Houellebecq: “Una civilización que legaliza la eutanasia pierde todo derecho al respeto”

Fuente: lacontroversia.com

El jueves 8 de abril se ha debatido en la Asamblea Nacional de Francia un proyecto de ley para la legalización del suicidio asistido, práctica que entrará en vigor en España dentro de tres meses, tras su aprobación el pasado 18 de marzo. En una columna publicada en Le Figaro , el escritor Michel Houellebecq ha roto su silencio habitual para pronunciarse al respecto.

Proposición 1, escribe Houellebecq: “Nadie quiere morir. Generalmente preferimos una vida disminuida a ninguna vida porque todavía quedan pequeñas alegrías. Y se pregunta: ¿No hay acaso otras alegrías además de las pequeñas alegrías (valdría la pena profundizar en ellas)?

Proposición 2, añade: nadie quiere sufrir físicamente. El sufrimiento moral tiene sus encantos, podemos convertirlo en un material estético del que no me he visto privado. El sufrimiento físico no es más que un infierno sin interés. Casi todo el mundo, ante una alternativa entre el sufrimiento insostenible y la muerte, elige la muerte

Houellebecq añade una tercera proposición, la más importante: podemos eliminar el sufrimiento físico. La omisión de estas tres observaciones, según el autor, explica que hasta el 96% de los franceses se declare favorable a la legalización de la eutanasia: El 96% de las personas entiende que se les hace la pregunta: ¿Preferirías que te ayudaran a morir o pasar el resto de tu vida en un sufrimiento terrible? 

Apuntes sobre la dignidad humana

El escritor francés objeta también la concecpción de “compasión” y “dignidad” esgrimida por los partidarios del suicidio asistido: Los defensores de la eutanasia hacen gárgaras con palabras cuyo significado desconocen hasta tal punto que ya ni siquiera deberían tener derecho a pronunciarlas. En el caso de la “compasión”, la mentira es palpable. En lo que respecta a la “dignidad”, es más insidiosa. Nos hemos desviado seriamente de la definición kantiana de dignidad sustituyendo gradualmente el ser físico por el ser moral (¿negando la noción misma de ser moral?), sustituyendo la capacidad plenamente humana de actuar en obediencia al imperativo categórico por la concepción más animal y plana de la salud, que se ha convertido en una suerte de condición de posibilidad de la dignidad humana, hasta representar finalmente su único sentido verdadero.

En este sentido, añade con el sarcasmo que caracteriza sus textos, a lo largo de mi vida, apenas tuve la impresión de mostrar una dignidad excepcional; y no creo que vaya a mejorar. Terminaré de perder mi cabello y mis dientes, mis pulmones comenzarán a desmoronarse. Me volveré más o menos indefenso, tal vez impotente, tal vez ciego. Después de un tiempo, una vez alcanzada una cierta etapa de degradación física, inevitablemente terminaré diciéndome (aún feliz si no me lo señalan) que ya no tengo ninguna dignidad.

Si reducimos la dignidad humana a una cuestión relacionada necesariamente con el nivel de deterioro físico, Houellebecq sostiene que entonces podemos vivir muy bien sin ella. Y añade: Por otro lado, todos tenemos más o menos necesidad de sentirnos necesitados o amados; o al menos estimados, incluso admirados -en mi caso es posible-. También esto podemos perderlo, es cierto; pero no hay mucho que se pueda hacer; los demás juegan un papel muy decisivo en este sentido. Yo me veo pidiendo morir sólo con la esperanza de que me respondan: “No, no, quédate con nosotros”. La conclusión, me temo, es obvia: soy un ser humano absolutamente desprovisto de toda dignidad.

La sumisión a las leyes de la República

Tras hacer algunas objeciones a la exposición de motivos del proyecto de ley y a las razones económicas que podrían contribuir a su aprobación -señala el alto costo de mantenimiento de las personas de edad avanzada-, escribe:

Los católicos resistirán lo mejor que puedan, pero es triste decirlo, nos hemos acostumbrado más o menos a que los católicos pierden cada vez. Los musulmanes y los judíos piensan sobre este tema, como sobre muchos otros temas llamados “sociales” (palabra fea), exactamente igual que los católicos; los medios de comunicación son generalmente muy buenos para encubrirlo

Pero no sólo las tres grandes religiones monoteístas condenan esta práctica. Houellebecq señala que, para los budistas, la agonía es un momento particularmente importante en la vida de un hombre, porque le ofrece una última oportunidad para liberarse del ciclo de encarnaciones: Cualquier interrupción anticipada de la agonía es, por tanto, un acto francamente criminal; desafortunadamente, los budistas no intervienen mucho en el debate público.

Sobre el honor de una civilización

El escritor añade: Quedan los médicos, en los que tenía pocas esperanzas, sin duda porque no los conocía bien, pero es innegable que algunos de ellos se resisten, se niegan obstinadamente a matar a sus pacientes, y ellos pueden seguir siendo la última barrera. No sé de dónde viene este coraje, tal vez sea solo el respeto del juramento de Hipócrates: “No le daré a nadie veneno si me lo pide”.

Finalmente, Houellebecq sostiene que no se trata sólo de una pelea por el honor de una civilización: Lo que está en juego es otra cosa muy distinta, antropológicamente se trata de una cuestión de vida o muerte. Aquí tendré que ser muy explícito: cuando un país – una sociedad, una civilización – llega a legalizar la eutanasia, pierde a mis ojos todo derecho al respeto. Por tanto, no sólo resulta legítimo, sino deseable, destruirlo; para que algo más, otro país, otra sociedad, otra civilización, tenga la oportunidad de suceder.

La mayoría de quienes piden la eutanasia quieren que se acabe con su dolor y que no les traten como una carga

Margarita Saldaña, autora del libro ‘Cuidar’, reflexiona acerca de la importancia de acompañar a los enfermos: “Uno de los aprendizajes de la pandemia es que todas las personas somos susceptibles de enfermar y que también somos capaces de cuidar”.

Fuente: Vida Nueva digital

Margarita Saldaña es una de esas personas que, desde cuidados paliativos, viven cada día con el sufrimiento de muchas personas. Hace unos años vivió, a través de su acompañamiento a Andrea, una auténtica aventura que más tarde reflejaría en el libro ‘Cuidar’ (PPC). Ahora, con la ley de la eutanasia recién aprobada en España, reflexiona con Vida Nueva sobre la importancia de los cuidados y de ayudar al enfermo a devolverle el sentido a su vida, sean cuales sean las circunstancias.

PREGUNTA.- Se cumplen tres años del fallecimiento de Andrea, protagonista de ‘Cuidar’. Supongo que se entremezclan los sentimientos de nostalgia, de paz por haberla podido acompañar en la última etapa de su vida…

RESPUESTA.- Los aniversarios son siempre ocasiones propicias para releer lo vivido. Con el paso del tiempo, se va produciendo un decantado natural de la experiencia. Siempre queda un fondo de nostalgia y de ausencia, pero lo que emerge ahora con gran dinamismo es el agradecimiento por la aventura que vivimos juntas.

P.- En su libro ‘Cuidar’ define los cuidados como una aventura, ¿por qué? ¿En qué consiste exactamente cuidar de alguien?

R.- ¡Cuidar no es una ciencia exacta! Es todo lo contrario: una aventura en la que corremos ciertos riesgos y descubrimos maravillosos paisajes. Es también, me gusta decir, una “buena aventura”, una “bienaventuranza”: felices los que cuidan, porque se adentrarán en las entrañas de lo humano.

P.- El Papa habla muchas veces de no caer en la ‘cultura del descarte’. ¿Qué puede aprender de los ancianos y los enfermos una sociedad que muchas veces les “descarta”?

R.- Efectivamente, estamos construyendo una sociedad tan basada en la eficiencia que niega el valor de todo aquello que “no sirve para nada”, incluidas las personas. Los ancianos y enfermos, con su sola presencia, desenmascaran estas claves que nos deshumanizan gravemente, y nos invitan a descifrar la dignidad humana, grabada de manera inalienable en cuerpos a veces muy quebrados.

Cuidados que dan sentido

P.- ¿Somos conscientes de que todos necesitaremos ser cuidados o vivimos obviando esta realidad?

R.- Hasta ahora, hemos vivido como si no fuéramos a morir, pero un virus que mide una diezmilésima de milímetro ha puesto de manifiesto nuestra realidad vulnerable. Uno de los aprendizajes que nos deja la pandemia es que todas las personas somos susceptibles de enfermar y que también somos capaces de cuidar.

P.- Parece que, como sociedad, tendemos inconscientemente a adjudicar los cuidados a las mujeres de las familias. ¿Es algo que debemos asumir entre todos?

R.- Cuidar ha sido hasta tiempos bien recientes una labor realizada en casa, y el espacio doméstico ha estado tradicionalmente atribuido a la mujer. Sin embargo, todas y todos somos responsables de hacernos cargo de la vida, no solo de transmitirla a nuestros hijos sino también de acompañarla hasta el final. Cuidar no es una cuestión de género, sino de inteligencia, de entrañas y de convicción.

P.- Usted trabaja actualmente en cuidados paliativos. Desde su experiencia, ¿piensa que se puede, a través de los cuidados, ayudar a que el anciano o el enfermo vuelva a encontrar sentido a su vida? 

R.- Todos los días acompaño a personas que, cuando dicen que quieren morir, lo que en realidad dicen es: quiero existir para alguien, quiero seguir siendo útil, quiero que mi dolor físico sea controlado… Es más rápido y más barato para una sociedad legalizar la muerte que acompañar a una persona a descubrir nuevos cauces de sentido para su vida, pero se puede… En eso consiste quizá, finalmente, el arte de cuidar…

P.- ¿Qué ha sentido cuando en estos días ha visto que el Congreso aprobaba la ley de eutanasia?

R.- En primer lugar, un gran enfado por las circunstancias en las que se ha tomado una decisión tan grave: en plena crisis, sin un debate social de calado y en medio de una gran desinformación. Siento que fracasamos como sociedad cuando creemos que legalizar la muerte es un signo de progreso. Lo verdaderamente progresista es apostar por la vida y poner a su servicio todos los recursos necesarios. Trabajando en cuidados paliativos, me sobran los dedos de una sola mano para contar las personas que han llegado pidiendo la eutanasia por motivos filosóficos; la mayoría de la gente que desea “la inyección”, en realidad está pidiendo que controlen sus dolores y que no la traten como una carga para su familia y para la sociedad.

Luis Argüello - Ley de eutanasia

Mons. Argüello ante la aprobación de la ley de la eutanasia

Ante la aprobación de la Ley de la eutanasia en el Congreso de los Diputados, el secretario general de la CEE Mons. Luis Argüello ha manifestado los siguientes puntos:

La aprobación de la ley de eutanasia esta mañana en el Congreso de los Diputados y así ya de manera definitiva en las Cortes Generales, es una mala noticia. Desgraciadamente se ha buscado la solución de evitar el sufrimiento, provocando la muerte de quien sufre.

Eutanasia: 60.000 personas afectadas

Es dramático que en España haya 60.000 personas cada año que mueren con sufrimiento, pudiéndose remediar con una política adecuada de cuidados paliativos. Pero para eso, pensamos que este es un momento en favor de promover una cultura de la vida y de dar pasos concretos promoviendo un testamento vital o de declaraciones anticipadas que haga posible que los ciudadanos españoles manifiesten de una manera clara y determinada su deseo de recibir cuidados paliativos.

Su deseo de no ser objeto de la aplicación de esta ley de eutanasia, es un momento también para promover la objeción de conciencia y para promover todo aquello que tenga que ver con esta cultura de la vida que quiere tener una línea roja diciendo con fuerza: «no matarás, no provocarás de manera decidida la muerte para aliviar el sufrimiento, sino al contrario, cuidarás, practicarás la ternura, la cercanía, la misericordia, el ánimo, la esperanza para aquellas personas que se encuentran en el tramo final de su existencia, quizás en momentos de sufrimiento que necesitan consuelo, cuidado y esperanza».

La ley de eutanasía, ¿una conquista social?

Cristina Casanova, enfermera de atención primaria.

Hace dos días leía en la editorial de un periódico de tirada nacional que la aprobación de la ley de eutanasia “vuelve a situar a España en el grupo de cabeza de las conquistas sociales”.

Porque me considero una persona de izquierdas me chirría la argumentación en favor de la ley de eutanasia como de un gran avance social y la gran mentira de comparar eutanasia con muerte digna.

¿A qué llamamos avance social? Solo recordar algunos datos del informe que presentó  el relator de la ONU para la pobreza tras visitar España en febrero: “en España hay familias que tienen un dilema: o poner la calefacción o comprar comida”, “la alarmante pobreza que alcanza al 26% de los españoles”, “los alquileres de vivienda son cada vez más altos y los desahucios se han disparado en los últimos años“,  “España no ha invertido en vivienda social o ha vendido la que tenía”, “una de las medidas más urgentes que deben afrontar los políticos es regular los precios de los alquileres en las grandes ciudades”.

Y si esto era así a principios de año, ¿cómo será ahora en plena pandemia por covid?  Se ha disparado la pobreza energética hasta su máximo histórico: 1,3 M de hogares; en los meses de abril, mayo y junio hubo 1.383 ejecuciones de desahucio en España, lo que da una media de 21 diarios; han aumentado las depresiones y el consumo de sicofármacos. ¿Realmente la eutanasia es de un gran avance social?

Por mi experiencia laboral como enfermera veo la soledad con la que sobrellevan la enfermedad muchísimas personas mayores, sin llegar las ayudas de la Ley de Dependencia, sin llegarles unos cuidados paliativos necesarios para que su enfermedad pueda ser más llevadera y sin dolor, en casas pequeñas o sin ascensor que les permita salir a dar un paseo o relacionarse con otros o tomar algo de sol y hacer una pequeña comprar  o con hijos con unos horarios laborales que no permiten compaginar el cuidado ¡esta es la gran mentira comparar eutanasia con muerte digna! Y digo yo ¿quién no quiere morir con muerte digna? Aquello que define una “muerte digna” morir acompañado por tus seres queridos y morir sin dolor, cuidado y en un lugar confortable ¿cuántas personas van a poder morir dignamente con esta situación social que arrastramos?

Tengan la decencia de no engañarnos.

El fracaso de la eutanasia

Jorge Lara

Cuando lean este artículo es probable que el Congreso de los Diputados de España haya aprobado la Ley Orgánica de regulación de la eutanasia, un fracaso más de la sociedad. O, desde otro punto de vista, una victoria más de la cultura de muerte, que en España se suma a la ley del aborto, a la insolidaridad con los refugiados e inmigrantes, a la pobreza severa, a los muertos por accidentes laborales, por suicidio, a las víctimas de violencia y maltrato, a los muertos en las guerras con armas que fabricamos aquí… Pero el marketing de la cultura de muerte está bien estudiado y tiene la habilidad de presentar estos ataques a la vida y a la dignidad de la persona con argumentos de lo más razonables: bajo capa de bien.

Vamos a centrarnos en este artículo en el marketing de la eutanasia, que empieza por su propio nombre, ya que han conseguido colar como “buena muerte” lo que no es más que un suicidio asistido, y, en no pocas ocasiones, una limpieza eugenésica de ancianos, enfermos, y discapacitados; e incluso se abre (o se abrirá como en otros países) la puerta a que cualquier sufrimiento lleve al sufriente a buscar la solución “fácil” de quitarse de en medio.

Como en el caso del aborto, la eutanasia busca casos mediáticos, dolorosos, que generan una suerte de empatía y comprensión. Porque son casos extremos en los que parece que no hay otra solución, como cuando en las películas vemos que un caballo se rompe una pata y lo mejor para que no sufra es pegarle un tiro, o cuando un soldado o aventurero también cae herido o prisionero y va a ser objeto de torturas insufribles y el protagonista compasivamente le evita ese trance, sintiéndolo mucho eso sí. Efectivamente, de alguna forma se nos ha ido colando esa falsa compasión y esa sensación de inevitabilidad inexorable, de que ya no hay otra alternativa. Se nos ha generado, en definitiva, impotencia.

También se nos ha generado un falso respeto a la decisión de los demás, desde un individualismo atroz. Tenemos que respetar a los demás hasta cuando se equivocan, porque nada hay por encima de la sacrosanta autonomía de la voluntad. Aun cuando otros viéramos que sí hay alternativa, si el directamente implicado no lo ve así, se construye un derecho absoluto a decidir en absoluta soledad sin tener en cuenta más que unos sentimientos y emociones que evidentemente existen pero que no deberían ser la única fuente de decisión. En esa clave, la única ayuda que se les puede ofrecer a esas personas es la de dejarlas o ayudarlas a ejecutar el error, no se les puede contradecir. Porque su “verdad” no admite que entre todos se pueda alcanzar una verdad mayor donde no entren sólo algunos sentimientos y emociones, sino otros de sentido contrario además de la razón e incluso la trascendencia. Pero, es probablemente ese abandono a la soledad de la verdad individualista el que impida al individuo descubrir que hay otra verdad más allá de sí mismo, más allá incluso de su sufrimiento. “¡Ay del solo, caerá y no habrá quien le ayude a levantarse! Pero todo sea en pro del relativismo ético. La exministra de Sanidad Luisa Carcedo, diputada socialista ha declarado que esta ley “No es para el que quiere vivir, es para aquel que considera que el dolor le resulta insoportable, que considera que no tiene vida”, es decir puro subjetivismo, notemos que repite dos veces “que considera”. Se nos genera, por tanto, una concepción y una forma de entender la vida asilada, autosuficiente, autorreferencial, en definitiva, individualismo.

En el marketing del proyecto de ley lógicamente se pone muchísimo el acento en que es para supuestos muy concretos y con todas las garantías: que lo van a informar previamente dos médicos, con unos plazos, que si se deniega podrá verlo una comisión (al contrario parece que no)… Afirma la ley que se le darán alternativas, y entre ellas los cuidados paliativos, pero, sin embargo, en España todavía no hay una ley general de cuidados paliativos ni recursos suficientes para garantizarlos a todos los que lo necesitan. ¿Cómo van a ser una alternativa entonces? ¿Si hubiera esos recursos, se habrían dado algunos de los recientes casos más mediáticos? Esos casos precisamente demostraban que habían llegado a pedir la eutanasia porque llevaban meses, incluso años, sin recibir la atención que necesitaban. La realidad triste parece que va a ser que para recibir ayudas a la dependencia y a cuidados paliativos pueden pasar meses, y, sin embargo, la autorización para practicar la eutanasia se va a conseguir en un mes según la ley. ¿Se puede defender así que hay igualdad en las alternativas y verdadera capacidad y derecho de elección? Es comprensible en la estrategia pro-eutanasia que la ley aparente ser muy garantista. Lo importante es generar esa sensación de seguridad jurídica para limar y eliminar reparos y objeciones: “no es para tanto”, va a estar todo muy regulado y vigilado, incluso en los centros privados que también podrán realizar esa “ayuda para morir”. La intención taimada parece clara: una vez que se reconozca como ley ya habrá tiempo para relajar la aplicación, como sucedió con la ley del aborto. Y más adelante, reformar la ley para ampliarla y “mejorarla”. En definitiva, un lobo con piel de cordero, con esta ley se nos genera una falsa sensación de seguridad.

Se podría profundizar mucho más, pero para este artículo puede ser suficiente con fijarnos en esos tres ingredientes que venimos esbozando: impotencia, individualismo y seguridad. Nos hacen vernos impotentes ante el dolor, el sufrimiento y la muerte, y además los afrontamos en soledad, por lo tanto, no vemos otra salida, y ya que no vemos otra salida, que nos aseguren que cuando la tomemos el proceso sea rápido y “compasivo”. Un gran fracaso, porque sí hay otras salidas.

Frente a la impotencia que genera el dolor, el sufrimiento, una muerte más o menos inminente, hay que constatar que la inmensísima mayoría de los enfermos incurables, crónicos o de los que tienen graves discapacidades quieren seguir viviendo, y sus familiares también. Pregunten a los oncólogos cuántos pacientes les han pedido la eutanasia; pregunten a los enfermos, pregunten a personas valientes con enfermedades gravísimas como la ELA. Ahí tenemos el ejemplo (por poner uno) de Jordi Sabaté Pons que ha animado a participar en la campaña #mueveundedoporlavida. No hay impotencia, hay una potencia inmensa de la vida capaz de superar y encontrar sentido en las situaciones más difíciles. ¿Por qué no empeñarnos en que quienes no tienen desarrollado ese potencial lo puedan hacer? No hay enfermos incuidables aunque sean incurables decía una de las notas de la Conferencia Episcopal.

Frente al individualismo que está detrás del falso respeto al derecho individual, conciencia social del derecho y deber de cuidados. Que nadie se sienta solo, que todos se sientan acompañados, pero no para caer o perseverar en el error, sino para dar pasos juntos hacia una verdad más grande que lo que pensamos o vivimos cada uno de nosotros. La antropología nos demuestra que nuestros ancestros ya cuidaban de los débiles, de los ancianos, y que eso fue un importante paso en la evolución, en nuestra constitución como humanidad. En común se pueden afrontar todas las dificultades, y el débil puede reconocerse querido y aceptado en su situación, no como una carga. Y los demás, los “sanos” pueden reconocer la, a veces misteriosa pero tantas veces evidente, aportación al común de quienes pareciendo que no podían, sin embargo, transmitían fuerza, alegría, entusiasmo, profundidad y sentido a los demás. ¿No hemos celebrado en España la película “Campeones”? ¿No hemos conocido personas con todo tipo de dificultades físicas, psicológicas y enfermedades que han demostrado resiliencia no sobrehumana sino enteramente humana y que luchan denodadamente y con alegría cada día?

Frente a la falsa seguridad de estas leyes, la experiencia contrastada de otros países y situaciones análogas. La ya mencionada ley del aborto, coladero primero, y derecho después. El caso de Holanda, donde los ancianos huyen a vivir a otros países limítrofes donde no les apliquen esa normativa tan segura. Así lo testimonió el médico norteamericano Herbert Hendin, M.D. en su libro “Seducidos por la muerte” que escribió después de viajar a Holanda con la intención de aprender de ellos e implantarlo en Estados Unidos y que se horrorizó, sin embargo, de todos los abusos que, amparados por la ley, se iban cometiendo y extendiendo cualitativa y cuantitativamente. ¿Dónde está la seguridad?

En España, el documental probablemente más visto de los últimos años es “Eso que tú me das”, la entrevista realizada por Jordi Évole a Pau Donés en sus últimos días. ¿No demuestra que, si todos los enfermos incurables tuvieran a su alrededor a sus seres queridos, una atención médica especializada, un entorno hogareño (asistencia domiciliaria) llegarían a la misma conclusión que este cantante? Que no hacía falta adelantar la llegada de la muerte, que cada día merecía la pena vivirlo, y que lo que de verdad se desea es vivir lo más posible.

Empezábamos diciendo que quizás cuando lean este artículo, el Congreso ya habrá aprobado la ominosa ley, aunque luego tenga que pasar por el Senado. Algunos creemos en las remontadas, en que la razón y el corazón pueden iluminarse de nuevo para buscar respuestas en verdad y justicia. Frente al miedo a la muerte y al sufrimiento, la fortaleza del amor expresado en los cuidados, el acompañamiento, la escucha, la puesta en marcha de instituciones, leyes y recursos suficientes para no dejar a nadie atrás, para que se defienda eficazmente el derecho fundamental a la vida. Los únicos vencidos son los que no luchan, y la esperanza es la virtud del que lucha. Luchemos con las armas de la fe y la razón, y con las del testimonio y el ejemplo con nuestros prójimos, que nadie se sienta solo y abandonado.

Para profundizar:

https://conferenciaepiscopal.es/nota-de-la-comision-ejecutiva-sobre-la-ley-de-la-eutanasia/

https://conferenciaepiscopal.es/la-vida-es-un-don-la-eutanasia-un-fracaso/

Samaritanus Bonus de la Congregación para la Doctrina de la Fe: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/09/22/carta.html

Sembradores de esperanza de la Conferencia Episcopal Española:  https://www.conferenciaepiscopal.com.es/sembradores-de-esperanza-acoger-proteger-y-acompanar-en-la-etapa-final-de-esta-vida/

Resumen del Informe del Comité de Bioética de España sobre la eutanasia  https://plataformacuidando.org/resumen-del-informe-del-comite-de-bioetica-de-espana-sobre-la-eutanasia/?fbclid=IwAR0BlzIdaUxJ34zapQax4HAIiz3bEmf6_swRv0FXx2ZqyDEiaZOALRgKv1M

¿Estar a favor de la Eutanasia es de izquierdas?  https://ahoramqnunca.blogspot.com/2020/11/estar-favor-de-la-eutanasia-es-de.html?fbclid=IwAR2qeTEZpeNY6XsLFyWAu4_sLBI5GN_4ATBh4wA5LidvctD7713pNSPomX0

12 argumentos no religiosos contra la eutanasia que han sonado con fuerza con los datos recientes  https://www.religionenlibertad.com/vida_familia/816951047/12-argumentos-no-religiosos-contra-la-eutanasia-que-han-sonado-con-fuerza-con-los-datos-recientes.html?fbclid=IwAR0tBbHOI2FmSmZaN4Hf33N61Eyz6-A0Q5S_N1hoRJnFsh-gRZIwc1Y9l3Q

Decenas de reconocidos juristas y el Comité de Bioética dan un varapalo al Gobierno con la eutanasia  https://www.religionenlibertad.com/espana/867948437/juristas-comite-bioetica-varapalo-gobierno-eutanasia.html?fbclid=IwAR3vbbtPtqrch9xQYWJbzUM97S-U_1i29QFPA7MZRHXAaYsy-AZstdv3Yvg

La ONU condena que la ley «permita la eutanasia por motivos de discapacidad» https://www.abc.es/sociedad/abci-condena-ley-permita-eutanasia-motivos-discapacidad-202012160120_noticia.html

Seducidos por la muerte. Médicos, pacientes y suicido asistido.

Ahora que se vuelve a replantear en nuestro país una legislación sobre la eutanasia, os presentamos un libro único sobre el tema. Es el informe serio y científico de un médico, Herbert Hendin M.D.

El autor viajó hasta Holanda para estudiar la posibilidad de legalizar la eutanasia en Estados Unidos. Después de constatar en la realidad las consecuencias de la aplicación de la eutanasia en Holanda, cambió totalmente su visión, pasando de ser inicialmente favorable a la eutanasia a ver con claridad que no se debía legalizar.

El libro tuvo un enorme impacto en la opinión pública norteamericana, tanto es así que fue llamado a declarar ante el Congreso de los Estados Unidos y consiguió paralizar una ley que iba a favorecer la eutanasia.

Este libro es una buena herramienta para plantear a la sociedad y a las instituciones políticas la necesidad de una cultura de la vida.

La asociación de Iglesia “Encuentro y Solidaridad”, que tiene como uno de sus objetivos la promoción en nuestra sociedad de una cultura de la vida, está promoviendo en algunas localidades como Pamplona la difusión de este libro.

En Pamplona se puede adquirir por una colaboración económica de solo 5 euros llamando al teléfono 629886659.

 

 

La firma

Jose Manuel Cidre

Fuente: habitantedelanoche.wordpress.com

Sentía su corazón galopando mientras el omnipresente blanco de las paredes y los techos le sobrepasaba.

Delante, en la misma mesa, dos mujeres y un hombre le hacían sentirse como si estuviera ante un tribunal.

-Créame, de verdad, es lo mejor.

Pensó que la voz no le saldría. Pero lo consiguió; – ¿Pero no hay más opciones? No creo que sea tan difícil.

-¿Opciones? Respondió la mujer rubia de su derecha. – ¿Cómo cuáles?

Se irguió ligeramente. -Tiene que haber ayudas públicas. Mi madre cotizó muchos años. Siempre hemos cumplido con el Estado…

Sin duda -le interrumpió la mujer- se refiere a las ayudas a la dependencia. Efectivamente, como bien sabe nuestros gobernantes han hecho grandes esfuerzos por desarrollar un completo y moderno sistema de promoción de la autonomía personal y ayuda a las personas en situación de dependencia. Dicho esto, –pasó un segundo en silencio– en fin, hay que añadir que debido a las últimas circunstancias económicas y sanitarias a nadie se le oculta que dicho sistema ha tenido que sufrir un deterioro en su solvencia, el cual ha motivado retrasos en la gestión de las solicitudes, en la entrega de las ayudas… Podemos estar hablando de varios años. La calidad de vida de su madre se puede resentir grandemente.

Tenía los ojos muy abiertos. –Bueno, ¿y cuidarla yo? . Sería capaz de ir a las revisiones, hablaría con los médicos, controlaría su medicación. Debo poder pedir algún tipo de baja o algo así.

Si, verá, -respondió la otra mujer- nuestro sistema es plenamente garantista en cuanto a protección de derechos sociales; puede pedir un permiso remunerado de hasta dos días por enfermedad grave de un familiar, así como reducción de hasta el 50% de la jornada laboral para cuidar de ella por el plazo máximo de un mes. Ahora bien -le miró fijamente- no sabemos hasta cuando va a estar su madre en esta situación.

 

Pero, pero…– miraba a un lado y otro- me han hablado de los cuidados paliativos. Equipos de sanitarios que cuidan de las personas de forma interdisciplinar; médicos, enfermeros, psicólogos…

Bueno… -el hombre que se sentaba enfrente esbozó una ligera sonrisa condescendiente- Como le dijo antes mi compañera, nuestro sistema ha hecho y continúa realizando un gran esfuerzo para proporcionar a los ciudadanos los servicios más amplios y modernos. A nadie se le oculta sin embargo que aún queda mucho por hacer. De aquí a un tiempo conseguiremos sin duda, que las listas de espera para la atención en cuidados paliativos, disminuyan mediante la creación de nuevas unidades a lo largo de nuestra geografía.

No encontraba palabras. Subía y bajaba la mirada. Volvió la cabeza hacia el pasillo como queriendo buscar la habitación en la que estaba su madre. El nudo en la garganta era cada vez mayor. Por un momento le recordó a aquellas veces en que siendo niño no podía aguantar el llanto por cualquier tontería. Juraría que llegó a sentir, como entonces, la mano de su madre acariciándole la mejilla.

Ahora mismo está nervioso -comentó de nuevo la mujer rubia- si lo piensa serenamente se dará cuenta de que es la mejor decisión. Se trata de una simple firma.

Pero -respondió –yo no quiero hacer esto. Notó que no podía retener más las lágrimas. Ya daba igual. –No me dan más opciones y me están obligando a hacer algo que no quiero.

La única respuesta que le dieron fue mirarle fijamente, en silencio y acercarle el folio escrito y el bolígrafo.

Firmó rápidamente y agachó la cabeza, que cada vez estaba más cerca de la mesa.

-Verá como se alegra de esta decisión. Lo más importante es respetar la libertad de elección del paciente, de su familia y mejorar la calidad de vida de todos.

Se levantaron y se fueron.

Se quedó el corazón latiendo en medio de sollozos, sobre el fondo blanco de las paredes y los techos.

No hay enfermos “incuidables”, aunque sean incurables

Nota de la Comisión Ejecutiva de la CEE sobre la ley de la eutanasia

El Congreso de los Diputados ha decidido seguir adelante con la tramitación de la Ley Orgánica de regulación de la eutanasia. Es una mala noticia, pues la vida humana no es un bien a disposición de nadie.

La Conferencia Episcopal Española ha reflexionado repetidas veces sobre este grave asunto que pone en cuestión la dignidad de la vida humana. El último texto fue publicado el pasado 1 de noviembre de 2019 bajo el título “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de la vida humana” y en él se examinan los argumentos de quienes desean favorecer la eutanasia y el suicidio asistido, poniendo en evidencia su inconsistencia al partir de premisas ideológicas más que de la realidad de los enfermos en situación terminal. Invitamos encarecidamente a la comunidad cristiana a su lectura y al resto de nuestros conciudadanos a acoger sin prejuicios las reflexiones que en este texto se proponen.

Insistir en “el derecho eutanasia” es propio de una visión individualista y reduccionista del ser humano y de una libertad desvinculada de la responsabilidad.  Se afirma una radical autonomía individual y, al mismo tiempo, se reclama una intervención “compasiva” de la sociedad a través de la medicina, originándose una incoherencia antropológica. Por un lado, se niega la dimensión social del ser humano, “diciendo mi vida es mía y sólo mía y me la puedo quitar” y, por otro lado, se pide que sea otro –la sociedad organizada– quien legitime la decisión o la sustituya y elimine el sufrimiento o el sinsentido, eliminando la vida.

La epidemia que seguimos padeciendo nos ha hecho caer en la cuenta de que somos responsables unos de otros y ha relativizado las propuestas de autonomía individualista. La muerte en soledad de tantos enfermos y la situación de las personas mayores nos interpelan. Todos hemos elogiado a la profesión médica que, desde el juramento hipocrático hasta hoy, se compromete en el cuidado y defensa de la vida humana. La sociedad española ha aplaudido su dedicación y ha pedido un apoyo mayor a nuestro sistema de salud para intensificar los cuidados y “no dejar a nadie atrás”.

El suicidio, creciente entre nosotros, también reclama una reflexión y prácticas sociales y sanitarias de prevención y cuidado oportuno. La legalización de formas de suicidio asistido no ayudará a la hora de insistir a quienes están tentados por el suicidio que la muerte no es la salida adecuada. La ley, que tiene una función de propuesta general de criterios éticos, no puede proponer la muerte como solución a los problemas.

Lo propio de la medicina es curar, pero también cuidar, aliviar y consolar sobre todo al final de esta vida. La medicina paliativa se propone humanizar el proceso de la muerte y acompañar hasta el final. No hay enfermos “incuidables”, aunque sean incurables. Abogamos, pues, por una adecuada legislación de los cuidados paliativos que responda a las necesidades actuales que no están plenamente atendidas. La fragilidad que estamos experimentando durante este tiempo constituye una oportunidad para reflexionar sobre el significado de la vida, el cuidado fraterno y el sentido del sufrimiento y de la muerte.

Una sociedad no puede pensar en la eliminación total del sufrimiento y, cuando no lo consigue, proponer salir del escenario de la vida; por el contrario, ha de acompañar, paliar y ayudar a vivir ese sufrimiento. No se entiende la propuesta de una ley para poner en manos de otros, especialmente de los médicos, el poder quitar la vida de los enfermos.

El sí a la dignidad de la persona, más aún en sus momentos de mayor indefensión y fragilidad, nos obliga a oponernos a esta esta ley que, en nombre de una presunta muerte digna, niega en su raíz la dignidad de toda vida humana.

Madrid, 14 de septiembre, Exaltación de la Santa Cruz

Comisión Ejecutiva de la CEE