Cuando hay una silla vacía en Navidad

Ana Cuevas

                                   “Las Navidades pueden ser feroces además de felices”

Tomo prestada esta expresión de Irene Vallejo, de su artículo publicado el 12-12-21.

Muchos dolientes desean que llegue pronto el 7 de enero ya que sufren mucho en Navidad porque chocan los excesos con los que se celebran estas fiestas y su interior, que está resquebrajado, dolorido, vacío…

Alba Payás, experta en duelo, dice que se pueden adoptar tres posturas cuando estamos en duelo y nos arrolla la Navidad: podemos marcharnos fuera de nuestro lugar habitual de celebración, pero debemos tener en cuenta que el dolor va a ir con nosotros allá donde vayamos. Otra opción es hacer como si no pasara nada y esconder el dolor, pero entonces vamos a obligarnos a sufrir en soledad y en silencio. Pero también podemos aceptar la realidad de la pérdida parar intentar construir una nueva Navidad. ¿Es posible?

Sí, si nos entrenamos durante la vida ordinaria en darnos permiso para estar mal… y también para estar bien. Entonces cuando lleguen las temidas celebraciones extraordinarias nos vamos a sentir menos incómodos.

Podemos hablar con antelación con los miembros de nuestra familia (por lo menos con los que más confianza tengamos) sobre lo que nos gustaría hacer, lo que no, y si vemos conveniente incluir algo nuevo para tener presentes este año a los que tanto añoramos. Hay quien convoca una reunión familiar para poder escuchar la voz de todos…

Y podemos ¿o debemos? recuperar el auténtico sentido de lo que celebramos, porque así podremos comprobar que la esperanza es la virtud del que lucha.

Como acompañantes lo mejor que podemos hacer es ejercer la virtud de escuchar sinceramente, con paciencia, sin prisas y sin juzgar. Tenemos que aprender a “escuchar con los ojos” porque solo así se crea el ambiente necesario para facilitar que el corazón roto de nuestro familiar o amigo, se abra, empiece a drenar y así pueda ir regenerándose.

Y una vez que hayamos curado nuestro dolor personal, podemos trabajar para que nuestra sociedad sea más solidaria. Cuando se habla de la muerte y el duelo solemos centrarnos en la dimensión personal; también solemos contemplar las implicaciones para la familia y el entorno cercano, pero nunca nos paramos a pensar en las implicaciones que esta experiencia tiene para la sociedad ¡y ya lo creo que las tiene! Muchos dolientes se han empeñado después de su duelo en crear asociaciones o acciones, sobre todo educativas, para que la memoria de sus seres queridos fallecidos trascienda y sirva para el bien común.

Igual que con un duelo, o con cualquier dificultad, podemos CRECER personalmente y podemos unirnos más en las familias, si hacemos bien el duelo, podemos hacer crecer la sociedad…también en Navidad! 

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