Afirmo mi convicción decidida de que lo más contagioso de un ideal, es el grado de entusiasmo que sienten por él los que los propagan.
Lo opuesto del entusiasmo es el ‘comodísmo’, por ello es fácil percatarse del ‘grado’ de entusiasmo que uno siente por sus ideales viendo las incomodidades que se es capaz de soportar para ‘servirlo’.
Los grandes discursos y los grandes gestos pueden ser hijos del entusiasmo en algunas ocasiones, pero todos tenemos suficiente experiencia de que en esto hay mucha ‘comedia’. En cambio, cuando vemos que alguien se sacrifica por sus ideas, no es menester que nos den muchas explicaciones para convencernos de que está convencido.
Guillermo Rovirosa (1963) Ideal, ideales. Boletín n°379





Gracias, Isabel por traernos de nuevo al amigo Rovirosa.
Así es, el entusiasmo se educa, se trabaja cada día, y se nutre de pequeñas acciones vividas en comunión con los demás.
Creo que Rovirosa nos enseñó esto, al igual que otros muchos entusiastas de la vida asociada.
Creo que el que vive la vida entusiasmado, ¡ese es feliz!
Un abrazo
Estoy completamente de acuerdo con esta aserción «… lo más contagioso de un ideal, es el grado de entusiasmo que sienten por él los que los propagan.» Sin el entusiasmo nuestra vocación, nuestro ideal se apaga como el motor de un vehículo sin carburante!
«cuando vemos que alguien se sacrifica por sus ideas, no es menester que nos den muchas explicaciones para convencernos de que está convencido.» Muy bueno
La alineación de tus objetivos con tus valores produce tal grado de entusiamo que impulsa a la acción. Es una acción que tiene su base en la fe en Dios y en uno mismo. Por lo tanto, el entusiasmo es el amor y la alegría de saber que estamos haciendo lo correcto. Es la fuerza de Dios la que nos impulsa a actuar y luchar por lo que creemos. Gracias, Isabel por mostrarnos a Rovirosa como eje para esta reflexión y otras ya taa que compartes con todos. Gracias.
La alineación de tus objetivos con tus valores produce tal grado de entusiamo que impulsa a la acción. Es una acción que tiene su base en la fe en Dios y en uno mismo. Por lo tanto, el entusiasmo es el amor y la alegría de saber que estamos haciendo lo correcto. Es la fuerza de Dios la que nos impulsa a actuar y luchar por lo que creemos. Gracias, Isabel por mostrarnos a Rovirosa como eje para esta reflexión y otras ya taa que compartes con todos. Gracias.