Lo dice Julián Gómez del Castillo, un auténtico cristiano y un auténtico sindicalista. Hijo y nieto de socialistas, cuando tenía diecinueve años se convirtió, de verdad, al cristianismo, en 1943, y el mismo día que se hizo bautizar ingresó en la Juventud de Acción Católica de Santander. Tres años más tarde fundaría con otros de la HOAC y la JOC de Cantabria. Más tarde, por no desertar de su auténtico cristianismo, tuvo que luchar y sufrir. Vinieron los procesamientos, la libertad y el desencanto. En 1982 no vacila en afirmar que «la Iglesia será la única fuerza de la izquierda en el siglo XXI».
En la página 5, Julián cuenta a nuestro colaborador Eloy García cómo llegó a tal conclusión tras una vida de trabajo y apostolado. Trabajó en los Astilleros de Santander y también en la redacción del periódico «Diario Montañés». Fue presidente de «Zix» de 1964 a 1972, y luego, asesor de algunas casas de planificación industrial. Durante los últimos cuatro años ha trabajado en Central Press.
Entrevista de 1982 en el periódico «mas», editado por las Hermandades del Trabajo
Julián Gómez del Castillo, cristiano y sindicalista
«La Iglesia será la única fuerza de la izquierda en el siglo XXI»

Tiene savia de luchador. La lleva en la sangre: sus abuelos fueron socialistas; su padre, militante el PSOE y UGT, fue encarcelando en la huelga general de 1934 y murió al año siguiente. Julián Gómez del Castillo, que había nacido en Santander diez años atrás, conserva intacto el retrato de su padre, las visitas a la prisión, el sufrimiento, la muerte. Su vida quedaría marcada por el ejemplo de aquel hombre. Ocurriría, eso sí, un hecho fundamental: Julián se convertiría al cristianismo. Tenía diecinueve años cuando esto sucedió. En 1943, el mismo día que se hizo bautizar, ingresó en la Juventud de Acción Católica de Santander. Tres años más tarde fundaría, junto con otros compañeros, la HOAC y la JOC de la capital cántabra. Vendrían después los largos años de la lucha, los procesamientos, la libertad y el desencanto… Ahora, año 1982, Julián no vacila en afirmar que «la Iglesia será la única fuerza de la izquierda».
- ¿Cómo llegaste, Julián, al sindicalismo?
Fue un largo proceso. En los años cuarenta, cuando la población entera, y especialmente la clase obrera, vivía todavía sobrecogida por el recuerdo de las matanzas de la guerra civil, nació el apostolado obrero, que chocaba con la línea política del falangismo. Era el año 1946. Los que lanzamos la HOAC estábamos a favor del sindicalismo de clase y en contra del sindicalismo vertical del régimen. Potenciamos, más que el sindicalismo, las organizaciones apostólicas, de las cuales saldrían personas que actualmente están en las direcciones de UGT, CC.OO., SU, USO, etcétera. El planteamiento de clase se dio en las organizaciones apostólicas fundamen talmente por fidelidad al Evangelio. Un cristiano no puede ser amigo de dictaduras. Además, en mi caso había una tradición socialista familiar; mis abuelos y mi padre habían sido socialistas. - Como cristiano, ¿hubo algún motivo especial que te impulsó a enrolarte en las luchas sindicales de la clandestinidad?
La fidelidad a los pobres. Las organizaciones obreras clandestinas no existían. El cristianismo debe ser fiel a la promoción de los pobres y a la defensa de la dignidad humana. Ello exigía nuestra participación en las luchas clandestinas, y por ello, fui procesado en alguna ocasión. - Háblame de aquellos procesos.
Los enfrentamientos con la Policía comenzaron de joven. El primero ocurrió en Santander en 1947, cuando Joaquín Guerrera Sevilla, entonces gobernador civil y luego subsecretario, lanzó una proclama llamada «La HOAC me parece un gran error político», reproducida por toda la prensa del Movimiento, que provocó el primer enfrentamiento serio entre el régimen y la Iglesia. Yo era entonces presidente de la HOAC de Santander.
En 1949 me llevaron a comisaría por divulgar el periódico de la HOAC y me expulsaron del trabajo por participar en las luchas clandestinas. En 1959 fui procesado por pertenecer al Frente de Liberación Popular, más conocido por «Felipe», con Ignacio Fernández de Castro, Julio Cerón, etc. Entonces procesaba el Juzgado de Represión de Masonería, Contraespionaje y Comunismo, y el juez era el coronel Aymar. Del «Felipe», integrado sobre todo por militantes crisitanos, formaban parte gente como Pérez Llorca, Nicolás Sartorius, Alfonso Carlos Comín… Por cierto, Julio Cerón, hermano del político que luego sería ministro de Franco, estaba en Ginebra cuando tuvo lugar el proceso -era diplomático- y regresó a España para declararse responsable único. Yo fui defendido por Alfonso Osorio, pues nos conocíamos de Santander, donde habíamos sido compañeros de la Juventud de Acción Católica. Osorio se comportó conmigo con gran generosidad. ¡Ah!, la primera vez que los cristianos utilizaron en castellano la palabra liberación fue en el «Felipe»; luego se generalizaría en Latinoamérica.
En los años sesenta lanzamos la editorial Zix, para continuar la línea histórica de la HOAC, a la vista del cambio que imponía la jerarquía. Eso permitió que la HOAC superase la crisis de la Acción Católica en 1967. De Zix hay gente muy destacada en UGT, en el PSOE, etc. La mayor parte estamos libres de militancia.
«Las organizaciones de izquierda, burocratizadas»
- ¿Quér trayectoria seguiste como sindicalista?
Durante ocho años fui presidente de Zyx, desde su fundación hasta 1972. En 1974 lanzamos el Movimiento Obrero Autogestionario ante la inminencia de la crisis del franquismo y buscando la unión de todo el sector autogestionario de la clase obrera española. UGT y la CNT nos dijeron que nos integrásemos en sus organizaciones, por lo que nuestro intento fracasó. Por eso creamos el Colectivo Cultural Autogestionario, para desarrollar la faceta de tipo cultural de clase, e ingresamos sindicalmente en USO. En este sindicato tuvimos bastante incidencia en el congreso de Castelldefells, unidos al sector autogestionario; allí se aprobaron una serie de conclusiones, que Zaguirre se encargó de destruir al mes siguiente. De manera que algunos se marcharon a CC.OO. y otros volvimos a la acción apostólica. Creemos que en este momento, las organizaciones llamadas de clase -que no lo son- tanto políticas como sindicales están en un proceso de burocratización. Por esa razón, y por razón de fe religiosa, nos volvemos a mover en el plano apostólico, intentando la promoción militante.
La influencia de Tomás Malagón
- Tu vida ha sido agitada, no cabe duda. Pero durante todo este tiempo en que te fuiste formando como sindicalista, ¿dónde trabajabas?, ¿a quién leías?
En 1946 trabajaba en una tienda de comestibles de dependiente. En el 47 me fui a una mina a Asturias, hasta el 51. Luego trabajé de peón en los astilleros de Santander. Posteriormente pasé a la redacción del «Diario Montañés». De 1964 a 1972 fui presidente de Zix. Luego pasé a ser asesor de algunas casas de planificación industrial. Durante los últimos cuatro años he trabajado en Central Press.
¿A quiénes leíamos? Pues a todos los clásicos del movimiento obrero. Don Tomás Malagón tuvo una gran influencia en todos nosotros; él defendía la encarnación en los pobres y dio sentido cristiano a nuestra existencia. En Zix publicamos los textos de todos los clásicos del movimiento obrero tanto cristianos como marxistas y anarquistas. Fuimos los grandes divulgadores de todo esos escritos, a pesar de que Fraga y Robles Piquer nos prohibieron editar el 70 por 100 de lo que les presentamos. Bueno, y estaban, además, Tamames y Comín, que luchaban para que, en el orden de las publicaciones, no resucitaran los textos del sindicalismo revolucionario. - ¿Con qué apoyos contasteis en la jerarquía?
El único que apoyó a la HOAC y al apostolado obrero fue el cardenal primado monseñor Pla y Deniel. Los demás toleraron o desaprobaron el movimiento obrero. En cuanto a la actividad sindical clandestina, ahí no tuvimos el apoyo de nadie. Tampoco la queríamos. A mediados de los años cuarenta, el diario «Ya» se manifestó claramente contra el apostolado obrero. - ¿Existieron problemas con los obispos?
Nuestra actividad apostólica nos creó muchos problemas con la jerarquía, aunque ningún obispo se atrevió a enfrentarse con el cardenal Pla y Deniel, quien llegó a ser amenazado de muerte en los años cuarenta a causa de su defensa del apostolado obrero. El enfrentamiento más importante tuvo lugar con el actual obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos, en los años sesenta, durante la crisis de la Acción Católica. Entonces, claro, ya había muerto el cardenal de Toledo.
Los cristianos y el cambio
- ¿Cómo valoras tú la aportación de los sindicalistas cristianos al cambio del país y, especialmente, a la implantación de la libertad sindical?
Sin fanfarronería y sin incienso te diría: hay dirigentes de UGT y de CC.OO. que confiesan sin ningún escrúpulo la talla militante de los cristianos afiliados a los distintos sindicatos, muchos de los cuales ocupan puestos de responsabilidad en el SU, UGT, CC.OO., etc. Esta es una nota nueva de los sindicatos cristianos; el pluralismo sindical es un hecho irreversible. Algunos encuentran un sectarismo antirreligioso y, a pesar de eso, han llegado muy lejos. Hasta Felipe González es hijo de la JEC, de la cual fue dirigente en Sevilla.
La aportación, por lo tanto, fue de primera categoría. No se puede escribir la historia de las organizaciones apostólicas obreras y estudiantiles. Comisiones Obreras, por ejemplo, no existiría. Tanto en el campo político como en el sindical, la aportación fue decisiva. - ¿Cuándo comenzasteis esta actividad sindical?
En los años cuarenta, a pesar de que Santiago Carrillo diga que en los sesenta. Fue en los cuarenta, cuando el PCE aún no había abandonado la estrategia de la guerrilla y el PSOE estaba de vacaciones o participando en algunos núcleos guerrilleros del norte de España.
Sindicatos burocratizados
- Ahora permaneces alejado del sindicalismo. ¿Estás cansado, desencantado?
He abandonado la actividad sindical porque los sindicatos se han convertido en aparatos burocráticos, cosa lógica en una sociedad neocapitalista. Yo para eso no trabajaré nunca. Eso me ha llevado a que mi vida militante se desarrolle exclusivamente en el terreno apostólico, porque entiendo que la Iglesia será la única fuerza de la izquierda en el siglo XXI. Hemos creado un movimiento cultural y cristiano, cuyo objetivo es relanzar el apostolado laico en la Iglesia española. - ¿Qué errores crees que han cometido los sindicatos durante la transición?
Primero, el sectarismo de la CNT histórica, que ha impedido la resurrección del sindicalismo autogestionario. El segundo, no haber tenido el mínimo de solidaridad necesaria para que el patrimonio obrero no se rompiera, lo que ha llevado a UGT y a CC.OO. a mendigar del Gobierno unos cuantos millones de pesetas. El tercero, haber aceptado la hegemonía de los partidos políticos sobre las centrales sindicales. Y el cuarto, el proceso de burocratización, que produce la anulación de la militancia obrera. - ¿Cómo crees que los sindicatos defienden los intereses de los trabajadores?
En la medida en que la política de defensa de los intereses obreros concuerda con la de los partidos políticos que los dirigen. - ¿Por qué hay tan poca afiliación?
Por una parte, debido a la falta de autenticidad, y por otra, a cuarenta años de despolitización llevada a cabo por el general Franco. - ¿Qué modelo sindical desearías para nuestro país?
Un sindicalismo autogestionario. Creo que la sociedad va hacia la autogestión y que el neocapitalismo ha metido al mundo en un callejón sin más salida que la autogestión. He defendido la autogestión en la clandestinidad y también ahora, porque me parece una solución para los países socialistas y también para los capitalistas. - ¿Por qué USO no pudo hacer realidad ese modelo sindical?
Porque USO, como todos los sindicatos españoles, no está dirigida por sindicalistas. El sindicalismo después de Franco está dirigido por personas que sirven a los partidos políticos desde los aparatos sindicales. - Para terminar, Julián, ¿qué sindicalistas recuerdas de los años de la clandestinidad?
Más que sindicalistas recuerdo a militantes critianos. Recordaría a Guillermo Rovirosa, Ramón Quitanilla, Benigno Ortiz…, por no hablar más que de hombres muertos.
Eloy GARCÍA DÍAZ
«El sindicalismo después de Franco está dirigido por personas que sirven a los partidos políticos desde los aparatos sindicales». «Los errores de la transición: el sectarismo de la CNT, no haber tenido el mínimo de solidaridad para que no se rompiera el patrimonio obrero, haber aceptado la hegemonía de los partidos políticos sobre las centrales sindicales y el proceso de burocratización». «La autogestión, solución para los países socialistas y para los capitalistas». «El planteamiento de clase se dio en las organizaciones apostólicas fundamentalmente por fidelidad al Evangelio». «El cristianismo debe ser fiel a la promoción de los pobres y a la defensa de la dignidad humana».


Imágenes procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional de España.





