Hammarskjöld y la sala de meditación

La Sala de Meditación, ubicada en el ala oeste del vestíbulo público del edificio de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, es un espacio de recogimiento dedicado a la paz mundial y a disposición de las gentes de todos los credos y religiones; fue ideado por Dag Hammarskjöld, segundo Secretario General de las Naciones Unidas con el apoyo de un grupo, integrado por cristianos, judíos y musulmanes.

Dag Hammarskjöld escribió este texto para entregar a los visitantes de la sala

Todos tenemos dentro un centro de quietud rodeado de silencio.

Esta casa, dedicada al trabajo y al debate al servicio de la paz, ha de contar con una sala dedicada al silencio exterior y la quietud interior.

Lo que hemos pretendido ha sido crear en esta pequeña sala un lugar en el que las puertas puedan abrirse a territorios infinitos de reflexión y oración.

En este lugar se reunirán personas de muchos credos y por esa razón no se podía utilizar ninguno de los símbolos a los que estamos acostumbrados en la meditación.

Sin embargo, hay cosas sencillas que nos hablan a todos en el mismo lenguaje. Hemos buscado esas cosas y creemos haberlas encontrado en el haz de luz que incide en la brillante superficie de la piedra.

De ese modo, en el centro de la Sala vemos un símbolo de cómo todos los días la luz del cielo da vida a nuestra Tierra, lo que, para muchos de nosotros, simboliza cómo la luz del espíritu da vida a la materia.

Pero la piedra que hay en el centro de la Sala tiene algo más que decirnos. Podemos considerarla un altar, vacío, no porque no haya Dios, ni porque sea un altar a un dios desconocido, sino porque está dedicado al Dios al que el hombre venera bajo multitud de nombres y formas.
La piedra del centro de la Sala nos recuerda también lo que hay de firme y permanente en un mundo de movimiento y cambio. El bloque de hierro tiene el peso y la solidez de lo eterno. Nos recuerda la piedra angular de la tenacidad y la fe en las que se debe sustentar toda empresa humana.

El material de la piedra guía nuestros pensamientos hacia la necesidad de elegir entre la destrucción y la construcción, entre la guerra y la paz. Con hierro el hombre ha forjado espadas, pero con hierro también ha fabricado arados. Con hierro ha construido tanques, pero también con hierro ha erigido casas. El bloque de mineral de hierro es parte de la riqueza que hemos heredado en esta Tierra nuestra. ¿Cómo vamos a utilizarla?

El haz de luz incide en la piedra en una Sala decoración extrema sencillez. No hay otros símbolos, no hay nada que pueda distraer nuestra atención ni interrumpir la quietud en nuestro interior. Cuando nuestros ojos se trasladan de esos símbolos a la pared del frente, tropiezan con un sencillo diseño que abre la Sala a la armonía, la libertad y el equilibrio del espacio.

Según un antiguo dicho, el sentido de un recipiente no está en sus paredes sino en su oquedad. Lo mismo sucede con esta Sala. Corresponde a los que vienen a ella llenar el vacío con lo que encuentran en su centro de quietud.

Los sintecho que encontraron uno en el monasterio de Montesclaros

Han caído las conocidas como ‘BBC’ católicas: bodas, bautizos y comuniones. El dato más revelador de estos últimos 12 años es el de los enlaces, que ha descendido más de la mitad: de los 113.000 de 2007 a los 46.556 registrados en 2017, según la memoria de la Iglesia católica presentada en junio. Esta ‘crisis de fe’ se transluce también en el número de sacerdotes —casi 1.400 religiosos menos en el mismo periodo— y de seminaristas, cuya cifra ha bajado hasta los 1.200. Por ello, gestionar los 801 monasterios que la institución religiosa tiene contabilizados por toda España puede convertirse en una tarea difícil.

El de Montesclaros, en Valdeprado del Río (Cantabria), podría servir de termómetro de esta situación. Quedan cinco frailes dominicos de avanzada edad para hacerse cargo de toda la gestión del monasterio. Y esta orden, que llegó a tener 10.000 miembros por todo el mundo y hoy no alcanza los 500, ha encontrado una oportunidad en esta crisis generacional: ha desarrollado dos proyectos de reinserción para que una decena de personas sin hogar gestione su patrimonio.

En 1686, Carlos II pidió a esta orden que se hiciera cargo del santuario para evangelizar los once ayuntamientos de la zona de Campoo. En 1900 esta población superaba los 2.600 habitantes. El No-Do da muestra de las concurridas procesiones y de cómo las túnicas blancas y las capas negras volaban por los pasillos de la hospedería del monasterio. Eran los novicios queriendo llegar a las ‘termópilas’. Este pasillo colgante es una suerte de cordón umbilical de piedra que unía —y une hoy— el monasterio con la hospedería. Revestida de madera, la pasarela fue construida en 1884 para que estos ‘aprendices’ sortearan la nieve que bloqueaba la puerta de la hospedería y pudieran llegar a los maitines. Hoy, ni la nieve llega a tapar la puerta ni un solo religioso recorre ya los pasillos.

La comunidad ha decaído. La eclesiástica y la civil, ya que según los últimos datos oficiales, esta población del sur de Cantabria contaba el año pasado con 316 habitantes. Y lo mismo ha ocurrido con la orden. Tan solo quedan cinco frailes, mayores de 70 años, a los que les resulta imposible gestionar el monasterio, el albergue y la hospedería, que ofrece tres comidas al día a los más de 500 huéspedes que recibe al año.

Según el último informe anual sobre la situación de la libertad religiosa en España, aproximadamente el 20% de los bienes culturalmente protegidos de Cantabria pertenece a la Iglesia católica. Uno de ellos es Montesclaros. Y la edad y la falta de savia nueva en el santuario pusieron en riesgo la hospedería. “Si dejábamos morir estas propiedades, se iban a convertir en negocios hoteleros”, confiesa un miembro de la orden mientras recorre con la vista la fachada de cuatro alturas de la hospedería.

Restauración por partida doble

Casi una decena de personas sin hogar, con su mano de obra, ha evitado que esto ocurra. El ‘rescate’ del patrimonio de los dominicos ha llegado a través de un proyecto social y ecológico de la Fundación San Martín de Porres, la obra social de la orden dominica que, con base en Madrid, apuesta por la reinserción del colectivo de personas pobres o sin hogar.

En total, ocho hombres han recuperado sus antiguos oficios o se han reciclado y aprendido otros nuevos relacionados con el turismo, la agricultura o la hostelería para lograr una reinserción laboral y social completa. Es el caso de José Pedro, que ha vuelto a los fogones tras 43 años de oficio, o el de Luismi, un cerrajero que a sus 54 años ahora es especialista en restaurar madera.

Antonio Rodríguez, director de la fundación, ha sido una pieza clave tras visitar los proyectos de Pedro Meca. Conocido como ‘el capellán de los vagabundos de París’, este religioso apostaba no solo por dar de comer a los pobres sino por ayudar a que se realizaran. Quería romper el aislamiento de los desfavorecidos. Así fundó en París La Moquette, un espacio que ofrecía un clima de acogida y escucha, y donde organizaba encuentros culturales, charlas y conferencias.

Tomando como punto de partida esta filosofía, Rodríguez ha extrapolado el modelo a España y ha puesto en marcha en Cantabria dos proyectos pioneros que aúnan la realización de colectivos desfavorecidos y la recuperación patrimonial; lo que en marketing se conoce como un win-win. Por un lado, la hospedería de Montesclaros lleva cinco años gestionada por personas en exclusión. Y, por otro, otra cuadrilla de ‘sinhogar’ ha empleado otros dos en restaurar el Palacio de Bárcenas, que se convertirá en un hotel rural y un huerto ecológico.

Montesclaros no pilla precisamente de paso. Tras dejar la autovía Cantabria-Meseta a la altura de Mataporquera, hay que atravesar un paso a nivel del tren de vía estrecha y coger carreteras, cada vez más secundarias, hasta llegar al monasterio, que cuenta con una iglesia rupestre y unas increíbles vistas al valle. Hasta este lugar —donde el implacable silencio solo es interrumpido por los cencerros de las vacas al pacer— se han desplazado desde Madrid tres personas sin hogar para gestionar este verano la hospedería, que en julio ha estado al 100% de su ocupación.

Uno de ellos es José Pedro Mateo, un extremeño de 64 años que, tras 43 años como cocinero en los mejores restaurantes de Madrid, vuelve a estar al mando de los fogones con sueldo y contrato. “Quizá haya tenido suerte por haber nacido el día de la Lotería”, bromea.

Quienes conviven con personas sin hogar dicen que la pregunta que más les cuesta responder es también la más instintiva: cómo se quedaron en la calle. Y es cierto. José Pedro esquiva la respuesta con un “cosas de la vida”.
Más tarde, mientras corta cebolla y cuece gallina para sus croquetas, por fin se abre y se sincera. Cuenta que no fue de un día para otro, sino que su vida se fue desfigurando poco a poco. “Primero me divorcié. Después me quedé sin trabajo. Y más tarde ni siquiera podía asumir la habitación en la que estaba. Vivía al día”.

Ahora, José Pedro hace tándem con Julio Jara en la cocina. Este experto en arte y exclusión trabaja en la fundación y pasa la temporada de verano en Montesclaros. “Yo le propongo el menú pero él tiene la última palabra. Es su cocina. Tiene que empoderarse y llevar el barco. Sin responsabilidad no hay reinserción”, apunta.
Hoy, la hospedería ya no es un lugar de descanso, meditación y ejercicios espirituales. O sí, pero de otra manera. Porque en las celdas donde antes había seminaristas ahora duermen aficionados al taichí, el yoga o la poesía. Y Jesús Hernández es el responsable de su bienestar. Se encarga de la recepción, de acondicionar las habitaciones y de atender el comedor.

En uno de los largos pasillos de la hospedería, confiesa que no sabe cómo puede ahora contar su historia con una sonrisa. Porque, en solo tres meses, el destino de este venezolano de 27 años ha dado un giro de 360 grados. Llevaba tres años trabajando como profesor en Ecuador, donde logró asentarse con una “vida cómoda”. Pero cuando sus compañeras descubrieron su condición de homosexual, empezaron a tener un trato distante hacia él. “Todo empeoró cuando tuve que dar clase a la nieta de una de las socias del colegio. Comencé a tener problemas también con los papás de los alumnos”.

La proposición de trabajar en España que le hizo un amigo le pareció la mejor opción para salir de aquella situación opresiva. Pero lo peor estaba por llegar. Porque el trabajo que le prometieron en la recepción de un hotel se convirtió, a su llegada, en una propuesta para prostituirse por ciudades europeas. Ahora recuerda la frase del que creía su amigo: “O lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas, yo no te puedo ayudar más”. Y así es cómo, de un día para otro, se quedó sin trabajo y sin un lugar donde dormir en una ciudad en la que no conocía a nadie.

Tiene grabado a fuego el 24 de mayo de 2019. Es la fecha en que llegó a Madrid. Tardó 20 días en conocer la Fundación San Martín de Porres, donde llegó recomendado por una asociación LGTBI. “Paradójicamente, nos hemos hecho expertos en acoger a personas homosexuales y ‘trans’”, explica Julio.

La tercera pata de esta ‘familia’ es Juan Carlos Fernández, un cubano de 53 años que aterrizó en España hace doce. Descendiente de familia gallega, se le presentó la oportunidad de obtener la nacionalidad y no se lo pensó. Pero sus planes no le salieron como esperaba —parco en palabras, no profundiza más sobre ello— y terminó siendo acogido en San Martín de Porres. Así, llegó a Montesclaros, donde fue el encargado de dar la voz de alarma de la situación de los frailes. “Estaban muy mayores. Tenían problemas de memoria por los achaques de la edad”, comenta ahora, sentado en un banco de madera.

De palacio a hotel rural

Lo que en un principio se planteó como una ayuda se convirtió en un relevo. Y Juan Carlos dejó Madrid hace cinco años para trasladarse al monasterio y hacerse cargo, durante todo el año, de la hospedería. Aunque pueda sorprender, este vecino de Cienfuegos no echa de menos la capital. “Esto es formidable. Me recuerda a mi tierra por la familiaridad que hay entre los vecinos”. Se ha hecho fuerte en el bar del albergue, que ha convertido en un referente para los vecinos del pueblo. Incluso ha llegado a montar un karaoke. Además, se ha hecho experto en tallar piedra y también trabaja en la restauración del Palacio de las Bárcenas.

Esta edificación del siglo XIX fue donada —junto a las tres hectáreas que la rodean— por el marqués de Bárcenas a la orden dominica. Está ubicada junto a la zona termal de las Caldas de Besaya y hoy, para acceder a ella, hay que traspasar un portalón de piedra situado bajo las vías del tren. Luismi Molina da cuenta del estado “lamentable” en que se encontraba la casa. “Llevo siete meses limpiando vigas”. Este madrileño de 54 años era cerrajero y chatarrero y ha pisado Cantabria por primera vez para reciclarse y aprender a tratar la madera. Forma parte de la cuadrilla de cinco personas sin hogar que ha viajado, también desde Madrid, para aprender oficios de albañilería, acompañados por tres expertos en piedra y madera. Gracias a su trabajo, este palacio abrirá sus puertas la próxima navidad convertido en un hotel rural de 23 habitaciones.

“Es un proyecto muy emocionante que ha dado la posibilidad de legalizar a tres personas”, explica orgulloso Antonio, quien hace un parón en la obra para hablar. El palacio se transformará así en una empresa de inserción laboral que formará y empleará a cinco personas en temporada alta y a otras dos el resto del año. Además, fomentará la economía circular, ya que han convertido los terrenos en un huerto ecológico, que ya cuenta con certificado. De aquí provienen la cebolla y la gallina de las famosas croquetas de José Pedro. “Agricultura, terapia y formación son la clave de este proyecto”, indica Antonio. Y funciona. La reinserción de esta particular familia está a un paso de completarse. Madrid y dormir al raso ya solo son pasado.

Fuente: El Salto

Ha fallecido una madre cristiana pobre: Mari Trini Gómez del Castillo Segurado

Desde “Encuentro y solidaridad” trasladamos nuestro más sincero pésame a la familia de Mari Trini y a los hermanos del Movimiento Cultural Cristiano.

Esta madrugada ha fallecido Mari Trini Gómez del Castillo Segurado. Una más de la legión de madres cristianas pobres. Esas que no ocupan páginas en los libros de historia y que sin embargo son las que han parido la solidaridad.
Mari Trini merece el elogio de los sencillos porque siendo femenina y feminista de verdad no cayó en la trampa de este feminismo mandón del que se aprovechan las listillas que no han aportado nada a la solidaridad pero saben sacarle provecho. Su padre decía frecuentemente: Los hijos de la revolución quieren vivir de la revolución. Mari Trini y Jose, su esposo, no son de los que han vivido de la revolución sino de los que han dado vida.
Mari Trini vivió con alegría la pobreza. A los curas nos advirtió siempre con fuerza respecto del clericalismo histórico y siempre nos invitó a dejarnos seducir por la dama pobreza. Frecuentemente hablaba de Eduardo. Con palabras. Y con gestos como llevar puestas las usadas sandalias que heredó de ese gran sacerdote alicantino a quien los curas de Madrid terminaron por impedirle predicar quedando para él como sencilla “cátedra” una buena cantidad de iglesias domésticas.
Las madres cristianas tendrán en Mari Trini un referente incuestionable de la belleza de la pobreza. Para acabar con la miseria (decía su admirado Benedicto XVI) hay que cultivar la pobreza. Mari Trini llevaba con orgullo ropa usada porque libremente lo quería así.”Esta chaqueta era de tu madre” me decía. Hasta tal punto creía en la pobreza que cualquier cosa para sí misma le parecía riqueza, en la estela de Carlos de Foucauld que ante el pesebre decía que ya no se podía ser rico.
Los escritos de Mari Trini era para valorar la fuerza de los pobres: los enfermos, los minusválidos, los aplastados del Tercer Mundo. Su capacidad de trabajo fue para los últimos. La cantidad de traiciones políticas y sindicales del siglo XX le hacía temer entrar en esas áreas como lugares en que se terminaba olvidando sus amores: Cristo, la Iglesia y los pobres.
Muchas veces tuve la sensación de que su trabajo de educadora infantil lo había ejercido ejemplarmente y que le había dejado un poso por el cual a veces nos trataba como si no hubiera dejado ese trabajo y sin embargo siempre teníamos la sensación de que le movía el amor, equivocado quizá a veces, pero amor a fondo perdido: gratuito y sacrificado.
En cierta ocasión intenté distinguir entre austeridad honrada y pobreza evangélica. El valor humano de la austeridad sensata que se puede vivir en la familia sería algo distinto de la pobreza evangélica que se ha de abrazar libremente por amor. Mari Trini me dijo casi a gritos que en casa de sus padres lo que se vivía era la pobreza evangélica. Supongo que la teoría permite distinguir pero la vida me ha ido diciendo que Mari Trini en eso tenía razón. No sé si los curas dejaremos de ser clericales ni si las madres abrazaran la pobreza pero creo que sí, que antes o después lo haremos; mientras tanto sufriremos tontamente y lo pagaremos con tristeza.
Ella se fió de Jesucristo y por eso, en medio de no pocas dificultades, vivió la alegría cristiana. Mari Trini ha fallecido pero nos deja grandes motivos de diálogo, de amor y revolución.
Eugenio A. Rodríguez

Hace unos días nos despedimos de Maritrini. Compartimos con ella la celebración de la Eucaristía Julián, Paco, Belén y su hija Maite, que la ha cuidado con un amor y esmero desbordante, propio de una hija que ha recibido mucho amor. Era el día de Santa Teresa. Solo Dios Basta. Yo no dejaba de preguntarme cómo estaría viviendo esto Maritrini, que aunque nos conoció, no pronunció apenas palabras esa tarde; mientras yo lo pensaba, ella lo encarnaba. Maritrini cultivó toda su vida una profunda vida de unión con Dios.
Tenía un carácter muy fuerte heredado de su padre, y no tenía pelos en la lengua. Podría equivocarse, pero aquellas regañinas de las que algunos no nos libramos, venían de un amor profundo a Dios y su Iglesia, y no callaba lo que ella creía que era justo. Tenía también a la vez una alegría profunda y una disponibilidad ejemplar, heredadas de su madre. De ambos heredó una profunda y alegre vida de austeridad, la que viven los pobres de las bienaventuranzas.
Cuando éramos responsables del Aula y nos pasaban las inscripciones, siempre bajo su puño y letra escribía los cursos a los que su grupo deseaba asistir, siempre añadiendo: o para lo que se necesite. Estos días he recordado casi cada día la muerte de Julián, su padre.
Pocos días antes de morir, el día de su cumpleaños, fuimos Jaime y yo a visitarle y a celebrar la Eucaristía. Nos recibieron todos como lo que éramos y somos: parte de la familia. Julián no habló, pero cuando me despedí de él, consciente de que no le vería más en la tierra, me reconoció. Me llamó Juliana (el nombre de mi abuela), como nos llamaba a todas las hermanas cuando éramos pequeñas. Después Maritrini me acompañó a la puerta y rompí a llorar desconsoladamente. Junto al ascensor le dije a Maritrini: perdona, no se por qué me pongo así. Ella me contestó tranquila y seria: porque somos tu familia.
La familia de familias que constituimos durante más de treinta años no unida por los lazos de sangre sino por el soplo del Espíritu. Descansa en paz, querida Maritrini, e intercede por tu familia ante el Padre.
Mónica Prieto

El amor convive con la imperfección.

Es una experiencia común. No amamos a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestros hermanos o padres porque sean perfectos. Les amamos, aunque no son perfectos. La intimidad de la relación familiar hace que los defectos del otro sean difíciles de esconder. Y a veces esos defectos (que pueden sacarnos de nuestras casillas) nos llevan a dudar de su amor. Pero que su amor sea imperfecto, no quiere decir que sea falso.

Es fácil de ver si nos miramos a nosotros mismos. Cuando me examino por dentro, me doy cuenta de que mi amor por los miembros de mi familia está lleno de fallos, traiciones e ingratitudes, en mayor o menor escala.

Y entonces nos surge la pregunta ¿tenemos que aceptar todos los fallos de aquellos a quienes amamos? Es claro que los padres tenemos el deber de educar a nuestros hijos e intentar corregir sus fallos. Pero en las relaciones con nuestro cónyuge, con nuestros padres o hermanos… ¿qué hacemos con los fallos del otro?

Algunos de esos fallos piden de nosotros cierta paciencia, tolerar pequeños defectos, no echárselos en cara permanentemente, ni airearlos ante otras personas. No se trata de hacer como que no existen o ignorarlos (cosa bastante difícil de hacer, por cierto), sino de entender que los defectos son solo una parte del otro, no su totalidad.

Pero hay algunos fallos del otro que lo que necesitan es encontrarse con un límite, un “hasta aquí”. Porque amar al otro realmente, es amarlo como necesita ser amado. No como a mí me gustaría que me amaran o como a mí me resulta más fácil amarlo, sino como el otro necesita ser amado. Y, en ciertos casos, poner un límite forma parte del amor que el otro necesita.

Lo vemos claramente en los hijos, en los que el límite (el “no”) que ponen los padres, no consiste tanto en una protección de los padres a sí mismos, sino en un camino de amor. Poner un límite, a veces, hace sufrir al hijo. Pero no entender que el límite forma parte del amor, está en la base de muchas de las dificultades educativas. Cuando se entiende el límite como un egoísmo de los padres (que supuestamente tienen por misión hacer feliz al hijo), entonces surge una especie de sentimiento de culpa por hacer sufrir a quien amo, que hace que al final no ponga el límite, con las consecuencias que eso tiene.

Trasladado al amor en el matrimonio, el límite también forma parte del amor. Si mi mujer abusa del alcohol, o mi marido abusa del juego online, el límite que yo ponga no es sólo una forma de protegerme yo, sino una forma de amar al otro, de revelarle la verdad a la que está llamado.

El mismo Jesús que en una ocasión nos dice “cuando te abofeteen una mejilla pon la otra”, en el momento de su pasión, en cambio, cuando el guardia del sumo sacerdote le abofetea, le pregunta “si he hablado mal, muestra en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” No dice que Jesús pusiera la otra mejilla. Es obvio que no se defendió, pero en la pregunta al guardia, le revela la verdad de su actuación: ha actuado con servilismo hacia su jefe. En la pregunta llena de mansedumbre de Jesús está la posibilidad de conversión del guardia. En el límite (en el caso de Jesús es la pregunta “¿por qué me pegas?”, en cada caso será uno diferente) está, también, el amor.

 

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano de Valladolid.

Frente a la indecente precariedad, trabajo decente como Dios quiere

Frente a la indecente precariedad, trabajo decente como Dios quiere

Jornada Mundial por el Trabajo Decente. 7 de octubre 2019 • Manifiesto (descarga pdf)

Por quinto año consecutivo, las organizaciones que integramos la iniciativa «Iglesia por el Trabajo Decente» (ITD) celebramos, el 7 de octubre, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente para hacer visible la indecente precariedad que sufre el mundo del trabajo. Junto a todos los agentes que participan en la organización política, económica y social del trabajo, urgimos a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas.

En junio se celebró el centenario de la Organización Internacional del Trabajo en el marco de su 108ª Conferencia, donde se constató la necesidad de orientar todos los esfuerzos a asegurar una transición justa a un futuro del trabajo que contribuya al desarrollo sostenible en sus dimensiones económica, social y ambiental. La apuesta común fue la de aprovechar todo el potencial del progreso tecnológico y el crecimiento de la productividad para lograr trabajo decente y desarrollo sostenible, con objeto de asegurar la dignidad, la realización personal y una distribución equitativa de los beneficios para todos.

Las preguntas que lanzamos en este 7 de octubre son estas: ¿En qué se ha transformado hoy la dignidad del trabajo? ¿Qué precariedad laboral es la que sufrimos las hijas e hijos de Dios? Cuando hablamos de precariedad laboral lo hacemos de vidas truncadas, vulnerables y violentadas; de personas explotadas y abusadas por contratos temporales y eventuales, con sueldos que no concuerdan con las horas realizadas, sin seguridad en el puesto de trabajo y sujetos a una flexibilidad que acaba quebrando la dimensión personal de las personas trabajadoras al imposibilitar una verdadera conciliación entre trabajo, familia, descanso, participación social y ocio. Seguimos constatando cómo el trabajo está lejos de ser un derecho que garantice la dignidad de la persona, mientras sigue aumentado el número de trabajadores y trabajadoras pobres.

El testimonio de Alberto, un joven trabajador que reside en Madrid, pone voz a esta realidad. «Actualmente trabajo 16 horas semanales y cobro 560 euros. La respuesta de mi jefe las veces que le he comentado el tema del salario, de la categoría siempre han sido: “Ahora no es el momento”, “la cosa está muy mal”, “ya ves cómo está la situación, no hace falta que te cuente”, “ahora no hay dinero” […] Encima hay otras personas que insinúan que quizás es que no te esfuerzas lo suficiente, que no has trabajado todo lo que deberías, que tu trabajo no lo es todo para ti y eso lo nota el jefe, que tu currículum no es lo suficientemente amplio, vamos, QUE LA CULPA ES TUYA».

Como organizaciones y movimientos de Iglesia encarnados en la realidad del trabajo, queremos ser buena noticia en nuestras casas y barrios, lugares de trabajo y centros de estudios. Y volveros a recordar que “la política económica debe estar siempre al servicio del trabajo digno”. En palabras del papa Francisco “cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí. La dignidad no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo que sea realmente digno, porque hoy “tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona”.

Sensibles a esta realidad, conscientes de la importancia de establecer puentes y mirando al mundo desde las periferias en las que estamos presentes, en esta Jornada Mundial reivindicamos que:

  • Todos los poderes públicos se comprometan de forma activa en la construcción de un sistema económico, social y laboral justo, fraterno y sostenible que sitúe a la persona en el centro.
  • El trabajo sea garante de dignidad y justicia, así como del desarrollo integral de la persona, de sus capacidades, dones y vocación, empezando por las personas más descartadas y excluidas.
  • El trabajo sea fuente de reconocimiento social y personal, a través de la dignificación de los cuidados, con nuevos planteamientos de políticas sociales, de género y educativas en igualdad entre mujeres y hombres, sin olvidar el derecho a una conciliación real de la vida familiar y laboral.
  • El trabajo es para la vida, por lo que es imprescindible que se realice en un entorno de seguridad y salud, con condiciones que garanticen la integridad física y psíquica de la persona.

Como Iglesia viva insertada en el mundo donde bulle la vida, las entidades que formamos la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente acompañamos esta dura realidad social y sus efectos deshumanizadores. Estamos llamados por ello a estar alerta para denunciar, desde la ternura, la compasión y el estilo de vida de Jesús de Nazaret, la denigración que está sufriendo la persona y el trabajo.

En esta Jornada que coincide con el inicio del Sínodo especial para la Amazonía, compartimos con todos los convocados a esa esperanzadora cita tanto los retos que nos lanza el cuidado de la Casa Común como las inquietudes ante el deterioro medioambiental y las violaciones de derechos humanos que conlleva para las comunidades más vulnerables. La defensa de la Creación nos involucra directamente como ITD en la defensa de unas condiciones laborales dignas para quienes se ven sometidos, bajo escandalosas condiciones de explotación, a prácticas productivas insostenibles con la dignidad humana y el equilibrio medioambiental.

Unimos nuestras fuerzas y compromisos como gesto profético, e invitamos a toda la Iglesia, a las comunidades, movimientos sociales y personas de buena voluntad a celebrar y reivindicar juntos esta jornada.

Marcha solidaria. Etapa final a los pies del Cristo de Medinaceli.

Compartimos las palabras del obispo auxiliar de Madrid José Cobo en la marcha solidaria “Compartiendo el viaje con migrantes y refugiados” realizada el sábado 28 de septiembre en Madrid, con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado


Estamos ante la Imagen de Jesús de Medinaceli.

Una imagen peregrina que es reflejo de la vida de nuestra gente y nuestro mundo. Y es que Cristo siempre acoge y se encarna en la vida de sus hermanos.
Hoy la imagen de Cristo es espejo donde podemos ver a tantos hombres y mujeres que han recorrido ese mismo camino. Esta imagen vino desde el Norte de África, rescatada de profanaciones y desechos. Fue traída desde Marruecos, pasó por Tetuán, de allí a Ceuta, y por Gibraltar a Sevilla, hasta llegar a Madrid en el verano de 1682,

Veneramos a Cristo rescatado y aquí le presentamos a quienes necesitan rescate.

Aquellos que están esperando a salir de otros países huyendo de infamias, de mutilaciones. Este camino es el de Cristo y Cristo se hace carne en quien pasa por ahí.

Veneramos a Cristo rescatado. El tenía precio. Esta talla fue comprada según era su peso en monedas. Como en la pasión.

Al caminar hoy por el corazón de Madrid queremos aprender a reconocer a Cristo en tantos que son comprados por unas monedas: las de los mercados, las de las mafias, las de los que usan sus países como lugares de expropiación de materias primas o como basureros de residuos de nuestras economías.

Aún para muchos, las personas y los problemas solo valen si igualan su peso en su coste, o lo que nos cuesta a nosotros pagar. Para muchos solo hay rescate si compensa económicamente.

Veneramos a Cristo rescatado que ha peregrinado desde Ceuta como otros lo hacen del África subsahariana o de Siria o de América latina. Veneramos su camino hasta el corazón de Madrid. Un viaje como el que hacen muchos seres humanos. Agradecemos a quienes lo liberaron y a quienes hoy hacen de puentes, hospitalidad y justicia para tantos. Aunque nos llamen tontos, o, aunque tengamos que trabajar por desbloquear del miedo a nuestros vecinos. La mirada vulnerable de Cristo seguro nos ayuda.

Caminar nos ha visibilizado

y también nos ha recordado que este camino se recorre juntos por la senda que Cristo ha abierto.

Caminamos con la senda que ha abierto Cristo y con Pedro, con el papa Francisco a la cabeza. No queremos las sendas que llevan a construir muros o las que no rescatan, o se desentienden de los que aún esperan ser rescatados de tantas tragedias.

La Iglesia con este Cristo que ha atravesado fronteras, no reconoce los muros que matan a las personas y que aíslan a otros en una injusta seguridad, mientras condenan a muerte a los que padecen las consecuencias del tipo de vida que llevamos.

La iglesia es puente porque no somos una Iglesia en esta parte del muro y otra Iglesia en otra parte. Es la única Iglesia que camina aquí y allí con Cristo humillado a la cabeza aquí y allí.

Hoy Señor te damos gracias porque sigues enseñándonos el secreto de la vida en medio de un mundo que le cuesta verlo.

Gracias por enseñarnos a mirar

Tu Cristo, te pones delante, nos miras y respondes con tu semblante enseñándonos a mirar como tu mira.

Si miramos como tú, de repente el migrante, como dice el Papa no es solo migrante. No es un problema. No es una amenaza. No es algo para que otros hagan. Es

Cristo que llama a las puertas de la vieja Europa y viene esperando ser rescatado de tantas profanaciones que se hacen en las personas, las que rechazamos o descartamos porque no queremos mirarlas.

Ante Cristo rescatado solo podemos decir a quien tenga dudas que mire por los ojos de este rescatado, que ha pasado por ahí.

Que se acerquen a los centros de acogida y recojan las lagrimas y las historias de los que llegan o los que se quedan en el camino.

Cuando algunos hablan de invasión, de ocupación, de ser esclavos de invasión de masas, Cristo tu nos miras y nos hablas de Jony, de Clara, y su familia, de Mullah o de Raquel, de tantos que son víctimas de mafias y de intereses de mercados. No son solo migrantes.

El hecho es que muchos que suelen estar siempre al servicio del poder, nos han cerrado los ojos para que en los caminos de la emigración no veamos a cada historia, no veamos sus sufrimientos, no nos afecte su vulnerabilidad, olvidemos del todo sus días de hambre y no nos importunen las heridas abiertas en sus cuerpos y en su espíritu.

Muchos se obstinan en que veamos no a una humanidad necesitada de justicia y de futuro, sino que se empeñan en ver con otros ojos que solo ven a irregulares, a ilegales, a indocumentados, a posibles terroristas.

Con tus ojos Cristo No queremos que nuestro mundo rechace al diferente y no sea capaz de asimilar el reto de la multiculturalidad.

Gracias por tu mirada que nos llama a cambiar el corazón. Necesitamos personas y comunidades que trabaja en por concienciar a nuestro mundo y eliminar el miedo que da la llegada de los que viene huyendo. Vosotros podéis de llamada a la conversión.

Gracias por los que rescatan a Cristo.

Gracias por quienes hacen de la hospitalidad una escalera que llega a Dios.

Y recordáis con Cristo que la Hospitalidad es sagrada.

Conectáis el cielo y la tierra.

Nos dice la carta a los hebreos que por la hospitalidad muchos hospedan a ángeles. Si. Por la hospitalidad llamaremos a nuestra Iglesia y a nuestro mundo a la conversión.

Será una ocasión para cambiar el corazón y situarnos de otra manera en nuestro mundo.

Os animamos a continuar trabajando por crear lugares de hospitalidad desde la acogida a Cristo.

Y Gracias por los que dais pasos concretos

Pasos que rescatan a Cristo creando centros de formación de menores sin tutelar, albergues y propuestas de acogida a familias que permitan convivir en paz

Si pedimos a los inmigrantes que entren ordenadamente y con regularidad, hemos de organizar la acogida legalmente. Si cerramos puertas otros arbitran puertas traseras de la injusticia y que engordan nuestro sistema de vida donde queremos globalizar todo menos la responsabilidad.

Necesitamos un plan integral de acogida a todos los niveles desde el europeo al nacional. Un Plan que desarrolle los pactos globales que impulsa la iglesia y que como conocéis fluyen en torno a las acciones de acoger. proteger. Promover e integrar.

Necesitamos caminar abriendo espacios, como estamos haciendo en parroquias en Madrid, creando redes y sembrando una nueva conciencia que disipe miedos y ponga alma.

Necesitamos algunos espacios más que sigan haciendo la primera a cogida y una red de educación a los menores, de integración a las familias que llegan a una Europa envejecida y en un hondo invierno demográfico.

Queda mucho por caminar.

La tarea es dura, Por eso también aquí se nos pide seguir adelante en pobreza y fragilidad.

Este Cristo ha pasado por ahí.

Gracias hermanos por caminar juntos

Gracias a los que compartís viaje.

Y gracias a cada migrante que, como Cristo, llamáis a esta sociedad y nos ayudáis a convertirnos de nuestras comodidades.

Y nos ayudáis a abrir el corazón.

Y a aprender que acogiendo es como se abre el corazón.

Cristo triunfó. Rescatado está en el corazón de Madrid.

Con el triunfará el recate, a la humanidad y la fe.

“Los migrantes son un signo de los tiempos y los cristianos tenemos que posicionarnos”

Raquel Martínez es la nueva delegada de Pastoral de Migraciones de la archidiócesis de Zaragoza. Casada, madre de 4 hijos e ingeniera, encuentra tiempo para dedicarse a los “descartados”. Asume el reto de integrar a los inmigrantes en nuestra sociedad, recordándonos que “los migrantes ante todo son personas” y que “nosotros cuando lo necesitamos también fuimos emigrantes”.

¿Cómo fue tu entrada en el cargo?

Yo pertenezco a la organización ‘Encuentro y solidaridad’, así que desde la delegación de Apostolado seglar hemos colaborado con Emilia, la anterior delegada de Migraciones: en la organización de la vigilia para sensibilización sobre la trata, estuvimos también entre la gente que lanzó círculos de silencio. Cuando Emilia se puso a pensar en su relevo, buscó entre la gente que ya estaba un poco dentro de estos ambientes, y yo era una de esas personas.

Por eso ya conocías el tema de los migrantes.

Sí, desde nuestra asociación ya habíamos trabajado bastante este tema, como en todo lo relativo a la denuncia de las causas y la sensibilización.

¿Qué retos plantea la ‘Jornada del Migrante y Refugiado’ que se celebra el 29 de septiembre?

El Papa nos está invitando en esta 105 jornada, que ya van muchas porque para la Iglesia nunca ha sido un tema ajeno, como planteaba en el mensaje del año pasado, a practicar cuatro verbos con los migrantes: acoger, proteger, promover e integrar. Este año incide en que no se trata de los migrantes y sus problemas, sino que en la respuesta que demos ante los más vulnerables, nos estamos jugando nuestra espiritualidad, nuestra sensibilidad. Dice Francisco que los migrantes son un signo de los tiempos y que como cristianos nos tenemos que posicionar en la denuncia de su situación, en la sensibilización, oponiéndonos a la cultura del descarte tan imperante.

Sin embargo, parece que los medios de comunicación ponen el foco en los delitos que comenten los inmigrantes y que tan inconscientemente” aceptamos. ¿Cómo podemos corregir este foco?

Primero, hay que ver a los migrantes como personas, y ser conscientes de la manipulación que hacen algunos medios cuando no trasladan toda la verdad. La realidad es que el porcentaje de delincuencia entre migrantes y españoles es similar. Hay que ser conscientes que los migrantes están haciendo trabajos que nosotros no queremos, están cuidando a nuestros abuelos, están limpiando nuestras casas… Están realmente aportando. Además, los inmigrantes aportan más a la Seguridad Social que lo que gastan en Sanidad. Luego está la otra parte, no olvidarnos cuando fuimos inmigrantes, yo soy nieta de inmigrantes riojanos en Chile, tanto antes como después de la guerra tuvieron que salir por distintas circunstancias. Nosotros hemos emigrado en casos de necesidad y ahora nos toca a nosotros acoger a los que vienen.

Háblanos de la ‘Mesa por la hospitalidad’.

Es un experiencia que primero nació en Madrid y que algunas personas implicadas en el ‘Gesto diocesano’ decidieron iniciar en Zaragoza. La Mesa quiere responder al “Fui forastero y me acogisteis”, por eso consiste fundamentalmente en conseguir casas para los refugiados que vienen aquí y que todavía no tienen regularizada su situación por lo que no pueden alquiler ni hacer ningún papel oficial. Además, se está configurando un grupo de voluntarios que puedan acompañar a esas personas en su integración: dónde están las tiendas, información útil del barrio… También es importante hacer un acompañamiento espiritual de los voluntarios, ya que la gente que acompaña necesita formación y vivir eso desde su fe. Esta iniciativa, en la que se está trabajando desde hace año y medio, se presentará en l Encuentro Diocesano de Pastoral del 28 de septiembre. Necesitamos conseguir más apoyo de gente que pueda colaborar como voluntario, buscando posadas, aportando económicamente… El contacto para colaborar es a través de la delegación de Migraciones.

¿Qué más proyectos tiene esta delegación sobre la mesa?

La idea es centrar nuestras actividades, como las jornadas de sensibilización o de formación de agentes de pastoral, en el tema de la Mesa por la Hospitalidad. Otros objetivos son implicar a los inmigrantes de las cuatro capellanías (rumanos católicos, subsaharianos, latinos y chinos) en la vida de la diócesis y crear un equipo de trabajo con gente de estas capellanías que acojan todas las sensibilidades y todos los ámbitos de trabajo.

Entrevista realizada por Rocío Álvarez para Iglesia en Aragón

Carta abierta: Contra el nuevo nacionalismo. Un llamamiento a nuestros compañeros cristianos

Cuando se trata de reflexionar en serio sobre las diferentes posturas políticas que operan en la sociedad basadas en la fe de los que las promueven y en especial cuando estás nacen inspiradas en el cristianismo es necesario poner atención.

Hace alguna semana la revista Commonweal publicó una carta abierta sobre el inquietante aumento del nacionalismo, especialmente entre algunos cristianos, en los Estados Unidos. Un grupo de intelectuales cristianos pone encima de la mesa el debate y responder a esta preocupación exige, cuando menos conocimiento de los planteamientos.

Creemos, como los editores de Commonweal, que darla a conocer es un servicio a la sociedad. Por este motivo ofrecemos nosotros también esta versión en castellano.


Cada día más signos apuntan a un tremendo cambio en el conservadurismo estadounidense lejos del consenso previo y hacia el nuevo nacionalismo de Donald Trump. Esto es evidente no solo en la reciente “Conferencia de Acción Política Conservadora”, celebrada en julio en Washington, DC, sino también en el manifiesto firmado por varios cristianos que parecen ansiosos por abrazar el nacionalismo como compatible con la fe cristiana. Sin cuestionar a individuos específicos, como compañeros intelectuales cristianos, teólogos, pastores y educadores cristianos, respondemos a este acercamiento con tristeza, pero también con un claro y firme No. Somos ortodoxos, católicos y protestantes; Republicanos, demócratas e independientes. A pesar de nuestras diferencias confesionales y políticas, estamos unidos por la convicción de que hay ciertas solidaridades políticas que son anatema para nuestra fe cristiana compartida.

En la década de 1930, muchos pensadores cristianos importantes en Alemania creían que podían lograr una alianza con el emergente nacionalismo iliberal. Destacados teólogos como Paul Althaus y Friedrich Gogarten creían que el movimiento nacionalsocialista ofrecía una nueva oportunidad para fortalecer el orden social y la cohesión en torno a la identidad cristiana. Pero algunos cristianos se resistieron de inmediato, más visiblemente en la Declaración de Barmen de 1934, que rechazó los compromisos del cristianismo “alemán” y sus atroces distorsiones del Evangelio.

Nuestra situación en 2019 es seguramente diferente, pero los cristianos estadounidenses ahora enfrentan un momento cuya violencia mortal ha traído a la mente tales analogías. Una vez más, observamos cómo los demagogos demonizan a las minorías vulnerables como alimañas o fuerzas invasoras que debilitan a la nación y deben ser eliminadas. Una vez más, observamos cómo compañeros cristianos sopesan fusionar su fe con la política nacionalista y etno-nacionalista para fortalecer su posición cultural. Una vez más, las mayorías étnicas confunden su bloque político con el cristianismo mismo. En este tiempo caótico, los líderes cristianos de todas las tendencias deben ayudar a la iglesia a discernir los límites de alianzas políticas legítimas. Esto es especialmente cierto frente al creciente racismo en Estados Unidos, donde los no blancos son el blanco de actos abominables de violencia como el tiroteo masivo en El Paso.

Para ser claros, nacionalismo no es lo mismo que patriotismo. El nacionalismo forja la pertenencia política a partir de identidades religiosas, étnicas y raciales, lealtades destinadas a preceder y reemplazar la ley. El patriotismo, por el contrario, es el amor a las leyes y la lealtad hacia ellas, por encima del líder o del partido. Tal nacionalismo no solo es políticamente peligroso sino que refleja profundos errores teológicos que amenazan la integridad de la fe cristiana. Daña el amor al prójimo y traiciona a Cristo.

  1. Rechazamos las pretensiones del nacionalismo para usurpar nuestras más altas lealtades. La identidad nacional no tiene relación con las deudas de amor que le debemos a otros hijos e hijas de Dios. Creado a imagen y semejanza de Dios, todos los seres humanos son nuestros vecinos, independientemente de su condición de ciudadanía.
  2. Rechazamos la tendencia del nacionalismo a homogeneizar y reducir la iglesia a un solo ethnos. La iglesia no puede ser ella misma a menos que esté llena de discípulos “de todas las naciones” (panta ta ethné, Mateo 28:19). Ciudades, estados y naciones tienen fronteras; la iglesia, nunca. Si la iglesia no es étnicamente plural, no es la iglesia, que requiere una diversidad de lenguas por obediencia al Señor.
  3. Rechazamos la xenofobia y el racismo de tantas formas de etno-nacionalismo, explícito e implícito, como pecados graves contra Dios el Creador. La violencia contra los cuerpos de las personas marginadas es la violencia contra el cuerpo de Cristo. La indiferencia al sufrimiento de los huérfanos, refugiados y prisioneros es la indiferencia a Jesucristo y su cruz. La ideología de la supremacía blanca es obra del anticristo.
  4. Rechazamos la afirmación del nacionalismo de que el extranjero, el refugiado y el migrante son enemigos del pueblo. Cuando el nacionalismo teme al extranjero como una amenaza para la comunidad política, la iglesia da la bienvenida al extranjero como necesario para la comunión plena con Dios. Jesucristo se identifica a sí mismo con el pobre extranjero encarcelado que necesita hospitalidad. “Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”(Mateo 25: 41-43).
  5. Rechazamos la inclinación de los nacionalistas a la desesperación cuando no podemos monopolizar el poder y dominar a los oponentes. Cuando los cristianos cambian de mayoría a minoría en un país determinado, no deben distorsionar su testimonio para permanecer en el poder. La iglesia sigue siendo la iglesia incluso como una minoría política, incluso cuando no puede influir en el gobierno o cuando se enfrenta a la persecución.

Con caridad y con esperanza, instamos a nuestros hermanos cristianos a repudiar las tentaciones y las falsedades del nacionalismo. La política xenófoba, incluso cuando se viste de noble crítica social, solo puede llevarse a cabo en contradicción con el Evangelio. Una verdadera cultura de la vida acoge al extranjero, abraza al huérfano y venda las heridas de todos los que son nuestros vecinos, todos los que yacen sin vida al borde del camino, mientras los piadosos pasan de largo en silencio.

David Albertson
Profesor Asociado de Religión, Universidad del Sur de California
Jason Blakely
Profesor Asociado de Ciencias Políticas, Universidad Pepperdine.
P. Greg Boyle, SJ
Fundador de Homeboy Industries
Anthea Butler
Profesor Asociado de Estudios Religiosos y Estudios Africanos, Universidad de Pennsylvania
William Cavanaugh
Director del Centro de Catolicismo Mundial y Teología Intercultural, Profesor, Universidad DePaul.
Douglas E. Christie
Profesor de Estudios Teológicos, Universidad Loyola Marymount.
M. Shawn Copeland
Profesor Emérito, Boston College
George Demacopoulos
P. John Meyendorff y Patterson Family Chair de Estudios Cristianos Ortodoxos, Universidad de Fordham
Gary Dorrien
Reinhold Niebuhr Profesor de Ética Social, Seminario Teológico de la Unión y Profesor de Religión, Universidad de Columbia.
Orlando Espin
Profesor de Teología y Estudios Religiosos, Universidad de San Diego.
Massimo Faggioli
Profesor de Teología Histórica, Universidad de Villanova.
Eddie S. Glaude Jr.
James S. McDonnell Distinguido Profesor Universitario de Estudios Afroamericanos, Universidad de Princeton
Cecilia González-Andrieu
Profesor Asociado de Teología y Estética Teológica, Universidad Loyola Marymount
Brad S. Gregory
Dorothy G. Griffin Profesora de Historia del Colegio, Universidad de Notre Dame
Paul J. Griffiths
David Gushee
Distinguido profesor universitario de ética cristiana y director del Centro de teología y vida pública de la Universidad de Mercer
David Bentley Hart
Stanley Hauerwas
Duke Divinity School
Paul Lakeland
Aloysius P. Kelley SJ Profesor de Estudios Católicos, Universidad de Fairfield
El p. Mark Massa, SJ
Director, Centro de Religión y Vida Pública Estadounidense de Boisi, Profesor de Teología, Boston College
P. Bryan Massingale
Cátedra Buckman de Ética Cristiana Aplicada, Universidad de Fordham
Brian McLaren
autor / orador / activista
Francesca Aran Murphy
Profesora de Teología Sistemática, Universidad de Notre Dame.
Aristóteles Papanikolaou
Profesor de Teología y Arzobispo Demetrios Cátedra de Teología y Cultura Ortodoxa, Universidad de Fordham
Frank A. Thomas
Nettie Sweeney y Hugh Th. Profesor Miller de Homilética, Seminario Cristiano Teológico
Miroslav Volf
Henry B. Wright Profesor de Teología, Yale Divinity School
Cornel R. West
Profesor de la práctica de filosofía pública, Harvard Divinity School

Nota final: este texto no es una editorial de la revista Commonweal ni en él han participado ninguno de sus editores

«Llamar a la misericordia por su nombre es una manera de provocar»

A través de su exposición Tres plagas y una esperanza, el escultor Jesús García Trapiello representa a los cuatro jinetes del Apocalipsis. Unos personajes que, aunque su público normalmente no lo sepa, hablan de misericordia


«Cada vez me enroco más en la necesidad de llamar a las cosas por su nombre sin miedo a que me tachen de meapilas», explica Jesús García Trapiello. Este escultor, cuya obra se expone en la Casa Emaús hasta el mes de septiembre, no tiene reparo en mostrar sus convicciones religiosas en sus obras de arte.

«Estuve pensando si hacerlo o no porque quería que mi reflexión llegara a más gente, pero, ¿por qué tengo que renunciar a algo que, como creyente, me conmueve?», se pregunta el escultor. Es algo que intenta responder a través Tres plagas y una esperanza, una muestra que ya han podido ver a los asistentes al II Encuentro para la Solidaridad que se clausura esta semana en la localidad madrileña de Torremocha del Jarama.

El Desgarro. Foto: Jesús García Trapiello

Su exposición, inspirada por una lectura reposada del libro del Apocalipsis, emplea las figuras de los cuatro jinetes para hablar de los dolores del ser humano. «El protagonista no es el jinete sino la víctima que padece sus acciones. Quise representar estas emociones, no de una manera fiel sino acentuando el gesto que las personas ponemos cuando las tenemos», cuenta.

El Pasmo. Foto: Jesús García Trapiello

La primera de sus esculturas, tallada en una única pieza de madera, se llama La Hambruna. Esta figura, dotada de un estómago sin fondo, «representa al hambre como consecuencia de la especulación de alimentos con fines económicos o políticos».

El siguiente jinete representado es el de la peste. Bautizado por García Trapiello como El Desgarro, «representa el dolor, la enfermedad o la pérdida de un ser querido» y grita hacia el cielo con los labios rotos.

Y la tercera escultura corresponde al jinete de la muerte, «que es el asesinato con los fines de dominio», explica García Trapiello. Su nombre es El Pasmo y, como reconoce el autor, «mucha gente no entiende el título, pero yo sé lo que quiero contar». «Es esa sensación que se nos queda cuando algo inaudito nos sucede y no sabemos el porqué», sentencia.

El jinete de la misericordia

La mano de la misericordia. Foto: Jesús García Trapiello

Pero no todos los jinetes que aparecen en el Apocalipsis son agentes de destrucción. «Me encontré con algunos estudiosos que dicen que el cuarto jinete, el que va en caballo blanco, va a dar solución a los males de los otros. Quise pensar que es Jesucristo y lo que trae es la misericordia», explica Jesús García Trapiello.

«La misericordia no es la mano que te soluciona el problema. Es la mano que te ayuda a recuperar la autoestima y la dignidad para que tú, en tu libertad y autonomía, gestiones tu vida», matiza el escultor.

Es por estos detalles que García Trapiello se niega a ocultar la inspiración religiosa de su obra e insiste en definir con exactitud los conceptos clave. «Misericordia incorpora el matiz de sentir con las entrañas, es una de las razones por las que no he querido eliminar la misericordia. A lo mejor solo es una manera de provocar, pero cuando damos las cosas muy masticadas engordamos, no nos alimentamos», advierte.

Una obra rezada

«Si yo hiciera mis obras con métodos mecánicos como en la industria de la imaginería, podría completar un molde rápidamente y luego con pantógrafos fabricar 20 imágenes al mismo tiempo», cuenta Jesús García Trapiello.

Sin embargo, esa no es su intención. Prefiere el trabajo lento en la soledad de su taller porque es ahí donde, quitando virutas con la gubia, piensa lo que quiere representar. «Son horas de reflexión sobre el tema, es un proceso de oración», considera. Después, una vez tiene claro el mensaje que quiere transmitir, trata de contagiar esa reflexión a través de la madera.

Durante este proceso, el escultor incorpora los cambios que se le van ocurriendo. Así le sucedió al hacer la escultura sobre la misericordia. «Me encontré que todo el centro del tronco estaba podrido pero, cuando te surge un problema, si sigues trabajando termina por aparecer la solución», narra.

En su caso, la solución consistía en rellenar el hueco con una masilla de poliéster. «La misericordia rellena esas carencias que la víctima tiene para dignificar su persona», revela. Pero como no le gustaba el color gris de la masilla, la cubrió con pan de oro, un material que, al ser inoxidable, evoca a la eternidad. De este modo, lanza a todos los que se acercan a su exposición un mensaje crucial: «Lo más valioso que una persona tienen es con lo que rellena las carencias de los que lo necesitan».

Rodrigo Moreno Quicios
Fuente: Alfa y Omega

Iglesia y sindicatos deben entenderse…, a pesar de la ideología de género

¿Qué tienen en común la Iglesia y los sindicatos? El obispo responsable de la Pastoral Obrera en la Conferencia Episcopal, Antonio Algora, no tiene miedo a reconocer, de entrada, que ambos comparten hoy «bastante debilidad en cuanto a los afiliados». Las razones, a su juicio, tienen mucho que ver en uno y otro caso: haber dado la espalda a quienes más sufren.

El obispo emérito de Ciudad Real participó este miércoles en un encuentro entre sindicalistas y responsables eclesiales organizado en el Salón de Actos de Alfa y Omega con motivo de la presentación del libro “No os dejéis robar la dignidad”, de Abraham Canales, responsable de Comunicaciones de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), un compendio de textos del Papa Francisco, que llegó a la silla de Pedro en 2013, en plena crisis mundial, y ha puesto la doctrina social en el centro de su magisterio, invitando además a los católicos a unir fuerzas sin reparos con otros actores sociales en la lucha por los derechos de los empobrecidos.

Le acompañaron, por un lado, el vicario de Pastoral Social e Innovación del Arzobispado de Madrid, José Luis Segovia, que sustituyó al cardenal Osoro, baja a última hora. Por el lado sindical, participaron el secretario general de USO, Joaquín Pérez, y el secretario de Participación Institucional de Comisiones Obreras, Paco Carbonero. Moderó el coloquio la responsable de Difusión de la HOAC, Teresa García.

El punto de partida fue la creciente precarización del trabajo. Y el diagnóstico común de que esa «dignidad no se ha diluido por sí misma». «Ha sido un robo». «Hay ladrones, vaya», apuntó el responsable de la archidiócesis madrileña.

Como la lluvia fina

Las críticas no se dirigieron solo contra un sistema económico injusto. Ambas partes hicieron una autocrítica sin concesiones de su propia responsabilidad en esta deriva.

Algora, «como viejo roquero de esto», recordó los intentos de algunos desde 2014 para que en la diócesis hubiera una escuela de formación en doctrina social y política, al modo de la Escuela Itinerante puesta en marcha en 2016 en Madrid, por la que han pasado ya unas 1.500 personas. También se intentó, sin éxito, incorporar algunos capítulos dedicados a la doctrina social en las catequesis de las parroquias, pero «fracasamos rotundamente». «No tenemos mucha defensa en la Iglesia», reconoció. «Tenemos más caras que espaldas». Hoy, sin embargo, «la lluvia fina del Papa Francisco en estos años está calando», con sus reiterados mensajes sobre estas cuestiones. Aunque solo sea porque «no tienen otro remedio» que citar al Pontífice, «son distintas las hojas diocesanas y y las cartas dominicales de los obispos». Y así, «como la lluvia fina», lentamente «va calado la experiencia de un sistema que no satisface y produce mucha frustración».

Polémica con una «muy católica autoridad» sobre la vivienda

El vicario de Madrid apuntó a la «ignorancia» como causante de que se haya extendido una mentalidad económica entre los católicos muy lejana a la que defiende la doctrina social. Y aludió a una reciente controversia epistolar a cuenta del derecho a la vivienda con una «muy católica autoridad», que ostenta «una altísima representación» en una administración pública, la cual, con tono desacostumbradamente agresivo, contestó a la carta de Segovia que «la vivienda es una mercancía», no un derecho. De donde se deduce igualmente que, para esta persona, «el trabajo es una mercancía» como otra cualquiera, un «objeto de explotación».

«Su presupuesto antropológico es terrible», añadió el vicario: «los seres humanos son individuos aislados (no personas) racionales (no hay sentimiento) y egoístas por naturaleza», lo cual niega «la historia de los derechos humanos, que no es la del egoísmo racional, sino la de las grandes causas, la de la sangre, sudor y lágrima de tnatas personas que nos han permitido vivir mejor». Y esta visión neoliberal –prosiguió– «está en casi todos los libros de macro y micro economía que se estudian, también en las escuelas de negocio de la Iglesia».

El deber de la ejemplaridad

La desmovilización de la clase trabajadora contra estas políticas se debe a la posición de debilidad que provoca la precarización y la inseguridad laboral, apuntaron los líderes sindicales. Pero también –añadió Joaquín Pérez, de USO– ha habido hasta fechas recientes «liderazgos muy caciquiles» en los sindicatos. Y «nos ha faltado coraje, nos ha faltado ese espíritu de imprudencia, ese partirnos la cara por los que peor lo están pasando», añadió, tras aplaudir el gesto del limosnero del Papa, el cardenal Krajewski, que hace unos días devolvió por su cuenta y riesgo la luz a unas 450 personas –la mayoría sin techo o migrantes– de un edificio ocupado de Roma.

«Lo peor que le puede pasar al mundo del trabajo es perder el valor de la solidaridad», lamentó Paco Carbonero. El individualismo del sálvese quien pueda. Y en ello ha influido «el discurso de devaluación que ha habido de la política y en todo lo institucional, que lleva aparejada la falta de esperanza de la gente de que estar organizado sirve para resolver los problemas».

El sindicalismo, en particular, ha sufrido a juicio de Carbonero una severa campaña de descrédito. Pero eso también es debido a que «nosotros no estamos siendo capaces de generar la subjetividad en el mundo del trabajo para que la gente piense que estar organizado es un valor tremendo para su futuro», añadió. O a la mala imagen por actitudes de «corporativismo», que, más que la defensa de los trabajadores, se preocupan por el interés de la institución, por «nuestras siglas». «Esto son debilidades del movimiento sindical», reconoció

A todo ello sumó José Luis Segovia el problema de la «falta de ejemplaridad», imprescindible para vencer los reticencias de los jóvenes a participar ya sea en un sindicato, en un partido político o en la propia Iglesia, dijo, tras mencionar que precisamente acababa de participar en una jornada sobre abusos sexuales cometidos por clérigos.

Entendimiento, a pesar del aborto

Y sin embargo, hay un elemento que debería empujar a todos a la acción común: «Si hay una causa capaz de integrarnos hoy a todos es la lucha por la dignificación y contra la precarización del trabajo», dijo. «No hay que hacer esfuerzo alguno», puesto que es un problema «cada vez más transversal», con unas clases medias «crecientemente precarizadas».

Todos coincidieron en que católicos y sindicales deben dejar a un lado prejuicios y sectarismos para dar esta lucha, junto a otros actores de la sociedad civil.

Carbonero destacó además «la fuerza tremenda» que tiene para las los sindicatos que el Papa haga ese tipo de diagnósticos sobre la economía y «el reparto de la riqueza equitativo» desde «la plaza de San Pedro». Algo que entroncó con la historia de las relaciones entre Iglesia y sindicatos clandestinos en España durante el franquismo, tiempo en el que aseguró haber «aprendido mucho» de «maestros de la HOAC» que convirtieron su «compromiso de fe» en «un acto de militancia por la justicia y la igualdad», algo que tuvo «muchísima importancia» pero «no se reconoce públicamente».

Antonio Algora, probablemente el obispo español que más ha hecho por tender esos puentes, recordó como a finales de los 60 Pablo VI terminó con esas reticencias a colaborar con los sindicatos marxistas «por el bien común». Hoy, sin embargo, la ideología vuelve a interponerse en la relación. «Nos acosan otros prejuicios», dijo. El obispo aludió a la deriva ideológica de la izquierda que, secundada por los sindicatos, ha dejado de lado las cuestiones sociales para agitar nuevas banderas.

«Nuestro lugar de encuentro es el trabajo» y es necesario «priorizar ese foco», subrayó. Por el contrario, corrientes como «la ideología de género» o «el aborto» solo «nos van a seguir enfrentando».

«Entonces, ¿no nos entendemos?», se preguntó. «Sí, en el trabajo. Y lo demás vamos a ver cómo lo resolvemos, en la media en que crezca entre nosotros la conciencia de la dignidad de la persona».

Ricardo Benjumea

Fuente: Alfa y Omega