Afirmo mi convicción decidida de que lo más contagioso de un ideal, es el grado de entusiasmo que sienten por él los que los propagan.
Lo opuesto del entusiasmo es el ‘comodísmo’, por ello es fácil percatarse del ‘grado’ de entusiasmo que uno siente por sus ideales viendo las incomodidades que se es capaz de soportar para ‘servirlo’.
Los grandes discursos y los grandes gestos pueden ser hijos del entusiasmo en algunas ocasiones, pero todos tenemos suficiente experiencia de que en esto hay mucha ‘comedia’. En cambio, cuando vemos que alguien se sacrifica por sus ideas, no es menester que nos den muchas explicaciones para convencernos de que está convencido.
Guillermo Rovirosa (1963) Ideal, ideales. Boletín n°379




