Julian Gómez del Castillo en Honduras

Julián, ahora más que nunca

Rodrigo Lastra

Julián Gómez del Castillo. (Santander 1923- Madrid 2006): Hijo del movimiento obrero. Es decir, hijo de Francisco y Lola. Su padre tipógrafo, como su abuelo, de los que habían fundado el PSOE en Asturias y Cantabria. Su madre, inmigrante castellana huérfana. Su padre, militante obrero socialista, muere en la huelga revolucionarias de 1934. Julián militó desde muy temprano en las Juventudes Socialistas. Aprendió desde la cuna el gran valor que la cultura y la formación tenían para los que durante generaciones y generaciones habían estado privados de ellas.

A 18 años, y tras un proceso de conversión, se bautizará cristiano. El amor al Ideal cobró una nueva dimensión al descubrir la fe y encontrarse con el Cristo de los evangelios. Descubrió al Jesús que está con los pobres y la necesidad de tender puentes entre la Iglesia y el mundo obrero, realidades que en las últimas décadas habían sufrido grandes desencuentros. Eso le llevará a formar parte del grupo fundador de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) en 1946, junto a Guillermo Rovirosa y un puñado de militantes obreros conversos que habían militado en el socialismo, en el anarcosindicalismo y en el marxismo. En 1963 fundará la editorial ZYX (cuyas siglas, las últimas letras del alfabeto, eran una declarada intención del compromiso con los últimos). En 1975 se embarca el Movimiento Obrero Autogestionario (con su breve paso por Unión Sindical Obrera e intensos diálogos con el mundo libertario). En 1980, junto a un puñado de amigos, funda el Movimiento Cultural Cristiano, y en 2004 el partido Solidaridad y Autogestión Internacionalista. Siempre queriendo dialogar y tender puentes en la construcción de un mundo más fraterno. Falleció el 29 de octubre de 2006

Conocí a Julián Gómez del Castillo hace ahora unos 25 años. Fue en la casa de un matrimonio amigo, en la cocina, a la hora del café, de un piso en Valladolid. Ese día Javi y Ana me hicieron uno de los regalos más preciosos que me han hecho en la vida: presentarme a un apóstol, conocer a Julián. Yo tenía 19 años, y apenas llevaba 2 estudiando la carrera de medicina. No seas como esos médicos que son como perros, que sólo van donde van las perras fue lo primero que me dijo, y me puso como ejemplo aquel médico granadino de principios del S.XX, que cobraba a los ricos, mientras a los gitanos que vivían en las cuevas del Albaicín les dejaba billetes debajo de la almohada. Fue la primera lección, de las tantas que aprendí de Julián. Puedes ser fontanero, albañil, maestro, ingeniero, pintor, medico… pero SE SOLIDARIO. La Vida Solidaria lo fue todo para él. Lo más importante para la vida militante es la Solidaridad. Y la única razón para la vida solidaria es Dios. Este es el legado más importante que nos ha dejado Julián.

A los pocos meses hicimos con él, el cursillo de conversión. Recuerdo que, al finalizar el curso, Raquel me dijo que había tenido la sensación de haber conocido a un santo. Desde aquel día, siempre he tenido esa convicción. Y desde aquel día hasta hoy, no dudamos en embarcar nuestra vida con aquella pandilla de locos, de amigos, de enamorados de Jesús, de los pobres y de la Iglesia… que era el Movimiento Cultural Cristiano y ahora es Encuentro y Solidaridad. Tras años de búsqueda, nos encontramos con la militancia cristiana: Permanentes en la oración, permanentes en la lucha. Esa era la propuesta que nos hacía la Iglesia a través de Julián.

Julián, un referente para los jóvenes

Por nuestra juventud, conocimos a Julián en la última etapa de su vida. Aún fumaba, y a pesar de sus setenta y pocos años trasmitía una fuerza, una fe, una esperanza… que a Raquel y a mí, nos cambio la vida. Julian es de aquellas personas, que a medida que le conoces más de cerca, más grande te parece su figura. Más te cuestionaba su vida pobre y entregada. Más te sentías amado, con ese amor exigente que el derrochaba. Como muchos otros, guardaré para siempre en mi corazón, como tesoros, ciertos momentos de amor entrañable que el tuvo para con nosotros. Cuantas más cosas tengamos, menos espíritu de oración. Las cosas nos acaban poseyendo. Entregar tiempo, entregar cosas materiales, entregar la vida…

Años más tarde, y por mi condición de médico, tuve la gracia de poder estar cerca de él en los últimos meses de su vida. Tengo todavía muy fresco el día que me tocó decirle que tenía un cáncer de pulmón extendido a los huesos. Trini le cogió la mano, y le dijo: Ahora Julián, a abrazarnos a la Cruz. Él le contestó: Así sea, lo que Dios quiera. Uno de los allí presente dijo, lo que yo también pensaba: Bueno Julián, lo que Dios quiera, pero también lo que los médicos digan. – ¡No! Contestó Julián– Lo que Dios quiera y punto! Dio un abrazo a su mujer y rezamos un padrenuestro. Así vivió Julián hasta el último día de su vida el Hágase tu voluntad de la oración que Jesús nos enseño. Su vida fue un Padre Nuestro continuo.

Militancia en Zaragoza

Fue él quién impulsó a un grupo de militantes a comenzar a venir a Zaragoza. Fue quien nos hizo el mejor regalo de bodas, animarnos a venir a la capital aragonesa a continuar la tarea apostólica. Ha sido quien nos ha hecho volver muestra mirada a los pobres de la tierra, conocer y tener la gracia de continuar el movimiento de liberación de los empobrecidos. En él hemos descubierto vitalmente la historia de los pobres. Conocerle ha sido conocer a un Apóstol de la Iglesia, a un militante obrero de coraza dura y corazón encogido por el dolor de los últimos de la Tierra.

Fuerte con los poderosos, humilde con los débiles, implacable con los que humillan a los pobres. Los pobres son sacramento del Señor, y por tanto lugar de encuentro del hombre con Dios. Por eso el movimiento obrero fue solidario cuando se acercó a los pobres-sacramento. En el movimiento obrero se vivía la Solidaridad, no como héroes, sino como su forma de vivir. Recuerdo una larga conversación por los muelles de Santander sobre militantes obreros. Quintanilla, Besteiro (a quien Julián debía su nombre), Seguí, Mera, Saborit, Alonso, Abad de Santillán… Salí sobrecogido. Historia viva legándonos un patrimonio, del cual Julián era uno de los últimos eslabones de esa cadena que se nos trasmitía.

Cuando a los jóvenes se nos planteaba alguna dificultad, él siempre nos decía lo primero mirad a ver como lo han resuelto otros antes que vosotros. No hay problema o experiencia humana, que, en su sentido más profundo, no se hayan planteado antes nuestros antecesores… y que no hubiera resuelto, incluido los pobres. Esa era su pasión por la Historia de los pobres, por la Historia de la Iglesia que nos transmitió a muchos.

Promoción de Cultura Solidaria

Nos preguntaba, con aquellas cuestiones que lanzaba y te hacían pensar una semana entera, Para los empobrecidos que es más importante ¿Poner un puesto de publicaciones solidarias, o mandar un millón de pesetas al Tercer Mundo? La contestación nos la daba con su ejemplo, quien más cultura había editado y difundido en la segunda mitad del S. XX en España. Miles de personas han conocido el movimiento obrero, a Helder Cámara, a Pestaña, a Proudhon…, por Julián. El Tú, El Boletín, ZYX, Voz de los sin Voz… miles de títulos diferentes publicados, millones de semillas de esperanza sembradas por todo el mundo.

Un 29 de octubre, hace ahora 14 años, cuando recibí la llamada que me comunicaba el fallecimiento de Julián, estaba llegando a Zaragoza donde íbamos a poner un puesto con libros en la parroquia de San Andrés. Llamé a Raquel, y hablamos de suspenderlo.Pero nos acordamos de sus palabras, y pusimos el puesto. Ese fue nuestro pequeño homenaje. Sí, el largo camino de la cultura de solidaridad, es más importante y necesario para los empobrecidos, que darles 6.000 euros. Esa fue la manera de Julián de luchar contra el asistencialismo que castraba la promoción de los pobres.

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