Diálogo-conclusión sobre Fratelli Tutti con José Ramón Peláez

En noviembre, una docena de personas comenzábamos los diálogos sobre la encíclica Fratelli Tutti, invitadas por amigos de Encuentro y Solidaridad en Oviedo. Como han sido online, hemos podido juntarnos de diferentes lugares.

Para preparar cada uno de los capítulos de la encíclica nos hemos ayudado de los vídeos, del canal de Doctrina Social de la Iglesia, realizados por José Ramón Peláez y publicados en la web de EyS.

Os dejamos unas pinceladas de los temas que fuimos tratando a lo largo de estos meses:

  • Sentirnos hermanos, mirar al otro, como Dios lo mira, con el mismo amor con que me mira a mí.
  • Se aprobó en este tiempo la ley de la eutanasia y la encíclica nos daba muchas claves: Todos somos responsables de la fragilidad de los demás. La lógica de la mayoría como imposición contra la dignidad de la persona.
  • Llevar esa dignidad al centro de la política. El otro merece la entrega, en la medida en que el otro es sagrado, cambia todo.
  • Incluir al otro con sus diferencias, nos enriquece.
  • El trabajo como expresión de la dignidad.
  • El relativismo, un problema que se opone al pensamiento, la razón y la verdad.
  • Ser artesanos de la paz. Reconocer la verdad del otro a través del diálogo, que es la escucha más allá del consenso.
  • El PERDÓN necesita memoria y reconocimiento del dolor. No es impunidad sino justicia. No permanecer callados. Amar al opresor es denunciarlo para que sea persona.
  • Reconocernos hermanos, significa tener un Padre común, la experiencia de la fe nos ayuda. Estamos llamados al ecumenismo.

Pues bien, llegó la hora de finalizar estos encuentros. Quisimos invitar al propio José Ramón, que nos había acompañado virtualmente en este tiempo, para tener un diálogo-conclusión con él y abrirlo, como siempre estuvo, a más amigos que se quisieron unir.

Comenzó situándonos la encíclica dentro del Magisterio del Papa Francisco y como un continuum en el Magisterio de los tres últimos Papas:

  • La persona en el centro, la vía de la Caridad que construye solidaridad/fraternidad.

Pero además nos hizo un paralelismo, muy interesante, con la Pacen in Terris de Juan XXIII, en la que se buscaban los principios para la convivencia de las naciones: verdad-justicia-amor-libertad. En un momento de ruptura y polarización, la política se presentaba como respuesta, la política entendida como búsqueda del bien común.

Y en la actualidad, el Papa Francisco nos pone delante que ante la pandemia somos incapaces de dar una única respuesta, se rompen los sueños de unidad: el descarte de los emigrantes, de los ancianos, de los pobres, de los no nacidos, se niega la dignidad humana.

No hay una orientación al bien, la globalización no nos conduce a vernos iguales; las redes sociales, paradójicamente, llevan al aislamiento. A los pobres se les induce al autodesprecio y al sometimiento.

Y sin embargo, esta encíclica plantea el encuentro, la fraternidad, la esperanza. Y es que debemos tener en cuenta la vivencia de quien la escribe, el primer Papa del Sur, el migrante que trae con él la experiencia de la convivencia de identidades, del diálogo con otras religiones, de estar al lado de los que luchan, de fomentar el protagonismo de los pobres.

Así nos habla de la fraternidad como el reconocimiento de que el otro es como yo, es mi hermano. Pone encima de la mesa aquello de tratar a los demás como quieras que te traten.

Acerca un concepto algo olvidado como la amistad social, sinónimo de construir pueblo, de caridad política. Para alguien del Sur, construir pueblo no es buscar una identidad para sentirse diferente (algo que nos pasa en la vieja Europa) sino que construir pueblo es unir diversas identidades para un futuro común, se trata de dar protagonismo a todos, especialmente a los pobres. Porque contar con ellos es la solución.

A la hora de abrir el diálogo, José Ramón nos propuso exponer las ideas que nos hubieran sorprendido y los temas de lo que nos hubieran quedado  más ganas.

Por supuesto que el tema del Perdón fue a la vez sorpresa y deseo de profundizar. De hecho, hemos decidido compartir experiencias de perdón que conozcamos (a lo cual estáis invitados todos los que hayáis sido capaces de aguantar en la lectura y habéis llegado a este punto).

Además señalábamos la sencillez, la profundidad y sobre todo la esperanza que nos ha transmitido la lectura de Fratelli Tutti.

Precisamente por ello hicimos hincapié en la necesidad de mirar al futuro e ir creciendo en diálogo ecuménico. No queremos ser indiferentes, no queremos acostumbrarnos a la división.

Hemos decidido mantener estos encuentros, asistir a los círculos de silencio que se han iniciado en Asturias y con la ayuda del Espíritu Santo os iremos contando nuestro caminar. Estáis invitados.

inmigración y migrantes

José Ramón Peláez: «Roma tiene hoy como Papa a un inmigrante»

Fuente: revistaecclesia.com

«Roma tiene hoy como Papa a un inmigrante. A un inmigrante del Sur. A un inmigrante de esos que por aquí llamamos con bastante desprecio “un panchito” o “un sudaca”. Hace siglos, san Dámaso, un esclavo, fue Papa de Roma. Pues bien, hoy el Papa es un inmigrante argentino». Este aspecto de la biografía del Santo Padre ha sido subrayado en la mañana del pasado sábado 17 de abril por el sacerdote José Ramón Peláez, uno de los intervinientes en las Jornadas de Delegados y Agentes de Pastoral de Migraciones que se han celebrado online este fin de semana. La ponencia de este profesor del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid ha girado en torno a «Las claves de Fratelli tutti sobre migraciones y novedades que aporta a la sociedad y a la Iglesia». Las jornadas, las cuadragésimas, tienen por tema «La integración en tiempos de pandemia», y su hilo conductor es el cuarto de los verbos del Pontífice: integrar.

Durante la misma jornada intervinieron el secretario general de la CEE y obispo auxiliar de Valladolid Luis Argüello, que habló sobre «Las migraciones en la sociedad y en la Iglesia en tiempos de pandemia: retos y oportunidades», y la responsable del Departamento de Migrantes y Refugiados de Cáritas Barcelona, Elizabeth Ureña, que lo hizo sobre «Los efectos de la pandemia en la población de origen marroquí». Los trabajos fueron inaugurados por los obispos Juan Carlos Elizalde (Vitoria, presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana) y José Cobo, auxiliar de Madrid y responsable del Departamento de Migraciones.

Francisco, hijo de la inmigración italiana en Argentina

El Padre Peláez, párroco en Olmedo (Valladolid), ha enfatizado en su intervención la condición migrante del Pontífice y de su familia. Lo ha definido como un pastor venido del sur que es hijo de la inmigración italiana en Argentina. Así, ha recordado cómo su abuela Rosa llegó a Buenos Aires en 1929 y que pese al calor que hacía ella no se quitaba el abrigo porque allí llevaba todos sus ahorros; cómo la familia conservó el dialecto que traía de Italia… Y ha comentado, asimismo, las dos experiencias que el propio Pontífice tuvo como emigrante, una de ellas en Alemania para hacer su tesis, donde pasó un par de meses añorando su tierra hasta el punto de que acudía a un cementerio desde el que veía despegar los aviones que partían rumbo a su querida Argentina.

Desde esta condición y experiencia migratoria se comprenden mejor todas las iniciativas que han puesto a los migrantes en el foco mediático en el pontificado: la visita a Lampedusa, el viaje a Lesbos, el apoyo a los rohingyas en su viaje a Miammar y Bangladesh, etc.

Triple sufrimiento de los migrantes

Peláez, doctor en Teología y especialista en Doctrina Social de la Iglesia, se ha vuelto a referir también —ya lo hizo ayer monseñor Argüello— al triple sufrimiento que experimentan los inmigrantes: el de tener que salir de su tierra, el que conlleva su viaje, lleno de peligros, y el que se produce a la llegada a los países de destino, donde en el mejor de los casos son tratados como diferentes.

El sacerdote del Prado se ha referido a la fraternidad y la amistad social de las que habla la Fratelli tutti. El otro, ha dicho, es como yo, el otro es mi hermano, hay un Padre común. Y esto ha de traducirse en la práctica en que lo que quiero para mí lo tengo que querer también para los demás, y viceversa. En este sentido, ha citado el punto 39 de la encíclica, que denuncia que en «algunos países de llegada», y aunque no se dice expresamente, en la práctica se considera a los inmigrantes «menos valiosos, menos importantes, menos humanos», siendo «inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad».

Dos tentaciones a superar: la de aceptarlos solo si los necesitamos y contemplarlos desde una óptica de miedo

El Papa, ha señalado también el Padre Peláez, nos pide que superemos «dos tentaciones». La primera, la de tratar a los inmigrantes desde una óptica mercantilista, que es la que pide el mercado: «aceptarlos en la medida en que son la mano de obra que necesitamos y solo para eso». Y la segunda, «la tentación de las identidades». Los nacionalismos cerrados, denuncia, definen quiénes somos «en exclusión de los demás, con una lectura del pasado que inventa muchas veces enemigos, y en una visión desde el miedo y la enemistad hacia los otros». Y eso hay que superarlo.

Para el Papa, para la Iglesia, toda persona esté donde esté es nuestro hermano. Y la acogida del diferente nos cura de dos enfermedades que están muy presentes hoy en nuestras sociedades: el virus del individualismo (intensificado por las redes sociales) y el nacionalismo cerrado.

Revolución francesa, revolución franciscana

Fernando Chica Arellano. Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

“Libertad, igualdad, fraternidad”. Con este conocido lema se puede resumir la propuesta de la Revolución Francesa de 1789. En los dos siglos posteriores la política internacional ha basculado entre quienes subrayan, sobre todo, la libertad y los que son, más bien, partidarios de la igualdad (aunque, por supuesto, no se oponen ambas). En el camino casi todos parecen haber olvidado la importancia de la fraternidad, que constituye precisamente el foco de la encíclica Fratelli Tutti, publicada por el papa Francisco en el mes de octubre de 2020. Haciendo, pues, un sencillo juego de palabras, podríamos hablar de la revolución franciscana, en contraste con la añeja Revolución Francesa. Veámoslo con algo más de detalle.

Sobre la libertad
En el capítulo quinto de la Fratelli Tutti se dedica una sección a analizar los “valores y límites de las visiones liberales” (FT 163-169). Allí se aleja de “las visiones liberales individualistas, donde la sociedad es considerada una mera suma de intereses que coexisten. Hablan de respeto a las libertades, pero sin la raíz de una narrativa común” (FT 163). Por el contrario, la visión cristiana subraya la necesidad de respetar siempre la dignidad humana, lo cual “exige un Estado presente y activo, e instituciones de la sociedad civil que vayan más allá de la libertad de los mecanismos eficientistas de determinados sistemas económicos, políticos o ideológicos, porque realmente se orientan en primer lugar a las personas y al bien común” (FT 108).
Es decir, que la encíclica (como siempre ha hecho la Doctrina Social de la Iglesia) valora la libertad y, al mismo tiempo, pide una visión correcta de la misma, advirtiendo de sus posibles interpretaciones unilaterales o interesadas. “El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni tampoco del respeto al medio ambiente, puesto que quien se apropia algo es solo para administrarlo en bien de todos” (FT 122). Dos ejemplos concretos de la historia reciente lo muestran con crudeza. Tras la crisis de 2007-2008, “parece que las verdaderas estrategias que se desarrollaron posteriormente en el mundo se orientaron a más individualismo, a más desintegración, a más libertad para los verdaderos poderosos que siempre encuentran la manera de salir indemnes” (FT 170). La actual crisis del coronavirus muestra que “la fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos” (FT 168).
Más allá del ámbito económico, la encíclica advierte del riesgo de una información sin sabiduría, de las ambigüedades de los medios de comunicación social, que se han visto agudizadas por el uso aplastante de Internet. En este contexto, el Papa señala que “la libertad es una ilusión que nos venden y que se confunde con la libertad de navegar frente a una pantalla. El problema es que un camino de fraternidad, local y universal, solo puede ser recorrido por espíritus libres y dispuestos a encuentros reales” (FT 50).

Sobre la igualdad
También la igualdad sirve como principio orientador de la convivencia y como reto que nos obliga a mirar con ojos críticos nuestro modelo de sociedad. Sabemos que la ciudadanía“ se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia” (FT 131) y que, por tanto, “no hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales” (FT 209). Pero, en la práctica, “muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos” (FT 22) y podemos preguntarnos, con razón, “si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. […] ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?” (FT 22).
Como en el caso de la libertad, puede haber errores y desenfoques en el modo de entender la igualdad. Por ejemplo, no se trata de proponer “un universalismo autoritario y abstracto, digitado o planificado por algunos y presentado como un supuesto sueño en orden a homogeneizar, dominar y expoliar. Hay un modelo de globalización que conscientemente apunta a la uniformidad unidimensional y busca eliminar todas las diferencias y tradiciones en una búsqueda superficial de la unidad” (FT 100). Por el contrario: “Cuánto necesita aprender nuestra familia humana a vivir juntos en armonía y paz sin necesidad de que tengamos que ser todos igualitos” (FT 100).
“Tampoco la igualdad se logra definiendo en abstracto que ‘todos los seres humanos son iguales’, sino que es el resultado del cultivo consciente y pedagógico de la fraternidad” (FT 104). De hecho, “el individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Ni siquiera puede preservarnos de tantos males que cada vez se vuelven más globales. Pero el individualismo radical es el virus más difícil de vencer. Engaña. Nos hace creer que todo consiste en dar rienda suelta a las propias ambiciones, como si acumulando ambiciones y seguridades individuales pudiéramos construir el bien común” (FT 105).

Sobre la fraternidad
Toda la encíclica Fratelli Tutti es un canto a la amistad social y a la fraternidad. Recojamos, ahora, solo algunas frases que ayuden a iluminar nuestro tema. En el nivel práctico, es claro que “los sueños de la libertad, la igualdad y la fraternidad pueden quedar en el nivel de las meras formalidades, porque no son efectivamente para todos” (FT 219). En el plano teórico, además, sabemos que “la razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad” (FT 272).
“La fraternidad no es solo resultado de condiciones de respeto a las libertades individuales, ni siquiera de cierta equidad administrada. Si bien son condiciones de posibilidad no bastan para que ella surja como resultado necesario. La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad. ¿Qué ocurre sin la fraternidad cultivada conscientemente, sin una voluntad política de fraternidad, traducida en una educación para la fraternidad, para el diálogo, para el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo como valores? Lo que sucede es que la libertad enflaquece, resultando así más una condición de soledad, de pura autonomía para pertenecer a alguien o a algo, o solo para poseer y disfrutar. Esto no agota en absoluto la riqueza de la libertad que está orientada sobre todo al amor” (FT 103).

No olvidemos estas palabras. Interioricémoslas y recemos a su luz, con toda humildad, pidiendo a Dios que derrame abundantemente su amor en nuestros corazones, para que, como hijos suyos, tratemos a los que nos rodean como auténticos hermanos.

Desde abajo, con los últimos

Fuente: Iglesia Navarra

Autor: Fernando Chica Arellano

Desde el comienzo de la encíclica Fratelli Tutti, la presencia de san Francisco de Asís se hace evidente. Él “sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos” (FT 2). En un mundo marcado por la violencia y la desigualdad, el hijo de Pietro Bernardone “acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos” (FT 4).

Al acabar esta misma encíclica, el papa Francisco se refiere, como una de sus fuentes de inspiración, al beato Carlos de Foucauld. “Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: ‘Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos’. Quería ser, en definitiva, ‘el hermano universal’. Pero solo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos” (FT 287).

Como puede verse en estos dos ejemplos, la perspectiva para vivir la fraternidad universal pasa, necesariamente, por una óptica concreta: situarse cerca de los pobres, en el reverso de la historia. En los siguientes párrafos invito a explorar este camino, tal como aparece formulado en Fratelli Tutti.
Comentando la parábola del Buen Samaritano, en el segundo capítulo de la encíclica, dice el Sumo Pontífice: “Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo, con el mismo cuidado que el viajero de Samaría tuvo por cada llaga del herido” (FT 78). Sabemos, ciertamente, que “el amor al prójimo es realista y no desperdicia nada que sea necesario para una transformación de la historia que beneficie a los últimos” (FT 165). Aquí encontramos un principio encarnado de vida espiritual. Las mediaciones serán variadas y deben ser creativas. Pero el foco está claro: “Esta caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos, que está detrás de todas las acciones que se realicen a su favor” (FT 187).

Por ello, señala Su Santidad, “la procura de la amistad social no implica solamente el acercamiento entre grupos sociales distanciados a partir de algún período conflictivo de la historia, sino también la búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables” (FT 233). En concreto, necesitamos reconocer que “sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. La opción por los pobres debe conducirnos a la amistad con los pobres” (FT 234). Este punto nos lanza un reto que cada cual debe acoger y encarnar en su mundo de relaciones habituales. Al hacerlo, se nos abrirán nuevos horizontes.

Concretamente, podemos aprender que “los últimos en general practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar. Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre […] La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares” (FT 116). Se trata de agrupaciones que brotan desde abajo, “que aglutinan a desocupados, trabajadores precarios e informales y a tantos otros que no entran fácilmente en los cauces ya establecidos”, que “gestan variadas formas de economía popular y de producción comunitaria”, que suponen un “torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común” y que son “experiencias de solidaridad que crecen desde abajo, desde el subsuelo del planeta” (FT 169). De este modo, pasamos ya del ámbito relacional al terreno propiamente social y político.

Porque, en realidad, esta perspectiva desde abajo y desde los últimos es la que permite avanzar hacia un desarrollo humano integral, superando “esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos” (FT 169). Como Iglesia, estamos siempre invitados a realizar ese desplazamiento hacia los pobres; más aún, estamos llamados a estar con los pobres y a convertirnos, cada vez más, en una Iglesia austera, sobria, donde los desvalidos nunca se sientan postergados u olvidados, una Iglesia, en definitiva, en la que los necesitados hallen un hogar, un ámbito fraterno que los acoja, socorra y comprenda.

La visión cristiana, la mirada evangélica, la perspectiva samaritana piden ubicarnos “sobre todo con los últimos” (FT 233). Como dice el Santo Padre, “si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos” (FT 235). Así lo cantó la Virgen María en el Magnificat, reconociendo que Dios “derribó del trono a los poderosos y engrandeció a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada” (Lc 1, 52-53). No es casualidad que, años después, su hijo Jesús sentenciara: “Los últimos serán primeros y los primeros serán últimos” (Mt 20, 16).

 

Gonzalo Cardona, in memoriam

Marta Sanz Buezo

Estas semanas tenemos la agenda llena de eventos para profundizar en los “trends” de la sostenibilidad del año que estrenamos. También ha salido el muy esperado mapa de #riesgos del World Economic Forum para el #2021. Hablaremos mucho de enfermedades infecciosas, cambio climático, propósito, OKRs, ODS, green deal, economía circular, … Y hablaremos muy poco de los que están dando su vida encarnando la ecología integral, que es mucho más que la #sostenibilidad. Para cientos de empobrecidos anónimos el 2020 ha costado muy caro y el 2021 no augura un cambio a mejor. Alguno dirá, “¡Cómo te pones de tremendista!” y quizá no le falte razón. Pero no puedo, ni quiero pasar por alto el asesinato de Gonzalo Cardona. Porque los que dan la vida por los demás, merecen ser considerados algo más que una estadística.

Gonzalo y sus compañeros no necesitaron debates sesudos sobre la importancia de intregar el Propósito en su organización. Tenía y tienen grabado a fuego la urgencia de trabajar por el bien común de todos sus congéneres y del planeta. Creo que Francisco, en #FratelliTutti, habla de Gonzalo y sus compañeros cuando afirma que “los últimos en general «practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar. Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre … que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales”.

Aquellos que vibramos con la sostenibilidad, el medio ambiente, la naturaleza, la responsabilidad social, deberíamos mirarnos más en mujeres y hombres como Gonzalo Cardona, Berta Cáceres, Angélica Ortiz y menos en Obamas, Von der Leyen y otros tantos de la élite. La solidaridad que practican los empobrecidos no necesita de planes estratégicos, metas, ciclos PDCA, DAFOS, ni matrices de materialidad. Necesita manos llenas de coherencia, de vida entregada por la comunidad, de humor, amor y dinamismo.

La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia.

No. No vamos a dejar que sus muertes sean una estadística. Hoy quiero hacer un homenaje a personas como Gonzalo Cardona y a organizaciones que entregan su vida dia a día, a veces hasta la última gota, haciendo Historia en defensa de nuestra Madre Tierra y todos los que la habitamos.

Fratelli Tutti

Entrevista a Eugenio Rodríguez, sacerdote diocesano, Doctor en Teología y Máster en Doctrina Social de la Iglesia, en el programa «El espejo de la Iglesia», donde nos presenta la última encíclica del Papa Francisco, «Fratelli Tutti» («Hermanos Todos»)

La rebelión mestiza pendiente

Mónica Prieto

Vaya este artículo como pequeño homenaje a José Luis Rubio Cordón. Con la edición de La rebelión mestiza en 1992 en Voz de los sin Voz con ocasión del V Centenario del encuentro entre Europa y América, Julián Gómez del Castillo quiso “hacer justicia al doctor Rubio Cordón, olvidado por los grandes medios de comunicación y los poderes políticos”. De manera sorprendente años después, el papa Francisco en Fratelli Tutti reivindica el mestizaje como la mejor aportación de identidad cultural en el anhelado mundo abierto.

José Luis Rubio, profesor de Pensamiento Político Iberoamericano fallecido en 2008, defendió a lo largo de su vida una idea que cobra hoy mucha fuerza: El destino de Iberoamérica es un destino mestizo. Iberoamérica puede aportar la prueba -la prueba cristiana- de que es posible la integración de cultura y de razas.

Para José Luis Rubio la “mestización fecunda” estaba asentada sobre la base común de lo ibérico en factores étnicos y culturales autóctonos y africanos y en menor medida asiáticos juntamente con aportaciones europeas y medio-orientales.

Lo ibérico que llegó a América también era mestizo debido a sus ocho siglos de presencia árabe decía él, a la que habría que añadir la presencia bereber.

Sin embargo la independencia del siglo XIX, que monopolizaron las minorías oligárquicas, fue una empresa esencialmente criolla, y por tanto, principalmente española y blanca.  Años después de la publicación de aquel libro las élites políticas y religiosas siguen encastillados en esa visión de la historia. La carta a los españoles americanos  de Viscardo y Guzmán, ex-jesuita, escrita en 1791, hoy es reivindicada en la  la página web oficial del bicentenario de la independencia del Perú, que lo señala como el arequipeño que inspiró las independencias de América. También los jesuitas de Perú le señalan como el precursor de la independencia hispanoamericana, aunque después maticen: hay desacuerdo entre los historiadores tanto sobre la importancia e influencia de Viscardo en la promoción del movimiento emancipador, como sobre su misma estatura humana y los motivos que lo impulsaron

La carta de Viscardo tiene párrafos que merecen ser reconocidos en sus anhelos de justicia hacia un continente expoliado, y ciertamente es una denuncia descarnada del despotismo y un anuncio del poder que debe tener siempre sus contrapesos. Especialmente llamativa es su referencia a la figura de el Justicia, magistrado de las Cortes aragonesas, que era un recuerdo permanente de que la soberanía popular estaba por encima del poder real. Esta aspiración democrática a la que José Luis Rubio hubiera calificado de típicamente ibérica, es ciertamente surgida de las aspiraciones de libertad de los pueblos a lo largo de la historia. Pero Viscardo, habla mucho más en su texto de libertad individual que de la libertad de los pueblos, la libertad del liberalismo burgués. Su propuesta es de independencia burguesa  que no ha sido ni es respuesta para el mundo de hoy. En su Carta a los españoles americanos, las huellas de este pensamiento burgués, son muy evidentes. Viscardo era un “mestizo” pues la lengua materna de su madre era el quechua. Sin embargo y a pesar de sus constantes referencias a los indios y mestizos en su carta, el grueso de sus reivindicaciones se dirige al poder español que impide el ejercicio del poder administrativo y político de los criollos. Reivindica el poder criollo, es decir,  de aquellos que tenían el poder económico pero no el político: típica revolución burguesa. Prueba de ello son los aliados que buscó, los “ingleses americanos”, a quienes intentó seducir sin éxito por las posibles ganancias económicas para ellos. Parece que el derecho natural al que apela para los descendientes de los españoles como él, no existiera para los habitantes originarios de aquellas tierras.  José Luis Rubio va más allá: la oligarquía criolla, impidió la emancipación de  los pueblos americanos: A pesar de su antiespañolismo nominal esa rectoría de los criollos -minoría paralela a la oligarquía extranjerizada peninsular- definió para siempre el rasgo ibérico que forma  que forma el lazo común de la población de toda Iberoamérica, anulando el posible histórico de una pluralidad de nacionalidades montadas sobre razas aborígenes diferenciadas en rasgos físicos, lengua y creencias. 

Las conmemoraciones del descubrimiento de América  se han puesto de nuevo de actualidad por la destrucción de las estatuas de los colonizadores (aunque algunos de ellos fueran más emancipadores que colonizadores). El fin de la conciencia histórica de la que habla el Papa Francisco en Fratelii Tutti  (13-14) provoca manipulaciones ideológicas de toda índole. Mientras discutimos sobre el carácter del descubrimiento y la antigua colonización, bajamos la guardia con las nuevas formas de colonización cultural. Porque el correcto conocimiento de la historia es un elemento emancipador: No nos olvidemos que «los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política». José Luis Rubio habla de “dos independencias”: la del pueblo y la de las oligarquías, incluida la criolla: Los intereses sociales del pueblo y los intereses comerciales de la oligarquía se van a manifestar en dos tiempos distintos, en dos oleadas sucesivas del movimiento independizador. Porque frente a las versiones estereotipadas de la historia oficial, no hay un movimiento independizador único y continuo: hay dos movimientos de independencia claramente diferentes, discontínuos, con motivaciones y objetivos absolutamente diferentes. 

Francisco ha puesto de relieve a lo largo de su Pontificado la promoción del pueblo, incluida la promoción de sus raíces históricas para combatir la colonización cultural: Por ello exhorté a los pueblos originarios a cuidar sus propias raíces y sus culturas ancestrales, pero quise aclarar que no era «mi intención proponer un indigenismo completamente cerrado, ahistórico, estático, que se niegue a toda forma de mestizaje», ya que «la propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor». El mundo crece y se llena de nueva belleza gracias a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas, fuera de toda imposición cultural (FT 148)

El sueño de José Luis Rubio parece encontrar su eco en Fratelli Tutti, que nos invita a pensar y gestar un mundo abierto forjado en el diálogo entre todas las culturas. José Luis Rubio recoge una vieja aspiración universal que el Papa Francisco ha recuperado y ha señalado como una de las luces de este mundo de sombras: Un papa latinomericano que nos invita a tener un corazón abierto al mundo entero, pero un corazón comunitario. Con potentes referencias universalistas, nos habla tanto de los pueblos originarios como del mundo islámico-oriental (de las que en España hemos enterrado las raíces, y así nos va….)

América es el continente con más católicos.  Iberoamérica para José Luis Rubio, en su escrito de 1960, es la más indicada para hacer realidad una armonía de culturas y razas en una síntesis humana de raíz evangélica: ese es nuestro destino manifiesto en el mundo que nos rodea: el destino mestizo.

“TODOS HERMANOS” del papa Francisco en la Casa de Cultura y Encuentro

 

El tema de los Diálogos de la Casa de Cultura y Encuentro de Las Palmas de Gran Canaria, el día 27 de noviembre fue la reciente encíclica de Francisco “Todos hermanos”. Con todas las medidas sanitarias requeridas vivimos de nuevo la necesidad del encuentro y el diálogo. El ponente fue Eugenio Rodríguez, sacerdote y doctor en Teología.