Tener hijos es franquista; morir solo en tu cuarto de baño es guay

Fuente: blogs.elconfidencial.com

Autor: Alberto Olmos

Tener hijos es de pobres y ya solo está bien visto si te cuestan dinero. Es decir, si tenerlos conlleva algún tipo de gasto en inseminación artificial. Es fascinante cómo la naturalización de un progreso o cambio social se pasa siempre de frenada. No están tan lejos aquellos días en los que ligar por internet (así en general) era de pringados. Cuando alguien decía que había conocido a su pareja “en internet”, la gente sentía pena, pues internet era la nueva versión de las clases de salsa, a las que, como todo el mundo sabe, solo te apuntas para encontrar novia. Ahora lo que es de pringados es no tener Tinder, ir por los bares.

El caso es que tener hijos naturalmente es como cutre, tener varios es de fachas y vivir todos en la misma casa, de franquistas. Leí la semana pasada un artículo en ‘ElDiario.es’ que venía a decir esto último. “La familia tal cual la entendemos es una herencia del estereotipo de los años setenta: papá, mamá y un par de hijos o tres. Pero ya no es real”, sentenciaba un señor. Mi familia no es real, amigos. Se ve además que en 1920, 1810 o 1270 nadie en todo el mundo tenía dos hijos ni vivía con ellos bajo el mismo techo, junto al otro cónyuge. Creíais que erais una familia y erais en verdad la Falange.

Yo qué sé. Vamos con ello. Vamos, agotadoramente, con ello.

Los hijos

William Shakespeare promovía divinamente la procreación en su soneto XIII, cuya traducción es muy variada e insatisfactoria en nuestro idioma. Dice William, franquista de primerísima hora, que, bueno, te vas haciendo mayor, y esa belleza tuya a lo mejor merece replicarse, ponerse en otro (“and your sweet semblance to some other give”). También argumenta este mindundi que supone un desperdicio morirse y dejar que se desplome la casa de tu vida (“Who lets so fair a house fall to decay?”). Y remata el soneto con uno de los versos más extraordinarios que puedan leerse sobre padres e hijos: “You had a father: let your son say so”. Algo como: “Tuviste un padre, deja que tu hijo diga lo mismo” (“Tuviste un padre, que a ti te nombre un hijo”, García González; “Bien sabes que tú un padre tuviste: ten un hijo”, Rivero Taravillo).

Los matices del verso son espectaculares. No se limita a decir: “Ten hijos”, sino: “Piensa en que tendrás un hijo que sabrá que tú fuiste su padre”. Esta galantería semántica puede aplicarse enseguida a nuestro tiempo. Las numerosas personas que arremeten contra los niños o recomiendan no tener hijos o se felicitan de que cada vez haya menos familias son, qué duda cabe, hijos de alguien. Sin embargo, hablan como si pertenecieran a una gama humana exclusiva, fruto de la luz solar o, quién sabe, surgida por generación espontánea que nada tiene que ver con aquello que torpedean. Se ríen de las embarazadas (“panza de burra”, dijo Elisa Beni) como si su propia madre no hubiera lucido barriga con ellos dentro; desprecian a los niños (Adrián Lastra) como si ellos nunca hubieran sido niños, y lo que es más admirable: cantan las virtudes de la soltería sin hijos cuando muchos, a buen seguro, ni son solteros ni carecen de ellos.

“La libertad de no ser madre”, “Por qué hemos perdido la motivación de vivir en pareja”, “Las mujeres solteras y sin hijos son el grupo social más sano y feliz del planeta”, “¿Queremos a nuestros hijos por encima de todo?”… Esta ristra de titulares de ‘El País’, junto a muchos otros, recogidos en un hilo de Twitter por Rafael Núñez, nos lleva a pensar que hoy apenas cuatro idiotas tienen hijos. Esta fabulación nascifóbica —donde vemos de nuevo la inclinación por subir la apuesta, pues ya no es igualmente válido no tener hijos, sino, de hecho, mucho mejor— contrasta con el dato que espigaba César Rendueles para su reciente ensayo ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Seix Barral): “La encuesta de fecundidad que realizó el INE en 2018 mostró un resultado fascinante: tal vez vivamos en sociedades digitales, posmodernas, poliamorosas y del riesgo, pero nuestro deseo de tener hijos sigue incólume. Como siempre ha ocurrido, la inmensa mayoría de hombres y mujeres quieren ser padres y madres”. Después de hacer la innecesaria salvedad —imprescindible en estos días de idiocia— de que, como es obvio, le parece estupendo que alguien decida no tener hijos, Rendueles apunta: “Se calcula que las mujeres españolas que deciden de forma consciente, meditada y definitiva no tener ningún hijo no superan el 5%”.

Hacer campaña

De hecho, ni siquiera proceden de ese 5% todos los artículos y tuits contra los hijos, pues la posmodernidad una cosa que sí permite es hacer campaña desde los 18 a los 35 contra los hijos, tener uno o dos entre los 35 y los 38, y seguir haciendo campaña contra los hijos durante el resto de tu vida. Nadie ve en ello contradicción alguna. A fin de cuentas, tenemos una ministra de Igualdad casada y con tres hijos, y con chalé, “conservadora” (sic) en lo sexual, adicta a las sesiones de foto con mucho maquillaje y variación de ‘outfits’, cuyo ministerio propone insistentemente que todo eso que la propia ministra disfruta (tener hijos, pareja estable, casa, dinero a mansalva, una apariencia canónicamente publicitaria y el vicio de exhibir su bonanza a la menor oportunidad) es malísimo, puro veneno; ni se te ocurra, amiga.

Se predica continuamente que tener hijos y sacarlos adelante entre dos no es, como dice Manuel Vilas maravillosamente en ‘Ordesa’ (Alfaguara), “la lucha más hermosa del mundo”, sino una ordinariez y una lata. Se hace sentir culpable a una mujer por albergar deseos de ser madre, como si esa inclinación fuera propia de un títere del sistema o de una cabeza hueca. Luego, todos los que tanto predican y desaconsejan procrean sin pestañear siquiera. Pienso en esa mujer que hoy se cree rara por querer tener hijos cuando, según ‘El País’, no los tiene ya nadie. Le dicen que engrosa las filas de una minoría trasnochada, cuando en realidad forma parte de una mayoría de porvenir. Todo es mentira salvo conseguir saber lo que tú quieres de verdad hacer con tu vida.

Que los niños no puedan defenderse, y menos aún los no nacidos, es lo que me irrita mayormente de estas salvas y derrapes contra la natalidad y la infancia, de este ‘bullying’ continuado contra personas inocentes. Es la vuestra una frivolidad tan autoindulgente que linda ya en la eugenesia; vamos, en el fascismo.

Podría bajar uno al barro citando con demasiado entusiasmo el documental ‘La teoría sueca del amor’ (Erik Gandini, 2015), donde vemos las consecuencias tan lamentables de proponer desde el Estado que cada cual haga de su vida un interminable maratón en Netflix, en la creencia de que ese individualismo es lo que de verdad te hace feliz. Aunque es muy lúgubre saber por este documento que en Suecia hubo de crearse un funcionariado concreto para ir llamando a las casas de la gente a fin de averiguar si se había muerto —tanta soltería y soledad hacían común morir y que nadie se enterara—, ni siquiera me sale la maldad. En serio: moríos solos mientras Netflix pasa al siguiente capítulo. Queda guay.

Pero sí quiero compartir con ustedes una idea juguetona que me viene a veces a la cabeza. Parece que nuestra baja natalidad hará difícil dentro de algunas décadas pagar la pensiones, pues habrá más pensionistas que trabajadores en activo. Normalmente aquellos que promueven “el fin de raza”, que diría Michi Panero, consideran que a todo esto le pondrá remedio la inmigración. Esto es: que tengan hijos los pobres. No deja de asombrarme la coherencia de la izquierda moderna: tu madre limpia mi chalet y los hijos que tenga pagarán mi pensión. (Vete tú a saber si acabando con los pobres no acabaríamos también con esta pseudo-izquierda.)

Pues he aquí mi idea: que la cotización de los hijos una vez empiecen a trabajar se destine directamente a pagar la pensión de sus padres. Lo repito: directamente; patrimonio familiar. Si una mujer inmigrante tiene cuatro hijos que apenas puede mantener, cuando se jubile será rica. Ya dijo Diderot que “los pobres son los que mejor pueblan”. Así las cosas, ¿por qué tienen que pagar los pobres la pensión de los hípsteres? ¿Por qué tiene que cobrar más quien más aporte y no se considera aportación precisamente traer al mundo a uno o más cotizantes? ¿Por qué tienen que ser mis hijos “solidarios” con todos esos que los desprecian y que, de hecho, no querían ni que existieran?

Bebés separados de sus madres y otros dolores que no duelen

María del Val

Separar al hijo de la madre nada más pisar tierra después de un viaje en patera resulta cruel e inhumano. Como crueles e inhumanas son las políticas que aplastan la dignidad de las migrantes en origen, tránsito y destino. Es muy común en el tratamiento de las noticias sobre migrantes olvidarnos del contexto en que se producen. Los olvidos pueden ser más o menos involuntarios o más o menos condicionados por intereses económicos, políticos o ideológicos.

 

Nos olvidamos que los movimientos migratorios se producen en una economía que mata y que explota: que les roba los recursos en origen y por tanto el trabajo. Que les humilla en el viaje con deudas impagables y que las esclavizan de por vida y tránsitos al borde de la muerte. Y finalmente una vez que cruzan fronteras (las mafias aprovechan que las madres con hijos no pueden ser deportadas) les mantenemos en la ilegalidad para ser explotados en la agricultura o en el servicio doméstico cuando no esclavizadas en la prostitución.

El blindaje de fronteras que nunca es absoluto, (porque hay que dejar pasar ese necesario flujo de mano de obra barata, o carne humana para la prostitución) provoca rutas cada vez más lejanas y peligrosas. Se calcula que el 30% de la mujeres que llegan embarazadas o con sus bebes han sido violadas por las propias mafias para traficar con el bebé o para extorsionar a la madre. Otras han sido violadas por las propias fuerzas de seguridad de nuestros países cipayos, a quienes pagamos para que nos vigilen las fronteras. Algunas han perdido a sus bebés en el desierto. Estas mujeres sufren violencia sistemática y continua durante el trayecto. Pueden permanecer meses e incluso años en el bosque a la espera de poder saltar la frontera. Sus bebés han padecido y seguirán padeciendo esos horrores, tanto o más que ellas: “Algunas veces me digo si mi hija no me va a odiar”, dice una de esas madres. Nos escandaliza que separen a las madres de sus bebés, pero nos preocupa mucho menos la vida que les espera….

A las madres que sirven en las casas o limpian los hoteles también hemos permitido que las separen de sus hijos. Una de ellas que me decía que después de 11 años no había dejado de llorar ni una sola noche la ausencia de sus hijos. Cuando al fin algunas logran reunirse con ellos, son completos desconocidos a los que se les ha desarraigado dos veces: primero de sus padres o de su madre, y luego de su tierra. Pero esas madres y esos hijos parece que nos duelen menos.

María del Val

Para saber más:

https://elpais.com/politica/2016/09/02/actualidad/1472836765_371992.html

https://www.womenslinkworldwide.org/files/1350/los-derechos-de-las-mujeres-migrantes.pdf

La historia de las migraciones es la historia de la humanidad

Rodrigo Lastra.

La migración es un hecho constante en la historia. Podemos afirmar cómo lo hizo recientemente uno de los abogados más internacionales de nuestro país que “la historia de la humanidad es la historia de las migraciones”. ¿Cuántos de los que leéis estas líneas vivís en el mismo pueblo o ciudad en la que nacieron vuestros padres? ¿Y en la que nacieron vuestros abuelos? La movilidad geográfica es una de las características definitorias de la raza humana. Ninguna otra especie ha llegado tan lejos en la colonización de tantos y tan diversos ambientes. Los movimientos migratorios, por muy diversos motivos son una constante histórica que se repite en todas las épocas y civilizaciones. ¿Eso quiere decir que las personas están hechas para migrar, para moverse y que está condenado a no tener raíces, o por el contrario lo propio del ser humano es echar raigambre y las migraciones son siempre consecuencia no deseadas causadas por males mayores? El ser humano no está hecho para migrar ni para no migrar. El hombre y la mujer están hechos para la LIBERTAD. Y es precisamente la búsqueda de esa libertad (llámese mejores condiciones de vida o simplemente condiciones dignas de vida, llámese huida de persecuciones políticas o religiosas) o la ausencia de la misma libertad (llámese esclavitud, movimientos migratorios alentados por grandes intereses económicos…) la que ha generado a lo largo de los siglos los grandes movimientos humanos a lo largo y ancho del planeta.

 

  1. LA HISTORIA LAS MIGRACIONES… ES TAMBIÉN HISTORIA QUÉ HACEN LOS POBRES

Hoy los nuevos desarrollos científicos en el campo de la genética están también revolucionando el estudio de la historia. Todos nosotros cargamos en nuestros genes de cada una de nuestras células con muescas imborrables de nuestros ancestros, cuyo estudio, aplicado al conocimiento histórico, está aportando valiosísima información sobre de donde provenimos. Está permitiendo entre otras cosas conocer mejor los grandes movimientos de ser humano a lo largo de la historia. No deja de producir cierto vértigo pensar que en apenas unos centenares de generaciones todos nacemos de los mismos grupos reducidos de homo sapiens. Estos avances científicos aplicados al conocimiento histórico y pre-histórico, confirman que el dinamismo creador asociado a los movimientos migratorio ha sido determinante en la configuración de nuestra historia, es determinante para entender lo que hoy somos, y será determinante para entender lo que seremos.

Un ejemplo histórico reciente y paradigmático de ese dinamismo creador que imprimen la fuerza de la inmigración, mayoritariamente a través de la población más pobre, son los EEUU. El país más rico, el más poderoso de los últimos 150 años, lo es en gran parte por la inmigración. Una nación de inmigrantes. Es así como se define a sí mismo Estados Unidos. Nueva York, la capital del mundo, es un museo viviente de la inmigración. Viviendo allí descubrí al menos 5 monumentos a los inmigrantes (judíos, italianos, eslavos, africanos, irlandeses…). Uno de los lugares que más impresiona de Nueva York es el museo de Ellis Island, a la sombra de la estatua de la Libertad. De 1892 a 1954, el edificio funcionaba como centro de selección a la llegada de barcos europeos cargados de familias en busca de una vida mejor. Ahí fue donde 12 millones de personas pisaron por primera vez suelo estadounidense. Fue ahí donde se forjó la potencia que es hoy EEUU. Se estima que el 40% de los estadounidenses tiene, por lo menos, un ascendiente que pasó por Ellis Island.

Este años 2020 Estados Unidos celebrará el 400 aniversario de la llegada de los primeros colonos anglosajones, venidos a dar valor al territorio de Virginia, otorgado por el rey de Inglaterra. En 1620 los peregrinos del Mayflower, migrantes que huían, desembarcaron en Nueva Inglaterra, abriendo el camino a la llegada de miles de persona que huían de las persecuciones religiosas del rey anglicano Jacobo I de Inglaterra. En la colonización de América siempre ha existido una dicotomía entre los inmigrantes económicos y los que llegaron para disfrutar de una libertad política sin precedentes que se consolidó con la Constitución de 1787. Por uno u otros motivos, América representó una especia de tierra nueva y cielos nuevos, en la que todo parecía posible, en la que no se llegaba tarde frente a la enfrentada cansada Europa. Así, en la costa atlántica todavía perviven esas ciudades que fundaron con nombres que representaban esos anhelos: Freeland, New Hope, New Armony, Philadelphia… Todo era nuevo; New Hampshire, New England, New Jersey, New York, New… Pero no pasaron ni 20 años de la llegada de los primeros colonos, para que también desembarcaran los primeros esclavos. Cuando se hizo el primer censo tras la independencia en 1776, en Estados Unidos había sólo 4 millones de habitantes. Y 700 000 eran esclavos. Y luego vendría el exterminio de los pueblos nativos con la expansión hacia el Pacífico, y las restricciones de todo tipo, y las persecuciones, y el ignominioso racismo… Poco duraron las tierras nuevas y los cielos nuevos. Pero así es como, con todo ese crisol de idas y venidas, de tolerancia y persecución, de amor y odio, se forjó la nación más dinámica de los dos últimos siglos.

Y así, a poco que miremos a lo que nos rodea, descubriremos ese dinamismo creador en la historia. ¿Qué sería por ejemplo de nuestra arquitectura sin los movimientos migratorios? ¿El románico, el gótico… y así sucesivamente los diversos estilos constructivos que se van solapando y perfeccionando, fueron idea de un mecenas, de un potentado…? ¿o fueron posibles en toda Europa por el ir y venir de millones de pequeños artesanos, peregrinos, migrantes todos, que iban y venían aportando, quitando, añadiendo y todo junto creando una riquísima cultura? ¿Y que decir de nuestra lengua, patrimonio común y que con su riquísima variedad no permite una expresión y comunicación interpersonal maravillosa? ¿Es fruto a lo largo de los siglos de paneles de expertos que van acordando los usos correctos y expresiones adecuadas, o es fruto de la confluencia acrisolada de miles de millones de realidades cotidianas que nacen de la interacción y la influencia mutua de decenas de pueblos, culturas y civilizaciones a lo largo de los siglos fruto de los movimientos, también migratorios, de millones de personas? Pensemos en el idioma español. Hay palabras de los pueblos celtiberos, indoeuropeos, fenicio, latinas, griegas, musulmanas… y más recientemente francesas y anglosajonas. ¿Y las matemáticas, y el conocimiento científico-técnico? Los romanos con todo su ingenio constructivo y su desarrollo de la ingeniería, desconocían el cero, así como los números negativos, conceptos ambos, sin los cuales es imposible el desarrollo del cálculo y el algebra. ¿Se hubiera llegado a la luna sin que los pueblos arabigo-semitas hubieran aportado al desarrollo científico de base greco-latina conceptos como el cero o los números arábigos, todo ello como fusión colectiva y diluida fruto del encuentro mantenido a lo largo de años por miles de personas que fueron de aquí para allá? Pensemos en cualquier otro elemento del conocimiento científico-técnico. ¿Y nuestra gastronomía? ¿Y el arte, la literatura, la música…? ¿y los movimientos sociales, y el devenir y desarrollos de las ideologías y los movimientos revolucionarios…? Impensables sin esa historia de las migraciones, que no deja de ser la misma historia de la humanidad

La historia la han escrito los que ganan, pero la han hecho los que pierden. También en la historia de las migraciones. La abrumadora mayoría de todos los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han abandonado su lugar de origen para establecerse en otras tierras, voluntaria o forzosamente, no han sido precisamente los potentados, ricos y poderosos. Y sin embargo, conocemos los menores detalles de la vida de un rey, de un presidente o de un parlamento; nos han conservado todos los discursos, buenos y malos, pronunciados en esos mentideros, Las visitas de los poderosos, su buen o mal humor, sus intrigas y hasta su vida doméstica. Todo eso se ha guardado con sumo cuidado para la posteridad. Pero nos cuesta las mayores fatigas del mundo imaginar la vida y al lucha de los esclavos, inmigrantes casi siempre, nos cuesta horrores reconstruir la vida de los que levantaron toda la grandeza de la antigüedad, la vida de una ciudad de la Edad Media, conocer el mecanismo de ese inmenso movimiento de personas y el comercio de cambio que se realizaba entre las ciudades libres y que globalizó el mundo, Muchas veces ni siquiera advertimos la prodigiosa tarea que lleva a cabo diariamente la agrupación espontánea de hombres y mujeres, y que constituye la obra capital de la humanidad.

Pensemos solamente en que si Alba Eddison si no hubiera encontrado unos vidrieros capaces de crear la ampolla adecuada capaza de albergar el fino metal incandescente que originó la luz eléctrica. Vidrio, cuyo desarrollo y técnica por otra parte, llego a occidente proveniente de las culturas orientales. Podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que permitieron revolucionar la industria moderna. Y así, pensemos, se podría relatar cada partícula conocida.

 

  1. BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LAS MIGRACIONES

De la selva a la sabana, de las grandes glaciaciones a los primeros imperios

El Homo sapiens, se dispersó desde su cuna africana hace unos 100.000 años hacia todos los continentes en busca de nuevos territorios que explotar, movido inicialmente, por el crecimiento demográfico del grupo de origen, o por una disminución de los recursos alimentarios. Las distancias que se recorrieron en estos desplazamientos no fueron necesariamente largas. Un desplazamiento medio de trescientos metros al año es suficiente para explicar la existencia de antecesores nuestros por toda las Tierra durante la prehistoria, ocupando desde las selvas tropicales, los desiertos y la Europa de las glaciaciones. Hace 15.000 años ya estaba todo el planeta ocupado por hombres y mujeres iguales a nosotros, siendo el continente americano el último en colonizarse.

Con el neolítico la migración y la sedentarización se dieron paralelas. Con inmensos espacios sin ocupar, los movimientos de población se debieron más a motivaciones agrarias que a una voluntad de conquista. Así sucedió con los celtas (gálatas en griego) en la Europa occidental, venidos del este entre los siglos XII y II a. C. y que poblaron de manera más sedentaria y organizada el suelo europeo.

En el nacimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad se narran migraciones antes de la formación del pueblo al cual se pertenece. Así, la historia de los aztecas se inicia con la emigración de Aztlán hacia Tenochtitlán, ciudad que fundan. La Hélade griega se forma dispersándose por todo el Mediterráneo. La propia fundación de Roma aglutinando a pastores venidos de otros lugares. Y según la mitología, fundada por troyanos que se refugiaron en las 7 colinas huyendo de la guerra con los griegos, como nos cuenta Virgilio. Las invasiones centroeuropeas para fundar los reinos francos, visigodos, ostrogodos, suevo… La expansión del islam desde la península arábiga… y así hasta la última gran potencia como hemos visto en los EEUU. Las cualidades de un pueblo y hasta su marco teológico proceden de la experiencia del evento migratorio. En todas las grandes civilizaciones hay una historia de inmigración en sus orígenes. Unas veces real, otras mítica. Y los movimientos de personas se dan en el mundo antiguo, de forma voluntaria u obligada, a lomos de comerciantes, soldados y esclavos, siendo este por ejemplo el origen de muchas de las ciudades de la Antigüedad.

 

– Migraciones políticas, económicas y religiosas

Pero con la consolidación de los Estados modernos, el poder político comprendió todo el beneficio que podía extraer de la introducción en su territorio de poblaciones extranjeras para lograr diferentes objetivos que sobrepasasen la simple valorización económica de un territorio. El poder, cada vez mejor organizado, comenzó a usar la movilización masiva de poblaciones con motivación política. Los Estados imperialistas siempre han considerado el envío de nacionales fuera del país como uno de los medios para afirmar sus intenciones expansionistas y consolidar sus conquistas, continentales y ultramarinas, desplazando y exterminando incluso a las poblaciones nativas. Tal fue el caso de las potencias europeas embarcadas en las aventuras coloniales: envío de colonos rusos por los zares a Asia central y a Siberia, o de franceses a Canadá a través de la Compañía de Nueva Francia fundada por el cardenal Richelieu, o los ingleses a Australia. Algo parecido paso con la primera emigración de españoles a la América Hispana. En los siglos XVI y XVII la inmigración de españoles a las nuevas tierras estuvo muy regulada por el consejo de Indias, pues el nuevo continente era concebido como un bien que había que preservar, no sólo económicamente sino también moralmente y por ello se impedía el viaje a extranjeros, judíos, moriscos, gitanos, acusados de herejía… A la vez que se empezó la increíble labor evangelizadora de Iberoamérica, en la que no había barco que fuera para allá que no llevara entre su tripulación un puñado de frailes y sacerdotes.

Ese encuentro de cinco siglos, muchas veces doloroso, interesado, caótico, otras veces noble y desinteresado, alumbrará uno de los hechos históricos más novedosos y prácticamente sin paragón a esa escala en la Historia de la humanidad: El mestizaje, siendo Iberoamérica el continente más mestizo, y por otra parte con más población indígena. Los españoles y portugueses no dudaban en casarse con las indias, en las que veían seres humanos iguales a ellos. En el Oeste norteamericano hubo genocidio de indios y por eso en EEUU hoy no hay mestizaje. En Australia los ingleses se llevaban las prostitutas para no mezclarse con la población nativa. El mestizaje, con sus luces y sus sombras, es una de esas primicias de la fraternidad universal que la migración ha propiciado

La búsqueda de mano de obra esclava para las plantaciones de las posesiones coloniales en América fue el fundamento económico de la “trata de negros”. Los comerciantes y los armadores de Lisboa, Burdeos, Nantes y Liverpool llevaron a cabo esta deportación masiva, beneficiándose al máximo de tal infame tráfico entre África, América y Europa. Estas migraciones a la fuerza, desplazaron a más de once millones de personas. La travesía del Atlántico a bordo de estos navíos negreros, en condiciones espantosas, pertenece a la barbarie. Las consecuencias humanas de estas deportaciones fueron inmensas, tanto en África, como en América. Por desgracia hoy sigue vigente este tipo de inmigración de mano de obra esclava.

A lo largo de la historia, conflictos de toda índole han provocado otros tipos de migraciones forzosas: éxodos, expulsiones masivas, exilios. Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos de España, en 1492, los judíos sefardíes se fueron hacia Italia, el Imperio Otomano, Túnez y Marruecos. Las luchas que siguieron al seísmo religioso provocado por la Reforma entrañaron nuevas migraciones forzosas. En Francia, la matanza de San Bartolomé, en 1572, y la revocación del edicto de Nantes, en 1685, provocaron la salida de más de trescientos mil hugonotes hacia Holanda y Alemania; este éxodo continuó hasta Estados Unidos y Sudáfrica. Miles de centroeupoeos, irlandeses y británicos (ya vimos el Mayflower) huyeron de las persecuciones de luteranos y anglicanos. Este tipo de migraciones como consecuencia de guerras llegó a su culmen en el siglo XX. En total, más de cien millones de personas fueron obligadas a abandonar sus países debido a las dos guerras mundiales que afectaron a su historia.

Las ideologías totalitarias deportaron o expulsaron entre 50 y 60 millones de personas. La descolonización y las guerras territoriales provocadas desplazaron a más de 100 millones de personas. Con el final de la dominación inglesa sobre el subcontinente indio, la separación de la India de Pakistán provocó la salida precipitada de diecisiete millones de personas de su región de origen; más tarde, la secesión de Pakistán oriental, germen de Bangladesh, determinó, a su vez, el éxodo de entre seis y ocho millones de personas, de los que una parte se refugió en la India.

 

– España

En el caso de España, si quitamos los ires y venires de pueblos en la antigüedad y los movimientos migratorios repobladores de la meseta central entre los siglos IX y XIV, los últimos 500 años han sido predominantemente de emigración, destacando diferentes etapas. Una primera etapa, larga y muy regulada hacia el nuevo mundo entre los siglos XVI y XVIII

Una segunda gran oleada de inmigración a Iberoamérica en la segunda mitad del siglo XIX y primeros 20 años del siglo XX. Y dos grandes movimientos migratorios en el siglo XX:

-Uno de carácter político, el exilio de cientos de miles de derrotados de la guerra civil

-Otro de carácter económico en la década de los 60 predominantemente a Centroeuropa y al norte de África, muy regulado y generalmente con fecha de vuelta. Por tanto, podemos decir que, en los últimos 500 años, España (al igual que Europa en general) ha sido un país de inmigrantes. Desde hace unas décadas esta tendencia histórica se ha invertido. ¿las consecuencias? Están por ver. De momento lo que destaca el maltrato al inmigrante, pareciendo que hemos perdido nuestra memoria histórica

 

  1. PRIMICIAS DE LAS MIGRACIONES: INTERNACIONALISMO Y FRATERNIDAD

Con el surgimiento del Movimiento Obrero en la Europa decimonónica, va surgir un nuevo tipo de inmigración fruto de la persecución a la militancia obrera más comprometida. Miles de militantes obreros emigraron a Norteamérica (centro y noreuropeos) y a Iberoamérica (fundamentalmente españoles e italianos). Esta emigración de tipo político, aunque fue minoritaria en términos cuantitativos, en términos cualitativos tuvo una gran repercusión en cuanto que estos emigrantes ejercieron una importante influencia en los movimientos sociales americanos. Así, por ejemplo, la constitución del primero de mayo como día internacional del trabajo se la debemos a inmigrantes alemanes y británicos en los EEUU. La relación entre el movimiento obrero español y el iberoamericano fue una realidad histórica de transcendencia. Cada represión de militantes obreros en España suponía en el mejor de los casos la emigración a otros países. A Iberoamérica llegará un número considerable de refugiados, sobre todo libertarios. La emigración de estos militantes obreros no se efectúa de acuerdo a los patrones usuales que se dieran en los movimientos migratorios de la época. Son personas que antes de salir de España habían adquirido un compromiso político con la sociedad y el movimiento obrero y era muy difícil que accedieran a la emigración por vías regulares. Por eso lo hacían con mucha frecuencia a través de la clandestinidad. Estos obreros eran perseguidos y reprimidos por causas de sus ideas y actuaciones asociativas internacionalistas y cuando emigran no viajan solos, llevan consigo sus ideas, cultura, esperanzas, a las que difícilmente van a renunciar y menos aún si pertenecen a la clase obrera. Difundirán su Ideal por toda América

El anarcosindicalismo se va a convertir en la corriente más importante del naciente movimiento obrero iberoamericano. Distintos países iberoamericanos, como Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil. Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela, Colombia… conformar su movimiento obrero por la participación activa de inmigrantes españoles, portadores muchas veces de experiencias laborales que organizan e intentaban reproducir o adecuar a la realidad de esos países. Las Sociedades Mutualistas. de Socorro Mutuo, entidades artesanales y sociedades de oficio, corresponden a la etapa incipiente de organización del proletariado iberoamericano, cuando aún no poseían una definida conciencia de clase. Muchas de ellas surgen bajo la iniciativa de emigrantes europeos, y será el primer paso para que el movimiento obrero comience a organizarse en las llamadas Sociedades de Resistencia.

El movimiento obrero europeo había descubierto el Internacionalismo, que pronto querrán ampliarlo por toda América, Asia, África y Oceanía. De ahí que la ayuda y solidaridad internacional, por encima de fronteras, será una constante. He aquí otra de las primicias, fruto en gran medida de las migraciones, y que una vez más fueron los pobres los que lo pusieron en la mesa de la Historia: El internacionalismo fraterno.

Hoy, uno de los retos que más están haciendo zozobrar a Europa (dejando aparte la situación coyuntural de la pandemia Covid) es el asunto de los inmigrantes y refugiados, aprovechado por aquellos nacionalismo micros y macros, que pretenden una vuelta a una Europa de fronteras… y a la larga de guerra. Es verdad que la inmigración ha supuesto en la historia y supone hoy motivo de grandes desgarros, de inmensos sufrimientos injustos pagados muchísimas veces a precio de la vida. Pero no es menos cierto que las migraciones han supuesto y deben suponer ocasiones privilegiadas para el avance de la FRATERNIDAD UNIVERSAL. La inmigración como primicia de la fraternidad. La modernidad abrió las puertas a un mundo que cada vez camina con mayor velocidad hacia un proceso creciente de globalidad. los viejos anhelos de ciudadanía del mundo y fraternidad universal, sinónimos antaño de soñadores, son técnicamente una realidad cada vez más accesible. ¿Apostamos por ello?

La culpa es de los inmigrantes y de los ciclistas

Eduardo Ros Córcoles


Es una especie de chiste triste judío desde la primera guerra mundial: “la culpa de la crisis es de los judíos” dice fulano, “de los judíos y de los ciclistas” le contesta mengano, “¿de los ciclistas por qué?” dice el primero, a lo que el otro contesta “Ya…¿y de los judíos por qué?

Cuando en la Alemania de los años 30 gran parte de la sociedad se preguntaba primero “¿por qué de los ciclistas?” el desastre estaba servido. Cuando se encuentra un contagiado de COVID-19 en un asentamiento de temporeros de Albacete y estalla la situación, podríamos decir igual que “la culpa es de los inmigrantes y de los ciclistas”.

Hay un par de cosas en las que sí están de acuerdo tanto los colectivos independientes de apoyo a los inmigrantes como los partidarios de más “mano dura”, una es que esto se veía venir, que la situación de los temporeros garantizaba el contagio y que el confinamiento en esas condiciones era insostenible. La otra es el total abandono por parte de las administraciones, locales, regionales y nacionales, actuando siempre mal y tarde y sólo para apartar el problema a la jurisdicción de otro y aparentar ante su electorado.

Cualquiera que dedique un rato a estudiar el efecto económico real de la inmigración sabe que aporta mucho más de lo que cuesta. Eso lo reconocen hasta los estudios del sector bancario, uno de ellos, del Citigroup, atribuye a la inmigración un 20-30% del crecimiento de la economía europea entre 1990 y 2015 y los estudios que paga La Caixa coinciden en conclusiones con los de Cáritas y los de UGT. Es decir, que es un hecho conocido por todos nuestros representantes, díganse zurdos o diestros, que la inmigración enriquece nuestra economía, otra cosa son los problemas de convivencia que se generan por las condiciones en las que se inmigra y otra, la peor, es el querer sacar provecho partidista del miedo, los prejuicios racistas o el buenismo.

Las consignas de “mano dura” o de “acogimiento” de los distintos partidos son sólo eslóganes publicitarios para sus caladeros de votos, la política de migración viene dada por poderes que no cambian cada 4 años, se mantiene aunque cambie el color del partido que gobierne. Así el programa sobre inmigración de Vox lo está llevando a cabo en la práctica este gobierno, lo denuncian, entre otros, el informe del Defensor del Pueblo sobre las devoluciones en caliente y el manifiesto de la Comisión de Ayuda al Refugiado de febrero de este año.

Lleva razón el Director del Secretariado Diocesano de Migraciones, misionero durante años en Burkina Faso, cuando habla de los temporeros de Albacete: «A la mayoría los necesitamos… Pienso en la gente del campo, que los contrata, y se deben estar echando a temblar, pues ellos son los que recogen las patatas, las cebollas, las lechugas o los ajos porque los españoles no lo hacen. Son los que nos sacan las castañas del fuego, tanto a los cultivadores como a los consumidores».

Imagino que para jóvenes cómo los senegaleses que se presentaron hace un par de semanas en Casas Ibañez desde Tenerife porque alguien les dijo que había trabajo en el champiñón, el coronavirus, comparado con lo que han vivido, es una amenaza muy incierta y lejana, el menor de sus problemas.

“Tienen que respetar las costumbres del país que les acoge” Este es un argumento que se suele oír para referirse a lo problemas asociados a la inmigración descontrolada, totalmente de acuerdo, esto implica tanto respetar el orden público como ejercer otra de las sanas costumbres de nuestro país: la de reclamar salarios justos y condiciones de vida digna.

Criminalizar un colectivo, ya sea el de inmigrantes o el de empresarios agrícolas es hacerle el juego a quienes son realmente responsables de la violencia que generan estas situaciones. Decir cosas del estilo de “muchos empresarios, no todos, son explotadores” tiene el mismo tufillo sectario que decir “muchos emigrantes, no todos, son delincuentes” además no sirve de nada aunque las condiciones de vida de unos y otros sean incomparables. No sirve  porque la corrupción, como el virus, no distingue nacionalidad ni cantidad de melanina en la piel, entre las redes de explotación hay tanto empresarios como inmigrantes cómplices que explotan a compatriotas. Así fue en los casos que más han trascendido por llegar a los juzgados, en 2014 con rumanos en Barrax y el año pasado en La Roda, en el 2008 con moldavos en Balazote… y lo que queda.

El ser humano siempre migra de donde no hay comida ni seguridad a donde crea que las encontrará, esto lleva siendo así desde antes de Atapuerca, ningún lunático, ningún imperio ni estado lo ha evitado duraderamente, lo gestionaremos según sean los valores que predominen en la sociedad.

No tenemos que inventar nada nuevo, bastaría con recordar cómo los albaceteños iban por miles a la vendimia y a la recogida de manzana en Francia hace unos pocos años, con su contrato y su alojamiento concertado con antelación, aún con sus carencias, sus condiciones eran mucho más dignas que las de los temporeros que se han visto acorralados, unas decenas salieron a hacerse ver, armaron follón, dañaron un coche, asustaron a gente y provocaron pérdidas en negocios de hostelería, mal, pero nada comparable con el infierno que han vivido sólo para llegar aquí. En los videos que algunos medios han publicado (por cierto con un tratamiento muy sensacionalista) se puede ver a inmigrantes intentando evitar la violencia de algunos de sus compañeros y la Asociación de Inmigrantes Africanos de Albacete ha criticado claramente la agresividad de la manifestación. Los que tenemos luz y agua corriente no sólo pagamos impuestos sino que hemos dado el monopolio del uso de la fuerza a las administraciones para que doten de medios y formación a los funcionarios encargados de mantener el orden con el mayor diálogo y la menor violencia posible y no reservar las medidas policiales preventivas sólo para evitar que los hooligans destrocen la fuente del parque porque ha ganado su equipo.

Si no hemos padecido antes y con más violencia los efectos colaterales de tener malviviendo a miles de jóvenes temporeros en Albacete se lo tenemos que agradecer, entre otros, a los voluntarios del comedor de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón (Cotolengo), a los de la lavandería solidaria de Justicia y Paz, Cruz Roja y a muchos otras personas anónimas que no están en las redes sociales, están donde tienen que estar. Gracias.

Los 23 ultrarricos españoles han aumentado su fortuna en 19.200 millones de euros durante el estado de alarma

Publicado en El salto


Las personas más pobres podrían perder proporcionalmente ocho veces más renta que las más ricas. Es una de las conclusiones del informe Una reconstrucción justa y necesaria es posible, que la ONG Oxfam Intermón presenta hoy, martes 23 de junio, que propone medidas fiscales para recaudar 10.000 millones adicionales y una serie de medidas para atajar la desigualdad laboral.

Oxfam explica cómo, entre el 18 de marzo y el 4 de junio, las 23 grandes fortunas de España han visto cómo el valor de su riqueza se incrementaba en 19.200 millones de euros.

La otra cara de la moneda es el crecimiento de la pobreza derivado del impacto de la pandemia. La ONG denuncia que 700.000 personas entrarán en situación de pobreza en los próximos meses en España. El porcentaje de personas en esta situación aumentará de este modo del 21,5% antes del covid-19 al 23,1% de la población.

Baleares, Castilla y León, Aragón y Catalunya son los territorios en los que se producirá un mayor aumento relativo de las situaciones de pobreza. La cifra neta sigue mostrando a Andalucía como la comunidad con mayor número de personas en esta situación.

Oxfam Intermón calcula que el impacto del covid-19 afectará especialmente a las personas migrantes: como consecuencia de la mayor precariedad de los trabajos que ocupan, una de cada tres personas por debajo del umbral de la pobreza será nacida fuera de España como consecuencia de la crisis.

Para paliar esta situación, la organización propone medidas extraordinarias, como un impuesto temporal sobre los beneficios extraordinarios, un impuesto a las transacciones financieras “más ambicioso que el que ahora mismo se debate en el Congreso” y que las ayudas públicas a las empresas “estén condicionadas a un comportamiento fiscal responsable”.