Este Ideal inmenso que es SER CRISTO, no es algo grande que se va añadiendo a la propia personalidad para magnificarla y engrandecerla, como el ideal de ser un gran músico o campeón deportivo, o rico, o héroe, o ministro…, en cuyo caso el ideal se añade al YO, que sigue siendo lo principal siempre.
Nada de esto. El Ideal cristiano no se añade al YO, sino que se construye a expensas del YO: posponiendo mi YO al YO infinito del Hombre-Dios, lo cual no cuesta demasiado en teoría, y al YO del “otro”, porque el “otro” es Cristo para mí, lo cual ya es otro cantar.
Al que diga que este Ideal es excesivamente difícil, hay que añadirle que no solamente es difícil, sino que es imposible para el hombre…, pero no para el Señor. De ahí, la importancia fundamental de la Gracia, los Sacramentos, la Oración, la Liturgia, la Moral…, y todo lo demás. San Pablo nos dirá que con nuestras propias fuerzas ni siquiera podemos pronunciar de manera válida el nombre de Jesús.
Guillermo Rovirosa (1963) Ideal, ideales. Boletín n°379
Foto: Tomás Medina, La Habana, Cuba





Pura verdad. ! Vaya profundidad! Ojalá podamos entenderlo y vivirlo así. ¿ Quién es mi alter ego? Cristo ha resuelto esa enigma hace ya más de 2 mil años!