Jorge Lara
La ovación que en el Congreso recibió el Papa León XIV tiene distintas interpretaciones. Pero más allá de que cada quien trate de arrimar el ascua a su sardina y resaltar aquella parte del discurso que más se acerca a su posicionamiento en tal o cual cuestión, lo que es innegable es que se aplaude por respeto. Y creo que no sólo por un respeto de buenas formas, protocolario, por quedar bien o por no quedar mal, sino porque, se esté de acuerdo o no con todo lo que plantea, su discurso es coherente, y su estilo es también merecedor de respeto por su humildad y su mansedumbre. Esto en el panorama parlamentario actual es ciertamente un viento fresco que renueva el aire tan cargado, tan pesado, tan de bochorno que vivimos cotidianamente.
El periodista Enric Juliana creo que se refiere a esto en su reciente artículo “Catolicismo aerosol”. Su discurso, sus formas son expulsadas con suavidad, y se difunden por el aire impregnando leve pero notoriamente el ambiente que se hace más respirable, más dialogante.
Si se está dispuesto a escuchar, a interrogarse, es evidente que el planteamiento ético de León XIV, de la Iglesia, basado en la dignidad absoluta de la persona en cualquier circunstancia es coherente. Y de ahí que defienda esa dignidad tanto en el no nacido como en el inmigrante empobrecido. Y el planteamiento religioso también es coherente, porque la vivencia religiosa no se queda en la relación personal con Dios, y mucho menos en las formas celebrativas, sino que para que sea verdadera vivencia se extiende a la relación con los hermanos en los que Dios también se encarna. Esto es clave para mantener la unidad de la Iglesia.
Coherencia ética y religiosa están en la base del mensaje del Papa León XIV, y periodistas como el citado se están dando cuenta de ello. Esperemos que nuestros responsables políticos y los miembros de la Iglesia también nos demos cuenta y lo pongamos por obra.





