hacia el cielo con los labios rotos.

Y la tercera escultura corresponde al jinete de la muerte, «que es el asesinato con los fines de dominio», explica García Trapiello. Su nombre es El Pasmo y, como reconoce el autor, «mucha gente no entiende el título, pero yo sé lo que quiero contar». «Es esa sensación que se nos queda cuando algo inaudito nos sucede y no sabemos el porqué», sentencia.

El jinete de la misericordia

La mano de la misericordia. Foto: Jesús García Trapiello

Pero no todos los jinetes que aparecen en el Apocalipsis son agentes de destrucción. «Me encontré con algunos estudiosos que dicen que el cuarto jinete, el que va en caballo blanco, va a dar solución a los males de los otros. Quise pensar que es Jesucristo y lo que trae es la misericordia», explica Jesús García Trapiello.

«La misericordia no es la mano que te soluciona el problema. Es la mano que te ayuda a recuperar la autoestima y la dignidad para que tú, en tu libertad y autonomía, gestiones tu vida», matiza el escultor.

Es por estos detalles que García Trapiello se niega a ocultar la inspiración religiosa de su obra e insiste en definir con exactitud los conceptos clave. «Misericordia incorpora el matiz de sentir con las entrañas, es una de las razones por las que no he querido eliminar la misericordia. A lo mejor solo es una manera de provocar, pero cuando damos las cosas muy masticadas engordamos, no nos alimentamos», advierte.

Una obra rezada

«Si yo hiciera mis obras con métodos mecánicos como en la industria de la imaginería, podría completar un molde rápidamente y luego con pantógrafos fabricar 20 imágenes al mismo tiempo», cuenta Jesús García Trapiello.

Sin embargo, esa no es su intención. Prefiere el trabajo lento en la soledad de su taller porque es ahí donde, quitando virutas con la gubia, piensa lo que quiere representar. «Son horas de reflexión sobre el tema, es un proceso de oración», considera. Después, una vez tiene claro el mensaje que quiere transmitir, trata de contagiar esa reflexión a través de la madera.

Durante este proceso, el escultor incorpora los cambios que se le van ocurriendo. Así le sucedió al hacer la escultura sobre la misericordia. «Me encontré que todo el centro del tronco estaba podrido pero, cuando te surge un problema, si sigues trabajando termina por aparecer la solución», narra.

En su caso, la solución consistía en rellenar el hueco con una masilla de poliéster. «La misericordia rellena esas carencias que la víctima tiene para dignificar su persona», revela. Pero como no le gustaba el color gris de la masilla, la cubrió con pan de oro, un material que, al ser inoxidable, evoca a la eternidad. De este modo, lanza a todos los que se acercan a su exposición un mensaje crucial: «Lo más valioso que una persona tienen es con lo que rellena las carencias de los que lo necesitan».

Rodrigo Moreno Quicios
Fuente: Alfa y Omega

Presentación de “Encuentro y Solidaridad” en Valladolid

¡Buenas tardes! Tenemos la gran alegría de presentar hoy la asociación “Encuentro y Solidaridad” en Valladolid. Los que nos conocéis sabéis que, aunque encuentro y solidaridad acaba de nacer, llevamos ya unos cuantos años caminando tras los pasos del Señor en esta ciudad y en otras ciudades de España.

Hoy somos llamados a empezar de nuevo a caminar.

Nuestra nueva asociación hunde sus raíces en la espiritualidad de encarnación inaugurada en el pesebre de Nazaret y continuada por tantos que, a lo largo de los siglos, la han hecho realidad, especialmente en el siglo XX, por Guillermo Rovirosa y Julián Gómez del Castillo y quienes con ellos trabajaron para dar vida al apostolado laico en España. Somos asociación de bautizados: familias, trabajadores, sacerdotes… buscando el ideal de vivir la contemplación y la lucha en medio del ajetreo cotidiano en pleno siglo XXI.

Y presentamos esta tarde nuestra asociación, esta pequeña plantita que está germinando,  ofreciendo la obra de teatro llamada “Cartografía de la desobediencia”, en la que se hace una afirmación tan sorprendente como que “la desobediencia es un acto de amor”Y puede ser verdad…: fijaos… hace unas cuantas semanas, lo habéis visto en las noticias, el barco pesquero Nuestra Madre Loreto rescató en alta mar a 12 hombres africanos que se habían lanzado al agua huyendo de las autoridades libias. Un pequeño barco, el patrón y 12 pescadores afanados en su trabajo, no miraron para otro lado y se atrevieron a desobedecer las leyes y las órdenes del Gobierno y de toda Europa; compartieron su comida y sus enseres con estos emigrantes y arriesgaron mucho para llevarles con vida a puerto seguro.

Una vez más, un grupo de pescadores nos enseña el ABC de la solidaridad: cuando las leyes y las costumbres están contra la persona, hay el deber de desobedecer. Estos hombres, en medio del ajetreo de su trabajo, reconocieron el valor y la dignidad de los desconocidos que tenían delante e hicieron posible la fraternidad en unas condiciones tan adversas.

Nuestro mundo está lleno de respuestas solidarias, como la de estos pescadores. En estos años de andadura hemos visto los milagros que obra la solidaridad: hemos conocido personas que perdonan a los asesinos de sus familias, a madres que han perdido a sus hijos y han hecho de su dolor un instrumento para ayudar a otras madres en su situación, hemos visto empresas que hacen de la solidaridad y no del beneficio su razón de ser, hemos conocido a políticos que han ido a la política a perder de lo suyo por el bien común. El mundo está traspasado por los esfuerzos solidarios y a ellos queremos sumarnos.

Todos los días somos tentados a una vida mediocre, autorreferencial, del disfrute por encima de todo. Pero esa vida sacrifica la alegría, la loca alegría de dar vida.

Nacemos para desobedecer los dictados de la mediocridad, que nos obligan a mirar para otro lado cuando pasamos al lado de los prostíbulos que salpican de vergüenza nuestras carreteras donde se come llanto y se beben lágrimas a tragos. Nacemos para desobedecer los dictados de la mediocridad que nos obliga a mirar para otro lado para no ver a nuestros hermanos emigrantes, hijos del mismo Dios, esquilmados en sus países y trabajando esclavizados en nuestros invernaderos. La mediocridad que nos obliga a mirar para otro lado para no ver a niños muriendo de hambre en un mundo de abundancia y derroche, para no ver a los esclavos que fabrican nuestras ropas…

Nacemos para poder abrir los ojos a la realidad. Y para contribuir con nuestros trabajos, en nuestras profesiones, en nuestras familias, en nuestra vida política, a hacer posible que el mundo sea hogar y la humanidad familia.

Nuestro nombre, “Encuentro y Solidaridad”, obedece a la llamada que hoy nos hace la iglesia a renovar y vigorizar el anuncio de la buena noticia de Jesús en el mundo.

Queremos vivir el encuentro: encuentro con el Cristo que vive hambriento, esclavizado, maltratado, en paro, encarcelado….y encuentro con los hermanos con los que convivimos en el barrio, en el trabajo, en nuestra misma ciudad y en cualquier lugar de este mundo global. Y para que sea posible tenemos que aprender a escuchar, a callar, tendremos que aprender otras lenguas… tenemos tanto que aprender….

Queremos vivir la solidaridad, esa que obra milagros, y para ello tendremos que aprender a ser humildes y pequeños, a ser valientes y honrados.

En este camino que ahora comenzamos necesitamos contar también con vuestro apoyo y calor. Gracias por estar hoy aquí. Nos sentimos profundamente agradecidos a la Iglesia de Valladolid, al Movimiento Cultural Cristiano, a quienes debemos nuestra vida militante, agradecidos a los amigos y al Señor, que nos vuelve a poner en los caminos.

Hilda Cantarín