La insurrección moral contra la esclavitud sexual y la ceguera social del siglo XXI.

Francisco Rey

Por Francisco Rey, miembro de Encuentro y Solidaridad y coordinador de la campaña de AIMCE  por la abolición de la prostitución

Hay textos que no envejecen y siguen inspirando a muchas personas de buena voluntad. Hay palabras que no se pueden domesticar y nunca pasarán. Lucas 4,18‑19 es una de ellas.

Cuando Jesús de Nazaret toma el rollo de Isaías y proclama en la sinagoga: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”, Jesús está proclamando un programa de insurrección moral, la restauración de la dignidad humana allí donde ha sido pisoteada. Es un texto que nace en un contexto de opresión, pobreza estructural, cuerpos explotados y vidas descartadas. Y por eso resuena hoy con una fuerza casi incómoda. Es un golpe directo a cualquier sistema que convierta a seres humanos en mercancía.

La prostitución reduce a mujeres y niñas a meras mercancías y perpetúa un sistema de discriminación y violencia que obstaculiza su capacidad para alcanzar una verdadera igualdad», afirma Reem Alsalem, relatora especial sobre la violencia contra las mujeres y las niñas,  en un informe dirigido al Consejo de Derechos Humanos de la ONU.[i]

Hoy, millones de mujeres viven atrapadas en lo que eufemísticamente llamamos “prostitución”, palabra que disfraza con neutralidad lo que en realidad es: esclavitud sexual de mercado. Mujeres captadas en la pobreza, en el abandono, en el trauma de infancias rotas. Cuerpos convertidos en mercancía. Vidas reducidas a transacción. El texto de Lucas 4 no ha envejecido. Sigue siendo urgente. Sigue siendo subversivo y su mensaje tiene plena actualidad para creyentes y no creyentes, para personas de buena voluntad. El Evangelio también habla de las mujeres prostituídas, violadas, dominadas y con el corazón quebrantado: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el Reino de Dios» (Mt 21,31).

Y por eso, hoy este texto nos mira a los ojos y nos pregunta: ¿qué hacemos frente a la prostitución y la trata, la esclavitud moderna que se esconde a plena luz? La prostitución es un lugar de cautiverio y de ceguera colectiva. La realidad actual de la prostitución, atravesada por trata, coerción, pobreza extrema, explotación y violencia, encarna exactamente las heridas que Jesús nombra y quiere sanar y combatir. La prostitución no es libertad; es una forma contemporánea de esclavitud y de opresión económica.

La prostitución no es un “trabajo”: es el rostro contemporáneo del cautiverio

En el siglo I, los cautivos eran encadenados: prisioneros de guerra, deudores, esclavos del Imperio Romano. En el siglo XXI, las cadenas son otras: miseria, migración forzada, violencia sexual previa, trata, deudas, amenazas, redes criminales. Millones de mujeres son empujadas a esta situación de prostitución por un sistema capitalista y machista que las considera mercancía y, después, desechables, “mujer de descarte”. Ninguna mujer nace puta ni elige serlo.

Hoy esos nombres tienen rostro femenino, migrante, vulnerable. Jesús habla de la Buena Nueva a “los pobres”, a estas mujeres que hoy son empujadas por la necesidad, la migración forzada, la falta de oportunidades; mujeres quebrantadas de corazón, con historias de abuso, abandono, heridas de violencia sexual desde la infancia o traumas profundos —el “corazón roto”— que deja la violencia sistémica de la explotación. Jesús habla de “los cautivos”, como lo son las mujeres cautivas de redes de trata, deudas impagables, amenazas. Y de “los oprimidos”, como tantas mujeres sometidas por un sistema perverso que convierte cuerpos en mercancía y deseo en mercado.

Amelia Tiganus, superviviente rumana de trata y activista abolicionista, lo describe desde adentro con una precisión que ningún dato estadístico puede igualar: “Aún recuerdo el olor a ambientador, la música a todo volumen y las luces rojas de neón. Todas soñábamos con salir de esa vida cuanto antes”[ii]. Vendida a un proxeneta por 300 euros al cumplir los 18 años, pasó cinco años siendo explotada en más de cuarenta prostíbulos en España. No se identificó como superviviente de trata hasta cuatro años después de haber salido del sistema prostitucional, cuando a través del feminismo entendió que su historia no era solo personal: había sido coaccionada, y su experiencia era la norma, no la excepción. Y añade con una claridad demoledora que deshace cualquier eufemismo: “La prostitución la ejercen los proxenetas y los puteros. Las mujeres simplemente somos tratadas como mercancías, como objetos utilizables y desechables”.

La ceguera masculina: el pecado estructural que sostiene el negocio

En España, múltiples investigaciones[iii] sugieren que una parte significativa de los hombres ha pagado por “servicios sexuales” alguna vez en su vida (entre aproximadamente el 25% y el 39%, según los estudios), mientras que los consumidores más recientes (último año) representan una fracción más reducida (en torno al 4‑6%), lo que equivaldría aproximadamente a entre 700.000 y 1,1 millones de hombres que consumieron prostitución en el último año.

Jesús vino a “dar vista a los ciegos”. Pero la mirada ciega de hoy es, sobre todo, social, de manipulación de la conciencia. Millones de hombres —adolescentes incluidos— consumen prostitución como si fuera ocio. Algunos estudios[iv] señalan que, entre los jóvenes de 18 a 26 años, las tasas de consumo alcanza el 23%. Hombres que creen que “pagar” legitima cualquier acto y convierten a la mujer en “cosa” y en descarte. Una sociedad que mira hacia otro lado porque el sufrimiento ocurre en la sombra. No ven la violencia. No ven el trauma. No ven la explotación. No quieren ver.

Amelia Tiganus nombra sin rodeos el mecanismo que hace posible este sistema y que la sociedad se niega a mirar de frente: “Hay hombres que no están dispuestos a escuchar un ‘no’ y compran el ‘sí’. Deberíamos empezar a considerar a los prostituyentes agresores sexuales”.

El sistema prostitucional es el cautiverio del siglo XXI. Quien paga por sexo no está ejerciendo una “libertad”, está financiando una cadena de opresión. La ceguera consiste en creer que el deseo masculino da derecho a tratar a una mujer como un objeto en venta y que eso no es violencia contra la mujer. Se ha banalizado el consumo de prostitución en España. Nuestro país es el mayor consumidor de prostitución en Europa y uno de los tres mayores de todo el planeta. Un negocio escondido bajo sombras, empresas ocultas y una alegalidad que ayuda a que cada año su cifra siga creciendo[v] y convierte al Estado en proxeneta[vi].

El cliente de prostitución ignora el sufrimiento de la mujer (o la casi segura existencia de trata), evitando reflexionar sobre la asimetría de poder, sobre la violencia contra su dignidad y la falta de libertad real, desconectando su juicio moral de su acción de consumo.

Se ha banalizado la violencia contra la mujer. Prueba de ello: partidos como Bildu, ERC, PNV y Junts quieren regularizarla; Sumar y Podemos están divididos ante este problema; PSOE y PP muestran de hecho tibieza y poca voluntad abolicionista (si quisieran estos dos partidos, se aprobaría una ley justa en pocos días), y Vox solo contra mafias.

El lobi proxeneta y la industria criminal, instalados hace tres décadas, han campado a sus anchas con gobiernos de derechas, izquierdas, autonómicos e independentistas. No cesan en su empeño por imponer el relato del “trabajo sexual”, desviar la atención del proxenetismo criminal y atacar a voces como Amelia Tiganus, acosada masivamente en Instagram con denuncias falsas y amenazas desde la Plataforma de Afectados por la Abolición.

Esa es la ceguera más peligrosa de nuestro tiempo: una ceguera social, construida, alimentada por los poderosos lobis de la pornografía, una cultura patriarcal y por la pasividad de un Estado proxeneta. Hombres que no ven a una mujer, a un ser humano. Ven un cuerpo disponible. No escuchan a una persona. Escuchan un precio. Amelia Tiganus, autora del libro “La revuelta de las putas”, lo nombra con una frase que debería avergonzar a cualquier conciencia: “Nunca los llamo clientes, porque no puede tener el mismo nombre un hombre que va a comprar el pan y otro que penetra por todos los agujeros a mujeres en situaciones de extrema vulnerabilidad”.

Una ceguera fratricida que devora a millones de mujeres y niñas en estos nuevos campos de concentración.

Helen Keller (1880–1968), ciega y sorda desde los 19 meses, convirtió su propia ceguera física en una de las metáforas más poderosas del siglo XX sobre la ceguera del alma, del corazón y de la sociedad. Convirtió su oscuridad en luz profética. Desde su silencio, vio más claro que muchos: “Es maravilloso cómo la gente puede ver con los ojos y, sin embargo, estar ciega ante la miseria humana”. Esta mujer cristiana, socialista, sufragista, pacifista y defensora de los derechos de las personas con discapacidad no solo habló de su ceguera; la usó como espejo para denunciar la ceguera colectiva ante la pobreza, la guerra, el racismo y la opresión.  Su vida y sus escritos nos invitan a todos a hacernos esta pregunta:  ¿Cómo juzgará la historia a nuestra generación, que cuenta con todos los medios necesarios para acabar con esta esclavitud moderna y rehúsa hacerlo por una ceguera fratricida?

Dar vista a los ciegos hoy implica una conversión radical de la mirada masculina y de la mentalidad. Implica educación y responsabilidad. Implica que un hombre joven aprenda a ver a una mujer en situación de prostitución y reconozca, antes que cualquier otra cosa, su humanidad herida.

La industria del sexo vive de esa ceguera voluntaria. Sin demanda, no hay mercado. Sin compradores, no hay proxenetas. Sin hombres que pagan, no hay mujeres esclavizadas. La prostitución no existe porque haya mujeres pobres. Existe porque hay hombres dispuestos a pagar por acceder a un cuerpo que no les desea.

El año de gracia hoy: políticas que rompan cadenas. Una ley abolicionista

La Buena Nueva a las mujeres en situación de prostitución no es solo una promesa de vida eterna; es el anuncio de que su dignidad es innegociable aquí y ahora.

Cuando Jesús proclama “el año de gracia del Señor”, está evocando el Jubileo: un tiempo de reparación, liberación y justicia restaurativa. El modelo abolicionista —que penaliza al prostituyente, al proxeneta, al sistema y acompaña a la mujer hacia una salida real— es el Jubileo traducido a lenguaje jurídico del siglo XXI.

Aplicado a nuestra realidad, significa: una ley que proteja a la víctima y no la criminalice; perseguir a proxenetas y tratantes; responsabilizar y penalizar a los compradores; ofrecer alternativas reales de vida, trabajo y vivienda y promover una cultura de la vida que combata la explotación y la pornografía.

Amelia Tiganus lo argumenta desde su propia experiencia como razón política irrefutable: “Que la prostitución no sea una preocupación de la población en general es un problema, porque a todas las mujeres nos afecta que existan espacios físicos puestos a disposición de los hombres”.

Hace falta una ley de gracia que erradique esta esclavitud y que defienda los derechos humanos de toda mujer. Muchas voces defienden que un marco abolicionista encarna hoy ese espíritu: no porque sea perfecto, sino porque pone la dignidad humana por encima del mercado.

No basta con indignarse: ahora es el momento de actuar

Según datos de un macroestudio[vii] reciente del Ministerio de Igualdad, en España se estima que puede haber entre 152.735 y 184.234 mujeres en situación de prostitución. El sistema judicial francés estima[viii] que alrededor de 15.000 menores están en situación de explotación sexual en Francia. En España la cifra podría ser mayor, pero no hay ningún estudio sobre este grave problema y este hecho ya indica la poca voluntad política para acabar con este grave problema. España ha iniciado investigaciones penales contra grandes plataformas digitales (como X, Meta y TikTok) por supuesta generación y difusión de material sexual abusivo de menores mediante inteligencia artificial[ix].

En España, solo en 2024, la Policía Nacional y la Guardia Civil liberaron a 1.794 víctimas de redes de trata y explotación sexual o laboral, entre ellas 32 menores de edad[x].

8M: coherencia feminista o ceguera cómplice

La prostitución no es un fenómeno inevitable. Es un sistema sostenido por decisiones políticas, económicas y culturales.  La prostitución es un campo de concentración donde se paga por violar que atenta a los derechos humanos. Y, como todo sistema humano, puede cambiar si queremos.

Pero para eso hace falta valentía moral, voluntad colectiva, leyes que protejan a las víctimas, educación afectivo‑sexual que no normalice la violencia, hombres que revisen su deseo y su poder, comunidades que no callen. El silencio es complicidad. La neutralidad es una forma de apoyo al opresor.

Si el 8M quiere ser coherente con su propia raíz de lucha por la igualdad y la dignidad, la prostitución no puede aparecer como un “trabajo” más, sino como una de las mayores violencias contra las mujeres y lo coherente es hacer del abolicionismo una reivindicación central de cualquier agenda feminista y de derechos humanos.

La agenda abolicionista

Amelia Tiganus, fundadora de Emargi, formadora y superviviente del sistema prostitucional hace estas declaraciones: 

Las abolicionistas tenemos una agenda clarísima: pedimos una Ley Abolicionista del Sistema Prostitucional y de Atención Integral a Personas Prostituidas que incluya la descriminalización de las mujeres prostituidas, así como la reparación económica, acceso a la vivienda, acompañamiento psicosocial, asesoramiento jurídico, formación, terapia y trabajo; la prohibición y castigo de todas las formas de proxenetismo y de cualquier compra de acto sexual; el reconocimiento de mujeres prostituidas asesinadas como víctimas oficiales de violencia de género; formación especializada en intervención con víctimas dirigida a fuerzas de seguridad y otros funcionarios del Estado; educación afectivo-sexual feminista en todas las etapas y niveles educativos; campañas públicas de prevención y desincentivación del consumo de prostitución; estadísticas y transparencia de datos de número de consumidores de prostitución, número de mujeres prostituidas, número de prostíbulos y pisos, e ingresos del consumo de prostitución y otras formas de explotación sexual y económica de la industria del sexo en el Estado español. Esta ley es un tema prioritario en la agenda política de las mujeres y una demanda impostergable del movimiento feminista al Estado español y a la Unión Europea porque la prostitución no es un trabajo. Es violencia sexual, una violación de los Derechos Humanos y una forma de violencia extrema contra las mujeres. La prostitución es esclavitud y la esclavitud hay que abolirla».[xi]

Conclusión: no podemos mirar hacia otro lado

Lucas 4,18‑19 no es un texto para decorar templos. Es un texto para incendiar conciencias. Si creemos en la dignidad humana, si creemos en la libertad, si creemos en la justicia, entonces no podemos aceptar que miles de mujeres sigan viviendo en un infierno que otros llaman “servicio” o “trabajo”. Es la esclavitud más antigua que existe.

El Espíritu del Señor sigue diciendo: “Hoy se cumple esta Escritura”. Y se cumple cada vez que una mujer sale de la explotación. Cada vez que un hombre deja de comprar cuerpos y de ver pornografía —la fábrica que alimenta este sistema prostitucional que tritura mujeres y adolescentes—. Cada vez que una ley protege a las vulnerables. Cada vez que la sociedad abre los ojos. La liberación no es un sueño. Es una tarea. Y nos toca a nosotros.

Amelia Tiganus lo resume con una frase que es desafío y esperanza a la vez: “Si luchamos para conseguir la igualdad real, tendremos que pensar en esas mujeres a las que realmente no se les ha dejado ser más que ese cuerpo”.

¿De qué lado estamos? ¿De quienes participan, activa o pasivamente, en la violencia que hoy desgarra a tantas mujeres, o de quienes buscan defender honradamente los derechos humanos y desean abolir la prostitución?

Nota de llamada a la acción: Te animamos a firmar y difundir esta petición:

change.org/aboliciónProstitución

[i] Una experta de la ONU pide reconocer y combatir la prostitución como sistema de violencia contra las mujeres y las niñas. https://news.un.org/es/story/2024/06/1530721

 
[ii] Amelia Tiganus: «A una puta se la fábrica destruyendo su humanidad» https://www.publico.es/sociedad/amelia-tiganus-puta-fabrica-destruyendo-humanidad.html

 
[iii]  La prostitución en las plataformas digitales: de la invisibilización a los nuevos riesgos  https://www.uoc.edu/en/news/2022/313-digital-prostitution?utm_source=chatgpt.com

 
[iv] An Analysis of Motivations and Typologies for the Consumption of Prostitution as Perceived by a Young Spanish Sample https://www.mdpi.com/2411-5118/6/1/8?utm_source=chatgpt.com

 
[v]  Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), esta actividad supone un 0,35% del PIB del país, o lo que es lo mismo: 4.210 millones de euros que mueve cada año, unos 5 millones de euros al día. https://observatorioviolenciasexual.org/que-es-la-violencia-sexual/prostitucion/

[vi] Amelia Tiganus, feminista: “España es un Estado proxeneta”.  https://elsiglodeuropa.es/amelia-tiganus-feminista-espana-es-un-estado-proxeneta/


[vii]  Macroestudio sobre trata, explotación sexual y prostitución de mujeres: una aproximación cuantitativa https://violenciagenero.igualdad.gob.es/wp-content/uploads/resumen-ejecutivo-FINAL.pdf

 
[viii] Buyers of underage sex are rarely prosecuted: ‘We are at ground zero of the criminal justice response’ https://www.lemonde.fr/en/france/article/2025/11/30/buyers-of-underage-sex-are-rarely-prosecuted-we-are-at-ground-zero-of-the-criminal-justice-response_6747998_7.html?utm_source=chatgpt.com

 
[ix] Spain Orders Criminal Investigation Into X, Meta, and TikTok Over Alleged AI-Generated Child Sexual Abuse Material. https://time.com/7379272/spain-x-elon-musk-grok-ai-meta-tiktok-investigation-sexualized-deepfakes-children/

[x]  Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado liberaron a 1.794 víctimas de trata y explotación en 2024, un 22% más que en 2023. https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/interior/paginas/2025/160425-victimas-trata.aspx 
[xi] Amelia Tiganus. El proxenetismo y el blanqueamiento de la prostitución. https://www.mujeresparalasalud.org/el-proxenetismo-y-el-blanqueamiento-de-la-prostitucion/

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