Reflexiones

Alfonso Olaz

¡Jesús, ese gran desconocido!

Me atrevo a hablar de Jesús,

a pesar de mis incoherencias,

pero estoy convencido que a él no le importa-

si lo hago desde la seriedad.

¡Si la gente le conociera un poco!

¿Cómo podría mostrar su rostro al descreído?

El hombre, la mujer, en la actualidad, «solo creen» en lo que ven ¿y lo que ven es…?

Solo desde el corazón, empezamos a creer, primero en lo que ‘vemos’ y luego comienza el camino de cada uno.

Lo que está claro es que el hombre y la mujer ‘despistados’ por todo lo que vive en esta Pandemia de ausencia de amor, necesita con urgencia el sentirse en paz y empezar a sanarse de su Yo.

También es cierto, que gracias a las muchas almas de luz que habitan nuestras  calles, el que busca con seriedad encuentra su camino.

¡Quiero creer en el hombre y la mujer, como creo en el calor, en el frío de la madrugada, en la lluvia que me empapa!

Los olvidados del covid-19

Fuente: elsaltodiario.com

Durante el estado de alarma se ha homenajeado al sector sanitario, a los trabajadores de distribución, al ejército, a las emergencias, incluso los Reyes visitaron Mercamadrid, centro de distribución de alimentos.

Pero nadie ha homenajeado a quienes nos dan de comer todos los días, antes, durante la pandemia y después, un sector poco valorado por una sociedad urbana y que no entiende ni se preocupa por los problemas del sector agrícola. Todos los días se aplaude a quienes nos curan, se dice que son héroes, pero ese agradecimiento no parece llegar a quienes nos alimentan, aunque sin comida no hay vida humana.

Durante el mandato del actual Gobierno, el sector agrícola y ganadero se movilizaró con sus justas reivindicaciones, que son muy antiguas con problemas estructurales y complejos arrastrados durante siglos en el Estado español.

Los principales puntos de esas movilizaciones eran:

  • Falta de precios justos por sus productos que les permita alcanzar una mínima rentabilidad. El motivo: el desequilibrio de la cadena agroalimentaria, que provoca que la gran distribución e industrias sean pocos y poderosos frente a los agricultores y ganaderos, muchos y desorganizados en su mayoría.
  • Subida de los costes de producción: no tienen capacidad de trasladar esa subida al precio de sus productos y se ven obligados a vender por debajo de sus costes reales.
  • Recortes en las ayudas provenientes de Europa e incluso las que destina el Gobierno central y las Comunidades Autónomas.
  • Empoderamiento de los agricultores y ganaderos. Sin su participación, no hay alimentos.
  • Reglamentación de ciclos cortos de comercialización, productos de proximidad y etiquetado en origen. Las leyes deben dar respuesta a los problemas de los ciudadanos, no generar más perjuicios de los que resuelven. Urge un cambio legislativo para permitir que agricultores y ganaderos lleven a cabo la venta directa de sus productos. En materia de etiquetado, urge imponer la obligatoriedad de reconocer el origen de todos los alimentos en su etiqueta.
  • Freno a la especulación con los productos agrarios. Mientras la rentabilidad de la agricultura está bajo mínimos, siguen produciéndose prácticas comerciales abusivas y desleales. Los intermediarios que hacer con ellos en la cadena agroalimentaria.
  • Reivindicación del papel vertebrador de la agricultura y la ganadería frente al despoblamiento, a los problemas ambientales y territoriales. El debate sobre la España vaciada ha logrado ponerse en el foco mediático y legislativo. Sin embargo, en ese debate los agricultores y ganaderos deberían cobrar un mayor protagonismo. Sin ellos-as, no habrá futuro para el medio rural.

En la ciudad, dada la poca cultura rural, no se valora todo el proceso que existe para que un alimento sea producido desde que la tierra se prepara, se siembra, va creciendo poco a poco, se recoge y se pone en manos de un intermediario que lo coloca en las grandes superficies o en los Mercas de cada ciudad. Se tiende a comprar apretando un botón en el ordenador rápido, fácil y rápido, o yendo a la tienda. Basta con tener dinero para comprar lo que más nos gusta, olvidando todo el trabajo y sudor que se necesitan para producir alimentos.

El sindicato COAG por medio del Índice de precios en origen y destino de los alimentos (IPOD), analiza la diferencia entre el precio que se paga al agricultor y el precio final que alcanza de venta. En julio la lechuga se ha pagado a 0,15 €/kg al agricultor y el precio del comprador ha llegado a 1,25€, la diferencia ha sido de un 733%. La cebolla, que ha sufrido un incremento del 606%, en mayo se ha multiplicado 7,06 veces de media la diferencia entre el precio de origen hasta que llega al consumidor. El melón ha subido 535%, pagándose a 0,20 €/kg y llegando a 1,20 €/kg.

Tampoco hay que olvidar la situación laboral y social de los trabajadores del campo. Por lo general, estos trabajadores y trabajadoras extranjeras son hombres y mujeres jóvenes procedentes, sobre todo, de los países del Magreb, de los países de África subsahariana y trabajadores del Este de Europa. Estos últimos suelen venir con formación específica en tareas agrícolas.

En el campo del sur de España se concentra la mayor parte de los inmigrantes. Los cultivos de Almería, Jaén y Huelva no serían lo que hoy son sin el trabajo de los trabajadores y trabajadoras extranjeros. Eso sí, con notables diferencias entre las tres provincias.

El perfil de quien trabaja en la recogida de frutos onubenses es, ciertamente, de una mujer (el 90% del trabajo de recolección lo hacen ellas), joven y reclutada en su propio país para hacer únicamente la cosecha.

Hoy en día las estadísticas oficiales han cambiado mucho porque solo se cuantifica como extranjeras a aquellas trabajadoras del país magrebí, mientras que las que provienen de otros países como Bulgaria, Polonia o Rumanía, son ahora ciudadanas de la Unión Europea desde que sus países entraron a formar parte de ella.

Desde la ciudad se pueden atajar buena parte de los problemas del campo, entre otras cosas, volviendo a dar a los alimentos y a quienes los cultivan y preparan la importancia que se merecen.

Desde la organización Madrid Agroecológico (MAE) se esta proponiendo a las diferentes consejerías de la Comunidad de Madrid apoyo producción agroecológica, ayudas desde los Planes de Desarrollo Rural, ayudas directas, compras públicas a productores agroecológicos, sensibilización del papel fundamental de las personas productoras y el pequeño comercio para alimentarnos y sostener nuestros agroecosistemas.

Las alternativas del consumidor final pasan por la toma de conciencia de los problemas del campo para poder valorar mejor lo que se paga por un producto alimenticio, los grupos de consumo autogestionados en la ciudad que saben a quién compran y entienden la problemática, la venta directa en mercados tradicionales, los mercadillos de proximidad que se han prohibido por el estado de alarma pueden ser algunas que mejoren de alguna forma la situación del campo en la actualidad.

Grita libertad

Ana Sánchez

Una de esas películas «basadas en hechos reales» que lo que nos muestra es la cruda realidad cotidiana de la mayoría de la población de Sudáfrica. En muchas ocasiones no es tanto lo que pueda o no mostrar como lo que deja entrever, la sociedad en la que vivían y aún viven, tanto muchos sudafricanos como otra gran parte de la población empobrecida en muchos países. En este caso se trata de una raza que se pone por encima de otra, el famoso appartheid, ya superado o que por lo menos queremos pensar que ya lo está.

 

Toda una sociedad montada encima de la superioridad de un color de piel sobre otro, en la que, ¡gracias a Dios! siempre hay alguien que se cuestiona que esto tenga que ser así, que puede ser de otra manera.

Uno de los protagonistas de esta historia, Steve Biko, seguramente mucho menos conocido que el famoso Mandela, es uno de los pocos teóricos de la liberación de Sudáfrica.

Muchos hemos podido conocer su historia y su labor gracias a su relación con el periodista Donald Woods y a esta película de 1987, dirigida por Richard Atteborough y protagonizada por Denzel Washington y Kevin Kline.

El activista Biko, recluido por sus denuncias de la segregación racial va consolidando una buena amistad con un periodista blanco, el director de un periódico que se esfuerza más por buscar la verdad que por agradar a los poderes establecidos y esto también le traerá a él algunos problemas, desde la simple incomprensión hasta el ataque directo y también la reclusión, en un esfuerzo por que no salgan a la luz las denuncias que realizan los no segregacionistas.

Una batalla entre dos mundos opuestos, el de los que quieren ser superiores y los que quieren ser iguales, una batalla en la que, evidentemente, hay víctimas, como es el caso de Biko tras su última detención y tortura.

La mayor parte de las víctimas son de las que consideramos anónimas, pocas trascienden más allá de sus familias y amigos.

También el periodista Woods será otro tipo de víctima, la del intento de silenciamiento de la verdad, aunque gracias a su afán por dar a conocer la injusticia puso su grano de arena en esta lucha contra la opresión, una tarea también hoy imprescindible y urgente.

 

¿Quién paga?

“Prefiero morirme por COVID, que de hambre”. Así relataron su experiencia algunas mujeres inmigrantes trabajadoras del hogar este verano en los Encuentros para la solidaridad en la Casa Emáus. Y es que el COVID-19, (una zoonosis, no lo olvidemos) que tiene una estrecha relación con el daño causado a los ecosistemas, está haciendo que aumente el número de hambrientos en todo el mundo. Y nos duele. Y mucho.
Mucho, porque un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se tiran a la basura y otro tercio es consumido para “producir obesidad”.
Mucho porque el virus, o las emisiones contaminantes, no tienen pasaporte y afectan con más dureza a los más empobrecidos.
Mucho porque en toda crisis en la historia se ha podido comprobar cómo sale reforzada la industria y se resiente la sociedad, y esto no es casualidad.
Este mundo, como ya saben ustedes, queridos lectores, no es justo, pero es que tampoco es sostenible, ni saludable.

Ahora estamos preocupados por un virus. Nos preocupa paliar sus consecuencias, que la economía no se resienta, encontrar una vacuna que nos permita volver a sentirnos seguros. Pero pocos alzan la voz para recordarnos la importancia de un planeta rico en biodiversidad, o como reseña Fernando Valladares, biólogo del CSIC, «un ecosistema que funcionase bien era la mejor vacuna y nos lo hemos cargado».
Conscientes de que el Hambre y el daño a la Casa Común tienen relación, decidimos estudiar las agresiones que la industria alimentaria hace a los pueblos y al planeta. ¿Quién paga?, es el título de este trabajo, que pretende descubrir los verdaderos paganos de este sistema.
Una pizza y sus ingredientes nos sirvieron como hilo conductor del estudio. Y así seguimos la vida del tomate, carne, cereales, cómo se producen, distribuyen, qué consecuencias tiene su consumo, …
Las líneas fundamentales las hemos plasmado en una presentación que os invitamos a conocer a través del siguiente enlace.

Si nuestro trabajo os ha generado alguna reacción, emoción, o incluso no estáis de acuerdo, ya hemos empezado con buen pie. Necesitamos vuestra aportación. ¿Qué os pedimos como lectores?. Que lo colaboréis, que nos enviéis vuestros comentarios y apreciaciones a burgos@encuentroysolidaridad.net

En 2020 se cumplen 5 años de la encíclica Laudato Sì y este mes se está celebrando en todo el mundo, el mes de la Creación. Nos gustaría colaborar a la reflexión y acciones mundiales en esta materia con esta pequeña gota de agua. Que con la tuya y la de tantos, formemos un río. Un río que inunde terrenos yermos, faltos de vida y de lucha, sedientos de solidaridad.

No hay enfermos “incuidables”, aunque sean incurables

Nota de la Comisión Ejecutiva de la CEE sobre la ley de la eutanasia

El Congreso de los Diputados ha decidido seguir adelante con la tramitación de la Ley Orgánica de regulación de la eutanasia. Es una mala noticia, pues la vida humana no es un bien a disposición de nadie.

La Conferencia Episcopal Española ha reflexionado repetidas veces sobre este grave asunto que pone en cuestión la dignidad de la vida humana. El último texto fue publicado el pasado 1 de noviembre de 2019 bajo el título “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de la vida humana” y en él se examinan los argumentos de quienes desean favorecer la eutanasia y el suicidio asistido, poniendo en evidencia su inconsistencia al partir de premisas ideológicas más que de la realidad de los enfermos en situación terminal. Invitamos encarecidamente a la comunidad cristiana a su lectura y al resto de nuestros conciudadanos a acoger sin prejuicios las reflexiones que en este texto se proponen.

Insistir en “el derecho eutanasia” es propio de una visión individualista y reduccionista del ser humano y de una libertad desvinculada de la responsabilidad.  Se afirma una radical autonomía individual y, al mismo tiempo, se reclama una intervención “compasiva” de la sociedad a través de la medicina, originándose una incoherencia antropológica. Por un lado, se niega la dimensión social del ser humano, “diciendo mi vida es mía y sólo mía y me la puedo quitar” y, por otro lado, se pide que sea otro –la sociedad organizada– quien legitime la decisión o la sustituya y elimine el sufrimiento o el sinsentido, eliminando la vida.

La epidemia que seguimos padeciendo nos ha hecho caer en la cuenta de que somos responsables unos de otros y ha relativizado las propuestas de autonomía individualista. La muerte en soledad de tantos enfermos y la situación de las personas mayores nos interpelan. Todos hemos elogiado a la profesión médica que, desde el juramento hipocrático hasta hoy, se compromete en el cuidado y defensa de la vida humana. La sociedad española ha aplaudido su dedicación y ha pedido un apoyo mayor a nuestro sistema de salud para intensificar los cuidados y “no dejar a nadie atrás”.

El suicidio, creciente entre nosotros, también reclama una reflexión y prácticas sociales y sanitarias de prevención y cuidado oportuno. La legalización de formas de suicidio asistido no ayudará a la hora de insistir a quienes están tentados por el suicidio que la muerte no es la salida adecuada. La ley, que tiene una función de propuesta general de criterios éticos, no puede proponer la muerte como solución a los problemas.

Lo propio de la medicina es curar, pero también cuidar, aliviar y consolar sobre todo al final de esta vida. La medicina paliativa se propone humanizar el proceso de la muerte y acompañar hasta el final. No hay enfermos “incuidables”, aunque sean incurables. Abogamos, pues, por una adecuada legislación de los cuidados paliativos que responda a las necesidades actuales que no están plenamente atendidas. La fragilidad que estamos experimentando durante este tiempo constituye una oportunidad para reflexionar sobre el significado de la vida, el cuidado fraterno y el sentido del sufrimiento y de la muerte.

Una sociedad no puede pensar en la eliminación total del sufrimiento y, cuando no lo consigue, proponer salir del escenario de la vida; por el contrario, ha de acompañar, paliar y ayudar a vivir ese sufrimiento. No se entiende la propuesta de una ley para poner en manos de otros, especialmente de los médicos, el poder quitar la vida de los enfermos.

El sí a la dignidad de la persona, más aún en sus momentos de mayor indefensión y fragilidad, nos obliga a oponernos a esta esta ley que, en nombre de una presunta muerte digna, niega en su raíz la dignidad de toda vida humana.

Madrid, 14 de septiembre, Exaltación de la Santa Cruz

Comisión Ejecutiva de la CEE

La geopolítica de los dibujos animados

Fuente: elordenmundial.com

Los dibujos animados conquistan corazones y mueven miles de millones de dólares. Pero eso no es todo, amigos: la animación también juega en el tablero político. Lo hace desde sus comienzos: durante las Guerras Mundiales, los dibujos animados enseñaban a los niños a reconocer al enemigo; en tiempos de la Guerra Fría, sus protagonistas traducían la ideología al lenguaje de la animación. Hoy, son una de las herramientas del poder blando.

¿Qué tienen en común la princesa del hielo, la familia Parr y unos seres redondos y amarillos? Uno, que son personajes de dibujos animados; dos, que estos dibujos son estadounidenses; y tres, que son los protagonistas más rentables de la industria de la animación: las dos partes de Frozen, la secuela de Los Increíbles y Los Minions han sido los dibujos animados que más taquilla han hecho a nivel mundial. Si se amplía el foco, ocho de las diez películas de animación más taquilleras son producidas o distribuidas por Disney. Y todas son estadounidenses.

Pero la animación no es un reino de hadas, sino una industria altamente competitiva. Y la competición no se acaba a nivel de taquilla o de audiencias: los mensajes transmitidos por los dibujos animados llegan, cual aguja hipodérmica, a las mentes de los más pequeños, los hipnotizan a través de las pantallas y les susurran lo que tienen que hacer y cómo deben comportarse… O esto se pensaba en los albores de la televisión y de la propaganda. Se creía que un estímulo televisivo provoca, como una inyección, una respuesta casi automática en el público. Por eso, el personaje de Superman fue acusado de inducir a los más pequeños a saltar por la ventana, en un intento de aprender a volar.

El tiempo demostró que los mensajes que salen en las pantallas no programan respuestas automáticas. Pero su papel no se debe minusvalorar. El poder ha cambiado, y la fuerza ha dejado el pedestal a la influencia, la persuasión y la seducción: el poder blando. Uno de sus ingredientes es la industria de los medios. Los datos de taquilla dejan claro qué imperio mediático domina en la animación a día de hoy. Y la animación es la llave a los corazones de los niños.

La guerra sí es cosa de niños

En el Chicago de 1914, el dinosaurio Gertie salió de su cueva, devoró el tronco de un árbol y se inclinó ante los espectadores, a las órdenes del animador Winsor McCay. Era la primera protagonista de un dibujo animado propiamente caracterizada, con una personalidad y una historia que contar. Gertie jugaba, lloraba y comía; por ello, entretenía. Con la creación de Gertie, McCay abrió un nuevo horizonte para la animación, que antes se centraba más en la técnica y en el mensaje y no tanto en los seres dibujados. Pero el entretenimiento no era el único cometido de los dibujos animados. Al otro lado del Atlántico, Reino Unido lideró la joven industria de la animación con un propósito diferente: hasta un 95% de los dibujos británicos producidos entre 1914 y 1918 tenían una finalidad propagandística.

Eran los años de la Primera Guerra Mundial. A medida que el conflicto se agravaba, los dibujos animados iban cobrando fuerza. Unos ensalzaban los valores de la patria, otros ridiculizaban al enemigo. En Reino Unido la propaganda dejó de ser una prerrogativa exclusiva del Estado para traspasar al mundo de la empresa. Los niños no eran todavía el público objetivo de la joven industria de la animación, pues sus esfuerzos se centraban en levantar la moral de los combatientes y de los civiles, y se trataba generalmente de piezas cortas y mudas. Además, tocaban el bolsillo: al igual que las películas, los dibujos animados eran proyectados en espacios públicos —teatros y salas de cine—. Todo cambió en 1928, cuando el estadounidense Walt Disney enseñó a un ratón a silbar al sincronizar la música con la imagen. Desde entonces hasta hoy, Disney se ha convertido en la principal empresa de animación a nivel mundial, y Mickey Mouse continúa atrayendo a espectadores e inversores.

El período de entreguerras asentó las bases del dibujo animado contemporáneo: piezas más largas, personajes más realistas y la orientación hacia el público infantil. A la vez, los hogares de todo el mundo empezaron a dar una tímida bienvenida a un nuevo miembro: la televisión, aunque su uso no se popularizó hasta los años cincuenta. La joven industria fue abarcando cada vez más regiones. En 1936, la Unión Soviética creó el estudio de animación estatal Soyuzmultfilm, que continúa existiendo bajo el mismo nombre en la Rusia de hoy (Soyuz significa “unión”, y hace referencia a la Unión Soviética). Escuelas de dibujos animados y estudios privados fueron apareciendo en Argentina y en México. Desde Sudáfrica hasta Egipto y desde Tokio hasta Sídney, la animación fue perfeccionando sus técnicas y abriéndose camino hacia los corazones de los más pequeños.

Después llegó otra guerra mundial, y esta vez sí que fue traducida para los más pequeños al lenguaje de la animación. De parte de los Estados Unidos, Mickey Mouse, el Pato Donald y Bugs Bunny. En el frente nazi otros tantos animales, esta vez con un marcado mensaje antisemita. Desde el estudio de animación estatal de la URSS, un Hitler diabolizado amenazaba con arrebatarles la libertad a los ciudadanos soviéticos. En Japón, el niño dibujado Momotaro defendía a su patria de los invasores estadounidenses. Pero como la guerra no entiende de derechos de autor, Mickey Mouse y el Pato Donald no estuvieron exclusivamente al servicio de Disney. El Gobierno de Vichy utilizó a estos personajes para presentar a los Estados Unidos como enemigo del pueblo francés. El ratón emblemático de Disney, montado en un murciélago, también atacó a Japón, pero perdió ante los samuráis en un dibujo animado propagandístico nipón de 1936.

La propaganda animada de la Segunda Guerra Mundial servía a varios propósitos: enseñaba a los niños a reconocer al enemigo, levantaba la moral de la población civil y animaba, pero también educaba, a los soldados. Durante el conflicto, el público recibía con ansia los dibujos animados, lo que se tradujo en una gran afluencia a las salas de cine: noventa millones de espectadores semanales en los Estados Unidos y veinte millones en Alemania. De entre los quinientos cortometrajes animados producidos en Hollywood entre 1942 y 1945, un 47% estaba relacionado con la guerra. No obstante, el conflicto puso límites a la exportación: los dibujos de producción estadounidense fueron prohibidos en la Alemania nazi a finales de los años treinta.

Dos osos y un destino: los dibujos animados durante la Guerra Fría

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, la paz no llegó del todo. Las cuatro décadas siguientes fueron conocidas como la Guerra Fría, debido al enfrentamiento indirecto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante este período, las dos superpotencias conformaron bloques de alianzas, impulsaron carreras armamentísticas y externalizaron los conflictos. La industria de los dibujos animados tampoco se mantuvo al margen.

Un protagonista involuntario de la Guerra Fría es un oso de peluche llamado Winnie the Pooh. Para los países de la OTAN era amarillo; para los del Pacto de Varsovia, marrón. Y es que la industria cultural soviética rechazaba la producción estadounidense, por lo que algunas historias han tenido una vida doble, una a cada lado del Telón de Acero. Disney produjo su primera película sobre Winnie the Pooh en 1966; la Unión Soviética lo hizo tres años más tarde. El Winnie amarillo no entraba en la URSS; el Winnie marrón no salía más allá del bloque socialista. El Patito Feo o Mowgli son también algunos ejemplos de la dualidad de los dibujos animados durante la Guerra Fría. En otros casos, los protagonistas cambiaban, pero se mantenía la premisa: un gato gris estadounidense persigue, un episodio tras otro, a un ratón astuto; un lobo gris soviético intenta capturar a un pequeño conejo, pero siempre fracasa. Fuera de las fronteras de la URSS, pero dentro de su órbita, Mickey Mouse encontró un reflejo en Topito, el protagonista de un dibujo animado checoslovaco.

Pero no todos los movimientos de la animación de la Guerra Fría iban en paralelo, también había colisiones. El antagonismo entre los dos bloques se tradujo en un retrato distorsionado de los valores del enemigo. En este sentido, cabe destacar el papel de Walt Disney, extremadamente crítico con la URSS. Los dibujos animados estadounidenses mostraban explícitamente los males del comunismo; los soviéticos, los del capitalismo. Otros ejemplos eran más latentes, desde la asociación de la abundancia con la pereza y la maldad de parte de la URSS, hasta la confrontación entre dos mundos antagónicos —algunos autores afirman que es lo que ocurre en La Sirenita de Disney: su protagonista escapa de un reino marino rígido y patriarcal a la tierra firme, donde es libre para cumplir su sueño: caminar—. La animación abarcó también las dos carreras de la Guerra Fría: la armamentística y la espacial. Niños y animales dibujados de las dos superpotencias volaron en naves espaciales, llegaron a la Luna y construyeron refugios nucleares. Marvin el Marciano, el personaje de la factoría Warner Brothers enemigo de Bugs Bunny, es otro ejemplo de cómo la Guerra Fría aterrizó en la industria de la animación. Vestido de rojo y con traje militar, viniendo de otro planeta y siempre amenazando con destruir la Tierra con armas sofisticadas, Marvin parece una personificación de la Unión Soviética; no en vano, su primera aparición fue en 1948, cuando la división entre EE. UU. y la URSS empezaba a ser evidente. Incluso los conflictos armados encontraron una representación en el universo animado. Mickey Mouse volvió a la guerra como soldado estadounidense en Vietnam en un proyecto antibélico ajeno a Disney. Murió, de un disparo, en el minuto uno. La oposición a la guerra de Vietnam también se manifestaba en la animación soviética.

En la guerra todo vale, y la animación ofrece una gran herramienta: la posibilidad de ridiculizar al enemigo. Más allá de personajes grotescos o diabolizados, una forma más sutil de hacerlo es a través del empleo de la voz y el lenguaje. El acento ruso caracteriza a un perro callejero en La dama y el vagabundo, y uno de los ladrones de Aladdín también enfatiza mucho la erre. Desde la Unión Soviética el lenguaje también se ha utilizado para caracterizar a los personajes negativos. Por ejemplo, la expresión inglesa “oh, yes” era empleada como una coletilla constante por los personajes mafiosos italianos Banditto y Gangsteritto, al igual que por un astuto —y malvado— detective.

Los dibujos no solo apuntaban al “malo”, sino que también educaban en los valores a través de la creación del “bueno”. Esta división en blanco y negro persistió durante la Guerra Fría mucho después de que las televisiones se tornaran a color. Los protagonistas de los dibujos animados ponían cara a los valores de cada lado del conflicto en un contexto en el que la ética era definida por la ideología. La defensa del bien común contra el individualismo; la lucha obrera contra el espíritu emprendedor, el Winnie marrón comunista contra el Winnie amarillo capitalista. Y el amarillo ganó el pulso.

Un pato como embajador y la amistad menos desinteresada 

“¡Qué mono es! ¡Tenemos que hacernos amigos!” exclama Masha cuando ve por primera vez al panda, un nuevo personaje. Masha es la protagonista de la serie de dibujos animados rusa Masha y el Oso y una niña popular: suma más de setenta millones de seguidores entre sus canales de Youtube en ruso, inglés, castellano y portugués. Si los seguidores de Masha en Youtube fueran ciudadanos de un país de la Unión Europea, este sería el segundo más grande, tan solo por detrás de Alemania. La serie está traducida a más de treinta idiomas y se emite en Netflix. Desde marzo de 2020 sale también en la televisión oficial china, un país que tiene al panda como símbolo tradicional. Es así como Masha se hizo amiga del panda en la vida real. No es la primera vez que un dibujo animado ruso encuentra cabida en el mercado chino. En 2013, la serie Kikoriki, parcialmente financiada por el Ministerio de Cultura ruso, dio también la bienvenida a un panda. Cuatro años más tarde, la Agencia Estatal de Televisión China y los creadores de Kikoriki acordaron una producción conjunta, en la que el panda cobraría protagonismo. La diplomacia del panda —un término visual que hace referencia a la expansión del poder blando chino— llegó también al Topito checo, lo cual desencadenó una disputa por la licencia de este personaje, que acabó en el Tribunal Superior de Praga en 2019.

Las amistades de Masha no acaban en China. Y es que sus creadores pusieron la exportación como prioridad desde el primer momento. Incluso el pañuelo tradicional ruso de la protagonista facilita la promoción de la serie en países mayoritariamente musulmanes. Además de las traducciones y de los subtítulos, Masha y el Oso se adapta a las regiones de destino a través de un ejercicio de localización: se traduce cualquier texto que forma parte de la animación, por ejemplo, los letreros. Sin embargo, la popularidad de Masha también encuentra detractores. Algunos acusan al dibujo animado de ser propaganda del Kremlin, por ejemplo, porque el oso es un símbolo de Rusia. Se comparta o no esta afirmación, es evidente que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y Masha y el Oso han conquistado, a través de las pantallas, los corazones de millones de niños de más de cien países.

Pero si hay una empresa de animación que domina en el ámbito de la exportación, es, de nuevo, Disney. El poder de este imperio mediático es tal que el Pato Donald y Mickey Mouse son, a veces, comparados, con embajadores culturales. El propio Walt Disney participó en la diplomacia estadounidense a través de sus viajes, que promocionaban a Disney y, por ende, los valores de su país. La política y los intereses de la empresa se han cruzado también en la búsqueda de nuevo público. Así, en la década de los cuarenta, el Pato Donald se hizo amigo de un loro brasileño y un gallo mexicano en un intento de atraer a espectadores en América Latina. Hoy, el imperio Disney es diverso y omnipresente. Su plan de negocios descansa en cuatro pilares: la producción audiovisual, los parques temáticos, las redes de medios de comunicación —por ejemplo canales de televisión o plataformas digitales— y el merchandising. En 2018, el ya nonagenario Mickey Mouse trajo a casa 3.000 millones de dólares gracias a la comercialización de productos con su imagen.

Mientras que la animación estadounidense marca tendencias en las taquillas, el Viejo Continente se queda atrás. Los dibujos animados europeos tan solo se corresponden con una quinta parte de su mercado, en el que predominan, de nuevo, los de producción estadounidense. Pero no son los únicos jugadores en el tablero: las empresas mediáticas de Asia están cobrando peso. Desde la segunda mitad del siglo XX se popularizó la externalización de las labores más técnicas y laboriosas a países como Japón, India, Filipinas o Corea del Sur para reducir los costes de producción. Sin embargo, hoy este patrón se está invirtiendo y las industrias de animación de Japón, China y Corea del Sur ven despegar sus ganancias y aterrizan en todos los continentes, también el europeo.

Detrás de las pantallas

Los dibujos animados entretienen, educan y divierten. Los dibujos animados hacen taquilla, mueven el mercado publicitario y frecuentan el emplazamiento de productos. La animación no solo abre puertas a los corazones de los niños, sino también a los monederos de sus padres. Esta simbiosis, perfilada por el tiempo, es perfecta: los niños necesitan los dibujos animados, los dibujos animados necesitan a los niños. Pero su poder no solo es económico, sino también político, el poder blando. Se dice que para dominar a un enemigo, hay que educar a sus hijos. Y, aunque ya no hay enemigos tan claros y globales como durante la Guerra Fría, los dibujos animados más populares siguen siendo los estadounidenses.

Mucho ha llovido desde que el dinosaurio Gertie saliera por primera vez de su cueva dibujada, y algunos de los personajes de animación más queridos ya pueden soplar siete u ocho decenas de velas por sus aniversarios. A través de la pantalla, generaciones sucesivas de niños aprenden de esponjas, patos, osos y ratones. La infancia, la etapa dorada de la vida, se entrelaza en los recuerdos con las aventuras de sus personajes favoritos. Y es por eso por lo que la fórmula secreta de la animación cuenta con un último y principal ingrediente: el amor. Eso es todo, amigos.

¿Tenemos nuestro ritual?

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid

Un ritual es un acto que tiene una estructura que se repite y expresa un significado simbólico. Existen distintos tipos de rituales: deportivos, religiosos, familiares…

Un ritual deportivo, por ejemplo es la forma en la que se presentan dos equipos de fútbol a jugar un partido importante. Salen en fila, detrás del árbitro. Escuchan el himno. Se saludan. Se juntan en su campo para darse el grito de guerra…

Esa serie de acciones, que se repiten según la misma estructura, ayuda a los jugadores a introducirse en la dinámica del partido, a concentrarse en el objetivo que tienen como equipo, a expresarse apoyo mutuo…

Es posible que alguno de ellos haya pasado una mala noche pensando en la importancia del partido, que otro tenga alguna dificultad personal en esos momentos de su vida, y que alguno esté tranquilo gracias a su veteranía. El ritual les une en medio de sus circunstancias personales y consolida el sentimiento de equipo. Les une frente a la tarea común a la que se van a enfrentar.

Ahora bien, si once personas se juntan, salen en fila al campo de fútbol, escuchan el himno, se hacen una foto y se dan un abrazo, pero no saben jugar al fútbol, todos esos gestos no sirven para ganar el partido. Lo más importante es saber jugar, haber entrenado, compenetrarse… Esto es lo más importante. Pero si además de haber haber hecho esto, empezamos el partido con un ritual de estas características, el trabajo del equipo se fortalece.

Los rituales ayudan a consolidar la expresión de un sentimiento, aunque las circunstancias sean cambiantes, mediante una estructura que permanece estable en medio de los acontecimientos.

Un ritual familiar es, por ejemplo, la celebración de los cumpleaños. Cada familia tiene sus propias formas de celebrarlos. Ese estilo propio de celebrar, es uno de los elementos que conforma un sentimiento de pertenencia familiar. Somos (entre otras cosas) la familia Tal, que celebramos las cosas de esta manera. Los rituales cohesionan a los miembros de la familia y les ayudan a conectarse.

La forma distinta de celebrar los acontecimientos es una de las cosas que nos llama la atención cuando empezamos a compartir tiempo e intimidad con la familia de nuestro cónyuge. Descubrimos otros gestos, otras estructuras diferentes a la que estábamos acostumbrados.

Los rituales familiares o matrimoniales no generan el amor. Pero si en un matrimonio hay amor, el ritual ayuda a sostenerlo en medio de las inclemencias de la vida. Necesitamos rituales cotidianos que nos conecten en medio del fragor del día. No hacen falta grandes cosas. Quizá un café después de comer. Un beso de buenos días. Un rato juntos charlando cuando se han dormido los niños… Si tenemos un pequeño ritual puede convertirse en la expresión del amor que se mantiene aunque estemos preocupados por determinada circunstancia de nuestra vida en ese momento, o que hayamos discutido por alguna razón.

A veces los rituales se construyen de forma inconsciente, los vamos construyendo empujados por los ritmos de la vida. En otras ocasiones, surgen a raíz de algún acontecimiento al que respondemos de una forma y a partir de ahí, se genera un ritual… También podemos heredar rituales de nuestras familias de origen. Aunque no es fácil que se adopten idénticamente, lo habitual es que los recreemos, adaptándolos a nuestras circunstancias concretas.

Esta época de confinamiento puede haber generado determinados rituales cotidianos en nuestra vida a nivel personal de matrimonio o familiar. Y ahora puede ser un buen momento para hablar sobre ello e ir construyendo entre los dos ese ritual como matrimonio que exprese nuestro amor.

Reflexiones

Alfonso Olaz

Jesús te necesita

Jesús eligió  a los doce.

Y a ti también te ha elegido.

¡Él no puede completar su misión sino es contigo!

Entiendes entonces cuánto te necesita!

No es increíble, es la Locura del amor la que te pide esto

¡Quizás sea tu hora para responder!

Sin Ti, él  no puede Vivir, en cambio tú sin él,si que puedes respirar, vivir, amar, crear y romper, armar y desarmar.

El amor, el Innombrable, el Rey de Reyes, El Creador, te pide su amistad, ( se ha hecho indefenso, pequeñito, poquita cosa, como una hormiga en nuestras manos) y  tu sabiendo que tienes esta perla entre tus manos, ¿qué vas a hacer?

¡Que le veas y le reconozcas!

en el niño abandonado

en el emigrante de la patera y en el loco de la colina

en el parado y la parada de larga duración.

en el padre despedido de su trabajo

en la madre analfabeta engañada por el patrón.

en la esclava sexual y no trabajadora social.

El pobre enfermo del psiquiátrico.

en el ateo,agnóstico, peregrino.

Niño, adolescente, joven, adulto y «viejo»

El abuelo triste de la residencia.

El estudiante pobre

El adorador.

¿Te reconoces en alguno de estos?

El colegio soy yo

José F. Peláez

Fuente: Magnífico Margarito

Yo creo que ya basta. Ya podemos dejar de mirar al cielo e interrumpir los bailes tribales junto al fuego para que llegue un plan perfecto y suave para el próximo curso escolar, como si aquí no pasara nada. Parece evidente que las comunidades quieren que la decisión la tome el gobierno y parece igual de evidente que el gobierno quiere que la tome las comunidades. Y que ninguno quiere ser el primero.

Pero también resulta evidente que da igual quién sea el primero porque no solo no hay ningún plan, sino que no lo va a haber nunca por el simple hecho de que no puede haberlo. Estamos mirando a los políticos como si fueran personas especiales, mágicas, entes superiores capaces de arreglar los problemas con el simple acto de cerrar los ojos y desearlo muy fuerte. Pues no, siento decir que no son mágicos ni especiales ni superiores. Ni ellos ni los funcionarios a los que dirigen. Y no, esto no es una cuestión de voluntad. Vivimos instalados en ese delirio progre que ha hecho pensar a la gente que todo es posible, que el progreso es imparable, que el bienestar universal es posible, que todos los problemas tienen solución y que si esa solución no aparece es porque los políticos, que son muy malos, no han trabajado lo suficiente. Y entregamos a nuestros hijos como delegando en ellos nuestra responsabilidad como padres.

A ver, es cierto que no han trabajado lo suficiente, pero ni con todos los políticos trabajando 24/7 se podría llegar a una solución factible porque lo de los colegios simplemente no tiene solución. Y cuando algo no tiene solución, conviene aceptarlo cuanto antes para no llegar a una frustración patológica. Va a haber contagios y va a tocar mandar a los niños a casa para que no pongamos en marcha el círculo mágico que va del chaval asintomático a la esquela del abuelo en ‘El Norte’. No hay dinero en el mundo para duplicar profesores, aulas, regalar internet y un ordenador a cada niño y a cada profesor ni garantizar que se resuelven todos los problemas de mantenimiento o los problemas informáticos-logísticos de todo tipo. Con el matiz de que los niños, además, no están sindicados. Y los profesores sí, claro. Siempre vendrá uno que diga ‘no hay dinero para esto, pero para lo que quieren bien que lo sacan’. Pues vale, podemos ser todo lo demagógicos que queramos, pero las cosas no funcionan así. Repitan conmigo. No-hay-un-duro.

Por todo lo anterior, he decidido organizarme y coger el toro por los cuernos. Mi hija va a ser formada este año, se pongan como se pongan.Una niña de diez años no puede permitirse otro año sin rutinas, sin exigencias, sin orden, sin disciplina, sin refinamiento intelectual y sin adquirir conocimientos, porque cuando esto termine, que puede ser dentro de dos o tres años -quién sabe- puede que ya sea demasiado tarde y no voy a saber responderla cuando me pregunte por qué no hice nada, por qué esta dejación de funciones y por qué de repente pensábamos como soviéticos incapaces de hacer nada por si mismos.

En fin, que hay cosas que tienen una edad y no se puede empezar a crear rutinas con 14 años. Así que he decido que me paso las transferencias, los conciertos, los concordatos y las sucesivas leyes educativas por el forro y voy a crear un plan de estudios preventivo. Empezaremos el día leyendo la prensa y haciendo una columna a través de la cual ordenemos nuestros pensamientos. Una niña que lee por encima un par de periódicos está mejor informada que cualquier usuario de redes sociales y leyendas urbanas de WhatsApp con 50. Y, además, uno no sabe lo que opina de un tema hasta que no escribe del mismo. Esas columnas se publicarán en un blog porque, como dice Nieto Jurado, «la posibilidad de ser replicado te hace mejorar, te hace romper la timidez, te hace esforzarte más y te ayuda a formar la personalidad que toda persona tiene o quiere tener». Y eso me parece fundamental en ciertas edades. Con cierto apoyo del libro de sociales, le ayudará a entender la sociedad y sus vaivenes.

No hace falta leer a Kafka, pero se puede leer ya ‘El Camino’, ‘El príncipe destronado’, ‘Mujercitas’ o ‘Tom Sawyer’. Estoy escribiéndola yo mismo una ‘Historia de España’ que nos servirá de estructura para que la aprenda sin interferencias de cantamañanas ni mentiras interesadas. Y por supuesto el arte. Y no me refiero a talleres de pintacaras sino a visitas virtuales o presenciales a los museos más importantes del mundo y a todos los de esta ciudad para que entienda desde ya la evolución del arte en paralelo a la del ser humano y sepa entenderse a si misma a través de la observación de los demás. En cuanto a música, tiene que distinguir al menos a los alemanes, que estarán de fondo mientras corremos para mantener la forma. Bach, Brahms, Beethoven, Orff, Schuman, Wagner, Strauss, Haendel o Pachelbel. Poco a poco.

Comenzaremos con algo de filosofía y con latín, que no es discutible. Yo me encargo de que interprete un balance y entienda lo que es una empresa, del inglés y lo del francés lo aprenderemos juntos por las tardes. Religión un rato antes de dormir. No puede crecer sin espiritualidad y sin entender la cultura a la que pertenece. Matemáticas y Ciencias Naturales se lo dejamos a un profe particular, que no tengo paciencia. Y luego a jugar a la plaza con otros niños y a tirarse piedras. Como todo esto es caro, he pensado compartir gastos. Es decir, en otras palabras, que me estoy dando cuenta de que he montado un colegio privado. Así que nada, abro matrícula el día 1. Razón aquí.

Pollo a la carta

En nuestro país se tiran cada año 1300 millones de kilos de comida a la basura, 169 Kg por habitante y año. Esto es solo el último eslabón de una cadena que empieza descartando alimentos que se no se recogen del campo por distintos motivos y que sigue en las siguientes etapas por las que pasan los productos hasta que llegan a los consumidores.

Este despilfarro supone perdidas medioambientales importantes porque para obtener los alimentos se han consumido mucho agua y petróleo y se ha producido gran cantidad de dióxido de carbono con lo que eso afecta al efecto invernadero.

Los consumidores tiran los alimentos porque pueden permitirse el lujo de hacerlo olvidando los problemas que conlleva. Sin embargo, hay una realidad que hace que esto sea aún más doloroso: 800 millones de personas pasan hambre crónica en el mundo, según los organismos internacionales, que también reconocen que se producen en la actualidad un 60% mas de los alimentos que la humanidad necesita para alimentarse. El hambre es una vergüenza porque es fruto de una injusticia y tenemos la capacidad de remediarlo.

Tenemos una responsabilidad ante el despilfarro alimentario y debemos tomar conciencia de ello para actuar. El cortometraje “Pollo a la carta” (Chicken a la carte) de Fernando Dimadura realizado en Filipinas en 2006 es una forma de acercarnos a la triste realidad del despilfarro y su cara opuesta: el hambre.

El corto nos muestra como las sobras que unas jóvenes dejan en su plato en un restaurante de Filipinas se convierte en el alimento de otras personas que viven en la pobreza a poca distancia. Y no se ve de manera metafórica sino real. Pues la persona que recoge la basura del restaurante la selecciona separando lo que puede ser llevado a otro plato que saciará el hambre de quienes no tienen medios para alimentar a sus familias.

“Pollo a la carta” fue premiado en un festival de cortometrajes en Berlín y debería ser una obra para visualizar por todos los consumidores del mundo enriquecido para que seamos capaces de reducir el desperdicio en nuestras casas y para que exijamos a nuestros gobiernos que legislen y hagan cumplir leyes hagan que esto no se siga produciendo.

Esta es la letra de la canción que se escucha en la cinta mientras se ve como una familia bendice la mesa antes de comer el pollo que salió de una basura.

Déjame contar su historia

que nadie más puede oír

cómo puede la risa de alguien

tráeme cerca de las lágrimas

y nunca lo sabrás

porque tú nunca estas ahí

después de lo que hemos visto

podemos cerrar los ojos de nuevo

 

Déjame contar su historia

no pensarás que es verdad

no he olvidado

así que lo compartiré contigo

por todas las cosas que sabemos

¿Qué hemos aprendido realmente?

aunque cierro los ojos

las imágenes permanecen

Y su historia …

comienza de nuevo