Ayudar a nuestros hijos a reflexionar no es hablar mucho

Nuevo curso escolar, nuevas tareas académicas. Tareas de nuestros hijos, en las que a veces tenemos que colaborar los padres de una u otra forma. Colaborar con las tareas académicas de nuestros hijos no quiere decir que seamos nosotros los responsables de ellas. A veces el miedo al fracaso de nuestros hijos nos hace asumir como propias, tareas que les corresponden a ellos.

Ese miedo nos lleva a asumir el control del tiempo de estudio, de la corrección de los ejercicios, hace que les preguntemos la lección… Y eso que hacemos con los estudios, lo aplicamos también a pequeñas tareas cotidianas: volver al colegio a llevarle el almuerzo porque se le ha olvidado, preparar la mochila para que no se le olvide nada…

A medida que crecen y entran en la adolescencia empezamos a decirle cómo tiene que comportarse con sus compañeros para ser aceptado, o cómo tiene que pensar ante una noticia del telediario.

Y los abrumamos con sermones, reflexiones, explicaciones… Y  convertimos en una rutina el dar a nuestros hijos las respuestas a preguntas que no se han hecho. Y esas respuestas (aunque sean las mejores del mundo) caen en un terreno infértil, no producen su fruto.

¿Qué es un terreno fértil? Aquel del que brota una pregunta. Hay una etapa del desarrollo de los niños en que es frecuente que hagan preguntas para comprender el por qué de las cosas. Que los niños y adolescentes se hagan preguntas es fundamental para afrontar la vida. Tres capacidades preparan a ello.

La primera es la capacidad de sorprenderse.  La sorpresa orienta los sentidos a aquel estímulo que nos sorprende. La sorpresa es una emoción que no necesita estimularse sino que brota espontáneamente en los niños. Pero los adultos podemos anularla abrumando a los niños con ofertas, juguetes, regalos, opciones… Para mantener la capacidad de sorpresa de nuestros hijos conviene tener un cierto ambiente de orden, porque donde hay desorden no hay sorpresa. Requiere también una austeridad, porque la abundancia de cosas dificulta la capacidad de que algo sea imprevisto. Y requiere también  un ambiente familiar donde no haya mucho ruido (sermones, TV, gritos, maquinitas) porque donde hay ruido es más difícil sorprenderse.

El segundo elemento que colabora a preparar un terreno fértil es la atención. La atención sirve para evitar la dispersión, permite observar los detalles de las cosas y su importancia, nos ayuda a ser capaces de contemplar los propios errores.

¿Cómo acrecentar la atención de nuestros hijos? Permíteme, lector, hacerte una pregunta: piensa en algo que te llame la atención, así en general. Una vez que lo hayas hecho hazte la pregunta ¿porqué esto me llama la atención? Surgirán muchas respuestas, pero todas tienen un denominador común: un deseo. Un deseo de conocer más, de acercarse, de entender, de experimentar más de aquello que llama la atención. Sin ese deseo no hay atención.

Las condiciones externas son condiciones necesarias, pero no suficientes. Si no hay deseo, puede existir el ambiente más favorable del mundo, pero no habrá atención. La voluntad suple en ocasiones la falta de deseo, pero con resultados bastante menos brillantes. Educar el deseo pasa por aprender a tolerar la frustración, aprender a esperar, no dejarse llevar por el capricho y asumir las consecuencias de las propias decisiones, pero también por ser capaz de apreciar lo bueno, lo bello, lo verdadero de las cosas.

El tercer y último elemento es  la reflexión, que permite que ese terreno se abra dispuesto a recibir la semilla de una respuesta. Ante una realidad ante la que uno se sorprende y a la que presta atención, llega el momento de preguntarse ¿por qué pasa esto? ¿Cómo funciona? ¿Por qué ha respondido así? ¿Qué hubiera hecho yo en ese caso?

Que los chicos nos vean preguntarnos a nosotros mismos. Que les hagamos las preguntas a ellos. Que no les demos las respuestas sin que se hagan las preguntas y escuchemos sus respuestas.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano

Un muro verde para frenar la desertización en África

Es un colosal muro verde y pretende transformar el África subsahariana: una barrera de árboles para frenar el avance del desierto a causa del cambio climático y dar una oportunidad de ganarse la vida a sus habitantes. En torno al lago Chad ya ha comenzado el ‘milagro’. Si se extendiese de costa a costa, a lo largo de 20 países, evitaría que miles de personas tengan que emigrar a Europa. Viajamos al muro que sí puede ser una solución.

Durante siglos, el lago Chad fue la mayor reserva de agua dulce del Sahel. Treinta millones de personas dependían del lago. Poco profundo y alimentado por las lluvias monzónicas y los caudales del río Chari al sur y el Yobe al noroeste, el Chad siempre ha sido de dimensiones fluctuantes. Sin embargo, en los últimos decenios, estas variaciones estacionales han ido reduciéndose hasta llegar a desaparecer. El lago Chad está esfumándose.

En 1963, esta reserva de agua se extendía a lo largo de 25.000 kilómetros cuadrados; en las últimas décadas se ha reducido en un 90 por ciento, aproximadamente. Los expertos consideran que el principal responsable es el cambio climático, aliado con el crecimiento de la población y la irrigación no planificada. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente habla de «un desastre ecológico», agravado por el conflicto armado y por la presencia del grupo terrorista Boko Haram, que se ha cobrado decenas de millares de vidas y también ha originado la migración de unos 2,5 millones de personas en toda la región.

OCHO MIL KILÓMETROS, OCHO MIL MILLONES DE DÓLARES

En una de las aldeas a orillas del lago, llamada Melea, unas mujeres ataviadas con ropajes de vivos colores y unos hombres vestidos con unas túnicas están reunidos en torno al pozo comunitario.

Durante los períodos de sequía vienen a este lugar y rezan para que llueva. Hoy están ocupados en plantar semillas de acacias, de palmeras datileras, de guayabos y de mangos en unos hoyos excavados en la arena y cubiertos con excrementos de cabra. «En los últimos cinco años, la arena se acerca a nuestros cultivos con una velocidad inusitada», explica Mbodou Mahamat, director del programa agrícola de la aldea. «Nuestras gentes llevan 400 años en este lugar. Esperamos que estos árboles vayan a protegernos».

Esta plantación de unos pocos millares de árboles forma parte de un proyecto diseñado con la idea de crear una nueva maravilla del mundo. el ‘gran muro verde’ que recorrerá 8000 kilómetros de costa a costa, a través de más de 20 países. El objetivo es conseguir la recuperación de 100 millones de hectáreas de terrenos degradados hacia 2030, lo que redundaría en la pacificación de una de las regiones más empobrecidas del planeta y en el freno de las masivas migraciones a Europa. Se espera que el muro, al contener el avance del desierto, proporcione estabilidad a las áreas ribereñas con el lago Chad.

En el Sahel vivirán 100 millones de personas en 2020; el 65 por ciento, menores de 25 años. Y con pocas oportunidades de supervivencia si la tierra se degrada

De momento está prevista la aportación de 8.000 millones de dólares para construir esta gran muralla verde. Entre sus impulsores más conocidos se encuentra Fernando Meirelles (director de Ciudad de Dios y El jardinero fiel), productor ejecutivo de un documental de estreno inminente que sigue la ruta delineada por el gran muro. El cineasta brasileño tiene gran fe en el poder de los árboles. Todos los años planta millares de ellos -hasta 15.000- en las tierras que posee en su país natal. Meirelles asegura que el proyecto está destinado a «cambiarlo todo, de arriba abajo», en África, si bien reconoce que hay incontables obstáculos. «Cada uno de los países se encuentra con numerosos problemas políticos -indica-. Pero yo creo que se puede hacer. Servirá para que la gente pueda continuar viviendo en estos lugares; si no actuamos a tiempo, el problema migratorio se volverá intratable en cuestión de pocos años. Para los europeos en particular. Este proyecto tendría que contar con el apoyo del mundo entero».

Las temperaturas en el Sahel han subido un grado centígrado desde 1970, casi el doble del promedio global registrado en este período. Se considera que el calentamiento global ha afectado a esta región en mayor medida que a ninguna otra. En Chad, por poner solamente un ejemplo, las temperaturas actualmente superan los 50 grados en la temporada seca, desecando así los cultivos allí donde llegan a crecer. El 80 por ciento de las tierras del Sahel está degradado, lo que reduce las pocas oportunidades previamente existentes para la población más joven del mundo. Se calcula que su número llegará a los 100 millones en 2020… Y que el 65 por ciento de estas personas tendrá menos de 25 años.

Estas funestas perspectivas económicas suponen un fértil caldo de cultivo para el reclutamiento de nuevos terroristas. En la zona que circunda el lago Chad, Boko Haram ofrece de todo a los reclutas potenciales, desde un par de zapatillas deportivas nuevas o un teléfono móvil hasta acceso a servicios médicos y escuelas. «Estamos hablando de unos grupos terroristas carentes de escrúpulos por completo», declara Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertización (UNCDD, por sus siglas en inglés), organismo supervisor de la construcción de la gran muralla verde. «Y saben cómo captar a unas personas que, más que sentirse decepcionadas, están directamente desesperadas».

Nancy Walters, directora de operaciones del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP) en Chad dice que cada vez está más claro que la simple aportación continua de recursos a los campos de refugiados no va a reducir el flujo migratorio de las personas que huyen de los conflictos armados y el cambio climático. Walters explica que últimamente se concede prioridad a los proyectos destinados a incrementar la resiliencia en el exterior de los campos. Por medio de diversas iniciativas, en parte inspiradas por el gran muro verde, el WFP está ayudando a los aldeanos a excavar la tierra, a plantar cultivos y a emprender proyectos de plantación de árboles a gran escala alrededor del lago Chad. «El objetivo es poder refrenar la degradación medioambiental y revertir lo que ha estado sucediendo hasta la fecha», indica Walters. «Las cosas cada vez van a peor. El impacto de las migraciones hacia Europa y Norteamérica está sirviendo para que muchos se tomen el problema en serio. La mayoría de las personas que emigran no lo hacen por gusto. En consecuencia, ¿qué podemos hacer para que sigan viviendo en sus lugares de siempre?».

«HACE FALTA VALOR PARA INVENTAR EL FUTURO»

Los orígenes de la gran muralla verde datan del decenio de 1970, cuando el Sahel se vio sacudido por una sucesión de sequías. La crisis llevó a que varios líderes políticos del continente propusieran medidas para proteger a sus poblaciones del cambio climático. Thomas Sankara, el presidente marxista revolucionario de Burkina Faso, fue uno de los primeros en defender la construcción de un muro de este tipo. «Es imposible conseguir cambios fundamentales si no estás un poco loco», dijo Sankara en 1985, dos años antes de ser asesinado. «Hace falta valor para inventar el futuro».

Las temperaturas han subido en esta región el doble del promedio global. En Chad se alcanzan los 50 grados en temporada seca

La construcción del muro sigue siendo una iniciativa dirigida por africanos; cada uno de los países implicados se encarga de coordinar sus propios proyectos de plantación. La siembra de las primeras semillas se produjo en 2008. Fueron las de una variedad de acacia resistente a las sequías, plantada en el pueblo senegalés de Widou Thiengoly, bajo la supervisión del director técnico nacional asignado al gran muro verde, el coronel Papp Sarr (el rango no es militar, sino que designa los años como funcionario en diversos departamentos medioambientales). El coronel Sarr explica que, en el curso de una década, el país ha plantado 20 millones de árboles, cubriendo casi 45.000 hectáreas a lo largo de una extensión de 550 kilómetros.

Estaba previsto que la muralla fuera una entidad homogénea, pero su moderna encarnación es la de un mosaico de plantaciones, cada una de ellas creadora de su propio microclima. Sarr agrega que los resultados comienzan a ser importantes en la recuperación de terrenos degradados, en la creación de industrias allí donde no existían y en la escolarización de unos niños que antes se hubieran visto obligados a pastorear los rebaños cada vez más lejos del hogar, en busca de unos pastos en continua disminución.

ÁRBOLES QUE CAMBIAN VIDAS

El pueblo de Koyli Alpha, en el norte de Senegal, es uno de estos reductos recuperados. Lo primero que llama la atención es el canto de los pájaros, que van y vienen entre los árboles. En 2013 fueron plantadas casi cinco hectáreas de árboles en este lugar, en paralelo a un gran huerto comunitario que hoy sustenta a 250 personas. Al igual que en otros proyectos vinculados al gran muro verde, a los aldeanos se les pagó para que plantasen los árboles. También les fue suministrado un surtidor de agua para irrigar los cultivos. en este caso, un barreno o pozo de sondeo regulado para liberar nada más que 200 litros al mes destinados al riego de los cultivos. La escasez de lluvias obliga a regular estos pozos de forma estricta, para evitar que las reservas en la capa freática se desequen por entero, antes de que las siguientes precipitaciones puedan reponerlas.

Senegal ha plantado en una década 20 millones de árboles a lo largo de 550 kilómetros; los resultados comienzan a ser importantes

Los aldeanos dicen que el proyecto ha dado un vuelco a sus vidas. «Ahora cultivamos verduras con las que alimentamos a nuestras familias y que vendemos por dinero», indica Jamilatou Ka, una mujer de 30 años con cuatro hijos. «Incluso hemos abierto una cuenta bancaria para que la gente pueda tomar dinero prestado. Los cultivos me proporcionan efectivo, hacen que salga de casa, me da libertad». Kadiatou Diallo, Aissata Diallo y Fatimata Ba, de 15 años los tres, explican que el trabajo en el huerto les permite seguir asistiendo a la escuela. «Los estudios te dan más salidas -dice Fatimata-.Cuando terminemos de estudiar, no vamos a marcharnos de aquí. Queremos quedarnos en el pueblo y aplicar cuanto hemos aprendido en este mismo lugar».

A unos cuantos kilómetros se encuentra otra parcela del muro, con 10.000 árboles plantados hace cinco años. La parcela está circundada por un vallado para evitar que la vegetación sea devorada por los rebaños errantes de cabras y vacunos que han convertido en un erial buena parte de esta zona del Sahel. El ganado tan solo tiene acceso a este lugar unos cuantos meses al año, y el resultado es una asombrosa diferencia en la población animal. Los monos, los chacales, los kudús (antílopes) y los conejos ya han regresado. Al mismo tiempo, los residentes de las aldeas vecinas están comenzando a ganar dinero con la explotación de los árboles: cosechan goma arábiga de las acacias y se encuentran con que pueden alimentar a sus animales de una forma más sostenible.

El coronel Sarr está convencido de que, con el tiempo, el gran muro verde puede ser más efectivo que cualquier otro tipo de vallado a la hora de disuadir a sus paisanos de los planes de emigrar. «Un dicho filosófico dice que primero fueron los árboles, luego fue el hombre y, después, fue el desierto. Ahora todo depende de nosotros», considera. «Pero un árbol puede ser algo muy poderoso».

Joe Shute

Fuente: xlsemanal

José Cobo. Por el cuidado de la casa común. Coop25 Laudato Si’

Palabras de Don José Cobo, obispo auxiliar de nuestra archidiócesis, en la Oración convocada poco antes de la Marcha por el Clima con motivo de la COP25, en la que participaron diversos grupos y movimientos católicos codo con codo con numerosas entidades civiles.

(Mt 16,2-3) Dijo también Jesús a la gente: — Cuando veis que una nube aparece por poniente, decís que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís que hará bochorno, y lo hace. ¡Hipócritas! Si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sois capaces de interpretar el tiempo en que vivís? ¿Por qué no discernís por vosotros mismos lo que es recto?

Queridos todos:

Orar es un don que viene de Dios mismo.

Es una oportunidad para unirnos y reconocer quienes somos: criaturas de Dios, llamadas a presentar nuestra vida, la de nuestros hermanos y la de la creación entera en la que vivimos. Presentarla y aprender a contemplar en ella al mismo Dios que la trabaja y habita.

Oramos agradecidos porque hoy de forma más intensa, tomamos nueva conciencia de que Dios, en su designio de Amor, nos ha creado y nos ha colocado en vital relación de amor con la casa común donde quedamos enraizados.

Oramos antes de un gran acto público que comenzamos aquí, en un templo. Será un encuentro con miles de sensibilidades y perspectivas, pero que tiene en común el escuchar el grito único del Planeta. Grito que también traemos a este templo y a nuestros corazones.

Oramos en el marco de una gran cumbre: La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones unidas sobre el cambio climático. Al realizarse en nuestra ciudad, vemos un signo y una oportunidad para abrirnos a la fuerza y sencillez de la oración como vida para toda la humanidad. La oración transforma, nos enraíza en la realidad y nos sintoniza con la acción de Dios.

La oración nos hace pobres y nos pide colocar la realidad ante este Dios que está amando todo lo que ha creado, y se sigue fiando de nosotros, como desde el comienzo, para hacer crecer su obra en la dirección de su bondad y amor.

También la oración nos pone a la escucha de la voz de Dios sobre la casa común y la vida del ser humano en ella.  Así, desde la escucha a Dios, encontramos las claves para saber cómo podemos ser sus manos. Manos, en este proyecto de restauración que comenzó en la Resurrección de Cristo para decirnos que hay Esperanza ante todo lo que significa pecado, muerte y destrucción.

Esta es la mejor forma de situarnos en este tiempo de Adviento en el que vivimos.   

Decía Tomas Merton que el Adviento es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Por eso esperamos lo que San Pablo nos dice con solemnidad y claridad: “esperamos que Dios lo sea todo en todos y en todas las cosas” (1 Cor 15, 28). Ese es su proyecto.  Y ha querido realizarlo “Humanamente”: por eso nos vemos en la necesidad de ponernos a la escucha de este Dios que tiene voz humana, y que llega a nosotros en la bondad del ser humano.

Escuchando la voz de Dios percibimos que nace en un pesebre, abrigado por la creación, por los ángeles y las criaturas del campo y por las estrellas.  Contemplando su humanidad abrigada por la creación, nuestra forma de ser personas aprende a ser más humana y aprendemos al tiempo a situarnos en la Casa Común por los caminos en los que el mismo Dios se hace hombre.

Permitidme traer ahora tres signos para orar con ellos y dejar que nos pongan delante de Dios.  Espero que nos hablen y nos sirvan para reconocer por donde llega Cristo  

1.- Traigo un puñado de tierra.

Esa que queda poca en nuestras ciudades de hormigón y cristal.

Tierra que nos habla de nuestro suelo, de dónde venimos, y el lugar concreto donde cada uno somos seres humanos.

Presentamos nuestra Tierra.

Dios nos llama a actuar localmente. A ser concretos. A poner acciones concretas a las palabras. Dios mismo nos enseña pues El crea tocando el barro y dando formas concretas.

La cumbre de Madrid nos hace caer en la cuenta de la riqueza de grupos, sensibilidades y experiencias de esperanza ante el grito de la Creación.

Hay muchas experiencias, desde mil espacios de nuestra sociedad, que están sembrando buenas prácticas para luchar contra el cambio climático y por el desarrollo sostenible.

Necesitamos y pedimos al Espíritu Santo que nos de generosidad para afrontar las medidas necesarias que la tierra espera. Los estudios muestran, como dice el Papa, “que los compromisos actuales de los estados para mitigar el cambio climático y adaptarse a él, distan mucho de ser los que realmente se necesitan para alcanzar los objetivos establecidos en el Acuerdo de Paris”.

Es necesario mucha generosidad para que las palabras no se alejen de las obras concretas.

Gracias a los que concretáis.

El Adviento nos enseña el valor de la pobreza y de lo concreto, como aparece en Belén, en el pesebre, Dios hecho carne.  Desde ahí aprendemos a sintonizar el corazón y descubrir el valor de la Esperanza. Y siempre empieza por lo pequeño y lo pobre, y desde ahí todo se transforma. Creemos por eso que en los pequeños gestos cambiamos a la humanidad. Actuar localmente transforma.

Agradecemos hoy esos gestos del día a día que se van implantando y que son como estrellas que nos ayudan a todos.  Gestos de generosidad, sobriedad, solidaridad y honradez.

2.- Ofrecemos una pancarta. (Es la que irá en nombre de todos los católicos en la manifestación) 

Es signo de nuestra manera de ser ciudadanos y ciudadanas creyentes, que caminan con todos los que trabajan por el bien común.

Una pancarta para despertar la conciencia. Es necesario generar espacios de sensibilización.

Una pancarta para caminar con quienes emprenden caminos de solución y toma de postura.

Una pancarta al filo de la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco.

La fe nos lleva a apoyar las iniciativas y a crear nuevos caminos si es preciso.  

Apoyamos iniciativas de ciudadanía global. Damos la mano a quien marche hacia políticas y economías que traten sobre la Vida y el ser humano. No las que tratan sobre el arte de hacer dinero, o dividir a la humanidad en desarrollada y no desarrollada.

Buscaremos fuerzas en la oración para unirnos y aportar la luz de Dios en el desarrollo de sistemas que sostengan a todas las criaturas, que se orienten hacia la Justicia Social. Porque sabemos que esta Justicia solo funciona si se cree profundamente en la Vida.

Desde la fe, como ciudadanos, con el Papa Francisco pedimos y apoyamos   el trabajo   con una voluntad política y económica clara, previsora y decidida para que se dediquen   más recursos humanos, financieros y tecnológicos para mitigar los efectos negativos del cambio climático y para ayudar a las poblaciones ms vulnerables y más afectadas por el calentamiento global. Para fomentar la solidaridad y reforzar los fuertes vínculos entre la lucha contra el cambio climático y la pobreza.

La oración nos ofrece luz y fortaleza para dar voz a los sin voz, y para unirnos al paso de esta parte de la sociedad que toma conciencia activa del clamor y de la necesidad de mantener un planeta sano para hoy y para el futuro.

Y no solo necesitamos cambios políticos y económicos. El Papa Francisco, además, nos pone delante de la educación como un nuevo lugar donde llevar esta pancarta de preocupación. Oremos porque podamos reflexionar con las nuevas generaciones como afrontar esta conversón social y ecológica sin caer en las trampas del pasado como los modelos de consumo y producción, hasta la educación que hemos ofrecido sobre la dignidad humana.

Con esta esperanza y este compromiso presentamos al Señor esta pancarta:  para despertar conciencias y para caminar como creyentes con nuestros hermanos y hermanas y con las criaturas que el buen Dios nos ha confiado.

3.- Y al final os presento una paloma que llega volando hoy, como aquella del diluvio.  

Viene hoy a nosotros portando un brote de olivo verde. Olivo de la paz y el dialogo, pues solo así caminaremos en los caminos del cambio climático inminente.

La paloma nos recuerda el diluvio. Un capítulo de destrucción y de crisis de la creación, motivado por el pecado y la insensatez del ser humano.

Fue un momento de destrucción del que debemos aprender y escuchar en oración, y enseñar a las nuevas generaciones. Ante la destrucción, hombres y animales dejaron de lado incluso el instinto de ir unos contra otros para subirse a un mismo barco: juntos y reconciliados pudieron salvarse y abrir paso a las generaciones futuras.

Fue el compartir un arca donde aprendieron el sentido de la armonía que les ayudó a afrontar el mar, la crisis, la destrucción.

La paloma, al final, reveló que Dios siempre dona esperanza y genera señales nueva vida en medio del caos.

Ahora, mirando al futuro acogemos nuestra responsabilidad con la esperanza de Dios. Quizá necesitamos de arcas nuevastiendas del encuentro que nos ayuden a dar futuro desde un humanismo espiritual que ofrezca vías sobre cómo construir lo que está por llegar.

Ese camino es el que las religiones transitamos y en el que los cristianos creemos profundamente desde nuestra fe en Jesucristo.  La oración nos dice que la solución es una cuestión espiritual, pues el problema climático es ético antes que político o económico. Afecta a cómo somos personas en este mundo concreto.

Desde la fe proponemos un humanismo que sabe dialogar con un mundo plural y le ofrece la Esperanza de Jesucristo Resucitado. Un humanismo que crece cuando fortalecemos el NOSOTROS antes que el “individual Yo” de cada uno y de cada pueblo.

En esta nueva arca caminaremos en el humus de sabernos una sola familia Humana. Es el espíritu de Asís, donde aprendemos a dialogar desde lo que nos une: la humanidad, la casa común, y acogiendo unnosotros en Dios y con Dios.

Dios nos envía la paloma y nos dice que El sigue confiando en el ser humano para construir con pasión un futuro nuevo. Ponemos una mirada de confianza en el ser humano y pedimos que sepamos escuchar la voz de la creación que gime y pide respuestas concretas.

Tierra, pancarta y la paloma de la esperanza 

“¡Ojalá podamos ofrecer a la próxima generación razones concretas para esperar y trabajar por un futuro bueno y digno! Espero que este espíritu anime el trabajo de la COP25, a la cual deseo mucho éxito”, es el aliento del Papa

En este adviento ponemos la realidad de nuestro mundo y la que estos días se viven en Madrid para trascenderla, para escuchar en ella lo que Dios nos dice y para asumir la responsabilidad que el mismo Dios da al ser humano en medio de la casa común.

Un tiempo nuevo nos espera y ese tiempo es de Dios. Gracias por quienes habitáis en él.

¿Cómo influye Zeigarnik en tu matrimonio?

– ¡Hombre Juan! ¡Cuánto tiempo! ¿Te pasa algo? Tienes mala cara.

– Acabo de tener una discusión con mi mujer… Empezó por una bobada, pero acabó sacándome cosas de hace mogollón de tiempo, que ni sé cómo se acuerda.

– Eso es por el efecto Zeigarnik.

– ¿Zeigarnik? No sé quién es ése, así que no creo que tenga mucho que ver.

– En realidad, es “ésa”.

– Oye, oye, que yo no conozco a ninguna Zegarnosequé. Que esto no va de terceras personas, es sólo una discusión normal y corriente de un matrimonio.

– Te lo estás tomando por donde no es. Bluma Zeigarnik fue una psicóloga rusa que descubrió el efecto que lleva su nombre, “efecto Zeigarnik”.

– Y eso ¿qué es?

– En una ocasión, Zeigarnik observó a los camareros de un restaurante y se fijó en que eran capaces de recordar los platos que tenían pendientes de servir, pero, sin embargo, olvidaban con rapidez las mesas servidas. A partir de esta observación, Zeigarnik estudió el funcionamiento de la memoria en relación con aquellas tareas que están inacabadas y descubrió que nuestro cerebro tiende a olvidar rápidamente aquellas tareas ya finalizadas, mientras que las tareas que aún no se han resuelto se mantienen activadas en la memoria.

-Sin duda una mujer muy observadora e inteligente. Pero no sé qué tiene que ver eso con mi matrimonio.

-Pues yo lo veo claro. En la mayoría de los matrimonios existen conflictos ¿no?

-Claro

-Discusiones ¿no?

-Evidente.

– Y ¿cómo se resuelven esos conflictos o esas discusiones?

– Pues depende, en algunos casos se resuelven hablando, escuchando el punto de vista del otro, se pide perdón, se perdona… En otros casos se deja que el enfado se vaya pasando y no se vuelve a hablar del tema. Ésta es mi técnica favorita.

– Ya veo. Pues si nos imaginamos un conflicto o una discusión en el matrimonio como una tarea, podemos decir que hay tareas que se terminan, es decir que se resuelven y hay otras tareas inacabadas, que quedan abiertas, es decir, que no se resuelven ¿no?

-Se podría decir así.

– Aplicando el efecto Zeigarnik sobre estos conflictos en nuestros matrimonios, podemos llegar a la conclusión de que los conflictos no resueltos se mantienen activos en la memoria. Es decir, que resultan difíciles de olvidar y continúan estando presentes hoy, aunque hayan sucedido hace tiempo, como una especie de tarea inacabada que nuestra memoria procura no olvidar para indicarnos que tenemos que resolverla.

-¡Qué interesante! Es por eso por lo que mi mujer saca cosas del pasado cuando discutimos, incluso cosas que han pasado hace mucho tiempo y que no tiene que ver con lo que estamos discutiendo.

-Pues sí, probablemente no hayas resuelto adecuadamente esa situación con ella, y su memoria sigue calificando esa situación como “pendiente”. Ahí tienes una tarea que hacer.

-¡Vaya!, ya estás mandando deberes…

-No son tan difíciles hombre… Lo más gracioso de todo, es que el efecto Zeigarnik hace que se olviden aquellos conflictos que sí conseguís resolver.

-¡¡¡¿Cómo?!!! ¿Quieres decir que los conflictos no resueltos se acumulan y los que se resuelven no? ¿Como si hubiera una especie de caja en la que se van guardando las discusiones no resueltas pero las que resolvemos se evaporan? ¡Menudo negocio!

-Pues así funciona nuestra memoria. Muchas veces no es cuestión de mala voluntad, simplemente uno no olvida lo que no ha resuelto y olvida lo que sí. Pero ojo, hay algo positivo de todo esto y es que lo que no se olvidan son las estrategias utilizadas para resolver los conflictos y con ellas puedes afrontar y resolver los problemas, para evitar que se acumulen.

-No me entusiasma lo de la tal Zeigarnik, pero si es como dices, mejor me voy para casa a intentar resolver esta discusión y al menos ¡que no se sume a la lista!

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

Hammarskjöld y la sala de meditación

La Sala de Meditación, ubicada en el ala oeste del vestíbulo público del edificio de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, es un espacio de recogimiento dedicado a la paz mundial y a disposición de las gentes de todos los credos y religiones; fue ideado por Dag Hammarskjöld, segundo Secretario General de las Naciones Unidas con el apoyo de un grupo, integrado por cristianos, judíos y musulmanes.

Dag Hammarskjöld escribió este texto para entregar a los visitantes de la sala

Todos tenemos dentro un centro de quietud rodeado de silencio.

Esta casa, dedicada al trabajo y al debate al servicio de la paz, ha de contar con una sala dedicada al silencio exterior y la quietud interior.

Lo que hemos pretendido ha sido crear en esta pequeña sala un lugar en el que las puertas puedan abrirse a territorios infinitos de reflexión y oración.

En este lugar se reunirán personas de muchos credos y por esa razón no se podía utilizar ninguno de los símbolos a los que estamos acostumbrados en la meditación.

Sin embargo, hay cosas sencillas que nos hablan a todos en el mismo lenguaje. Hemos buscado esas cosas y creemos haberlas encontrado en el haz de luz que incide en la brillante superficie de la piedra.

De ese modo, en el centro de la Sala vemos un símbolo de cómo todos los días la luz del cielo da vida a nuestra Tierra, lo que, para muchos de nosotros, simboliza cómo la luz del espíritu da vida a la materia.

Pero la piedra que hay en el centro de la Sala tiene algo más que decirnos. Podemos considerarla un altar, vacío, no porque no haya Dios, ni porque sea un altar a un dios desconocido, sino porque está dedicado al Dios al que el hombre venera bajo multitud de nombres y formas.
La piedra del centro de la Sala nos recuerda también lo que hay de firme y permanente en un mundo de movimiento y cambio. El bloque de hierro tiene el peso y la solidez de lo eterno. Nos recuerda la piedra angular de la tenacidad y la fe en las que se debe sustentar toda empresa humana.

El material de la piedra guía nuestros pensamientos hacia la necesidad de elegir entre la destrucción y la construcción, entre la guerra y la paz. Con hierro el hombre ha forjado espadas, pero con hierro también ha fabricado arados. Con hierro ha construido tanques, pero también con hierro ha erigido casas. El bloque de mineral de hierro es parte de la riqueza que hemos heredado en esta Tierra nuestra. ¿Cómo vamos a utilizarla?

El haz de luz incide en la piedra en una Sala decoración extrema sencillez. No hay otros símbolos, no hay nada que pueda distraer nuestra atención ni interrumpir la quietud en nuestro interior. Cuando nuestros ojos se trasladan de esos símbolos a la pared del frente, tropiezan con un sencillo diseño que abre la Sala a la armonía, la libertad y el equilibrio del espacio.

Según un antiguo dicho, el sentido de un recipiente no está en sus paredes sino en su oquedad. Lo mismo sucede con esta Sala. Corresponde a los que vienen a ella llenar el vacío con lo que encuentran en su centro de quietud.

A veces ser padres consiste más en no hacer que en hacer.

¿Cómo? ¿Qué es eso de que ser padres consiste más en no hacer que en hacer? ¿No sabe usted que los padres tienen la gravísima responsabilidad de educar a los hijos?

Un momento, no digo que los padres no tengan que educar a sus hijos. Lo que digo, es que, a veces, ser padre consiste más en no hacer que en hacer. Precisamente para educar mejor a los hijos. Intento explicarme.

De acuerdo, pero no se enrolle.

Imagine una persona que tiene que viajar en tren por Nochebuena para reunirse en la cena con su familia. Su tren sale a las 13:10 h. Llega a la estación a las 13:14 h. Pero el tren no ha salido aún. El jefe de estación está esperando a esa persona y cuando la ve aparecer la abronca: cómo hace esperar a todos los pasajeros, parece mentira alguien de su edad, retrasando a todo un tren, no se le vuelva a ocurrir hacer eso, la próxima vez va a mandar salir el tren aunque no haya llegado… La persona sube al tren y el tren se va. ¿Cómo se siente esa persona?

Imagino que no le sentará bien la bronca del jefe de estación, pero por dentro estará aliviada ya que, al menos, no ha perdido el tren.

De acuerdo. Supongamos otro final para esa escena: la persona llega tarde. El tren se ha ido. Pero además de haberse ido, el jefe de estación le echa la misma bronca por llegar tarde: qué vergüenza alguien de su edad llegar tarde, ya podría andar más espabilado, no se puede confiar en ella, no se le vuelva a ocurrir hacer eso…

Eso sí que sería una estupidez. Además de perder el tren ¡el jefe de estación le echa la bronca! Imagino que estaría doblemente cabreada y mandaría al jefe de estación a freír espárragos.

Completamente de acuerdo. Vayamos al caso más habitual. La persona llega tarde y el tren se ha ido. No hay jefe de estación que eche la bronca.

Eso da mucha rabia, en esas situaciones te lamentas, piensas en por qué no has salido antes de casa, en el dinero perdido, en si habrá otro tren, en la familia que te espera…

Efectivamente, todo eso surge sin intervención del jefe de estación ¿no?

Espere, espere, ya veo por dónde va… Usted lo que quiere decir es que el jefe de estación es como el padre o la madre y que, si el hijo hace algo mal y ese algo tiene sus propias consecuencias, no hace falta añadirle más consecuencias en forma de bronca o evitarle las consecuencias y sustituirlas por una bronca ¿no? ¿lo he entendido bien?

Ahora imagine: a su hijo se le olvida en casa un cuaderno de deberes del cole y se da cuenta cuando ya está llegando al cole. Usted puede volver corriendo a casa a buscarlo y abroncar al chico, con lo que estaríamos en el primero de los casos, le evita la consecuencia y la echa la bronca. Puede darse la situación de que, por su horario laboral, ya no tenga tiempo para ir a buscarlo, así que le echa la una buena bronca al chico (te he dicho antes de salir que revisases la mochila, mañana preparo yo la mochila, esta tarde te quedas sin ver los dibujos en la tele…), que, además, se va a ganar su correspondiente castigo en el cole por no haber traído los deberes. Estaríamos en el segundo de los casos. O puede no hacer nada y dejar que las consecuencias ejerzan su influencia.

¿Y si no lo hace? ¿Y si no sirven para que el chico aprenda?

Si las consecuencias no sirven para que el chico aprenda, menos servirá su sermón o su castigo.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

Desposesión de derechos constitucionales

En los últimos años hemos debatido intensamente -hasta el hartazgo- sobre la ruptura del pacto constitucional que regula la distribución territorial del poder político. Y casi nada de la ruptura del pacto social que contiene la Constitución de 1978. Esta prioridad en la agenda política no es un fenómeno exclusivamente español, sino global. Cuando el conflicto social, antaño llamado lucha de clases, pierde centralidad política su espacio lo ocupa el agravio comparativo, que es hoy el «gran motor de la historia».

La reciente sentencia del Tribunal Constitucional, que avala el despido objetivo por ausencias al trabajo, aún justificadas, nos brinda la oportunidad de someter al debate político el intenso proceso de desposesión de derechos constitucionales en el orden social sufrido en los últimos años.
El pacto constitucional del 78 fue el resultado de muchos equilibrios, también de impotencias recíprocas entre las dos fuerzas en pugna, inmovilismo y ruptura. Como todas las constituciones es un texto abierto y por escribir, que la política, con las correlaciones de fuerza de cada momento, va redactando.

Con la mirada de hoy, el contenido social del pacto constitucional es quizás el más rupturista de todos, en aspectos como el papel de los sindicatos (artículo 7 CE), la amplitud de los derechos fundamentales, de otros derechos sociales y también por los mandatos que la Constitución remite a los poderes públicos.

Pero su contenido sufrió desde los primeros años -coincidiendo con una grave crisis económica mundial- las consecuencias de un desarrollo legal cicatero. Y en décadas posteriores un proceso de desposesión de derechos constitucionales, que alcanza su máxima expresión en la última doctrina del Constitucional.

Este proceso se manifestó en primer lugar como resistencia del poder político a desarrollar algunos de los derechos reconocidos en la Constitución y por un olvido mayúsculo de los mandatos que los poderes públicos reciben en el ámbito social de la Carta Magna.

Comenzando por la huelga, derecho fundamental de especial trascendencia, por el que las personas trabajadoras persiguen reequilibrar los profundos desequilibrios de poder entre capital y trabajo, especialmente en tiempos de globalización, y convertir la igualdad formal en igualdad real.

La huelga continúa aún hoy regulada por una norma pre-democrática de 1977, afortunadamente reinterpretada en sentido amplio por el Constitucional, por cierto, el mismo Tribunal aunque con una composición distinta, que hoy restringe sistemáticamente los derechos constitucionales.

La oposición a este desarrollo legislativo del derecho de huelga tiene en Felipe González su máxima expresión. En abril del 1993, ejerciendo de su personaje preferido, el de Mandarín político, impidió in extremis la aprobación de una Ley reguladora de la huelga, que nos hubiera dotado de seguridad jurídica y protegido del uso abusivo de los servicios mínimos que utiliza el poder político como si de un piquete anti-huelga se tratara. El entonces presidente del Gobierno forzó la convocatoria de elecciones anticipadas el mismo día que el Congreso de Diputados iba a aprobar en segunda lectura un Proyecto de Ley de Huelga, que había pasado ya por el Congreso y el Senado, a partir de un pacto del Grupo Parlamentario Socialista, dirigido por Alfonso Guerra, con CCOO y UGT. La disolución anticipada de las Cortes ese día y no 24 horas después tuvo como objetivo evitar la aprobación de una Ley que regulaba ampliamente el derecho de huelga.

Son muchos otros los derechos sociales, protegidos constitucionalmente, que no se pueden ejercer en la práctica por falta de desarrollo legal. Entre ellos el derecho a la vivienda, en el que las pocas políticas practicadas han estado más al servicio de apoyar al sector de la construcción en épocas de crisis, por la vía de incentivar la demanda de propiedad, que de garantizar un derecho social de ciudadanía. El margen constitucional, a pesar de la gran potencia reguladora de facto del mercado inmobiliario, es mucho mas amplio de lo que se reconoce por el poder político. Incluso cuando topa con el derecho a la propiedad, que no olvidemos es un derecho que la propia Constitución condiciona a su función social (art. 33 CE).

Esta desposesión de derechos constitucionales no es solo responsabilidad de los gobiernos centrales. En el ámbito autonómico tenemos ejemplos múltiples, especialmente con gobiernos de la derecha, sea española o catalana, en relación a restricciones en el derecho a la salud. O en el impuesto de donaciones y sucesiones que algunas CCAA, gobernadas por el PP y Ciudadanos, han hecho desaparecer. Obviando que la Constitución condiciona la herencia a los límites de su función social, porque para las derechas propiedad privada y herencia son los únicos derechos ilimitados.

Quizás el mandato constitucional que mejor expresa la gran potencialidad no explotada de nuestro Constitución sea el art. 129. 2 que mandata a los poderes públicos a establecer los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción (no se alarmen, han leído bien).

La segunda vía de desposesión de derechos constitucionales ha venido de la mano de la acción legislativa restrictiva de estos derechos. El caso más evidente es el del derecho al trabajo del artículo 35 de la CE, completamente desfigurado a través de las muchas contra-reformas laborales, comenzando por la de 1984.

La generalización de la contratación temporal sin causa, la ampliación de las causas de rescisión de contratos, la progresiva desaparición del despido nulo con readmisión obligatoria y de los salarios de tramitación han vaciado de contenido el derecho constitucional al trabajo. De la misma manera que han hecho con el derecho de negociación colectiva -contenido esencial del de libertad sindical- al legalizar que el empresario pueda unilateralmente ignorar la fuerza vinculante de los convenios.

Aunque la vía de desposesión de derechos constitucionales más profunda y de mas gravedad es la subversión del orden constitucional provocada por la reciente doctrina del Tribunal Supremo y especialmente del Tribunal Constitucional. Se ha producido una derogación de facto del texto constitucional, al margen de los procedimientos establecidos, en contra de la voluntad del constituyente e ignorando la sobada soberanía nacional.

Ejemplos de esta subversión del orden constitucional los tenemos en las sentencias del Constitucional sobre la Reforma Laboral del 2012. En ellas el Tribunal, olvidándose de toda su doctrina anterior y sin mediar justificación alguna, establece un nuevo orden de valores, principios y derechos constitucionales. Se inventa literalmente otra constitución.

Lo explica magistralmente Fernando Valdés da Re en sus votos particulares a las sentencias dictadas. En ellos se advierte que el Constitucional otorga al legislador ordinario, unas Cortes Generales con mayoría absoluta del PP y apoyo de CIU, funciones cuasi constitucionales para modificar aspectos claves de la Constitución. Y denuncia que el Tribunal incorpora un curioso criterio de análisis de la constitucionalidad de las leyes, la situación económica adversa del momento. Que dicho a lo bruto, pero con rigor, significa que los derechos constitucionales quedan en suspenso, incluso en su contenido esencial, cuando hay crisis económicas. En la practica esas sentencias vacían de contenido esencial derechos constitucionales como el derecho al trabajo (art 35 CE) y negociación colectiva (art 37 CE) entregando su contenido pleno al legislador de cada momento, que puede por esa vía reformar la Constitución, sin seguir el procedimiento previsto para ello. Y eso es lo que ha sucedido.

Esta subversión del orden constitucional se ha puesto de nuevo en evidencia con la sentencia dictada estos días en relación al despido objetivo por faltas de asistencia al trabajo, incluso las justificadas. En ella el Constitucional dice literalmente que el derecho al trabajo, incluso cuando esta relacionado con el derecho a la salud, puede ser limitado por el derecho a la libertad de empresa y al objetivo nacional de la productividad.

Otra vez a lo bruto, pero con rigor, si el Constitucional argumenta que la defensa de la productividad legitima el despido de una persona por ausencias al trabajo aún justificadas, lo que está haciendo el Tribunal Constitucional, además de erosionar el derecho a la salud, al que los trabajadores deben renunciar si quieren conservar su empleo, es vaciar de contenido el derecho al trabajo. Un derecho (art 35 CE) que incluye el no ser despedido sin mediar «justa causa». Primar la lucha contra el absentismo laboral -causa alegada por el legislador y el Constitucional- por encima de estados de enfermedad justificados y ajenos a la voluntad del trabajador supone una verdadera subversión del orden de valores constitucionales.

Llegados a este punto, deberíamos hacernos la pregunta de cómo ha sido posible este proceso de subversión del orden constitucional y desposesión de derechos constitucionales en el ámbito social. Sin duda ha incidido el desequilibrio de poderes entre una economía global y una política estatal. También la hegemonía ideológica del neo-liberalismo global que se expresa en algunas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (casos Vicking, Laval y Rüfert) en la que la libertad de mercado y de empresa priman sobre los derechos colectivos de huelga y negociación colectiva.

Pero hay razones específicas de la política española, entre ellas el desconcierto de unas izquierdas que se mueven entre la subalternidad ideológica del socialismo español – muy evidente en la resistencia del PSOE a derogar la reforma laboral del 2012- y el infantilismo político de las izquierdas alternativas. Me refiero al error mayúsculo de no detectar la potencialidad constitucional en materia social y no defenderla con uñas y dientes.

Aún hoy, algunos esperamos de Pablo Iglesias una explicación política del abrupto tránsito táctico de presentar la Constitución como expresión máxima del maléfico «Régimen del 78» a considerarla la Biblia que contiene todas las verdades reveladas.

Ha llegado el momento de decir que en vez de un Proceso Constituyente, impensable con la correlación de fuerzas actual, lo que deberían hacer las izquierdas diversas es impulsar un Proceso Reconstituyente por el que recuperar los derechos constitucionales de los que hemos sido desposeídos. Seria una buena estrategia para ocupar el inmenso vacío político dejado entre una izquierda ideológicamente subalterna y otra afectada del síndrome adolescente del adanismo. Y para que no haya confusión alguna, eso no va de siglas -con las que hay hoy nos sobra- sino de políticas, que son las que faltan.

Joan Coscubiela
Fuente: Eldiario.es

Los sintecho que encontraron uno en el monasterio de Montesclaros

Han caído las conocidas como ‘BBC’ católicas: bodas, bautizos y comuniones. El dato más revelador de estos últimos 12 años es el de los enlaces, que ha descendido más de la mitad: de los 113.000 de 2007 a los 46.556 registrados en 2017, según la memoria de la Iglesia católica presentada en junio. Esta ‘crisis de fe’ se transluce también en el número de sacerdotes —casi 1.400 religiosos menos en el mismo periodo— y de seminaristas, cuya cifra ha bajado hasta los 1.200. Por ello, gestionar los 801 monasterios que la institución religiosa tiene contabilizados por toda España puede convertirse en una tarea difícil.

El de Montesclaros, en Valdeprado del Río (Cantabria), podría servir de termómetro de esta situación. Quedan cinco frailes dominicos de avanzada edad para hacerse cargo de toda la gestión del monasterio. Y esta orden, que llegó a tener 10.000 miembros por todo el mundo y hoy no alcanza los 500, ha encontrado una oportunidad en esta crisis generacional: ha desarrollado dos proyectos de reinserción para que una decena de personas sin hogar gestione su patrimonio.

En 1686, Carlos II pidió a esta orden que se hiciera cargo del santuario para evangelizar los once ayuntamientos de la zona de Campoo. En 1900 esta población superaba los 2.600 habitantes. El No-Do da muestra de las concurridas procesiones y de cómo las túnicas blancas y las capas negras volaban por los pasillos de la hospedería del monasterio. Eran los novicios queriendo llegar a las ‘termópilas’. Este pasillo colgante es una suerte de cordón umbilical de piedra que unía —y une hoy— el monasterio con la hospedería. Revestida de madera, la pasarela fue construida en 1884 para que estos ‘aprendices’ sortearan la nieve que bloqueaba la puerta de la hospedería y pudieran llegar a los maitines. Hoy, ni la nieve llega a tapar la puerta ni un solo religioso recorre ya los pasillos.

La comunidad ha decaído. La eclesiástica y la civil, ya que según los últimos datos oficiales, esta población del sur de Cantabria contaba el año pasado con 316 habitantes. Y lo mismo ha ocurrido con la orden. Tan solo quedan cinco frailes, mayores de 70 años, a los que les resulta imposible gestionar el monasterio, el albergue y la hospedería, que ofrece tres comidas al día a los más de 500 huéspedes que recibe al año.

Según el último informe anual sobre la situación de la libertad religiosa en España, aproximadamente el 20% de los bienes culturalmente protegidos de Cantabria pertenece a la Iglesia católica. Uno de ellos es Montesclaros. Y la edad y la falta de savia nueva en el santuario pusieron en riesgo la hospedería. “Si dejábamos morir estas propiedades, se iban a convertir en negocios hoteleros”, confiesa un miembro de la orden mientras recorre con la vista la fachada de cuatro alturas de la hospedería.

Restauración por partida doble

Casi una decena de personas sin hogar, con su mano de obra, ha evitado que esto ocurra. El ‘rescate’ del patrimonio de los dominicos ha llegado a través de un proyecto social y ecológico de la Fundación San Martín de Porres, la obra social de la orden dominica que, con base en Madrid, apuesta por la reinserción del colectivo de personas pobres o sin hogar.

En total, ocho hombres han recuperado sus antiguos oficios o se han reciclado y aprendido otros nuevos relacionados con el turismo, la agricultura o la hostelería para lograr una reinserción laboral y social completa. Es el caso de José Pedro, que ha vuelto a los fogones tras 43 años de oficio, o el de Luismi, un cerrajero que a sus 54 años ahora es especialista en restaurar madera.

Antonio Rodríguez, director de la fundación, ha sido una pieza clave tras visitar los proyectos de Pedro Meca. Conocido como ‘el capellán de los vagabundos de París’, este religioso apostaba no solo por dar de comer a los pobres sino por ayudar a que se realizaran. Quería romper el aislamiento de los desfavorecidos. Así fundó en París La Moquette, un espacio que ofrecía un clima de acogida y escucha, y donde organizaba encuentros culturales, charlas y conferencias.

Tomando como punto de partida esta filosofía, Rodríguez ha extrapolado el modelo a España y ha puesto en marcha en Cantabria dos proyectos pioneros que aúnan la realización de colectivos desfavorecidos y la recuperación patrimonial; lo que en marketing se conoce como un win-win. Por un lado, la hospedería de Montesclaros lleva cinco años gestionada por personas en exclusión. Y, por otro, otra cuadrilla de ‘sinhogar’ ha empleado otros dos en restaurar el Palacio de Bárcenas, que se convertirá en un hotel rural y un huerto ecológico.

Montesclaros no pilla precisamente de paso. Tras dejar la autovía Cantabria-Meseta a la altura de Mataporquera, hay que atravesar un paso a nivel del tren de vía estrecha y coger carreteras, cada vez más secundarias, hasta llegar al monasterio, que cuenta con una iglesia rupestre y unas increíbles vistas al valle. Hasta este lugar —donde el implacable silencio solo es interrumpido por los cencerros de las vacas al pacer— se han desplazado desde Madrid tres personas sin hogar para gestionar este verano la hospedería, que en julio ha estado al 100% de su ocupación.

Uno de ellos es José Pedro Mateo, un extremeño de 64 años que, tras 43 años como cocinero en los mejores restaurantes de Madrid, vuelve a estar al mando de los fogones con sueldo y contrato. “Quizá haya tenido suerte por haber nacido el día de la Lotería”, bromea.

Quienes conviven con personas sin hogar dicen que la pregunta que más les cuesta responder es también la más instintiva: cómo se quedaron en la calle. Y es cierto. José Pedro esquiva la respuesta con un “cosas de la vida”.
Más tarde, mientras corta cebolla y cuece gallina para sus croquetas, por fin se abre y se sincera. Cuenta que no fue de un día para otro, sino que su vida se fue desfigurando poco a poco. “Primero me divorcié. Después me quedé sin trabajo. Y más tarde ni siquiera podía asumir la habitación en la que estaba. Vivía al día”.

Ahora, José Pedro hace tándem con Julio Jara en la cocina. Este experto en arte y exclusión trabaja en la fundación y pasa la temporada de verano en Montesclaros. “Yo le propongo el menú pero él tiene la última palabra. Es su cocina. Tiene que empoderarse y llevar el barco. Sin responsabilidad no hay reinserción”, apunta.
Hoy, la hospedería ya no es un lugar de descanso, meditación y ejercicios espirituales. O sí, pero de otra manera. Porque en las celdas donde antes había seminaristas ahora duermen aficionados al taichí, el yoga o la poesía. Y Jesús Hernández es el responsable de su bienestar. Se encarga de la recepción, de acondicionar las habitaciones y de atender el comedor.

En uno de los largos pasillos de la hospedería, confiesa que no sabe cómo puede ahora contar su historia con una sonrisa. Porque, en solo tres meses, el destino de este venezolano de 27 años ha dado un giro de 360 grados. Llevaba tres años trabajando como profesor en Ecuador, donde logró asentarse con una “vida cómoda”. Pero cuando sus compañeras descubrieron su condición de homosexual, empezaron a tener un trato distante hacia él. “Todo empeoró cuando tuve que dar clase a la nieta de una de las socias del colegio. Comencé a tener problemas también con los papás de los alumnos”.

La proposición de trabajar en España que le hizo un amigo le pareció la mejor opción para salir de aquella situación opresiva. Pero lo peor estaba por llegar. Porque el trabajo que le prometieron en la recepción de un hotel se convirtió, a su llegada, en una propuesta para prostituirse por ciudades europeas. Ahora recuerda la frase del que creía su amigo: “O lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas, yo no te puedo ayudar más”. Y así es cómo, de un día para otro, se quedó sin trabajo y sin un lugar donde dormir en una ciudad en la que no conocía a nadie.

Tiene grabado a fuego el 24 de mayo de 2019. Es la fecha en que llegó a Madrid. Tardó 20 días en conocer la Fundación San Martín de Porres, donde llegó recomendado por una asociación LGTBI. “Paradójicamente, nos hemos hecho expertos en acoger a personas homosexuales y ‘trans’”, explica Julio.

La tercera pata de esta ‘familia’ es Juan Carlos Fernández, un cubano de 53 años que aterrizó en España hace doce. Descendiente de familia gallega, se le presentó la oportunidad de obtener la nacionalidad y no se lo pensó. Pero sus planes no le salieron como esperaba —parco en palabras, no profundiza más sobre ello— y terminó siendo acogido en San Martín de Porres. Así, llegó a Montesclaros, donde fue el encargado de dar la voz de alarma de la situación de los frailes. “Estaban muy mayores. Tenían problemas de memoria por los achaques de la edad”, comenta ahora, sentado en un banco de madera.

De palacio a hotel rural

Lo que en un principio se planteó como una ayuda se convirtió en un relevo. Y Juan Carlos dejó Madrid hace cinco años para trasladarse al monasterio y hacerse cargo, durante todo el año, de la hospedería. Aunque pueda sorprender, este vecino de Cienfuegos no echa de menos la capital. “Esto es formidable. Me recuerda a mi tierra por la familiaridad que hay entre los vecinos”. Se ha hecho fuerte en el bar del albergue, que ha convertido en un referente para los vecinos del pueblo. Incluso ha llegado a montar un karaoke. Además, se ha hecho experto en tallar piedra y también trabaja en la restauración del Palacio de las Bárcenas.

Esta edificación del siglo XIX fue donada —junto a las tres hectáreas que la rodean— por el marqués de Bárcenas a la orden dominica. Está ubicada junto a la zona termal de las Caldas de Besaya y hoy, para acceder a ella, hay que traspasar un portalón de piedra situado bajo las vías del tren. Luismi Molina da cuenta del estado “lamentable” en que se encontraba la casa. “Llevo siete meses limpiando vigas”. Este madrileño de 54 años era cerrajero y chatarrero y ha pisado Cantabria por primera vez para reciclarse y aprender a tratar la madera. Forma parte de la cuadrilla de cinco personas sin hogar que ha viajado, también desde Madrid, para aprender oficios de albañilería, acompañados por tres expertos en piedra y madera. Gracias a su trabajo, este palacio abrirá sus puertas la próxima navidad convertido en un hotel rural de 23 habitaciones.

“Es un proyecto muy emocionante que ha dado la posibilidad de legalizar a tres personas”, explica orgulloso Antonio, quien hace un parón en la obra para hablar. El palacio se transformará así en una empresa de inserción laboral que formará y empleará a cinco personas en temporada alta y a otras dos el resto del año. Además, fomentará la economía circular, ya que han convertido los terrenos en un huerto ecológico, que ya cuenta con certificado. De aquí provienen la cebolla y la gallina de las famosas croquetas de José Pedro. “Agricultura, terapia y formación son la clave de este proyecto”, indica Antonio. Y funciona. La reinserción de esta particular familia está a un paso de completarse. Madrid y dormir al raso ya solo son pasado.

Fuente: El Salto

El «Ministerio de la Soledad» es la familia.

Hace algunos meses un llamativo titular aparecía en los medios de comunicación “El Reino Unido crea un Ministerio para la Soledad”. La noticia explicaba la creación, por parte del gobierno británico, de un departamento del Ministerio para la Sociedad Civil para luchar contra el aislamiento de nueve millones de británicos. Se ilustraba dicha noticia con algunos datos de la realidad británica: los médicos atienden entre 1 y 5 pacientes al día por soledad, la mayoría de los mayores de 75 años viven solos, 200.000 personas pasan hasta un mes sin hablar con un amigo o familiar… Y se explicaban algunas consecuencias de la soledad: las personas solas tienen mayor probabilidad de sufrir demencia, mortalidad temprana o hipertensión arterial. Los médicos dicen que estar solo es peor para la salud que fumar quince cigarrillos al día.

La soledad es un problema personal, de muchas personas que no logran establecer relaciones personales auténticas en nuestra sociedad. Pero es también un problema social y ahora se empieza a plantear como un problema político.

En realidad, ese “ministerio de la soledad” existe hace mucho tiempo, y es la familia. La familia es el lugar donde los lazos afectivos duraderos pueden establecerse de una forma primera. El lugar propio del cuidado de los miembros débiles o vulnerables. El lugar del acompañamiento y apoyo mutuo. El lugar de la gratuidad.

Es evidente que ha habido causas culturales que han debilitado los vínculos familiares, pero también ha habido causas sociales y políticas que han provocado un debilitamiento de la vida familiar.

En la misma Gran Bretaña, donde ahora se plantea ese “ministerio de la soledad”, entre los años 1979 y 1991 una serie de reformas laborales desde el gobierno debilitaron el papel de los sindicatos. Con el objetivo de disminuir el desempleo, promovían una alta movilidad, el aumento de los empleos a tiempo parcial y de los contratos temporales. La carrera profesional dentro de la empresa dejó de ser una opción para muchos trabajadores, que se convirtieron en autónomos. Las ayudas sociales fueron limitadas, para forzar a los trabajadores a aceptar empleos con salarios bajos. Los salarios bajaron.

La fragilidad de la familia británica creció en este periodo. La proporción de mujeres casadas entre los dieciocho y los cuarenta y nueve años bajó del 74% al 61% en esos años. Las familias monoparentales aumentaron del 12% al 21%. En 1991 la mitad de los matrimonios terminaban en divorcio en Reino Unido, la tasa más alta de la Unión Europea. En las ciudades donde más éxito tuvo la política para disminuir el desempleo, las tasas de divorcios fueron más altas.

Muchos son los factores que influyen sobre la familia, como realidad viva que es. Uno de esos factores, que influye de una forma decisiva, es la realidad laboral que padecen sus miembros. Los salarios bajos, la imposibilidad de promoción laboral, las prácticas empresariales que obligan a los trabajadores a mentir a los clientes, la presión laboral que aumenta la ansiedad, las jornadas laborales agotadoras, la disponibilidad total para la empresa, que define el horario laboral de un día para otro, la apertura de comercios los domingos… son realidades que obstaculizan la vida familiar.

 

Contrarrestar la soledad, requiere, además de atender a los que la padecen, una legislación laboral que permita desarrollar las tareas familiares. Especialmente, un salario digno, que permita sostener a la familia como pedía Juan Pablo II en Laborem Exercens: “Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”.

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

 

Amor en la política. Ayer y hoy

A pesar de lo que parece que nos encontramos a diario cuando nos asomamos a las noticias, nuestra sociedad se sostiene gracias a miles de millones de pequeños actos de trabajo solidario. Investigadores, obreros, enfermeros… aportan el trabajo: amor. Siendo así el primer protagonista de la vida. Sin embargo en nuestro mundo hay desigualdades enormes propiciadas por mecanismos económicos, políticos y culturales. Frecuentemente personas de buena voluntad intentan mejorar y mejoran las cosas desde la política, desde los ayuntamientos, el parlamento… e instituciones supranacionales como la ONU; con logros incuestionables como la Democracia y con flagrantes limitaciones como no poder impedir todas las muertes en el Mediterráneo, acabar con las condiciones de cuasi esclavitud de los nuevos trabajos de la sociedad 4.0.

El testimonio de amor personal no alcanza. Es indispensable elevar el amor también a su dimensión institucional. Por eso, ahora más que nunca, es necesario meter el amor en la política. Es por eso que durante este fin de semana un grupo de personas han estado reflexionando sobre experiencias de personas que han llevado el Amor (con mayúscula) a la Política.

Santiago García, Dr. en Teología fundamental y profesor en la Universidad Pontificia de Comillas nos habló de Daj Hammarskjöld, premio nobel de la paz y segundo secretario general de la ONU. Era un hombre que se observaba tremendamente, un contemplativo de la angustia. Decía: «No sé a quién o a que algo he respondido…» Pero respondió con una gran conciencia de fraternidad universal y el vínculo de la Paz. Fue una experiencia de conversión, no estática, de búsqueda de la verdad y la fraternidad universal… hasta dar la vida.

Vicent Comes, Dr. en Historia contemporánea nos presenta la semblanza de Luis Lucía, un hombre radical, diputado en aquel parlamento español dramático de los años 30. Profundamente creyente. Buscó siempre proyectar siempre su dimensión cristiana, sin imponerla, sin integrismo. Esto le costó experimentar la cárcel con la II República, y con Franco. Siempre aprendiendo, zigzagueando, los procedimientos de proyección social de la Fe. Luis Lucía tuvo conciencia de la necesidad de que los cristianos debemos participar en política… y lo hizo. Aprendió, no siempre en línea recta, de la experiencia y buscando, honestamente, siempre la Verdad.

Luis Ferreiro, presidente del Instituto E. Mounier habló de Emmanuel Mounier, el gran filósofo personalista francés. Socialista cristiano, criticado por el Partido Comunista por no tener el valor de ser decididamente comunista y criticado por los católicos por excesivamente filocomunista. Su opción por los pobres le ayuda en mantenerse como honesto intelectual. Charles Peguy fue uno de sus referentes. Buscó constantemente el contacto con el Pueblo, con la gente sencilla: aprendiendo constantemente del obrero, del campesino… del Pueblo. “Pensar con las manos” fue uno de sus lemas hecho vida.

Los diálogos transcurrieron por la necesidad de buscar el Bien Común y el Destino Universal de los Bienes y no el Interés General. La solidaridad no está en la agenda política. Comprometerse políticamente con esto es meter la vida hasta perderla.

La acción debe tener un polo profético y un polo político en tensión permanente. Polos que dialogan, que se ayudan a caminar más allá con sentido de la Historia.

La mañana del domingo se ahondó en esa tensión entre lo político y lo profético, entre el realismo y la utopía. Y se hizo a través de la amistad de dos personas. Camilo Sánchez, alcalde de Santa Lucía, y Julián Gómez del Castillo, primer editor en España de problemas de los empobrecidos. Dos amigos que compartieron vida y lucha al servicio de los empobrecidos. Camilo estaba en el polo político… a la caza del voto, en partidos… Julián Gómez del Castillo en el polo profético, en la cultura, en la edición de libros…

Íntimos amigos que lucharon juntos, en una misma dirección. Rompieron la buena conciencia, los complejos. Sin beatería. No colaboraron a extender que la política era corrupción por principio. No rehuyeron la defensa de la vida siendo de izquierdas. Pusieron las políticas del Bien Común por encima de las políticas de identidad que nos rompen

También se presentó el libro Amar a los demás: Política. Cuatro alcaldes que amaron
En tiempos de desprestigio y de la desmovilización política nos alegra compartir el testimonio de cuatro alcaldes que sirvieron a su pueblo, que fueron a la política a servir por amor, lucharon y salieron de la política más pobres y más heridos de lo que llegaron. De cuatro corrientes ideológicas distintas que subrayan que la ideología no es lo más determinante al servicio de las personas. La política, como recuerdan los últimos Papas, es «la más alta forma de Caridad».

Los alcaldes citados son:

  • Antonio García Quintana, de Valladolid
  • Giorgio Lapira, de Florencia
  • Camilo Sánchez, de Santa Lucía Tirajana
  • Francisco Beltrán, de Fraga.

Toda esta experiencia la traemos a nuestro encuentro para -como ellos- meter el amor en política. Y debatimos, no sobre ellos, sino sobre el futuro, sobre cómo seguir transformado la sociedad. Ahora más que nunca la política necesita amor.