60 años de la gran independencia

Mbuyi Kabunda
Publicado en Mundo Negro


La integración regional y el desarrollo del continente, principales retos para el futuro

Hace 60 años, 17 países africanos accedieron a la independencia. El tiempo transcurrido es suficiente para hacer un balance de la situación del continente y, sobre todo, presentar las pertinentes proyecciones.

Al principio de las independencias africanas, en 1961, el agrónomo galo, René Dumont, autor de Vamos hacia el hambre, dio la voz de alarma, denunciando el camino equivocado adoptado por los países africanos, especialmente por el mimetismo del modelo de Estado y de desarrollo occidental que habían adoptado. Entusiasmadas por las independencias de reciente adquisición, las élites políticas e intelectuales africanas respondieron al unísono: «Poco importa la dirección, lo esencial es arrancar».

Desde entonces han proliferado los adjetivos, en su mayoría negativos, para calificar la situación del continente: África bloqueada, traicionada, estrangulada, enferma de sí misma…, solo por mencionar algunas opiniones que han intentado poner de manifiesto el fracaso de las independencias y de las élites poscoloniales. Sin embargo, a pesar de todos estos diagnósticos afrocatastrofistas, África sigue adelante, desafiando todos los pronósticos de una muerte anunciada.

En este continente que destaca por la unidad en la diversidad, -Sylvie Brunel habla hoy de tres representaciones que se entrecruzan y superponen: el «África del caos o de la miseria», el «África del exotismo» y el «África emergente» –el Africa -rising– de la última década. La verdad es que se vive mejor en África hoy que hace un siglo, pero también un poco peor que hace 60 años.

Los líderes poscoloniales se dieron como principales objetivos la construcción nacional –el Estado-nación–, el desarrollo económico y social, la promoción de la democracia y de los derechos humanos y la unidad africana. Seis décadas más tarde, es necesario hacer un balance de la consecución de estas metas. Fundamentalmente, debemos intentar responder a las siguientes cuestiones: ¿qué balance político y económico se puede hacer de las independencias africanas?, ¿cuáles han sido los aciertos y desaciertos? y ¿cómo se presenta el futuro del continente?

No cabe duda de que el continente necesita una nueva estructura política y socioeconómica para resolver sus problemas y conseguir la inserción adecuada en la globalización, como sujeto y no como objeto.

La construcción nacional

En África, el Estado como fenómeno jurídico precedió a la nación como fenómeno sociológico. Fue el principal atropello histórico de la Conferencia de Berlín, a finales del siglo XIX.

Por su origen colonial, el Estado africano no fue concebido ni para el desarrollo ni para la democracia ni para la promoción de los derechos humanos. Fue, y sigue siendo, un instrumento de dominación, agresión y explotación. Los Gobiernos nacionalistas africanos poscoloniales, en lugar de transformar el Estado colonial que heredaron de la colonización, lo recuperaron y mantuvieron debido a su obsesión por la creación del Estado-nación, lo que les hizo caer en la deriva autoritaria.

Las necesidades de construcción nacional y de desarrollo, convertidas en máximas prioridades, llevaron a las élites poscoloniales a la creación de Estados fuertes centralizados y jacobinos mediante la institución, en las décadas de los 60 y 70, de nuevos instrumentos de dominación: el partido único de derecho –o de hecho–, la etnocracia, la «dictadura desarrollista» o el desarrollismo estatal, mediante el capitalismo de Estado y/o el socialismo de Estado.

De este modo, confiscaron el poder político y económico, convirtiéndose en «nuevos colonos» con prácticas patrimonialistas y de colonialismo interno inspiradas en el modelo jacobino. El resultado ha sido la ruptura entre el Estado y la sociedad, con distintas legitimidades.

El futuro está en el afrofederalismo o federalismo interno. Es decir, la adopción de una forma de descentralización o endofederación, siendo el objetivo favorecer las iniciativas locales, respetar el pluralismo étnico, social y cultural de la sociedad y fomentar la participación popular en el desarrollo y proyecto de sociedad.

El desarrollo en África

Con el mantenimiento de la división del trabajo establecido durante siglos y décadas anteriores, se mantiene vigente el pacto colonial, por el que el continente ocupa el lugar de granero de las materias primas y de la mano de obra barata.

Desde 1960 hasta 1980 se instituyó el Estado desarrollista, encargado de la creación del Estado-nación, considerado la base del desarrollo. El resultado ha sido la inversión en los aspectos políticos e ideológicos, en detrimento del desarrollo -económico.

Y de 1980 a 2000, ante la catástrofe generada por el modelo anterior, se impuso el ajuste privatizador –o Consenso de Washington–, que quitó al Estado funciones económicas y sociales, junto a la conversión del sector privado y del comercio internacional en motores del desarrollo.

Desde 2000 hasta la actualidad, se intenta el supuesto equilibrio entre el Estado y el mercado. El resultado ha sido la profundización de los déficits internos y externos, el paro estructural y el deterioro en los aspectos de desarrollo humano.

Durante las seis décadas de las independencias es preciso subrayar la falta de diversificación de las economías africanas, la desindustrialización, así como las escasas o nulas inversiones sociales, factores todos que explican la persistencia del subdesarrollo en el continente.

En resumen, la pobreza y el subdesarrollo en África se explican por tres crisis combinadas: la crisis orgánica –la prioridad dada a la construcción nacional o del -Estado-nación en detrimento de los aspectos de desarrollo económico–; la crisis estructural –el mantenimiento de las economías coloniales o rentistas basadas en las materias primas o las industrias extractivas–, y la crisis coyuntural –las consecuencias de las crisis mundiales por la extrema vulnerabilidad y extroversión de las economías africanas–, además de por dar prioridad a una sociedad de consumo en detrimento de una de producción.

Es preciso subrayar, que desde hace diez años, el PIB africano crece más rápidamente que en otros continentes, en torno al 5 % de promedio. Pero, se trata de un crecimiento sin desarrollo, por fundamentarse en lo coyuntural y no en lo estructural.

En la actualidad, solo ocho países presentan una buena situación económica: Botsuana, Mauricio, Seychelles, Kenia, Sudáfrica, Namibia, Ghana y Costa de Marfil. Tal y como sugiere el economista Carlos Lopes, el desarrollo de África en las décadas venideras pasa por la síntesis entre el humanismo, el panafricanismo, la combinación del desarrollo económico con el desarrollo social, y el respeto medioambiental, contra el actual modelo ecocida.

En las décadas venideras se deberá imponer la democratización del desarrollo, cuyos ejes serán el desarrollo «del pueblo» –priorizando el desarrollo humano y social, dando preferencia a la educación y la sanidad–, «por el pueblo» –fomentando la participación popular y a favor de la mayoría–, y «para el pueblo» –con la reducción de las desigualdades y el fomento de la justicia social–. Será obligada la conversión de la economía popular, social o solidaria –que representa del 40 al 50 % del PIB del África subsahariana y el 30 % del norte de África–, y el 80% de puestos de trabajo en muchos países, en vector del desarrollo.

Integración regional

Casi todas las constituciones africanas proclaman en sus preámbulos la adhesión al panafricanismo, y muchos Gobiernos se han dotado con un ministerio de integración regional, poniendo así de manifiesto la primacía del proyecto de unidad africana.

El resultado es el sorprendente dinamismo institucional experimentado en el continente, desde 1960 hasta la actualidad, con la creación de más de 200 agrupaciones de toda índole. La integración regional se ha convertido en una alternativa al fracaso del Estado-nación y del desarrollo a nivel nacional. Sin embargo, este entusiasmo contrasta con la lentitud y el débil grado de cooperación bilateral y multilateral entre los países africanos.

A pesar de dar importantes pasos a nivel continental con la creación de la Unión Africana (UA), la adopción de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (Nepad) y la puesta en marcha del Área de Libre Comercio Continental, estamos aún lejos de proyectos supranacionales.

El proceso de integración regional se encuentra en un callejón sin salida por el apego a las soberanías nacionales, la ausencia de voluntad política, la falta de complementariedad entre las economías rentistas y extrovertidas y, sobre todo, por el equivocado enfoque librecambista, basado en el mimetismo de la Unión Europea (UE). Ello explica que la integración africana se está realizando desde el exterior –la estadounidense Ley de Crecimiento y Oportunidad en África (AGOA) o los Acuerdos de Partenariado Económico (APE) de la UE– más que desde el propio continente.

Ante este desconcierto, es preciso optar por un nuevo enfoque de integración, que ha de tomar en cuenta los aspectos -mesoeconómicos, en particular la estrategia de los países-frontera –áreas culturales -homogéneas y lingüísticas, complementarias y con uniones aduaneras a caballo, de hecho, entre dos o varios Estados, como ósmosis para la unidad–; la construcción de infraestructuras físicas horizontales para vincular a los pueblos y a los Estados balcanizados; así como la institucionalización de los flujos migratorios transfronterizos y de la mencionada economía popular.

Se ha de pasar del «panafricanismo armado», o de la colonización económica de unos países -sobre otros, tal y como sucedió, y -sigue sucediendo, en la región de los Grandes Lagos, a un «panafricanismo de cooperación». Es preciso para fomentar la complementariedad o la cooperación/integración entre los países africanos, para la mejora de las condiciones económicas y sociales de los pueblos y para beneficio de todos. Se debe acabar con la maldición de los recursos naturales, convirtiéndolos en su contrario: la bendición de los mismos.

La unión y/o unidad de los Estados africanos a escala continental –desde la pluralidad y la diversidad o la descentralización desde dentro, y el federalismo hacia fuera– es el trasfondo del ideal panafricano de Kwame Nkrumah, de Patrice -Lumumba y Cheikh Anta Diop, que ahora se trata de recuperar y concretar en un mundo globalizado.

Ante la inoperancia del panafricanismo de los aparatos del Estado neocolonial, viciado y vaciado de contenido, hay que abogar por un nuevo panafricanismo –neopanafricanismo–; por el fomento de las iniciativas de desarrollo y de unidad desde abajo; por los pueblos, que han encontrado soluciones a sus problemas de supervivencia diaria al margen del Estado y de la comunidad internacional y, por último, por hacer frente a los desafíos de la -globalización.

Democracia participativa

A comienzos de las décadas de los 80 y 90 se impusieron los procesos de democratización en África, en sustitución de los deficitarios sistemas monopartidistas, según los criterios occidentales de democracia liberal y de economía de mercado.

El balance que hoy se puede hacer de dichos procesos es controvertido. En algunos casos se puede hablar de mejoras –no hay marcha atrás–, y en otros de un verdadero retroceso por el fraude, la manipulación electoral, el clientelismo, las leyes electorales restrictivas, las enmiendas constitucionales, la manipulación autoritaria de las instituciones y de las violencias pre- y pos- electorales. Mirando al lado soleado, es preciso subrayar la emergencia de una sociedad civil dinámica y luchadora, el papel de los medios de comunicación en el despertar de la conciencia ciudadana, y el papel de contrapoder de los partidos de la oposición.

Sin embargo, los avances democráticos son frágiles por desarrollarse en un contexto de crisis económica. La democratización política no se ha visto acompañada por la económica y la social. La democracia se ha limitado al multipartidismo –democracia electoral formal– y a la libertad de prensa. Además, en algunos países, se han instaurado las «democraduras» –democracias formales y dictaduras encubiertas–, las «monarquías republicanas» –al suceder los hijos a sus padres en la jefatura del Estado–, o las enmiendas constitucionales –golpes de Estado constitucionales e institucionales– para perpetuarse en el poder.

Solo cuatro países ofrecen instituciones democráticas sólidas: -Sudáfrica, Botsuana, Namibia y Mauricio, con importantes avances en Senegal, Benín, Ghana o Etiopía.

Las soluciones a los problemas de desarrollo y de democracia en África no deben ser idénticas a las adoptadas en Europa, sino que han de inspirarse en las estructuras tradicionales, adaptadas a las realidades de los pueblos. Es hora de sustituir el mercado por lo social, poner el desarrollo económico al servicio del desarrollo social conforme a la cultura africana de la democracia y el desarrollo: la democracia de inclusión inspirada en los valores africanos, y experimentada por el ubuntu (humanismo).

Segunda independencia

África necesita una segunda independencia o liberación, pues la primera, ficticia, ha dado lugar al neocolonialismo y al colonialismo interno.

Se procedió al mimetismo del modelo occidental en lugar, según Ali Mazrui, de la indigenización o la adaptación de los valores extranjeros a las necesidades locales, la diversificación cultural y la defensa de los intereses nacionales. Es decir, África necesita modernizarse sin occidentalizarse. Es precisa una estrategia de liberación y de resistencia contra el capitalismo periférico, que ha conducido a una verdadera «catástrofe económica en África», que debe definir su propia visión del Estado, de desarrollo, de democracia, de unidad, y establecer el proyecto de sociedad que mejor le convenga.

La nueva estrategia ha de consistir, fundamentalmente, en la conciliación de la endofederación –federalismo interno– con la -exofederación -–federalismo externo–, para crear grandes espacios de soberanía política y económica, siendo el objetivo conseguir el desarrollo interno y fortalecer el poderío africano en el -sistema internacional.

«Se están alquilando sofás en A Coruña para dormir»

Ana Carro
Fuente: La Opinión


Pablo Sánchez, trabajador social de la Cocina Económica de A Coruña, se encuentra cada día con una realidad en la que hay colas para pedir comida y en la que mucha gente no tiene donde dormir. Asegura que los precios para alquilar un piso en la ciudad «son abusivos» y, en muchos casos, estos espacios «no reúnen las condiciones mínimas de higiene». Sánchez lamenta que las personas en situación de pobreza o de exclusión social «tengan que destinar más de la mitad de las ayudas al alquiler».

Como trabajador social, ¿ha sido consciente del incremento del precio de la vivienda en la ciudad?
Sí. Es una realidad. En los últimos años ha habido un incremento notable del precio de los alquileres, tanto de viviendas como de habitaciones.

¿A qué cree que se debe?
Está muy asociado al incremento de la población que experimenta la ciudad año tras año. No es una gran subida, pero sí una tendencia. A Coruña tiene un problema de vivienda evidente porque el parque de viviendas no aumenta en la misma proporción que la población, que lo hace de una manera mayor.

¿Las personas en riesgo de exclusión son las más perjudicadas por esta situación?
Sí. Los colectivos en riesgo de exclusión social o en situación de pobreza tienen pocas posibilidades económicas. Las prestaciones sociales públicas rondan los 400 euros. La Risga, por ejemplo, es de 403 euros y el subsidio de desempleo de 430 euros. Con esa media de ingresos, lo que queda es acceder a un piso compartido o a viviendas en régimen de alquiler en muy mal estado.

¿Los precios son abusivos?
Por supuesto. Conozco decenas de casos de personas que están pagando 300 o 400 por viviendas que no reúnen las condiciones mínimas de higiene y habitabilidad. Ocurre lo mismo con las habitaciones. Se alquilan por 200 euros y la cama tiene un colchón en el que es prácticamente imposible dormir. Es la ley de la oferta y la demanda.

¿Qué provoca esta situación en el sector inmobiliario?
Que haya un submercado de alquiler. Sin contratos y sin condiciones. Todo es de palabra. O lo tomas o lo dejas. Pensando en esos perfiles de personas más excluidas que no pueden acceder a la vivienda normalizada por cuestiones económicas, lo que les queda es aceptar un mercado marginal. Que implica más marginalidad y refuerza sus problemáticas. Más de la mitad de la ayuda económica que reciben la tienen que destinar al alquiler.

¿Es una tendencia en toda España?
Claro. Madrid y Barcelona son referencias siempre. Hay que estar muy atentos a lo que pasa a todos los niveles en estas dos ciudades porque eso se reproduce siempre en el resto de España. Hace diez años nos sorprendíamos al escuchar que se alquilaban bañeras para dormir en Madrid. Pues ya se están empezando a alquilar sofás en A Coruña para dormir.

Radio favela

Ana Sánchez


Basada en la historia real de esta radio comunitaria, nacida en los años ochenta y que todavía hoy continúa en antena. Esta película nos cuenta la vida en las favelas de Brasil: desde los suburbios de la ciudad de Belo Horizonte, un sueño irá cobrando forma hasta convertir en realidad la voz de la favela, a través de un aire que reivindican sin dueño, que pertenece a todos, del que no se pueden apropiar los enriquecidos dirigentes de la ciudad.

En un mundo de pobreza y violencia, en el que prima la lucha por la supervivencia, la ley del más fuerte, donde el que domina es el que tiene un arma con la que imponer su propia ley y cualquiera está expuesto a ver truncada su vida por una bala perdida o un disparo de venganza o envidia.

En medio de este ambiente de muertes sin sentido (o con sentido para quienes buscan el poder y el beneficio a costa de lo que sea) surge una luz que dará un atisbo de esperanza, la esperanza de que es posible construir un mundo distinto, en el que la dominación de quienes detentan la propiedad de la palabra y la comunicación no sean sólo los enriquecidos, sino cualquier persona por el hecho de serlo.

Un grupo de jóvenes tratará de dar una respuesta a esta situación desde una cultura distinta, la cultura del diálogo, de la escucha, de la colaboración.
Frente a la persecución de la censura del poder, las coacciones, la prepotencia, la violencia institucional de quien domina y somete a los que quieren abrir una ventana a la libertad y ven aplastada su propia libertad por las fuerzas sustentadoras del llamado orden público, frente a todo esto se gesta una nueva vida.

En la película se nos va narrando las dificultades que encuentran por el camino y que van superando conjuntamente, vemos cómo se junta un grupo de chicos en un proyecto común, que trata de ser la voz de los que no tienen voz, allí en los suburbios de su ciudad. Un pequeño proyecto que irá creciendo con el esfuerzo de todos, un grito desde abajo, amplificado a través de las ondas que alcanzan toda la ciudad, que van llegando hasta todos los rincones de las favelas.

Una labor continua, persistente, tenaz. Una fidelidad a un ideal en el que se va involucrando toda la comunidad, la familia, los amigos, los vecinos,… todos los que conforman ese pequeño rincón que se va ampliando como el propio aire en que se desplaza.

Hasta que por fin ve la luz o mejor dicho, el aire y se va extendiendo por toda la ciudad, de favela en favela, de casa en casa.

Un nuevo horizonte para Belo Horizonte.

III Ciberencuentro – Scholas Occurrentes

Desde el grupo de educadores, que organizamos las charlas sobre educación y en línea con las propuestas educativas del Papa Francisco os invitamos a participar en este encuentro de Cátedras Scholas en el que se dialogará por grupos internacionales sobre las propuestas de la Universidad del Sentido, recogiéndose al final cuestiones y propuestas que concreten este proyecto educativo.

El Papa Francisco nos decía el pasado 5 de junio que  “crisis significa originalmente “ruptura”, “tajo”, “apertura”, “peligro”, pero también “oportunidad” (…) Nunca te adentres solo en la crisis, andá acompañado”. Siguiendo esta enseñanza, los invitamos a participar del III Ciberencuentro Internacional de Profesores e Investigadores que tendrá lugar el martes 23 de junio de 16.00 a 18.30 hora de Roma (11 a 13.30 de Buenos Aires).

No es casual que en un momento donde el mundo se detiene, nuestro querido Pontífice, anuncie formalmente la creación de la Universidad del Sentido como un nuevo espacio de formación para las nuevas generaciones.

Con la misma metodología de los encuentros anteriores vamos a “escuchar, crear y celebrar” a partir de la presentación de la Universidad del Sentido efectuada por el Papa Francisco el pasado 5 de junio.

 

 

Teletrabajar no es conciliar, es sumar dos trabajos

Irene Fernández Novo
Pubicado en Nius diario


Esta socióloga e investigadora advierte sobre los riesgos del teletrabajo improvisado: «sumar dos trabajos puede ser un parche, un apaño para ir tirando, pero no es una solución a medio plazo»

Destaca también el enorme peso que ha recaído en los hogares con el confinamiento y el papel clave del trabajo «no pagado» para salir adelante en esta crisis

“Se ha destrozado el equilibrio tradicional, el Estado no ha podido seguir ejerciendo las funciones educativas que ejercía, ni del cuidado de la salud, porque se ha visto desbordado. Y ese esfuerzo han tenido que absorberlo, casi íntegro, los hogares. Las empresas también ofrecían muchos servicios que también han absorbido los hogares. Los hogares son inmensos recursos de los que estamos abusando, no puede ser”.

Ángeles Durán, socióloga y veterana investigadora del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, alerta sobre la complicada situación que ha generado el confinamiento en los hogares españoles. “Ha sido un cataclismo y no hay todavía una solución bien pensada”.

Durán hacía estas consideraciones al analizar, junto a otros expertos del CSIC, el impacto social de la pandemia de COVID-19 en España. Repartir los costes sociales de la pandemia, reconoce la socióloga, no es fácil, “es un puzle, y un reto” que todavía sigue ahí. “Hay mucho cansancio y agotamiento, el tema de los niños no se ha resuelto, todavía no sabemos el panorama de cara a los próximos meses, queda mucho por hacer…”.

El teletrabajo no se puede improvisar

En ese puzle, el trabajo ha sido y sigue siendo una pieza clave, a la que todavía le faltan muchos engranajes, en opinión de esta experta. Sobre todo si hablamos del teletrabajo, que avisa: “no se puede improvisar, esto de ahora es un parche”. Y que tiene ventajas, sí, pero también inconvenientes. Durán subraya estos últimos.

“El teletrabajo tiene una ventaja enorme: el ahorro en los tiempos de transporte. Pero tiene muchos inconvenientes. El primero, que traslada todos los costes del espacio de trabajo al hogar. Si quieres que tu casa tenga una habitación extra dedicada al teletrabajo (para poder hacerlo en condiciones) eso supone mucho dinero. Se traslada ese coste de la empresa al trabajador». Esto es algo, precisamente, que ya está estudiando el ministerio de Trabajo.

Y está también el tema de los horarios. «Puede ser una ventaja poder hacer un trabajo a las 4 de la madrugada o a cualquier hora, pero eso genera más estrés, que cuando parcelas no tienes. Tiene ventajas pero son muchos los inconvenientes”.

El teletrabajo, una práctica que apenas existía en España antes del coronavirus, ahora parece que ha llegado para quedarse. Si hace un año sólo trabajaba desde casa el 4% de los asalariados, el confinamiento ha elevado ese porcentaje al 32%. Y de cara al futuro se plantea, incluso, como una “ventaja” para poder conciliar. “No lo es, es sumar dos trabajos. Sobre todo, en el caso de las mujeres. No pierden uno, sino que suman otro. Puede suponer un estrés extraordinario”, advierte Durán.

Y propone buscar soluciones. “Habrá que ofrecer servicios alternativos al trabajo dentro de casa. Sumar dos trabajos puede ser un parche, un apaño para ir tirando, pero no es una solución a medio plazo”. Porque además, subraya, el trabajo fuera de casa aporta muchas otras cosas. “El trabajo no solo es el trabajo, es también el ambiente, los compañeros, los estímulos, las reuniones… en general, el centro de trabajo te da muchas cosas buenas, que las pierdes si estás encerrado en casa”.

El trabajo no visible ha paliado la crisis

Durán habla del trabajo pagado y del no pagado, que en su opinión es igual de importante. Y lo explica. “En general, el 60% de nuestro tiempo lo dedicamos a dormir, lavarnos y comer. Del 40% restante, la mitad es trabajo no pagado que se hace dentro de los hogares. En esta pandemia, se le ha pedido a ese trabajo que sea extraordinariamente flexible y que responda inmediatamente al fracaso en la producción de servicios por parte del Estado y las empresas como consecuencia del confinamiento”. Y vaya si ha respondido. “El trabajo no pagado ha conseguido disminuir el impacto negativo de la crisis. Y eso ha repercutido sobre todo en las mujeres. No sólo, pero mucho más en ellas”, asegura.

Por eso, Durán pide que las políticas públicas tengan mucho más en cuenta este tipo de trabajo. Algo que plantea la propia ONU desde 1995. “Que no se entiende la economía de un país si solo estamos atentos a sus componentes monetarizados. Pensamos que el trabajo en los hogares, como el voluntariado, es algo gratuito e inagotable. Pero son recursos limitados y cuestan mucho esfuerzo a quien los aporta a los demás, a la sociedad. Hay que incorporarlos en cualquier política pública o decisión colectiva”.

Porque esta pandemia, dice, lo ha demostrado. “Medirlo todo en dinero no tiene ningún sentido. Cuando pensemos en los puntos fuertes de nuestra sociedad, hay que hacer un hueco a la población no asalariada y a la que presta servicios no remunerados desde sus hogares. Esta crisis la está sacando a flote, en gran parte, el trabajo no visible”.

No se te olvide: perdonar no es olvidar

Diego Velicia
Psicólogo del Centro de Orientación Familiar Diocesano.


Una de las cosas que debemos aprender en la vida es pedir perdón y perdonar. Pero es de las cosas que peor “enseñamos”, tanto en la familia, como en la escuela o la parroquia. Lo enseñamos mal porque lo vivimos mal y porque hemos pensado poco en ello. Con frecuencia tenemos una concepción errónea del perdón y eso hace que, a la hora de llevarlo a la práctica, nos encontremos con serias dificultades.

A veces es más sencillo comprender algo si empezamos por comprender lo que no es. Hagamos esa aproximación con el perdón. Perdonar no es olvidar. Para perdonar hace falta recordar. Si no se recuerda la ofensa, ¿cómo perdonarla? Una persona con amnesia (un enfermo de Alzheimer, por ejemplo) que no recuerda las ofensas recibidas, no tiene necesidad de perdonarlas. Son las personas que recuerdan las que necesitan perdonar. Por lo tanto, para que se produzca el perdón, es necesario recordar la ofensa.

¿Qué pasa con entonces con la ofensa cuando se produce el perdón? Que no siempre se olvida. ¿Quiere decir eso que no se ha producido el perdón? Ni mucho menos. Intento explicarme.

Olvidar es un acto involuntario, no depende de uno mismo. Perdonar es un acto de la voluntad, es una decisión. Por lo tanto no puede ser equiparable una acción que depende de la voluntad y otra que no.

Identificar perdón y olvido tiene varias consecuencias: una de ellas es que hay veces en las que uno no se atreve a perdonar porque no sabe si va a poder olvidar. Según esa lógica, al no olvidar, puede parecer (a uno mismo o a los demás) que el perdón ha sido falso. Por lo tanto uno prefiere no arriesgarse a perdonar.

Pues bien, el olvido no siempre es una consecuencia del perdón. El que perdona puede desear olvidar, pero puede que no llegue a conseguirlo, puesto que no depende de uno mismo. Si no lo consigue, si se mantiene el recuerdo de la ofensa, se mantiene como una ofensa que ya ha sido perdonada. Eso no quiere decir que no existan sentimientos dolorosos vinculados a ese recuerdo. La existencia de esos sentimientos tampoco cuestiona la veracidad del perdón.

Hay otra situación más complicada de manejar. Sucede cuando una persona no quiere olvidar porque teme que si olvida, facilita que se repita la ofensa. Y para evitarlo, para mantenerse en guardia uno mismo y mantener al ofensor en deuda, decide no perdonar y mantener bien activo el recuerdo del daño recibido. “Perdono, pero no olvido” se suele decir en un ejemplo claro de que no se hace ni una cosa ni otra.

Desatascar esta situación requiere hacer un esfuerzo por:

  • explorar los sentimientos que ha producido la ofensa en uno mismo, reconocerlos, ponerles nombre. Eso ayuda a que no nos dominen los sentimientos.
  • reconocer las expectativas que se han visto defraudadas, aquello que yo esperaba y no ha sucedido. Esto sirve para ajustar nuestras expectativas a la realidad, incluidos los límites del otro.
  • desentrañar los miedos a volver a ser herido, ver cuánto tienen de realistas o no esos miedos. Si hemos reconocido nuestros sentimientos y hemos valorado nuestras expectativas defraudadas, podemos ser más realistas a la hora de discriminar las posibilidades de que se vuelva a repetir la ofensa.
  • desarrollar las estrategias necesarias para no volver a ser herido. Aunque haya habido perdón, a veces uno necesita tomar distancia temporal o definitivamente de la persona que provocó el daño o protegerse de otra manera.

Este último punto nos remite a la diferencia entre perdón y reconciliación, pero eso es motivo de otro artículo.

Sentido Común y Limpieza frente al COVID-19

El viernes 12 Encuentro y Solidaridad organizaba una charla online titulada «Sentido Común y Limpieza frente al COVID-19» en la que miembros de la empresa solidaria de Detergentes ecológicos – SOLYECO- explicaban el comunicado con el mismo título que han difundido en las últimas semanas
Juan José Marín, químico y responsable principal de la empresa explicó de forma sencilla pero precisa los mecanismos de limpieza y desinfección necesarios para evitar el contagio insistiendo en que todos los productos detergentes que contengan tensioactivos son eficaces contra el mismo, no siendo necesarios en muchos casos el uso y abuso de desinfectantes y otros productos más agresivos.
Rodrigo del Pozo, Doctor en Ciencias Químicas explicó las claves de fondo de la postura de Solyeco al respecto, insistiendo en que la necesaria responsabilidad ante la situación actual no debe llevarnos a caer en la lógica del miedo y que las medidas y protocolos aplicados deben estar ajustados a la eficacia real y a la reducción significativa del riesgo, para no provocar histerismo ni causar más daño que beneficio a la sociedad, especialmente a los más vulnerables.
En el diálogo posterior se resolvieron algunas dudas concretas y se profundizó en la necesidad de aplicar el sentido común junto con la responsabilidad para no dejarnos engañar por los oportunistas que venden aparentes soluciones al alcance únicamente de unos pocos.
La impresión general de los asistentes fue muy positiva, agradeciendo la claridad y profundidad de lo expuesto.

Carlos de Foucauld: más allá del desierto

Margarita Saldaña Mostajo
Publicado en Revista Vida Nueva


Hay santas y santos a quienes todo el mundo cree conocer, por el mero hecho de haber leído alguna frase o de haber escuchado contar ciertos episodios de su vida. Ocurre, por ejemplo, con santa Teresa y su célebre adagio: “Entre los pucheros anda el Señor”; o con san Francisco de Asís, que se revolcó desnudo en la nieve para luchar contra la carne y sus tentaciones. El día que nos aventuramos a acercarnos de verdad a estos personajes descubrimos que no sabíamos casi nada, aparte de esos clichés que circulan en las tradiciones y en las redes.

Con Carlos de Foucauld sucede algo muy parecido. Su nombre evoca inmediatamente la oración de abandono, la imagen del desierto y la vaga idea de una conversión tumbativa precedida por una juventud tumultuosa. Ahora que el papa Francisco ha decidido canonizarle, quince años después de que fuese beatificado en 2005, puede ser una buena oportunidad para profundizar en la vida y en el mensaje de este nuevo santo. Recordemos que una canonización no es una condecoración póstuma que coloca en los altares a un creyente extraordinario, sino una humilde señal en la que toda la Iglesia está invitada a leer algún rasgo particular de Cristo y del Evangelio.

Vínculos familiares

Varón, francés, huérfano, aristócrata, militar, explorador, trapense, ermitaño, sacerdote, lingüista, misionero, hermano universal… Cada una de estas dimensiones dejará sus huellas en la personalidad y en la santidad de Carlos de Foucauld, nacido en Estrasburgo (Francia) en 1858 y asesinado en Tamanrasset (Argelia) en 1916. A los seis años, él y su hermana Mimí se encuentran huérfanos de padre y madre, y son educados con gran cariño por sus abuelos maternos. Carlos mantendrá, a lo largo de toda su vida, un vínculo muy estrecho con su familia, manifestado en una amplísima correspondencia.

Después de haber perdido la fe durante la adolescencia y de ser expulsado del liceo de los jesuitas, se embarca en una carrera militar de la que muy pronto se aburre. Lleva una vida de cierto desenfreno durante un corto período de tiempo, aprovechando la herencia de una inmensa fortuna. Sin embargo, su espíritu curioso y aventurero le incita a realizar un viaje de exploración en Marruecos, cuyos brillantes resultados le valdrán a su regreso el más alto reconocimiento de la comunidad científica.

La fe de los musulmanes que conoce durante este viaje le interpela profundamente. De vuelta en París, el testimonio de ciertas personas inteligentes y espirituales, especialmente su prima Marie de Bondy, le mueve a acercarse a la Iglesia y a murmurar en lo profundo de su corazón: “Dios mío, si existes, haz que te conozca”. La relación con el padre Huvelin, que se convertirá en su acompañante espiritual hasta la muerte de este, tendrá un peso fundamental en su conversión y en su decisión de entregarse completamente a Dios.

El itinerario interior de Carlos de Foucauld atraviesa parajes muy diversos, pero se dirige siempre en la misma dirección: Jesús de Nazaret, a quien Carlos desea ardientemente imitar, primero de forma literal (en la pobreza radical de la Trapa o como criado de las clarisas en Tierra Santa) y después de maneras cada vez más encarnadas, sencillamente como “hermano” entre los tuaregs y los militares franceses en Argelia. Seducido por el misterio de la vida oculta de Jesús en Nazaret, Carlos se dejará conducir al desierto del Sáhara, no para aislarse del mundo, sino para compartir con los últimos el tesoro que ha transformado su existencia

Mayor utilidad

El hermano Carlos descubre una razón fundamental para “salir” de sus proyectos de vida eremítica: la “mayor utilidad” a los demás. “Me quedaré, o iré acá o allá, según sea más útil a las almas”, dirá en 1903. Por ello, si en Beni Abbés acoge en la fraternidad a todo el que llega, en las etapas siguientes, y hasta el final de sus días, será él mismo quien se ponga en marcha hacia el encuentro del otro. Este deseo de llegar a los que están más lejos es el motivo que le impulsa a la construcción de la ermita del Asekrem, razón por la cual afirmará en 1910: “Mis ermitas se multiplican. Este año he tenido que agrandar la de Tamanrasset y construir una nueva en el Asekrem, en plena montaña; esta última era indispensable para entrar en contacto con las tribus que no veo jamás en Tamanraset”.

Tomando por modelo el misterio de la Visitación, Carlos de Foucauld permanece en el desierto pero va más allá del desierto, por su deseo de ser “hermano universal” y por el “apostolado de la bondad” vivido cotidianamente en el contacto con una cultura y con una religión muy diferentes de las suyas. De esta forma, se convierte sin saberlo en precursor de la nueva evangelización, marcada por la salida hacia las periferias, el compromiso de todos los bautizados, el carácter sinodal, el diálogo interreligioso y el testimonio de vida.

“Lo que haría más falta aquí –decía Carlos de Foucauld en 1908–, más que misioneros empeñados en seguir sus métodos ordinarios, sería mucha gente valiente, buenos cristianos de todas las profesiones, que entraran en contacto estrecho con los indígenas por los mil actos de la vida cotidiana”. Allí donde se han derrumbado los grandes discursos, el mundo espera creyentes audaces, dispuestos a entrar en todos los contextos para anunciar por medio de la vida diaria la alegría del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Eso es, seguramente, “lo que haría más falta aquí”, y la figura de este nuevo santo podrá servir de inspiración a toda la Iglesia.

“Igual salario por igual trabajo”, o cómo las obreras de Dagenham vencieron a Ford

Josefina L. Martínez
Publicado en ctxt


Si la mañana del 7 de junio de 1968 Eileen Pullen hubiera encendido la radio, podría haber escuchado a Aretha Franklin cantando su nuevo éxito: “Oh, Freedom, Freedom…”. Dagenham, un municipio al este de Londres, amanecía tranquilo. Horas después, Eileen Pullen, Gwen Davis, Sheila Douglass, Rose Boland y Vera Sime, junto al resto de las 187 trabajadoras de la planta de Ford abandonarían las máquinas para iniciar una huelga de tres semanas que cambió la historia de la clase obrera británica.

La fábrica, construida en 1929 sobre el Támesis, llegó a ser la más grande de la compañía en Europa. Durante la Segunda Guerra Mundial se había reconvertido para producir tanques para los aliados, aunque el viejo Ford no se privaba de abastecer también a los nazis –business is business–. En la década siguiente, la producción británica alcanzó el récord de medio millón de coches y el modelo ‘Cortina’ se transformó en un éxito de ventas. El consumo de masas, el crecimiento urbano, nuevas autovías y la cultura del automóvil tomaban impulso. 1968 llegó entonces como una ráfaga de impugnación radical. El 17 de marzo, miles de personas se movilizaron en Londres contra la guerra de Vietnam y se enfrentaron a la policía en Grosvenor Square. La ola llegó también a Dagenham.

“No puedes vender coches sin asientos”

La huelga en Dagenham fue decidida a mano alzada. Las costureras que confeccionaban las fundas de los asientos se indignaron al comprobar que, otra vez, su salario era inferior al de sus compañeros. El trabajo de las operarias era clasificado con la categoría “B”, más parecido al de los jóvenes que limpiaban los pisos que a los empleados que manejaban máquinas como ellas. Como resultado, el salario femenino era un 85% del masculino. Cansadas de escuchar la misma respuesta, las mujeres decidieron abandonar el trabajo: “Entramos a la planta, cogimos nuestros bolsos, cerramos con llave nuestros casilleros y nos marchamos”, recordará Gwen Davis a los 85 años, en ocasión del cincuentenario de la histórica huelga.

Las 187 trabajadoras de Dagenham eran una absoluta minoría en la planta, que ocupaba a un total de 54.800 trabajadores, y su tarea se consideraba secundaria porque no estaban en las líneas de motores ni de carrocería. Por eso la empresa las subestimó –muchos de sus compañeros también lo hicieron– pensando que no iban a aguantar el pulso con el gigante del automóvil. Ese fue su gran error. Por más que los gerentes insistieran en que el trabajo de las mujeres no era importante para la producción, nadie estaba dispuesto a comprar un coche sin asientos.

La huelga fue dura. Primero las ignoraron y después llegaron las amenazas, diciendo que iban a ser responsables de dejar a toda la fábrica sin trabajo. Entre sus compañeros también había muchas reticencias, aunque algunos sindicatos las apoyaron.

La película Made in Dagenham (2010) [en España: Pago justo] del director Nigel Cole reconstruye una anécdota que a las protagonistas aún les gusta contar muchos años después. En una manifestación abrieron una pancarta que decía “We want sex equality” [Queremos igualdad sexual], pero, al quedar plegada, solo se leía “We want sex” [Queremos sexo], lo que desató no pocos malentendidos. La huelga generó un efecto contagio entre miles de trabajadoras. Si bien las heroínas de Dagenham tienen una película y hasta una obra de teatro, es menos conocido que las trabajadoras de la planta Ford de Halewood, al sur de Liverpool, también abandonaron sus puestos de trabajo en solidaridad. En 1969, una manifestación de un millar de mujeres exigía “igual salario por igual trabajo” en el centro de Londres, y un año después sería introducida la Equal Pay Act en el Parlamento.

El trabajo femenino y el “Pin Money”

La lucha contra la brecha salarial comenzó mucho antes. Movimientos de mujeres trabajadoras se organizaron en sindicatos –o a veces contra ellos– para exigir un pago equivalente por el mismo trabajo. Durante la Primera Guerra Mundial había aumentado el número de empleadas en la industria y el transporte. Una de las reivindicaciones centrales era “Igual salario por igual trabajo»” Militantes como la sufragista socialista Sylvia Pankhurst exigieron que los sindicatos afiliaran a las mujeres para incorporarlas a la lucha laboral. Reclamaban también una ayuda estatal alimenticia de emergencia. El 12 de julio de 1915 una gran manifestación se dirigió desde el East End de Londres hacia el Parlamento: “Igual salario”, “Abajo la explotación”, “Voto para las mujeres”. En 1918, la huelga de las conductoras de tranvías y buses consiguió el pago de un bono para equiparar su salario con el de los hombres.

“No es Pin Money, tenemos que vivir de esto” podía leerse en un cartel pintado a mano durante la huelga de Dagenham. “Pin money” era la forma de llamar al dinero que los maridos dejaban a las esposas para que pudieran hacer algunos gastos “extras”. Por eso se calificaba de “Pin money” al ingreso que las mujeres obtenían trabajando, ya que se lo consideraba un complemento del salario masculino.

Nancy Fraser señala que, durante la posguerra, el apogeo del orden industrial estaba centrado en el ideal del salario familiar. “En este mundo, se esperaba que las personas se organizaran en familias nucleares heterosexuales lideradas por un hombre jefe de familia, que vivían principalmente del salario masculino. Al hombre se le pagaría un salario familiar, suficiente para sostener a los hijos y a la esposa-madre, que se dedicaría a las tareas domésticas no pagadas. Esta estructura estaba inscripta en el modelo de sociedad bajo el Estado de bienestar de la era industrial”. Pero ese modelo comenzó a entrar en crisis a fines de los años 60.

En 1963, Betty Friedan había publicado en Estados Unidos La mística de la feminidad, haciendo referencia al “malestar que no tiene nombre” que padecían la mayoría de las mujeres de clase media que se quedaban en casa. Las mujeres trabajadoras que participaban cada vez más del mercado laboral tenían otros malestares: la brecha salarial, el acoso sexual en el trabajo y la doble jornada laboral con las tareas de trabajo doméstico en los hogares.

La huelga de las obreras de Dagenham desafió ese orden y expresó un malestar compartido por miles de mujeres trabajadoras. Al terminar la huelga, habían obtenido un aumento del salario de hasta el 92%, pero tendrían que salir otra vez a la calle en 1984 para que se reconociera su calificación laboral. En el año 2018, la brecha salarial de género en Gran Bretaña se calculaba todavía en un 18%, y en algunos sectores supera hoy el 20%.

El porcentaje de las mujeres que trabajan en Inglaterra (en la franja de edad de 16 a 64 años) era de un 34,2% en 1931. Estas cifras despegan a comienzos de los años 70, pasando al 52,8% en 1971. Desde entonces no han parado de crecer: 66% en 2000 y 71.8% en 2019. La gran feminización de la clase trabajadora plantea la necesidad de retomar las luchas de aquellas que abrieron caminos. Eileen Pullen, con 88 años, está encantada de que la generación de su bisnieta se prepare para continuar su legado.