Esa extraña costumbre de exigir responsabilidad al tiempo que la quitamos

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

(Me gustaría que fuera más responsable con los deberes con el estudio pero de momento me voy a sentar con él para preguntarle qué han hecho en el cole y si ha apuntado todas las tareas en la agenda como no es muy fiable porque me dice que sí y luego es que no voy a preguntar en el grupo de guasap del colegio por los deberes que han puesto y es que no puede ser que no esté pendiente de sus cosas y tenga que andar yo detrás voy a revisar la mochila de mañana no vaya a ser que se le haya olvidado meter el libro de inglés y le vuelvan a poner una nota en la plataforma y me tenga que enfadar con él otra vez es que como no ande yo al tanto no va a llevar la tarea hecha y fácil que le pongan mala nota suspenda se desmotive repita curso deje de estudiar fracase en los estudios y en la vida ¿y entonces? ¿entonces qué? a
eso no responde ese psicólogo que se cree tan listo que me dice que no esté tan encima del chico y que le deje un poco de espacio que es que no es tan fácil una vez le hice caso y dejé al chico a ver qué hacía y no hizo nada y nota al canto en la plataforma por no decir qué pensará la profesora si el chico no lleva los deberes hechos va a pensar que soy un mal padre que no me ocupo de mi hijo prefiero estar encima y que haga bien las tareas ya madurará y se hará cargo de sus cosas mientras tanto ya estoy yo pendiente porque este es un despistado que no se entera de nada)

¿Te suena este monólogo?
Tal vez te hayas dicho a ti mismo algo parecido en alguna ocasión y al leerlo ahora piensas: ¿Cómo es posible que sea consciente de una situación que requiere un cambio (que mi hijo sea más responsable) y responda con la conducta contraria a la necesaria para conseguir ese cambio (hacer yo sus cosas)?
La respuesta está en el miedo. El miedo al fracaso que se expresa en la proyección de un futuro desastroso si yo no me encargo de ayudarle. El miedo al sufrimiento inmediato del hijo si las cosas le salen mal. Tratamos de controlarlo todo para evitar ese futuro desastroso para él (y de paso tranquilizarnos un poco a nosotros mismos). Pero al hacer eso entramos en esa extraña espiral de exigirle (verbalmente) que sea responsable, al tiempo que le quitamos la responsabilidad (asumiendo nosotros sus tareas).
Es normal sentir un cierto miedo ante la posibilidad de sufrimiento o de fracaso de los hijos, pero quizá en vez de intentar tranquilizarnos y controlarlo todo para evitar el sufrimiento de nuestros hijos, es preferible asumir el miedo como compañero de camino mientras transferimos a nuestro hijo de forma progresiva la responsabilidad que hemos ido acaparando.


Permíteme una metáfora. Imagina que estás tirando de una soga y al otro extremo está tu hijo tirando en dirección contraria. Si sueltas la cuerda de golpe el chico se dará una buena culada. Pero si aflojas suavemente la fuerza con la que tiras hacia ti, seguramente el chico se desequilibre un poco, se vuelva a equilibrar y siga tirando. Y si sigues aflojando, se
volverá a desequilibrar y equilibrar de nuevo. Y podrás terminar por soltar del todo la cuerda evitando la culada.
Se trata de hacer algo parecido. Si lo habitual es que planifiques, ayudes a ejecutar y supervises todas las tareas escolares de tu hijo y dejas de hacer todo eso de pronto, él no podrá asumirlas de golpe. Es preferible dejar de hacer progresivamente alguna de esas tareas y a medida que el chico va asumiéndolas, ir soltando las siguientes.

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