Claro está que el que escucha percibe los sonidos y capta lo que expone el que habla; pero por encima de todo ello trata de llegar a la raíz. Llegar al ser mismo, tanto del que habla como de lo que habla. Es el primer paso para entrar en comunión. ¡Señor, enséñame a escuchar!
El aprendizaje a escuchar creo que debe coincidir con el aprendizaje a amar. Estoy seguro de que solamente pueden amarse ‘de verdad’ los que se escuchan. ¡Señor, enséñame a escuchar!
Guillermo Rovirosa (1961) Meditación en voz alta, Boletín 320





