Sin nombre

Ana Sánchez

Casper y Sayra, Horacio y Willy, Smiley y Orlando… nombres de la película “Sin nombre”, nombres de personajes de una historia que en la realidad no importan, no son más que números, ni siquiera números, sombras que pasan montadas a lomos de La Bestia.

Esta coproducción mexicana y estadounidense de Fukunaga, estrenada en 2009, relata algunas de las historias que hay detrás de la emigración que atraviesa el territorio mexicano, camino de una vida en Estados Unidos; podría decirse una vida mejor, una vida distinta, una vida con más futuro… o simplemente decir eso, una vida; esperanzas en un futuro quizá poco prometedor, pero en cualquier caso distinto, lo que puede suponer un salto cualitativo en cualquier vida.

La verdad es que hay muy pocas películas en las que se refleje esta realidad; aquí se entremezclan dos ejes temáticos, dos caminos paralelos que se cruzan y confluyen: la vida de los pandilleros, las famosas maras y el recorrido de la emigración centroamericana; lamentablemente, poco conocemos de ambos, que guardan una enorme relación entre sí.

Las maras se convierten en una familia ampliada de los niños y jóvenes que crecen prácticamente sin familia, porque se la ha arrebatado la violencia de una sociedad que está en contra de los empobrecidos o porque han huido de ella buscando un futuro para ellos y para su familia.

En este contexto se sitúa la historia que comienza en Honduras, el padre recién deportado que trata de volver a Nueva Jersey, llevando con él a su hermano y a su hija, en un viaje en el que permanecer unidos es vital.

En el transcurso de la película encontraremos de todo, desde la migra a los coyotes, del robo directo a la trata de personas en toda su crueldad. Pero no podemos perder de vista que todo el recorrido está jalonado de hechos de unión y amistad entre los “sin nombre” que comparten viaje, de gente que muestra su ayuda a lo largo del todo el camino proporcionando comida, aseo o descanso a los exhaustos emigrantes.

En todo este trayecto, como en cualquier vida, pueden pasar cosas buenas o malas, pero sólo es otro día y todos estamos en manos de Dios. No es esta una película que nos pueda dejar indiferentes.

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