A vueltas con la prioridad

Javier Marijuán

El debate de la “prioridad nacional” originado tras las últimas elecciones autonómicas se basa en una cadena de falsas premisas. Culpar de nuestros problemas a los llegados de fuera es un error y vender que limitar su acceso a las prestaciones públicas es la solución, ahonda en la confusión.

Es cierto que el armazón jurídico de nuestra Constitución y los Tratados Internacionales que tenemos suscritos convertirán esta proclama en un lema hueco y de difícil aplicación práctica. De momento, solo sirve para atizar el enfrentamiento y ganar votos pero también puede ser un prólogo a las redadas, deportaciones y demás tropelías que estamos viendo que se producen en otros países.

El grito de “los españoles primero” y callar cuando las multinacionales y la banca española y europea invaden otros países no es de recibo. También olvida la ingente aportación de los inmigrantes a nuestra economía y demografía. Olvidan la responsabilidad histórica que tenemos con países hermanos. Sufren de la amnesia de nuestras anteriores generaciones que emigraron a otros países de Europa y América.

Son muchas las prioridades que tenemos en el plano político y económico. Los últimos avatares judiciales nos llaman con urgencia a crear un marco que garantice la transparencia y el buen gobierno. Y en el plano económico se hace prioritario combatir sin reservas un sistema de capitalismo rentista que pretende convertirnos a todos en inquilinos.

Pero la verdadera prioridad nacional es la de defender a toda costa la dignidad humana en todas sus dimensiones. Discutir la dignidad humana de los más desprotegidos supone dar un paso atrás. Hacer ciudadanos de segunda nunca puede ser un programa político. Estos discursos nos degradan como país y nos alejan de la convivencia democrática. También recuerda al ridículo “España nos roba” que determinados políticos catalanes decían para ganar adeptos y no fueron capaces de demostrar con números.

La globalización del dinero y del comercio mundial nos benefició de forma evidente y nunca nos quejamos de ello. Ahora que nos llegan las personas, nos llevamos las manos a la cabeza. Ya que no se puede tapar el sol con un dedo, afrontemos la inmigración como un reto del que sí podremos salir mejores.

León XIV hablará de esto en el Parlamento español en unos pocos días. Seguro que nos va a dar buenas ideas por mucho que irrite a la creciente derecha anticristiana.

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