Palabras de Julián Gómez del Castillo a Heleno Saña
Desde que Jesús dijo “lo que hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis” todo problema humano pasa a ser para el creyente, un problema religioso, y que por otra parte, el cristianismo exige la encarnación en los problemas de los hermanos, que son todos los hombres, hasta dar la vida a fondo perdido, en realización de que amaremos al otro más que a nosotros mismos, creo que sigue siendo hoy, lo ha sido hasta hoy, y lo será siempre, el problema religioso el gran problema de la humanidad.
Sobre las motivaciones para la lucha, además de considerar lo anterior, que lo creo fundamental, debo decirte que, supuesta la fe en Jesucristo, sabemos que Él está en todos los hombres, pero de forma especial en el oprimido, lo que exige del creyente la liberación de toda opresión para todos los hombres. Nuestro Dios se hace impotente en los pobres hambrientos, en los presos, en los explotados, humillados, etc. para que nosotros hagamos de la lucha por la justicia la única razón fundamental de nuestra fe y de nuestra vida. Y de una Justicia con mayúscula, que quiere decir que, cuando no me conviene existencialmente, también hay que construirla. Por eso vemos en cualquier luchador por la justicia, una gracia de Dios, sea o no sea creyente. Sólo la Justicia construye el Reino de Dios.
No somos continuadores de la militancia obrera del siglo XIX. Somos continuadores de todos los luchadores por la justicia de todos los tiempos. Y no acepto eso de que los cristianos no lucharan en el siglo XIX. Cierto que lo representativo externo de la Iglesia, especialmente a partir de mediados del siglo XIX, tomó posturas reaccionarias. Pero tú y yo no miramos la realidad social por la exterioridad de los magnates, sino por la profundidad de la acción militante, con especial atención al quehacer con los oprimidos. Y entre esos hubo muchos cristianos. Sólo quiero recordar hoy que cristiano fue el padre de la norma ética del socialismo: “dé cada uno según sus posibilidades, reciba cada uno según sus necesidades”. Está por escribirse toda la historia del societarismo obrero desde el comienzo del industrialismo hasta el cuarenta del siglo XIX, pero se puede decir que nunca, desde hace veinte siglos, hemos estado los cristianos ausentes de las luchas de liberación, aunque también es justo decir que también desde el principio existió Judas y seguimos existiendo. Otra cosa es que, como ahora, las más importantes batallas de liberación en el mundo, las promuevan cristianos. Países socialistas y latinoamericanos.
Pienso que el movimiento obrero del siglo XIX no nació ateo, se le hizo ateo desde fuera: desde Marx al escándalo de los cristianos poderosos. Pero que había amplios sectores de cristianos, baste recordar que el aniversario del primer sindicato español se celebró con una misa. Otro día hablaremos de esta apasionante realidad que es la Iglesia, sin orillar su parte negra y sin negar su permanente servicio a la humanidad simultáneamente. Bien sabes que no tengo ningún complejo de mi fe en Jesucristo y en su Iglesia. Los acepté de mayor, libremente, con todas las consecuencias y con todo sentido crítico.
Y, por último, un ruego de amigo. Nunca pienses que el cristianismo es para héroes. No es así, ni ahora, ni nunca. El cristianismo ha sido, es y será para los que siendo canallas no queremos serlo y necesitamos al amigo Jesús para no serlo.
Tu carta nos acercará más hacia esa amistad en la que creemos y que es dar la vida por el amigo.
Cordialmente Julián.





