Cuando pienso en mi padre… (Camilo Sánchez)

Pino Sánchez González

Cuando pienso en mi padre, tanto desde el ámbito público como desde el ámbito privado, siempre me viene a la cabeza la famosa frase de Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Mi padre ejerció su militancia cristiana de una manera integral, empeñó su vida en ello, como “esos imprescindibles”. Se me hace muy difícil escribir sobre su trayectoria política, me genera un inmenso respeto, porque en eso mi padre ha sido un referente por partida doble. Durante un tiempo la política estuvo demonizada en mi imaginario personal, en mis esquemas mentales y emocionales, ese elemento fue que me privó de disfrutar de mi padre muchos días, y creo que, durante algún tiempo, también la hice responsable de su prematura muerte.

En mi casa la política siempre ha estado presente, forma parte de nuestra vida de una manera natural, porque mi madre es también una militante política de base. En casa asumimos el compromiso de ambos, como parte de nuestro día a día, y con los años, somos conscientes del inmenso legado que tenemos con ello.

Cuando mi compromiso político me llevó a la institución local, tuve que lidiar con muchas contradicciones, emociones y frustraciones. La referencia de mi padre estaba muy presente, me pesaba no ser fiel a su legado, y lamenté mucho no haber aprendido y entendido a mi padre en su entrega política. Él poseía una inteligencia fuera de lo común, que le permitía empatizar, entender, analizar, planificar y evaluar el ejercicio de actividad política. La política Institucional se convertía en una plataforma de transformación, en una herramienta puesta al servicio del bien común y la justicia social. Su acción institucional estuvo marcada por el rigor. Mi padre no improvisaba, la acción política debía estar siempre fundamentada, estructurada y organizada. Recuerdo verlo siempre trabajando, porque mi padre entendía su compromiso político como un acto de entrega, una entrega que era muestra de respeto, de ternura y amor hacia los demás.

Él pasó a lo largo de su trayectoria por varias instituciones y cargos, pero el municipalismo creo que era el reflejo de su vocación política. Entendía el municipio como la célula madre desde la que han de forjarse los procesos de transformación política, social, económica y cultural. El ayuntamiento es la cuna de la formación política institucional, porque te permite y te exige dar respuesta a los problemas y las necesidades de las personas que forman tu comunidad, pero no como un ejercicio de política ombliguista o populista, sino como el deber de una institución que se debe a las personas. Las fronteras de su forma de entender la acción institucional y política no se cerraban al ámbito territorial del municipio, la solidaridad y la cooperación con los pueblos empobrecidos de la Tierra, fueron una seña de identidad del proyecto político por el que trabajó durante tantos años.

Mi padre vivió la acción política con una gran radicalidad, su nivel de exigencia incomodaba a algunos, no era partidario de las evasivas, ni los paños calientes. De su forma de entender la política se podrían decir muchas cosas, pero creo que las palabras que lo ejemplifican podrían ser: compromiso, entrega, rigor, eficacia, escucha y ternura. Mi padre puso al servicio de su militancia cristiana, sus manos, sus ojos, sus oídos y su corazón. Y como diría también Bertolt Brecht, “el regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida.”

Revolución francesa, revolución franciscana

Fernando Chica Arellano. Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

“Libertad, igualdad, fraternidad”. Con este conocido lema se puede resumir la propuesta de la Revolución Francesa de 1789. En los dos siglos posteriores la política internacional ha basculado entre quienes subrayan, sobre todo, la libertad y los que son, más bien, partidarios de la igualdad (aunque, por supuesto, no se oponen ambas). En el camino casi todos parecen haber olvidado la importancia de la fraternidad, que constituye precisamente el foco de la encíclica Fratelli Tutti, publicada por el papa Francisco en el mes de octubre de 2020. Haciendo, pues, un sencillo juego de palabras, podríamos hablar de la revolución franciscana, en contraste con la añeja Revolución Francesa. Veámoslo con algo más de detalle.

Sobre la libertad
En el capítulo quinto de la Fratelli Tutti se dedica una sección a analizar los “valores y límites de las visiones liberales” (FT 163-169). Allí se aleja de “las visiones liberales individualistas, donde la sociedad es considerada una mera suma de intereses que coexisten. Hablan de respeto a las libertades, pero sin la raíz de una narrativa común” (FT 163). Por el contrario, la visión cristiana subraya la necesidad de respetar siempre la dignidad humana, lo cual “exige un Estado presente y activo, e instituciones de la sociedad civil que vayan más allá de la libertad de los mecanismos eficientistas de determinados sistemas económicos, políticos o ideológicos, porque realmente se orientan en primer lugar a las personas y al bien común” (FT 108).
Es decir, que la encíclica (como siempre ha hecho la Doctrina Social de la Iglesia) valora la libertad y, al mismo tiempo, pide una visión correcta de la misma, advirtiendo de sus posibles interpretaciones unilaterales o interesadas. “El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni tampoco del respeto al medio ambiente, puesto que quien se apropia algo es solo para administrarlo en bien de todos” (FT 122). Dos ejemplos concretos de la historia reciente lo muestran con crudeza. Tras la crisis de 2007-2008, “parece que las verdaderas estrategias que se desarrollaron posteriormente en el mundo se orientaron a más individualismo, a más desintegración, a más libertad para los verdaderos poderosos que siempre encuentran la manera de salir indemnes” (FT 170). La actual crisis del coronavirus muestra que “la fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos” (FT 168).
Más allá del ámbito económico, la encíclica advierte del riesgo de una información sin sabiduría, de las ambigüedades de los medios de comunicación social, que se han visto agudizadas por el uso aplastante de Internet. En este contexto, el Papa señala que “la libertad es una ilusión que nos venden y que se confunde con la libertad de navegar frente a una pantalla. El problema es que un camino de fraternidad, local y universal, solo puede ser recorrido por espíritus libres y dispuestos a encuentros reales” (FT 50).

Sobre la igualdad
También la igualdad sirve como principio orientador de la convivencia y como reto que nos obliga a mirar con ojos críticos nuestro modelo de sociedad. Sabemos que la ciudadanía“ se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia” (FT 131) y que, por tanto, “no hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales” (FT 209). Pero, en la práctica, “muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos” (FT 22) y podemos preguntarnos, con razón, “si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. […] ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?” (FT 22).
Como en el caso de la libertad, puede haber errores y desenfoques en el modo de entender la igualdad. Por ejemplo, no se trata de proponer “un universalismo autoritario y abstracto, digitado o planificado por algunos y presentado como un supuesto sueño en orden a homogeneizar, dominar y expoliar. Hay un modelo de globalización que conscientemente apunta a la uniformidad unidimensional y busca eliminar todas las diferencias y tradiciones en una búsqueda superficial de la unidad” (FT 100). Por el contrario: “Cuánto necesita aprender nuestra familia humana a vivir juntos en armonía y paz sin necesidad de que tengamos que ser todos igualitos” (FT 100).
“Tampoco la igualdad se logra definiendo en abstracto que ‘todos los seres humanos son iguales’, sino que es el resultado del cultivo consciente y pedagógico de la fraternidad” (FT 104). De hecho, “el individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Ni siquiera puede preservarnos de tantos males que cada vez se vuelven más globales. Pero el individualismo radical es el virus más difícil de vencer. Engaña. Nos hace creer que todo consiste en dar rienda suelta a las propias ambiciones, como si acumulando ambiciones y seguridades individuales pudiéramos construir el bien común” (FT 105).

Sobre la fraternidad
Toda la encíclica Fratelli Tutti es un canto a la amistad social y a la fraternidad. Recojamos, ahora, solo algunas frases que ayuden a iluminar nuestro tema. En el nivel práctico, es claro que “los sueños de la libertad, la igualdad y la fraternidad pueden quedar en el nivel de las meras formalidades, porque no son efectivamente para todos” (FT 219). En el plano teórico, además, sabemos que “la razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad” (FT 272).
“La fraternidad no es solo resultado de condiciones de respeto a las libertades individuales, ni siquiera de cierta equidad administrada. Si bien son condiciones de posibilidad no bastan para que ella surja como resultado necesario. La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad. ¿Qué ocurre sin la fraternidad cultivada conscientemente, sin una voluntad política de fraternidad, traducida en una educación para la fraternidad, para el diálogo, para el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo como valores? Lo que sucede es que la libertad enflaquece, resultando así más una condición de soledad, de pura autonomía para pertenecer a alguien o a algo, o solo para poseer y disfrutar. Esto no agota en absoluto la riqueza de la libertad que está orientada sobre todo al amor” (FT 103).

No olvidemos estas palabras. Interioricémoslas y recemos a su luz, con toda humildad, pidiendo a Dios que derrame abundantemente su amor en nuestros corazones, para que, como hijos suyos, tratemos a los que nos rodean como auténticos hermanos.

La pobreza, la publicidad y el azúcar alimentan la obesidad infantil

elsaltodiario.com

Cuando el día está repleto de adversidades vitales y de incertidumbre económica, quizá lo que menos apetezca al caer la noche sea cenar brócoli hervido junto con un poco de arroz. Y mucho menos, pelearte con tus hijos por una verdura tan sana como amarga. Unas salchichas baratas, un bote de tomate frito, acabar pronto, degustar ese dulce sabor del azúcar y del glutamato monosódico. Unas calorías de más, unos nutrientes de menos, pero la felicidad también es esto. Los niños engordan por diversos motivos, pero es sobre todo el precio de la cesta de la compra el que explica por qué la obesidad infantil afecta al 23% de los niños de familias con menos de 18.000 euros brutos anuales, frente al 12% con rentas superiores a 30.000 euros. Casi el doble.

El pediatra Carlos Casabona resume que se puede comer saludable con poco dinero, “pero es muy aburrido, tendrías que estar comiendo lentejas, garbanzos, arroz y patata todos los días, porque si te sales de ahí, todo es caro. Las frutas y las verduras no bajan de los dos euros el kilo y no encuentras frutos secos por menos de doce. La caloría saludable es bastante cara en general”. 

Para evitar esa monotonía y acceder a una cesta de la compra acorde al criterio de dieta mediterránea —evitando procesados, carnes y refinados—, desde Justicia Alimentaria reivindican una política fiscal alineada con la salud pública. Esta organización está detrás de la tasa del azúcar de los refrescos y piden más medidas. “Necesitamos una política fiscal coherente, con subidas y bajadas significativas que influyan en la compra”, sostiene su portavoz, Javier Guzmán.

Del estudio Aladino, presentado en septiembre por el Ministerio de Consumo, se desprende una clara relación entre obesidad infantil y renta, pero más allá de este dato, la panorámica general que ofrece la investigación —que se repite aproximadamente cada cinco años— es que cuatro de cada diez niñas y niños de entre seis y nueve años tienen sobrepeso u obesidad (23,3 y 17,3%, respectivamente). Solo el 0,9% sufre delgadez, mientras que el 58,5% se encuentra en valores adecuados de salud.

 

Para esta epidemia más contagiosa que el covid no hay intención de invertir en vacunas, más bien al contrario. “De cinco anuncios de alimentación insana, cuatro se dirigen a niños”, alerta el portavoz de Justicia Alimentaria. “España solo tiene un código de autorregulación voluntaria que han escrito las propias empresas, por lo que se permite publicitar cualquier alimento y solo limita el tipo de imagen”, explica Guzmán. 

 

Portugal prohibió el pasado año la publicidad de productos con elevadas cantidades de sal, azúcar, y grasas saturadas en horario infantil. Previamente, gravó el azúcar y entre 2008 y 2016 consiguió reducir la tasa de sobrepeso del 37,9 al 30,7% y la obesidad del 15,3 al 11,7%. La Organización Mundial de la Salud (OMS) felicitó sus políticas públicas el 4 de marzo, con motivo del Día Mundial de la Obesidad. 

Regular en vez de estigmatizar

La socióloga especialista en salud pública en la Universidad del País Vasco Amaia Bacigalupe advierte del peligro de que los estudios relacionen obesidad con renta porque “se quedan en lo superficial y llegan a estigmatizar”. “Aunque pensemos que anteponer la salud de tus hijos es una decisión lógica, cuando no sabes si tendrás para pagar la luz, apuntar al niño a balonmano para que haga actividad física puede que no sea una prioridad”, señala.

Sobre las rentas altas, apunta a que el enfoque médico cala más entre las personas con estudios superiores y la moda de lo healthy como forma de vida, solo así se puede entender que la tasa de delgadez sea más alta entre quien tiene dinero que a quien le falta. “Con toda la centralidad que tiene lo gastronómico en nuestra cultura, hay muchas variables con gran influencia difíciles de explicar”, concluye sobre lo que en sociología se conoce como falacia ecológica, “observas una cosa y cuando escarbas, resulta que es lo contrario”. 

Con o sin dinero para evitar que los niños pasen la tarde delante de la televisión en ciudades robadas a sus habitantes —sin patios de manzana de uso colectivo, con escasas zonas verdes, con plazas con carteles de prohibido jugar al balón—, “competir con una manzana no es tan fácil cuando tus hijos tienen cuatro y siete años”, resume Diana Oliver, autora del álbum ilustrado ¡Ñam! Sobre lo que comemos, un libro para leer en familia y prologado por el nutricionista Julio Basulto.

Oliver es madre de dos hijos, sigue una dieta ovolacteovegetariana y es periodista. Escribió ¡Ñam! porque era el libro que soñaba que tuvieran sus hijos. “Creo que el libro informativo es una buena herramienta para hacer llegar una información que no siempre es sencilla, o no es fácil transmitirla sin que genere rechazo”, sostiene. En él aborda dos de los momentos más conflictivos para cualquier familia: el desayuno y la merienda. Tratar de evitar que se cuelen a diario los cereales, las galletas y las leches con cacao azucarado suele ser una batalla perdida de antemano para demasiadas familias.  

Y es una guerra que suele empezar en la farmacia, cuando el niño aún es un bebé. Casi el 90% de los bebés toma cereales hidrolizados —polvos que se mezclan con agua o leche para tomar en biberón o en papilla—. Otra trampa más, contienen un 20% de azúcar. Un bebé de entre cero y un año no debería tomar azúcar según la OMS, pero en España, un bebé consume kilo y medio de azúcar en cuatro meses, indica el informe Mi primer veneno de Justicia Alimentaria. Y casi el 30% de esos cereales se compran en farmacia, establecimiento que se asocia a salud. ¿Cómo deconstruir ese paladar goloso? “A los seres humanos nos gusta el azúcar, y si metes azúcar en la dieta de un bebé, luego no le gustará lo que no sea empalagoso”, indica Jaime Guzmán.

En la escuela: almuerzo y comida

Acostumbrado a pasar consulta a todo tipo de niños, el pediatra Carlos Casabona resume que hay dos tipos de problemas: “Niños que comen muy mal y otros que comen bien, pero demasiada cantidad”. Alerta que entre este último grupo es frecuente encontrar “hambre emocional” en “niños de padres separados, un poco tristones y que a partir de los ocho o nueve años, de manera inconsciente, acaban comiendo de más”. 

Para el pediatra, los menús que sirven los comedores de la escuela no son un problema. Recuerda que para los niños de familias económicamente vulnerables suponen la principal fuente de nutrientes del día e insiste que los ágapes escolares de los comedores solo representan el 9% de las ingestas de los críos que sí pueden realizar cinco comidas al día (150 de 1.725 ingestas al año), por lo que entiende que el comedor no es un foco de obesidad infantil. 

Pero aunque las cocinas escolares y los caterings intenten seguir una dieta más o menos adecuada, Diana Oliver añade un detalle importante: “Muchas escuelas infantiles obligan a llevar galletas para el almuerzo”. Sin ofrecer opciones a las familias, en muchos centros hasta los seis años de edad, cada viernes un niño de clase es el encargado de llevar el siguiente lunes el tentempié para todos sus compañeros. Las galletas vuelven a ganar la partida. No hay que pelarlas ni cortarlas, las comen sin insistir y, lo más importante de todo, pueden participar todas las familias. Un paquete de marca blanca de tamaño familiar es mucho más barato que tres kilos de manzanas, plátanos y naranjas. 

Una diferencia de 1,4 euros entre las cestas de la compra

Del estudio Dame veneno de Justicia Alimentaria se desprende que la diferencia de precio entre una cesta de la compra saludable y una insana se sitúa en 1,4 euros de más por persona y día si se opta por alimentos frescos. En el caso de una familia con cuatro miembros, el precio de la cesta se incrementaría 168 euros cada mes, una cantidad difícilmente asumible si no se tiene trabajo o si el sueldo es exiguo. Dicho de otro modo: el incremento necesario de gasto en alimentación saludable para hogares con ingresos netos mensuales inferiores a 499 euros debería ser del 51%, del 36% en hogares con entre 500 y 999 euros y del 7% para los que oscilan entre los 1.000 y 1.499 euros. 

Las rentas no dan de sí ni con los precios de 2015 utilizados para este estudio. De hecho, la OCU apuntaba el pasado octubre que los productos frescos son los que más se han encarecido durante la pandemia —hasta un 4%—, mientras que la alimentación envasada de marca blanca es la única que ha bajado: un 0,3%. 

“La clase marca qué comes y qué no comes”, resume Guzmán. “En Justicia Alimentaria cruzamos el mapa de Barcelona con los datos de diabetes 2 y clase ocupacional y casi coincidían calle por calle”, añade, “las clases populares no tienen sirvientes ni tiempo para cocinar y con los alimentos procesados se produce el efecto de darte un pequeño placer, un autoconsuelo rápido que es una trampa que le das a quien peor renta tiene. No es tu libertad, te apetece comer eso porque vives reventado, no tienes ayudas para la alimentación, ni tiempo para cocinar. Esa comida no es una elección, es una consecuencia”.

La ganadería industrial ha abaratado los componentes y ha fomentado una industrialización de la comida con poco aporte nutricional y un exceso del consumo de carne, que en España se sitúa ocho veces por encima de la recomendación de la OMS. “Si la industria no externalizara sus impactos en el medio ambiente y en la salud, si esas empresas tuvieran que asumir los costes, el chóped no sería asumible para nuestros bolsillos. Pero los costes los pagamos nosotros, con nuestra salud, ese es el drama”, concluye Javier Guzmán. 

La creación artificial de la escasez: el caso de las vacunas

Juan Torres López

Fuente: publico.es

El desaparecido economista y catedrático de la Universidad de Salamanca David Anisi escribió en 1995 un libro titulado Creadores de escasez. Del bienestar al miedo (Alianza Editorial). En el explicaba que, en contra de lo que se creía, la crisis que se produjo a partir de los años 70 no había sido lo que obligó a cuestionar el Estado de Bienestar, sino que fue al revés: la puesta en cuestión de este último originó la crisis.

Como explicaba Anisi, “había llegado el momento de disciplinar a los trabajadores. Y así se hizo.”

Para ello se recurrió a la forma siempre más efectiva, generando el desempleo. Quien carece de ingresos y medios de vida no tiene más remedio que aceptar lo que sea para salir adelante y se convierte así en un ser personal, mental y socialmente frágil, fácilmente manipulable y disciplinado.

Para provocar deliberadamente el desempleo que disciplinara a las clases trabajadoras se aplicaron políticas basadas en la creación artificial de escasez, aumentando los tipos de interés (lo que frenaba la inversión productiva pero al mismo enriquecía así a los poseedores del dinero), reduciendo salarios (lo que reducía el consumo pero aumentaba los beneficios de las grandes empresas que tienen mercados cautivos) y provocando déficits públicos y mucha deuda (ralentizando así la economía pero aumentando el negocio del capital financiero).

El efecto de esas políticas es el mismo que tiene el ir pisando el freno constantemente en un vehículo: disminuye la velocidad de crucero, se gasta mucha más energía y se deteriora el conjunto de la maquinaria. En una economía, la consecuencia es que disminuye la tasa de crecimiento de la actividad económica y aumenta el desempleo. Dos efectos que se agravan cuando todo eso ocurre, como ocurrió en los años ochenta y noventa del siglo pasado, en medio de una revolución tecnológica. Cuando esta se produce, aumenta la productividad y si este aumento no va a acompañado de una reducción de la jornada y de políticas expansivas del gasto, el efecto del frenazo es mucho mayor.

Eso fue lo que vienen provocando las políticas neoliberales y por eso decimos que crean escasez artificialmente. Destrozan a toda la economía y disminuyen la provisión de bienes y servicios pero benefician mucho, como he dicho, a los propietarios del capital financiero (que se enriquecen más cuanto mayor es la deuda) y a las grandes empresas que dominan los mercados y tienen clientes cautivos o una masa de liquidez muy grande con la que se enriquecen en los mercados financieros.

Puede parecer que esta tesis que acabo de exponer es demasiado perversa como para ser verdad pero, si no la creen, lean lo que escribió en la página 183 de su libro El final de la edad dorada (Ed. Taurus 1996) quien había sido un poderoso ministro de Economía de Felipe González, Carlos Solchaga: “La reducción del desempleo, lejos de ser una estrategia de la que todos saldrían beneficiados, es una decisión que si se llevara a efecto podría acarrear perjuicios a muchos grupos de intereses y a algunos grupos de opinión pública”. No se puede reconocer más explícita y claramente.

Efectivamente, el capitalismo de nuestros días es un creador artificial de escasez y una manifestación sangrante de ello la estamos contemplando en estos momentos en el caso de las vacunas.

Cuando se extendió la pandemia, las autoridades mundiales reconocieron lo elemental y lógico: su remedio no podía ser otro que una vacunación masiva y muy rápida de la mayor parte de la población mundial.

La presidenta de la Comisión Europea reclamó que las vacunas se convirtieran en un bien público porque “la Unión Europea había invertido muchos miles de millones en desarrollar las primeras”. El Fondo Monetario Internacional pedía en su informe de enero pasado una “distribución universal de vacunas … a precios asequibles para todos”…

Sin embargo, no es eso lo que está ocurriendo, sino todo lo contrario: los gobiernos de los países ricos se niegan a que las vacunas se puedan producir y distribuir masivamente y a precios asequibles en todos los países del mundo, como sería imprescindible para acabar con la pandemia. Se sigue creando escasez aunque ahora no sea para disciplinar a las clases trabajadoras sino para salvaguardar el beneficio y el poder de las grandes empresas farmacéuticas, de cuya naturaleza y estrategia escribía hace unos días el profesor Vicenç Navarro en estas mismas páginas (aquí).

Para desarrollar vacunas de distribución universal, como pide el FMI, es preciso la colaboración de científicos y productores de todo el planeta pero eso solo es posible si se ponen a disposición de todos ellos el conocimiento y las técnicas que las hacen posible, algo que es imposible mientras no se suspendan las patentes y derechos de propiedad intelectual.

Es lo que están pidiendo desde hace meses la gran mayoría de países, líderes políticos, organizaciones de todo tipo, centros de investigación, personalidades, dirigentes de iglesias… Y es lo que desea la inmensa mayoría de la población allí donde se le ha preguntado (el 73% en el Reino Unido).

Pero, en contra de esa opinión mayoritaria, los gobiernos de los países ricos (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Reino Unido, Brasil, Canadá, Noruega y algunos pocos más) se oponen constantemente a ello.

Con tal de salvaguardar los intereses comerciales de las grandes empresas farmacéuticas que producen las vacunas (como igual podría decirse de otros bienes, dispositivos o instrumentos de diagnóstico que están siendo imprescindibles en la pandemia), se está dando lugar a una carencia generalizada de vacunas, sencillamente, porque no se está aprovechando toda la capacidad potencial de fabricación de vacunas. Los datos son inapelables:

  • Solo se está utilizando un 43% de la capacidad que hay en el mundo para producir las vacunas ya aprobadas (aquí).
  • Las tres fabricantes más grandes de vacunas solo están produciendo para el 1,5% de la población mundial, un volumen muy por debajo de su capacidad potencial al no tener acceso a las licencias (aquí).
  • A pesar de la escasez, cuando algunos fabricantes se ofrecen a producirlas no reciben respuesta de las empresas que, con el beneplácito de los gobiernos, dominan el mercado. Eso ha pasado con la danesa Bavarian Nordic que podría fabricar casi 250 millones de vacunas (aquí).
  • Algo parecido ocurre en países como India: una de sus fabricantes está produciendo millones de vacunas pero hay al menos otras veinte fábricas, y otras muchas en todo el mundo, que podrían estar produciéndolas si tuvieran acceso a las licencias (aquí).

La consecuencia de todo esto es doblemente absurda y me atrevería a decir que criminal.

En primer lugar, miles de millones de personas de los países más pobres se quedan al margen de la vacunación que les puede evitar la enfermedad. Los países ricos (16% de la población mundial) acumulan las vacunas (60%) mientras que los más pobres están desabastecidos. El Reino Unido había distribuido más de 31 dosis por cada 100 personas y Estados Unidos más de 22 a finales de febrero, Asia en su conjunto un poco más de dos y África menos 0,55 de media en los países donde habían llegado (aquí). A la tercera parte de la humanidad no le ha llegado ni una dosis y, según The Economist, más de 85 países no vacunarán lo suficiente hasta 2023 (aquí), mientras que los gobiernos de los países ricos han comprado tres veces más unidades de las que necesita su población (cinco en Canadá).

Esto no es solamente un genocidio sino que se trata, para colmo, de una completa estupidez. La acumulación de vacunas en los países ricos no va a terminar con la pandemia porque esta es global y las mutaciones pueden venir de cualquier país donde la vacuna no haya llegado. Y es también una política estúpida porque, como expliqué en un artículo anterior, financiar la vacunación en todos los países del mundo supone 338 veces menos dinero que el que costará el daño de no hacerlo (aquí). Una prueba más de que las decisiones económicas que se toman no persiguen la eficiencia ni el ahorro sino el enriquecimiento de unos pocos.

La política de los países ricos es igualmente absurda porque, a la postre, va a crear racionamiento también en su interior, como está ocurriendo en la Unión Europea. Y es también una estupidez responder a la escasez que ellos mismos han provocado restringiendo las exportaciones porque así ni mejorará el aprovisionamiento interior ni el global, se provocarán respuestas del mismo tipo que perturbarán las cadenas de aprovisionamiento.

La pandemia no se está combatiendo como los propios líderes mundiales decían que había que combatirla porque no son capaces o no desean poner límite a la avaricia de unos pocos. Se está provocando una crisis económica gigantesca y la pérdida de millones de empresas y empleos por salvaguardar los privilegios de los grandes monopolios. Van a morir innecesariamente millones de personas porque se da prioridad a los intereses comerciales.

Terminaré citando a un autor maldito porque creo que llevaba toda la razón. Me refiero a Federico Engels quien decía en su obra La situación de la clase obrera en Inglaterra que cuando las personas mueren como “víctimas de nuestro desorden social y de las clases que tienen interés en ese desorden” se comete un “asesinato social”.

Eso es lo que ahora está sucediendo con las vacunas y por eso resulta cada vez más necesario que se definan y persigan los crímenes económicos contra la humanidad.

Qué hago ante esta belleza

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano

¿Os ha pasado en alguna ocasión que ante un momento de gran belleza habéis sentido simultáneamente el gozo de disfrutar aquello y la pena de experimentar que se termina? Ante una obra de arte, una comida especial, una música increíble, el placer de una relación sexual, un libro que os ha atrapado, un espectáculo de la naturaleza…

Me pasó en el Canal del Duero a mediados de enero. El día había amanecido muy frío y con una niebla espesa que casi se podía apartar con la mano. Una inmensa cencellada cubría árboles, construcciones, arbustos, campos… Me encontraba cerca de Sardón de Duero y decidí parar el coche para dar un paseo y contemplar el espectáculo. 

Caminé junto al canal. La niebla se pegaba a las plantas, a los caminos, a los grandes pinos… congelándose y dando lugar a formas espectaculares. Plantas insignificantes que en cualquier otro paseo pasaban desapercibidas ese día parecían mágicas, como si tuvieran un valor infinito. Los árboles, cubiertos por el hielo, atrapaban la atención de forma casi hipnótica. Hice fotos. Me detuve a contemplarlo, a mirar embobado de un lado a otro. No parecía real. Estaba entusiasmado.

A medida que disfrutaba del espectáculo, iba creciendo una pena dentro de mí: “te tienes que ir, no puedes estar aquí todo el día y además el hielo irá deshaciéndose y esto volverá a ser como siempre”. La emoción del momento se fue empañando con la tristeza de que tenía que terminar.

Tras un rato de pelea interna conseguí arrancarme a mí mismo de aquel lugar. Emprendí el regreso a mis quehaceres con la sensación de haber vivido una especie de milagro y con la tristeza de no poder quedarme allí. (Quien haya vivido esa sensación alguna vez entiende de qué hablo). Llevaba unas cuantas fotos en el móvil para intentar revivir ese momento más adelante. (Quien haya hecho eso alguna vez en su vida sabe que no es lo mismo, aunque no me resisto a acompañar este artículo con una foto de ese día para haceros un poco partícipes de aquella belleza)

Conducía mascullando qué hacer con esa sensación tan agridulce. Esa mezcla de alegría y tristeza tan inseparable.

Lo primero que se me ocurrió fue que quizá hubiera sido mejor no haberme parado a contemplar el espectáculo. De esa manera no hubiera aparecido la tristeza. “La forma de que la belleza no se termine es que no empiece”, pensé. Es como anestesiarse, evitas el goce del placer y de esa forma impides la tristeza. Pero pensé que actuar así convierte toda tu vida en algo triste. Pasado un tiempo me molestaría tanto ver a los demás disfrutar que acabaría intentando que no lo hicieran. ¿Quién querría vivir al lado de alguien así de amargado? Idea desechada. Seguí pensando. 

La segunda idea fue buscar otras experiencias que me proporcionaran una sensación similar de disfrute y aprovecharlas a tope. Es difícil porque no siempre consigues el mismo éxtasis. Pero si las exprimes a tope, si aprovechas cada segundo de placer… igual consigues evitar la tristeza posterior ¿no? Ahora bien, ¿quién garantiza que después de cada éxtasis no viene un nuevo bajón? Y vuelta a buscar otra experiencia y vuelta al bajón… Y así en un bucle sin fin. La perspectiva no parecía muy halagüeña, aunque confieso que esta solución me atraía más que la primera.

Por último, recordé que alguien me dijo que toda belleza que vivimos en nuestra vida es señal de una belleza infinita. En medio de la tristeza de que ese momento termine hay una gran esperanza, la de la belleza que no termina. Se trata de disfrutar el goce del momento sin buscarlo de forma obsesiva. Aprender a convivir con esa tristeza sin intentar apagarla y sin que aplaste. Vivir creyendo que este tipo de situaciones nos adelantan un destino mayor. Me pareció el mejor plan de los tres. Y en esas estamos.

LA OSA: el primer supermercado cooperativo y participativo de Madrid

Sin ánimo de lucro y gestionado por sus miembros defienden un consumo basado en la calidad, la sostenibilidad, la participación y el precio

Fuente: theobjective.com

En plena crisis del coronavirus LA OSA quiere transformar la manera en que hacemos la compra con el primer supermercado cooperativo y participativo de Madrid. Porque a simple vista, esta tienda situada en la Avenida de Asturias 57 tiene la misma apariencia que las demás. Pero, en realidad, se trata de un comercio sin ánimo de lucro gestionado por más de mil socios que defienden un consumo basado en la calidad, la sostenibilidad, la participación y el precio justo.

«La Osa es un supermercado cooperativo y participativo con una gran superficie de venta, unos 400 metros cuadrados, donde podemos encontrar mayoritariamente productos ecológicos, pero también convencionales, y un amplio horario de venta, de 9.30 a 21.30 de martes a sábado y los domingos de 10 a 14 horas», explica José Antonio Villarreal, socio laboral de LA OSA y uno de los artífices del proyecto. «Solamente pueden comprar cooperativistas, recordando esos modelos del siglo pasado de los economatos. Y para nosotros la gran fortaleza de nuestro proyecto es la participación», añade. Pues los socios, además de aportar 100 euros al capital social para formar parte de la cooperativa, se comprometen a desempeñar tres horas de tareas del supermercado cada cuatro semanas, como recepción de pedidos, atención en caja, reposición, limpieza o labores de administración.

El primer supermercado cooperativo y participativo de España abre en Madrid con el apoyo de más de mil socios 4

Los miembros de LA OSA cumplen, entonces, una triple función: son dueños del supermercado, participantes en las tareas de funcionamiento y consumidores de sus productos. A este respecto, la oferta original de productos ecológicos y de proximidad se amplió para incluir otros artículos convencionales, de manera que fuera posible completar la cesta de la compra en el establecimiento. «Ahora mismo tenemos 50 productores locales, proveedores nacionales y empresas de comercio justo, que son las tres patas que nos proveen de productos. Tenemos una relación con muchos de ellos desde hace años debido a nuestro anterior proyecto», la tienda de productos ecológicos 2decologico, «y ahora, al tener una superficie mayor, nos hemos puesto con nuevos proveedores, incluido uno convencional».

El pasado 9 de diciembre LA OSA abrió sus puertas, pero según Villarreal este proyecto lleva gestándose una década. Primero, en el grupo de consumo autogestionado que Villarreal y Tomás Fuentes crearon a partir del movimiento 15-M. Después, en 2decologico, la citada tienda de productos ecológicos donde también ofrecían formación en consumo responsable. Y finalmente, LA OSA, un proyecto liderado por los fundadores y coordinadores junto a otras cuatro personas que perciben un sueldo y se encargan de las compras y la gestión del establecimiento.

El referente internacional a seguir es el de Park Slope Food Coop, un supermercado cooperativo estadounidense nacido en 1973 en el neoyorquino barrio de Brooklyn que hoy cuenta con más de 17.000 socios y unos ingresos anuales superiores a los 50 millones de dólares. Además de La Louve, un supermercado francés, este sí cooperativo y participativo, que desde finales de 2016 ha convencido a más de 6.000 socios. De hecho, la experiencia y asesoramiento de los vecinos parisinos han sido clave para LA OSA.

«Ahora mismo las cifras del proyecto son 1.100 personas cooperativistas, de las cuales 700 se han activado en algún momento. Ese 30% restante de nuestra comunidad se comprometió con el proyecto pero con la Covid-19 no pudieron participar. Eso sí, la respuesta que estamos teniendo ahora de nuevos cooperativistas es importante», reconoce Villarreal sobre las dificultades que la pandemia ha sumado al proyecto, incluidas todas las medidas de seguridad que el supermercado también ha implementado.

«Este es el proyecto de economía social y solidario más grande de Madrid y de la Comunidad de Madrid, así que nosotros teníamos una negociación abierta con la banca ética, Triodos, Coop57 y Fiare son las financiadoras, para desarrollarlo. Finalizamos esa negociación a finales del verano pasado, así que después de conseguir el local a través de la Agencia de la Vivienda Social», búsqueda que se extendió seis meses para dar con un local de 800 metros cuadrados a un coste razonable, «simplemente seguimos nuestra hoja de ruta», señala Villarreal. «Como a todos, el coronavirus nos pilló de improviso. Pero ahora mismo creemos que proyectos como LA OSA son más necesarios que nunca porque genera una participación segura en un espacio grande donde las inquietudes comunes y los lazos cooperativos pueden lograr que el apoyo mutuo entre las personas y la cooperación saque adelante los problemas medioambientales, sociales y políticos que tiene nuestra ciudad, nuestro país y nuestro planeta», añade.

Poniéndonos más prosaicos, lo cierto es que el modelo de autogestión reduce los costes operativos, lo que sumado al hecho de que los beneficios se reinvierten en la propia cooperativa, permite ofrecer precios más asequibles a los socios a medio plazo. «Ahora mismo tenemos unos precios muy competitivos respecto a los supermercados convencionales. Pero estos beneficios llegarán en un segundo momento. Y a partir del segundo o tercer año alcanzaremos el punto de equilibrio y a generar beneficios. Park Slope ha logrado un recorte en los precios de entre un 20 y un 30% respecto a los supermercados convencionales. Pero La Louve ya está llegando a esas cifras porque en solo cuatro años ha tenido una aceptación enorme», señala Villarreal.

Para formar parte de LA OSA solo hay que apuntarse a las reuniones de bienvenida en su página web, donde en una hora los socios recibirán toda la información precisa para sumarse al proyecto. «El perfil mayoritario de nuestros cooperativistas son personas de entre 35 y 55 años. Los jóvenes poco a poco se van acercando y sumando a las tareas. Y sois mayoría las mujeres, como no podía ser de otra manera porque todos los proyectos de transformación, innovación y participación están liderados y hay una mayor proporción de mujeres que de hombres», explica. «Mayoritariamente la gente está instalada en el norte de Madrid, Moncloa, Chamberí, Tetuán, Chamartín y Barrio del Pilar, pero hay gente de toda la Comunidad», añade.

De cara al futuro LA OSA quiere afianzar su proyecto, captar nuevos cooperativistas y replicar el modelo, en plena expansión en España. «Antes de la pandemia, en marzo, teníamos programado un congreso nacional de supermercados cooperativos con más de 12 participaciones. Muchos de estos proyectos están en desarrollo y otros ya están abiertos, como A Vecinal en Zaragoza o Som Alimentació en Valencia. FoodCoop está en negociaciones en Barcelona y SuperCoop en Manresa», señala Villarreal. E insiste en la necesidad de plantear nuevos modelos de negocio más sostenibles para el planeta y los seres humanos. «En cuanto las personas cooperamos para transformar nuestra realidad podemos acceder, en este caso, a alimentos de calidad a unos precios mucho más accesibles. Park Slope Food Coop es el supermercado más rentable de todo Estados Unidos y factura la friolera de 50 millones de dólares al año, así que es un auténtico negocio que funciona, es viable económicamente y, gracias a sus beneficios, es capaz de que su comunidad acceda a mejores productos y puede invertir en la difusión de elementos sostenibles desde el punto de vista de la alimentación, la ecología y la participación social», concluye.

Desde abajo, con los últimos

Fuente: Iglesia Navarra

Autor: Fernando Chica Arellano

Desde el comienzo de la encíclica Fratelli Tutti, la presencia de san Francisco de Asís se hace evidente. Él “sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos” (FT 2). En un mundo marcado por la violencia y la desigualdad, el hijo de Pietro Bernardone “acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos” (FT 4).

Al acabar esta misma encíclica, el papa Francisco se refiere, como una de sus fuentes de inspiración, al beato Carlos de Foucauld. “Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: ‘Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos’. Quería ser, en definitiva, ‘el hermano universal’. Pero solo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos” (FT 287).

Como puede verse en estos dos ejemplos, la perspectiva para vivir la fraternidad universal pasa, necesariamente, por una óptica concreta: situarse cerca de los pobres, en el reverso de la historia. En los siguientes párrafos invito a explorar este camino, tal como aparece formulado en Fratelli Tutti.
Comentando la parábola del Buen Samaritano, en el segundo capítulo de la encíclica, dice el Sumo Pontífice: “Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo, con el mismo cuidado que el viajero de Samaría tuvo por cada llaga del herido” (FT 78). Sabemos, ciertamente, que “el amor al prójimo es realista y no desperdicia nada que sea necesario para una transformación de la historia que beneficie a los últimos” (FT 165). Aquí encontramos un principio encarnado de vida espiritual. Las mediaciones serán variadas y deben ser creativas. Pero el foco está claro: “Esta caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos, que está detrás de todas las acciones que se realicen a su favor” (FT 187).

Por ello, señala Su Santidad, “la procura de la amistad social no implica solamente el acercamiento entre grupos sociales distanciados a partir de algún período conflictivo de la historia, sino también la búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables” (FT 233). En concreto, necesitamos reconocer que “sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. La opción por los pobres debe conducirnos a la amistad con los pobres” (FT 234). Este punto nos lanza un reto que cada cual debe acoger y encarnar en su mundo de relaciones habituales. Al hacerlo, se nos abrirán nuevos horizontes.

Concretamente, podemos aprender que “los últimos en general practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar. Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre […] La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares” (FT 116). Se trata de agrupaciones que brotan desde abajo, “que aglutinan a desocupados, trabajadores precarios e informales y a tantos otros que no entran fácilmente en los cauces ya establecidos”, que “gestan variadas formas de economía popular y de producción comunitaria”, que suponen un “torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común” y que son “experiencias de solidaridad que crecen desde abajo, desde el subsuelo del planeta” (FT 169). De este modo, pasamos ya del ámbito relacional al terreno propiamente social y político.

Porque, en realidad, esta perspectiva desde abajo y desde los últimos es la que permite avanzar hacia un desarrollo humano integral, superando “esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos” (FT 169). Como Iglesia, estamos siempre invitados a realizar ese desplazamiento hacia los pobres; más aún, estamos llamados a estar con los pobres y a convertirnos, cada vez más, en una Iglesia austera, sobria, donde los desvalidos nunca se sientan postergados u olvidados, una Iglesia, en definitiva, en la que los necesitados hallen un hogar, un ámbito fraterno que los acoja, socorra y comprenda.

La visión cristiana, la mirada evangélica, la perspectiva samaritana piden ubicarnos “sobre todo con los últimos” (FT 233). Como dice el Santo Padre, “si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos” (FT 235). Así lo cantó la Virgen María en el Magnificat, reconociendo que Dios “derribó del trono a los poderosos y engrandeció a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada” (Lc 1, 52-53). No es casualidad que, años después, su hijo Jesús sentenciara: “Los últimos serán primeros y los primeros serán últimos” (Mt 20, 16).

 

La nueva ética laica del neoliberalismo: el emprendimiento

Autor: Enrique Javier Díez Gutiérrez

Si buscas emprendimiento en Dialnet, una de las grandes bases de datos de ciencias sociales de España, aparecen más de 11.000 documentos sobre el tema: Emprendimiento y sostenibilidad, Emprendimiento y democracia, Emprendimiento y fiscalidad, Emprendimiento y discapacidad o La empresa y el emprendimiento, son algunos de los primeros títulos de artículos publicados en revistas “científicas”.

Si buscas emprendimiento en un buscador de internet, los resultados se multiplican exponencialmente. En Google aparece 61.400.000 resultados con este término. Su definición en Wikipedia es “el proceso de diseñar, lanzar y administrar un nuevo negocio, que generalmente comienza como una pequeña empresa o una emergente, ofreciendo a la venta un producto, servicio o proceso“.

Incluso se ha creado en España la figura de la Oficina del Alto Comisionado para España Nación Emprendedora, que depende directamente del presidente del Gobierno. Su responsable, para la revista Forbes, es uno de los veintiún “change makers” que lideran las iniciativas para cambiar la sociedad española en 2021. Este change maker, afirma en su Twitter, con 1.585 seguidores, que quiere “construir la Nación Emprendedora”. Eso sí, todo ello acompañado por muchos eslóganes, sobre todo si son en inglés que vende más. Sandbox financiero, sectores tractores, ecosistema emprendedor, rompehielos de un nuevo modelo de país, disruptores, escalabilidad…, junto con los ya clásicos: coworking, hub, business angels, etc.

¿En qué se concreta realmente todo esto? Hasta ahora parece que en entrevistas en radios y artículos de opinión en periódicos. Diversas reuniones de promoción. El anuncio de “Misiones País para la Innovación”, cuyo ‘primer instrumento’, “Misiones Ciencia e Innovación”, destina 95 millones de euros a proyectos de I+D+I de las grandes empresas. Y la declaración de “convertir a la administración pública en un Sector Público Emprendedor”. Poco más.

Me recuerda exactamente lo que pretendía el anterior gobierno en el campo de la educación y que el nuevo gobierno mantiene también en la nueva ley de educación: el emprendimiento. Este “espíritu empresarial o emprendedor” se ha introducido así en los contenidos escolares desde infantil a universidad. La Recomendación Europea 2006/962/CE insta a los Gobiernos de la Unión Europea a que introduzcan la enseñanza y el aprendizaje de competencias clave en sus estrategias de aprendizaje, siendo el “espíritu empresarial” una de las ocho claves.

Todas las administraciones públicas impulsan su promoción a través de un discurso que reviste esta categoría de “emprendedor” dentro de un hálito mágico, que supone una representación ideológica del mismo, provisto de cualidades personales y sociales extraordinarias, presentados estereotípicamente como generadores de desarrollo y bienestar, creativos líderes innovadores y visionarios, personas “hechas a sí mismas”, que transforman y construyen nuevas realidades y cimientan el cambio social que requieren las sociedades actuales.

La mitología de los emprendedores es la reedición del mito del “sueño norteamericano”, pero un sueño convertido en pesadilla de autoexplotación. Descontada la razonable potenciación de la capacidad de iniciativa, el sustrato de este enfoque es una mitificación idealista que utiliza tal eufemismo de emprendedores para que los trabajadores y las trabajadoras pasen a ser autónomos o “pequeños empresarios” sometidos a las reglas del juego de las grandes empresas, en lo que es un claro abuso de la retórica en alza del individualismo empresarial espontáneo, tan útil a la flexibilidad laboral a ultranza que acompaña a un mercado de trabajo aceleradamente desregulado.

En el actual escenario laboral de neoliberalismo salvaje, se avanza hacia la progresiva uberización del modelo emprendedor, siguiendo el ejemplo de plataformas, falazmente llamadas colaborativas, como Uber o Deliveroo, en donde el capitalista ya no precisa ni arriesgar su capital, y en el que los trabajadores y las trabajadoras se aprestan a generar beneficios para estas plataformas, sin salario ni descansos regulados, sin protección ante la enfermedad, asumiendo todo el riesgo, pero felices y contentos de no ser ya “clase trabajadora”, sino avispados emprendedores. Se produce así una transferencia total del riesgo a la clase trabajadora.

El objetivo no es otro que descargar en la persona todo el riesgo y la responsabilidad de su futuro laboral, a la capacidad de empleabilidad de cada uno. Ante el derrumbe del modelo de empleo estable y la precariedad organizada como sistema, se desplaza el riesgo y la responsabilidad a cada individuo, que debe hacer de su capacidad de empleabilidad una premisa frente a un mercado de trabajo inestable e inseguro por sistema. Por lo tanto, ya no puede haber protesta. Se deslegitima así el conflicto social, ya que no hay responsable ajeno ni otras causas que la propia incapacidad. Se convierte a las víctimas en culpables, responsables de su propia situación.

De esta forma ya no se trata de cambiar el modelo laboral de precariedad y temporalidad instaurado por las reformas laborales de los gobiernos conservadores y neoliberales al servicio del sector empresarial y las corporaciones multinacionales, sino que cada uno ha de convertirse en “inversor y accionista” de su propia fuerza de trabajo y como tal debe actuar, haciendo de su vida un proceso de reconversión continuo que busca el máximo interés individual, en un marco de relaciones interesadas y competitivas entre individuos.

Esta subjetividad neoliberal está marcada por un discurso que alega que la búsqueda del interés propio es la mejor forma mediante la que un individuo puede servir a la sociedad, donde el egoísmo es visto casi como un “deber social” y las relaciones de competencia y mercado se naturalizan. La finalidad del ser humano se convierte en la voluntad de realizarse uno mismo frente a los demás.

La noción de emprendimiento entronca directamente con la visión que el pensamiento neoliberal tiene acerca del ser humano como homo economicus: individualista, competitivo y que busca la consecución de sus propios objetivos a través de las opciones que le ofrece el mercado. En un entorno de coworking, rodeados de frases positivas y glamurosas de la “ciencia de la felicidad” y el pensamiento positivo al estilo Paulo Coelho —quien le teme al fracaso, le teme al éxito—. Complemento necesario para gestionar la experiencia opresiva de la explotación y sentirse incluso un colaborador libre y proactivo en la propia explotación, mediante técnicas de management emocional, aprendiendo a cambiar antes las percepciones que las condiciones de explotación.

Son las nuevas técnicas de fabricación de “la empresa de sí”. La empresa se convierte así, no sólo en un modelo general a imitar, sino que define una nueva ética, cierto ethos, que es preciso encarnar mediante un trabajo de vigilancia que se ejerce sobre uno mismo y que los procedimientos de evaluación constante se encargan de reforzar y verificar.

De esta forma, cada persona se ha visto compelida a concebirse a sí misma y a comportarse, en todas las dimensiones de su existencia, como portador de un ‘talento-capital’ individual que debe saber revalorizar constantemente. El primer mandamiento de la ética del emprendedor es “ayúdate a ti mismo”. Y sus tablas de la ley se rigen por la competencia como el modo de conducta universal de toda persona, que debe buscar superar a los demás en el descubrimiento de nuevas oportunidades de ganancia y adelantarse a ellos.

La gran innovación de la tecnología neoliberal consiste, precisamente, en vincular directamente la manera en que una persona “es gobernada” con la manera en que “se gobierna” a sí misma. En el contexto de lo que el filósofo Byung Chul Han denomina el “capitalismo de la emoción”, la biopolítica foucaultiana, el control panóptico exterior, es continuada por la psicopolítica neoliberal haniana, que busca seducir en vez de someter y en la que el control pasa al interior y se gestiona desde la emoción. Esta es, en lo esencial, la función de los dispositivos de aprendizaje, sumisión y disciplina, tanto económicos, como culturales y sociales, que orientan a las personas a “gobernarse” bajo la presión de la competición, de acuerdo con los principios del cálculo del máximo interés individual.

Enseñando igualmente a no identificarse con lo público; a desinteresarse y a asumir que el bien común quedó obsoleto, que cada persona solo depende de su destreza individual para vivir y que vivir significa fundamentalmente conseguir más dinero. ¿Qué sociedad pensamos construir si lo que enseñamos y promueven todas nuestras administraciones es esta nueva “ética laica del emprendimiento neoliberal”?

Frente a esta moral corrosiva, que expande esta “ética laica del emprendimiento neoliberal”, inmersa en los valores del capitalismo, extractivista y depredador, ecocida e insolidario, reivindicamos una ética laica del bien común y la justicia social, asentada en los derechos humanos, democrática, inclusiva, ecofeminista, postcapitalista y antineoliberal. Es en estos principios en los que debe basarse la educación de las nuevas generaciones y la urgente reconstrucción de un modelo social postcapitalista, postcolonial y antipatriarcal, como demanda Boaventura de Sousa Santos. Sin concesiones ni medias tintas. Es la única forma de revertir el auge del fascismo que resurge como una pandemia mundial y de heredar un planeta todavía vivible a las futuras generaciones.

Transgenerismo

Una amenaza para las mujeres y para la humanidad

liberata.org

Hoy 8 de marzo se celebra nuevamente el Día de la Mujer, este año en el contexto de una sindemia mundial. Desde hace más de siglo y medio, venimos manifestándonos en estas fechas por la justicia para las mujeres, aunque la desigualdad estructural no nos afecta a todas de la misma manera, claro está. Aquellas que más se benefician del dinero y el poder que les otorga el modelo capitalista neoliberal son también parte del sistema que oprime al último peldaño de la escalera: una mujer migrante empobrecida.

Sin embargo, sí hay en la actualidad un hecho a nivel mundial que apunta a borrarnos a todas: el transgenerismo. A medida que avance, tanto normalizándose como haciéndose más asequible desde la farma-tecnología, será nuevamente la mujer empobrecida quien sufrirá de forma más salvaje las consecuencias de esta mentalidad cada vez más extendida de que cualquier deseo puede ser entendido como un derecho, y en base a ello, se puede exigir a los estados que financien a empresas privadas que los hagan realidad (es aquí donde entra el avance de la farma-tecnología a la que hacía referencia).  

¿Qué es el transgenerismo?

El transgenerismo es un movimiento que nace en los EEUU financiado por postmodernistas mal llamados “pro-derechos”, representados también por farmacéuticas y personas ricas y poderosas disfrazadas de filántropos que luchan por falsos “derechos humanos” –son las mismas asociaciones que están detrás de la financiación de la pornografía, prostitución, vientres de alquiler y en un futuro los trasplantes de útero– (Open Society Foundation de George Soros, Arcus Foundation de Stryker Corps, Gilead Science, Tides Foundation, Tawani Foundation de Jennifer Pritzker), con una agenda política que no tiene en absoluto en el centro a aquellos cuyos derechos dicen querer defender. En conclusión, el transgenerismo no nace de lo que se calculaba era el 0,03% de la población transgénero discriminada. No es un movimiento de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo, que ha utilizado al feminismo, al LGTBI y a gobiernos cercanos a la izquierda, con el silencio cómplice de la derecha, para alcanzar los objetivos que se planificaron hace ya años: dinero y poder para unos pocos a través de la exclusión. No es algo ni nuevo ni en línea con la pretendida inclusión.

A nivel nacional e internacional se quiere dar validación jurídica a un relativismo que nos deja totalmente a la deriva como humanidad. Si jurídicamente cualquier hombre puede ser una mujer con sólo decir que así lo siente, aunque tenga pene y testículos, cualquier postulado subjetivo puede pasar a ser un hecho. Hay cientos de millones de Euros invertidos en lobbies, think-tanks, educación y publicidad de todo tipo para que aceptemos que ser hombre o mujer es un sentimiento, y que poder menstruar o ser madre no son hechos biológicos. Esto no es solo un debate sobre una ley, y va mucho más allá incluso del borrado de las mujeres y sus derechos. Estamos hablando de un cambio antropológico, de los efectos a corto plazo de este relativismo en el que la realidad, lo virtual, lo imaginable y lo deseable, la mentira y la verdad, no se diferencian. No tenemos que esperar al futuro, ya hoy día podemos ver las consecuencias que la sociedad líquida está teniendo para la generación Z y Alpha. Solamente por nombrar un hecho: a nivel mundial el aumento de la tasa de suicidios, intentos de suicidios y autolesiones entre adolescentes e incluso niños y niñas es alarmante.

No es casualidad tampoco que paralelamente al auge de esta no tan nueva industria, se fomenten los beneficios liberadores del sexo y el amor “líquido”, flexible y fugaz, relaciones que son una “gimnasia sexual” que no exige ningún tipo de compromiso humano. Término que utilizo conscientemente ya que el transhumanismo está dentro del plan de mercado de las grandes empresas farmacéuticas y tecnológicas, las más ricas a nivel mundial. En un mercado capitalista neoliberal solo hay una premisa: aumentar las ganancias que sus negocios generan. Punto. Si hay un posible negocio detrás del transgenerismo, y lo hay, éste se va a promocionar. Es la lógica detrás del porno y la prostitución, los vientres de alquiler, la donación de óvulos (que España exporta) y otros tinglados. Menciono estos negocios porque hay una línea transversal que los atraviesa a todos, y otro que está acechando a la vuelta de la esquina: los trasplantes de útero. Aún no se han lanzado al mercado como los vientres de alquiler, pero ya hay mujeres que son madres gracias a un útero implantado. No falta tanto para que el capital, que sigue reclamando para el mercado cada parte del cuerpo de la mujer empobrecida, pida como derecho de las mujeres pobres el poder decidir qué hacer con su cuerpo, ahora también con su útero.

Este mercado depredador ha utilizado el modelo de mujer perfecta construido en base a una cultura patriarcal dominante para acomplejarnos y hacernos sentir indeseables, de modo que pasemos horas en el gimnasio, consumamos anabolizantes, hagamos tratamientos de belleza de por vida y hasta pasemos por el bisturí. Prácticas cada vez más extendidas no sólo entre mujeres sino también entre hombres. Sin embargo, esto no parece ser suficiente, y hay empresas que han echado mano a la disforia de género, que se estaba dando en un 0,03% de la población, para ampliar el nicho del mercado, de modo que, en un futuro no muy lejano, más personas nos sintamos a disgusto con todo nuestro cuerpo. Incluso, que le reclamemos al estado que pague nuestra hormonización desde edades tempranas y la cirugía para cambiarlo. Claro que esto no está ocurriendo de forma masiva aún, pero estamos abriendo puertas que no se van a poder cerrar, y no sólo al transgenerismo sino al transhumanismo.

Demás está decir que respetamos la libertad de cada individuo a sentir lo que desee y no ser discriminado o discriminada por ello. Sin embargo, en una sociedad “líquida”, manipulada, hipersexualizada y con estereotipos de género, si un niño o una niña dice que no está a gusto con su cuerpo porque se siente que le corresponde el del otro sexo, el sentido común nos debería llevar a consultar a profesionales de la salud, a buscar asistencia psicológica para saber qué le ocurre, de cara a descartar primero otras causas antes de concluir que ha nacido en el cuerpo equivocado. Con las leyes que se están pasando al respecto en distintos países del mundo, padres y madres pierden la tutela de sus hijos e hijas a favor del mercado. Esto ya se está dando y existen empresas que han montado un negocio en base a ello con la complicidad del estado (aunque esto merece un artículo aparte). La mejor respuesta, hoy más que nunca, parece ser la frase: “La sociedad será autogestionaria o no será”. Nos oponemos a que el mercado capitalista a través del Estado coarte cada vez más la libertad individual, la de las familias, la de la sociedad, la de las asociaciones… cínicamente bajo el interesado pretexto de estar protegiendo los derechos de algunos a costa de los de la gran mayoría, en este caso especialmente aquellos conquistados por las mujeres. Hemos entrado en una era peligrosa para la humanidad, en la que “Black Mirror” y “Years and Years” están pasando de ser series distópicas para convertirse en historia contemporánea.

Leer artículo en liberata

Mujeres de segunda

Nuria Sánchez de la Isla

Hay cosas que parece que no cambian. Ni con la nueva, ni con la vieja normalidad. Parecen males endémicos, problemas irresolubles, fatalidades imposibles de transformar, cuando lo que pasa es que no hay voluntad para cambiarlas. Las condiciones laborales de miles de hombres y mujeres que están trabajando en hogares en limpieza y cuidados, son un ejemplo de esto.  

Gobierno tras gobierno, de uno y otro color, van aceptando que haya trabajadoras de segunda, sin derecho al paro, con jornadas de explotación, sin contrato ni seguridad social en su inmensa mayoría… Son fundamentalmente mujeres migrantes, muchas de ellas sin papeles, que cuidan casas, niños y mayores, entregando tiempo, salud y cariño a lo que decimos que es para nosotros lo más importante, y lo hacen en condiciones infrahumanas.

Los pasados días 26 de febrero y 3 de marzo, la asociación Encuentro y Solidaridad, organizó unos talleres sobre Los Derechos Laborales en el Trabajo Doméstico, con la colaboración de Rafael Paredes, abogado con 20 años de experiencia en extranjería, y muchas horas de trabajo gratuito y solidario a las espaldas.

Los talleres sirvieron para aclarar ideas, resolver dudas, encontrarse y escucharse, robar a las múltiples preocupaciones alguna sonrisa y ofrecerse entre las asistentes mutuo apoyo y solidaridad.

Pudimos conocer lo que dice la ley de lo que debería ser el trabajo doméstico: un trabajo con contrato y seguridad social, percibiendo un mínimo de 950 euros mensuales en 14 pagas, con 10 horas mínimas de descanso entre jornada y jornada, con 36 horas seguidas de descanso semanal, y no más de 8 horas de jornada diaria, aunque se pueda contemplar algunas horas a mayores de presencia (en ningún caso más de 20 horas de presencia semanales). Con 14 festivos al año y 30 días naturales de vacaciones.

Y pudimos comprobar también, con rabia, indignación y tristeza, lo alejada que está la realidad de la “legalidad”: Mujeres trabajando 140 horas semanales, a las que en muchas ocasiones se les habla con desprecio, hasta se les impide salir o ver a sus familiares “para evitar contagios”, que ni cotizan en la seguridad social, ni se les respetan festivos o vacaciones, y menos aún pagas extraordinarias, llegando a cobrar 700 euros por jornadas no completas, sino completísimas.  

Que exista un régimen especial para el trabajo doméstico, que no considere el derecho a paro, por ejemplo, es ya claramente discriminatorio, pero aún más vergonzoso es que se acepte en silencio, y sin ningún tipo de protesta social, que todo el sistema de cuidados se sustente en la explotación, la ilegalidad o el trabajo semiesclavo.

En este 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, no olvidemos que las conquistas de antaño, como la jornada de 8 horas, parecen hoy en nuestra tierra, un sueño, ciencia ficción, para miles de trabajadoras domésticas internas.